Bután, un país en donde la riqueza no se mide en dinero, sino en Felicidad

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En Bután, una pequeña y montañosa nación budista del sur de Asia, localizada en la cordillera del Himalaya entre India y China, con unos 2 millones de habitantes, la felicidad es la riqueza que se mide. En efecto, se trata de un país, en donde la riqueza no es medida por las pertenencias o el oro que una persona pueda tener, sino más bien por el grado de felicidad de la misma.

De hecho, en este país, el Producto Interno Bruto (PIB) que se maneja en todos los países de manera internacional, es reemplazado por la Felicidad Nacional Bruta (FNB). Y es que hace varios años, el rey de Bhután, Jigme Singye Wangchuck, comenzó a aplicar esta idea que ya está en funcionamiento, y de la cual han creado una comisión nacional para cuantificar la Felicidad Bruta del País.

Karma Tshiteem, encargado de la Comisión que maneja las estadísticas de la Felicidad de la Nación, dice que la Felicidad Nacional Bruta se medirá en los siguientes factores: bienestar psicológico, salud, educación, buen gobierno, vitalidad de la comunidad y diversidad ecológica; esto, luego de hacer una entrevista a más de mil personas obteniendo resultados en común que avalen su idea.

Ahora bien, los primeros estudios arrojan que casi un 68% de los Bhutaneses no se siente “feliz” teniendo en cuenta los factores anteriores, cosa que denigra las mismas estadísticas.

Para los próximos años se espera que tengan lugar cambios gubernamentales con el fin de potenciar y aumentar la Felicidad Nacional Bruta. No obstante, su política ha dado frutos entre los butaneses, que, pese a su precariedad económica, son, según un estudio de la británica Universidad de Leicester, el octavo pueblo más feliz del mundo por delante de Estados Unidos.

De hecho Bután ha sido el primer país del mundo que prohíbe totalmente la venta de tabaco y donde toda actividad en ese sentido es sancionada. En Bután no está permitido fumar en público en ningún lugar del país. En Bután, todas las personas que sean sorprendidas vendiendo tabaco deben pagar una multa de 225 dólares.

El reino de Bután siempre tuvo un concepto especial de la era moderna. El ingreso de visitantes extranjeros al país no fue autorizado hasta la década de los ’70. En la actualidad deben pagar 200 dólares por cada día pasado en Bután, obligatoriamente en el marco de viajes organizados y el turismo sigue siendo muy restringido. La televisión llegó hace sólo cinco años a este país rural, cuya economía depende fundamentalmente de la agricultura.

Desde hace varios años, Bután decretaba varios días ‘sin tabaco‘ y las comunidades locales otorgaban medallas a las personas que habían registrado éxitos en el combate contra el tabaquismo. Las medidas radicales contra el tabaquismo fueron apoyadas activamente por la Organización Mundial de la Salud (OMS), según la cual el tabaco es la segunda causa de mortalidad en el mundo.

Así mismo en el año 2007 el país comenzó a tener elecciones. La inexperiencia democrática de los butaneses hizo que en abril de 2007 el Gobierno organizara un masivo simulacro electoral en el que los candidatos eran estudiantes de institutos y representaban a partidos ficticios con nombres de dragón y programas imaginarios. Estas elecciones, que contaron con 42 observadores internacionales, son la culminación de una transición “feliz” propugnada por el rey Wangchuck, quien, tras dar su visto bueno a una propuesta de Constitución, abdicó en diciembre de 2006 a favor de su hijo Jigme Khesar.

Es importante destacar que Bután no tuvo teléfono ni moneda hasta 1960 y que Internet y la TV llegaron en 1999.

Tras la formación del nuevo Gobierno, el rey mantendrá su rol como jefe de Estado y, según la Constitución, sólo podrá ser destronado con el voto de al menos dos tercios de la cámara. El ritmo de los cambios ha asustado a parte de los habitantes del país, conocido como el último Shangri-La, que vivió hasta hace poco en un ambiente medieval. Durante su reinado, el rey Wangchuk se embarcó en una rápida modernización que desembocó en la legalización de la televisión e Internet (1999) y, más tarde, de la libertad de prensa, en parte para favorecer la cultura democrática que se estaba promoviendo.

Llena de retos, esta democracia recién nacida comparte sin embargo rasgos de otras más veteranas, como las inevitables anécdotas de la jornada electoral: la más sonada la protagonizó Tshewang Dema, una mujer de 65 años que caminó 600 kilómetros durante catorce días para poder depositar su papeleta: “Me mareo en los coches, y como no quería perder mi voto, caminé“, declaró Dema al rotativo “Bhutan Times“.

Bután cuenta con una población de poco más de 700.000 de habitantes, distribuidos en 47.000 km2 de territorio. La esperanza de vida promedio es de 61 años. Existen 20 médicos cada 100.000 personas, según un estudio de los años 90. Sólo el 58% de la población tiene acceso directo a agua potable.


Actualización de la información:

Jigme Singye Wangchuck, su cuarto rey convirtió el año pasado (2008) a Bután en la democracia más joven del mundo. Este rey, educado en el Reino Unido, vive solo en una cabaña modesta. Cuando la gente se ofreció a construirle un castillo dijo que no, que emplearan el dinero y el tiempo en levantar escuelas y hospitales. Es compasivo, sabio, afirma que lo sacrificaría todo por su pueblo. No sólo eso, estambién un visionario si se tiene en cuenta que acuñó, hace 35 años, un término que hoy, en este escenario del poscomunismo y del poscapitalismo salvaje, constituye el centro de uno de los debates más interesantes que se están produciendo en el pensamiento económico mundial. Un debate al que se han apuntado premios Nobel como Joseph E. Stiglitz o Amartya Sen y líderes occidentales como Nicolas Sarkozy o Gordon Brown.

El 2 de junio de 1974, en su discurso de coronación, Jigme Singye Wangchuck dijo: “La felicidad interior bruta es mucho más importante que el producto interior bruto“. Tenía 18 años y se convertía, tras la repentina muerte de su padre, en el monarca más joven del mundo.

No fue un mero eslogan. Desde aquel día, la filosofía de la felicidad interior bruta (FIB) ha guiado la política de Bután y su modelo de desarrollo. La idea es que el modo de medir el progreso no debe basarse estrictamente en el flujo de dinero. El verdadero desarrollo de una sociedad, defienden, tiene lugar cuando los avances en lo material y en lo espiritual se complementan y se refuerzan uno a otro. Cada paso de una sociedad debe valorarse en función no sólo de su rendimiento económico, sino de si conduce o no a la felicidad.

Dos factores pueden explicar que esta especie de tercera vía de desarrollo se haya llevado a la práctica precisamente aquí, en este aislado reino del Himalaya. Por un lado, está su profunda raigambre en la filosofía budista. Y por otro, el proverbial retraso de Bután en su apertura al mundo. El lama reencarnado Mynak Trulku explica el primer factor: “La felicidad interior bruta se basa en dos principios budistas. Uno es que todas las criaturas vivas persiguen la felicidad. El budismo habla de una felicidad individual. En un plano nacional, corresponde al Gobierno crear un entorno que facilite a los ciudadanos individuales encontrar esa felicidad. El otro es el principio budista del camino intermedio“. Y esto enlaza con el segundo factor, que explica Lyonpo Thinley Gyamtso, ex ministro del Interior y de Educación: “Están los países modernos, y luego está lo que era Bután hasta los años setenta. Medieval, sin carreteras, sin escuelas, con la religión como única guía. Son dos extremos, y la FIB busca el camino intermedio“.

La televisión llegó a Bután en 1999, al mismo tiempo que Internet. Thimpu es hoy la única capital del mundo sin semáforos, y el aeropuerto internacional cuenta con una sola pista. Ese retraso en la modernización ha permitido a Bután, un pequeño país encajado entre los dos Estados más poblados de la Tierra, la India y China, aprender de los errores de otros países vecinos en vías de desarrollo que se han centrado exclusivamente en el progreso económico.

El concepto butanés de la felicidad interior bruta se sostiene sobre cuatro pilares, que deben inspirar cada política del Gobierno. Los pilares son:

  • 1. Un desarrollo socioeconómico sostenible y equitativo.
  • 2. La preservación y promoción de la cultura.
  • 3. La conservación del medio ambiente.
  • 4. El buen gobierno.

Para llevarlo a la práctica, el cuarto rey creó en 2008 una nueva estructura institucional al servicio de esta filosofía, con una comisión nacional de FIB y una serie de comités a nivel local.

Lo que medimos afecta a lo que hacemos. Si nuestros indicadores sólo miden cuánto producimos, nuestras acciones tenderán sólo a producir más. Por eso había que convertir la FIB de una filosofía a un sistema métrico. Y eso es lo que encomendó el cuarto rey al Centro de Estudios Butaneses, que años después ha dado con un índice para medir la felicidad.

La materia prima es un cuestionario que responderán los ciudadanos butaneses cada dos años. La primera encuesta se realizó entre diciembre de 2007 y marzo de 2008. Un total de 950 ciudadanos de todo el país respondieron a un cuestionario con 180 preguntas agrupadas en nueve dimensiones:

  • 1. Bienestar psicológico.
  • 2. Uso del tiempo.
  • 3. Vitalidad de la comunidad.
  • 4. Cultura.
  • 5. Salud.
  • 6. Educación.
  • 7. Diversidad medioambiental.
  • 8. Nivel de vida.
  • 9. Gobierno.

Éstas son algunas preguntas del cuestionario: “Definiría su vida como: a) Muy estresante, b) Algo estresante, c) Nada estresante, d) No lo sé“. “¿Ha perdido mucho sueño por sus preocupaciones?“. “¿Ha percibido cambios en el último año en el diseño arquitectónico de las casas de Bután?“. “¿En su opinión, cómo de independientes son nuestros tribunales?“. “¿En el último mes, con qué frecuencia socializó con sus vecinos?”. “¿Cuenta usted cuentos tradicionales a sus hijos?“.

Una vez procesada la información de las encuestas, se determina en qué medida cada hogar ha alcanzado la suficiencia en cada una de las nueve dimensiones, estableciendo unos valores de corte. A cada indicador en el que un hogar ha alcanzado o superado el valor de corte se le atribuye un cero. Cuando el encuestado no ha llegado al valor de corte en un indicador, se le resta el resultado al valor de corte y se divide la resta por el propio valor de corte. Por ejemplo, si el límite de la pobreza es 8 y el encuestado ha alcanzado 6, el resultado es (8-6) / 8 = 0,25.

Entonces, ¿cómo se determina quién es feliz? Es feliz aquella persona que ha alcanzado el nivel de suficiencia en cada una de las nueve dimensiones (0). ¿Y cómo se determina la felicidad interior bruta? FIB = 1 – (la media del cuadrado de las distancias respecto a los valores de corte).

Ya tenemos, pues, el valor de la felicidad. Pero es sólo eso, un número. El siguiente paso es comparar la FIB de los diferentes distritos. Compararla a lo largo del tiempo. Descomponer el índice por dimensiones, por géneros, por ocupaciones, grupos de edades, etcétera. Y así, la FIB puede utilizarse como un instrumento para orientar políticas.

La determinación por medir la felicidad nacida de aquel discurso de coronación del cuarto rey de Bután puede verse como un caso pintoresco o enternecedoramente naïf desde las potentes economías occidentales. Pero la misma inquietud empieza a ocupar las agendas de influyentes mandatarios y eminencias de la economía a nivel mundial. En febrero de 2008, el presidente francés, Nicolas Sarkozy, creó la Comisión Internacional para la Medición del Desempeño Económico y el Progreso Social, debido, en palabras de su director, el profesor de la Universidad de Columbia y premio Nobel de Economía Joseph E. Stiglitz, “a su insatisfacción, y la de muchos otros, con el estado actual de la información estadística sobre la economía y la sociedad” (EL PAÍS, Negocios, 20 de septiembre de 2009). “El gran interrogante“, proseguía Stiglitz, “implica saber si el PIB ofrece una buena medición de los niveles de vida“. Y los resultados de la comisión, presentados el pasado mes de septiembre, confirmaron las sospechas de Sarkozy: el PIB se utiliza de forma errónea cuando aparece como medida del bienestar. Pero también hay quien advierte de los riesgos de ampliar la variedad de estadísticas económicas, que podría permitir a los Gobiernos agarrarse a unas u otras a su antojo, en detrimento de la objetividad.

Bután no debe ser (ni lo pretende) un ejemplo para otros Estados. Las peculiaridades del país hacen su experiencia inexportable. Bután es una de las economías más pequeñas del mundo, basada en la agricultura (a la que se dedica el 80% de la población), la venta de energía hidráulica a la India y el turismo. Y es un país altamente dependiente de la ayuda externa. La tasa de alfabetización es del 59,5%, y la esperanza de vida, 62,2 años. Probablemente el concepto de FIB les suene a chino a las remotas tribus de pastores nómadas del este, que se visten con pieles de yak, practican una religión animista y ofrecen animales sacrificados a sus dioses en las montañas. Y más aún a los 100.000 ciudadanos de la minoría étnica nepalí que viven en campos de refugiados en Nepal desde principios de los noventa, después de haber sido expulsados de Bután por el Gobierno.

Pero en 2007 Bután fue la segunda economía que más rápido creció en el mundo. La educación, gratuita y en inglés, llega hoy a casi todos los rincones del país. En un estudio realizado en 2005, el 45% de los butaneses declaró sentirse “muy feliz”, el 52% reportó sentirse ”

  • feliz
  • ” y sólo el 3% dijo no ser feliz. En el Mapamundi de la Felicidad, una investigación dirigida por el profesor Adrian White en la Universidad de Leicester (Reino Unido) en 2006, Bután resultó ser el octavo más feliz de los 178 países estudiados (por detrás de Dinamarca, Suiza, Austria, Islandia, Bahamas, Finlandia y Suecia). Y era el único entre los 10 primeros con un PIB per cápita muy bajo (5.312 dólares en 2008, seis veces menor que el español).

    El sol ilumina intensamente la ciudad de Thimpu este sábado por la mañana. La vida transcurre sin prisa. Los puestos del mercado de verduras ofrecen los ricos productos autóctonos. Hay deliciosos chiles rojos y verdes, lustrosas berenjenas, compactas coles, tomates de árbol, decenas de tipos de manzanas y arroz rojo del Himalaya. Hay orquídeas, una de cuyas variedades se come, aportando una textura fibrosa y un sabor amargo a los guisos de chile o de carne. Y hay nuez de areca que, untada con lima y envuelta en hoja de betel, tiñe de rojo los dientes y los escupitajos de los butaneses que la mastican, enganchados a su ligero efecto narcótico. Un sustituto del tabaco, cuya venta está prohibida en el país.

    Unos jóvenes celebran un campeonato de tiro con arco, el deporte nacional, y bailan y entonan canciones tradicionales cuando su equipo acierta en la diana colocada a 145 metros de distancia. Otros duermen después de divertirse hasta altas horas de la noche en karaokes y clubes no muy diferentes de los que uno puede encontrar en cualquier pequeña ciudad occidental. Thimpu tiene cierto ambiente urbano, mitigado por el hecho de que, por ley, los edificios deben construirse siguiendo determinadas reglas de la arquitectura tradicional.

    La mayoría de la gente, incluso aquí en la ciudad, viste el atuendo tradicional butanés, que la ley impone en determinadas áreas públicas, para reforzar la identidad cultural butanesa (uno de los pilares de la FIB). El de los hombres es un vestido de una sola pieza de tela que llega hasta las rodillas y se ata con un cinturón. Las mujeres llevan un vestido hasta los tobillos. En los actos oficiales, los hombres se ponen una gran bufanda, llamada kabney, cuyo color indica el rango de la persona. Amarillo para el rey, naranja para los ministros y otras selectas autoridades, azul para los parlamentarios, blanco para el pueblo llano.

    Lyonpo Sonam Tobgye, el presidente del Poder Judicial, es de los contados butaneses que puede llevar kabney naranja. Y su uniforme particular se completa con una imponente espada que lleva amarrada a la cintura. “La espada es el poder, y la kabney es el honor. Cuando me jubile, la espada se va, pero la kabney se queda”, dice, y suelta una sonora carcajada, sentado en su despacho, presidido (¿lo adivinan?) por una fotografía del cuarto rey de Bután. Fue él quien le encomendó, hace hoy exactamente ocho años, dirigir la comisión que se encargaría de redactar un borrador de Constitución para Bután. Quizá el primer gran paso para convertir Bután en una democracia.

    Lo habitual en la historia es que la democracia sea una conquista del pueblo, producto a menudo de sangrientas luchas y revoluciones. Pero en el caso de Bután la democracia llegó por el empeño del cuarto rey, en contra de la voluntad de la mayoría de sus súbditos.

    En diciembre de 2005, Jigme Singye Wangchuck anunció que abdicaría a favor de su primogénito y que se celebrarían elecciones. “La democracia no entró de la noche a la mañana“, explica Lyonpo Sonam Tobgye, con la espada asomando por debajo de su kabney naranja. “Fue un proceso largo. Cuando su majestad dijo que había que hacer una Constitución, la idea no fue aceptada en absoluto por el pueblo. No queríamos una Constitución. Estábamos muy a gusto con nuestro pasado. Teníamos desarrollo, seguridad, habíamos progresado. Aun así, su majestad insistió en que era importante que tuviéramos una Constitución. Y el pueblo aceptó sus palabras, porque nos fiamos de él“.

    El comité estudió “unas cien” constituciones extranjeras. Después se quedaron con una veintena. Entregaron un borrador después de 10 meses, que se colgó en Internet para que lo vieran los ciudadanos y el mundo exterior. “Recibimos unos 400 comentarios de todo el mundo: intelectuales, universidades, organizaciones de derechos humanos. Estudiamos todo eso, hicimos otro borrador y éste se distribuyó al pueblo“.

    Los reyes, padre e hijo, recorrieron entonces todo el país, hasta las aldeas más remotas, y celebraban reuniones en los pueblos para explicar y discutir el borrador de la Constitución. El 18 de julio de 2008 se aprobó una carta magna sin pena de muerte para un país cuyo delito más común es el expolio del patrimonio artístico y cuyo artículo 9.2 establece: “El Estado se esforzará en promover las condiciones que permitan la consecución de la felicidad interior bruta“.

    El 24 de marzo de 2008 se celebraron las elecciones parlamentarias. Se presentaron dos partidos y ganó (45 de los 47 escaños) el Partido de la Paz y la Prosperidad del actual primer ministro, Jigmi Thinley. Y hace ahora un año, en noviembre de 2008, Jigme Khesar Namgyel Wangchuck, de 28 años, hijo de Jigme Singye Wangchuck, se convirtió en el quinto rey de Bután, el primer monarca constitucional del país.

    La sangre del nuevo rey aúna dos legitimidades. La de su padre, dinastía que reina Bután desde 1907, y la de su madre, que desciende de Ngawang Mamgyal, líder de una escuela de budismo tibetana que en 1616 se exilió en lo que hoy es Bután, a la edad de 23 años, y se convirtió en el primer gobernante del Bután unificado. El territorio se llamaba entonces (todavía hoy lo llaman así muchos butaneses) Druk Yul, o la Tierra del Dragón del Trueno. Y al líder se le otorgó el título de Zhabdrung, o Aquel a Cuyos Pies Uno Se Somete.

    Su cuerpo embalsamado se guarda en la torre central del Punakha Dzong, también conocido como Templo de la Felicidad, sede del poder medieval, donde se coronó a los cinco reyes modernos. Una joya de la arquitectura butanesa, que el propio Zhabdrung mandó construir en la intersección de dos veloces ríos, uno macho y otro hembra (eso dicen), en un promontorio con una trompa que desciende hasta el agua. Ya lo advirtió, en el siglo VIII antes de Cristo, Gurú Rinpoche, santo patrón de Bután, que trajo el budismo tántrico a estas montañas: algún día, dijo, en un sitio que parece un elefante muerto, alguien llamado Ngawang levantará un templo. Y si tiene éxito, unificará un país.

    El coche avanza por la serpenteante carretera, y uno podría pasarse horas mirando las formas que dibujan las nubes algodonosas contra el azul brillante del cielo y el manto de verde intenso con que los frondosos bosques cubren las imponentes montañas que rodean al valle de Punakha. Quedan pocos días para la recolecta de los campos de arroz, que se siembran en junio, antes del monzón, y que confieren al valle un color tostado en este inicio del otoño.

    La marihuana crece libre en las cunetas, pero sólo recientemente han tenido algún problema con su tráfico y cultivo. Tradicionalmente se le daba usos más exóticos. Como recuerda un anciano del lugar, en los internados los críos untaban con marihuana el suelo para que las chinches la comieran, anduvieran más lentas y despistadas, y así fuera más fácil cazarlas.

    Bután es una potencia en plantas medicinales. “Los botánicos extranjeros que vienen no dan crédito“, explica Karma Phuntsho, de la Oficina para la Investigación de Plantas Medicinales y Aromáticas. Entre las especies más extrañas está el yagtsa guen bub, o “hierba de verano y gusano de invierno“. Se da a partir de 4.000 metros de altitud y es, al mismo tiempo, animal y vegetal. Un gusano que se hunde bajo la tierra y brota de su cabeza una especie de planta u hongo, cuyo cuerpo se convierte en raíz. Tiene propiedades rejuvenecedoras y afrodisiacas, y en Bangkok se paga a 10.000 dólares el kilo. En el sistema de sanidad butanés, para dolencias leves, los ciudadanos pueden elegir entre la medicina tradicional y la occidental. Y la exportación de plantas medicinales, explica Phuntsho, “tiene un gran potencial para el país“. “Eso sí“, advierte, “siempre que se realice de manera sostenible“.

    De momento, la economía de Bután confía en la bravura de sus ríos para generar energía hidráulica (esperan multiplicar por cinco su producción en los próximos años) y en el turismo, una industria que nació en los años setenta. En este terreno se sigue una política, entroncada con la filosofía de la FIB, de “pocos visitantes, pero mucho valor“. El turista debe pagar una tarifa de 220 dólares al día, que incluye alojamiento, comidas, entradas a museos, desplazamientos interiores y guía. Se trata de mantener un volumen rentable pero moderado, y evitar catástrofes ecológicas, estéticas y sociales como la que el turismo masivo ha provocado en el vecino Nepal.

    Y así hasta que el país sea autosuficiente y deje de depender de la ayuda externa. “Hacemos un buen uso de las ayudas. Apenas hay corrupción, y a los donantes les gusta asociarse a la idea de la FIB. Pero habrá un momento en que la ONU considere que podemos valernos por nosotros mismos“, explica el ex ministro Lyonpo Thinley Gyamtso. “Somos un país pequeño y queremos hacer las cosas así. No queremos enseñar nada al mundo. Hacemos lo que creemos que es mejor para nosotros. Y si el mundo cree que hay algo que aprender, son más que bienvenidos”.

    Fuentes: BBC, Wikipedia, y Publico.es, El Pais

    Yo me hago la misma pregunta

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    Por la liberación del Tibet, el mundo se manifiesta, sin embargo uno se pregunta, hasta cuando tanta indiferencia desde otro lado….

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    El liderazgo para un mundo más humano

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    Liderazgo Humano ¿Quién nos da permiso para explorar nuestro mundo? La pregunta da a entender que el mundo en realidad le pertenece a alguién más. ¿Quién nos da permiso para comunicar lo que creemos, lo que experimentamos y lo que descubrimos? La pregunta refleja una historia de voces oprimidas, de culturas enteras que han llegado a creer que sólo el poder tiene autorización para hablar. Porque la capacidad de hablar implica poder y conlleva la propiedad y el control que ésta confiera. Pero las cosas han cambiado. Internet, la Web 2.0 y la horizontalización de los medios, están alternando el escenario en que hoy nos movemos.

    Tengo la percepción que la mayoría de los dirigentes empresariales, políticos y religiosos que hoy gestionan este mundo, parecen insensibles al cambio global que hoy siento está teniendo nuestra sociedad. Con la llegada de una nueva cultura: la de la Web 2.0, el rol del liderazgo en las organizaciones debe necesariamente concebirse de un modo diferente. En un contexto en el que la creatividad y el capital intelectual son determinantes de los cambios tecnológicos que hoy afectan, creo yo favorablemente, al mundo. El mundo necesita de nuevas ideas y soluciones creativas y estas requieren dedicación e involucramiento, es decir de un profundo compromiso.

    Si las empresas y organizaciones entienden la importancia de las nuevas ideas en el actual contexto, pero las buscan sólo en un grupo de gerentes parcialmente ilustrados estarán amordazando a la mayoría de los trabajadores. Si piensan que sólo algunos están capacitados para pensar, y los demás obligados a cumplir un horario, el fracaso queda asegurado. La aristocracia corporativa está muriendo. Los directivos de las empresas tienen que aprender a vérselas con personas que son libres para saber, ir, hacer y ser. Se trata de las nuevas generaciones, más capacitadas y adaptadas a la actual velocidad de los cambios, quienes tienen una actitud cada vez más selectiva y un comportamiento más crítico en relación al trabajo en que se desempeñan.

    Platón, en la República imaginaba al filósofo como el ser más apto y capacitado para dirigir el destino de los Estados. El exhaustivo estudio de la naturaleza humana y del mundo de las ideas, le otorgaba a este, la prudencia y sabiduría necesarias para las artes del buen gobierno. Salvo unas pocas excepciones, como el emperador romano, Marco Aurelio, los filósofos siempre fueron marginados del poder. ¿Alguna vez se detuvieron a pensar porqué?

    El éxito de las organizaciones depende hoy más que nunca, de cómo sus líderes comprendan que el principio de autoridad debe necesariamente complementarse al principio del conocimiento. El verdadero líder de hoy poco se asemeja a aquel nefasto personaje, el Jefe, que controlaba todo desde su posición panóptica en la fábrica con la intención de señalar implacablemente y castigar la ineficiencia, y cuyo único objetivo era enriquecerse a costa de la planta. El control, como máquina de impedir, ha gobernado más por veto que por genuino liderazgo.

    Estoy convencido que el líder verdadero se debe parecer más a un gurú vestido de elegante occidentalidad casual. Tendría que ser más un consejero, una fuente de inspiración, un motivador o un director de orquesta. Un verdadero líder, con profundo sentido humanista, intenta inspirar más que exigir, ya que entiende que los subordinados se heredan, pero los seguidores se ganan; promueve el espíritu crítico en los demás, es carismático, sabe que usar su poder para reclamar y demandar, conduce al final de cuentas a la pasividad de sus subordinados y no a la acción proactiva. Quienes tengan la responsabilidad de ser líderes, en cualquier ámbito que se considere, deberían tratar de promover un trabajo espiritualmente pleno, socialmente constructivo, experimentalmente diverso y emocionalmente enriquecedor, que fomente la autoestima, y constituya un desafío creativo para todo el grupo, al punto que el trabajo se convierta en la forma de auto-expresión de cada empleado, promoviendo la necesidad inagotable de crear, crecer, aprender, sentirse más y más vital y ser feliz.

    Se debe distinguir claramente la diferencia entre dirigir y liderar. Dirigir, gerenciar u organizar es trabajar con y por medio de personas y grupos para conseguir determinados objetivos organizacionales, mientras que liderar es influenciar en el comportamiento humano, sin olvidar los objetivos a alcanzar ni perder de vista que los empleados son seres plenos de inteligencia y vívida emocionalidad. A los jefes se les da poder, pero un líder lo debe conseguir por sí sólo. El líder es el responsable de crear una visión con significado y lograr que ésta sea comprendida y compartida por todos los trabajadores.

    El Ser Humano, con mayúsculas, no debe ser un recurso a ser explotado, es un talento que se debe desarrollar para beneficio de sí, de la organización y de toda la humanidad entendida ésta como esa multitud diversa en vías de organización e interiorización. No debe sorprender que los hombres de negocios formados en la modernidad industrialista sean seres tan asombrosamente primitivos, incultos y hasta bestiales. Por que viven en un mundo regido por la simplificación; sus únicos objetivos son la obtención de ganancias en desmedro de sus subordinados; el robo de la plusvalía, como lo apunta Carlos Marx.

    Las principales tareas de los líderes que reclama el mundo de hoy consisten en establecer y comunicar con pasión los valores, la visión y la misión de las organizaciones a las que sirven, comprender las necesidades de los empleados y clientes, saber escuchar, motivar en lugar de imponer su autoridad, ser convincente en vez de tener una actitud coercitiva, garantizar un adecuado sistema de reconocimiento del justo mérito a través de premios e incentivos (materiales o no), facilitar el aprendizaje, tener una actitud empática y promover la sinergia, construir una visión compartida, una cultura cooperativa y un clima de respeto y ética, mostrar el camino a seguir a través del ejemplo personal, fomentar la innovación, el progreso y mejoramiento continuo, dignificar y respetar a los empleados y hacer que estos se respeten entre sí, fomentar la confianza, darse cuenta que su éxito es el éxito de todos y así siguiendo .

    Hay recursos que por su naturaleza son productores de vida, renovadores de potencialidad, generadores de diversidad y enriquecimiento colectivo. Recursos tales como la comunicación y el lenguaje, el amor y el conocimiento, la creatividad sin límite que como especie poseemos, el poder de la voluntad y el sentido de superación, la memoria colectiva, el humor y la alegría compartida, la identidad grupal, la democracia, etc. Imaginar, crear, fortalecer y despertar esos recursos es la tarea de los verdaderos líderes, de aquellos que hoy son responsables de iluminar con el ejercicio ejemplar de sus actos, nuestro camino hacia el mañana. Esto vale tanto, para aquellos que encabezan los directorios y gerencias de las grandes empresas, como para los maestros, educadores, profesores, emprendedores sociales y todo aquel que sienta el impulso de transformarse en agente de los cambios que reclama nuestro mundo.

    Carl Gustav Jung decía que “donde reina el amor no hay deseo de poder; y donde el ansia de poder es supremo, está faltando el amor”. En cierta forma el amor y el poder se excluyen mutuamente a menos que nos dejemos llevar por el poder del amor. Teilhard de Chardin decía que “a pesar de todas las aparentes improbabilidades, nos acercamos inevitablemente a una nueva era en la que el mundo abandonará sus cadenas, para entregarse por fin al poder de sus afinidades internas. Tenemos que creer sin reservas en la posibilidad y las consecuencias necesarias del amor universal”. Cuanto más sean y cuanto más pronto se den cuenta los líderes de hoy de la urgente necesidad de cambiar en esta dirección, más fácil será construir un futuro en beneficio de toda la humanidad.

    Postdata: vean cómo se trabaja en Google y se va a entender más lo que intento transmitir.

    Basado en el libro: La Red y el futuro de las organizaciones. Más conectados...¿Más integrados?

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    Nuestro mundo, colmado de esclavos

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    ¿Se puede sostener que la esclavitud se terminó? No, de ninguna manera. Históricamente cuando nos hablan de la esclavitud nos viene a la mente el comercio de esclavos africanos, promovido por los Holandeses, Portugueses, Ingleses, Españoles y Franceses hasta prinicipios del siglo XIX. Durante unos cuatrocientos años, centenares de millones de habitantes del continente africano fueron secuestrados, sometidos y enviados más allá del Atlántico en lamentables condiciones de esclavitud, por aquellos países que tiempo después se constituyeron el eje del pensamiento occidental civilizado.Sin embargo, la esclavitud no es sólo un triste recuerdo del pasado colonial. Hoy, de acuerdo con el último “Informe sobre Tráfico Humano” del Departamento de Estado de los Estados Unidos, entre 600.000 y 800.000 personas son traficadas, cada año, a través de las fronteras internacionales. El 80 % son mujeres y niñas; el 50 % menores. Estas cifras fueron reproducidas por la Revista del diario El País, de España, en noviembre pasado.A millones de mujeres, niños, niñas y hombres de todo el mundo se les obliga a vivir como esclavos. Si bien a esta explotación a menudo no se le llama esclavitud, las condiciones son las mismas. A las personas se les vende como a objetos, se les obliga a trabajar por salarios irrisorios o sin salario, y viven a merced de sus “empleadores”.

    La esclavitud existe hoy día pese a que está prohibida en la mayoría de los países donde se practica. También la prohiben la Declaración de los Derechos Humanos de 1948 y la Convención Suplementaria sobre la Abolición de la Esclavitud, la Trata de Esclavos y las Instituciones y Prácticas Análogas a la Esclavitud, de 1956. Hoy día, hay mujeres de Europa oriental que trabajan en la prostitución en condiciones de servidumbre por deudas, se trafica a niños y a niñas entre estados de África Occidental y en Brasil se obliga a hombres a trabajar como esclavos en haciendas agrícolas. La esclavitud contemporánea adopta diversas formas y afecta a personas de todas las edades, géneros y razas.

    La organización antiesclavista Free the Slaves estima que, de su explotación, los traficantes de personas están obteniendo un beneficio de 32.000.000.000 dólares cada año, un monto sólo superado por el negocio de las armas y las drogas. En 2003, por ejemplo, unas 400.000 personas fueron “compradas” desde Europa Oriental y en América Latina para trabajar en la industria del sexo o en el procesamiento de alimentos. En el viejo continente, España es un destino final destacado. También mujeres y niños son secuestrados en Afganistán y vendidos como siervos sexuales o laborales en Arabia Saudita, Irán y Pakistán. En Brasil, por ejemplo, entre 40.000 y 50.000 esclavos trabajan cortando madera o en las minas de oro. Otro “destino” sexual, pero en el Asia, es Japón. El Gobierno otorga “visas de entretenimiento” a más de 120.000 mujeres por año, forzadas a prostituirse. En la India y Nepal la esclavitud laboral y agraria, en terrenos peligrosos, humadales y en canteras, atrapa 12 millones de personas. No debe sorprendernos que los traficantes suelen ser amparados por políticos y por los cuerpos policiales, quienes suelen beneficiarse de este aparentemente “lucrativo negocio“.

    ¿En qué consiste la esclavitud?

    La esclavitud tiene características que la distinguen de otras violaciones de los derechos humanos. A un esclavo:

    • Se le obliga a trabajar – mediante amenazas psicológicas o físicas;
    • Se le convierte en propiedad de un “empleador“, generalmente mediante maltrato físico o mental o mediante amenazas de maltrato;
    • Se le deshumaniza y se le trata como a una mercancía, o se le compra y vende como a una “pertenencia“;
    • Se le limita físicamente o se le impone restricciones a su libertad de movimiento.

    ¿Cuáles tipos de esclavitud existen hoy?

    • El trabajo en condiciones de servidumbre afecta a por lo menos 20 millones de personas en todo el mundo. Las personas se convierten en trabajadores en condiciones de servidumbre cuando aceptan, o se les engaña para que acepten un préstamo que apenas alcanza para cubrir el costo de los medicamentos para un niño enfermo. Para poder pagar la deuda, se ven obligadas a trabajar durante largas jornadas, siete días por semana, 365 días al año. Como “pago” por su trabajo, reciben alimentación y resguardo básicos, pero probablemente nunca consigan saldar la deuda, que puede traspasarse a sus familiares a lo largo de muchas generaciones.
    • El trabajo forzoso se refiere a niños y a niñas que son captados ilegalmente por gobiernos, partidos políticos o individuos particulares y que son obligados a trabajar, generalmente mediante amenazas de violencia u otros castigos.
      Las peores formas de trabajo infantil se refieren a niños y niñas que trabajan en condiciones de explotación o de riesgo. Decenas de miles de niños y de niñas en todo el mundo trabajan en plena dedicación, privados de la educación y de la recreación que son vitales para su desarrollo personal y social.
    • La explotación sexual de niños y de niñas con fines comerciales. Se explota a niños y a niñas por su valor comercial mediante la prostitución, la trata y la pornografía. A menudo se les secuestra, compra o vende, o se les obliga a ingresar al mercado del sexo.
    • La Trata implica el transporte y/o el comercio de seres humanos, usualmente mujeres o niños y niñas, con fines de lucro, mediante la fuerza o el engaño. A menudo se engaña o se obliga a mujeres migrantes para que ingresen al trabajo doméstico o a la prostitución.
    • El matrimonio precoz y el matrimonio forzado afectan a mujeres y muchachas a quienes se casa sin permitirles elegir y a quienes se obliga a llevar vidas de servidumbre que frecuentemente van acompañadas de violencia física.
    • La esclavitud tradicional o “propiedad personal” implica la compra y venta de personas. A menudo a estas personas se les secuestra en su hogar, o bien se heredan o se ofrecen como obsequios.

    Siempre que pienso sobre estos horroros temas me viene a la mente una similar pregunta…. ¿En qué pavoroso mundo vivimos? ¿Cuánto horror?…..

    Están los delincuentes, los explotadores, los criminales, esos que representan lo peor de la especie, los que nos muestran lo más bajo a lo que hemos llegado como seres humanos. Pero también estamos todos los demás, primera del plural, lo que dormimos tranquilos por que no delinquimos, por que pagamos los impuestos y cedemos el asiento en el bus. Sin embargo, este no es un mundo hecho en blanco y negro. Nuestra indiferencia ante estas tremendas realidades, nos hace cómplices, por que dejamos que los políticos que votamos negocien acuerdos bilaterales con gobiernos que hacen la vista gorda a estos temas, por que nos preocupamos más por nuestra seguridad ciudadana, que por los más necesitados que sucumben en la indiferencia general, por que vivimos como si estos horrores sean cosa de otro mundo.

    Fuentes: Esclavitud contemporánea, http://www.antislavery.org

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    En una sola palabra: Medita

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    Gracias a mi amiga Lydia, ha llegado hasta mi, colmando mi corazón y mi mente, una excelente y breve conferencia realizada por Ramiro Calle, que les dejo a continuación.

    Organizada por la Fundación Ananta las jornadas fueron tituladas “Contigo somos + paz. Este es el vídeo, en dos partes de 6 minutos, de su magnífica intervención 

    Es mi profundo deseo que el video los motive e inspere.

    Gracias Lydia.

    Gracias Ramiro.

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    Humanismo TV

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    Humanismo TV

    Acabo de estrenar una nueva página con los mejores documentales del mundo, todos traducidos o subtitulados al español. La página se llama: Humanismo TV. A todos mis lectores les pido que, si conocen vinculos (links) a otros documentales y películas que consideren están en linea con este nuevo canal, me los envíen. Vale la pena darse una vuelta por el canal y ver algún que otro documental.
    Espero disfruten de esta nueva iniciactiva!!!

    Muchos saludos

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