Jean Gebser: La estructura mental/racional de conciencia

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En este camino por analizar la evolución de las estructuras de conciencia, tal como las estudio y analizó Jean Gebser, ayer presenté la estructura mítica (véase aquí). Hoy me toca presentar la estructura mental/racional de conciencia. Supongo que se encontrarán familiarizados con esta estructura, sin embargo, bien vale realizar una descripción detallada de esta etapa del mapa desarrollado por Gebser.

Comúnmente lo racional es interpretado como entendimiento o comprensión; sin embargo, la etimología de la palabra racional proviene de la raíz ratio, que significa división, fragmentación en partes. Este estadío corresponde a la separación más profunda entre lo que se considera como realidad objetiva o externa y el vasto universo de la subjetividad. Como las demás, el surgimiento de esta estructura de conciencia no siguió un proceso mecánico o regular, sino que fue emergiendo y acomodándose de acuerdo a patrones no lineales y “puntuados” de evolución. La dinámica psico-social, la construcción de la memoria colectiva y la continua innovación tecnológica estimularon, y finalmente suscitaron, una nueva forma de entender la realidad.

Por ejemplo, durante la civilización griega, se puede decir que convivieron sin primacía la estructura mítica y racional. No tiene mayor sentido pretender que exista un estricto orden historicista a la evolución de todos los estadios. Las principales características de esta estructura son:

  • Tiene lugar la identificación absoluta entre el pensamiento y la identidad; el Cogito ergo sum (“Pienso, luego existo”) expresado por René Descartes. La experiencia es reemplazada por el concepto y la representación simbólica. El ego se erige como el centro auto-reflexivo de la vida interna de las personas. Esto se puede observar, in extremis, en el arte, donde proliferan los retratos y las biografías, y las habitaciones se inundan de espejos como recursos de auto-afirmación.
  • En esta estructura de conciencia, lo mental y espiritual, la naturaleza y el cuerpo humano, se piensan como ontologías separadas, consolidándose, más y más, la oposición entre el sujeto y el objeto. La separación entre el tiempo interno y el transcurrir del mundo exterior permite revelar una condición causal del mundo subjetivo.
  • Se confunde la capacidad de diferenciar con la de separar, quedando el universo fragmentado en dualidades que se perciben como partes aisladas, opuestas y antagónicas y, por eso, se crea un clima propicio para la lucha por el poder y la institucionalización de las jerarquías de dominación.
  • La objetividad cobra un nuevo sentido a medida que el ego identifica su ubicación en un punto separado y distanciado del resto del mundo. El aislamiento se percibe fractalmente en todas partes, los individuos están aislados y separados en familias, vecindarios, barrios, comunas, ciudades, naciones, etc.
  • Al instituirse la dualidad sujeto-objeto, la visión objetiva del mundo da lugar a una valoración antropocéntrica de la realidad que motiva el control de los objetos por sujetos distantes.
  • La mitología, como mecanismo de interpretación de la naturaleza, se torna deficiente y es reemplazada por el pensamiento monoteísta, los dogmas y los credos unitarios. El ego cristalizado tiene su reflejo divino en un dios decretado único, dominante, masculinizado y apartado en una lejanía hecha a medida.
  • Las deidades se figuran como masculinas, únicas, poderosas y eternas. El exilio y la masculinización de los múltiples dioses, característicos de la estructura mítica de conciencia, responden a una separación, aun más intensa, entre los seres humanos y la naturaleza circundante, pues se rechaza la aceptación de la diversidad y el cambio, como patrones de funcionamiento de la naturaleza.
  • Lo masculino resulta característico de esta estructura de conciencia. El patriarcado es la manifestación social dominante. La agresión, la dominación, la pelea, la conquista, las jerarquías y el comportamiento autoritario son los componentes ordenadores y aceptados de la interacción social. Lo femenino (su etimología proviene del latín femino: fe-menos) es denigrado o menospreciado.
  • Las inclinaciones espirituales se trasladan al “Dios” externo y dejan de ser manifestaciones de la vida interior de los individuos en comunión con la diversidad de fuerzas de la naturaleza.
  • Se condenan los comportamientos instintivos, al punto de ser vistos como malignos y de naturaleza no espiritual o contrarios a ésta . Esto queda claro en las persecuciones llevadas a cabo por la institucionalidad religiosa de numerosos cultos oficiales. El comportamiento sexual libre es también condenado. Los dogmatismos rígidos separan lo natural de lo moral.
  • La vista es el sentido dominante. La representación de la vista como el sentido vinculado a lo espiritual es característico de esta estructura de conciencia. La imaginería es visual. Lo mental es lo diurno y ver es conocer. La iluminación, la ilustración, la luz, lo luminoso son representaciones del conocimiento y el saber. Sin embargo, a diferencia del ideal auditivo que es la armonía, el ideal visual es la claridad y la precisión, por ende la diferenciación o discriminación de objetos separados.
  • Los esfuerzos por recuperar la unión con el universo de lo natural, el origen subyacente en la estructura arcaica de conciencia, se manifiestan en una verdadera pasión por penetrar en los secretos de la naturaleza. Aparece entonces la ciencia, que se transformará, más adelante, en el dogma dominante, buscando una explicación para todas las cosas, pero eludiendo toda implicación personal en el comportamiento del universo.
  • Se conceptualiza el tiempo y se lo “espacializa” como una “flecha” o una partitura lineal que va del pasado al futuro. Con esto se degradan sus sutiles matices. El tiempo presente, se diluye en esta traumática representación unidireccional. Luego, con el Renacimiento, el hombre se adueña del espacio: surge la perspectiva tridimensional en el arte y el dominio estructural en la arquitectura. Al incorporarse el espacio en el pensamiento, el mundo comienza a achicarse.
  • Se conciben las cosas y los fenómenos desde la propia perspectiva a expensas de la idea ajena. El ego totalmente cristalizado se extiende al imaginario social en forma de antropocentrismo.
  • El pensamiento conceptual al ser un estado psicológico estable, pero alienado y fragmentado, da lugar a la reducción de la autoestima de las personas, produciendo soledad, aislamiento, sufrimiento, alineación y sensación permanente de fracaso.
  • Se dictamina que la naturaleza es el reino de la causalidad y que, conocidas sus fuerzas, esta puede ser controlada, pero se es incapaz de verse en y con ella en un estado puro “original”.
  • Surge la abstracción como actividad mental. El conocimiento se sistematiza y el pensamiento se torna en el modo dominante de expresión, por encima de la intuición y la libre expresión de los sentimientos y emociones. Entre tantas otras formas de pensamiento, la filosofía aristotélica, escolástica, la ilustración, el positivismo y el método hipotético-deductivo son métodos y esquemas de pensamiento característicos de esta estructura de conciencia.
  • Puesto que las funciones corporales no están controladas por la mente conceptual, el cuerpo es considerado parte de la naturaleza. Como cuerpo y mente se piensan separados aparecen los apetitos exclusivamente basados en placeres sensuales (empirismo, hedonismo). Esta disfuncionalidad da lugar a la aparición de traumas psicosomáticos.
  • Se pierde la capacidad de “vivir” la experiencia de estar vivo, lo que los meditadores llaman satori, estado de samadhi, presencia o alertidad y que, según Gebser, es el contacto con el origen. Se comienza a vivir en el pasado transformado en traumas o en el futuro (representado por el impulso del deseo, pero no en el presente. Aparece así el psicoanálisis, como un paliativo que permite modelar el ego y hacerlo funcional a los imperativos de una sociedad que ahora esta contaminada por el pensamiento racional sobre-dimensionado.
  • El dominio de lo espiritual queda para los sacerdotes y predicadores y dominio material-corporal para los científicos capaces de controlar a voluntad y por fuera, las funciones corporales.
  • Se expanden las capacidades del subconsciente (la memoria colectiva se fortalece gracias a los numerosos medios de comunicación, que poco a poco se van inventando). Se estandarizan los esquemas conceptuales de pensamiento en idiosincracias. Se expande también el conciente, pero sus capacidades operativas están sesgadas más por la participación del pensamiento y la acción racional, que por los sentimientos y la intuición.
  • La física clásica Newtoniana se convierte en el pináculo del desarrollo intelectual racional del ser humano y se transforma en el formalismo matemático del sentido común, con sus cuatro principios básicos: el de una sola realidad asequible, la localidad de los fenómenos, la causalidad de los acontecimientos en el tiempo y la continuidad de los procesos en el espacio.

Organización Económica y Social que se corresponde con la estructura mental/racional de conciencia

La supremacía del yo sobre el nosotros (transformados en ellos), modifica las relaciones de pertenencia grupal y el manejo de las posesiones materiales. Se comienza a interpretar como éxito al trabajo, especialmente si tiene fines lucrativos. Es el triunfo de la propiedad privada, como fundamento de la estructura de las relaciones humanas. Hegel fue uno de los primeros en reconocer el poder de la propiedad, para actuar como apéndice del ser y creía que cada individuo expresa el sentido de su personalidad, en sí, de su ego, imprimiéndolo en sus posesiones. De esta forma el ego, lucha para darse a sí mismo una realidad y reclamar como suyo al mundo externo.

Luego de una enconada disputa, las élites religiosas se abocan a la tarea de regimentar y racionalizar los mitos, e idear medios para controlar los impulsos humanos instintivos mediante dogmas inquisidores y la imposición de prohibiciones, a la vez que los científicos se ocupan del mundo material con el objeto de controlar a la naturaleza y el cuerpo valiéndose de la tecnología incorporada y las tecnologías psico-sociales.

A partir del Renacimiento, se asumen dos posturas epistemológicas básicas que luego dominarán la filosofía y la ciencia del mundo moderno: el empirismo, que ve al conocimiento como el producto de la percepción sensorial y el racionalismo, que lo identifica con la reflexión dualista. Otras formas de gestar el saber, como la fe, la intuición, la compenetración espiritual de la meditación, la conciencia receptiva, las señales que manan del cuerpo, etc., son asociadas con anteriores etapas de desarrollo y consideradas como regresivas. Con el racionalismo y el empirismo se forja una miríada de “ismos” como el cientificismo, el colonialismo, el mecanicismo, el utilitarismo, el materialismo y el moralismo, etc.

Se domina la materia inorgánica al punto de dar lugar a la creación de la “máquina”, la exégesis de la racionalidad. Tiene lugar la supresión progresiva del trabajo agrícola multitudinario, la formación de sistemas centralizados para la prestación de servicios públicos y el proceso de urbanización en gran escala. Surgen las ideologías, la imagen de la linealidad del progreso con su apogeo en la formación de los mercados capitalistas desterritorializados por la ausencia de la verdadera conversación entre demandantes y oferentes.

Se inflexibilizan las relaciones interpersonales, especialmente para las mujeres. El modelo de dominación es androcrático. La organización de las estructuras sociales se polariza: yo-ellos, consumidores-empresas, privado-público, izquierda-derecha, conservadores-liberales, capitalistas-comunistas, y así siguiendo, en otros aspectos. Las relaciones se “endurecen” al sostenerse en códigos de honor, protocolos implícitos y sistemas legales explícitos. Las normas y burocracias establecen todos los pasos y procedimientos a seguir, esto produce la severa rutinización de las acciones, especialmente en el terreno laboral. Las fuerzas sociales son gobernadas por la actividad laboral diaria, la cual se transforma en un fin en sí mismo y es elevado a la condición de ser la actividad más importante de la vida. El trabajo se orienta más al tiempo que a la actividad concreta definida por metas y por ello, este se organiza en jornadas laborales estrictas y regulares de 16 o menos horas, hoy en 8.

Al consolidarse la importancia de la familia, el sexo sólo es aceptado en el marco del contrato matrimonial. La vida se organiza de tal manera, que exija la mínima dependencia directa de los demás y así, surge la sensación de que el futuro de cada uno no depende del vecino, sino del trabajo que cada cual desempeña, y ello, a su vez lleva a suponer que, como los demás no tienen ninguna trascendencia en la felicidad de cada uno, la felicidad de los otros no tiene ninguna importancia para uno.

En lugar de una sensación de comunidad, que es uno de los rasgos más tranquilizadores de las sociedades, tal vez menos evolucionadas y basadas en las estructuras de conciencia precedentes, encontramos un altísimo grado de egoísmo, competencia, soledad y alienación.

La sociedad moderna, es la más alta expresión de esta estructura de conciencia. Con la modernidad se disciplina el trabajo, se estimula el deseo de consumir más y más de lo que se produce y se cierra el ciclo mecánico de funcionamiento social. Surge, la sociedad de masas, basada en la racionalidad tecnocrática. El materialismo y el consumismo se incrementan, al límite de manifestarse como fobias, adicciones, trastornos alimentarios y psicológicos; es la imagen del consumo omnívoro, que se mueve por el impulso, hacia la búsqueda irrefrenable de la gratificación externa, al punto en que, las personas llegan a cosificarse y reconocerse en sus mercancías, encontrando el alma en sus automóviles, equipos de música, equipamiento hogareño y demás.

La vida se organiza como la materia, todos sus aspectos quedan acotados, controlados, delimitados, categorizados, protegidos, acumulados y ocultos a la mirada del prójimo. Se sustituye la virtud por la reputación.

Nada queda fuera de lugar, y en ese orden interno, la ilusión del yo se convierte en el punto de referencia de toda la vida interna, apareciendo el culto a la personalidad, tan explotado por el mensaje de la publicidad moderna.

A partir de la revolución industrial, surge una sociedad sustentada en la propiedad y la estandarización, cuya máxima expresión queda reflejada en la fábrica. La fábrica produce a su imagen y semejanza otras organizaciones y actividades: los organismos estatales, los organismos internacionales, los hospitales, las municipalidades, los colegios y en parte las universidades. Todas estas instituciones tienen algo en común, producen bienes y servicios estandarizados, en serie y con la intención de que lleguen a la mayor cantidad de personas.

La industrialización favorece la construcción del Estado, la urbanización, el desarrollo de los mercados y la formación de las élites corporativas. La industria se transforma en el marcapasos de la vida moderna racional.

La población y la economía, crecen más allá de las limitaciones naturales; la búsqueda del control para dominar la naturaleza produce desequilibrios ecológicos (desertificaciones, deforestaciones, lluvias ácidas, accidentes nucleares y otras formas de explotación y degradación medio-ambiental). Sobreviene una tensión entre las demandas sociales y la naturaleza. La sociedad empieza a depender cada vez más del dinero. El dinero y la proliferación de múltiples instrumentos financieros, que no son más que convenciones del pensamiento, comienzan a modificar la naturaleza material de las cosas.

La construcción del imaginario político, también dualista, se basa en el imperativo de la “lucha por el poder. En el discurso de la política, vencer y resolver se transforman en sinónimos, y todos los problemas son interpretados como obstáculos a ser eliminados. A menudo se habla de “luchar contra la pobreza”, “combatir la inflación”, “derrotar la corrupción”, “eliminar la evasión fiscal”, “combatir el desempleo”, “ganarle a la crisis”. Como una expresión de poderío, fortaleza y coraje, se utiliza un vocabulario en el que la palabra vencer, brota como la receta capaz de transformar todo aquello con lo que se está en desacuerdo. Hasta las relaciones amorosas, quedan transformadas en un deporte mecánico con ganadores y perdedores.

Referirse a muchos aspectos de la vida como una lucha, y a cada logro como si fuera consecuencia de una batalla victoriosa, es algo común bajo el imperio del paradigma de la racionalidad. Se configura una realidad dual, habitada de vencedores y vencidos, de opresores y oprimidos, de dominadores y dominados, adquiriendo legitimidad una cosmovisión que privilegia las jerarquías de dominación .

La teoría económica tradicional, basada en el enfoque neoclásico, describe, en forma caricaturesca, al hombre racional, al “homo economicus” que actúa en forma autocentrada, y cuya insaciable codicia, se manifiesta en el impulso por pagar el precio que sea por lo que quiere, sin contemplar ningún sentido de trascendencia para la vida.

La posmodernidad que, representando todavía una respuesta aún mental a la actual crisis cultural, resulta de la inconsistencia progresiva que generó la estructura racional al separarse del medio ambiente natural, social y cultural. Una característica de la posmodernidad es el relativismo total, es decir, el hecho de que todo significado dependa del contexto, lo que se denomina como contextualismo, una suerte de disolución por atomización. Así, la posmodernidad trata de la pérdida de sentidos, de la deconstrucción de la experiencia (y no, de su integración abierta) al abordaje multiperspectivista per se de la realidad, la parcilidad, la distorsión y la fragmentación nihilista, todas llevadas al límite a través del fin de los meta-relatos. El ser posmoderno, intenta precisar una representación de la verdad, a partir de la experiencia subjetiva que, según mi parecer, proviene del propio ego, al que se presenta, en parte, como aislado del medio ambiente circundante. El ser posmoderno subvierte toda jerarquía, no está mal, pero a su vez, destruye todo valor y extermina la cualidad y el significado. El postmodernismo pasó de la intuición de que toda perspectiva debía ser tenida en cuenta, a la creencia de que ninguna creencia es mejor que otra. Por ello, el movimiento posmoderno da lugar a visiones superficiales, escépticas, desaprensivas, incrédulas, recelosas y hasta desgarradas de la realidad. El sujeto posmoderno no esta alienado, como ocurre con el hombre moderno, ya que la alienación presupone la disolución o colapso de la persona esencial, en un único imaginario masificado, sin embargo continua altamente fragmentado, y por ello no integrado.

La semana que viene describiré la última estructura de conciencia considerada en el mapa desarrollado por Jean Gebser: La estructura integral de conciencia.

Fuente: La Red y el futuro de las organizaciones. Más conectados … ¿Más integrados?

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18 comentarios en “Jean Gebser: La estructura mental/racional de conciencia

  1. Leonardo Goyret

    Lo que he leído hasta ahora de tus resúmenes sobre las estructuras mentales según Gebser me parece muy interesante.
    Al principio me pareció que podía ser una especie de reciclaje mejorado y expandido de la teoría de los tres estadios de Comte (teológico-metafísico-positivo). Pero ahora me parece que se trata de un pensamiento más vasto y sutil, más en sintonía con un Edgar Morin o un Ken Wilber. Espero la última entrega sobre la “estructura integral” y espero que no me defraude. Todo indica que la cosa va bastante bien.
    Muchas gracias por este texto, que merece ser difundido.

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