El contagio emocional del matonaje
En uno de los últimos numeros de la revista Business Week se publicó un artÃculo de Robert Sutton, cuyo tÃtulo podrÃa traducierse como: ¿Te estás transformando en un pendejo? ¿Otra vez? Si es asÃ, puede ser que te estés transformando en pésimo lÃder
El autor de este artÃculo, escribió recientemente un libro: The No Asshole Rule en el que pone de manifiesto que, aunque algunas personas actúan siempre indecorosamente mal dondequiera que vayan, todos somos capaces de convertir nuestras conductas de degradantes cuando nos vemos en ciertos contextos particulares si es que la gente se olvida de sÃ.
Una de las razones de ello es lo que los expertos denominan como el “contagio emocional“.
Resulta que la mayorÃa de las personas, independientemente de sus rasgos de personalidad, tienden a perder ciertos márgenes de cordura y a mostrar emociones expresadas por las personas que los rodean. Se trata de una imitación inconsciente fruto del proceso de socialización y adaptación al contexto circundante, digamos: una clonación conductual.
La investigación comentada por Sutton sugiere que casi todos los seres humanos somos vÃctimas de esta enfermedad. El resultado es que, si se quiere evitar actuar como un desagradable e insensible pinche cabrón es necesario pasar revista de sà con cierta frecuencia para evitar el contagio. AsÃmismo, recomienda evitar ingresar en empresas u organizaciónes que estén pobladas de gente con espÃritu tirano.
Otro aspecto que convierte a las personas al matonaje es el poder sobre los demás. La creencia de que el poder convierte a las personas en egoÃstas y autoritarias ha sido debatido siempre. Sin embargo, no se trata de un mito. Investigaciones recientes realizadas por los profesores Dachner Keltner de la Universidad de California, Berkeley, Deborah Gruenfeld en Stanford, y sus alumnos, identificaron 3 aspectos que suceden cuando las personas alcanzan posiciones de poder:
- 1. Se centran más en satisfacer sus propias necesidades;
- 2. Se centran menos en las necesidades de sus subordinados;
- 3. Actúan como si “las normas” se espera que otros sigan, no les sean aplicables.
Un curioso estudio realizado por Keltner y Gruenfeld, citado por Sutton, demostró que darle a la gente un poco más de poder que a sus colegas los induce a comer más galletas, masticar con la boca abierta, y comportarse licienciosamente. Keltner también cita una investigación que muestra que el poder lleva a las personas a procesar la información en forma más laxa y a tomar decisiones razonadas con menos cuidado y atención.
¿Cómo impedir convertirse en semejante cabrón? Según parece, los lÃderes tienden a hablar demasiado y hacer declaraciones en lugar de escuchar a los demás y hacer preguntas. La recomendación de Sutton es buscar algún asesor o tutor que no dude en decirnos (en privado, por supuesto) cuando nos estamos transformando en insensibles cabrones.
Finalmente, Sutton comentá que su colega, el profesor Rao Hayagreeva de Stanford, ha conjeturado que los jefes con hijos adolescentes son menos propensos a sufrir este envenenamiento por el afrodisÃaco poder descrito por Keltner y Gruenfeld puesto que en sus hogares se enfrentan a hijos e hijas que desafÃan constantemente su poder y capacidad de juicio.
El tema me resulta por demás interesante. ¿Porqué será …? (me pregunto). Procuraré proximamente profundizar sobre él.
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