Elogio de la intuición

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Nuestra comprensión de la realidad se basa en una estructura lógico-causal, que reivindica que el pasado engendra al presente. Sin embargo, en el mundo interdependiente de hoy, los cambios no son lineales. La extrema complejidad que se despliega a lo largo del espacio y en simultaneidad de múltiples tiempos nos obliga a realizar aproximaciones alternativas. La realidad está plagada de rupturas, mutaciones y discontinuidades que, en esencia, son impredecibles aunque puedan ser en todo, coherentes.

Además, nuestras expectativas sobre el futuro (sean estas luego validadas o no) son causantes de nuestras acciones presentes y por ello, aunque resulte paradójico, el futuro también causa al presente. El tiempo de hoy es el tiempo orgánico y multidimensional de la interdependencia; la historia deviene en incesante actualidad y prefigura una sociedad continua y multi y a la vez desterritorializada.

En este complejo contexto, no sabemos precisamente cuáles son las dimensiones reales de lo que sucede. La vieja lógica racional estructurada nos dice que si a = b y b = c entonces a = c. Nada es más matemáticamente incuestionable. Sin embargo, si tenemos en cuenta la vertiginosa velocidad de los cambios: el aturdimiento con que se actualiza la realidad en espacios simultáneos, mientras efectuamos esa comparación a “puede haber sido” b y b “puede haber sido” c, con lo cual en el lapso de tiempo en que se compara a con c habrá llegado tal bagaje de información, que todo vínculo causal entre a y c queda, a lo menos perturbado. Entonces, suponer que a = c puede ser un error que acarree una catástrofe.

Nunca como hoy, la velocidad y la tecnología tendieron a abolir los límites del tiempo y las fronteras del espacio. El ritmo del tiempo ha llegado a tal punto de aceleración, que la competencia tecnológica y económica consiste en prometer, pre-anunciando, que el futuro llegará al usuario más rápido que con los servicios de un competidor. Además, las nuevas invenciones de la tecnología son comercializadas, con la pretensión de traernos el futuro aquí y ahora y nos están acostumbrando a que mañana sea ayer.

Como dijera Alvin Toffler, en la sociedad actual, “saber es cambiar”, y la reproducción más y más rápida del saber, alimentada por el impulso de la tecnología, nos lleva a una creciente aceleración del cambio, tal como lo profetiza Ray Kurtzweil.

Entonces, la pregunta válida sería cómo actuar en este mundo tan perversamente diverso y plagado de múltiples niveles de complejidad, sin desquiciarnos en el intento. Pienso yo, pues apelando a la intuición.
David Lynch dijo alguna vez que “la intuición es la integración del intelecto y la emoción, del pensamiento y los sentimientos. Cuando estas dos facultades se fusionan, llegamos a comprender lo que antes nos parecía incomprensible“.

Creo que la intuición es una capacidad humana de vital importancia en los tiempos epocales que nos toca vivir. Claro está que ha sido desvalorizada y no tenida en cuenta en virtud del imperio de la racionalidad instrumental al perder prestigio, ante el dato aparentemente mas preciso que nos aportan las ciencias.

Por intuición se entiende al conocimiento que es directo e inmediato que surge sin intervención de la deducción o del razonamiento. Intuición, espontaneidad, creatividad y cognición están vinculados en nuestra relación con el mundo externo e interno de manera natural. Muchas perspectivas psicológicas llaman intuición al conocimiento que no sigue un camino racional para su construcción y formulación, y por lo tanto no puede explicarse o, incluso, verbalizarse. El individuo puede relacionar ese conocimiento o información con experiencias previas, pero por lo general es incapaz de explicar por qué llega a una determinada conclusión.

Las intuiciones suelen presentarse más frecuentemente como reacciones emotivas repentinas a determinados sucesos o sensaciones que como pensamientos abstractos elaborados.

Sea que la intuición es un conocimiento inconsciente, sea que es comprensión sintética, una interpretación de los símbolos circundantes, sea que es un prejuicio cognitivo (una falacia ad ignorantiam), sea que es una búsqueda de patrones inverificables que puede conducir al auto-engaño, estoy convencido de que la potenciación de la intuición, y sus manifestaciones en forma de creatividad, visión, corazonada ímpetu por la apuesta, será (si es que ya no es) la mayor fuente de competitividad y crecimiento de iniciativas, nuevas ideas, empresas y proyectos por venir. Valga pues entonces, este elogio instrumental del conocimiento intuitivo.