Liberalismo y bien común

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Por mi amigo Arturo Ruiz

Con estupor he recibido la lamentable noticia de que la Cámara Argentina del Libro procesa al profesor Horacio Potel por mantener los sitios www.heideggeriana.com.ar , www.nietzscheana.com.ar y www.jacquesderrida.com.ar. En estos sitios se pueden obtener textos de Heidegger, Nietzsche y Derrridá de manera gratuita y en lo personal han sido una importantísima herramienta de consulta durante varios momentos de mi vida.

Heideggeriana.com.ar

La Cámara Argentina del Libro pretende que este profesor cierre estos sitios tan útiles para todos los pensadores de habla hispana simplemente porque supone que por culpa de estos sitios las ventas de los libros de estos filósofos disminuyen y que las editoriales pierden dinero. Hace poco estuve en Buenos Aires y me compré varios libros de filosofía, entre ellos uno de Heidegger, porque en Chile su valor es prohibitivo y sólo puedo leer sus textos a través de estas páginas web que contienen apenas lo esencial de la obra de los pensadores. Ya no soy estudiante de mi inconcluso($) postgrado, por lo que no tengo acceso a las bibliotecas de las universidades.

Las palabras ‘pensador’ y ‘latinoamericano’ puestas juntas describen muchas veces a un marginal que por alguna compulsión renuncia a un sinnúmero de comodidades –como tener hijos, muchas veces –y que se vale de estas herramientas gratuitas para nutrir su pensamiento. Temo que cierren la biblioteca de Providencia que me permite permanecer medianamente actualizado en lo que a literatura de ficción de se refiere. Hace poco leí la novela “Sangre como la mía” de Jorge Marchant Lazcano gracias a un préstamo de esa biblioteca, hasta donde hemos hablado, el escritor no consideró que mi lectura fuera un atropello a sus derechos y se mostró complacido de que la leyera.

Las cámaras –de comercio, del libro, de lo que sea –no están en el mundo para defender el bien común sino para defender los intereses de determinados sectores de la producción, que tienen todo el derecho y muchas veces el deber de defender sus intereses, pero ¿cómo este profesor puede atentar en contra del interés editorial de una manera tan grave? Los intereses del sector editorial argentino están chocando en contra de la difusión de la Filosofía, o sea en contra del bien común. Los sitios del profesor Potel no sólo tienen una utilidad en Argentina; yo soy un usuario frecuente de los mismos desde Chile y casi todos quienes se relacionan con la filosofía los consultan.

La gran falacia capitalista es que el lucro de unos pocos coincide con el bien común debido a la teoría del chorreo o rebase. Es lo que Milton Friedman no pudo vendernos e instaló en mi país con ayuda de una dictadura militar de la que aún cargamos con sus fantasmas. Las ideas de Friedman son también la causa de la actual crisis económica: una prosperidad para pocos que cada vez es más excluyente, al punto de excluirnos a casi todos.

Jacquesderrida.com.ar

El sistema no me conviene, hablo en primera persona porque hablo por mí, que constantemente oscilo entre la escasa ganancia y ninguna ganancia. No sé si mis lectores estarán de acuerdo conmigo y prefieren que se custodie el interés editorial –interés de grandes editoriales, no de nuestras heroicas pequeñas editoriales –por sobre la posibilidad del acceso de muchos a la Filosofía. No digo de todos, porque la gran mayoría de analfabetos funcionales de mi país tampoco son capaces de leer el contenido de estos sitios ¿será acaso la hora de devolver a los estados su poder estatal perdido para que por fin alguien custodie el bien de todos nosotros? Como anarquista, la sola idea de ceder poder a las instituciones me es especialmente repulsiva, sin embargo, para aquellos que amamos las libertad ya no es el Estado la principal amenaza sino estas empresas, de estos señores que quieren extraernos hasta el último céntimo y que quieren que ni siquiera osemos leer a Nietzsche, Heidegger o Derridá sin pagar.

Mi propia novela “Perversa Señal” estará disponible en forma gratuita por unas semanas en http://stores.lulu.com/belcebu a modo de protesta y apoyo de estos sitios. Allí también está disponible el impreso por un modesto costo.

Fuente: Publicado a pedido de Arturo, a partir de su Blog: Desde la absoluta y forzada independencia

Para completar lo comentado por Arturo, en FACEBOOK se abrió un grupo que aboga contra la desaparición de estos sitios: Heidegger en Castellano (www.heideggeriana.com.ar) y Derrida en Castellano (www.jacquesderrida.com.ar).

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Filantropía con fines de lucro: ¿Activismo 2.0?

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Hace unos días salió en The Economist un breve pero interesante artículo sobre Activismo con Fines de lucro.

Según se cuenta muchos residentes de la zona de la bahia se han volcado a apoyar con sumo entusiasmo a una iniciativa verde creada por Sylvia Ventura, Dan Barahona y Dave Llorens, llamada 1BOG que es la abreviatura de “one block off the grid” (ó “una manzana fuera de la red”) y que busca, poco a poco, organizar y convencer a través de un facilitador (“field organizer“), a los propietarios de las viviendas de toda una manzana a cambiarse al uso de la energía solar a través de la realización de la compra del equipamiento necesario de manera cooperativa. De esta forma, los vecinos obtienen importantes descuentos para los costosos paneles solares. La experiencia queda geo-registrada en el sitio web con el fin de mostrar cómo se viraliza la iniciativa.

Ver Video

Otra iniciativa realizada también en San Francisco y (también) con fines de lucro, es Carrotmobs . Se trata del boicot a la inversa. Según propone Brent Schulkin, su creador, no hay necesidad de utilizar el palo cuando se tiene la zanahoria. Carrotmob es una forma de activismo que aprovecha el poder del consumidor para hacer más socialmente responsable las prácticas comerciales de las empresas. Estas compiten entre sí para ver quién puede hacer el mayor bien y, como consecuencia de ello, mover a una gran multitud de los consumidores para comprar sus productos con el fin de recompensar a estas empresas que se comprometieron para mejorar el mundo.

Más acerca “de Carrotmob

Vale también comentar el caso de Lend mi some sugar, creada por Steve Newcomb, que es un mecanismo para obtener fondos filantrópicos de las empresas. Se convoca a las empresas para dar sus presupuestos filantrópicos a Virgance y ellos le dan a sus usuarios la posibilidad de determinar cual asociación sin fines de lucro obtendrá el dinero. El objetivo es crear una solución mutuamente beneficiosa entregando a los usuarios el poder de decidir cómo beneficiar a la sociedad.

¿Qué hace que estos ejemplos de activismo sean en cierta forma exitosos? Resulta que se trata de campañas filantrópicas que son “propiedad” de Virgance, un start-up (con fines de lucro) cuya sede está en San Francisco en el distrito de moda de South Park que fue fundada por Brent Schulkin y Steve Newcomb. Después de haber vendido su anterior empresa, un motor de búsqueda llamado Powerset, a Microsoft, Newcomb se propuso hacer algo más que comenzar otra empresa tecnológica, quería hacer el bien.

Según cuenta Newcomb, se inspiró para el modelo de negocios Electronic Arts, una famosísima empresa de vídeo-juegos que año a año lanza numerosos juegos algunos de los cuales llegan a triunfar. Al igual que Electronic Arts, que ha construido una plataforma de distribución para apoyar sus juegos, el papel de la Virgance es encontrar aquellas campañas filantrópicas que tengan el potencial de ser exitosas. Ello se busca mediante una estrategia que se asemeja a la manera en que Barack Obama manejó su campaña, es decir: gestionado las motivaciones de sus activistas, lo que incluye una red de voluntarios, la fuerte presencia en Facebook, la formación de un equipo de bloggers pagados por Virgance que promueven las campañas y el apoyo y uso de vídeos de YouTube.

El modelo de ingresos (y la potencial rentabilidad de Virgance) varía según la naturaleza de cada campaña. En Carrotmob se realiza un pago de regalías por quedar asociados a la causa que además les genera volumen. En el caso de 1BOG, Virgance obtiene un pequeño margen del descuento que los proveedores de tecnología limpia realizan. La iniciativa Lend mi some sugar, se basa en una aplicación Facebook que permite a los usuarios donar terrones virtuales de azucar a una causa de su elección. La empresa patrocinadora que pone a disposición los terrones de azúcar los convierte en dólares de su presupuesto de responsabilidad social y distribuye según los montos asignados y Virgance cobra una pequeña comisión por organizar el sistema.

Según Newcomb una empresa con fines de lucro actuando en el sector filantrópico permite que las causas apoyadas crezcan más rápido y logren más impacto social que las iniciativas sin ánimo de lucro que suelen no disponer de suficiente capital de trabajo y trabajadores capacitados. Además poseen el acceso a los fondos de capital de riesgo y no dependen de las donaciones.

Pareciera que esta es una tendencia. Hace un tiempo Bono lanzó una serie de productos, entre ellos un telefono celular: RED con la finalidad de ayudar a millones de enfermos del SIDA de África. Las empresas participantes destinaban una fracción de la ganancias obtenidas en la campaña.

Hace unos años, a comienzos del 2000, fundé una empresa tecnológica en Delaware, Ultrametrix LLC cuyo modelo de negocios se basó en un concepto que denominamos como Aidvertising y cuyo producto (de mi propia invención) era el ScreenHelper: un protector de pantalla publicitario cuyos anuncios, de carácter dinámico, eran pagados por los anunciantes, en beneficio de organizaciones sin fines de lucro, favorecidas por la elección de los usuarios de Internet al registrarse. El sistema llegó a patentarse en los Estados Unidos. Se trataba de todo un modelo de cooperación y coordinación social, realmente mi visión de la sociedad full-cooperante en un esquema en el que todos ganaban (win-win-win), las empresas anunciando a un target individualizado, las fundaciones y ONG promoviendo su uso entre sus adherente para obtener fundraising y la gente, como facilitadora, contribuyendo a donar sin poner un sólo dólar… Una idea que no llegó a ser ya que por aquél entonces estalló la burbuja de las puntocom a la vez que se precipó la crisis económica Argentina lo que me obligó a terminar exportándome a Chile. Con todo en aquel momento recibimos algunas críticas por querer vincular la filantropia con los negocios. Según parece no estabamos tan equivocados …

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