La percepción integral

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El acto de percepción o visión integral, introduce una dimensión ulterior a nuestra habilidad de comprender y de involucrarnos en la realidad. Es la intensificación de la propia conciencia, irreducible de cualquier juicio cualitativo o valuación cuantitativa. Es una aproximación eminentemente práctica, pero no pragmática en el sentido que no fragmenta las partes en relativos. Demanda que el observador se dé cuenta de su propio rol en el proceso de darse cuenta, del mismo proceso que resulta observar lo que es observado.

El poeta W. B. Yeats se refería a esto cuando afirmaba que “no se puede distinguir al bailarín de la danza”, Wallace Stevens en su poema teoría se dice para sí, “soy lo que me rodea”, en el Taoísmo se habla del “más allá que está en nuestro interior”, en los Upanishads se lo describe como “Tat tvam asi” (tu eres eso), el Bhagavat Gita afirma que: “todo lo que nace, animado o inanimado, proviene de la unión del campo y el conocedor de ese campo” (13:26). El mistico de la Orden de los Dominicos, Meister Eckhart, habló del proceso de identificación con Dios, en el momento de la experiencia mística, al decir que “el ojo por el que yo veo a Dios es el mismo ojo por el que Dios me ve a mí”. Los cabbalistas realizan elucidaciones similares. El antiguo y nuevo testamento, están colmados de parábolas de idéntica naturaleza.

En el acto de percepción integral, el “integrador” se hace transparente y, a su vez, es conciente de sí, se libera de su ego o sujeto tanto como del objeto externo. Los medios para conocer y el acto de conocer, se fusionan. El universo todo y en particular cada instante, dejan de ser acertijos a ser resueltos, sino que se tornan en cualidades que pueden ser profundamente experimentadas en la vastedad del aquí y ahora. El universo se torna conciente, pero es conciente a través de nosotros y su fin es la creatividad.

La percepción integral se manifiesta en estados sutiles y no duales de conciencia y es alcanzable a través de ejercicios como el yoga, la meditación, la oración u otras prácticas religiosas, por medio del ayuno, la danza, el ejercicio físico intenso, la terapia Gestalt, las técnicas de regresión hipnótica, la respiración holotrópica, el psicodrama y las experiencias con sustancias psicodélicas. Existe una vasta variedad de técnicas de entrenamiento de la mente, como Ken Wilber las llama: “psico-tecnologías de la atención”, y cada una de ellas cuenta con sus propias prácticas y efectos; cada una de las cuales pone en marcha determinados resultados atencionales, cognitivos y afectivos. La concentración, una técnica meditativa que consiste en centrar la atención en una sola cosa, tal vez sea la más básica y universal de éstas prácticas y aparece descripta, de una u otra forma, en todas las tradiciones espirituales.

Más allá de las diferencias que pueda haber, todas estas prácticas generan las condiciones para que las personas logren un estado de percepción integral. Como asombrosamente lo describiera mi maestro y amigo, José Azulay: “Luego de meditar un tiempo, se observará que la mente se sintoniza a sí misma, y se da cuenta de sí misma, con un darse cuenta que no discrimina, desenmascarando su propia lucidez intrínseca y su vacuidad. La mente es como el espacio que admite que todo entre, sin por ello contaminarse por las cosas. Cuando este estado aparece en la meditación, significa que tanto las emociones como las apariencias externas provenientes de los 5 sentidos se han pacificado. Cuando los pensamientos dualistas se aclaran, la mente se torna estable e inmóvil. Asi como la sal se disuelve en el agua, la mente dualista se disuelve en su propia naturaleza. Cuando surge un pensamiento o una emoción, no vienen de ningún lado; cuando se disuelve un pensamiento o una emoción, no van a ningún lado; son como las nubes o la neblina, que no vienen de ningún lado y cuando se disuelven no van a ningún lado”.

Así cómo en la compenetración en los estados de meditación profunda, los vislumbres creativos que tienen los artistas al penetrar en la profundidad de sus propias creaciones, son manifestaciones de esta cualidad de percepción sutil e integradora, así, el artista fluye y se conecta con su propio “genio” en la situación presente del aquí y ahora del acto creativo. Lo interesante de muchas de estas experiencias, es que a poco que aprendemos a entrenar nuestra atención, algo comienza a suceder más allá de ese ínfimo instante.

Las voces que abogan con creciente empeño por una nueva espiritualidad, para cambiar el curso de la civilización, apenas logran tener resonancia en la institucionalidad de las grandes religiones del mundo, gobernadas hoy por la racionalidad del poder. Nuevos movimientos se abalanzan para llenar ese vacío de espiritualidad y develar el origen de una globalización desbocada de brutal racionalidad. De igual manera, la psicología occidental, ha descuidado el estudio y comprensión de estos estados de percepción, al punto de llamarlos estados no ordinarios de conciencia y hasta los ha tratado como patologías anómalas. La psicología tradicional se ha centrado exclusivamente en los aspectos problemáticos de la mente. La investigación psicológica suele centrarse sólo en los trastornos y llega a definir la salud mental, como la ausencia de enfermedad. Freud, el creador del psicoanálisis, afirmaba que el objetivo del psiconálisis era el logro de la “neurosis normal”.

Sólo muy recientemente, la psicología ha emprendido de manera explícita, programas de investigación sobre los aspectos positivos y del bienestar de la naturaleza humana. Evidentemente ha enfatizado la importancia de la racionalidad y la lógica, por sobre el conocimiento intuitivo y emocional, y ha asignado gran valor a los estados egoicos de la mente, como la neurosis, olvidando que existen otros estados de conciencia que ayudan a liberar a las personas y conducirlas a niveles trascendentes de realización.

Los mapas delineados por Jean Gebser o Ken Wilber, entre tantos otros pensadores, no se agotan en el nivel racional, que abarca los logros de la cultura occidental, sino que apuntan también al desarrollo posterior de la psiquis, a través de varios estados que se pueden definir como trans-racionales y trans-personales, y que se describen en muchos textos de yoga y meditación. Lejos de la compleja mezcla de creencias mágicas y míticas, en que se basan las religiones populares y que dan forma a los sistemas pre-racionales de creencias y maneras de pensar y concebir el mundo, los trabajos de pensadores como Jean Gebser y Ken Wilber desenredan, el núcleo trans-racional de las “psico-tecnologías de la atención” y los estados de conciencia que éstas provocan por medio del ejercicio de prácticas contemplativas y meditativas. Según estos autores, la “socio-génesis”, es decir la generación de patrones de comportamiento social, sigue las directrices básicas de la “psico-génesis”, así, la cultura humana parece emular los estados de crecimiento individual. Es por eso que resulta necesario elevar el proyecto humano hacia un plano superior, que trascienda pero no descarte el pensamiento racionalista, mediante la promoción de la evolución conciente en cada uno de nosotros.

Existe una amplia equivalencia entre los estados actitudinales de la sociedad, con los del crecimiento psicológico del individuo. Un nuevo desafío se presenta frente a los viejos esquemas y paradigmas, las vetustas estrategias y suposiciones y las antiguas recetas de la racionalidad como único método de percepción e interpretación de la realidad.

Fuente: Basado en fragmentos de mi libro: La Red y el futuro de las Organizaciones. Más conectados…¿Más integrados?