Pensamiento resiliente

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Como los lectores asiduos de mi blog sabrán, el conocimiento de los sistemas complejos adaptativos, la complejidad en general y el estudio de la resiliencia en particular son temas que, para mi, revisten sumo interés, máxime en una época como esta, tan sobrecargada de ambivalencias y disrupciones. Tal como lo explique recientemente en otra entrada, es posible abordar el estudio de la resiliencia en las organizaciones, desde múltiples perspectivas. Es por casualidad serendípica que buscando cosas sobre esta temática, llegué al website de la Alianza por la Resiliencia, cuya perspectiva me parece interesante y que, por ello, me gustaría compartir con todos uds.

Allí se define a la resiliencia de un sistema, como la capacidad de un sistema socio-ecológico interdependiente de absorber las perturbaciones y mantener la misma estructura y funcionalidad. En tal sentido un sistema resiliente de estas características permite atenuar el impacto de las perturbaciones exógenas cambiando el foco sobre el cual se lo gestiona desde el objetivo del crecimiento y la eficiencia, que puede dar lugar a rigideces y fragilidades, al de la adaptabilidad y esta sólo se puede alcanzar mediante la libertad, el aprendizaje, la flexibilidad y la apertura a la auto-organización robusta.

Principales características del pensamiento resiliente

  • Es no lineal (ya dicho hasta el hartazgo) y debe alternar entre estados que poseen diversos umbrales o valores críticos
  • Internaliza lo recurrente y la repetición a través de la adaptación y reorganización a nuevos ciclos internos
  • Es panárquico o heterárquico ya que acepta la imbricación de múltiples escalas y efectos cruzados, tanto en el tiempo como en el espacio.
  • Soporta lo que podríamos definir como transformabilidad, es decir que se debe tener la capacidad de adaptarse frente a un cambio de régimen que impida volver al estado o régimen anterior. Un sistema puede transformarse en otro sistema con nuevas variables, categorías, escalas y funciones.
  • Se podría hablar de una resiliencia general y una específica según las perturbaciones que se presenten e involucren al todo o a una parte del sistema.

La Gestión de la resiliencia se debería realizar a través de la gestión propiamente dicha, que nos permite evitar (cuando se puede) la gestación de estados indeseables y transformarlo cuando se lo considere necesario y de evaluaciones, que suponen adquirir conocimiento del sistema, de los ciclos en los que está inmersos, los umbrales de tolerancia y cómo las interacciones entre los componentes internos y entre el sistema con el entorno, afectan favorablemente o no las condiciones de funcionamiento y la capacidad resiliente del sistema.