“Comunicación responsiva”

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Por medio de este post, agradezco la invitación que me hiciera Silvia Albert para participar en el evento y publicación: Perspectivas wellcomm de la comunicación 2014. Se trata de la 5ta. edición de una iniciativa que procura atisbar la tendencias vinculadas al mundo de la comunicación a partir del ejercicio de identificar talento y reunirlo con el objetivo de destapar e identificar las claves que marcarán la evolución del sector de la comunicación, periodismo, social media y gestión de talento durante el año y proponer las bases de un nuevo debate. Aquí puedes ver el texto completo y todos los aportes de los participantes.

El leit motiv de este año es: Inspiración, innovación y Cambio y tiene la intención de provocar al sector, inspirarlo, removerlo, apuntando a ese cambio hacia el que debemos dirigirnos. Se ha armado una lista de twitter con todos los participantes de la edición.

Partiendo de una tendencia emergente y muy difundida hoy en el ámbito del diseño web denominada como “responsive design” o diseño “responsivo” o adaptativo, intenté extrapolar el concepto y llevarlo al ámbito de la comunicación. Es por eso que titulé a la presentación como “Comunicación Responsiva”. El diseño responsivo es una configuración diseño web que responde al tamaño del dispositivo desde el que se está visualizando la web, adaptando las dimensiones del contenido y mostrando los elementos de una forma ordenada y optimizada sea cual sea el soporte desde el cual el contenido se visualiza: una PC, un celular, una tableta o una TV de gran porte.

El concepto llevado al ámbito de las comunicaciones parte de la premisa de que cuando se analizan muchos problemas en la gestión de las empresas, tanto en lo que se refiere a la relación con los stakeholders externos (clientes, accionistas, gobierno, sociedad civil…), como a nivel interno (empleados, gerentes, proveedores…), es posible identificar tensiones derivadas de descuidos comunicacionales que dan lugar a notables fallas de coordinación. Estos problemas se derivan de una variadísima gama de fricciones estructurales, socio-culturales o tecnológicas. Una “comunicación responsiva” eficaz priorizaría el proceso de escucha activa sobre el mensaje comunicado para adaptarlo contextualmente a las características y necesidades del interlocutor. Sea mediante la utilización de canales de chat, la interacción en medios sociales, la difusión de comunicados de prensa, o la publicación de infografías o videos, la “comunicación responsiva” requeriría destilar los patrones de comunicación esenciales que se desean transmitir para adaptarlos coherentemente al tipo de discurso que mejor cuadra con el receptor considerando el tipo de audiencia y género, el país en el que reside, la cultura que lo abriga y las características del medio desde el cual se difundirá el mensaje.

Muchos de los conflictos actuales devienen de la incapacidad de asimilar una escucha asertiva. Hoy sabemos que la comprensión del otro es más efectiva que el intento por controlarlo. Pero para comprender hay que asumir un rol más facilitador que influenciador. Una buena “comunicación responsiva” supondría un delicado equilibrio entre cuándo comunicar y cuándo escuchar, lo cual sólo puede acontecer mediante la inclusión participativa del otro a partir de acciones más que de palabras.

Para articular la “comunicación responsiva”, sería necesario usar modelos e identificar mapas que nos permitan segmentar los diversos «sistemas de valores», «modelos mentales» o «visiones de mundo», cómo prefiero llamarlos yo: vMemes o Memes de valores. En Crearquia, nos basamos en el modelo de la Dinámica Espiral Integral (sDi) para realizar los diagnósticos culturales. Los vMemes o Memes de valores son configuraciones básicas o atractores estadisticamente representativos a través de los cuales una población, que no sólo es demográficamente diversa sino también está psicográficamente dispersa, absorben y establecen los sistemas interpretativos de la realidad circundante. Creemos pensar que nuestra forma de ver e interpretar la realidad es la misma que poseen los demás. Sin embargo, ello es un error que se puede pagar caro a la hora de comunicar.

Si la cultura puede ser pensada como el protocolo o estandar comunicacional de una sociedad, cada uno de nosotros opera con un sistema operativo particular que se adapta a este. Dicho sistema operativo particular permite ver, interpretar y actuar según sus posibilidades bio-psico-socio-culturales. Entender cómo funciona ese sistema operativo, que tipo de “versiones” existen, cómo interactuar con cada una de ellas es parte de la configuración de un mapa necesario de realizar a la hora de tomar decisiones estratégicas, intervenir y comunicar. Desde Crearquía trabajamos convencidos de que no sólo es posible realizar ese mapeo cultural a partir de analizar el perfil de valores de una audiencia, los indicadores de cambio de estado y descubrimiento, sino también diseñar intervenciones comunicacionales y activas a partir de un propósito definido y a medida de las necesidades y motivaciones de los sistemas de valores o vMemes emergentes. De esta forma, las fricciones culturales se atenúan a través de un mayor nivel de inclusión comunicacional y participativa. El debate recién empieza …

Ver el Documento: Innovación, Inspiración y Cambio. Perspectiva Wellcomm 2014

TEDxAvCataratas

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El fin de semana pasado tuve el enorme placer de participar junto a Erika, mi amada mulher, en el Evento TEDxAvCataratas que organizó Sebastian Sastre junto a un notable equipo de colaboradores. El evento se realizó en el sorprendente auditorio del Parque Nacional de Iguaçu, en Foz de Iguaçu, un increible lugar para un maravilloso evento.

La organización fue impecable. Notable fue el set-up de filmación que contaba con un dispositivo de travelling y una grua de filmación que hicieron de la experiencia una verdadera inmersión TED a pleno.

Durante el día previo al evento, tuvimos la oportunidad de visitar las Cataratas del Iguazú junto a la mayoría de los oradores. Las Cataratas, tan imponentes y bellas como uno podría imaginarlas.

Según nos contaban, en esta época el caudal de las aguas se duplica respecto de la media anual. En algunos tramos del sendero del parque, se podía sentir el estremecimiento producido por las aguas, la naturaleza expresándose con furia y libertad y su energía vibrando en cada uno de los visitantes, casi una antesala de las emociones que, como sucede con todo evento TEDx, se pretende generar.

Llegado el día del magno evento, durante la mañana pudimos pasar revista a algunas de las TEDTalks más emocionantes.

Sin saberlo Ken Robinson, Elizabeth Gilbert, Jill Bolte Taylor, Sugata Mitra, Derek Sivers, Vilayanur Ramachandran, Charles Limb fueron quienes nos envolvieron en la magia de TED. Llegó la oportunidad para que João Belmont nos introdujera en el mundo de la creatividad y desmitificar alguno de sus aspectos ya que todos tenemos el potencial de ser creativos, sólo se trata de alcanzar un estado intencional para que ello acontezca.

A través de la proyección de un video, pudimos tomar contacto con las ideas y proyectos de Waldo Vieira esbozando lo que es la Concienciología, su concepto de democracia pura y su proyecto habitacional cultural denominado Cognópolis o “Ciudad del conocimiento”.

Luego tuvimos la ocasión de ir al comedor del Parque Nacional de Iguaçu, contiguo a la famosa Garganta del Diablo, a metros de la frontera con Argentina y gozar de un excelente almuerzo en formato “rodizio”.

Llegó la tarde y se acercaba el momento de mi presentación.

La sesión llevaba el título de “Liderazgo e Innovación”. Se comenzó presentando un video de Itay Talgam mostrando cómo dirigen los grandes directores de orquesta. Luego llegó el momento de las presentaciones de Ricardo Jordão Magalhães sobre storytelling, marketing y emprendimiento, la de Juan Bernabó, un gran emprendedor argentino que vive en San Pablo, quien habló sobre innovación disruptiva continua. Luego llego el momento de mi presentación. Confieso que estaba bastante nervioso ya que debía realizar mi “palestra” en un portuñol “estilizado”.

La presentación procuró ser una suerte de elogio u homenaje a los “hackers“; a quienes considero son los actores sociales que hoy por hoy encarnan los valores, las complejidades y, por qué no, las contradicciones, del actual momento histórico que nos toca vivir, el cual caracterizó como un verdadero cambio epocal, cuyo único precedente histórico, tal vez sea el renacimiento que termina con la edad media.

Habiendo estudiado tantas metodologías para facilitar el emprendimiento y desarrollo de las start-ups, como son el design thinking, el Lean Start Up, el Business Model Canvas, los métodos de desarrollo ágil, la programación extrema, el scrum, la estrategia de búsqueda de los océanos azules, etc., mi intención fue concluir que todas esas (y otras metodologías) se han desarrollado bajo el “chapeau” de lo que yo denominé como “hacking thinking“, razón por la cual, me permito concluir que es el concepto de hacking y la forma en que los “hacker” desarrollan su actividad, el verdadero modelo mental o visión de mundo que hoy marca la pauta de todas las transformaciones y disrupciones que estamos atestiguando. Actualizaré este post e incluiré el video de mi presentación cuando este se encuentre disponible.

Luego de un coffee break que me encontró más relajado, vino la sesión más emotiva de todas. Superación, actitud e inspiración fueron el leit motiv. Fue el momento de las presentaciones de Eduardo Marinho, quien contó su historia personal que lo llevó de ser un privilegiado miembro de una familia bien acomodada de Brasil a descreer del sistema, tan productor de infelicidad y miedo, y convertirse en un verdadero “filósofo de la calle” morador de favelas, lo que lo llevó a conectarse con la pobreza, con el arte, la energía de la calle, con la vida…

Finalmente, tuvimos la oportunidad de conocer una historia de vida conmovedora de un padre y un hijo. Se trata de Adolfo Celso Guidi y Vitor Giovani Thomaz Guidi. Vitor, a partir de los 4 años, comenzó a tener manifestaciones de una extraña enfermedad. Ningún médico en Brasil logró hacer el diagnóstico. Dejando todo, partieron para Buenos Aires donde le diagnosticaron Gangliosidosis una enfermedad degenerativa que muy rápidamente lo dejó postrado. Dado que se suponía no había cura para tal dolencia y que inevitablemente Vitor no viviría más de 2 ó 3 años, Adolfo, con tezón, comenzó a estudiar la enfermedad y encontró la manera de evitar el deceso de su hijo. No obstante, producto del proceso y de la total dedicación de Adolfo a su hijo, estuvieron a punto de perderlo todo. Hoy en día, Adolfo, no sólo cuida de su hijo, sino que ayuda otros dos niños que tienen la misma enfermedad que Vitor.

Como suele suceder con TED: uno se sorprende, se emociona y vibra. Las ideas e imágenes se suceden y convierten en un elemento aglutinante de una tribu que, tal vez sin saberlo y secretamente, ya está formada y actuando. Se trata de tanta gente que, apasionada por las ideas, ya somos conscientes de que vivimos un momento histórico que, no sin amenazas y riesgos, tanto está por construirse. Se trata de encontrar una nueva manera de organizarnos para construir la felicidad, de un nuevo humanismo. Esa es la propuesta que intuyo nos platea TEDx. Sea utilizando el enorme potencial que las tecnologías, sea potenciando la conectividad entre las personas y aprovechando ambos para realizar y hacer, como un modo de plenificar la propia vida.

A Sebastian Sastre, Wagner Dantas, Detrudes Dias, Luis Poletti y el resto del equipo, a los patrocinadores y todos quienes contribuyeron a que TEDxAvCataratas sea posible, no me queda más que agradecerles.

Las avalanchas de la Transmodernidad

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Artículo publicado recientemente en la Revista Crítica: Las avalanchas de la transmodernidad, Autores: Andrés Schuschny, ISSN 1131-6497, Nº. 985, 2013 (Ejemplar dedicado a: Redes sociales ¿necesidad o adicción?), págs. 57-60

Supongamos que tenemos un balde lleno de arena seca y lo damos vuelta de manera súbita en una mesa. Nada extraño parece ocurrir; simplemente vemos como resultado que se formó una pila de arena. Consideremos ahora que, muy sutil y suavemente, vamos lanzando desde arriba de a un granito de arena por vez. ¿Qué ocurriría? Eventualmente, se sucederán pequeñas avalanchas o deslizamientos de arena. La adición sucesiva de granitos de arena provoca un aumento de la tensión que termina causando avalanchas que se propagan a lo largo y ancho de la pila y cuyo tamaño puede variar de lo ínfimo a lo dramático. La pila alcanza un estado estacionario, donde la cantidad de arena añadida esta balanceada por la cantidad de granos de arena que se salen de la pila. En este “estado estacionario”, existen avalanchas de todos los tamaños. Si registráramos el historial del tamaño de las diferentes avalanchas que se producen cuando vamos añadiendo granitos de arena a la pila, ciertamente veríamos que, dadas las características de este sistema complejo, no existirá un tamaño típico o medio en las avalanchas. pila de arenaCiertamente, la mayoría de las avalanchas serán de pequeña magnitud, pero veremos también que se suceden (algo más esporádicamente) avalanchas de tamaños intermedios y, de vez en cuando, avalanchas cuya magnitud son comparables al tamaño de toda la pila de arena. La distribución del tamaño de las avalanchas no tiene ninguna semejanza con la famosa campana de Gauss, aquella que nos permitía definir el valor promedio y el tamaño del fenómeno parametrizado por la varianza de la distribución. En efecto, sistemas como la pila de arena poseen una varianza que resulta infinita.

Así como la pila de arena, existen numerosos fenómenos que no poseen un tamaño característico a partir del cual se nos facilite su parametrización y, por lo tanto, se posibilite su control (estandarizado o gaussiano) tal como si se tratara de un mecanismo maquínico. La universalidad de ciertos comportamientos se reafirma en diversos y distintos sistemas donde la contingencia, la rareza, la multiplicidad de eventos y los saltos de escala son la pauta de organización de estos sistemas. Sea que se trate de la volatilidad de los mercados financieros, las intensidades de las guerras, las visitas a las páginas web, las citaciones en publicaciones científicas, el tamaño de las empresas, la distribución de la riqueza, el tamaño poblacional de las ciudades y pueblos y la magnitud de las convocatorias a las más diversas movilizaciones ciudadanas; todos estos ejemplos comparten mucho de lo que se describe con la simple analogía de la pila de arena. Cada uno de estos sistemas es un todo consistente de un inmenso número de componentes en mutua interacción. Se trata de sistemas complejos que se auto-organizan en lo que se denomina como un “estado crítico”, altamente interactivo y relacional donde una perturbación menor puede conducir al acontecimiento de eventos, o avalanchas, de todos los tamaños posibles. En física de los sistemas complejos el fenómeno lleva el nombre de: Criticalidad Autoorganizada. Se trata de una de las explicaciones más elegantes que hay acerca del porqué la evolución de muchos sistemas complejos da lugar a distribuciones denominadas “power law” o leyes de potencias cuyas colas son anchas, es decir cuyos valores extremos son mucho más probables que bajo condiciones gaussianas, dado son distribuciones estadísticas que teóricamente poseen una varianza infinita, lo que hace que los fenómenos que se basan en estas distribuciones no poseen un tamaño típico o característico.

Vale pues de comprender sutilmente este tipo de procesos y de detenerse a reflexionar sobre sus posibles implicancias. Ciertamente, la utilización de la pila de arena no es más que una metáfora explicativa, un modelo de juguete que, como enunciamos, puede abarcar una gran variedad de fenómenos atribuibles a otros numerosos contextos. Está claro que ya no nos resulta sorprendente afirmar que vivimos un período histórico trascendente signado por colosales cambios, disrupciones y rupturas, discontinuidades y crisis. A distintas velocidades y con distinta magnitud, es posible afirmar que en todas las sociedades, el cambio siempre se vio encaminado por el impulso de tres elementos básicos: (i) la tecnología, (ii) las instituciones y (iii) los sistemas de valores. Sin embargo, vale destacar que, si bien los sistemas sociales, políticos y económicos evolucionan de modo incremental, hoy somos plenamente conscientes de que la tecnología revoluciona de manera exponencial. Destaquemos, que lo determinante de una innovación hoy, no es ya la creatividad que deriva en una tecnología, sino la capacidad de sus creadores de convencer a la sociedad de la necesidad de su uso y, al adoptarlos por una creciente mayoría, de persuadir al resto de la necesidad de transformar aquello que esa tecnología provoca transfigurar. Indudablemente, los cambios tecnológicos afectan inicialmente, como resultaría obvio, a aquellos vinculados con esa tecnología; sin embargo, más allá de cierto umbral, la disrupción de los cambios acontece en otros ámbitos de la sociedad.

El gran dilema se presenta cuando nos damos cuenta de que hemos desarrollado visiones de mundo o modelos mentales que ya no responden al imperativo de esta transformación emergente que testimoniamos. Durante todo el período de la modernidad en que se desarrolló el paradigma tecno-industrial se constituyó una mirada del mundo que nos alienó ante la omnipotente presencia de la máquina y lo masificado. Construimos una sociedad (gaussiana) de masas que nos deshumanizó y nos arrastró al sufrimiento del existencialismo, al psicoanálisis y la asidia: la versión unidimensional del ser humano producido a escala. El mundo se entregó al invariable orden disciplinario de la normalización y condenó aquello que era señalado como “anormal”. Todo era sujeto a medición ocupando una ubicación desprivilegiada en un universo gaussiano de campanas cuantificadas por valores medios y varianzas. Así se constituyeron los Estados-Nación organizados alrededor de valores generalizados como los que circundan los conceptos de patria, familia y tradición, los mercados masivos o la colectivización generalizada, la producción seriada y masificada, la escolarización supervisada al servicio del disciplinamiento generalizado, la cultura de masas promovida por las mediaciones verticales gestionadas por los diarios, la radio o la televisión, el sentido común, la opinión pública, etc.

Llegaron luego los años ’60 con todo su emerger libertario motivando la inauguración del movimiento posmoderno, signado por el relativismo cultural, el da lo mismo, la fragmentación, el aislamiento y el desorden del ruido. Decretándose el “fin de los metarrelatos”, el movimiento posmoderno se desarrolló olvidando o descartando la complejidad de las redes, suprimiendo el potencial de auto-organización de la sociedad y su complejidad inherente.

Hoy, nos toca peregrinar la transmodernidad: un mundo que ya no puede apelar a la dicotomización entre lo “normal” y lo “patológico”; un mundo de “pilas de arena” y “cisnes negros”, de sorpresas y shocks, un mundo conectado global y localmente en forma simultánea, y signado por la multimedialidad, la hipertextualidad y la interactividad multicultural; un mundo en el que puede que, por ciertos períodos de tiempo, como ínfimas e irrelevantes avalanchas de la pila, no sucedan acontecimientos importantes o significativos pero que, de vez en cuando y fruto de la acumulación de tensiones y expectativas, emerjan colosalmente grandes disrupciones que alteran el “no-orden” de lo establecido: sean estas signadas por la súbita aparición de innovaciones disruptivas y tecnologías emergentes originadas por un grupo de emprendedores, “hackers de garaje”, sean por la viralización de rumores que desatan crisis financieras, ataques especulativos o corridas bancarias, sean por la irrupción casi espontánea de una tribu urbana, una subcultura marginal que de repente y porque sí, se erige súbitamente en fundadora de un nuevo paradigma “cool”, sean por la auto-convocatoria de movimientos o movilizaciones sociales, tal como sucedió con la primavera del norte de África o el movimiento 15M. Se trata de un mundo estimulado por el bombardeo de una variedad capaz de liberar, si las condiciones de tensión social lo favorecen, las fuerzas de lo emergente, sin control alguno y más allá de toda escala, evadiendo cualquier tentativa de normalización o definición de tamaño característico. Se trata de un mundo que inusitadamente se activa en el nivel macro por una innumerable cantidad de micro-fenómenos (como sucede con los granitos de arena) y que cuando el sistema yace tensionado puede engendrar macrofenómenos de naturaleza catastrófica, revolucionaria y transformadora.

Fruto de nuestro pasado “normalizador”, persiste aun el mito de que cada micro-cambio individual, que colectivamente conforma esta avalancha de cambios sin precedentes, se puede analizar, tratar y predecir. Como sucede con la pila de arena, cada micro-cambio, es tanto interactivo como acumulativo. Esos cambios no son lugares de llegada, sino parte de un sendero, en el que a cada paso todo se modifica. El cambio transcurre en múltiples niveles, cambia el juego que nos toca jugar, cambia nuestra forma de percibir el juego, cambian las reglas del juego, cambia la manera en que cambian las reglas del juego y, más profundo aún, cambiamos nosotros mismos. En un principio, el cambio puede ser visible y ocurrir tan sólo en lo exterior. Luego aparecen y se engendran nuevos tipos de instituciones, nuevos sectores económicos, nuevos actores sociales, nuevos modos de interacción social. Indefectiblemente el cambio nos alcanza a nosotros. El sendero de la evolución es irreversible y no retorna hacia atrás.

Este mundo transmoderno cala en lo profundo y nos sumerge en la ansiedad de un incesante flujo de aprendizaje sin límites, exponencial y desordenado. Si esta idea es la idea del mundo real, donde se sucede lo dinámico y complejo, debemos entonces aceptar el cambio y la fluctuación como inevitables y signarnos por el devenir de un tiempo orgánico, multidimensional e interdependiente; la historia acontece en incesante y fluctuante actualidad donde pequeños actos o eventos localizados, pueden prefigurar la transformación de toda la sociedad en la que estos acontecen. Una pequeña movilización en un barrio frente a un reclamo de carácter local, un post de un blog, un comentario en twitter o un video en youtube tienen (en potencia), en un contexto de estrés, la capacidad de desencadenar una secuencia inesperada de eventos.

El real impacto de estos eventos puede ser cuestionado pues no alcanza con la simple viralización de contenidos. Porque, si de transformación e innovación social se trata, llegó la hora de que brote un renovado concepto de ciudadanía y, para que ello suceda, es necesario que la sociedad encuentre la debida inspiración y guía. Toda transformación epocal se ha visto signada por un actor social que la legitima y encarna. Si el pasado de la modernidad, del paradigma tecno-industrial estuvo representado por la figura del empresario, la transmodernidad que hoy vivimos, está siendo encarnada por el referente social que, poco a poco, ya ocupa espacios de preeminencia en la elite. Me refiero al programador informático, al emprendedor tecnológico, al hacker. Los hackers, en su disfrute y pasión por superar retos y buscar alterar las limitaciones llevando al extremo la creatividad, nos muestran el camino para liberar el potencial de la sociedad. Los hackers, alejados de toda posible estandarización, en tanto personajes fuera de toda norma, con su inspiración, nos incitan a alterar el orden de la época, nos muestran que, como los granitos de arena que caen sin cesar, es a través de la experimentación, la recurrencia de la prueba y el error, de la exploración y el prototipado, el sendero merced al cual se llegará a la necesaria transformación cultural.

Revolución tecnológica, revolución informática, era digital, cultura hacker, sociedad de la información, sociedad-red; todas estas nociones se han instalado con gran rapidez y sugestiva facilidad, en los más diversos discursos y ámbitos de la sociedad. Aunque muchos no sepan con exactitud a qué se refieren estas nociones, cuáles son sus alcances, sus diferencias y más aún, la incidencia que están teniendo, han logrado concentrar el enorme poder simbólico de representar este gran cambio epocal que he expresado, la aparición de una nueva etapa en la civilización y en las posibilidades de la especie humana. Se suele afirmar que estamos emprendiendo una profunda e inédita transformación, en todos los niveles de lo que entendemos por realidad, en la que los avances tecnológicos ocupan el lugar central por ser la palanca de nuestra evolución como especie inteligente. Se trata pues de hackear la realidad, de hackear el sufrimiento, de transubstanciar las energías hoy, anodinamente aquietadas, del enorme potencial de lo humano con miras a cocrear el futuro venidero.

Fuente: Artículo publicado recientemente en la Revista Crítica: Las avalanchas de la transmodernidad, Autores: Andrés Schuschny, ISSN 1131-6497, Nº. 985, 2013 (Ejemplar dedicado a: Redes sociales ¿necesidad o adicción?), págs. 57-60

Reflexiones sobre el (no)presente y futuro del gobernar

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Aprovechando una visita que realicé a mi querida Buenos Aires, hace unas semanas mi amigo Luis Babino, Presidente de la Fundación CiGob (Fundación Desarrollo de Ciencias y Métodos de Gobierno) me invitó a esbozar algunas ideas acerca del entrecruzamiento entre la innovación, el diseño y la gestión de gobierno.

Partiendo de mi perspectiva lindera con lo “hacker”, confieso que no me resultó nada fácil reflexionar sobre la materia intentando trascender la mera crítica al estado actual de la “cosa pública”. Es tan grande la brecha que (en lo personal) observo entre el mundo de la innovación y la tecnología, hoy catalizada por esos “espíritus salvajes” que moran en el mundo emprendedor y el mundo de la política tradicional.

En primera aproximación, percibo a lo público, a la gestión de las organizaciones del sector público, como una maquinaria monolítica, como un pesado mecanismo ralentizado por prácticas burocráticas centralizadas heredadas del pasado jalonado por el milagro de Gutenberg y, cuyos marginales espacios de acción o movimiento han sido secuestrados por esa clase social tan necesaria como verazmente criticada, la de los políticos de turno.

Claramente, la labor de movilizar la innovación y de promover la mutación que este cambio epocal obliga, en el marco del sector público es una tarea colosal. Colosal por la aparente carencia de efectividad y de agilidad de muchas instituciones públicas, colosal por la falta de compromiso con el cambio de esa clase política que, aprovechando las ineficiencias del sistema, supo acomodarse y que hace que muchas instituciones públicas se tornen incapaces de experimentar, innovar y aprovechar al máximo los beneficios de las tecnologías hoy ubicuas y penetrantes; colosal por la ausencia, en muchos casos, de transparencia y accountability (rendición de cuentas); colosal pues se trata de instituciones que suelen transitar el mundo de los déficit crónicos, cuyos limitados recursos, a duras penas suelen alcanzar para financiar presupuestos regulares conformados casi totalmente por salarios.

No fue fácil interrelacionar la mirada que poseo acerca de la gestión ágil que se supone se plantea en el mundo de la innovación en la frontera con el funcionamiento del sector público, particularmente en el contexto de una región como la latinoamericana, tan demandante de transformaciones culturales y de necesaria evolución de su clase dirigente. Con todo, los vídeos que pongo a continuación (los de mi presentación) son un intento, en clave mayéutica / interrogativa, que procura ir en esa dirección. Sepan entender el salpicado de ideas y, tal vez, mi propia inconsistencia al expresarlas, aunque creo que algo de lo que expreso posee la coherencia necesaria para ulteriores elucidaciones. Ojalá les agrade la presentación y les despierta alguna que otra intuición. Todo comentario, como siempre, será tremendamente bienvenido:

Fuente: Sitio de la Fundación CiGob

Yo y la “moralidad líquida” emprendedora: “Faltan vínculos más firmes y duraderos”

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La semana pasada Clarisa Herrera del blog Pulso Social me realizó un reportaje en relación a mi anterior post: La Moral Líquida. Por lo que conversaba con ella, pareciera que el tipo de dinámica perversa que comento en dicho texto resulta estar presente en el mundo del emprendimiento con más frecuencia de la que debiera estar. Es por eso que ella se tomó el trabajo de conversar por skype un rato conmigo y resumir lo que modestamente intenté expresar en dicho reportaje. Con su autorización, transcribo a continuación el contenido de lo que se publicó en el post de Pulso Social, cuyo título es:

Andrés Schuschny y la “moralidad líquida” emprendedora: “Faltan vínculos más firmes y duraderos”

Este es otro de los artículos donde vuelvo a la primera persona porque la experiencia, me toca muy de cerca.
Desde un medio como PulsoSocial, que está inmerso y forma parte de la cultura emprendedora de la región, nos acercamos diariamente a emprendimientos que desaparecen de un día para otro sin dejar rastro, a inversores y aceleradoras que prometen desde la palabra más no desde los hechos, a “mentores” que coleccionan conferencias y presentaciones y hasta organizan cursos y capacitaciones, sin sustento real, sin credenciales válidas, sin resultados concretos.

Todos estos personajes “pululan”: se les da lugar, forman sinergias, se cuelan en las redes de networking, entusiasman a jóvenes emprendedores y engañan hasta referentes e importantes figuras de la industria, todo ello en el marco de la mayor impunidad.

Encontrar el resonante y catártico post de Andrés SchuschnyLa moral líquida” (un referente en el mundo de las ideas y el emprendedorismo en Argentina y Chile; parte de su CV lo describe como Licenciado en Física / PhD. en Economía, profesor, blogger, conferencista y con presencia en la ONU, hace pensar que se ha encontrado con “algo” de lo anteriormente mencionado y su perspectiva de lo “líquido” para abordar el fenómeno, es ciertamente interesante.

Brevemente, el sociólogo polaco Zygmunt Bauman define “lo líquido” como la retórica propia de la “Modernidad líquida” que nada tiene que ver con lo moderno en el sentido de la post-revolución industrial: la Modernidad Líquida se define por un contexto de época donde lo frágil es la norma. Existe un gran escepticismo respecto de las instituciones clásicas y sus grandes discursos normativos (Iglesia, Estado, partidos políticos, escuela, etc) que da lugar a un individuo que recae en sí mismo como tabla de salvación, atemorizado por construir relaciones y vínculos duraderos que en cambio pasan a ser fragmentados, transitorios, precarios, inestables, al servicio “del mejor postor del momento” con las nocivas consecuencias que eso pueda tener.

Schuschny traslada el concepto al ecosistema emprendedor tras comentar la desilusión e impotencia que genera trazar lazos que implican al menos tiempo (y quién sabe qué más) con gente que parece desbordar de virtudes y propuestas entusiastas y que eventualmente muestran lo superficial, oportunista y “líquido” de sus propuestas:

Clarisa Herrera: Todo quien conoce esta comunidad ve esta situación: cantidad de oferta y emprendedor entusiasta y poca demanda y éxito ¿qué consecuencias trae?

Andrés Schuschny: Hay un universo de oportunidades increíble pero escasez de foco a la hora de rentabilidad. La zona gris es que muchos desarrollan actividades sin todavía tener un sustento real de lo que hacen, sin pisar firme. La sociedad no tiene la capacidad de absorber tanto emprendimiento y los fondos apuestan a varios sabiendo que sólo uno o dos tendrán éxito. Hay mucho riesgo e inseguridad. Los jóvenes son entusiastas por naturaleza y a veces están en esta zona gris que es habitada por un montón de gente “con las antenas paradas” esperando a ver qué se puede hacer.

CH: ¿Qué relación hay entre emprender, lo “líquido” y el éxito?

AS Hay tantas posibilidades de generar oferta a medida de la necesidad del momento que eso genera vínculos líquidos o débiles: “estoy en contacto con esta persona por si tal cosa pero no le doy toda la atención o esfuerzo” y así con un montón de gente. Habría que generar emprendimientos más gelatinosos que líquidos, que haya un vínculo un poco más poderoso entre la gente que interactúa. Cuanto más se estrechan los vínculos, más posibilidad de generar algo real hay.

CH: ¿Hay algún factor contextual que impulse esta “liquidez” a nivel local?

AS: Los fracasos en LatAm aún no se capitalizan, sólo los éxitos, la cultura del fracaso en US se valora mucho, por eso en la región es más feroz y hostil fracasar. Es un ecosistema adverso donde también hay mucho de pertenecer, de comunidad aspiracional, una cierta codicia de estar ahí. Se explotan múltiples posibilidades al mismo tiempo porque se quiere tener éxito a toda costa, se tiene miedo al fracaso, no está permitido.

CH: ¿Te parece que hay alguna forma de normar estos vínculos líquidos? ¿Cómo evitar desilusionarse o ser engañado?

AS: Así como se normaron los derechos de propiedad con los Creative Commons y hay distintos tipos de licencia, hay que buscar una forma de normar, esto en el sentido de buscar distintos tipos de asociación, aunque sea en términos de lenguaje: declaraciones, distinciones, proclamas, promesas de acción, qué tiempo se le dedicará y qué se espera en tanto tiempo, una especie de template de cómo hacer acuerdos líquidos. Debe quedar claro que “si sale algo, te corresponde tal cosa”, un acuerdo relativamente explícito. Hay mucho de “hagamos esto, hagamos lo otro” pero cuando llega la hora de la verdad, de repartir porcentajes, de distribuir dinero vienen los problemas, de eso no se habla. Hay muchos nodos de oportunidad que se van abriendo y quedan ahí, sin concretar.

CH: ¿Qué tiene para aportar el mundo de lo colaborativo, lo asociativo en contraposición al mundo empresarial, del éxito y la productividad?

AS: Hay un mundo más del éxito, del triunfo y hay un mundo más verde, más open source, colaborativo, como que lo procomún es la solución a muchos problemas. Este último es muy lindo en la teoría pero a veces no obtiene los resultados que se buscan, es más teórico. El más yuppie o ligado al éxito es más efectivo y productivo, que busca el resultado. El otro mundo puede aparecer a veces como “charlatán”, como utópico. Yo justamente lo que siento es que hay que formar una síntesis que tome la efectividad del mundo del éxito y los valores del otro, del más colectivo. Esta síntesis no está, el contexto es bastante desfavorable y creo que son los grandes emprendedores, los exitosos, los que tienen que ser el faro que ilumine para que lado va la cosa.

Fuente: Andrés Schuschny y la “moralidad líquida” emprendedora: “Faltan vínculos más firmes y duraderos”

Clarisa Herrera
Clarisa Herrera
Licenciada en Comunicación Social. Periodista especializada en marketing, tecnología y analista de medios. Docente de Periodismo y Comunicación. Investigadora de tendencias, hábitos y comportamientos sociales aplicados a negocios. Bailo Jazz. En Twitter: @theguapa
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La moral líquida

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“Abandonen toda esperanza de unidad, tanto futura como pasada, ustedes, los que ingresan al mundo de la modernidad fluida”
Zygmund Bauman

“El advenimiento de la instantaneidad lleva a la cultura y a la ética humanas a un territorio inexplorado, donde la mayoría de los hábitos aprendidos para enfrentar la vida han perdido toda utilidad y sentido.”
Zygmunt Bauman

Mundo líquido

Zygmunt BaumanZygmunt Bauman es un renombrado sociólogo de origen polaco cuya obra ha impactado significativamente en quienes tenemos cierto interés por comprender el devenir de la cultura contemporánea. Se trata de una de las personalidades clave del pensamiento social actual. Su obra abarca desde las cuestiones sociales hasta la cultura y la política. Sus textos se centran en la realidad del mundo contemporáneo: la violencia e indiferencia, el consumismo, la galopante globalización, la política, las relaciones, el individualismo, etc. Son conocidos sus “textos líquidos” como “Amor líquido“, “Vida líquida“, “Tiempos líquidos” y “Modernidad líquida“. No soy un estudioso exhaustivo de la obra de Bauman, sin embargo, queda claro que su pretención es realizar un viraje epistemológico al forjar el potente concepto de la “Modernidad líquida” para sustituir la confusión que trae aparejada la “posmodernidad” como concepto.

Al adjetivar desde la liquidez, lo que Bauman pretende es poner al descubierto la fragilidad y fragmentación que caracterizan a esta época, en la que nos sentimos atemorizados por establecer relaciones duraderas y se pone de manifiesto una exacerbada fragilidad en los lazos solidarios, los cuales siempre terminan dependiendo de los beneficios potenciales que estos pudieran generar.

Para Bauman es importante diferenciar la modernidad “sólida” y “pesada”, la del industrialismo, más preocupada por el orden y la eficiencia productiva, la modernidad del capitalismo desarrollista, la modernidad racional, de los Estados-Nación, la modernidad de Weber, la de los meta-relatos inamovibles, de la fe en el progreso y la fábrica fordista, la modernidad de producción masiva y la división del trabajo; de su “modernidad líquida”, esa que testimonia la demolición de las estructuras que atenúan el fluir de los nuevos poderes globales, la modernidad de la desaparición de las trabas y la desregulación, de la privatización del fenómeno social y su erosión, cuyo núcleo yace en el poder económico, invisible, etéreo, financiero, multinacional. Se trata de una modernidad en la cual el individuo se abruma en el proceso de construir su propia identidad a riesgo de sucumbir al universo de posibilidades que tiene frente a sí. Una modernidad, líquida, en la que el trabajo se vuelve precario, inestable e inevitablemente transitorio, una modernidad al servicio del consumismo hedonista, quimera de los oportunistas de turno; una modernidad en la que los vínculos más íntimos se vuelven líquidos, transaccionales, inestables y efímeros.

Según Bauman, el amor al prójimo, fundamento de la vida civilizada y de la moral, se ha distorsionado hasta tal punto que le tememos a los extraños y desconfiamos de los cercanos, y, como consecuencia de la omnipresencia de la sociedad de consumo, las relaciones se terminan midiendo en términos de costo / beneficio. En lo personal estoy convencido de que estamos comenzando a transitar una opción superadora a este pesimismo manifestado por Bauman, que podríamos considerar basada en la perspectiva integral de un meme valórico emergente. Es en tal sentido que me gusta hablar de un pasaje hacia lo que algunos solemos llamar como “Transmodernidad“, pero eso es tema para tratar en otra ocasión. Con todo, y evidencias no me faltan, la descarnada mirada considerada por Bauman suele estar penetrantemente latente en las relaciones que solemos tener. Y es que los procesos de transformación cultural, pensados en un sentido virtuoso, pueden llevar años, sino décadas, en consolidarse y, finalmente, terminar cristalizados en alguna forma de progreso social.

Emprendimientos líquidos

“La actitud incompetentemente colaborativa … conduce a la impotencia rentada.”
Nicolas Novoa

Es en esta instancia bisagra desde la cual me gustaría realizar una reflexión. Como muchos de uds. sabrán, fruto de este blog, del libro que publiqué hace unos años y de las numerosas presentaciones y talleres que realizo por diversos países, es que he tomado contacto con una extensa red de personas, muchas de ellas vinculadas al mundo del coaching, de la facilitación y capacitación en innovación y, si vale la descripción, del universo de quienes sienten el “llamado” de ser “agentes de cambio”. He conocido gente maravillosa, gente vibrante que posee una energía encomiable, pero, no menos notable que esto, también he testimoniado experiencias que lindan con lo decepcionante. Este mundillo al que me refiero está colmado de bienintencionados. Como digo, he conocido gente maravillosa, gente comprometida, en serio, gente con tremendas capacidades, con inteligencias tan variadas y poderosas que contagian. Pienso en amigos como Nicolas Novoa, Gerry Garbulsky, Sandra Gallego Sappag, David Criado, Francisco “Paco” Traver, Ariel Golvarg, en los chicos de la Plataforma Áurea (Pablo, claudia, Omar y Aldo), en Luis y Juan Ignacio Babino de CIGOB, en Cesar Calderon, Isa Garnica Leiva, Maximiliano Galin, Norbi Sim, Etienne Marcus, Antonio Grandio, Rosa Ana Peris Pichastor, Marini Acuña, Mónica Ibañez, Ernesto Yattah, Lupe Rolón, Martín Muñoz, Rodrigo Ayala, Roberto Balaguer, Virginia Rodés, María Gabriela Collado, David Matesanz, Pablo Villoch, Ricardo Garcia Huidobro y tantísimos otros…

Pero también, he tenido la lamentable experiencia de conocer +gente que en apariencia desborda de todas esas virtudes, pero cuando uno profundiza en la relación, se da cuenta de lo superficial, oportunista y “líquido” de sus propuestas. Y es que desde hace ya algún tiempo que se han puesto de moda emprendimientos de carácter colaborativo, “emprendimientos líquidos” que, a partir de la red, intentan aglutinar a expertos, influencers y profesionales para que, con sus saberes, aporten ideas, visiones y desarrollos con la finalidad de que, quienes convocan alcancen la visibilidad, que por sí no pueden lograr y así, por ósmosis mediática se les facilite el desarrollo de la propia marca personal.

Desde cierta perspectiva, esto es positivo: juntar gente para realizar proyectos extraordinarios no está nada mal. El problema es que no siempre quedan claras las pautas y reglas a partir de las cuales se produce tal interacción. Por lo general, la idea suele partir de alguien que piensa en un grupo de colaboradores en función de lo que puedan aportarle. So pretexto del cambio de época, se invita a colaborar de manera sinérgica y altruista, aunque quienes terminan cayendo en esas lógicas, al colaborar, aportan su reconocimiento ante sus comunidades, ideas con valor y contactos propios, movimiento y circulación en la red. No está nada mal…

El problema radica en que muchas veces quienes convocan y pretenden encabezar dichas “cruzadas” terminan siendo meros charlatanes de pizzería, entusiastas vendedores de autos usados, sino de humo, cuya intención (consciente o no) es aprovecharse del trabajo altruista de los demás sin otorgarles siquiera ningún reconocimiento por la labor realizada. Claro está, después de todo el proceso, son ellos quienes se llevan todo los beneficios, los contactos facilitados y, parte del mérito, que no van a compartir con los demás participantes de las iniciativas.

En un principio, cuando te contactan, te hablan, con tan buena onda que contagia: de proyectos, de posibilidades, de los grandes beneficios y las “grandes cosas” que se lograrán hacer, de cientos de derivas que podrán generarse, etc. Claro está, el tiempo va pasando, nada se concreta, nada se firma y la promesa de lo grande termina disipándose en la nada. Mi recomendación es que no se debe subestimar el aporte que uno pueda realizar y que dicho aporte debe ser valorizado por el propio tiempo insumido, aunque sea a través de la firma de algún documento, papel o hasta servilleta (con o sin valor notarial). Por otro lado, siempre que se trata de proyectos colaborativos todo debe transparentarse y todos deben gozar del reconocimiento, los contactos y los beneficios que, ante los clientes, se puedan generar. Un gestor impecable de este tipo de proyectos líquidos sabe que el accountability o rendición de cuentas es fundamental, por un lado establecerá con claridad lo que implica el proyecto sin dar falsas promesas ni vendiendo buzones; a medida que los aportes generen frutos tenderá a reconocerlo compartiendo plenamente sus contactos y beneficios y, fundamentalmente, siempre reportará al grupo acerca de lo que sucede, de los resultados de sus gestiones, de las posibilidades que se vayan cristalizando, de los hechos y eventos y de los contactos generados, en forma clara, contundente y con la mayor honestidad, claridad y apertura posible. Si ves que tus aportes son utilizados sin ninguna devolución, es decir, son usados en instancias cuyos resultados (sean positivos o no) no son socializados, comienza a desconfiar…

Mi recomendación es que tengan mucho cuidado con dejarse embaucar y no dejarse llevar por el deseo y la desesperación por participar en proyectos que, al final de cuentas, no los lleven a ningún lugar. Porque vuestra participación en proyectos, sea facilitando sus contactos, aportando contenido, realizando presentaciones, recomendando, generando ideas, etc., requiere esfuerzo y dedicación y eso, tiene un valor concreto que debe ser apreciado de alguna forma, ya sea acordándose de vosotros cuando lleguen los beneficios o reconocimientos. Si esto no ocurre, lo mejor es pegar el portazo puesto que se están aprovechando de vuestra buena voluntad y talento…

Ladri-Agentes de Cambio

Contrariamente, al gestor impecable al que aludía, los ladri-buitres 2.0 a los que me refiero, suelen ir poniendo excusas a lo que comprometieron y difieren, consiguiendo que quienes participan se agoten al ver que no emerge aporte alguno, momento que aprovechan para ir en busca de nuevos colaboradores a quienes “explotar”. Suelen ser personas cuyos mensajes grandilocuentes declaran a vivo tuit que van a cambiar el mundo, aunque, en términos efectivos, el discurso es carente de contenido. Bien-dotados de palabrería que invoca lo grande pero que, en substancia, no dice nada.

Se trata de gente que va de aquí para allá fagocitando discurso, “copycats” que se aprovechan de los saberes ajenos al servicio del plagio “in-citado”; vendedores de humo que se auto-proclaman en fundadores de una “nueva era” sostenida desde la vacuidad de algún neologismo y que, a la hora de hacer efectivos los valores que proclaman a viva voz, no hacen más que actuar, consciente o inconscientemente, de manera oportunista, bajo la impronta del mismo paradigma que pretenden criticar. Como con los grandes titulares de los diarios, quien consciente o no, acomete el engaño lo suele presentar al amparo de unas pocas frases efectistas atractivas.

Superficialidad bajo un disfraz de supuesta trascendencia, pensamiento light con formato de espectáculo supuestamente profundo cuyo objetivo es provocar efímeros impactos emotivos, invocaciones revolucionarias que, al final de cuentas, devienen en materialismo espiritual al servicio de algún modelo de negocios “trucho”… Supongo que muchos de uds. y algunos de sus conocidos, se ha topado con este tipo de gentuza del infundado espectáculo facilitador de la “productividad”, la “calidad de vida”, la “gestión del caos”, el “liderazgo”, los “equipos de alta eficiencia” y qué se yo cuantas etiquetas de moda más…

En muchos de ellos, sigue operando una epistemología basada en la escasez desde la cual la colaboración que predican sólo se legitima cuando tiene un carácter instrumental; se rigen por el imperativo de la auto-importancia, encubierta por la fachada o la identificación con una marca personal que procuran difundir y monetizar montándose sobre los hombros de los incautos que convocan; evaden toda crítica eludiéndola con la agresividad de quien declara (sólo eso) estar cambiando el mundo nadando contra la corriente…

La moral en tiempos líquidos

Entonces, considerando este contexto, podemos seguir reflexionando y preguntarnos: ¿Qué es la moral? ¿Cómo se dibuja (o desdibuja) en este contexto?. Aprovecho que hace unos días mi amigo Paco Traver se refirió al tema en un post cuyo título es “La formación del Criterio Moral” y transcribo a continuación algún pasaje de su texto:

La moralidad no es pues una cosa, un objeto tangible sino un código de conductas razonables para convivir con nuestros semejantes [...] se trata de un aprendizaje social que ha de hacerse “ex novo“, para proteger a la comunidad de las esperables trampas de los individuos concretos [...] Formamos nuestro criterio moral de acuerdo con el criterio moral de nuestros coetáneos. La moral es un consenso [...] Nos parece moral aquello que para la mayoría es moral y nos parece inmoral aquello que para la mayoría es inmoral [...] Lo importante ahora es señalar que la moral evoluciona, no es algo estático, no es un órgano ni una formación encefálica sino algo plástico, simbólico o intangible que admite flujos y reflujos y que precisa consensos.

Ahora bien, en este mundo complejo y fragmentado, mundo líquido baumaniano, cabría preguntarse: ¿cómo queda definido el “criterio moral” en tiempos de modernidad líquida? ¿Acaso no tendríamos que definir, una “moral líquida“? ¿No sería la “integridad moral”, tal como la solemos entender, una modalidad de ser “pesada”, “sólida”, “congelada”, no fluida?

La gente íntegra y honrada de antaño, lo era, porque no alteraba su forma de ser, porque se mantenía fiel a ciertos principios que asumían y creían de manera incólume. La sociedad líquida de hoy, tal cómo la plantea Zygmunt Bauman, tan signada por la hipervelocidad, la explosión de oferta de posibilidades y de consumo, la hipercompetencia por la novedad, la presencia permanente y cambiante (valga el contrapunto) del riesgo y la fragmentación, nos obliga al yugo de la flexibilidad y la adaptabilidad como modo de existencia, parecieran estar en franca oposición a la integridad y la inalterabilidad de los principios morales. Esto hace que muchos se vean conducidos a convertirse en verdaderos “mutantes” de una moral en vías de liquidez. En este escenario, el positivo predicamento que se le otorga a la innovación, sea en el ámbito que sea, termina siendo instrumental a la inconsecuencia de la gente, tornando en inestable, en líquida, la moral sobre la que creíamos estar asentados.

Así pues, como intenté describir más arriba, a diario, tomamos contacto con cada vez +gente de mala calaña, gente que no es capaz de sostener sus principios a partir de sus acciones, y se entregan al rigor de una entropía moral, de una “moral líquida”, oportunista, conveniente, placentera, elástica, experimental, “on-demand en la que la confianza, el respeto a la “palabra empeñada“, como la obsolescencia programada, devienen, efímeramente, en oportunidad. ¿Es esta la moral líquida, la que Bauman, intuyera, o se trata, simplemente de una moral (finalmente) liquidada?

Participando en el “TOT”

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La semana pasada tuve el enorme placer de participar en el programa TOT (Training of Trainers) en Emprendimiento Integral organizado en Viña del Mar, por la Plataforma Aurea. Se trata de un programa de formación como facilitadores basado en la metodología CEFE. Fue una experiencia súmamente enriquecedora en lo personal y emocional. Durante el taller, cuya duración tiene 2 semanas, se procura realizar un entrenamiento de competencias de emprendimiento y motivación para alcanzar logros. Lamentablemente, no pude estar presente durante todo el programa, algo que me hubiera encantado que suceda, sin embargo, cómo se suele decir: “para muestra basta un botón”, y esos 2 días que compartí con el maravilloso grupo que se había congregado desde hace ya más de una semana y media, me bastó para captar la esencia del tipo de prácticas de facilitación y herramientas y modelos de aprendizaje que allí se estaban impartiendo, no sólo desde la perspectiva netamente enciclopédica sino, particularmente, experiencial.

En dicha ocasión, tuve el placer de realizar la siguiente presentación contextual cuyo objetivo era mostrar cómo la realidad contemporánea está mutando, desde un enfoque mecánico, secuencial, masificador, normalizador y disciplinario cuya meta fue la individualización de multiplicidades, a un mundo mucho más abierto, espontáneo, un mundo orgánico y enREDado que da lugar a la incertidumbre radical, a la emergencia de un mundo colmado de oportunidades y (también) de amenazas, un mundo cuya evolución se conduce en dirección a la multiplicación de individualidades, es decir, en el que el orden subyace en el caos y la esponteneidad: la “transmodernidad“. Se que somos muchos quienes nos referimos al así tortuosamente llamado “cambio de paradigma” sin embargo, en general los fundamentos sobre los cuales se predica acerca de dicho cambio, suelen ser algo débiles. Es por eso que, utilizando “modelos de juguete” basados en los así llamados “sistemas complejos adaptativos” procuré expresar, casi con rigurosidad matemática, este viraje epistemológico al que me estoy refiriendo. Pongo aquí, a continuación, para interés de todos uds. la presentación realizada:

El objetivo que me planteé al realizar esta presentación consistió en generar un debate cuyo origen esté en mostrar las pautas o principios de organización de la realidad actual, de la co-sociedad red, para luego provocar un cortocircuito a ese operador mental de la tranquilidad y el confort que nos intenta convencer una y otra vez de que el mundo es estable y predecible, mostrándonos falsamente que el análisis del pasado nos ayuda a gestionar el futuro y, por lo tanto, nos hace perder nuestra sensibilidad ante lo inesperado, que niega la presencia de la discontinuidad y las rupturas y nos encandila en la linealidad. El debate que siguió a mi presentación fue exquisito. Sentí por la inquietud que se manifestaba que el grupo había captado la esencia de lo que yo intentaba expresar. Ciertamente, espero haber sido un canal a través del cual se generó una verdadera experiencia de aprendizaje y conversación desde una perspectiva integral. Si así fue, me siento plenamente gratificado. Me gustaría agradecer a todo el grupo en general, por la receptividad que tuvieron respecto de mis elucidaciones y muy en particular a los chicos de la Plataforma Áurea: Claudia Acevedo Karlezi, Omar Cid Maureiray a Pablo Reyes quienes actuaron como capitanes de las tormentas de emociones e ideas que durante el taller fluyeron y nos condujeron al calmo océano azul del aprendizaje…

El juego de la cultura (en las organizaciones)

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¿Cómo crear una cultura, o mejor dicho cómo crear las condiciones apropiadas para que emerja una cultura que promueva el aprendizaje y bienestar en las organizaciones considerando que vivimos tiempos de cambio acelerado?

¿Qué prácticas y métodos pueden dar lugar a procesos de gestión ágiles basados en la auto-organización y faciliten la generación de estructuras dinámicas, enREDadas y adaptables?

Este tipo de preguntas son las que, quienes actualmente gestionan organizaciones, deberían estar preguntándose ya que, estoy convencido, de que hoy, como nunca antes, es imperioso cuestionar el sistema de prácticas que hemos heredado de las organizaciones del siglo XX. Dan Mezick intenta abordar en su libro: The Culture Game: Tools for the Agile Manager este tipo de asunto. Lo que me parece interesante del abordaje de Mezick es que parte de un, ya algo viejo, manifiesto vinculado al mundo del software: El Manifiesto por el Desarrollo Ágil de Software. No es la primera vez que afirmo que toda época viene encarnada por algún actor social en particular y si, de la época actual hablamos, podríamos afirmar que los programadores informáticos son unos de los actores que mejor representan el espíritu epocal. Ya lo había retratado así Pekka Himanen en su ya clásico: La ética del hacker y el espíritu de la era de la información, que pueden bajar desde acá.

El Manifiesto por el Desarrollo Ágil de Software se basa en un conjunto de principios perfectamente adaptables a contextos mucho más generales y hacia allá apunta Mezick al describir en su libro 16 patrones de comportamiento virtuoso de los equipos. El texto es una confirmación más de cómo la cultura hacker realmente encarna la esencia, a la luz del actual escenario, de cómo transformar una organización en una comunidad aprendiente capaz de cambiar su futuro y el de todos. Es por eso que bien vale la pena realizar una breve descripción de cada una de las 16 practicas o patrones de aprendizaje que el libro de Dan Mezick describe. Aquí van:

  • 1. Tener un propósito:

    Es fácil mantener tu atención cuando tenés un propósito claro. Acaso, ¿podría ser de otra manera? Siempre, pero siempre, la toma de decisiones y la fijación de metas, ya sea para uno mismo como a nivel grupal se recontra facilita cuando se declara un propósito en forma explícita.

  • 2. Facilitar tus reuniones:

    Las reuniones facilitadas tienden a tener un objetivo claro, a definir un sistema de reglas claro, a retomar el foco cuando este se pierde y, por lo tanto, a cumplir con lo que se intenta realizar. Todos sabemos que las reuniones pueden ser tremendamente pesadas, aburridas y hasta dolorosas, cierto? Si una reunión no se planifica poco puede ser que acontezca. Facilitar una reunión no significa que debemos contratar a un coach o a fin, pero sí que deberían ser trabajadas previamente, aprovechando la posibilidad de crear espacios de creación emergente y generar verdaderas experiencias de aprendizaje y diversión. Cómo? jugando, jugando y gozando.

  • 3. Evalúa tus normas:

    Lo normal es lo que estas dispuesto a tolerar de buena gana. Examina tus principios básicos (y si puedes cámbialos), pues, en general, lo que puedes tolerar es el nivel mínimo de lo que se puede hacer. Procura alcanzar un nivel de logro que te acerque a ti y a tu equipo a la mayor de las grandezas. La auto-introspección y evaluación permanentes contribuyen al aprendizaje. Intenta visionar a las tareas que debes realizar y las interacciones con los demás como un juego en el que te das el permiso de cometer errores. Nada mejor para aprender de la experiencia y observar aquellos hábitos que te llevaron a ello.

  • 4. Se puntual:

    ¿a quién le gusta llegar a un encuentro y tener que esperar a los demás? La puntualidad se asocia al compromiso, el respeto y el foco en lo que se está haciendo. Si, es cierto, todo fluye, todo es dinámico, lo relajado es agradable pero la energía de un colectivo tiene su propio movimiento y nuestra responsabilidad es sostenerla, tanto como podamos, en el máximo nivel de impacto; ¿se entiende? Respetar el tiempo de otros es respetar el motivo que nos congrega.

  • 5. Estructura tus interacciones:

    Emplear acuerdos o protocolos para aclarar las interacciones esenciales es fundamental. Es importante trabajar con lenguaje conciso, casi estructurado, como base para aclarar el sentido y significado de lo que se quiere decir. No es fácil comunicar, por eso, sin alguna formalización para lidiar con lo que se transmite y recibe es posible caer en malentendidos que, a la postre, llevan a la pérdida de confianza y el conflicto latente. Establecer marcos referenciales y, de vez en cuando, retroalimentarse mutuamente, es decir, establecer instancias de metacomunicación, esto es: conversar sobre cómo nos comunicamos y aclarar y acordar intencionalidades, puede ser tremendamente productivo.

  • 6. Anuncia tus intenciones:

    Claramente es más fácil seguir a alguien que declara sus intenciones. Anunciar tu intención es como pedir ayuda. Como en la estigmergia del mundo animal, que se basa en el uso de sustancias como las feromonas en las hormigas, la auto-organización a nivel de una comunidad requiere, por decirlo de alguna manera, de trazadores cognitivos. ¿No es acaso una intención declarada eso: un trazador para guiar la acción? Generalmente, se nos ha enculturizado para ocultar nuestras intenciones puesto que creemos que pueden leerse como un signo de aparente debilidad, lo mismo que exhibir nuestras necesidades. Es así como, viciosamente, nos hemos acostumbrado a no realizar declaraciones. Sin embargo, es extremadamente difícil alinear las acciones de todos los miembros de un colectivo cuando no se establece este tipo de declaración.

  • 7. En las reuniones: jugar, jugar y jugar:

    Ya lo dije. Las reuniones son una horrible carga cuando la asistencia no es opcional, cuando el objetivo planteado (si lo hay) es confuso, no hay manera de evaluar el grado de progreso que se puede tener una vez que esta terminada. Entonces, frente a tal potencial de aburrimiento que conllevan las reuniones, ¿por qué no jugar? Un buen juego tiene 4 atributos: (i) un objetivo claro, (ii) un conjunto claro de reglas que se aplican uniformemente para todos, (iii) una forma clara de conseguir la retroalimentación y (iv) de medir el progreso y la participación. Acaso, ¿no es posible realizar reuniones y cumplir con sus objetivos, jugando, es decir establecer un conjunto de reglas con premios a la participación o algo así? El tema es acordar cómo se jugará y largarse a jugar…

  • 8. Llevar a cabo experimentos frecuentes:

    Experimentar (casi) tendría que ser sinónimo de aprender, ¿no les parece? Esto se relaciona con el apartado anterior, puesto que experimentar conlleva la operación lúdica del jugar. ¿Por qué no cranear una lista de experimentos a realizar al interior de la organización, casi con un carácter semanal o mensual y tratarlos como un verdadero juego de exploración del que, quién sabe, puedan emerger posibilidades inusitadas?

  • 9. Administra visualmente:

    Evidentemente, el uso de elementos visuales, para graficar situaciones puede ser una herramienta efectiva para conectar ambos cerebros. Lo racional y emocional operando en simultáneo con la ayuda de soportes gráficos. Pizarrones, papelógrafos, papel en las mesas, marcadores, crayones, tabletas o iPads, todos pueden servir para adornar nuestro flujo imaginativo. Todos sabemos que una imagen puede decir más que 1000 palabras. De eso se trata: de generar sentido a través de múltiples narrativas visuales.

  • 10. Evaluar con frecuencia:

    Si el cambio es la nueva normalidad, la complejidad es la que manda y la permanente iteración (o sea la evaluación de la situación) es la dinámica del cambiar. ¿Queda claro? Iterar, iterar e iterar. De hecho, aprendizaje es iterar, adaptación es iterar y así… Nada mejor que evaluarnos en estado continuo como para atender a aquellos hábitos y patrones que no nos dejan evolucionar.

  • 11. Déjate coachear (y coachea):

    (no importa por quien) El coaching ayuda a caminar virtuosamente durante cualquier proceso de aprendizaje y la generación de buenas prácticas. Dejemos que nos digan lo que no hacemos o no podemos hacer. Cultivemos el dominio de nuestra personalidad con miras a cultivar la maestría de nuestra tribu y dar lugar a un campo de fuerza de potencia humana inigualable.

  • 12. Administra tus límites:

    Ser consciente de nuestros límites, en cuanto a autoridad, roles y tareas es importante. Así mismo, haz que tus fronteras se tornen porosas para dejarte llevar por el diálogo y la comunicación. Administrar nuestros límites ayuda a crear el tipo de espacio tribal que se necesita para llevar a cabo cualquier tipo de labor. Cuando los límites son difusos, el estrés y la ansiedad asoman.

  • 13. Socializa el contenido de los libros que lees:

    Los libros contienen ideas y conceptos que todos pueden aprovechar en ese proceso de búsqueda de la grandeza y maestría colectiva. ¿Por qué no crear algún dispositivo o herramienta como podría ser un grupo, una wiki, goodreads o una lista, en los que todos puedan volcar sus opiniones, resúmenes o comentarios sobre aquellos libros que le pueden servir a todos? Esto sería una forma de consolidar las creencias, los valores y principios del colectivo, desde una base de conocimiento sin perder el carácter tribal que congrega.

  • 14. Presta atención en forma explícita:

    Presta atención a lo que está funcionando y lo que no lo está centrándote en las interacciones y los resultados. Tomar conciencia de la realidad es, a veces, doloroso. Pero si no se atiende a lo que importa, nada va a cambiar, y mucho menos llegar a mejorar. Presta atención pero eso sí, nada de micromanagement.

  • 15. Realizar reuniones con la metodología del “Open Space:

    Muy resumidamente, se trata de una dinámica de facilitación que consiste en armar grupos de trabajo que luego comparten sus resultados y conclusiones. Son instancias de integración, evolución y de aprendizaje que puede dar a nivel de toda la organización. Estas reuniones generan la oportunidad para que todo miembro pueda expresarse, para que se pueda investigar, dialogar y aprender, con miras a generar eso que suele llamarse como la polinización cruzada.

  • 16. No dejes de jugar:

    Alguna vez, recientemente, me refería a la gamificación. Jugar y simular es aprender, más aún si es divertido. Transitar por el trabajo como si de un juego se tratase hace que nos sintamos más comprometidos, conectados y empoderados.

Fuentes: How to Design Culture: 16 Patterns to Build Adaptive Learning Organizations, The Culture Game, The Culture Game

El culto del hacer

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Ya no recuerdo cómo llegué a este hermoso manifiesto. Suelo dejar muchas ventanas (léase sitios web) abiertos en mi browser que yacen allí por días hasta que, cuando los recursos de memoria de mi máquina están al borde del colapso, no me queda otra que verlos, y a veces, leerlos… para luego eliminarlos del pipeline…

Traducido sería, el manifiesto del culto del hacer que data del 2009. Me pareció excelente y por eso lo reproduzco a continuación, espero les guste:

  • 1. Hay tres estados del ser: no saber, la acción y el terminar.
  • 2. Acepta que todo es un borrador. Esto ayuda a lograr que las cosas se hagan.
  • 3. No existe el estadio de edición.
  • 4. Pretender que se sabe lo que se está haciendo es casi lo mismo que saber lo que estás haciendo, así que acepta que sabes lo que estás haciendo, aunque no sea así, pero hazlo.
  • 5. Destierra la procrastinación. Si esperas más de una semana para realizar una idea, abandónala.
  • 6. El objetivo de hacer no es el de terminar de hacer, sino el de poder hacer otras cosas.
  • 7. Una vez que hayas terminado siempre puedes tirarlo.
  • 8. Ríete de la perfección. Es aburrida y te impide estar haciendo hasta el final.
  • 9. Las personas que no tienen las manos sucias están equivocadas. Hacer algo te hace tener razón.
  • 10. Equivocarse cuenta como lo algo hecho. Así que comete errores.
  • 11. La destrucción es una variante del hacer.
  • 12. Si tienes una idea y la publicas en Internet, eso cuenta como un fantasma de algo hecho.
  • 13. Haberlo hecho en sí, es el motor de hacer más.

Fuente: The Cult of Done