Humanismo y Conectividad

Promoviendo el compromiso ético de los economistas

Jueves 29 Noviembre, 2007 · 6 comentarios

Según creo recordar el filósofo y matemático Bertrand Russell comentó alguna vez que los hábitos del pensamiento no se modifican con la misma rapidez que las técnicas y por ello a medida que aumenta el conocimiento disminuye la sabiduría. Eso es particularmente cierto hoy en día, época esta, en que la estamos inmersos en una voragine de cambio tecnológico en pleno proceso de aceleración y que muchas veces sobrepasa nuestra capacidad de metabolizar tales avances.

Reflexiones como la que le atribuyo a Russell, motivan la inquietud de quienes, como yo, negamos aceptar un desarrollo científico y tecnológico carente de una dimensión ética. No es novedad que en diversos círculos científicos se haya expresado la oposición a la aplicación de resultados de investigaciones con fines bélicos o que, simplemente, involucren la degradación del ser humano. Por ejemplo, es probable que Albert Einstein haya sido el científico más destacado que dedicó grandes esfuerzos a denunciar los nefastos impactos de la carrera armamentística gestada durante la época de la guerra fria.

Hace casi veinte años (en 1988) participé en un interesante evento que organizamos con mi amigo Guillermo Lemarchand. Se trató del Simposio Internacional sobre los Científicos, la Paz y el Desarme, que se realizó en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires. Por aquel entonces, no había caído el muro de Berlín ni se había popularizado la Internet, ni hablar de la palabra “globalización” y la Guerra Fría estaba en pleno auge. Basta recordar la famosa Iniciativa de Defensa Estratégica (“La Guerra de las Galaxias”) de Reagan. En ocasión de aquel simposio, se debatió el papel social que debían desempeñar los científicos y su responsabilidad como generadores de conocimiento que, eventualmente, podrían poner en peligro a la humanidad.


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Lo que creo relevante de este evento es que como correlato del mismo se elaboró una formula de juramento de graduación –similar al juramento hipocrático de los médicos, paradigma de la ética profesional- mediante la cual los egresados de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales se comprometían a usar sus conocimientos a favor de la paz y el bienestar de la humanidad. Hoy en día, este juramento, se realiza en forma optativa y afortunadamente lo eligen casi el 90% de los graduados de mi querida facultad. Se llamó el “Juramento de Buenos Aires” y lo transcribo al final de este post.

Ahora bien, vale comentar que he tenido el privilegio de haber transitado por dos facultades distintas, la de Ciencias Exactas, donde me recibí de Licenciado en Físicas y la Facultad de Ciencias Económicas, que me brindó la posibilidad de hacer un doctorado en economía. Esto me dio cierta luz sobre el modus operandi genérico de ambas profesiones. En un post anterior comenté cómo el estereotipo del economista se encarnaba como frío, desaprensivo, insensible, calculador y optimizador de sus propias apetencias. Como generalizar puede ser algo perverso, comenté cómo algunos investigadores se tomaron esto en serio y realizaron investigaciones formales, que buscaron determinar si la enseñanza de la economía conviertían a sus estudiantes a este estereotipo.

Uno de ellos, Ariel Rubinstein , demostró que los economistas suelen comportarse en forma más egoísta que el resto de los profesionales. Para ello, contactó a varios grupos de estudiantes de economía, matemática, derecho, filosofía y negocios. A todos ellos les presentó una situación empresarial, en la cual había que optar entre varias alternativas de optimización de resultados sobre la base de despedir empleados. Por una diferencia estadísticamente abrumadora, el grupo de estudiantes de economía optó por la alternativa de echar a la mayor cantidad de gente para obtener la mayor rentabilidad posible, sin tener en cuenta los posibles impactos sobre los trabajadores cesanteados o sobre el clima laboral al interior de la empresa. Otro estudio realizado por Frank, Gilovich y Regan (1993) mostró que exponer a los alumnos a modelos donde los agentes económicos buscan maximizar su propio beneficio promueve un comportamiento de esas características. Los estudiantes fueron impelidos a jugar el dilema del prisionero, y el resultado fue que los de economía mostraron, por lejos, la actitud más individualista y menos cooperativa.

¿Y que tal si nos referimos a los numerosos desastres económicos que se sucedieron a lo largo y ancho del planeta y que fueron motivados por políticas de ajuste y equilibrio a costa de la gente, de liberalización acelerada, de privatizaciones sin regular ni inventariar, etc., todas, al amparo del Consenso de Washington y que fueron promovidas por la élite técnocrática de organismos como el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional? Si fuera posible hacer un conteo de víctimas y damnificados, muy posiblemente los efectos de estas crisis hayan superado más que con creces a los víctimas de desastres de lesa humanidad como fueron las bombas de Hiroshima y Nagasaki….

JuramentoEntonces, mi propuesta en concreto es promover la necesidad de que se implemente un Juramento de Ética Profesional para los Economistas. Si una comunidad prestigia a ciertos individuos, y para ello basta conocer los salarios que cobran los funcionarios de traje y corbata de los organismos mencionados o los de los Bancos Centrales (que fijan sus propias condiciones salariales), es dable, como contrapartida, exigirles un comportamiento intachable, una aspiración a la excelencia moral y un compromiso con el bienestar de quienes son afectados con sus políticas. Esto también vale para los economistas que desempeñan sus actividades en el ámbito privado. Sino, recordemos, los nefastos impactos que pueden producir los fondos buitres o el vaciamiento y saqueo que han producido los grandes jugadores (orientados por economistas de turno) en tantísimos países llevados a una condiciones de fragilidad financiera extrema. Un juramento de los economistas como el que propongo, comportaría un compromiso con la sociedad en general, con la comunidad profesional a la que los economistas pertenecen y un compromiso con quienes son los actores afectados por sus acciones.

De todo esto también, se trata la responsabilidad social individual, necesaria para construir un mundo inclusivo donde todos tengan cabida. Por eso, espero que alguna vez esta propuesta de viabilice y concrete. A quienes les parezca coherente y necesaria esta propuesta, hagamos lo posible para promoverla. 

Juramento de Buenos Aires (Buenos Aires Oath)

Teniendo conciencia de que la ciencia y en particular sus aplicaciones pueden ocasionar perjuicios a la sociedad y al ser humano cuando se encuentran ausentes los controles éticos adecuados, me comprometo firmemente a que mi capacidad como científico nunca sirva a fines que lesionen la dignidad humana, guiándome por mis convicciones personales, asentadas en un auténtico conocimiento de las situaciones que me rodean y de las posibles consecuencias de los resultados que se derivarían de mi labor, no anteponiendo la remuneración o el prestigio, ni subordinándome a los intereses de empleadores o dirigentes políticos. La investigación científica que desarrolle será para beneficio de la humanidad y en favor de la paz.

Link de interés:

Artículo sobre el Juramento de Buenos Aires

Artículo sobre las repercusiones del Simposio Internacional sobre los Científicos, la Paz y el Desarme, de 1988

Artículo de mi amigo Guillermo Lemarchand sobre los juramentos hipocráticos como herramienta ética

Towards a universal ethical oath for scientists (Texto completo)

Towards a universal ethical oath for scientists (Presentacion PPT)

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Categorías: Cambio de paradigma · Conciencia Integral · Economía solidaria · Nuevo Humanismo
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