Sobre la complejidad en tanto paradigma emergente

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Sobre la complejidad La historia de los últimos siglos nos muestra que a poco que la racionalidad se convirtió en el modo dominante de pensamiento, comenzamos a pensar, esquemáticamente, en términos de un mundo de cosas separadas dispuestas en un espacio “independiente”. Esta tendencia dominante nos llevó a dar por sentado que esos constructos o cosas independientes “se causan” entre sí, “se influyen” recíprocamente a medida que “se desplazan” por el espacio y atraviesan una serie de estados estáticos de cambio.

La “ciencia moderna” se ha limitado a descubrir “cosas” sustanciales, por definición cuidadosamente divididas la una de la otra, lo cual “explica” el mundo real. El idealismo las denominó ideas y el materialismo las llamó partículas elementales. Nuestra predisposición fue partir de la hipótesis de que nuestro mundo era una (infra)estructura formada por “ladrillos” sólidos que poseen muchas formas y tamaños que son totalmente independientes del observador.

Las formas de estos ladrillos las imaginamos como fijas, mutuamente excluyentes y, en consecuencia, inmutables. Hemos asumido que los cambios tienen lugar cuando una “cosa” se convierte en “otra”. El modo en que experimentamos y medimos el tiempo consiste en dividirlo en momentos computables, cada uno de los cuales está separado aunque, de una manera abstracta, es idéntico a los demás, por muy grandes o infinitamente pequeños que queramos hacerlos.

Nuevos aires sobrevuelan alrededor del edificio de la racionalidad. Un paradigma emergente, el de los sistemas complejos nos brindan otra mirada, tal vez menos profunda, pero más interdependiente. Desde la perspectiva de la teoría de los sistemas complejos la anterior imagen es esquemática y hasta grosera. Aunque permite aceptar que, de la realidad móvil, el pensamiento humano puede deducir conceptos fijos que se refieren a las cosas y a sus estados y reconoce que pueden ser útiles, verdaderamente no hay modo de reconstruir la movilidad de lo real mediante la adición de conceptos fijos. Por ende, el elemento más importante, el único que importa, siempre está excluido de las ideas corrientes que la mayoría tiene, ideas en las que basamos nuestros mundos y mediante las cuales intentamos aceptarlos.

Desde el pensamiento complejo se puede afirmar que toda conceptualización estática es, en última instancia, parcial (incluso esta afirmación). La teoría de los sistemas complejos adaptativos, se ocupa de comprender una red sin costuras de movimiento y cambio ininterrumpidos, una red llena de ondulaciones, olas, vibraciones y “ondas estacionarias” y transitoriedad. El observador es, en sí mismo, función y parte de dicha red. Nunca se detiene, jamás se vuelve sobre sí misma y ninguno de sus modelos, de los que podemos tener instantáneas conceptuales, es real en el sentido de permanente, ya que no hay realidad independiente del observador.

Desde en enfoque complejo y aperspectivista, los objetos y los acontecimientos del mundo sólo son formas y fases que duran lo suficiente bajo una forma general para que las consideremos unidades.

Game of lifeTodo lo compuesto está sometido al cambio. Por pretender aferrarnos a los conceptos estáticos, nos cuesta capturar esta idea. Pero ¿si todo está conectado con todo lo demás, cómo se puede llegar a explicar algo? La explicación es mostrar cómo las cosas se relacionan con otras cosas. Las propiedades de una parte surgen de la manera en que están relacionadas con las propiedades de otras partes. No se puede esperar explicar las propiedades de ninguna parte a menos que se acepten las explicaciones aproximadas. Las explicaciones aproximadas significan que se están tomando en cuenta algunas de las interconexiones pero no todas, ya que la totalidad es incognoscible. Nunca se tendrá el cuadro completo. Desde la perspectiva de los sistemas complejos volvemos a confirmar que no hay ninguna verdad permanente y no hay verdad absoluta, en el sentido de una identidad entre la descripción y la cosa descrita.

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4 comentarios en “Sobre la complejidad en tanto paradigma emergente

  1. Eduardo

    Me parece que los sistemas complejos tienen que tener un enorme dinamismo producto de que aparte de expresar procesos finitos aparte tendrían que realizar simulaciones extremas, que como tales parecerían no ser procesos finitos!. O sea un sistema complejo sería un sistema dual: por un lado se podrían identificar procesos finitos y por otro quizá se estén produciendo procesos de simulación extrema que parezcan no serlo.
    Lo interesante sería ver cómo ambos procesos (finitos) podrían cooperar.

  2. Juan Ignacio

    El último párrafo me parece excelente, y sumamente útil, da cuenta de la importancia de tratar de “explicar” los problemas pero con la conciencia de la complejidad de los mismos y el limitado alcance de la explicación que le demos.

    Pero sin explicación, lo mas amplia posible, no hay posibilidad de acción ,que aunque por lo menos intente tener éxito.

    abrazo!

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