Altruismo versus egoísmo
En el pensamiento occidental se halla profundamente arraigada la idea de que el comportamiento humano es esencialmente egoísta. Asimismo son muchas las personas que, como yo, mantenemos un punto de vista opuesto. A mediados del siglo XVIII, por ejemplo, el filósofo empirista David Hume escribió mucho sobre la «benevolencia natural» de los seres humanos. Tiempo despues, incluso Charles Darwin atribuyó a nuestra especie un «instinto de simpatía». Pero, por alguna razón, en nuestra cultura ha echado raíces el punto de vista más pesimista sobre la humanidad, al menos desde el siglo XVII, bajo la influencia de filósofos como Thomas Hobbes, escritor del famoso Leviatán, quien tuvo una visión bastante pesimista de la especie humana, a la que consideraba violenta, competitiva y en permanente conflicto abocado únicamente a la consecución del propio interés. Hobbes, que se hizo famoso al eliminar cualquier atisbo de bondad humana básica; según se cuenta, fue descubierto en una ocasión dándole dinero a un mendigo y al ser interrogado acerca de este impulso de generosidad, afirmó: «No lo hago para ayudarle, sino para aliviar mi propia angustia al ver su pobreza».
Lamentablemente, las ciencias sociales en general y la psicología en particular se aferraron a ideas como éstas, admitiendo e incluso estimulando dicho egoísmo al suponer que toda motivación humana es, en último término, codiciosa y se basa puramente en el propio interés. Sigmund Freud afirmó en El malestar en la cultura, que «la inclinación hacia la agresión es una disposición pulsional autónoma, originaria, del ser humano». En la segunda mitad del siglo pasado hubo dos autores entre los que se pueden destacar: Robert Ardrey y Konrad Lorenz, que examinaron las pautas del comportamiento de especies animales depredadoras y llegaron a la conclusión de que los seres humanos también eramos básicamente depredadores, dotados de una tendencia innata a luchar por la posesión de territorio.
En los últimos años, sin embargo, el péndulo pareciera alejarse de esta visión profundamente pesimista la de la naturaleza bondadosa y compasiva del ser humano. Durante las dos o tres últimas décadas cientos de estudios científicos indican que la agresividad no es innata y que el comportamiento violento está influido por factores biológicos, sociales, situacionales y ambientales.
En 1986, un grupo de científicos de diversas disciplinas patrocinados por la UNESCO, se reunió en Sevilla para debatir el problema de la violencia en las sociedades humanas. La reunión concluyó con la famosa
Declaración de Sevilla sobre la Violencia, que ocupó un espacio considerable en los medios y que, aún hoy sigue siendo objeto de atención. A continuación les transcribo las 5 proposiciones y la conclusión de este rico manifiesto. Su lectura me pareció notablemente inspiradora:
1. Científicamente es incorrecto decir que no se podrá suprimir nunca la guerra porque los animales hacen la guerra, y el hombre es parecido al animal. Primero, esto no es cierto: los animales no hacen la guerra. Segundo, no es cierto: en esto no nos parecemos a los animales. A diferencia de ellos, los seres humanos tenemos una cultura, y esta cultura podemos hacerla evolucionar. Una cultura que ha conocido la guerra en una determinada época puede cambiar y vivir en paz con las demás culturas en otra época.
2. Científicamente es incorrecto decir que nunca se podrá suprimir la guerra porque forma parte integrante de la naturaleza humana. Las controversias sobre la naturaleza humana no probarán nunca nada, porque la cultura humana nos confiere la capacidad de moldear y transformar nuestra naturaleza de una generación a otra. Es cierto que los genes que se transmiten, en el óvulo y en el esperma, de padres a hijos, influyen en nuestra manera de actuar. Pero también es cierto que estamos influidos por la cultura en la que crecemos, y que podemos ser responsables de nuestros actos.
3. Científicamente es incorrecto decir que no se puede poner fin a la violencia porque las personas y los animales violentos viven mejor y tienen más hijos que los otros. Al contrario, todo indica que el bien vivir está directamente relacionado, tanto para los seres humanos como para los animales, con la capacidad de cooperar.
4. Científicamente es incorrecto decir que nuestro cerebro nos conduce a la violencia. El cerebro es una parte del cuerpo, como las piernas y las manos. Se puede utilizar la cabeza o las manos para tratar con el prójimo, o para ejercer la violencia. Puesto que el cerebro es el soporte físico de la inteligencia, nos ofrece la posibilidad de pensar lo que queremos hacer y lo que deberíamos hacer. Y ya que hay una gran aptitud para aprender, nos es posible inventar nuevas maneras de hacer las cosas.
5. Científicamente es incorrecto decir que la guerra es un fenómeno “instintivo”. Los científicos ya casi no usan el término “instinto”, porque no existe un solo aspecto de nuestro comportamiento que esté tan determinado que no pueda ser modificado con el aprendizaje. Desde luego, todos tenemos emociones e impulsos -el miedo, la ira, el deseo sexual, el hambre-, pero cada uno de nosotros es responsable del modo en que los expresa. E n la guerra moderna, las decisiones y las acciones de los generales y soldados no suelen tener un carácter emocional: los combatientes sencillamente hacen su trabajo, tal y como han aprendido a hacerlo. A los soldados instruidos para hacer la guerra, y a los pueblos llamados a apoyarlos, se les enseña a odiar y a temer a un enemigo designado. Toda la cuestión es saber por qué a unos y otros se les forma de este modo y están condicionados por los responsables políticos y los medios de comunicación.
En conclusión proclamamos que la guerra y la violencia no son una fatalidad biológica. Podemos poner fin a la guerra y a los sufrimientos que conlleva. No con esfuerzos aislados, sino llevando a cabo una acción común. Si cada uno de nosotros piensa que es posible, entonces es posible. Si no, no vale la pena ni intentarlo. Nuestros antepasados inventaron la guerra. Nosotros podemos inventar la paz. Todos nosotros, cada uno en su sitio, tenemos que cumplir con nuestro papel.
Este manifiesto redactado por más de veinte destacados científicos de todo el mundo reconoce, naturalmente, que el comportamiento violento existe, pero afirma categóricamente que es científicamente incorrecto decir que tenemos una tendencia heredada a hacer la guerra o actuar con violencia. Los científicos concluyeron que, a pesar de tener un aparato neuronal apto para actuar con violencia, ese comportamiento no se activa automáticamente. En nuestra neurofisiología no hay nada que nos impulse a actuar con violencia. Al examinar el tema de la naturaleza humana básica, la mayoría de los investigadores de este campo tienen la impresión de que poseemos potencial para desarrollarnos como personas bondadosas o agresivas, y que prevalezca uno u otro impulso depende en buena medida de nuestra formación.
Otros tantos investigadores contemporáneos no sólo han rechazado la tesis de la agresividad innata, sino también la del egoísmo. Investigadores como Daniel Batson o Nancy Eisenberg, han realizado numerosos estudios en los que se demuestra que los seres humanos tenemos una tendencia hacia el comportamiento altruista y algunos científicos, como la socióloga Linda Wilson, han tratado de descubrir la causa. La doctora Wilson ha teorizado que el altruismo puede formar parte de nuestro instinto básico de supervivencia, precisamente lo opuesto a las ideas de pensadores anteriores, quienes sostuvieron que la hostilidad y la agresividad eran la característica constitutiva de nuestro instinto de supervivencia. Al examinar más de cien grandes desastres naturales, la doctora Wilson encontró una fuerte tendencia altruista entre las víctimas, lo que parecía formar parte del proceso de recuperación. Descubrió que el apoyo mutuo tendía a evitar problemas psicológicos derivados de situaciones traumáticas.
La tendencia a establecer estrechos vínculos con los demás, actuando en favor del bienestar colectivo, puede estar profundamente enraizada en la naturaleza humana, por haberse forjado en un remoto pasado, cuando aquellos que pasaban a formar parte de un grupo tenían mayores probabilidades de supervivencia. Esta necesidad de estrechos lazos sociales persiste en la actualidad.
En un estudio realizado por el doctor Larry Scherwitz, se examinan los factores de riesgo de enfermedades coronarias y se ha descubrió que las personas más centradas en sí mismas (quienes suelen utilizar más los pronombres «yo», «mi» y «mío» en una entrevista) eran las más propensas a desarrollarlas, a pesar de mantener refrenados muchos comportamientos amenazadores para la salud.
Abrirse para ayudar a los demás puede ser tan fundamental para nuestra naturaleza como la comunicación potenciada hoy a través de los nuevos medios que, como este blog, empleamos para vincularnos. En definitiva la capacidad para la compasión y el altruismo serían función de nuestra capacidad de comunicarnos y es ciertamente el lenguaje el principal atributo del fenómeno humano. Así como hay zonas del cerebro específicamente dotadas para el desarrollo del lenguaje las hay para la empatía. De eso se tratan las neuronas espejo a las que me referí en otra entrada este blog y que están en íntima vinculación con las capacidades humanas para la comunicación.
Si nos vemos expuestos a unas condiciones socio-ambientales correctas, como por ejemplo pertenecer a una sociedad sana, algo que deberíamos aprender a definir y medir más allá de los usuales indicadores cuantitativos, y estoy pensando, por ejemplo, en los países que aprovecharon las lecciones de la historia, como los escandinavos, por ejemplo, es muy probable que esas zonas del cerebro empiecen a desarrollarse y madurar, aumentando nuestra capacidad pro-altruista.
Estoy rodeado de gente egoísta que sólo atiende sus propios intereses personales. Se trata de gente que trabaja para su propio bienestar que, cómo digo yo, sólo mira para arriba en busca de capturar la atención obsecuente de quienes puedan promoverlos. No tengo razones para ser demasiado optimista. Sin embargo, estoy convencido de que todos los seres humanos pueden poseer la «semilla de la compasión»; estoy seguro de que puede florecer con las condiciones adecuadas y gracias a nuestros propios y decididos esfuerzos intencionales.

Revisar nuestros presupuestos sobre la naturaleza fundamental de los seres humanos, pasando de lo hostil a lo cooperativo, nos abre nuevas posibilidades. Si empezamos por asumir el modelo egoísta de todo comportamiento humano, los niños sirven como un ejemplo perfecto, como una «prueba» de esa teoría. En el momento de nacer, los niños parecen tener una sola cosa en su mente: la satisfacción de sus necesidades, como la alimentación y el bienestar físico. Pero si dejamos de lado esa suposición, empieza a surgir ante nosotros una imagen completamente nueva. Podemos decir entonces, con la misma facilidad, que el niño nace programado sólo para aportar placer y alegría a los demás. Al observar a un niño recien nacido, sería difícil negar la naturaleza bondadosa de los seres humanos. A partir de esto, podríamos argumentar que el niño tiene una capacidad innata para aportar placer al otro, a la persona que lo cuida.
Los bebes están biológicamente programados para reconocer y responder, y son muy pocas las personas que no experimentan un verdadero placer cuando se los mira inocentemente a los ojos y ellos sonríen. Mirar a un niñito recien nacido que esta libre de toda conducta adquirida, es decir libre de ego, provoca en nosotros comportamientos bondadosos, tiernos y atentos en esa persona. Entonces la noción del niño como un pequeño manojo de egoísmo, como una máquina de comer y dormir, va dejando paso a la de un ser que llega al mundo dotado de un mecanismo para complacer a los demás, de darnos su pristina pureza y por lo tanto, sólo se necesitan las condiciones ambientales adecuadas para que esa semilla de virtud de desarrolle en él, fundamental y naturalmente.
Una vez que llegamos a la conclusión de que la naturaleza básica de la humanidad es compasiva en lugar de agresiva, nuestra relación con el mundo que nos rodea cambia inmediatamente. Ver a los demás como básicamente compasivos en lugar de hostiles y egoístas nos puede ayudar a relajarnos, a confiar, a sentimos a gusto con los demás y, por lo tanto, a contribuir a que ese ciclo virtuoso se desarrolle y crezca.































Me han emocionado muchos las ultimas fotos de este niño o niña que nos mira desde su gran humanidad y bondad. Los animales son buenos, somos animales, somos buenos. Pero vivimos en una sociedad que no hace resaltar este lado bueno en nosotros.
Mirar a un bébé produce en mí una gran paz interior porque estoy en frente de un ser potencialmente feliz y bueno. Y su felicidad y su bondad se transmite a mí.
Pero si es cierto que somos el animal más malo que hay sobre la tierra, y esto lo digo aunque esté tambien de acuerdo con las proposiciones de Sevilla. Pero podemos y somos buenos, como el resto de los animales. Ellos tambien viven la empatía, la cooperación, la paz interior, el don, la bondad.
Un abrazo,
La pregunta sería: ¿Por qué la sociedad en que vivimos no hace resaltar este lado bueno en nosotros? Miedo y disciplinamiento. Miedo a la muerte, miedo a morir, lo que nos hace eludir la conciencia de los límites de nuestra propia nadidad y nos ubica en la grilla de largada de una carrera materialista hacia el sin sentido. Ese es el miedo de los que tenemos y no damos. Disciplinamiento, por que desde la familia y la escuela nos enculturizan para ser normales, para seguir la media y eso nos quita toda ansia de cambiar e imaginar un vivir diferente.
Un abrazo querida Lydia,
Andres
Yo creo que se puede ser sociable, solidario, buena persona sin ser por ello tonto, ingenuo, ignorante, manipulable, usado y digitados por nuestros hijos, de ellos hablo, pues tenemos dos, de veinticinco y veintiseis años, que han tenido todo, educacion, contencion afectiva, dialogo, y sin embargo hoy son egoistas, individualistas, materialistas frios y calculadores, y nosotros no fuimos asi , no fuimos modelos asi para ellos, lo cual me lleva a pensar que copian mas los valores de la calle, la escuela, la sociedad y medios que los de la propia casa y familia¡¡¡.-y creo educar, formar sin limites no sirve y tampoco caigo en la trampa de los que dicen que poner limites es ser autoritario y castrador, error para mi, eso lo dicen los psicologos que no saben hablar de otras cosas, digo yo porque ellos no hablan de sus propias vidas?, no, dicen que es confidencial, pero de vos pueden hablar lo que quieran y en base a escuelas o teorias adquiridas y no tanto a experiencias de diva, son teorico, marketineros, y negociales sin por ello quitarles su real y limitada importancia, no estoy contra la psicologia o psiquiatria, pero si contra los seudo psicologos mediaticos y hay……- Para nosotros con mi señora hoy es dificil conciliar con estos dos hijos que son para mi , inmaduros, irresponsables, viven solos y trabjan hace un año, o sea han visto cosas afuera de la casa, pero todavia pretenden usarnos y explotar necesidades financieras a nuestro costo , sin importarles sin nosotros tenemos o no derecho a nuestra propia vida e intimidad para el resto del futuro, tenemos 58 y 62 años, viejos para unos, no tanto para otros, yo me considero un adulto de 62 años con ganas de vivir, de reir con mi esposa, planes de vida, proyectos sin caer en la adiccion del dinero y ambiciones desmedidas, eso es otra cosa de las cuales hoy hay muchas que trae en el medio social, gran dosis de mentiras, hipocrecias, figuracion en el medio o circulo para no ser excluido, etc, o sea, el famoso darwinismo social, la supervivencia del mas habil , para sobrevivir a esta sociedad meramente capitalista salvaje e individual, donde todos a nuestra edad viven pensando en maquillarse diariamente para aparentar menos edad como si la misma se mide por el aspecto exterior.- eso para mi es idiotez , ignorancia, complejos de inferioridad, miedos, temores, angustias, baja autoestima, etc.- y lo peor que te miden asi en los circulos nuestros de amistades, lo cual te lleva o aislarte y salir solos o integrarse aceptando esto aunque debas fingir o sea ser hipocrita social.- Y la educacion si, debe adaptarse pero tambien conservar algo de lo anterior, o sea ser un combo de cosas, valores, cultura, educacion con libertad controlada, no el todo vale que conlleva una tendencia al consumismo y ego-ismo enorme donde el hombre y mujer ligt es lo que se impone, ver la buena obra de BAUMAN, el amor liquido, alli se sintetiza esto.- vitor.-
Estimado Vitor,
Muchas gracias por tu extenso comentario. Coincido contigo en que las fuerzas que alimentan el consumismo son colosales y que muchas veces superan al potencial educativo y de transmisión cultural que se gesta en el hogar. Sin embargo, soy relativamente optimista respecto de lo que vendrá pues intuyo que poco a poco son cada vez más personas las que comienzan a tomar conciencia de la necesidad de retornar a la simplicidad voluntaria. Además los medios masivos comienzan a tener cada vez menos poder y los medios sociales, como los blogs empiezan a emerger. Estamos recien viviendo la infancia de lo que será. Por ejemplo, el objetivo de mi blog ha sido promover la concientización y las numerosas visitas que recibo testimonian el potencial de este tipo de medio y de las ideas que trato de transmitir. Por ello, toda promoción que le hagas será muy valorada. Bueno, considerate siempre bienvenido al blog y muy agradecidos los comentarios que en él realices.
Muchos saludos de este argentino desde Chile
Andres