Humanismo laboral

Estándar

A pesar de la famosa paradoja de Solow, no me cabe la menor duda que el uso de tecnologías como la computadora y la Internet he hecho disminuir los costos de transacción, incrementó la productividad, la eficiencia y la eficacia de las actividades desarrolladas por el ser humano. Sin embargo, ese es un aspecto secundario de los efectos de la tecnología. Lo que resulta revelador frente a la adopción de una tecnología son las nuevas ideas, teorías e instituciones que resultan de ella. Me referiré a estas últimas. Así como la llegada de la máquina de vapor y de la electricidad (la primera y segunda revolución industrial) dieron lugar la organización fabril y a la institucionalización de sociedades de responsabilidad limitada y anónimas, cuyas acciones se terminaron cotizando en las bolsas, a la institucionalización bancaria como una actividad comercial preponderante y a la especialización laboral; en la mundo de hoy, la sociedad del conocimiento nos pone frente a un nuevo conjunto de reglas, instituciones y formas de organización.

La Red alberga la sedición en su interior. Socava el respeto automático a la autoridad centralizada. Para demostrarlo, tomemos un simple ejemplo. Cuando vamos un médico que nos prescribe una determinada enfermedad, ¿qué es lo que hacemos? Acudimos a Internet en busca de información sobre tal enfermedad para analizar el mejor tratamiento y conocer la experiencia de otros que la hayan tenido. Lo que estamos haciendo en ese momento, aunque no nos demos cuenta, es poner en cuestión la autoridad del conocimiento del médico, quien no tiene porqué estar totalmente actualizado frente a los vertiginoso de los avances de la ciencia médica y lo numeroso de las posibles enfermedades que él suele tratar.

En consecuencia, este claro ejemplo nos muestra que el mundo de hoy es un lugar más plano, menos jerárquico, menos autoritario y que ya no responde a la voz homogeneizada y homogeneizante de la publicidad, a la retórica vacía de los informes corporativos o el mandato del jefe de turno. La jerarquía y el control no son parte inherente del hipertexto, el cual tampoco estimula la lealtad a ciegas y la obediencia. Pienso en el hipertexto como el paradigma actual de la sociedad colaborativa de hoy. Como lector, eres libre de huir de este texto cuando te plazca. Eso te da poder. Por eso, ell hipertexto incita la especulación y el juego de la comunicación horizontal mega hiper-conectada.

Vale la pena comentar también algo sobre los proyectos de software libre, que a mi parecer, resultan ser experimentos de organización social que surgen alrededor de una noción diferente acerca de lo que es la propiedad, no ya como un derecho a excluir sino como el impulso a distribuir y regalar. El éxito de los proyectos de software libre y de aquellos basados en sistemas de innovación masivamente distribuidos, alteran la noción tradicional de división del trabajo y crean un espacio fructífero, para cuestionar algunos aspectos de la dinámica económica y social en las organizaciones interconectadas.

Los hackers, quienes dedican parte de su tiempo a estos proyectos, suelen trabajar en soledad, o como mucho en grupos de tamaño reducido. Esta es otra característica relevante de la nueva cultura del teletrabajo. Este tipo de labor paradigmática alienta a las organizaciones a operar en pequeña escala. Las organizaciones de tamaño reducido facilitan la vinculación más veloz con otras unidades de negocios, con la finalidad de satisfacer las demandas de la sociedad y los requerimientos que impone el mercado globalizado.

En el ya clásico “Small is Beautiful: A Study of Economics as if People Mattered” (Lo pequeño es hermoso) de E. F. Schumacher (1973), se afirma que la gente se siente más plena, cuando pueden depositar su confianza en los demás y que esto es más fácil de lograr en pequeños grupos con los que resulta más fácil interactuar. La dinámica en las mega-organizaciones tiende a ser un caldo de cultivo de intrigas y pujas de poder que, más que favorecer el desarrollo de sinergias para lograr la consecución de la misión empresarial, las envuelve en un clima enrarecido, que fomenta la inseguridad, el temor y la competencia destructiva.

Por otro lado, en un mundo en el que la supervivencia queda al arbitrio de la creatividad, la formación de grupos pequeños y unidos es la mejor manera de fomentarla. La creatividad surge cuando las reglas son laxas o no se aplican con severidad, cuando existe suficiente espacio mental liberado de dogmas y jerarquías paralizantes. Se debe ser disruptivo para dar forma a algo totalmente nuevo.

Como dijera Kevin Kelly en su ya también clásico libro del ’95 Out of Control (disponible en Internet), no se puede importar evolución sin exportar mando”. Si la riqueza se crea mediante la creatividad y esta proviene de la sabiduría y la originalidad, ¿cómo crear organizaciones de las promuevan y las aprovechen? Uno de los principales objetivos de toda organización debe ser crear la novedad. Para que ello sea posible, es importante permitir que quienes forman parte de ella reflejen la complejidad y diversidad del mundo en el que la organización está inmersa. William Ross Ashby, a finales de los años ’50, llamó a esto la “ley de la variedad requerida”.

Hoy en día y gracias al poder de las comunicaciones electrónicas el trabajo puede organizarse en pequeños grupos autónomos, los cuales pueden llevar a cabo tareas que, en conexión con otros grupos, den lugar a resultados e impactos colosales. En mi libro La Red y el futuro de las organizaciones uso el concepto de heterarquía para describir esta dinámica de acción colectiva. Esta forma de desarrollar una actividad favorece, por cierto, la intimidad, la auto-disciplina y la auto-determinación sin el aislamiento ni la pérdida de productividad que se pueda suponer.

Una vida en la que uno es el único responsable de sus actos es una de las más difíciles. El trabajo rutinario es una respuesta fácil, pero limita el significado de la vida a la actividad que se desarrolla. Con la ayuda del trabajo, la identidad de una persona pasa a definirse en términos prácticos. La relación de dependencia nos hace dependientes al punto en que nadie tiene que levantarse preocupado por cómo vivir cada día. En un mundo gobernado por esta ética, trabajamos porque no sabemos que otra cosa hacer con nuestras vidas. Trabajamos para vivir una vida que consiste en trabajar. Por esta razón, el ocio suele ser definido negativamente como el no trabajo, y no a partir de algún atributo favorable en sí mismo.

Si nuestra intención fuera alcanzar una vida llena de significados y sentidos, una vida plenamente humana, la dualidad trabajo/ocio debería ser abandonada y el rol de las personas en la sociedad, como sujetos activos, reformulado. La verdadera función del trabajo, debería ser la de dar al hombre la oportunidad de emplear y desarrollar sus facultades en plenitud, unirse a otras personas en una tarea común y ayudarlo a liberarse de su egocentrismo. Buscar sólo el ocio como una alternativa al trabajo, debería ser considerado como una mala interpretación de las búsquedas que realiza el ser humano, ya que el trabajo y el ocio son partes complementarias de un mismo proceso vital, y no pueden ser separadas sin destruir a la vez el goce del trabajo y la felicidad del ocio.

Por eso, si de organizar hablamos, se trata de crear lo pequeño dentro de lo grande, de promover el accionar local con una perspectiva de pensar global. Lo monolítico y elefantiásico de antaño debe ser transformado en un conjunto de unidades autonómicas bien coordinadas y llenas de vida, cada una con sus propias energías, visión, objetivos y sentido de realización. En definitiva a nadie le agradan las mega-organizaciones, a nadie le gusta recibir órdenes de un superior que recibe órdenes de un superior, que recibe órdenes de un superior que, por cierto, no conoce …

Fuente: La Red y el futuro de las organizaciones. Más conectados … ¿Más integrados?

Boton para agregar esto a favoritos socialesAgregar este boton de agregadores