¡Guerra contra la guerra!
En 1924, el décimo aniversario de la movilización nacional alemana para la Primera Guerra Mundial, el objetor de conciencia Ernst Friedrich publicó Krieg dem Kriege! [¡Guerra contra la guerra!]. Es la fotografía como terapia de choque: un álbum con más de ciento ochenta imágenes, casi todas obtenidas de archivos médicos y militares alemanes, muchas de las cuales consideraron los censores del Gobierno que no podían publicarse mientras continuara la guerra. El libro comienza con fotos de soldados de juguete, cañones de juguete y otras cosas que deleitan a los niños por doquier, y concluye con fotos de cementerios militares. Entre los juguetes y las tumbas, el lector emprende un atormentador viaje fotográfico a través de ruinas, matanzas y degradaciones: páginas de castillos e iglesias destruidos y saqueados, pueblos arrasados, bosques asolados, vapores de pasajeros torpedeados, vehículos despedazados, objetores de conciencia colgados, prostitutas semidesnudas en burdeles militares, tropas agonizantes después de un ataque con gas tóxico, niños armenios esqueléticos. Es penoso mirar casi todas las secuencias de ¡Guerra contra la guerra!, en especial las fotos de soldados muertos de los distintos ejércitos pudriéndose amontonados en los campos y caminos y en las trincheras del frente.
Pero sin duda las páginas más insoportables del libro, un conjunto destinado a horripilar y desmoralizar, se encuentran en la sección titulada «El rostro de la guerra», veinticuatro primeros planos de soldados con enormes heridas en la cara. Y Friedrich no cometió el error de suponer que las desgarradoras y repugnantes fotos hablarían meramente por sí mismas. Cada fotografía tiene un apasionado pie en cuatro idiomas (alemán, francés, holandés e inglés), y la perversa ideología militarista es denostada y ridiculizada en cada página. El Gobierno y las organizaciones de ex combatientes y patrióticas de inmediato denunciaron —en algunas ciudades la policía registró las librerías y se entablaron causas judiciales contra la exhibición de las fotografías— la declaración de guerra contra la guerra de Friedrich, la cual aclamaron escritores, artistas e intelectuales de izquierda, así como las agrupaciones de numerosas ligas opuestas a la guerra, que pronosticaron la influencia decisiva que el libro ejercería en la opinión pública.
Antes de 1930 ¡Guerra contra la guerra! había agotado diez ediciones en Alemania y había sido traducido a muchos idiomas.
En 1938, el gran cineasta francés Abel Gance mostró en primer plano a una población en su mayoría oculta de ex combatientes desfigurados espantosamente —les gueules cassées («los morros rotos») se les apodó en Francia— en el clímax de su nuevo J’acusse. (Gance había realizado una versión anterior, rudimentaria, de su incomparable película contra la guerra y con el mismo santificado título, entre 1918 y 1919.) Como en la última parte del libro de Friedrich, la película de Gance concluye en un nuevo cementerio militar, no sólo para recordarnos cuántos millones de jóvenes fueron sacrificados al militarismo y a la ineptitud entre 1914 y 1918 en la guerra vitoreada como «la guerra que pondría fin a todas las guerras», sino para formular la sagrada sentencia que estos muertos sin duda habrían pronunciado contra los generales y políticos europeos si hubieran sabido que, veinte años después, otra guerra era inminente. «Morts de Verdun, levez-vous!» [«¡Levantaos, muertos de Verdún!»], clama el veterano desquiciado que protagoniza la película y el cual repite sus llamamientos en alemán e inglés: «¡Vuestros sacrificios fueron en vano!». Y la vasta planicie mortuoria vomita sus multitudes, un ejército de espectros con uniformes podridos y rostros mutilados arrastra los pies, se levanta de sus tumbas y parte en todas direcciones causando pánico generalizado entre la plebe ya movilizada para otra guerra paneuropea. «¡Colmad vuestros ojos de este horror! ¡Es lo único que puede deteneros!», clama el loco ante las multitudes de vivos en fuga que lo recompensan con la muerte del mártir, tras la cual se une a sus camaradas muertos: un mar de espectros impasibles arrollando a los amedrentados combatientes venideros, víctimas de la guerre de demain. La guerra derrotada por el apocalipsis.
Y al año siguiente llegó la guerra.
Fuente: Fragmento de Ante el dolor de los demás (Regarding The Pain of Others) de Susan Sontag, 2004
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Muy interesante. Creo que si queremos entender lo que es realmente la guerra hay que leer sobre la Primera Guerra Mundial, que fué una matanza pura y neta. Cuantas victimas y cuanto sufrimiento. Horrible, y muy tristes son las cartas de los soldados de esta guerra. Y muchas veces pienso en ellos, cuando veo que seguimos haciendo guerras. De que sirvió morir por la Patria? Y luego llegó la Segunda Guerra Mundial, muy diferente de la otra.
No hace tanto, despues de todo. Cuando una entra en las trincheras y en el fango dónde los soldados de 14-18 estaban es como encontrarse con mis abuelos. Yo los quiero mucho, a estos martires de la Gran Guerra. Siento mucha pena, siento que el tiempo no cura nada, no cura la mente de los locos que dirigen los paises. Ni tampoco los locos que aceptan la guerra como algo natural. Aquellos soldados fueron carne de cañon, simplemente. Y no hemos aprendido nada. Somos unos burros.
Un abrazo,
las imagenes de Ernst Friedrich son realmente impactantes, el relato de susan sontag nos invita a reflexionar acerca del modo en el que se llegana aproducir estas imagenes de terror, y el dolor y sufrimiento que genera en las personas impresas en tales imagenes, la ausencia de reflexion y la valoración y satisfacciòn lasiva que producen estas imagenes, responden a la influencia informativa y a los medios de difución, que transformaron el instrumento de la fotografia belica, en un fin en si mismo, en el arte burgues y bajo tales categorias esteticas, no nos debemos sorprender si surgen denominaciones o adjetivos de belleza para definir una fotografia belica, la invitacion de Sontag en su texto “ante el dolor de los demas”, para reflexionar acerca de la guerra me parece bien, pero citando a Marx, podriamos responderle “los filosofos de todos los tiempos se han preocupado de interpretar el mundo, cuando de lo que se trata es de transformarlo”, la fotografia en definitiva me parece que es un gran instrumento, pero esta lejos de representar el verdadero aqui y ahora que heidegger trata de describir bajo el concepto aleman “dasain”, por otra parte la fotografia representa en el arte el fin de ñlas categorias esteticas que definian a las obras bajo la idea de la originalidad y el aura presente en la cración y desarrollo del arte, benjamin Walter explica esta situacion en “el arte en la epoca de la reproductibilidad tecnica”
german oyarzun b.