Si nuestra pretención como especie civilizada es dar un paso más allá, que trascienda el estadio adolescente en el que nos encontramos, con miras a desarrollar un mundo sostenible (“en serio”), donde la población pueda bien-lograrse es imperioso incorporar en las teorías económicas los favorables efectos que producen la conducta virtuosa. Me refiero al altruismo, la cooperación, la apertura hacia lo espiritual, las creencias religiosas, como portadoras de capital social potencial, en sí, los valores éticos entendidos en un sentido amplio. Se trata de incorporar una visión integral del hombre al conjunto de ideas que suponen la comprensión del comportamiento de las personas en sociedad.
Somos campeones en la evaluación de las condiciones económicas y competitivas de los países y regiones del mundo, sin embargo, mucho nos falta por comprender y medir los numerosos aspectos cualitativos de la interacción social que tanto beneficio proveen a la felicidad de las personas y que por su potencia como generadores de satisfacción pueden contribuir a establecer el necesario equilibrio entre la mercaditis consumista y la sostenibilidad del desarrollo planetario, hoy tan imperiosa.

Según el economista Colin Camerer, del California Institute of Technology, esta surgiendo una nueva actitud, que puede considerarse altruista, en el seno de la clase empresarial, añadiendo que esta nueva actitud no se debe a que los ejecutivos quieran limpiar sus conciencias, sino a que, realmente, el altruismo resulta beneficioso para los negocios. Dicha tendencia debe ser corroborada y analizada con debida atención. Hoy la responsabilidad social empresarial forma parte del discurso de los más diversos actores sociales. ¿Se tratará esto de una nueva tendencia marketinera y vacía, o de un verdadero cambio que deberíamos apoyar?
Según lo comenta Camerer, el dinero no debe ser la única motivación a la hora de montar, mantener y progresar en un negocio, ya que realmente existen motivaciones no económicas, entre las que se señaló principalmente la obtención de reconocimiento, respeto o éxito y la contribución al desarrollo de la sociedad.
Colin Camerer es hoy una referencia en la Teoría Económica por sus contribuciones a la investigación de las bases psicológicas y neurobiológicas de la capacidad humana para tomar decisiones. Según sus teorías, resulta un obstáculo que los empresarios y ejecutivos pretendan únicamente ganar dinero, porque esta actitud los vuelve vulnerables: si comenten cualquier error acabarán pagando más dinero, por lo que no pueden cometerlos, algo que por otro lado resulta inevitable.
Hace un tiempo, Camerer publicó en la revista Science un artículo en el que profundizas sus argumentaciones, señalando especialmente la importancia de las estrategias cooperativas, al considerar que son las que hacen que el mercado se vuelva más racional, en lugar de irracional y caótico, sometido sólo a intereses personales. Para ello recurre a los resultados de experimentos que demuestran que ciertos juegos de estrategia pueden generar tanto comportamientos altruistas como irracionales o económicos, y que por lo tanto es posible estructurar estrategias que puedan mejorar la sociedad a partir de determinados modos de actuación empresarial.
Según afirma, la gente no siempre actúa sólo por sí misma, por lo que la reciprocidad también debe ser tenida en cuenta en el desarrollo de la economía: tanto la necesidad de lucro personal como la de bienestar social, deben ser consideradas por las empresas, con el fin de obtener beneficios para todos, no sólo para uno mismo.

Las teorías económicas tradicionales se han basado en una concepción del ser humano que lo identifica como un actor racional cuyos comportamientos lo llevan a perseguir sólo la maximización en la consecución de sus objetivos individuales. Pero este principio debe estar sujeto a una profunda revisión. Desde hace veinte años, economistas del comportamiento entre los que se destaca James Andreoni, Larry Samuelson, Thomas Schelling, Robert Axelrod, Robert Aumann, Bowles, Gintis, entre otros se han venido interesando tanto teórica como empíricamente, por los aspectos psicológicos de las actitudes de los consumidores, con la finalidad de desarrollar nuevos modelos económicos que permitan predecir los comportamientos que las teorías tradicionales no pueden anticipar, si bien esta nueva línea de investigación no ha aportado todavía resultados concluyentes que cambien el paradigma de representación del comportamiento de los actores económicos.
Al amparo de esta reflexión, la así llamada neuroeconomía, tal como explica al respecto la revista Technologyreview, se ha abierto paso en el mundo del pensamiento económico, incorporando a esta reflexión las tecnologías que mejoran el conocimiento del funcionamiento del cerebro.
Las investigaciones de Camerer, por ejemplo, se enmarcan en este contexto y ponen de manifiesto que cuando la economía aborda los valores del altruismo, se relaciona asimismo con la reflexión sobre la importancia de los valores espirituales para la buena marcha de la economía.
El famoso economista Robert Barro y el sociólogo Rachel McCleary han expresado en un artículo que las creencias religiosas y la promoción de la espiritualidad, en un sentido amplio, son un factor de crecimiento económico, si bien reseñan al mismo tiempo el progreso alcanzado por algunas sociedades marcadas por su laicismo, que ha sido notable a pesar de adolecer de creencias religiosas.
Altruismo, apertura espiritual, creencias religiosas, valores éticos, son nuevas variables a considerar en los comportamientos económicos. En definitiva, se trata de percibir que todos estamos más conectados los unos a los otros y ello está dando lugar a una renovada oleada de gestación de capital social a nivel global.























































1 respuesta hasta el momento ↓
jose gonzalez // Martes 2 Septiembre, 2008 a 1:42 pm |
Expreso mucho esceptisismo, donde esta la filogenesis y la ontogenesis del ser, la existencia, la epistemologia de historia y de la historia global.