Humanismo y Conectividad

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Tienen que morirse

Domingo 5 Julio, 2009 · 5 comentarios


“Hay un viejo y mísero dicho en el mundo de la ciencia: “Si quieres un cambio de paradigma, no basta con que los viejos profesores se jubilen. Tienen que morirse”.
Me parece un poco fuerte. Sin embargo: LO CREO
.
— Re-imagina!
La excelencia empresarial en una era perturbadora
Tom Peters

Fuente: Ttantta y lboisset’s Ruminations, via Yoriento.

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Categorías: Cambio de paradigma · Ecuaciones, Fórmulas y Leyes · El Poder · Estupidez Humana · Ignorancia
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¿Fin, o principio, de una era?

Lunes 22 Diciembre, 2008 · 6 comentarios

Por Alfons Cornella

Éste es un período ciertamente difícil. Como muchos otros que hemos vivido cíclicamente. Los problemas del mundo son hoy abundantes: crisis de valores, dominio creciente del crimen, soledad de las personas, aumento de los desastres (naturales o de origen humano), inercia hacia los fundamentalismos, distancia en aumento entre ricos y pobres, seducción irremisible de lo lujoso, el culto a lo trivial como rendición de las masas, la ciencia que deviene incomprensible a casi todos, la tecnología que facilita el atontamiento individual y colectivo (las máquinas hacen las cosas sin que sepamos cómo lo hacen), y un largo etcétera que sigue y sigue.

No es extraño, por tanto, que la gente responda de formas algo radicales, incluso desesperadas. En sociedades sin derecho al error, como en Japón, los fracasados se suicidan. En otras, aparentemente más suaves, millones de personas viven solas (la soledad deviene atractiva) y se anclan diariamente en la navegación por redes sociales de todo tipo, a la búsqueda de alguien inquietante con quién conectarse. En zonas más marginales (si es que tal concepto tiene hoy una interpretación clara), la violencia es la escapatoria. En otras más ricas, la solución es el consumo, los casinos, la felicidad instantánea del sexo fácil o del turismo cada vez más extremo, o, incluso, la meditación mercantilizada. Y, lo más interesante de todo ello, es que ya no hay una forma moral de determinar si las decisiones de esas personas son buenas o malas. La diversidad de la moralidad humana es hoy una de las grandes sorpresas que no van a evaporarse a corto plazo.

Hasta qué punto la búsqueda de la felicidad real no se convierte en una economía de las emociones, y en su correspondiente tráfico

Éste ya no es el declive de Occidente, sino quizás del mundo entero. La globalización sacude el sentido del mundo. El éxito se mide por igual en todas las latitudes, a través de ese ecualizador universal que es el dinero. Y las longitudes se funden en una economía que no para ni un segundo.

Y, sin embargo, tiene más sentido que nunca resistir, construir, ser tenaz, tener ilusión, hacer de la felicidad, tuya y de todos los demás, un objetivo conseguible. Si los problemas del mundo son tantos, más podemos ser los que pensemos en cómo resolverlos. Si las ciudades se hacen insufribles, más sentido tiene idear ciudades vivibles. Si el trópico y su clima incierto se extienden por el mundo, hay que aprender a disfrutar de ello. Si Occidente y Oriente no se entienden, tenemos que soñar con el día en que alguien emerja para cambiar las conversaciones entre sus culturas. Si el crédito y sus hipotecas controlan nuestras vidas (vender tu futuro por un hoy falso), tenemos aún la opción de ilusionarnos por construir poco a poco desde nuestro esfuerzo diario (acabar con las hipotecas a través de una vida más sencilla, en un hoy con más sentido).

No tengo ninguna duda de que el camino del futuro tiene dos ramales. Uno nos lleva a la miseria del mercantilismo extremo (la nueva Edad Oscura): todo es dinero, todo es vendible. El otro nos lleva a más y más personas que exigen la felicidad como derecho. Ya sea en forma de una vida más sencilla, simple, o en una más compleja pero con más sentido. El problema radica en cuánto se podrá aislar este segundo camino (la búsqueda de la felicidad real) del primero (todo es presentable como un algo deseable), o sea, en hasta qué punto la búsqueda de la felicidad real no se convierte en una economía de las emociones, y en su correspondiente tráfico. Porque convertir la búsqueda de sentido de la vida en un simple parque temático es un nuevo horizonte de próspero mercado que algunos no van a dejar escapar así como así.

Es preciso redescubrir la inocencia, como eficaz antídoto del cinismo que envenena a los adultos que ya han abdicado de la ilusión

Por ejemplo, me sorprende cada día más lo poco que estamos preparados emocionalmente para responder a los retos de la vida. Uno puede ser experto en aeronáutica, y haber dedicado largos años de formación a la matemática más sofisticada, y, al mismo tiempo, ser un profundo ignorante en el trato con los demás, y, peor aún, un ignorante dañino en el cuidado sentimental de aquéllos a los que justamente más quieres. Puede que tengas motivaciones profesionales muy extremas que mueven tu motor, pero algún día ese motor sacude inesperadamente tu vida y te deja desnudo de sentimientos y estancado en lo que alguien ha denominado el fracaso del ganador.

Y es en este momento, en esta situación de dilema entre la reducción a la mera supervivencia y la fuerza que da la búsqueda de sentido a la vida, que comparte una proporción crecientemente mayor de la humanidad, cuando es preciso redescubrir la inocencia, como eficaz antídoto del cinismo que envenena a los adultos que ya han abdicado de la ilusión. Es el momento de dedicarse cada día a hacer mejor, y a vivir más intensamente, lo que haces, tu profesión, sea ésta cual sea. A ser artesano de tu oficio. Y pasar de focalizar tu vida en algo pequeño pero preciso, desde la especialización dominante, en una forma tan obsesiva como un certero rayo láser, que quema un sólo punto ínfimo y obvia lo demás, a mirarlo todo buscando una conexión de sentidos, más como una bombilla que irradia el entorno con luz borrosa pero iluminándolo regularmente con la misma intensidad. Una actitud holística sin la que va a ser imposible sobrevivir en un entorno económico de personas que buscan valor más y más sofisticado en la satisfacción de sus necesidades.

Hibridación, combinación, nuevos negocios y nuevas oportunidades en una sociedad de la felicidad, de la inspiración, de la sorpresa, del equilibrio, sostenible, de experiencias positivas, de tiempo disfrutado, son todos conceptos loables, quizás ilusorios, pero cuya búsqueda por más y más personas creo que será inevitable. Y si es así, estaremos no en el fin de un ciclo de crisis, sino en el principio de un ciclo de renovación. La historia de la humanidad ha tenido pocos momentos como éste, en el que la decisión en el cruce haya sido tan importante.

¿Escogeremos un futuro de tecnología que nos reduzca a meros usuarios tontos de opciones previamente pensadas por alguien (o por algo) en un entorno de consumo acelerado (más por menos, en una sociedad del exceso y de la abundancia, disfrazada de paraíso de la elección), o un futuro de tecnología que multiplique nuestras capacidades intelectuales, para resolver los problemas del mundo (empezando por nuestras sociedades más próximas), y para ayudarnos a encontrar el sentido de nuestras vidas?

¿Si te preguntas qué tiene que ver este mensaje con la innovación, no es acaso abandonar el camino hacia la ecualización simplificante de los humanos, y apostar en su lugar por uno marcado por el estímulo de la diversidad de los mismos, la mayor innovación imaginable en esta miserable y al mismo tiempo prometedora era?

Fuente: Revista If: Infonomía

Categorías: Cambio de paradigma · Conciencia Integral · La Tercera Cultura · Nuevo Humanismo
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Educación integral

Miércoles 17 Diciembre, 2008 · Deja un comentario

Estoy convencido de que estamos viviendo un verdadero cambio de época que supone el replanteo de todo lo que fue hacia algo nuevo que será. Es por ello que educación tiene, necesariamente, que ser reorganizada totalmente. Esa reorganización no se refiere al acto de enseñar, sino a la lucha contra los defectos del sistema, cada vez mayores. Por ejemplo, la enseñanza de disciplinas separadas y sin ninguna intercomunicación produce una fragmentación y una dispersión que nos impide ver cosas cada vez más importantes en el mundo. Hay problemas centrales y fundamentales que permanecen completamente ignorados u olvidados, y que, sin embargo, son importantes para cualquier sociedad y cualquier cultura.
Cómo lo afirma Edgar Morin, en el estudio de los “siete saberes necesarios para la educación del futuro” se requiere de:

  • Una educación que reconozca las cegueras del conocimiento, sus errores e ilusiones.
  • Una educación que asuma los principios de un conocimiento pertinente.
  • La enseñanza de la condición humana.
  • La enseñanza de la identidad planetaria.
  • La capacitación para hacer frente a las incertidumbres.
  • La enseñanza de la comprensión.
  • La enseñanza de la ética del género humano.

Se trata de reconocer las cegueras del entendimiento, los vicios de la racionalidad, sus errores y sus ilusiones, quiere decir asumir el acto de conocer como una especie de traducción, no como una correcta foto de la realidad. Se trata de preparar nuestras mentes para el combate vital por la lucidez, y eso significa que hay que estar siempre buscando cómo conocer el propio acto de conocer.

Cuando se habla de asumir los principios del conocimiento pertinente, se entiende por ello la necesidad de enseñar los métodos que permitan aprehender las relaciones mutuas y las influencias recíprocas entre las partes y el todo de este mundo complejo. Se trata de desarrollar una actitud mental capaz de abordar problemas globales que contextualizan sus informaciones parciales y locales.

Enseñar la condición humana debería ser el objeto esencial de cualquier sistema de enseñanza y no crear una sociedad “normalizada” sobre la base del disciplinamiento, como lo afirma Foucault. Esto pasa por tomar en consideración conocimientos que se encuentran dispersos entre varias disciplinas, como las ciencias naturales, las ciencias humanas, la literatura, la filosofía y hasta la informática, hoy en estado pleno de ebullición. Las nuevas generaciones necesitan conocer la diversidad y la unidad de lo humano.

Enseñar la identidad planetaria se refiere a mostrar la complejidad de la crisis planetaria que caracteriza la actual época engendrada en la modernidad. Se trata de enseñar la historia de la era planetaria, mostrando cómo todas las partes del mundo necesitan ser inter-solidarias, dado que enfrentan los mismos problemas de vida y muerte.

Hay que hacer frente a las incertidumbres que se han puesto de manifiesto en los últimos 150 años, a través de la microfísica, la termodinámica, la cosmología, la biología evolutiva, las neurociencias, las ciencias históricas y la ciencias de la información. Hay que educar aprendiendo, para aprender a navegar en los vastos océanos de las incertidumbres a través de los archipiélagos de las certezas. La comprensión es tanto medio como fin de la comunicación humana, por lo que no es algo que la educación pueda pasar por alto. Para eso, es necesaria una reforma de las mentalidades.

Hay que ver al individuo, a la sociedad y a la especie como categorías interdependientes. Ante la complejidad contemporánea no podemos descartar ninguna de esas tres perspectivas. El problema actual de la ética no es el deber, la prescripción, la norma. No necesitamos imperativos categóricos. Lo que necesitamos es saber si el resultado de nuestras acciones está en correspondencia con lo que querríamos para nosotros mismos, para la sociedad, para el planeta. No basta con tener buena voluntad, en cuyo nombre fueron cometidas innumerables acciones desastrosas. Se trata de promover una ética del buen pensar y en eso está implícito el promover un cambio de visión de mundo, una visión integral que admita dentro de sí todo lo complejo que este mundo supone, una visión integral que sea la unión entre simplicidad y complejidad, entre individualidad y totalidad, lo que implica concebir procesos como seleccionar, jerarquizar, separar, reducir y globalizar. Se trata de articular lo que está disociado. Pero no es una unión superficial, ya que esa relación es al mismo tiempo antagónica y complementaria.

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El dominio público: aglutina lo procomún de la mente

Jueves 11 Diciembre, 2008 · Deja un comentario

“Nuestra música, nuestra cultura, nuestra ciencia y nuestro bienestar económico dependen de un delicado equilibrio que se establece entre las ideas controladas y las que son públicas; entre la propiedad intelectual y el dominio público.”

Así lo afirma James Boyle en su último libro: The Public Domain: Enclosing the Commons of the Mind. Boyle que es el seudónimo de William Neal Reynolds, profesor de derecho en la Duke Law Scholl y co-fundador del Centro para el estudio del dominio público y de Science Commons afirma que el dominio público está siendo erosionado por las patentes y las leyes actuales de copyright.

El libro puede comprarse o descargarse gratuitamente en formato pdf (o incluso leerlo on line, ver abajo).

Estoy entusiasmado con el libro puesto que trata de la liberación de la información. Boyle describe la historia musicológica vinculada a la propiedad intelectual, de cómo Ray Charles se apropió de composiciones de Gospel contemporáneas para reinventar la música soul, de los cambios provocados por el hip-hop y de los conflictos que sus músicos tuvieron en la corte por el sampleo de formas musicales, de las salvaguardas jurídicas que permitieron el florecimiento de YouTube, dando origen a una miríada de fans productores/reproductores y postproductores de formatos existentes, de las amenazas y litigios realizados por productoras contra el remixado amateur de obras que remixaban otras. El punto clave del texto ha sido ilustrar esa complejdiad que subyace en la originalidad. Cuando en razón de verdad, toda obra tiene un antecedente y hasta los más innovadores en su área toman prestado de otros artistas para inventar sus nuevas “propias” creaciones.

Todo aquel interesado en conocer el debate reciente en temas relacionados con los derechos de autor y las leyes que favorecen la fructificación de obra al amparo de los Creative Commons (que consisten en una especie de derecho de autor extendido al beneficio social del compartir) se deleitará con el texto, hoy disponible en línea. Allí cita con claridad estudios empíricos y conversaciones acerca de cómo los Creative Commons podría adaptarse para que tengan un uso más amplio con el objetivo de lograr amplificar las capacidades creativas, más que la recompensa a favor de los creadores.

Por último, Boyle retoma un tema que ha debatido considerablemente: la idea de que los derechos de autor necesitan un “movimiento ambientalista“, es decir, un principio unificador que enlaza a todas aquellas personas que desean obtener una mejor y más equilibrada relación con los derechos de autor, las patentes y marcas de la misma manera que el concepto de “ecología” y “medio ambiente” aglutinó a la gente que cuida y aboga por el cuidado de la vida silvestre, la calidad del agua, la capa de ozono, la biodiversidad, etc.

Una excelente fuente que puede también leerse en línea:

Preface: Comprised of at Least Jelly?

Chapter 1: Why Intellectual Property?

Chapter 2: Thomas Jefferson Writes a Letter

Chapter 3: The Second Enclosure Movement

Chapter 4: The Internet Threat

Chapter 5: The Farmers’ Tale: An Allegory

Chapter 6: I Got a Mashup

Chapter 7: The Enclosure of Science and Technology: Two Case Studies

Chapter 8: A Creative Commons

Chapter 9: An Evidence-Free Zone

Chapter 10: An Environmentalism for Information

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Políticas de civilización

Lunes 3 Noviembre, 2008 · 2 comentarios

En todo momento histórico afloran pensadores célebres a la luz pública que encarnan el espíritu y las necesidades de la época y que crean nuevos espacios de pensamiento gracias al aporte de sus saberes. Pensando en la época actual y por su trajectoria, Edgar Morin, puede ser considerado una de esas personalidades.

Edgar Morin no sólo a procurado formular una suerte de epistemología de la complejidad, tema harto tratado en este blog, sino que recientemente ha desarrollado un concepto sumamente interesante para ser considerado en las actuales circunstancias epocales. Se trata de la idea de las políticas de civilización que comentaré a continuación.

Según Morin, los desarrollos de nuestra historia han revelado males allí donde se esperaban grandes logros. Pensemos en el hoy colapsado sistema financiero (y mucho más en las causas de tal colapso) … En tal sentido, muchas cuestiones consideradas como periféricas pueden convertirse en centrales, problemas considerados privados o existenciales convertirse en políticos, problemas no económicos hallar una solución económica. El individualismo, por ejemplo, defendido a ultranza por los adalides del neoliberalismo, tiene por revés una degradación de antiguas solidaridades y la atomización de las personas al nivel de la alienación. Fue el Estado el organo que asumió las funciones solidarias pero de manera anónima, impersonal y, muchas veces, tardía. Me viene a la mente, alguna de las ideas que tenía el geógrafo y pensador anarquista y humanista ruso Piotr Kropotkin acerca del estado, al considerar que éste perjudicaba el desarrollo del apoyo mutuo, por absorber las funciones sociales. A medida que los deberes del ciudadano hacia el estado se multiplicaban, los ciudadanos evidentemente se liberaban de los deberes hacia los otros, decía Kropotkin

Entre los principales perjuicios de la época actual se puede citar (i) la tecnificación del sistema estatal que ha dado lugar a la invasión de una lógica artificial que se introdujo en la cotidianeidad: la organización mecánica, especializada, cronometrada y que sustituye con la relación anónima a la comunicación persona a persona; (ii) la dependencia de la monetarización y el creciente interés del dinero para sólo sobrevivir, lo que ha producido la disminución de esa necesaria parte de la vida orientada por el servicio gratuito al prójimo, el don, la amistad y la fraternidad, (iii) los desequilibrios del desarrollo que terminan en una carrera por el crecimiento elefantiásico, pagando el precio de las depredaciones en la calidad de la vida además del sacrificio de todo lo que no obedece a la competitividad.

Debemos ser concientes que con el bienestar, se desarrolla también el malestar. El PBI, la tasa de crecimiento, ha sido incapaces de rendir cuentas de los procesos de degradación de nuestra civilización. De acuerdo con Morin, el problema no es más entonces el del desarrollo sustentable, sino el de la civilización sustentable.

La anonimización, atomización, “mercaderización”, degradación moral, la alienación, la fragmentación, el malestar, progresan de manera interdependiente. La pérdida de responsabilidad producto de las maquinarias tecnoburocráticas compartimentadas e hiperespecializadas y la pérdida de la solidaridad a consecuencia de la atomización de los individuos y a la obsesión del dinero han conducido a una tremenda degradación moral. Según Morin, no hay sentido moral sin sentido de la responsabilidad y sin sentido de solidaridad.

La propuesta de Morin es reunir, integrar y hacer converger las contratendencias alternativas en lo que él define como una política de civilización.

Una nueva resistencia ha nacido desde la toma de conciencia ecológica, la extensión del desempleo y la alienación de la vida urbana: microtejidos de la sociedad civil tratan de reaccionar por ellos mismos y abren perspectivas de una economía evidentemente herética a los ojos de la mayoría de los economistas, la economía de la calidad de vida y de la convivencialidad (Ivan Illich, recargado).

Sin embargo, estas iniciativas suelen ser locales y dispersas. No hay que sistematizarlas pero sí sistemizarlas, afirma Morin, es decir religarlas, coordinarlas para que constituyan un todo para que emerjan a la política de civilización. Mientras que solidaridad, convivencialidad, ecología, son pensadas separadamente, la política de civilización las concibe en conjunto y propone una acción de conjunto. Solidarizar, responsabilizar, moralizar son interdependientes. Hay en cada una y en todas un potencial de solidaridad que se revela en circunstancias excepcionales y hay una pulsión altruista permanente. No se trata entonces de promulgar la solidaridad pero sí de liberar la fuerza de las buenas voluntades y de favorecer las acciones solidarias.

En su propuesta Morin nos introduce el concepto de las Casas de solidaridad que podrían ser generalizadas en ciudades y barrios. Se trata de centros de recepción para las necesidades morales urgentes, con un cuerpo de voluntarios y profesionales en permanente disponibilidad para todas aquellas otras necesidades que dependen de los servicios sociales del Estado (policía, instituciones de ancianos, etc.). Alrededor de esta lógica, se podría disponer de agentes solidaristas actuando en las comisarías, en cada administración, en todos los sitios estratégicos.

Morin propone también la promoción de la economía solidaria que podría operar bajo nuevas formas: la economía mutualista. Iniciativas que se apoyarían en, y/o suscitarían, solidaridades locales. Asímismo, la formación de cooperativas o asociaciones sin fines de lucro asegurarían servicios sociales de proximidad. También se podría contemplar la transformación del servicio militar (obligatorio en muchos países) en servicio de asistencia-solidaridad a las desgracias internas y externas. Son tantas las cosas que se pueden hacer si mediará en las clases dirigentes de todos los sectores privados y públicos una súplica de la necesidad y que los conmueva al punto de plantearse la obligación de un verdadero cambio de paradigma.

Como Morin lo afirma, solidaridad, religancia y responsabilidad son los componentes de una conducta moral. Como toda ética, requiere una fe, la fe conjuntamente madre de la Fraternidad y de la comunidad que alimentan la ética de la responsabilidad. Diferentes expresiones de fe deberían ser despertadas y regeneradas para que alimenten formas de apertura y de tolerancia al amparo de una política de civilización. Se trata de obrar por la moralidad en y por el comportamiento.

Convivencializar, solidarizar, regenerar, pueden encontrar ahora una expresión territorial y económica. Territorialmente, se trata de repoblar el desierto humano, la desertificación no es sólo rural; es urbana en el sentido en que el proceso de deshumanización está haciendo estragos en las ciudades. Así como la ecología poco a poco se está tornando económicamente vital y rentable, la calidad de vida debe tornarse tan viable como rentable. El sistema educativo destruye las aptitudes intelectuales que son vitales, destruye la posibilidad de concebir la propia sociedad, la propia vida y sus propios cuestiones esenciales. Urge una reforma que evite el pensamiento unidimensional y fragmentado que produce este sistema. Ello favorecería el renacimiento de la responsabilidad que ha sido siempre degradada dentro de la compartimentalización y la especificación del mundo tecnoburocrático.

La política de civilización debería comportar una reforma de pensamiento. Es decir, una reforma de la educación que sería destinada a aprender a contextualizar y globalizar informaciones y conocimientos. La reforma del pensamiento constituye un objetivo capital de la política de civilización.

Morin afirma que el objetivo de la política de civilización tiene su manifestación en el bien-vivir (yo prefiero denominarlo como el bien-lograrse) y no el bienestar que, reducido a sus condiciones materiales, produce también malestar. Claramente, se trata de una tarea cuyo alcance es el largo plazo. La política de civilización es la política de la resistencia a la barbarie actual con miras a reconstruir un porvenir, supone la conquista del presente, a la regeneración del pasado y a la reconstrucción del futuro y no reduce el pensamiento y la acción de la política sino que le vuelve a dar sentido.

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La crisis global: la falta de conciencia

Miércoles 3 Septiembre, 2008 · 4 comentarios

Vivimos en una época de triunfos sin precedentes para la especie humana. La ciencia moderna ha desarrollado sofisticadas naves espaciales que transportan astronautas y van más allá del sistema solar, hemos roto el código del ADN y comenzado con la ingeniería genética. Ni qué hablar de Internet, la red electrónica que está transformando rápidamente el fragmentado mosaico de las comunidades humanas en una aldea verdaderamente planetaria. Sin embargo, el lado oscuro de la historia reciente es igualmente pavoroso. Sumas inimaginables de dinero se han gastado en la locura de la guerra; millones de personas han sido torturadas y asesinadas por dictaduras y regímenes totalitarios de todo el mundo. La contaminación industrial del suelo, el agua y el aire; la amenaza del cambio climático, provocado por la acción antrópica; la degradación incesante del medio ambiente; la irresponsable deforestación y envenenamiento del plancton marino, los peligros de los químicos y tóxicos en nuestros alimentos y la crisis del agua, aun en ciernes.

Mientras los países más desarrollados se van dando cuenta de que el crecimiento ilimitado es un sueño, decenas de millones de personas viven en la más absoluta miseria, mueren de hambre o de enfermedades evitables. Junto con la exuberante acumulación de la riqueza, las naciones industrializadas muestran un rápido incremento de desórdenes emocionales, suicidios y criminalidad. Puede sonar dramático, sin embargo, no es una exageración referirse a esta situación como una crisis mundial sin precedentes por la magnitud que ella conlleva.

Es cuestión de vida o muerte identificar correctamente las causas de esta peligrosa situación y encontrar remedios eficaces. Si consideramos los recursos disponibles y el avance de la ciencia, el hambre, la pobreza y las muertes provocadas por enfermedades en el mundo son absolutamente subsanables. Además de la total absurdidad de las guerras, se puede mostrar que ninguna nación se hizo más rica como consecuencia de una guerra. Lo que siempre se da es la destrucción sin sentido de recursos económicos, así como de vidas humanas. La humanidad tiene los medios y la capacidad tecnológica necesaria como para alimentar a la población de todo el planeta y garantizar un estándar de vida razonable para todos, para combatir la mayoría de las enfermedades, reorientar a la industria hacia fuentes renovables de energía y prevenir la contaminación.

Nagasaki destruida

Nagasaki destruida

Las negociaciones diplomáticas, las intervenciones y políticas económicas y sociales y el accionar de los organismos internacionales han surtido poco efecto y cada vez resulta más clara la razón por la que fallan. Hoy en día, mucha gente se da cuenta de que los problemas que enfrentan en realidad no son de origen político, militar, tecnológico o económico. Estos acercamientos son una extensión de las mismas actitudes que han originado la crisis mundial en un principio. A pesar de que los problemas del mundo son de otro tipo, no son más que síntomas de una condición fundamental: el estado emocional, moral y espiritual de la sociedad. Estoy absolutamente convencido de que son el resultado del actual nivel de conciencia de cada uno de los seres humanos. Por ello, la única solución efectiva y duradera para estos problemas sería una radical transformación interna de la humanidad a gran escala, y su consiguiente elevación a un nivel de conciencia y madurez más alto, superar el estado de adolescencia en el que, como especie, nos encontramos.

La tarea de crear una escala totalmente distinta de valores y tendencias para la humanidad podría parecer demasiado idealista y utópica como para brindar una esperanza de cambio. ¿Qué habría que hacer para transformar a la humanidad contemporánea en una especie de individuos capaces de convivir pacíficamente con los demás sin que importen su color, su origen, su idioma o sus convicciones políticas? ¿Cómo podría la humanidad empaparse de los profundos valores éticos, la sensibilidad hacia las necesidades de los otros y del medio ambiente y la conciencia de las urgencias ecológicas? Tal tarea parece demasiado fantástica al nivel de la utopía.

El estudio del surgimiento de la espiritualidad, así como las nuevas investigaciones de la conciencia y los nuevos tipos de psicoterapia proporcionan las pistas y la información necesarias. A lo largo de este blog he tratado de dar cuenta de los cambios que se observan en el curso de una práctica espiritual sistemática y una profunda exploración de sí. Asímismo, he procurado analizar estas transformaciones y su posible importancia para la crisis que asota al planeta. Entre las fuerzas psicológicas que caracterizan la actual condición de la humanidad y contribuyen a la crisis mundial se cuentan la utilización de la violencia, la ambición y el materialismo insaciables, y una insatisfacción habitual que tiende a producir una avidez sin límites y la búsqueda de metas al nivel de lo irracional.

Muchas personas sufren una grave falta de conciencia de que todos estamos íntimamente interconectados con la naturaleza; carecen de la sensibilidad ecológica esencial para que sigamos sobreviviendo. Todas estas características parecen ser sintomáticas de la grave alienación de la vida interior y la pérdida de valores espirituales. Quienes obtienen el acceso a las regiones profundas de la psiquis a través de diversas prácticas espirituales, psicoterapias experienciales o psicotecnologías de la atención, como las llamaba Ken Wilber, les es dada la oportunidad de descubrir las raíces de los aspectos más destructivos y autodestructivos de la naturaleza humana, y pueden sobreponerse a ellos al hacerlos totalmente conscientes. Las personas que se conectan por medio de sus vivencias a la región más prufunda de la psiquis, la dimensión transpersonal, tienden a desarrollar un nuevo aprecio por la existencia y una reverencia hacia la vida en todas sus formas.

Mejorar la aceptación de sí conduce a una mayor tolerancia hacia los demás. Las diferencias entre la gente se vuelven interesantes, y una ventaja en vez de algo amenazador, ya sean diferencias de sexo, raza, color, idioma, convicciones políticas o creencias religiosas. Luego de las profundas experiencias místicas, los intereses de la humanidad entera, toda la vida y el planeta tienden a tener prioridad por sobre los egoístas intereses de individuos, familias, partidos políticos, clases, países y credos. Lo que nos conecta y tenemos en común se vuelve más importante que las formas en las que diferimos.

Al aumentar la capacidad de disfrutar del momento presente, la insatisfactoria búsqueda de proyectos y metas grandilocuentes como forma de conseguir la satisfacción se vuelve cada vez menos fuerte. Como resultado, la vida es menos una lucha y más una aventura o un juego fascinante. A raíz de la transformación positiva que produce, la emergencia de lo espiritual en las personas, tal vez juegue un papel importante en el mundo si ocurre en una cantidad suficientemente grande de gente.

Muchos investigadores en el campo de las neurociencias, de la psicología cognitiva, de la humanista y de la psicología transpersonal, por ejemplo, creen que un mayor interés en la espiritualidad y una mayor incidencia de experiencias cumbre espontáneas representarían una tendencia evolutiva hacia un nuevo nivel de la con ciencia humana. Algunos van aún más lejos y consideran seriamente la posibilidad de que este acelerado desarrollo espiritual refleje un esfuerzo por parte de las fuerzas de la evolución para revertir el actual curso autodestructivo que ha tomado la raza humana. La posibilidad de que tales esfuerzos puedan realizar una contribución importante para aliviar la crisis mundial le agrega una estimulante dimensión y una fuerte motivación. En eso estamos… (así lo espero)…

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De la suciedad industrial a sociedad del conocimiento

Viernes 29 Agosto, 2008 · Deja un comentario

Interesante video. Es una rápida descripción de cómo estamos transitando del industrialismo moderno a algo nuevo. A una verdadera revolución de conceptos: un cambio cultural sin precedentes. Bienvenida la sociedad del conocimiento integral.

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La voracidad del tiempo

Martes 1 Julio, 2008 · 1 comentario


Toda vida, toda existencia, toda manifestación es una condensación transitoria en que ciertos aspectos siempre móviles se cristalizan gracias a la acción de afinidades sutiles. El sustento de donde toda manifestación surge no es otra cosa que el propio cambio. Cambia, todo cambia, lo único que no cambia es el hecho de que todo cambia. Muy taoista…, ciertamente, por que el cambio se apodera poco a poco de la realidad, transformándose en ella.

Velocidad warp

Hoy en día, estamos alcanzando uno de esos momentos clave de la historia, en el que todo lo que fué se está volcando hacia todo lo que será y lo impensable se hace probable, estaremos rodeados de cada vez más Cisnes Negros.

Los prehomínidos existieron por unas 900 generaciones, los humanos inteligentes por 500. Han pasado más de 80 generaciones desde el nacimiento de Jesús. El control del fuego, la domesticación de los animales, el descubrimiento de la rueda, la fundición de metales, las herramientas, la imprenta, el dominio de la electricidad han sido algunos agentes del cambio social que estimularon a los seres humanos, a pensar de nuevas maneras, acerca de sí mismos y el mundo circundante, e influenciaron el desarrollo de sistemas sociales y culturales, hasta llegar a la sofisticación del mundo actual.

En los tiempos anteriores a la escritura el progreso dependía de la capacidad de los pueblos de recordar; la evolución era por demás lenta ya que estaba al arbitrio de la oralidad. Con la escritura, el conocimiento se independizó de su portador y del tiempo, pero no del espacio, había que disponer del sustrato del papiro, del pergamino, finalmente, del libro. Hoy, ESTAMOS CONECTADOS y el saber se ha liberado de estas restricciones. Cada nueva innovación, cada pensamiento novedoso, cada creación se hace inmediatamente accesible haciendo que la realidad se torne compleja, paradójica, complementaria y, a veces, contradictoria. El progreso acelera al progreso y en ese frenesí, nuestra manera estandarizadamente racional de pensar, que tiende a ser simple, lineal, unilateral y secuencial deviene en obsoleta.

Nuestra comprensión de la realidad se ha basado en una estructura lógica, que reivindica que el pasado causa al presente. Sin embargo, en el mundo interdependiente de hoy, los cambios no son lineales, y están plagados de rupturas, mutaciones y discontinuidades que, en esencia, son impredecibles. Nuestras expectativas sobre el futuro, son causantes de nuestras acciones presentes y por ello, aunque resulte paradójico, el futuro también causa al presente. Por eso, el tiempo de hoy es el tiempo orgánico y multidimensional de la interdependencia; la historia deviene en incesante actualidad prefigurando una sociedad continua.

Una característica de nuestro tiempo, es que no sabemos precisamente cuáles son las dimensiones reales de lo que sucede. La vieja lógica racional estructurada nos dice que si a = b y b = c entonces a = c. Nada es más matemáticamente incuestionable. Sin embargo, si tenemos en cuenta la vertiginosa velocidad de los cambios y el aturdimiento con que se actualiza la realidad, mientras efectuamos esa comparación a “puede haber sido” b y b “puede haber sido” c, con lo cual en el lapso de tiempo en que se compara a con c habrá llegado tal bagaje de información, que todo vínculo de causal entre a y c, queda a lo menos perturbado. Entonces, suponer que a = c puede ser un error que acarree una catástrofe.

Toda esta cuestión comenzó con la construcción de los primeros ferrocarriles y el telégrafo. A partir de allí, la velocidad se transformó en un parámetro nuclear del desarrollo económico y social y se convirtieron en el marcapasos del progreso moderno. La aceleración de la velocidad, la comunicación instantánea, la retro-alimentación y la sincronización entre puntos distantes se transformaron en la vitamina de la que se nutrió el sistema capitalista propio de la era industrial bajo la idolatría de la eficiencia. La historia de la tecnología tal vez no sea más que la historia de la disminución de las esperas. El automóvil, el avión, el teléfono, las lociones capilares, los fertilizantes, los laxantes, el viagra, entre tantos inventos, merecen ser citados.

Como dijera Alvin Toffler, en la sociedad actual, “saber es cambiar”, y la reproducción más y más rápida del saber, alimenta el impulso de la tecnología, lo que nos lleva a la creciente aceleración del cambio. Según el escritor Milan Kundera la velocidad nos permite bloquear el horror y la desolación del mundo moderno. Según comenta en su novela, “El Libro de la Risa y el Olvido”, “nuestra época está obsesionada por el deseo de olvidar y, para realizar ese deseo, se entrega al demonio de la velocidad; acelera el ritmo para mostrarnos que ya no desea ser recordada, que está cansada de sí misma, que quiere apagar la minúscula y temblorosa llama de la memoria”.

Inmersos en esta voracidad temporal, las explicaciones racionales/secuenciales acerca de las cosas, comienzan a reencauzarse por una nueva lógica; la del cambio, la conectividad, la interactividad, el movimiento y la impermanencia. Discernir entre una relación de causa y una de efecto es cada vez más difícil, por no decir inútil. Todo ocurre tan velozmente, que lo único que se puede saber de cualquier efecto, es que se produjo. Cuanto más se busca la causalidad, más se retrasa uno. Por eso, ya no se puede actuar de acuerdo con el resultado previsto de alguna cadena causal, más allá de que esta, ciertamente, exista; por eso el verdadero orden actual es la espontaneidad. La única manera de mantener el control sobre las cosas es dejándolo pasar, soltándolo. Ésta es la paradoja del control.

Revolución tecnológica, revolución informática, era digital, sociedad de la información, economía informacional; todas estas nociones se han instalado con gran rapidez y sugestiva facilidad, en los más diversos discursos y ámbitos de la sociedad. Aunque muchos no sepan con exactitud a qué se refieren estas nociones, cuáles son sus alcances, sus diferencias y más aún, la incidencia que están teniendo, han logrado concentrar el enorme poder simbólico de representar el gran cambio epocal, la aparición de una nueva etapa en la civilización y en las posibilidades de la especie humana. Se suele afirmar que estamos emprendiendo una profunda e inédita transformación, en todos los niveles de lo que entendemos por realidad, en la que los avances tecnológicos ocupan el lugar central por ser la palanca de nuestra evolución como especie inteligente.

A partir de fragmentos del libro: La Red y el futuro de las Organización: Más conectados….¿Más integrados? de mi autoría, Colección Empresa, Editorial Kier, 2008.

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La Red y el futuro de las organizaciones

Miércoles 4 Junio, 2008 · Deja un comentario

A continuación los dejo con una presentación completa que intenta expresar en líneas muy generales de qué va mi libro: La Red y el futuro de las organizaciones. Más conectados…¿Más integrados?.

Si bien el contenido del libro no está totalmente estructurado de manera dual, ni la presentación respeta el orden del libro, para facilitar la comprensión de los slides he optado, como se ha hecho en otras ocasiones, por biparticionar la presentación representando del lado izquierdo el orden tecno-económico-social del que venimos, el pasado aun presente. Llamenlo como les guste: la Modernidad, el orden tecno-industrial, el paradigma economico prevaleciente a lo largo del siglo XX o como lo deseen. Del lado derecho y sin que ello implique preferencia ideológica alguna, se da cuenta del nuevo orden (o mejor dicho desorden) de las cosas: el de la sociedad del conocimiento, la sociedad enREDada, el paradigma de la conectividad, o cual rótulo uds. deseen poner.

La presentación fue realizada con el aporte de numerosas personas que, sin saberlo, me facilitaron sus excelentes imágenes, muchas veces halladas por pura serendipia. Para ellos valga mi reconocimiento y agredecimiento.

Espero les agrade:

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El Yo Evolutivo

Miércoles 9 Abril, 2008 · Deja un comentario

El éxito Fluir nos presentó una nueva teoría sobre la felicidad que cambió radicalmente nuestra visión de la vida y de nosotros mismos. En El Yo evolutivo. Una psicología para un mundo globalizado, su nueva obra editada por Kairós, Mihaly Csikszentmihalyi (cuyo apellido se puede pronunciar como “chick send me high“) nos enseña cómo llegar a comprender y superar nuestra herencia evolutiva para poder re-crearnos a nosotros mismos y al mundo de cara a los nuevos tiempos que vivimos.

Mihaly Csikszentmihalyi sostiene que los mismos comportamientos, genéticamente programados, que hasta hace poco ayudaron a los seres humanos a adaptarse y multiplicarse, ahora amenazan su supervivencia. Las obsesiones con la comida y el sexo, las diferentes formas de adicción al placer, una excesiva racionalidad y la tendencia a centrarnos en los aspectos negativos de la existencia son algunos de los factores que ponen en riesgo el futuro de la humanidad.

Para revertir esta tendencia, el autor plantea que debemos liberar nuestra mente de ilusiones culturales tales como la superioridad etnocéntrica o la identificación con las posesiones individuales, y nos anima a encontrar modos de reducir la opresión, explotación e injusticia que se han ido arraigando en la estructura de la sociedad. Y, fundamentalmente, Csikszentmihalyi nos insta a asumir el control de la evolución humana, para lo cual sólo necesitamos concentrarnos en aquellas actividades que nos resulten estimulantes, que nos hagan sentir en equilibrio con el exterior y superar el conformismo y el caos.

Mihaly Csikszentmihalyi es profesor de Psicología en la Universidad de Chicago, miembro de la National Academy of Education y de la National Academy of Leisures Sciences.

Fuente: Editorial Kairós, http://espiritualidadypolitica.blogspot.com/

Enlace a un artículo que escribí sobre el tema: Humanismo y Conectividad sobre Mihaly Csikszentmihalyi y el fluir de la felicidad, que incluye una muy buena entrevista realizada por Eduard Punset a él.

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