Los catalizadores de la felicidad

Hace unas semanas, en vísperas del día de la madre, estaba en un shopping center, abarrotado de gente. Las grandes tiendas estaban totalmente colmadas de gente desesperada que intentaba apropiarse de la última prenda de talla razonable que había disponible. El ir y venir de gente en estado de alienación crispó mi sentidos y por un minuto me detuve y permanecí intacto tratando de captar la energía de ese instante.
Parado, quieto intenté capturar la esencia del momento. Fue casi como haber tenido el privilegio de percibir una experiencia que expandió mi conciencia, justo en un espacio y un lugar que nada tienen que ver con ello. Experimenté una inducción en la conciencia que me permitió sentir casi tangiblemente el movimiento de la alienación.
Ya no se trataba de personas, ni de individuos socialmente atomizados sino de un flujo alienante de voracidad consumista, una cascada humana de intencionalidad acosada por la perversión de un ruido incoherente, fragmentado y disonante.
Capté por un instante, y no me refiero a un pensar asociativamente estructurado, que no había droga más malignamente inoculada que esa voracidad consumista. Me pregunté luego que era todo eso, qué está pasando en esta sociedad, cómo siquiera se puede ser feliz en un mundo tan perversamente absurdo. Entendí por un instante la razón por la cual muchos maestros de la humanidad prefieren replegarse y someterse al ostracismo voluntario del ascetismo.
¿Cómo puede ser que esta sociedad prohibe sustancias expansoras de conciencia casi inocuas como la marihuana y permite semejante atrocidad de la conciencia colectiva? Claro está, cualquier persona en su hogar puede plantar una matita de cannabis, pero para drogar a una sociedad toda se necesita de la complicidad de sectores enteros coludidos, esperando beneficiarse… ¿No será por eso que está prohibida?
Comprendí que existen poderosos venenos que matan la felicidad y que para que esta pueda alcanzarse plenamente, son necesarios catalizadores conscientes de intencionalidad y presencia, exactamente lo contrario que a mi alrededor me era mística y mocosamente manifestado.

























La peli la veré más tarde. Cuando te pase esto en esos sitios, Andrés, sugiero que te “conectes” con todos los que pensamos/sentimos parecido, así te sentirás como más acompañado entre la muchedumbre, qué te parece? :)
Esos momentos me han pasado… a veces acompañado de marihuana, lo que me ha permitido una especie de “conexión profiláctica” con el desboque zombie de la masa.
La película es excelente! Me entero que es la primera parte de una trilogía sobre esto que nos pasa como especie. Me recordó a otra más moderna igualmente ilustrativa y sensacional, “Baraka”.
¿Volará por los aires nuestro ser colectivo como lo es actualmente antes de que podamos llevarlo a las estrellas?
¿Cómo puede ser que esta sociedad prohibe sustancias expansoras de conciencia casi inocuas como la marihuana y permite semejante atrocidad de la conciencia colectiva?
Es muy simple la conciencia expandida es sinónimo de menor consumo y evidementemente esta no es una sociedad humana sino de consumo.
No es extraño que la droga de modo sea el extasis que es un ESTIMULANTE DEL DESEO.
Ana: siempre trato de estar conectado con uds!!! es mi aliciente.
Juan Andrés: Baraka es maravillosa también!!! refleja el respirar del mundo!!!
Adriana: totalmente de acuerdo… igual insisto que una de las razones por las que se prohibe la marihuana es porque cualquier podría disponer de ella gratuitamente…. basta que ver la estadísticas de ingresos por impuestos a las bebidas alcoholicas para darse cuenta que “ellos”, los otros, sólo están pensando en el negocio…
muchas gracias por sus comentario..
un abrazo a todos y buen finde
Andres