La interacción entre las personas en la Red tiene características muy peculiares: en el ciberespacio los usuarios no necesitan “ver” al otro para comunicarse, no se tiene ningún indicio de la apariencia física del otro, de su tono e inflexiones de la voz, de sus gestos, etc. El único indicador que se tiene de la imagen del otro, es la descripción que éste hace de sí mismo a través de la comunicación textual. Cada usuario es lo que decide ser, por eso es muy común que éste se presente como alguien que en realidad no es (o cree no ser).
Estoy convencido (y no soy el único) que esa falta de información objetiva acerca del interlocutor, puede abrir un espacio para el juego sobre uno mismo. Accedemos a la Red mediante un seudónimo o “nickname”, por lo cual desde el inicio queda alterado el sistema onomástico clásico del nombre de pila y apellido. En la Red, el hombre puede jugar a ser mujer, la mujer a ser hombre, se puede ser hombre jugando a ser mujer que trata de ser hombre o mujer que juega a ser hombre que trata de ser mujer, mostrar una identidad parcial, crear todo tipo de personaje que se pueda imaginar o simplemente mantenerse en el anonimato .
En la Red nuestro sentido de identidad se exterioriza en una serie de identidades parciales, yuxtapuestas y situacionales que surcan numerosas narrativas simultáneas, la exégesis de la posmodernidad. Esta condición ontológica del “ser en línea” se asemeja a la persona liminal o transicional, descrita por el antropólogo inglés Víctor Turner, cuando estudió los ritos de pasaje en culturas tribales. Según cuenta Turner, el individuo que participa de un rito, carece durante esa instancia, de todo atributo de su estado pasado así como del venidero y, por eso, es necesariamente ambiguo. Afirma que la instancia liminal es un estadio de reflexión (entre lo anterior y lo venidero), donde se rompe la fuerza de la costumbre, se abre paso a la reflexión y la idealización, y se facilita la camaradería y el sentido igualitario. Cabría afirmar como bien lo dice Alejandro Piscitelli, que hoy vivimos en o con los flujos, no ya como un rito de pasaje sino como un pasaje perpetuo de ritos.
Vale suponer que la facilidad en la construcción del “personaje en línea” puede transformarse en un vehículo de auto-reflexión, pues motiva la indagación acerca de cuál es la conexión entre lo que creemos que es real y virtual en nosotros, en definitiva sobre quién se es realmente. El impulso auto-reflexivo se refuerza con el silencio casi meditativo, que rodea al usuario en el instante de comunicación en línea.
En la Red, la unidad básica de comunicación es, todavía, la palabra escrita y los objetos que aparecen en la pantalla de la computadora, no tienen ningún referente físico. Lo que aparece y se despliega en la pantalla no tiene orígenes ni fundamentos materiales. El ciberespacio es un entorno, un hábitat donde los signos que representan la realidad se convierten en la realidad misma. Creo firmemente que Internet construye nuevos parámetros en los cuales la mente y las emociones se pueden reencontrar, a través del juego de auto-reinvención alrededor del intercambio de la palabra textualizada con los semejantes. Ahora bien, cabría preguntarse qué es lo semejante.
Hoy, como nunca antes, la gente ha comenzado, a ejercitar su derecho a expresarse y crearse a sí misma. La computadora permite desplegar al ego en, y desde, diversas posiciones del sujeto, mostrándolo como una entidad situacional multi-genérica, polimorfa, fragmentaria, conyuntural y fuera de todas las restricciones normativas y, es por ello, que constituiría un ámbito propicio para dar rienda suelta a la creatividad y la imaginación, en sí, a la liberación de espacios psicológicos que yacían ocultos en el encierro de la racionalidad.
Una de las exponentes más influyentes de esta perspectiva, es la Doctora en Psicología y Sociología del MIT, Sherry Turkle quien a fines de los noventa estudió las relaciones entre la comunicación a través de Internet, y la construcción y despliegue de las subjetividades en el contexto de una interpretación posmoderna. Turkle afirma en su artículo de la influyente revista Wired del año 1996: Who Am We? que el contexto actual es “la historia de la erosión de las fronteras entre lo real y lo virtual, lo animado y lo inanimado, el yo unitario y el yo múltiple, que ocurre tanto en los campos científicos avanzados como en los modelos de la vida cotidiana”.
Según ella, la interacción con el ciberespacio nos permite jugar con múltiples identidades o posiciones subjetivas. Las personas crean y recrean su identidad en la computadora, entendida ésta como “una herramienta, como un espejo y como una fuga a un mundo a través del espejo de la pantalla”. Según Turkle, asi como en el sistema operativo Windows®, nuestra mente se despliega a través de múltipes ventanas símbólicas. Para ella, el viejo sistema operativo DOS era la representación computacional del pensamiento moderno ya que se ejecutaban “órdenes secuenciales” a través de una “línea de comandos” de texto que servían para “ejecutar programas” de a uno por vez y que no admitían ningún tipo de error sintáctico. ¿Qué decir pues si agregamos la conectividad que nos brinda la Internet permitiéndonos comunicarnos los unos con los otros?
Estoy totalmente convencido de que en un mundo donde la gente recurre a la auto-medicación de calmantes, antidepresivos, hipnóticos, sedantes, tranquilizantes, psico-estimulantes, ansiolíticos, psicotrópicos y neurolépticos, para poder tener una vida razonablemente plena, Internet se transforma en un verdadero refugio psicológico abierto a la transformación liberadora. Este tipo de comunicación invita a una comunicación no responsable o liberada, donde el usuario puede hablar de sí mismo, reinventarse, y crear su propia historia, sea esta real o ficticia, pero siempre útil como conector y amplificador de apertura interior.
Encuentro este tema fascinante, po eso de seguro, continuaré escribiendo sobre él …
Notas basadas en mi libro La Red y el futuro de las organizaciones. Más conectados…¿Más integrados?


















































5 respuestas hasta el momento ↓
nieve // Miércoles 5 Marzo, 2008 a 6:50 am |
Hola Andrés, sabes? en la red, al igual que en la vida “real”, jamás debes fiarte de las apariencias, nunca juzgar a primera vista y menos por las descripciones autopersonales, ya sean éstas positivas o negativas. Y, al igual que en el día a día, en la red ocurre exactamente igual: “Lo esencial es invisible a los ojos”. En el tú a tú, el lenguaje verbal, las expresiones… te dan mucha más información que la palabra en si y en la red hay que saber leer en los espacios en blanco, los auténticos destinatarios de nuestro “yo” más “verdadero”. No obstante, todavía estamos en la prehistoria del desarrollo a nivel humano, nuestra gran asignatura pendiente.
Un beso
Andres // Miércoles 5 Marzo, 2008 a 11:53 am |
Creo fervientemente que la tensión inducida por los cambios tecnológicos dados por las TICs pueden contribuir a llevar a algunas personas a trascenderse a estados más elevados de conciencia (más adelante hablaré de esto), pero a la vez puede hacer sumir a otras en estados regresivos y producir conductas irracionales, como la exacerbación de los nacionalismos y los fanatismos extremos. Si convenimos que el ciberespacio es un producto cultural que refleja nuestra mente inconsciente, se puede convertir en facilitador de conductas regresivas y ser un espacio donde se desarrolla nuestro lado más oscuro, incluyendo conductas criminales. Esto pareciera constatarse si tenemos en cuenta la proliferación de grupos neonazis, de redes de pedofilia y el excesivo avance del negocio pornográfico a lo largo y ancho de la Red. Por eso creo que la Red no es más que un espejo a través del cual nos podemos ver. Ser humano: ¿Qué es lo que somos?
lydia // Miércoles 5 Marzo, 2008 a 2:28 pm |
Este tema es fascinante y ya lo encontré fascinante cuando descubrí la Red hace unos 15 años y tambien leí a la señora Sherry Turkle y me pareció interesante su visión entre persona y ordenador. Tambien estoy de acuerdo con Nieve, la Red es una extensión de la realidad, es una realidad con las mismas personas. Es un mercado, y los grupos Neo Nazis o los grupos de pedófilia, por ejemplo, están porqué estan en la realidad. El lado oscuro existe aqui como afuera, está dentro de nosotros. La red no nos hace ser más malos o más buenos, creo, simplemente nos permite más contacto, nos abre, nos conecta. Y creo tambien que nos permite crecer pero porqué el deseo de crecer ya está en nosotros. Enfin, son ideas que me vienen ahora, hay que hablar de este tema de vez en cuando porqué es algo muy presente en nuestras vidas.
Un abrazo,
Andres // Miércoles 5 Marzo, 2008 a 2:48 pm |
Extensión de la realidad o ampliación de la realidad serán las misma cosa.
Coincido, el tema es fascinante.
un abrazo
Andres
El espacio-tiempo de la Red « Humanismo y Conectividad // Sábado 5 Abril, 2008 a 4:03 pm |
[...] sistemas operativos secuenciales como el DOS y el auge exponencial del Windows. Pueden consultar un post anterior que escribí sobre el [...]