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Nuestra sujeción al poder

Lunes 25 enero, 2010

Ni la necesidad ni el deseo, tan sólo el amor por el poder es el demonio de la humanidad. Puedes darle todo a las personas – salud, comida, abrigo, diversión –, pero siguen siendo infelices y caprichosas, por que el demonio espera y espera; y debe ser satisfecho. Quítales todo, pero complace a este demonio, y entonces será casi feliz, tanto como lo pueden ser los hombres y los demonios.

Frederic Nietzsche, El amanecer del día.

Michel Foucault rompió con todas las concepciones tradicionales que se tenían sobre el significado del poder y las relaciones con el sujeto. Para él, el poder no se localiza en una institución o Estado, está determinado por el juego de saberes que respaldan la dominación de unos individuos sobre otros al interior de estas estructuras. El poder, para él, es una relación de fuerzas, una situación estratégica en una sociedad determinada. Por lo tanto, el poder, al ser relación, está en todas partes. Es por ello que dedicó gran parte de su obra a estudiar aquellas instituciones donde el poder, tal vez ocultamente, opera bajo la forma del disciplinamiento, como son los hospitales, las fábricas, las escuelas, las instituciones psiquiátricas, (las empresas), etc.; y analizó los regímenes bajo los cuales funcionaban y en los que se gestaban vínculos de vigilancia, control, intensificación del rendimiento, multiplicación de capacidades, emplazamiento, utilidad, actividades todas que dan lugar al disciplinamiento del sujeto.

Según él, todas las luchas del ser humano giran en torno a la pregunta: ¿quiénes somos nosotros? puesto que son las que, en definitiva determinan las formas de la subjetividad. Para Foucault, el sujeto, tema mayúsculo de la filosofía y psicología, se encuentra en todas las relaciones de producción y significación y, por lo tanto, de poder. Si existen relaciones de poder es porque existe una voluntad de poder exclusiva del sujeto, de dirigir, de actuar sobre “lo otro“, lo que nos compele a instaurar una separación entre el sujeto y lo otro. Esa separación en tanto visión fragmentada que elude la inclusión integradora y totalizadora de las partes hace del poder, el pegamento aglutinador através del cual la sociedad se desenvuelve mediante el relacionamiento de las partes.

Para Foucault, las relaciones de poder quedan imbricadas en todo tipo de relaciones humanas por lo que se pueden definir como “cualquier tipo de relación en la que uno intenta dirigir la conducta del otro”, digo yo, conciente o inconcientemente. Las relaciones de poder no se ejercen directamente sobre otros, sino sobre las acciones de otros y toda acción supone un cierto espacio de libertad, por lo que se gesta un margen para que haya posibilidades de resistencia haciendo que los sometidos sean en potencia iguales a los sometedores. Así, la resistencia a través del desafío define el poder y, por lo tanto, es sólo posible a través del poder. Sin resistencia, el poder está ausente.

Foucault sale de la concepción malevola y conciente hacia el poder. Es el sujeto, que se convierte en sujeto al efectuar determinadas prácticas del poder, sin que ello sea a través de un plan conciente, sino utilizando códigos implícitos (educación, ciencia médica, psicología, coaching, formadores de opinión, etc.) e intenciones subjetivas. No hay que pensar en una perversidad. Según él, la coherencia del poder no viene dada por “una especie de supersujeto diabólico” sino por el ensamblaje de tácticas que logran una coherencia momentánea. La cosa funciona no porque los sujetos de poder sepan lo que hacen, sino precisamente porque no lo saben. El poder es más poderoso en tanto sea más sutil e imperceptible.

El poder no es una estructura, no es una institución, ni cierta fuerza con la que estemos dotados. Nadie es el titular del poder y sin embargo, siempre se ejerce en una determinada dirección, con los unos de una parte y los otros de la otra. No se sabe quién lo tiene exactamente, pero se sabe quién no lo tiene. Cada lucha se desarrolla alrededor de un centro particular del poder que va desde el jefecito, el policía, el director, el juez, el redactor, el coach, el bloguero, etc. Para Foucault, el poder presume libertad en el sentido en que el poder no es forzar, sino formas de hacer que la gente se comporte por sí mismos de modo distinto de cómo lo hubiesen hecho de otra manera.

Y si designar esos núcleos, denunciarlos, hablar públicamente de ellos es una lucha, no se debe a que nadie tuviera conciencia, sino a que hablar de este tema, forzar la red de información institucional, nombrar, decir quién ha hecho qué, designar el blanco, es una primera inversión del poder, es un primer paso en función de otras luchas contra el poder.

Se ve bien quien explota, quien se aprovecha, quien gobierna, pero el poder es todavía algo más difuso. Las relaciones entre deseo, poder e interés, son más complejas de lo que ordinariamente se piensa, y puede resultar que aquellos que ejercen el poder no tienen por fuerzas interés en ejercerlo, aquellos que tienen interés en ejercerlo no lo ejercen. En la medida en que el poder se disloca, se descentra, se oculta haciéndose cada vez más difuso, cada vez menos espectacular, las resistencias pierden la capacidad de converger, de enfrentarlo.

Foucault se plantea la pregunta acerca de qué tipo de relaciones de poder producen discursos de verdad. Para que el sistema funcione, el poder está obligado a buscar la verdad, y recompensa a todos esos buscadores del poder (médicos, educadores, psicólogos, periodistas, coaches, bloggueros, geek-gurues, etc.) con un estatus social ya que terminan siendo quienes delinean el marco de referencia a través del cual el resto de la sociedad le rinde pleitesía mediante su disciplinamiento.

La base de todo poder se asienta en la capacidad de controlar las emociones.
Robert Greene.

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7 comentarios dejar un →
  1. Lunes 25 enero, 2010 5:59 am

    Enhorabuena Andrés, una delicia leer este texto: al poder le pasa como a la libertad solo podemos definirlo por su ausencia.

  2. Lunes 25 enero, 2010 7:07 am

    Excelente!
    Muy útil para repensar el poder y amigarse con él.

  3. Lunes 25 enero, 2010 8:18 am

    Extraordinario post, Andrés. Hace poco leí un libro del filósofo español Marina sobre el tema.
    Añadiría de mis pensamientos que el poder no sirve sólo para imponerlo (imponerse) a los demás, sino para eludir la imposición de otros, en una estructura piramidal. Me ha encantado lo que dices del desafío, que entiendo como un contrapoder al poder.
    Un afectuoso saludo.

  4. María Teresa Enlace permanente
    Lunes 25 enero, 2010 1:36 pm

    Me encanto, Andres. Creo que el verdadero “exito” del ser humano es el descubrimiento del “otro” y la capacidad para ejercer poder sobre él. Un abrazo.

  5. Martes 26 enero, 2010 3:32 pm

    Gracias por sus comentarios.

    Soy fan de Michel Foucault y el tema del poder me obsesiona pues creo que en la transformación de las redes de poder (reales y simbólicas) está la llave del desarrollo futuro de la civilización.

    Respecto de lo que dices tu, María Teresa, me gusta más la idea de que se genere un poder común sin necesidad de tener la capacidad de ejercelo sobre el otro, aunque eso tal vez sea una ingenuidad de mi parte.
    un abrazo a todos
    Andres

  6. Viernes 17 junio, 2011 10:52 am

    Andrés, antes que nada muy buen post. Te quería consultar qué relaciones trazarías entre la concepción foucaultiana (panóptica) del poder y el rol de los medios masivos de comunicación en la generación de la opinión pública y el sentido común. Y en el caso de países como Argentina, Brasil y Venezuela, te quería preguntar qué lectura haces del enfrentamiento entre los medios masivos y los gobiernos constitucionales. Saludos!

  7. Miércoles 22 junio, 2011 2:47 pm

    Juani, los medios masivos son la lupa amplificadora de la visión de mundo que la élite económico-cultural de los países quieren inocular en los demás. Me parece que los medios masivos pueden ser catalizadores de cambios profundo pero muy por el contrario, y como suelen serlo, son tapones evolutivos que actúan frenando las manecillas del reloj de la historia.
    Muchas gracias por tu comentario
    un abrazo
    Andres

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