Internet como refugio psicológico: Sistemas culturales conectados
La cultura es el factor facilitador a través del cual los seres humanos en comunidad construimos y nos adaptamos al medio ambiente. Sin embargo y dado que la cultura se transforma en significado compartido puede tender a enclaustrarnos en una visión demasiado estática de la realidad. Además, en casi todo colectivo humano cualquier “cultura que nos sea la propia” tiende a percibirse como errada e incapaz de proporcionar una verdadera visión de los valores y de la misma condición de ser humano. ¿Existe una tal visión de la realidad que podamos atribuir como verdadera? Claro que no.
No podemos afirmar que existan verdades, sin embargo en un cierto nivel, tal vez muy básico, la cultura de cada comunidad nos brinda una visión del mundo que determina el patrón de interpretación de la realidad y crea una verdad que transforma en falso todo aquello que no participe de ella.
Todo nuestro acceso a la realidad está mediatizado por una relación comunicativa con nuestro entorno y es el entorno social al primero al que nuestra experiencia temprana accede. Siempre estamos inmersos en un sistema cultural. Una mutación en el sistema cultural que nos alberga supone una transformación ontológica, una transformación de las experiencias que vivimos y de las estructuras subjetivas y una transformación de las relaciones intersubjetivas.
La Red como tecnología cognitiva
¿Puede considerarse a Internet como un dispositivo o herramienta social capaz de incrementar nuestras habilidades cognitivas? ¿Transforma nuestra forma de ver el mundo? ¿Modifica la manera en que adquirimos conocimiento y por lo tanto, altera nuestros estados mentales? ¿Da lugar a nuevas formas de cognición, como por ejemplo, la cognición distribuida? ¿Es Internet una herramienta que amplifica el potencial psico-espiritual de los seres humanos?

La visión del mundo creada por la ciencia tradicional occidental, que es la visión dominante en nuestra actual cultura, cuando se aplica en su forma más estricta es incompatible con cualquier noción de espiritualidad. En un universo en el que solamente son reales las formas materiales, tangibles y mensurables, se considera que todas las demás modalidades de actividad, sean estas de carácter religioso o místico reflejan ignorancia, superstición, irracionalidad o inmadurez emocional. De esta manera, las vivencias directas de realidades espirituales son interpretadas como manifestaciones evidentes de perturbaciones mentales o, simplemente, de ignorancia. Ya muchas veces, me he referido a esto.
Es importante reconsiderar con nuevos ojos esta situación. Hace tiempo que debería haberse hecho una revisión de esto. Es importante reconocer la emergencia de experiencias espirituales y tratarlas adecuadamente, porque poseen un gran potencial positivo de crecimiento personal en los individuos.
Estoy convencido que Internet, la conectividad y la participación en las redes sociales puede fomentar prácticas viciosas o pueden transformarse en medios que faciliten un nivel de conciencia superior, que beneficie el desarrollo íntegro de la civilización. La conectividad a través de Internet crea un espacio sin cuerpo donde perderse de la realidad física y corporal; puede crear también un medio donde el constante flujo de información insustancial, hipnotice al usuario y lo haga regresar a formas de ser netamente reactivas y, por medio del juego y la pornografía, puede activar niveles emocionales e instintivos y sobre-desarrollar ciertos aspectos de la psiquis en detrimento de otros, impidiendo la integración coherente de los diferentes aspectos de la persona. Así, Internet puede contribuir a incursionar en una nueva fase de trascendencia, donde lo humano adquiere un nuevo significado, o, muy por el contrario, llevarnos a profundas formas de regresión psicológica.
Internet es el observatorio asequible que permite experimentar y darnos cuenta de nuestros múltiples yoes, y afirma que la predisposición a que se manifiesten esos yoes en las personas, no ocurre solamente en la Red sino que perdura en la vida real y que, en lugar de dejarse llevar por los variados aspectos del ego, la percepción de esta multiplicidad hace que la gente se indague más allá este. Así, las comunicaciones interpersonales mediadas por una computadora, ayudan a las personas a manifestarse, por un lado, más introspectivamente y, por el otro, a ser más abiertas o perceptivas en relación al prójimo ya que, al quedar protegidas por el anonimato, la apertura emocional se amplifica sin que la capacidad de razonar quede restringida.
En un mundo donde la gente recurre a la auto-medicación de calmantes, antidepresivos, hipnóticos, sedantes, tranquilizantes, psico-estimulantes, ansiolíticos, psicotrópicos y neurolépticos, para poder tener una vida razonablemente plena, Internet se transforma en un verdadero refugio psicológico abierto a la transformación liberadora. La comunicación a través de la Red facilita la conexión con personas desconocidas, que se asisten mutuamente para liberar las barreras y restricciones con la otredad y, nos hacen, más concientes de nuestros yoes ocultos.
La interacción en línea permite a las personas pensar, escribir, explorar y hablar con uno mismo a través de diferentes discursos transmitidos al otro. Los encuentros digitales tienen las mismas eventualidades o riesgos que los encuentros presenciales, la diferencia es que hay más espacios donde poder esconderse y, aunque parezca paradójico, esos rincones abren puertas hacia un mayor nivel de apertura y auto-conocimiento. Las relaciones interpersonales, a través de la pantalla, dan lugar a la indagación transpersonal de los muchos que somos, a través de uno mismo. Ser otros puede ser nuestro único sueño, nuestro especial refugio; buscar con desesperación lo que no somos, ese es el secreto del arte y del amor, pulsiones esenciales que nos llevan a enlazarnos con nuestros semejantes.
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