Humanismo y Conectividad

Contra el consumismo: Una nueva humanidad es necesaria

Lunes 8 Septiembre, 2008 · 5 comentarios

Apuntes para un manifiesto humanista

Basado en fragmentos del libro: La Red y el futuro de las organizaciones. Más conectados…¿Más integrados?

Vivimos en un mundo de miseria. Claro está, la gran mayoría de las personas no tiene las mínimas necesidades básicas satisfechas. Pero está también la miseria del que consume desmesuradamente sin atender al daño ambiental que contribuye a generar. Si fuera sólo eso…

Los lujos de nuestros padres son nuestras necesidades. Nunca como hoy el hombre ha tenido a su disposición medios materiales tan eficaces, pero nunca como hoy el hombre se ha visto a sí mismo tan privado de valores que le confieran sentido a su vida. La funcionalización de la vida nos ha convertido en meros engrana­jes de un sistema alocativo-productivo y nuestros sentidos de pertenencia y esencia se ha limitado al lugar que nos corresponde en determinado seg­mento del mercado. Tal como los muertos, somos parte de un nicho que las empresas buscan conquistar.

Trabajamos en lo que odiamos para consumir lo que no necesitamos. La sociedad moderna se ha encargado de producir gente enferma para tener una economía sana al servicio de la reproducción del consumismo. Nos hemos convertido en productores, consumidores, estadísticas, horas de trabajo y cifras, y en esa transformación los sueños de democracia real, liber­tad, solidaridad y ciudadanía han dado paso a una vida cotidiana colmada de agresi­vidad, codicia y competencia que nos produce un sentimiento de depre­sión, de soledad y pérdida de sentido, una vida que sólo se realiza al penetrar los umbrales de los supermercados y los shopping centers.

El fomento y la expansión de las necesidades es la antítesis de la sabiduría y la libertad, ya que incrementa la dependencia y el temor exis­tencial. El modelo productivista de pensamiento, que aún hoy pervive, ha servido al consumo (como etapa final en el proceso de producción) y no al consumidor, que está cada vez más inmerso en esa miseria que origina la ausencia de sen­tidos y significados, la miseria de la indiferencia, la apatía, de la falta de solidaridad y tolerancia entre las personas. Peor aún, el actual modelo elefan­tiásico ha transformado en seres desechables a todos aquellos que no po­sean acceso al crédito, es decir a los pobres, por sus escasos niveles de ingreso; los ancianos y enfermos terminales, por la esperanza de vida limitada que tienen y las minorías étnicas de muchos pueblos originarios, por estar al margen de la marea consumista y desplazados de la geografía. Es importante detenerse a pensar en esto por un instante…

Hay sociedades “pobres” que tienen dema­siado poco, pero me pregunto, ¿dónde está la sociedad “rica” que diga: ¡¡PAREMOS UN CACHO LA PELOTA!!, ¡¡YA TENEMOS SUFICIENTE, AHORA QUEREMOS DAR!! Hemos llegado a una instan­cia en que debemos buscar como sociedad global la forma de, cómo dijo Ernst Schumacher, “maximizar las satisfacciones humanas por medio de un modelo óptimo de consumo y no maximizar el consumo por medio de un modelo óptimo de producción” .

Vivimos en el mundo de la diversión, de la búsqueda de la evasión. Divertirse proviene del latín divertere, que significa alejarse, ir más allá, evadirse. Todo aparece de improviso y desaparece velozmente. Se busca la rapidez, la superficialidad del impacto emotivo y toda la cultura se termi­na reduciendo al aislamiento del “zapping”, a la búsqueda de lo evanes­cente, de lo insustancial y, en ese proceso, la miseria se extiende a todos los órdenes de la vida.

El hombre, cosificado en audiencia, desfallece ante la velocidad misma del hombre y se hace incapaz de recordar las atrocida­des ante el bombardeo continuo de banalidades. Pasamos horas frente al televisor y así aprendemos que la pasividad ilusoria es LA forma de rela­ción con el mundo.

Los “reality shows” y los “talk shows” reflejan el esfuer­zo por acercarse brutalmente a las dimensiones de la vida privada. Nos atraen porque desesperadamente queremos saber quiénes somos, obser­vando lo que les sucede a otros, que a su vez no son. Por supuesto que hay buenos programas de televisión que enseñan, informan y ayudan a pen­sar, pero son aquellos que no vemos. Los mecanismos de producción cultural proponen una identidad precaria, mutable, desintegrada y anó­mica. Nos gratifica el éxito inmediato, se cultiva lo ilusorio y lo esencial­mente falso. Por eso intentamos reflejar nuestro estatus en las marcas que consumimos para reconocernos y ser reconocidos por los demás, sin aten­der al verdadero encuentro entre los seres humanos, a la comunión espi­ritual más profunda.

En la sociedad occidental, la sociedad actual, poseer riqueza material y poder de compra no es precisamente sinó­nimo de felicidad y, menos aún, de plenitud. Si una persona se esfuerza por alcanzar un cierto nivel de opulencia, creyendo que la riqueza la hará más feliz, cuan­do lo logre proyectará escalar a otro nivel y así sucesivamente. La búsque­da de logros materiales tiene el límite de la situación de cada persona, pero los deseos no; entonces, desde este patrón de comportamiento, a pesar de lo que se posea, siempre habrá insatisfacción y vacío existencial. Somos como hamsters, corremos y corremos hacia un horizonte que nunca alcanzaremos con el consiguiente daño ecológico que ello implica.

La búsqueda desenfrenada de bienes materiales, lejos de proveernos pleni­tud, desvía nuestras energías haciendo que nuestra sensibilidad hacia va­lores como la amistad, el trabajo comunitario, la introspección, el arte, la literatura, la filosofía, la religión, etc., decrezca. Como decía Tyler Durden (caracterizado por Brad Pitt) en El Club de la Pelea: ¡¡¡No somos nuestro em­pleo, no somos el auto que tengamos, no somos los viajes que hacemos, no somos el dinero de nuestras billeteras… !!!

A diario, la gente toma píldoras para dormir, para despertarse, para adelga­zar, para la ansiedad, para la depresión, para estimularse, etc. Millones de personas sufren de depresión. El consumo de calmantes, antidepresivos, hipnóticos, sedantes, tranquilizan­tes, psico-estimulantes, psicotrópicos, ansiolíticos y neurolépticos se in­crementa cada año. Muchos toman Viagra antes de acostarse y Lexotanil, Ritalin, Trapax o Prozac antes de ir a trabajar. La farmacoterapia, alimentada por un monstruoso complejo industrial, termina produciendo dependencia psicológica. Mucho se ha dicho sobre las adic­ciones. Adicciones al alcohol, al tabaco, a las drogas, a las comidas, al sexo, ciberadictos, trabajólicos, adictos a la TV, etc. La vida en los centros urbanos nos impone otras adicciones y nos ha habituado a un estado de conciencia tan apático que nos hemos convertido en adictos a la mediocridad, a la anomia, al desgano, la indiferencia y la insensibili­dad frente al sufrimiento ajeno.

Vivimos en una sociedad que desalienta la audacia, que pretende encolumnarnos detrás de las expectativas hedonistas y consumistas que el modelo productivista nos trata de imponer. Hedonistas, porque pare­cería que el máximo objetivo a alcanzar es el placer. Un placer que, al buscar su satisfacción donde no debe, ensancha la frustración. No es en un desodorante donde hallaremos la posibilidad de encontrar a un amigo o amiga, ni en un automóvil la solución a nuestras inhibiciones ante el otro sexo. Consumistas, porque se pretende equiparar la potencia del ser humano con su capacidad de compra.

El éxito estaría en relación directa con el inventario de objetos suntuarios que se poseen y en esa carrera ilusoria, las cosas dejan de servir a las personas, pasando las personas a ser siervos de las cosas. En la sociedad actual, la imagen está por encima del pensamiento, se privilegia lo que se “ve” y no lo que se “es”. Así una 4X4 o una mansión son mucho más visibles que la ternura, la solidaridad o la honestidad que emanan del buen corazón. La radiografía de muchas personas a las que “les va bien” se caracteriza por el pensamiento moldea­ble, las convicciones sin firmeza, la pusilanimidad en sus nulos compro­misos, la indiferencia ante la necesidad ajena, el relativismo moral, la ideolo­gía basada en el pragmatismo; suelen tener normas de conducta basadas en lo que está de moda, en la idolatría de la imagen y tienen como ideal mostrarse como emblema de la lógica consumista y ser amados por ella; tienen una vida parecida a una desteñida publicidad televisiva.

Hemos perdido de vista aquello que nos hace feliz. Nos gustaría ser más altos, o más delgados, o más rubios (nunca en el sentido opuesto….). Jamás estamos satisfechos con el dinero que ganamos y raramente con el trabajo que hacemos. La discon­formidad no es, en sí misma, mala, ya que puede ser un estímulo hacia la consecución de logros más positivos. El problema es que la sociedad mercantil ha inoculado en nosotros un plus de insatisfacción para trans­formarnos en los ávidos consumidores que el mercado requiere para su funcionamiento. La devastadora espiral del consumo que desvela a la economía de mercado se basa en que nadie esté conforme con lo que tiene y dicha insatisfacción, por sutilísimos procedimientos, va en direc­ción del propio beneficio de esta espiral. La fe ciega en el dinero y el consumo nos ha hecho creer en el dogma de los mercados y suponemos que nuestra posición competitiva en él nos brindará la felicidad que bus­camos. El mercado es una fuerza omnipresente en nuestras vidas. Esta­mos dominados por las perecederas experiencias sensuales que nos pro­ducen los imperecederos bienes materiales. El consumo es nuestra droga, nuestro calmante existencial.

Todo este diagnóstico hecho hasta aquí representa sólo síntomas de una enfermedad esencial. El síndrome más profundo que padecemos es nuestra apatía espiritual, una pasividad sin ambición ni creatividad, falta de pensamientos intrépidos y mente clara. Vernos cómo un grupo de víctimas es signo de ese vacío espiritual. Es pertinente preguntarnos si la modernización de la vida, sin ningún tipo de consideración por los valo­res humanísticos y espirituales, ha producido resultados positivos. Es pre­ciso emprender la fatigosa tarea de indagarnos a nosotros mismos, enten­diendo que somos arte y parte del escandaloso mundo que nos toca transitar. La cuestión radica en encontrar un camino correcto de desarro­llo individual, que trascienda la negligencia del materialismo y la inmo­vilidad tradicionalista que nos llama a aceptar la realidad porque es así. De lo que se trata es de identificar senderos viables de solución a los colosales problemas que aquejan a la humanidad, y de descubrir nuevos recorridos para la vida humana, nuevos continentes en los cuales pueda expresarse la creatividad individual y colectiva, nuevos espacios y nuevos tiempos para el desarrollo y la expansión del espíritu humano. Confío en que, a pesar de todo, en eso estamos.

Es por eso que encuentro tan trascendente la bisagra histórica que supone esta bendita Red. Participar en algo más grande que nosotros mismos, comunicarnos, compartir, liberar, jugar,…, conectarnos con nuestros semejantes, abrirnos a la diversidad dispersa que nos ofrece el ciberespacio puede ser el punto de partida para que el ser humano, en comunión con sus pares rescate ese necesario espacio para la concientización que el mundo de hoy necesita.

Recomendar en Menéame Recomendar en Digg it Recomendar en Reddit Enviar a Del.icio.us

Meméame del.icio.us Yahoo! MyWeb StumbleUpon Furl Blinklist Spurl Magnolia Simpy Blogmarks Netvouz Startaid Facebook Shadows

Smarking RawSugar Technorati Digg reddit Rojo Netscape Newsvine Mister Wong LinkArenaYigg Webnews folkd.com

Boton para agregar esto a favoritos socialesAgregar este boton de agregadores

Categorías: Los horrores del mundo · Pobreza · Sin-conciencia · consumismo
Etiquetado: , , , , , , , , , , ,

5 respuestas hasta el momento ↓

  • Chencho // Lunes 8 Septiembre, 2008 a 9:08 am | Responder

    Excelente artículo sobre la sociedad de consumo.
    Saludos.

  • Karina // Lunes 8 Septiembre, 2008 a 4:34 pm | Responder

    Estupendo tu post. Creo que en el fondo, tu denuncia del consumismo trae implícita esa antigua lucha del ser humano por la libertad. Porque en sociedades/situaciones personales donde el esclavismo y la pobreza no son ataduras, parece como que buscáramos otro tipo de cadenas que no por su invisibilidad dejan de ser menos pesadas y humillantes para quienes cargan -y tan voluntariamente- con ellas.
    Hace unas semanas asistí a un curso de técnicas de respiración muy agradable. Uno de los puntos más sugerentes era ver cómo, eso que es el aire y que no cuesta nada, en una combinación de momentos de relajación y diferentes técnicas para lograr mayores y mejores niveles de oxigenación, puede liberar la mente, las mismas emociones y el cuerpo de elementos tóxicos para más bien fomentar preciosos grados de creatividad, memoria y/o reflexión profunda. Y sin que cueste nada. Además, los ejercicios iban acompañados por preguntas que cada cual debía responderse a sí mismo, como ¿cuáles han sido los momentos en los que has sentido la mayor plenitud en tu vida? Unos días después, estuve conversando sobre esto con una amiga costarricense, y a las dos nos había ocurrido algo muy parecido. Al mirar hacia atrás y hacia el presente, prácticamente todos los momentos de maravillosa plenitud habían sido no tanto los derivados de grandes viajes a lugares exóticos, ni mucho menos de la adquisición de algún caro bien material, sino momentos de encontrarse limpiamente rendido ante la naturaleza (fuera la selva, un parque fresco o el mismo desierto), así como en los gestos de solidaridad, agradecimiento o bondad gratuita que podíamos haber recibido, muchas veces de manera inesperada. Y ahí te puedes dar cuenta que es cierto, pues, que los mayores bienes están en esos hechos, y que para sentirlos, no hay dinero ni droga que sea capaz de comprarlos. Bueno, este es un motivo claro para proteger y amar a la naturaleza que en cualquier época del año, gratis, nos prodiga su fuerza y su belleza.

  • Jaime // Lunes 8 Septiembre, 2008 a 4:35 pm | Responder

    Amigo Andres:
    Ante todo decirte que veo tus entradas todos los dias y me parecen mas que interesantes. Son lúcidas, llenas de tesón y trabajo, y llevadas por una pasión desmesurada por el projimo. Y digo esto porque veo un trabajo arduo y silencioso que te agradezco de corazón.
    Te admiro y admiro un blog que se muestra al alcance de tod@s y no deja indiferente. Yo llevo un blog personal muy humilde en el que vierto mis críticas a esta locura social que nos ha tocado vivir a altas hora de la noche, aqui en Dublín, Irlanda.
    Yo soy un padre de familia, ama de casa, licenciado en Comunicación Audiovisual, que tome la determinación de dejar a un lado mi profesión remunerativa, para pasar a glosar la lista de ama de casa sin mas.
    Llevo una vida dificil, como todos, los niños, la casa, las compras, la dieta de todos, la educación en el amor y el respeto, la musica y la lectura (si me deja el cuerpo)… y poco mas… estoy muy satisfecho de como van las cosas en mi hogar… pero cuando miro a mi alrededor… es muy duro.
    Irlanda era un pais a la cola de Europa hasta hace bien poco y ahora esta ahogada en una locura de nuevos ricos y centros de ocio.
    Es tan triste ver como se ha perdido toda la esencia de un pais…
    La irlanda que yo conoci hace 15 años estaba llena de sonrisas, de nobleza, de hospitalidad, de borrachines de pinta de Guiness, y de musica y literatura…
    Hoy se parece mas a los USAs… Grandes coches Mecedes, BMW, Audi, etc por todos lados, comida rapida, vida rapida, niños desatendidos y malcriados, padres que no ven sus hijos, egoismo, aparentar lo que se ve en los media, una juventud MTVizada, una sociedad, en resumen rota en su esencia…
    Lo mas aberrante es que lo hablas con los pocos conocidos que tenemos y niegan lo innegable, no quieren escucharme y pronto les incomodo de tal manera que ya no vuelven a llamarme…
    Es demencial y lo peor es que yo me siento un freaky…
    Llevamos dos años aquí y echamos mucho de menos Barcelona, el lugar donde viviamos. Cosmopolita, urbano pero de barrio, multiracial, muy cultural, muy reivindicativo… en fin… Aquí en Dublin no se mueve ni dios…
    Es lamentable lo que esta ocurriendo… eso si mucha televisión en todos los hogares que voy, sobrexposición de los niños (yo hace mucho que prescindi de ese horrible electrodomestico), y muchos centros de ocio para gastar…
    Eso si no pienses que te hacemos freakyman…
    Lo que estiy experimentando es que este movimiento (asi como su opuesto, aunque con menos ruido) se esta expandiendo a nivel global.
    Sin ir mas lejos, yo soy Vasco, de Bilbao, y este verano de vacaciones observe muchos de los mismos rasgos que narramos. Desorientación social y personal, desmotivación social… la gente va a lo suyo e incluso en mis familiares y allegados he visto depresiones, malhumor, desasosiego, enfermedad, baja autoestima, desinhibición por los problemas reales que nos azotan (la desigualdad, la pobreza, la ecologia, la desnaturalizacion de las relacciones, la enorme infelicidad, las prisas, las apariencias, la perdida del sentido de la responsabilidad social y etica, Etc).

    Me da mucha tristeza y a la vez, me hace sentirme muy afortunado.
    Y esto tambien me preocupa.
    En fin, no voy a seguir que si no me enciendo y te escribo un ensayo…
    Lo dicho. Muchisimas garcias por tu blog. Es una luz en la relativa penumbra de estos tiempos locos que vivimos…
    ¿Acaso decian esto nuestros abuelos de sus futuras generaciones?
    ¿Quiza estemos en un ciclo negativo en su pico que vira hacia el positivismo y el conicimiento?
    ¿Puede el ser humano ser capaz de sobreponerse?

    Muchos besos amigo Andres y un fuerte abrazo de la familia jamrobin.

    Deseos de cordialidad y amor

    Jaime

  • Alejandra // Lunes 8 Septiembre, 2008 a 8:57 pm | Responder

    Siempre es gratificante leer este blog, donde mis ideas ya no parecen tan “bizarras” y al fin encuentro personas que piensan igual que yo.
    De hecho en mi espacio de internet, tambien cito a ese mítico personaje de el club de la pelea : Tyler Durden, me parece que sus frases encajan perfectamente al modelo de vida actual.

    Bueno pues muchas felicidades por tu blog……..aqui te dejo una pagina muy interesante que he encontrado hace poco, trata sobre el mundo de plastico en el que vivimos actualmente http://www.wasteonline.org.uk/resources/InformationSheets/Plastics.htm

    ojalá y pronto puedas publicar una entrada sobre esto, para compartir esta informacion con los demás.

    Saludos cordiales desde México

    =)

  • Ana di Zacco // Jueves 11 Septiembre, 2008 a 1:32 am | Responder

    Totalmente de acuerdo. Por un lado las generaciones que no han vivido el “cuánto vale un peine” (porque se lo dan todo hecho, incluidos los padres) no pueden tener referencias para disfrutar cuanto tienen. La apatía espiritual es patente y solemos llamarla “falta de valores”. Los que pensamos/vivimos distinto nos encontramos en franca minoría. Lo he hablado con muchas personas y todas, aparentemente, están de acuerdo en que tenemos mucho más de lo que necesitamos… pero casi nadie aplica la sencillez material. ¿Hace falta una crisis económica para prescindir de lo innecesario, o bien un modo de comenzar la concienciación es preguntarse “¿realmente lo necesito?” cada vez que vamos a comprar algo? (en mi caso creo que comencé así). El humano tiende rellenar su vacío existencial de objetos o viajes, pero si no se da el insight que nos dice desde dentro que -como diría Mafalda- “ahí tampoco está la felicidad”, no se produce el cambio.
    Creo que en lo psicológico puede establecerse otra analogía: ¿por qué las familias se sientan por la noche a ver telebasura en vez de contarse cómo se sienten, cómo les ha ido el día? La respuesta me parece que es evidente: es preferible embotarse con la basura ajena que con la propia.
    Felicidades por tu estupendo blog.

Deja un comentario