Elogio de la «marginalidad organizacional» y el adyacente posible

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Desde ya hace unos cuantos años que me vengo vinculando, tanto personalmente como a través de mis redes sociales, con gente interesada en debatir, comprender, motivar y promover la innovación, la creatividad, el comportamiento emprendedor tanto fuera como dentro de las organizaciones que hoy perviven nuestro mundo. Nos la pasamos identificando señales y prácticas que promuevan la creatividad, el pensamiento lateral, hablando de liderazgo como clave de la motivación de los equipos, defendemos la recombinación de las cosas, la hibridación como fuente mutable de la transformación de lo existente, procuramos analizar los principios bajo los cuales los equipos logran un eficacia tal que de ellos emerge lo nuevo, etc. Sin embargo, creo que en la raíz de este interesantísimo debate subyace un aspecto fundamental que suele no ser considerado. Todo colectivo, ya sea un grupo, una empresa o una organización como tal, que desee innovar y aprovechar al máximo el potencial creativo de sus integrantes debería más que nada, promover la apertura mental de estos y abrirse a lo “marginal” (en el verdadero sentido de la palabra), a lo fronterizo a aquello que, sin llegar a ser amenazante, no responde a nuestros sistemas de valores tradicionalmente aceptados.

Alguna vez leí por allí que las ciudades más innovadoras, las que dan lugar al emerger creativo de nuevas iniciativas, de emprendimientos que alteran el curso de la historia, sea en el ámbito que sea, son a la vez las ciudades que más abiertas están a lo alternativo, ciudades cuyos habitantes no tienen problemas con las minorías sexuales, espacios en los que la diversidad se deja convivir en una compleja armonía de claroscuros. Pienso en San Francisco (Silicon Valley), en Nueva York, en Barcelona, Berlín, Sao Pablo, Buenos Aires, espacios todos estos que a pesar de sus especificidades, tienen en común el placer por la aceptación del otro como forma de interacción civilizada, aceptación de lo «marginal» como parte del ethos urbano consolidado.

Es fundamental, como digo, entender que si deseamos promover la innovación en el ámbito que sea, y por necesidad epocal, es necesario plegarse a lo marginal, a lo alternativo, no ya desde una actitud pasiva de aceptación sino abriéndose activamente y dejando que lo «marginal» se deje interactuar plenamente con lo ya considerado «tradicional». Este ya no es tiempo de concepciones aristocráticas y exclusivistas. La única forma de avanzar en dirección hacia lo nuevo es internalizando la diversidad del mundo y ello se logra entregándose a lo marginal, a lo que yace en la frontera.

Encuentro numerosas formas teóricas para justificar mi elogio de la «marginalidad». Pienso en la ley de la variedad requerida de Ross Ashby, quien nos postulaba que un sistema para sobrevivir debía internalizar la variedad que presenta su entorno, y si de entornos complejos hablamos, hoy en día el fenómeno de la globalización no es más que una explosión de diversidad e impredictibilidad, por lo que la mejor estrategia que tienen las organizaciones de adaptarse a esto es internalizando dicha diversidad expandiéndose hasta los bordes, los márgenes de sus posibilidades.

Otra forma de justificar mi defensa de lo «marginal» se basa en el concepto que Stuart Kauffman, un biólogo experto en complejidad, llamó como Adyacente Posible (adjacent possible). Se trata de una idea que me parece muy útil para entender el mundo.

Todo sistema, ya sea un organismo, un tejido, una célula, una organización o lo que fuera opera dentro de un espacio de posibilidades de tamaño variable. En cada instante todo sistema está limitado por dicho espacio de posibilidades. Las acciones que se toman hoy redefinen el espacio de posibilidades del mañana. Ciertas acciones generan más posibilidades futuras que otras, amplían el adyacente posible. Dicho espacio de posibilidades se expande o contrae según tales acciones, sin embargo, las acciones futuras quedan restringidas por las posibilidades que hay a disposición en forma adyacente, es decir, en su cercanía.

La evolución no opera hacia determinado lugar (lo que sería lamarckiano), sino desde determinada situación hacia adelante (evolución darwiniana). No podemos determinar el sendero evolutivo, no sabemos hacia adonde vamos. Sin embargo, tal evolución opera sobre un espacio claramente restringido. Según Kauffman, dada nuestra herencia evolutiva que procede de un mundo de recursos limitados el adyacente posible que da ese espacio de posibilidades se ha reducido. Gran parte de nuestro pensamiento y de la forma en que actuamos se basa en la escasez, por lo que nos sentimos atraídos por las acciones que se convierten en auto-limitantes. El adyacente posible es una especie de sombra sobre el futuro, se cierne sobre los bordes del actual estado de las cosas, es un mapa de todas las formas en que el presente puede reinventarse hacia adelante. El adyacente posible captura tanto los límites como el potencial creativo del cambio y la innovación, configurando un conjunto siempre presente de oportunidades pero limitados por nuestra capacidad de alcance. Los límites del adyacente posible crecen a medida que crezca nuestra capacidad de explorar el espacio de posibilidades y expandirlo. Cada nueva combinación abre nuevas posibilidades de nuevas combinaciones.

Los espacios que ocupamos, las herramientas que utilizamos, las ideas que tenemos, nuestros sistemas de valores, los modelos mentales con los que operamos y nuestros sesgos cognitivos definen dicho espacio de posibilidades, expandiendo o contrayendo el potencial de futuro limitando o no nuestro rango de oportunidades. ¿Somos conscientes del adyacente posible?

Volviendo a mi elogio de la «marginalidad», queda claro que una de las formas de expandir el espacio de nuestras posibilidades, de ampliar el adyacente posible, es a través de la expansión de nuestras fronteras, tanto reales como simbólicas. Dejemos que los demás opinen, escuchemos la voz de los que no son escuchados, distribuyamos el poder que tenemos a disposición, abramos nuestro espacio a las posibilidades que los demás nos ofrecen, aceptemos que otros nos guíen, contratemos a personas que son diferentes a nosotros, promovamos la interacción de grupos diversos, evitemos el pensar y actuar aristocrático, el exclusivismo «excluyente», ejercitemos nuestra alteridad, actuemos alocéntricamente, es decir orientemos nuestra acción hacia el beneficio del otro, aplanemos las estructuras de las organizaciones en las que participamos, confiemos en el potencial de los demás, escuchemos la voz de aquellos que consideramos como «inmaduros», dejemos que el pensamiento «joven» se difunda, animémosnos, cambiemos, seamos un poco más marginales, juguemos, exploremos, vitalizemos todo a nuestro alrededor …. No imagino otra forma de expandir el espacio de posibilidades de nuestro adyacente posible…

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20 comentarios en “Elogio de la «marginalidad organizacional» y el adyacente posible

  1. Andres, sencillamente me parecio excelente tu post, me provoco un aluvion de ideas, ademas de darme una mirada positiva y alentadora, la idea del adyacente posible me parece brillante. Muchas gracias por compartir tu vision con nosotros.

  2. mirta ponti

    Tal cual, lo que parece diferente no lo es aunque lo parezca, todo depende de qué parte del fractal estamos mirando y esa mirada esta ligada nuestros sistemas de creencias. Si son muy rígidos siempre vamos a ver una parte, la única que resulte aceptable dentro del paradigma en que nos encontremos espaciotemporalmente. Es todo un tema!!! Afortunadamente hay posibilidades de salirse pero en general a las personas nos cuesta enfrentarnos al laberinto.-

  3. Florencia

    Muy buen post. Personalmente no se si soy consciente del adyacente posible, pero reconozco que en la diversidad y la “marginalidad” encuentro aprendizajes muy valiosos de expansión de la conciencia.
    Me gustó y mucho.
    Saludos.

  4. Daniel Ruiz Sepúlveda

    Muy interesante artículo, desde luego cambiar paradigmas es un todo complejo y de largo plazo, una forma de abordar los límites es acercarnos a ellos y no negar que existen. Creo que como la “generacion de la transición” que somos cada vez es mas factible reconocer que la marginalidad tal vez sea una nueva forma de abordaje de todo tipo de problemas. saludos.

  5. Sin duda la marginalidad, la incoherencia, la irracionalidad, la locura, son y han sido siempre fuentes de creatividad, de ideas frescas y nuevas. No todos pueden vivir en ese estado de conciencia y ser felices, así que sería función de algunos. También hay que tener en cuenta que este universo en particular tiende al orden predominantemente, así que esas funciones desestructurantes o caóticas son las menos.
    Hay que darse cuenta también que la diversidad abierta es propia de los sistemas limítrofes, es decir lo que yo llamo “distribuidores”. América es el distribuidor de Gaia, aunque Gaia es por sí misma un gran “distribuidor cósmico”. Aún así, hay regiones de Gaia (la Tierra) donde no se admite tanta diversidad, por ejemplo los musulmanes, o ciertas tribus aborígenes, u -hoy por hoy- China comunista. Eso debe ser respetado, al menos cada quien sabe si va a trabajar desde la imparcialidad o va a abogar por la democracia, el liberalismo ideológico o lo que sea. Yo personalmente trabajo desde un sitio lo más imparcial posible, pero -nuevamente- eso lo decide cada quien.

    Nadie das (servidor de Nadie)
    http://kalkiavatara.blogspot.com = La Central del Sur Extendida

    • Pablo, me encataría dar una charla TED sobre los principios de organización de la complejidad. Cuando di la charla anterior la dediqué al tema de la desigualdad, aunque mostré algunas cuestiones vinculadas con los sistemas complejos y la generación de redes libres de escala que, como internet, dan lugar a estados de desigualdad, creí que era importante porque en América Latina el problema de la desigualdad es fundamental. Ojala exista la ocasión para hablar de complejidad!! tengo muchas ideas al respecto. Un gran abrazo

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