Día a día somos testigos de inusitados cambios tecnológicos y transformaciones sociales que no tienen precedentes en la historia. La época más parecida a la actual ha sido la del Renacimiento que diluyó al oscurantismo medieval y despertó el humanismo adormilado. En todos los ámbitos; en todos los espacios imaginables una mediamorfosis se hace presente y nos conmueve. Nuestra percepción de la realidad se conmueve. No cabe duda de que esta fascinación que nos convoca a la Red comporta algo de naturaleza espiritual. ¿Cómo les duele esta palabra a muchos? ¿Qué difícil es incorporarla en los discursos de la intelectualidad actual? A lo largo de este blog, me he atrevido a emplearla asumiendo los costos que ello implique…

Ya adentrados en el nuevo milenio se ha abierto una ventana de oportunidades hacia la gestación de un nuevo orden en el que lo impensable se torna probable. Alabados sean los medios sociales. Pero no nos confundamos, el incremento de las oportunidades va acompañado por un incremento en las responsabilidades. Estamos transitando de un mundo de dependencia al poder instituido a uno de responsabilidad individual. Pensemos en el calentamiento global, por ejemplo. El problema es que quienes más poder han acumulado menos cuenta se dan de esto. Hoy, y como estamos siendo testigos, ni siquiera el mercado puede convertirse en el sustituto de esa responsabilidad. Como con la crisálida,para que algo nazca, algo tiene que morir. Se presenta ante nosotros un mundo de incertidumbres, caos, cambio acelerado y frenesí. ¿No serán señales que nos advierten de algo venidero?
Según intuyo, nos estamos adentrando, en una instancia epocal en la que el conocimiento científico y racional deberá amalgamarse con los saberes subjetivos y espirituales, en busca de una nueva síntesis que integre nuestro mundo interior con lo que acontece a nuestro alrededor. Sintonizar y armonizar nuestras más sublimes aspiraciones con la realidad circundante será la trabajosa tarea que deberemos encarar.
Las numerosas voces que abogan con creciente empeño por una nueva espiritualidad, para cambiar el curso de la civilización, apenas logran tener resonancia en la institucionalidad de las grandes religiones del mundo, gobernadas hoy por la racionalidad del poder y la boracidad de la codicia. De igual manera, la psicología occidental, ha descuidado por mucho tiempo el estudio y comprensión de los estados sutiles de percepción, al punto de llamarlos estados no ordinarios de conciencia y hasta los ha tratado como patologías anómalas. La psicología tradicional se ha centrado exclusivamente en los aspectos problemáticos de la mente. La investigación psicológica suele centrarse sólo en los trastornos y llega a definir la salud mental, como la ausencia de enfermedad.
Las tecnologías sociales de información y comunicación se están tornando en tecnologías de conocimiento distribuido contribuyendo a transparentar la sociedad y permitiéndonos que la fragmentada percepción en la que “saber es poder”, de espacio a una cosmovisión en que “saber más es el camino para ser más” y en esto se juega nuestro futuro. Estoy convencido de ello.
Indudablemente, la llegada de los medios sociales ha planteado nuevos y numerosos desafíos sociales y culturales. Han llegado para cambiarlo todo. Quienes a diario nos conectamos, nos estamos dando cuenta de que queremos ser dueños de nuestro destino y para lograrlo utilizamos el oxígeno en línea que nos ofrece la Red.
¿Cuántos millones de seres están en este preciso instante en línea? Inconcebible, increible imaginarlo. Pensemos: ¿Cuántas personas cuando tienen un problema acuden antes a Google que su cura, su psicólogo, su maestro o amigo? Efectivamente, estamos viviendo un nuevo cambio de piel en que, a mayor ancho de banda, mayor es la intensificación del cambio cualitativo que comporta para la conciencia de las personas. Dentro de esta nueva sociedad, se gesta otro tipo de conciencia, donde los valores como la solidaridad y la capacidad de abrirse a compartir con el prójimo se exacerban por sobre valores basados en un punto de enfoque egocéntrico.

Nuevos movimientos se abalanzan para llenar semejante vacío de espiritualidad y develar simultáneamente el origen de una globalización desbocada de brutal racionalidad. A diario me comunico con gente que aboga por otro mundo, por otra forma de vivir y que palpita esperanzada por superar el estado adolescente que, como civilización estamos viviendo. A tod@s ell@s va dedicado mi esfuerzo ya que como yo, nos hemos transformado en portadores de un mensaje de cambio, de un cambio que esta nave espacial llamada tierra está urgida a vivir.























































2 respuestas hasta el momento ↓
Juan Andrés Gervaso Ortiz // Martes 23 Diciembre, 2008 a 10:11 pm |
No terminé de leer esta entrada.. pero ya te digo que lo de “A lo largo de este blog, me he atrevido a emplearla asumiendo los costos que ello implique…” Ex ce len te.
Juan Andrés Gervaso Ortiz // Martes 23 Diciembre, 2008 a 10:12 pm |
No terminé de leer esta entrada.. pero ya te digo que lo de “A lo largo de este blog, me he atrevido a emplearla asumiendo los costos que ello implique…” sobre la espiritualidad. Ex ce len te.