Basado en el libro La RED y el futuro de las organizaciones. Más conectados…¿Más integrados?
Deseo comentar algo sobre lo que entiendo por conciencia integral, que creo yo, se presenta como la alternativa al pensamiento enajenadamente racional. Al igual que el pensamiento posmoderno, que tiene como base la aceptación de la multi-perspectividad y el fin de los meta-relatos, la conciencia integral descarta la idea de que la realidad es única, inmutable y cognoscible por medio de la sola razón.
Lejos de ser objetivo, el ser humano en el proceso de comprender se transfigura, simultáneamente en observador y participante del mundo que lo rodea. Sin embargo, la idea de una conciencia integral difiere, a pesar de su cercanía, del pensamiento posmoderno, en tanto que rechaza el escepticismo radical que lo define, su carácter definitivamente auto-centrado y el consecuente hedonismo que lo caracteriza. El movimiento posmoderno no es el emergente, de esta nueva conciencia, sino un indicio más de la ruptura del orden racionalista.
El racionalismo, por un lado, acaba por alienarse con el conocimiento puramente instrumental y así como con el progreso, la riqueza, el poder y la codicia; la espiritualidad, como manifestación de la conciencia integral, representa un contrapunto, pues se centra en el ideal de humanidad que busca la justicia, la plenitud, la alegría vital, la compasión y el amor. No podemos prescindir de la razón. Pero tampoco desconocer nuestros impulsos espirituales. Dado el carácter armonizador, la conciencia integral no rechaza el pensamiento místico, sino que lo acepta y (hasta cierto punto) lo consciente.
Resulta ilustrativo mostrar las diferencias entre los mitos y los conceptos provenientes del pensamiento cientificista. Los mitos, en lugar de simplificar los significados reduciéndolos a frias definiciones y taxonomías clasificatorias, los amplifican y complejizan. Los mitos enriquecen, agregan información, imágenes, misterio y humor. El mito se erige como una proto-respuesta ante la pregunta que es siempre abierta, la que facilita el despertar de la respuesta individual que aporta claridad contextual al indagador. Es cierto que los mitos emplean figuras humanas y hablan con una retórica subjetivista que se entremezcla con pasiones y sentimientos, sin embargo, sus efectos pueden ser más objetivos ya que no fuerzan una construcción teórica y única de los fenómenos de la realidad que nos rodea.
Percibimos al mundo en nuestra escala vital, como siguiendo ciertas reglas más o menos estables; pero, si vamos más allá en lo macro y lo micro, el espacio se curva, las fronteras entre el pasado y el futuro se desvanecen, la densidad de la materia sea diluye, se crean partículas por doquier, las dimensiones se multiplican, y así siguiendo. Por eso, la realidad que observamos cotidianamente, es una pseudo-realidad sesgada por la constitución egocéntrica de nuestra identidad.
Los principales avances en la física del siglo pasado: la teoría de la relatividad, la física cuántica con el principio de incertidumbre de Heisenberg, y el de complementariedad de Bohr (y sus múltiples interpretaciones), la teoría del caos, la cibernética de segundo orden, los teoremas de Gödel, la teoría de las catástrofes, la termodinámica de las estructuras disipativas, la teoría de la información, los enfoques sistémicos, los sistemas complejos adaptativos, la criticalidad auto-organizada, las redes neuronales en fin, las ciencias de la complejidad, han introducido, en las últimas décadas, una visión que relativiza enormemente los conceptos mecanicistas, racionales y objetivos de lo real y son todas teorías que reflejan, la creciente importancia que tienen la contingencia, la incertidumbre, la interacción entre múltiples elementos conectados y a su vez, descontrolados, la indeterminación y la diversidad en los sistemas naturales y sociales, las Redes.
Este tipo de teorías requieren métodos y formas de pensar, distintos al método científico estándar. Por ejemplo, la contribución más importante de la teoría general de los sistemas, que comenzó desarrollando Ludwig von Bertalanffy es la demostración, de que los sistemas vivos no pueden ser comprendidos sólo desde el análisis. Las propiedades de las partes, de los elementos constitutivos, no tienen propiedades intrínsecas en relación al sistema y, en consecuencia, sólo pueden entenderse desde el contexto del todo. Fue luego, Heinz von Foerster quien por los año ‘60, consideró, que la ciencia debía ir más allá y afrontar un nuevo desafío epistemológico, en el cual el observador formara parte del sistema que intenta comprender.
Las ciencias de la complejidad, se acomodan a la idea de que el conocimiento no implica una correspondencia con la realidad. Ernst von Glasersfeld utiliza las palabras del inglés “match” (corresponder) y “fit” (encajar), para tratar de explicar las diferencias entre las dos posiciones metodológicas, que definen el racionalismo crítico y el enfoque sistémico. El realismo racionalista, considera que existe una correspondencia entre el conocimiento y la realidad, mientras el enfoque sistémico de la complejidad, debería sostener que el conocimiento supone sólo un “encaje” con ella. De este modo, diferentes conocimientos, significados, interpretaciones y experiencias pueden encajar en una misma realidad. Así, la función de la razón, es organizar el mundo experiencial del sujeto y no describir una verdad o realidad ontológica objetiva.


















































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