Humanismo y Conectividad

Entradas etiquetadas como as ‘Conciencia Integral’

La visión integral como experiencia

Viernes 13 Febrero, 2009 · 2 comentarios

La visión integral como experienciaResumir de manera simplificada en un post qué es la conciencia integral puede parecer una antinomia ya que la definición supone la práctica consciente de la integración de lo existente y, por lo tanto, imposible de reducir y objetivar a simples categorías. Con todo, muchos son los enfoques de aproximación a lo integral puesto que, de por sí, supone un abordaje a la realidad desde su dimensión trascendente y completa de todos los ámbitos con los que el ser humano se relaciona y, por lo tanto, sería posible acercarse desde múltiples lugares que, finalmente, resultarían convergentes en la experiencia integral. La filosofía del budismo vajrayana afirma que existen 84.000 maneras de alcanzar el estado de iluminación, sin embargo, dado su carácter no dual, se trataría de una experiencia sin igual, es decir, única.

El término “Integral” fue adquiriendo gran relevancia, desde que pensadores como Jean Gebser y, más recientemente, Ken Wilber lo incorporaron en el discurso de la filosofía y psicología; y lo empezaron a usar de manera sistemática. Fue el antropólogo cultural Jean Gebser, el primero que realizó una interpretación coherente de la visión integral de la realidad al estudiar la evolución de las estructuras de conciencia a lo largo de la historia de la humanidad. Durante el proceso de indagación que encaró durante muchos años, Gebser intuyó la emergencia de una nueva visión de la realidad, un nuevo meme cultural, que denominó como la estructura integral de conciencia. Su gran aporte quedó plasmado en el libro: The ever-present origin, que, si bien es poco conocido es, para mi, de una trascendencia notable.

Ken Wilber (cropped version)
Image via Wikipedia

El término “integral” ha sido sinónimo de: inclusivo, comprensivo, integrador, equilibrado, noético, aperspectivo y representa todo un cuerpo de conocimientos empíricos y sabiduría experiencial que hace de la vivencia humana una experiencia completa. Así la palabra abarca una visión ampliada omnodireccional de la realidad: el todo que hace que nos tornemos “individuos”, o sea seres únicos, completos. Lo integral, no sólo se refiere a los aspecto psicológicos o experienciales, sino que abarca la comprensión de los mundos de la ciencia y la espiritualidad, la política y la sociología y hasta la ecología y los internaliza en experiencia.

Tomando como referencia la Visión Integral que sintetiza Ken Wilber en su modelo de los cuatro cuadrantes lo integral se mueve a través de las diferentes líneas de desarrollo del ser humano, sea a través de lo artístico, lingüístico, matemático, relacional, literario, emocional, etc.; a través de los tipos o modos femenino, masculino, flemático, de los estados de conciencia vigílico, sobrio, ebrio, de conciencia alterada, alfa, etc.; de los estadios o las etapas de desarrollo de las personas, como la infancia, la adolescencia, la adultez, la menopausia, etc., así como de los niveles de conciencia, arcaica, mítica, racional/moderna, post-moderna, integrativa y su asimilación en principios de observación y conocimiento de las leyes holónicas.

Según la visión integral, para cada estado de conciencia, hay un componente energético que no sólo es percibido sino sentido e interiorizado ya que el cuerpo actúa como vehículo somático que suministra apoyo real para cualquier estado de conciencia. Como bien dice Wilber: Cada mente tiene su cuerpo. Es por esta razón que el hecho de encontrarnos en el nivel de conciencia en que nos encontremos, será importante darnos cuenta de vivirlo con y a través del cuerpo, para poder facilitar la “concientización” del nivel en cuestión.

Slark (Flickr)

Diagrama realizado por Don Beck, fuente: Slark (Flickr)

La “filosofía perenne” a la que alguna vez aludió Aldous Huxley, también se refería al cuerpo, la mente, el alma y el espíritu como niveles fijos pre-existentes de la existencia humana. Sin embargo, desde la visión Integral los niveles de existencia, comprensión, desarrollo no existen en un antes, sino que son potenciales energéticos que van tomando forma a medida que se van transitando. Los niveles de conciencia, entonces, son los estados naturales universales, como es el estado de vigilia (material ó físicobiológico-cuerpo), sueño con sueños (sutil-mente) sueño profundo (causal-alma) y estado no dual (no dualidad-Espíritu). Estos, son espacios de experiencia posible (potencialidades), no niveles estancos, fijos e inmutables.

Lo Integral utiliza multiplicidad de metodologías y cuenta con diversidad de ojos para observar la realidad circundante, sin perder de vista la noción de trascendencia. El Sistema Operativo Integral (IOS en inglés) es el modo en que Ken Wilber denomina a la metodología y aplicación integral (con todos sus componentes), resultando ser un pensamiento tremendamente vanguardista. El aspecto negativo que se puede considerar es que sin la práctica y la experiencia personal, esta visión NO puede ser Integral. Por eso, se potencia no sólo el conocimiento teórico de sus principios y componentes sino la práctica transformativa integral, preferiblemente siguiendo la práctica integral (no fanática) de cualquier tradición que promueva la experiencia vivencial del Espíritu (reciba el nombre que reciba) en su aplicación a la cotidianeidad, es decir a la vida en tanto experiencia a ser vivida.

¿Querés compartir o difundir este artículo?






Categorías: Cambio de paradigma · Conciencia Integral · Espiritualidad
Etiquetado: , , , , , , , , ,

Maestría en la teoría integral

Viernes 12 Diciembre, 2008 · 3 comentarios

A través de un compañero de México, Juan Pablo Rico, me acabo de enterar que existe una maestría en estudios integrales, más específicamente en Teoría Integral en la John F. Kennedy University.

¡Qué excelente iniciativa!

Dicho programa se realiza en asociación con el Integral Institute que dirige en excelentísimo Ken Wilber, una frecuente presencia en este blog, aunque menos frecuente de lo que debería ser.

De la maestría me encantó parte del programa (el cual no he traducido pero bien se entiende…):

CORE THEORY

  • Introduction to Integral Theory
  • Integral Theory – IMP
  • Integral Theory – Applications

CORE APPLIED

  • Integral Life Practice
  • Integral Research
  • Integrative Final Project

CORE INTEGRAL COURSES

  • Subtle Energy Systems
  • Multiple Intelligences
  • Perspectives on the Body
  • Ecological Medicine
  • Cognitive Science
  • Developmental Psychology
  • Phenomenological Inquiry
  • Enneagram
  • Intersubjectivity
  • Cultural Development
  • Social Systems
  • Neuroreligion
  • States of Consciousness
  • Ethics & Compassion
  • Emergence
ELECTIVES
Integral Applications:

  • Integral Ecology
  • Integral Business
  • Integral Art
  • Integral Politics

Integral Religion:

  • Evolutionary Theory
  • Integral Buddhism
  • Integral Christianity
  • Integral Kabbalah
  • Integral Spirituality

Integral Inquiry:

  • Non-duality
  • Worldviews
  • Shadow
  • Vision-Logic

Un par de reflexiones sobre esta excitante novedad que me llega:

  1. No me siento sólo ni siento que esté arando en la arena al procurar difundir cuestiones relacionadas con el cambio de visión del mundo a favor de una percepción (más) integral de la realidad.
  2. Siento cierta envidia por estar viviendo en un lugar (América Latina) y estar rodeado de un contexto que nos es para nada poroso al cambio de visión al que he aludido. De hecho, el ambiente que me rodea, tiende a ser reactivo a él. Las clases dominantes y las elites por estos lares del mundo todavía ni siquiera superaron la era moderna a pesar de que se puede decir que ha pasado más de 50 años desde su “decretado” final…
  3. Me despierta cierta esperanza, pues a diario me comunico, privadamente o a través de este blog con numerosas personas, excelentes seres que, como yo, navegamos por aguas similares, todo ellos y tal vez vos, compañeros de este increible viaje de descubrimiento y (valga la palabra) evangelización epistemológica.
  4. Ojalá quienes abogamos por la difusión de este tipo de teorías, tan necesarias hoy, y que vinculan en un todo coherente a la ciencia, el arte y (por qué) la espiritualidad, en una síntesis que se me antoja identificada con los más altos valores humanistas, tengamos la capacidad de que, en un futuro no muy distante, podamos instaurar en las instituciones académicas de nuestra región programas de estudio similares a de la John F. Kennedy University.

    Sueño con ello.



Recomendar en Menéame Recomendar en Digg it Recomendar en Reddit Enviar a Del.icio.us

Meméame del.icio.us Yahoo! MyWeb StumbleUpon Furl Blinklist Spurl Magnolia Simpy Blogmarks Netvouz Startaid Facebook Shadows

Smarking RawSugar Technorati Digg reddit Rojo Netscape Newsvine Mister Wong LinkArenaYigg Webnews folkd.com

Boton para agregar esto a favoritos socialesAgregar este boton de agregadores

Categorías: Arte objetivo · Cambio de paradigma · Ciencia · Conciencia Integral · Desarrollo económico y otros desarrollos · Ecología · Economía solidaria · Jean Gebser · La Tercera Cultura · Nuevo Humanismo · Sistemas complejos · Tendencia · complejidad · creatividad
Etiquetado: , , , , , , , , , , , , , , , , ,

Una mente … dos cerebros (que deberíamos integrar)

Miércoles 10 Septiembre, 2008 · 10 comentarios

La siguiente ilusión óptica me dejado pensando muy profundamente acerca de qué es lo real y lo no real. Estoy perplejamente impresionado. Como podrán ver, claramente, construimos la realidad desde nuestras percepciones. Sin embargo, dicha realidad dependerá de con qué hemisferio del cerebro construimos la síntesis a partir de la cual la interpretamos.

¿Pensamos con el hemisferio izquierdo o con el derecho? De eso se trata es entrada. Si quieren entender a qué me estoy refiriendo, les pido que tengan un poco de paciencia y traten de ver a la bailarina girando en el sentido de las manecillas del reloj y (también, aunque no lo creas) en el sentido opuesto. Creeme … es posible verla girar en uno u otro sentido … Si sólo la ven girar en un sólo sentido, tengan paciencia. Pueden ayudar al cerebro girando el dedo índice como si discara un viejo teléfono, en el sentido al que no han podido verla bailar … Es increible …

Cuando uno la ve girar en el sentido de las manecillas del reloj, entonces es porque se está utilizando más el hemisferio derecho , y vice versa. Según parece, la mayoría de las personas veríamos a la bailarina girar en contra de la dirección del reloj, aunque, como se puede constatar, es posible tener una mirada diferente y hacer que cambie de dirección. ¿Por qué sucede esto? Aparentemente, una u otro mirada depende de con qué parte del cerebro la vemos. Aunque, si te fijás bien en la sombra del pie es más evidente que la bailarina no está dando vueltas. Va y vuelve pero no da la vuelta, sin embargo, nuestro cerebro siempre tiende a rellenar y completar la vuelta. Así que es casi imposible no verla dando la vuelta.

Se trata de un ejemplo clásico de una ilusión óptica. La imagen no esta realmente girando en una dirección o la otra. Es simplemente una imagen de doble dimensión creada de tal manera que se mueve constantemente de un lado a otro, sin embargo nuestro cerebro no está preparado para interpretar el mundo en dos dimensiones sino de manera tridimensional. Por tal razón, nuestro proceso visual asume que estamos viendo la imagen en 3 dimensiones y usa las características de la imagen para interpretarlo de tal manera. También podríamos decir que al no tomar en consideración todas las características de la imagen el cerebro arbitrariamente decide la mejor posibilidad, es decir si gira hacia la izquierda o hacia la derecha. Una vez que el cerebro hace esta elección la ilusión es completada y vemos una imagen tridimensional que gira según la elección de nuestro cerebro. Según parece, si se puede ver girando a la bailarina en ambos sentidos, el IQ estaría por encima de los 160… aunque no puedo dar crédito de esta afirmación.

Hace poco me llego la noticia acerca de una encuesta realizada a 10.000 personas en la que se preguntó: ¿Dónde obtiene sus mejores ideas? Las respuestas fueron contundentes, especialmente considerando todo el tiempo que la gente pasa en su lugar de trabajo: El 97% respondió: bañándose, antes de dormir, cuando no hace nada, mientras camina, meditando, analizando, en vacaciones, tomando vino, en actividades diversas. Sólo un 3% respondió que las mejores ideas le llegaban en el trabajo…

Tenemos dos cerebros …, uno hace el trabajo y el otro se encarga de generar ideas creativas, que no tienen nada que ver con la rutinización que supone la actividad laboral tal como la conocemos. Ya desde la época de sócrates y Platón se postulaba la idea de que había distintos aspectos de la mente humana. A uno de estos aspectos Platón lo llamó “logistikon“, nuestra parte racional. A la otra, la llamó “nous“, la parte intuitiva. Cuando una persona está en su trabajo, la mayor parte del tiempo usa el lado izquierdo del cerebro; se concentra en los detalles, en tratar de encontrar el problema, en tratar de obtener infromación y hecho concretos y por ello se basa en la lógica, la practicidad y el orden. Sin embargo, para hacer emerger una idea totalmente nueva, hay que ir más allá de los patrones establecidos. Hay que abrirse al espacio creativo, dejarse llevar e integrar ambos aspectos de nuestro cerebro, los hemisferios izquierdo y derecho funcionando como un todo en la mente activa. A continuación les dejo algunas técnicas para potenciar la creatividad. Se trata de una clase que suelo dar en mis cursos de planificación estratégica en la universidad. Espero les agraden.

Más técnicas de creatividad

Para terminar, sería importante conocer cuáles son las diferencias queexisten entre el hemisferio izquierdo y el hemisferio derecho. Valga la siguiente tabla comparativa copypasteada de personarte:

Comparación entre las características de ambos hemisferios
Hemisferio Izquierdo
Hemisferio Derecho
Verbal: Usa palabras para nombrar, describir, definir. No verbal: Es consciente de las cosas, pero le cuesta relacionarlas con palabras.
Analítico: Estudia las cosas paso a paso y parte a parte. Sintético: Agrupa las cosas para formar conjuntos.
Simbólico: Emplea un símbolo en representación de algo. Por ejemplo, el dibujo significa “ojo”; el signo + representa el proceso de adición. Concreto: Capta las cosas tal como son, en el momento presente.
Abstracto: Toma un pequeño fragmento de información y lo emplea para representar el todo. Analógico: Ve las semejanzas entre las cosas; comprende las relaciones metafóricas.
Temporal: Sigue el paso del tiempo, ordena las cosas en secuencias: empieza por el principio, etc. Atemporal: Sin sentido del tiempo.
Racional: Saca conclusiones basadas en la razón y los datos. No racional: No necesita una base de razón, ni se basa en los hechos, tiende a posponer los juicios.
Digital: Usa números, como al contar. Espacial: Ve donde están las cosas en relación con otras cosas, y como se combinan las partes para formar un todo.
Lógico: Sus conclusiones se basan en la lógica: una cosa sigue a otra en un orden lógico. Por ejemplo, un teorema matemático o un argumento razonado. Intuitivo: Tiene inspiraciones repentinas, a veces basadas en patrones incompletos, pistas, corazonadas o imágenes visuales.
Lineal: Piensa en términos de ideas encadenadas, un pensamiento sigue a otro, llegando a menudo a una conclusión convergente. Holístico: Ve las cosas completas, de una vez; percibe los patrones y estructuras generales, llegando a menudo a conclusiones divergentes.

Recomendar en Menéame Recomendar en Digg it Recomendar en Reddit Enviar a Del.icio.us

Meméame del.icio.us Yahoo! MyWeb StumbleUpon Furl Blinklist Spurl Magnolia Simpy Blogmarks Netvouz Startaid Facebook Shadows

Smarking RawSugar Technorati Digg reddit Rojo Netscape Newsvine Mister Wong LinkArenaYigg Webnews folkd.com

Boton para agregar esto a favoritos socialesAgregar este boton de agregadores

Categorías: Conciencia Integral · Ignorancia · Misceláneos
Etiquetado: , , , , , , , , , , , , , , ,

Altruismo versus egoísmo

Miércoles 30 Julio, 2008 · 5 comentarios

En el pensamiento occidental se halla profundamente arraigada la idea de que el comportamiento humano es esencialmente egoísta. Asimismo son muchas las personas que, como yo, mantenemos un punto de vista opuesto. A mediados del siglo XVIII, por ejemplo, el filósofo empirista David Hume escribió mucho sobre la «benevolencia natural» de los seres humanos. Tiempo despues, incluso Charles Darwin atribuyó a nuestra especie un «instinto de simpatía». Pero, por alguna razón, en nuestra cultura ha echado raíces el punto de vista más pesimista sobre la humanidad, al menos desde el siglo XVII, bajo la influencia de filósofos como Thomas Hobbes, escritor del famoso Leviatán, quien tuvo una visión bastante pesimista de la especie humana, a la que consideraba violenta, competitiva y en permanente conflicto abocado únicamente a la consecución del propio interés. Hobbes, que se hizo famoso al eliminar cualquier atisbo de bondad humana básica; según se cuenta, fue descubierto en una ocasión dándole dinero a un mendigo y al ser interrogado acerca de este impulso de generosidad, afirmó: «No lo hago para ayudarle, sino para aliviar mi propia angustia al ver su pobreza».

Lamentablemente, las ciencias sociales en general y la psicología en particular se aferraron a ideas como éstas, admitiendo e incluso estimulando dicho egoísmo al suponer que toda motivación humana es, en último término, codiciosa y se basa puramente en el propio interés. Sigmund Freud afirmó en El malestar en la cultura, que «la inclinación hacia la agresión es una disposición pulsional autónoma, originaria, del ser humano». En la segunda mitad del siglo pasado hubo dos autores entre los que se pueden destacar: Robert Ardrey y Konrad Lorenz, que examinaron las pautas del comportamiento de especies animales depredadoras y llegaron a la conclusión de que los seres humanos también eramos básicamente depredadores, dotados de una tendencia innata a luchar por la posesión de territorio.

En los últimos años, sin embargo, el péndulo pareciera alejarse de esta visión profundamente pesimista la de la naturaleza bondadosa y compasiva del ser humano. Durante las dos o tres últimas décadas cientos de estudios científicos indican que la agresividad no es innata y que el comportamiento violento está influido por factores biológicos, sociales, situacionales y ambientales.

En 1986, un grupo de científicos de diversas disciplinas patrocinados por la UNESCO, se reunió en Sevilla para debatir el problema de la violencia en las sociedades humanas. La reunión concluyó con la famosa
Declaración de Sevilla sobre la Violencia, que ocupó un espacio considerable en los medios y que, aún hoy sigue siendo objeto de atención. A continuación les transcribo las 5 proposiciones y la conclusión de este rico manifiesto. Su lectura me pareció notablemente inspiradora:

1. Científicamente es incorrecto decir que no se podrá suprimir nunca la guerra porque los animales hacen la guerra, y el hombre es parecido al animal. Primero, esto no es cierto: los animales no hacen la guerra. Segundo, no es cierto: en esto no nos parecemos a los animales. A diferencia de ellos, los seres humanos tenemos una cultura, y esta cultura podemos hacerla evolucionar. Una cultura que ha conocido la guerra en una determinada época puede cambiar y vivir en paz con las demás culturas en otra época.

2. Científicamente es incorrecto decir que nunca se podrá suprimir la guerra porque forma parte integrante de la naturaleza humana. Las controversias sobre la naturaleza humana no probarán nunca nada, porque la cultura humana nos confiere la capacidad de moldear y transformar nuestra naturaleza de una generación a otra. Es cierto que los genes que se transmiten, en el óvulo y en el esperma, de padres a hijos, influyen en nuestra manera de actuar. Pero también es cierto que estamos influidos por la cultura en la que crecemos, y que podemos ser responsables de nuestros actos.

3. Científicamente es incorrecto decir que no se puede poner fin a la violencia porque las personas y los animales violentos viven mejor y tienen más hijos que los otros. Al contrario, todo indica que el bien vivir está directamente relacionado, tanto para los seres humanos como para los animales, con la capacidad de cooperar.

4. Científicamente es incorrecto decir que nuestro cerebro nos conduce a la violencia. El cerebro es una parte del cuerpo, como las piernas y las manos. Se puede utilizar la cabeza o las manos para tratar con el prójimo, o para ejercer la violencia. Puesto que el cerebro es el soporte físico de la inteligencia, nos ofrece la posibilidad de pensar lo que queremos hacer y lo que deberíamos hacer. Y ya que hay una gran aptitud para aprender, nos es posible inventar nuevas maneras de hacer las cosas.

5. Científicamente es incorrecto decir que la guerra es un fenómeno “instintivo”. Los científicos ya casi no usan el término “instinto”, porque no existe un solo aspecto de nuestro comportamiento que esté tan determinado que no pueda ser modificado con el aprendizaje. Desde luego, todos tenemos emociones e impulsos -el miedo, la ira, el deseo sexual, el hambre-, pero cada uno de nosotros es responsable del modo en que los expresa. E n la guerra moderna, las decisiones y las acciones de los generales y soldados no suelen tener un carácter emocional: los combatientes sencillamente hacen su trabajo, tal y como han aprendido a hacerlo. A los soldados instruidos para hacer la guerra, y a los pueblos llamados a apoyarlos, se les enseña a odiar y a temer a un enemigo designado. Toda la cuestión es saber por qué a unos y otros se les forma de este modo y están condicionados por los responsables políticos y los medios de comunicación.

En conclusión proclamamos que la guerra y la violencia no son una fatalidad biológica. Podemos poner fin a la guerra y a los sufrimientos que conlleva. No con esfuerzos aislados, sino llevando a cabo una acción común. Si cada uno de nosotros piensa que es posible, entonces es posible. Si no, no vale la pena ni intentarlo. Nuestros antepasados inventaron la guerra. Nosotros podemos inventar la paz. Todos nosotros, cada uno en su sitio, tenemos que cumplir con nuestro papel.

Este manifiesto redactado por más de veinte destacados científicos de todo el mundo reconoce, naturalmente, que el comportamiento violento existe, pero afirma categóricamente que es científicamente incorrecto decir que tenemos una tendencia heredada a hacer la guerra o actuar con violencia. Los científicos concluyeron que, a pesar de tener un aparato neuronal apto para actuar con violencia, ese comportamiento no se activa automáticamente. En nuestra neurofisiología no hay nada que nos impulse a actuar con violencia. Al examinar el tema de la naturaleza humana básica, la mayoría de los investigadores de este campo tienen la impresión de que poseemos potencial para desarrollarnos como personas bondadosas o agresivas, y que prevalezca uno u otro impulso depende en buena medida de nuestra formación.

Otros tantos investigadores contemporáneos no sólo han rechazado la tesis de la agresividad innata, sino también la del egoísmo. Investigadores como Daniel Batson o Nancy Eisenberg, han realizado numerosos estudios en los que se demuestra que los seres humanos tenemos una tendencia hacia el comportamiento altruista y algunos científicos, como la socióloga Linda Wilson, han tratado de descubrir la causa. La doctora Wilson ha teorizado que el altruismo puede formar parte de nuestro instinto básico de supervivencia, precisamente lo opuesto a las ideas de pensadores anteriores, quienes sostuvieron que la hostilidad y la agresividad eran la característica constitutiva de nuestro instinto de supervivencia. Al examinar más de cien grandes desastres naturales, la doctora Wilson encontró una fuerte tendencia altruista entre las víctimas, lo que parecía formar parte del proceso de recuperación. Descubrió que el apoyo mutuo tendía a evitar problemas psicológicos derivados de situaciones traumáticas.

La tendencia a establecer estrechos vínculos con los demás, actuando en favor del bienestar colectivo, puede estar profundamente enraizada en la naturaleza humana, por haberse forjado en un remoto pasado, cuando aquellos que pasaban a formar parte de un grupo tenían mayores probabilidades de supervivencia. Esta necesidad de estrechos lazos sociales persiste en la actualidad.

En un estudio realizado por el doctor Larry Scherwitz, se examinan los factores de riesgo de enfermedades coronarias y se ha descubrió que las personas más centradas en sí mismas (quienes suelen utilizar más los pronombres «yo», «mi» y «mío» en una entrevista) eran las más propensas a desarrollarlas, a pesar de mantener refrenados muchos comportamientos amenazadores para la salud.

Abrirse para ayudar a los demás puede ser tan fundamental para nuestra naturaleza como la comunicación potenciada hoy a través de los nuevos medios que, como este blog, empleamos para vincularnos. En definitiva la capacidad para la compasión y el altruismo serían función de nuestra capacidad de comunicarnos y es ciertamente el lenguaje el principal atributo del fenómeno humano. Así como hay zonas del cerebro específicamente dotadas para el desarrollo del lenguaje las hay para la empatía. De eso se tratan las neuronas espejo a las que me referí en otra entrada este blog y que están en íntima vinculación con las capacidades humanas para la comunicación.

Si nos vemos expuestos a unas condiciones socio-ambientales correctas, como por ejemplo pertenecer a una sociedad sana, algo que deberíamos aprender a definir y medir más allá de los usuales indicadores cuantitativos, y estoy pensando, por ejemplo, en los países que aprovecharon las lecciones de la historia, como los escandinavos, por ejemplo, es muy probable que esas zonas del cerebro empiecen a desarrollarse y madurar, aumentando nuestra capacidad pro-altruista.

Estoy rodeado de gente egoísta que sólo atiende sus propios intereses personales. Se trata de gente que trabaja para su propio bienestar que, cómo digo yo, sólo mira para arriba en busca de capturar la atención obsecuente de quienes puedan promoverlos. No tengo razones para ser demasiado optimista. Sin embargo, estoy convencido de que todos los seres humanos pueden poseer la «semilla de la compasión»; estoy seguro de que puede florecer con las condiciones adecuadas y gracias a nuestros propios y decididos esfuerzos intencionales.

Revisar nuestros presupuestos sobre la naturaleza fundamental de los seres humanos, pasando de lo hostil a lo cooperativo, nos abre nuevas posibilidades. Si empezamos por asumir el modelo egoísta de todo comportamiento humano, los niños sirven como un ejemplo perfecto, como una «prueba» de esa teoría. En el momento de nacer, los niños parecen tener una sola cosa en su mente: la satisfacción de sus necesidades, como la alimentación y el bienestar físico. Pero si dejamos de lado esa suposición, empieza a surgir ante nosotros una imagen completamente nueva. Podemos decir entonces, con la misma facilidad, que el niño nace programado sólo para aportar placer y alegría a los demás. Al observar a un niño recien nacido, sería difícil negar la naturaleza bondadosa de los seres humanos. A partir de esto, podríamos argumentar que el niño tiene una capacidad innata para aportar placer al otro, a la persona que lo cuida.

Los bebes están biológicamente programados para reconocer y responder, y son muy pocas las personas que no experimentan un verdadero placer cuando se los mira inocentemente a los ojos y ellos sonríen. Mirar a un niñito recien nacido que esta libre de toda conducta adquirida, es decir libre de ego, provoca en nosotros comportamientos bondadosos, tiernos y atentos en esa persona. Entonces la noción del niño como un pequeño manojo de egoísmo, como una máquina de comer y dormir, va dejando paso a la de un ser que llega al mundo dotado de un mecanismo para complacer a los demás, de darnos su pristina pureza y por lo tanto, sólo se necesitan las condiciones ambientales adecuadas para que esa semilla de virtud de desarrolle en él, fundamental y naturalmente.

Una vez que llegamos a la conclusión de que la naturaleza básica de la humanidad es compasiva en lugar de agresiva, nuestra relación con el mundo que nos rodea cambia inmediatamente. Ver a los demás como básicamente compasivos en lugar de hostiles y egoístas nos puede ayudar a relajarnos, a confiar, a sentimos a gusto con los demás y, por lo tanto, a contribuir a que ese ciclo virtuoso se desarrolle y crezca.

Recomendar en Menéame Recomendar en Digg it Recomendar en Reddit Enviar a Del.icio.us

Meméame del.icio.us Yahoo! MyWeb StumbleUpon Furl Blinklist Spurl Magnolia Simpy Blogmarks Netvouz Startaid Facebook Shadows

Smarking RawSugar Technorati Digg reddit Rojo Netscape Newsvine Mister Wong LinkArenaYigg Webnews folkd.com

Boton para agregar esto a favoritos socialesAgregar este boton de agregadores

Categorías: Cambio de paradigma · Conciencia Integral · Cooperación · Economía solidaria · Espiritualidad · Nuevo Humanismo
Etiquetado: , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

Ver el “Todo” en cada esto

Martes 22 Julio, 2008 · Deja un comentario

Tal como lo expresa Henri Bergson, la percepción son los sentidos menos algo: menos aquello que no nos interesa. La percepción es siempre la sensación filtrada por la memoria. “La sensación es esencialmente actualidad y presente; pero el recuerdo, que la sugiere desde el fondo del inconsciente de donde emerge a duras penas, se presenta con ese poder sui generis, de sugestión que es la marca de lo que no es, de lo que todavía querría ser… El recuerdo aparece en todo momento haciendo de doble de la percepción, naciendo con ella, desarrollándose al mismo tiempo y sobreviviéndola porque es de naturaleza distinta a ella” (Bergson, “Materia y Vida”, Ed. Atalaya, página 51).

Mi interpretación de esta idea me hace suponer que la función del cerebro, el sistema nervioso y los órganos sensoriales sería principalmente eliminativa, no productiva; reductora, no amplificadora. Pensar es categorizar, lo que supone olvidar el todo para recordar el símbolo, diría un observador de Funes en el pensar de Borges.

Cada persona, en cada momento, sería capaz de recordar cuanto le ha sucedido y de percibir cuanto está sucediendo en forma intacta. Sin embargo, la función del cerebro y del sistema nervioso sería protegernos, impedir que quedemos abrumados y confundidos, por la tremenda masa de conocimiento que es en gran parte inútil y sin importancia pero, dejando fuera la mayor parte de lo que de otro modo percibiríamos y admitiendo únicamente la muy reducida y especial selección que tiene probabilidades de sernos prácticamente inútil. De allí, surgiría el “ego”, la sensación de sí mismo.

Conforme a estas ideas, cada uno de nosotros sería potencialmente Inteligencia Libre. Pero, en la medida que somos animales, lo que nos importa es sobrevivir y para que la supervivencia biológica sea posible, esa Inteligencia Libre debería ser regulada mediante la válvula reductora que suponen el cerebro y el sistema nervioso, mediadores del “ego”.

Para formular y expresar el contenido de este reducido conocimiento, el hombre ha inventado esos sistemas de símbolos y Filosofía implícitas que denominamos lenguajes. Cada individuo se convierte, enseguida en el beneficiario y la víctima de la tradición lingüística en la que ha nacido:

  • El “beneficiario” puesto que el lenguaje nos procura el acceso a las acumuladas constancias de la experiencia ajena;
  • La “víctima” puesto que ello nos confirma la supuesta creencia de que ese reducido conocimiento es el único conocimiento y nos deja hechizado su sentido de la realidad en forma que cada cual se inclina demasiado a tomar sus conceptos por datos y sus palabras por cosas reales.

Este mundo, nuestro mundo, sería el universo del conocimiento reducido, expresado y, por decirlo así, petrificado por el lenguaje. Los diversos otros mundos con los que los seres humanos entran de modo errático en contacto, serían otros tantos elementos de la totalidad del conocimiento pertenecientes a la Inteligencia Libre a la que me referí.

La mayoría de las personas solo llegamos a conocer, la mayor parte del tiempo, lo que pasa por esa estrecha rendija reductora que consagra lo limitadamente percibido como genuinamente real por el lenguaje adquirido.

Sin embargo, ciertas personas parecen nacidas con una especie de abertura adicional que permite trampear a la rendija reductora. Pienso en todo esto pues días atrás vi un documental en el discovery channel y que reproduzco a continuación, sobre los savants. Se trata de personas con serias incapacidades mentales, innatas o adquiridas por enfermedad u accidente pero que acaban desarrollando misteriosamente una increíble habilidad intelectual que sobresale superlativamente.

Parte1: http://www.youtube.com/watch?v=EeeOAadTEZg
Parte2: http://www.youtube.com/watch?v=xcnaaQhOMyk
Parte 3: http://www.youtube.com/watch?v=gsDpaREOn5c
Parte 4: http://www.youtube.com/watch?v=1pIbs4lW6_o

Las habilidades más usuales de los Savant se centran en 4 categorías principales:

  • (i) Arte: facilidad innata de tocar instrumentos músicales, pintar y realizar esculturas.
  • (ii) Cálculo de fechas: Algunos savant pueden memorizar calendarios enteros, y recordar datos referentes a cada uno de esos días. Hubo un caso en el que unos hermanos gemelos (ambos autistas), eran capaces de calcular fechas 40000 años hacia atrás y hacia delante en el tiempo.
  • (iii) Cálculo Matemático: Capacidad para la realización de complejísimos cálculos matemáticos de forma instantánea y con gran precisión, como por ejemplo el cálculo de números primos o el realizar divisiones con 100 decimales.
  • (iv) Habilidades Mecánicas y Espaciales: Capacidad para medir distancias exactas sin la ayuda de instrumentos, construcción de detalladas maquetas, memorización de mapas y direcciones, etc.
  • (v) Otras habilidades: más inusuales pueden ser la facilidad para el aprendizaje de múltiples idiomas, fuerte agudización de los sentidos, perfecta apreciación del paso del tiempo sin necesidad de relojes, etc…

Casos como el de Kim Peek ,que inspiró el personaje de Dustin Hoffman en la película “Rain Man“, desafían lo imaginable. Él es capaz de leer extraordinariamente rápido, leyendo simultáneamente las dos hojas de un libro con cada uno de sus respectivos ojos. Kim recuerda el 98% de los 12.000 libros que ha leído, lee dos páginas en 8 segundos (usa cada ojo para leer una página distinta) y apenas tarda 1 hora en memorizar un libro, reteniendo de un modo preciso e instantáneo información sobre datos históricos, geografía, literatura o cualquier tema. Kim es además un “gps” humano: Con todos los mapas de EEUU en su cabeza, puede decir exactamente cómo llegar de una ciudad a otra, girando exactamente en tal o cual calle. En definitiva, una enciclopedia humana.

Las personas pueden adquirir transitoriamente un poder de percepción también notable, sea espontáneamente, sea como resultado de deliberados “ejercicios espirituales“, sea por la hipnosis o las drogas psicodélicas o por lo que hoy se empieza a conocer como estimulación magnética transcraneal. Estoy convencido de que en virtud de esa abertura auxiliar permanente o transitoria, se traspasan los límites del espejo, más allá del ego y el lenguaje, y se discurre por una percepción de “cuanto sucede” que no suprime ni excluye el contenido total que se es capaz de captar. ¿Serán los savants una prueba de ello?

Liberada la persona del mundo de los sí mismos, del tiempo, de los juicios morales y las consideraciones utilitarias, de la auto-afirmación de sí mismo, de la presunción, de las palabras excesivamente valoradas y de las nociones adoradas idolátricamente hay un conocimiento que los místicos de todas las tradiciones espirituales han intuido. En la fase final de la desaparición del ego hay un “conocimiento oculto” de que Todo está en todo, de que Todo es realmente cada cosa.

Para decirlo menos poéticamente: la experiencia humana está determinada tanto por la naturaleza de la mente y la estructura de sus sentidos como por los objetos externos cuya presencia la mente revela. Los hombres se creen víctimas de su experiencia porque se separan a “sí mismos” de sus mentes, pensando que la naturaleza del compuesto mente-cuerpo es algo que involuntariamente “ellos” han recibido desde fuera. Nuestro problema surge del hecho de que el poder del pensamiento nos permite construir símbolos de cosas separados de las cosas mismas. Así, podemos hacer un símbolo, una idea de nosotros mismos aparte de nosotros mismos. Como la idea es mucho más comprensible que la realidad, y el símbolo mucho más estable que el hecho, aprendemos a identificarnos con nuestra idea de nosotros mismos. De aquí nace el sentimiento subjetivo de un “yo” que “tiene” una mente, de un sujeto interiormente aislado a quien le ocurren involuntariamente las experiencias. Emerge la rendija reductora simbolizada en eso que llamamos ego.

Sin embargo, ese “yo” no es más que una idea, útil y legítima si se la toma por lo que es, pero desastrosa si se la identifica con nuestra naturaleza real. Cuando ya no nos identificamos con la idea de nosotros mismos, toda la relación entre el sujeto y el objeto, el cognoscente y lo conocido, sufre un cambio repentino y revolucionario. Se convierte en una relación real, una reciprocidad en la que el sujeto crea al objeto tanto como el objeto crea al sujeto. El cognoscente ya no se siente existiendo aparte de la experiencia. La fronteras de hacen porosas haciendo que toda pretensión de
“sacar” algo de la vida, o de la experiencia, se vuelva absurda. Para decirlo de otra manera, resulta claro que en el hecho concreto no tengo otro yo que la totalidad de las cosas de que soy consciente.

La sensación de aislamiento subjetivo se debe también a que no vemos la relatividad de los sucesos voluntarios e involuntarios. Esta relatividad se percibe fácilmente observando el propio aliento, pues con un pequeño cambio del punto de vista es tan fácil sentir que “yo respiro” como que “me respira”. Tenemos la impresión de que nuestros actos son voluntarios cuando vienen después de una decisión, e involuntarios cuando ocurren sin decisión. Pero si la decisión misma fuera voluntaria, cada decisión debería ser precedida de una decisión de decidirse, en una regresión infinita que afortunadamente y gracias a ese filtro reductor que opera en la conciencia, no ocurre. No obstante, somos libres de decidir porque la decisión “ocurre”. Decidimos sin tener la más mínima idea de cómo lo hacemos. En realidad, la decisión no es ni voluntaria ni involuntaria. “Tener la sensación” de esta relatividad es sufrir otra extraordinaria transformación de nuestra experiencia en conjunto, lo cual puede describirse de dos maneras. Tengo la sensación de que estoy decidiendo todo cuanto ocurre, o, por el contrario, siento que todo, inclusive mis decisiones, ocurre espontáneamente.

Parecería, pues, que liberarse de la distinción subjetiva entre “yo” y “mi experiencia”, al comprobar que mi idea de mí mismo no es mí mismo, es descubrir la relación real que existe entre mí mismo y el mundo “exterior”. Sería como descubrir la totalidad en cada parte, el todo en cada esto. El individuo, por una parte, y el mundo, por otra, no son más que los límites o términos abstractos de una realidad concreta que está “entre” ellos, como la moneda concreta está “entre” las abstractas superficies de sus dos lados.

Al identificarse con la idea de sí mismo el hombre adquiere un precario y espacioso sentimiento de permanencia. En efecto, esta idea es algo relativamente fijo; se basa en una serie cuidadosamente elegida de recuerdos de su pasado, recuerdos que han conservado y fijado el carácter. La convención social estimula la fijeza de la idea porque la utilidad misma de los símbolos depende de su estabilidad. Por tanto la convención lo alienta a asociar su idea de sí mismo con papeles simbólicos y estereotipados, igualmente abstractos, puesto que así podrá formarse una idea de sí mismo bien definida e inteligible. Pero en la medida en que se identifica con la idea fija, se da cuenta de que la “vida” es algo que corre a su lado y lo deja atrás, cada vez más rápido a medida que se hace más viejo, a medida que su idea se hace más rígida, más cargada de recuerdos. Mientras más trata de apresar el mundo, más lo siente como un proceso en movimiento.

Basado en textos de Henri Bergson, Materia y Vida, Editorial Atalaya, España; Aldous Huxley, Las puertas de la percepción, Cielo e infierno. Barcelona, 1997 y Alan Watts, El Camino del Zen.

Recomendar en Menéame Recomendar en Digg it Recomendar en Reddit Enviar a Del.icio.us

Meméame del.icio.us Yahoo! MyWeb StumbleUpon Furl Blinklist Spurl Magnolia Simpy Blogmarks Netvouz Startaid Facebook Shadows

Smarking RawSugar Technorati Digg reddit Rojo Netscape Newsvine Mister Wong LinkArenaYigg Webnews folkd.com

Boton para agregar esto a favoritos socialesAgregar este boton de agregadores

Categorías: Conciencia Integral · Espiritualidad · Jean Gebser · complejidad
Etiquetado: , , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

La evolución de la conciencia humana

Miércoles 9 Julio, 2008 · 3 comentarios


La capacidad de interpretar la realidad, esto es, la conciencia articulada de los seres humanos o sea las visiones del mundo han seguido un proceso evolutivo a lo largo de la historia. Según el testimonio de la antropología cultural, se ha desarrollado, de forma gradual, en el transcurso de los milenios. En los treinta o cincuenta mil años de historia del ser humano moderno, desde que llegó el homo sapiens, el cuerpo no ha cambiado significativamente; el grado de cefalización ha permanecido casi inalterado desde el nacimiento de nuestra especie. Sin embargo, la conciencia humana sí ha estado sometida a un proceso de desarrollo. Ha evolucionado desde su forma más arcaica en los comienzos y, si la humanidad sobreviviera el tiempo suficiente, evolucionará aún más. Espero así sea.

Los diferentes niveles de la conciencia humana, con su progresiva evolución desde el nivel más bajo hasta el más sutil, han sido previstos por casi todas las grandes tradiciones espirituales. Un cierto número de pensadores han intentado definir los pasos o las etapas específicas en la evolución de la conciencia humana. El sabio hindú Sri Aurobindo, por ejemplo, mantuvo la idea de que se producirá la emergencia de la superconciencia en ciertas personas como un próximo paso evolutivo; en la misma dirección, el filósofo y antropólogo cultural suizo-alemán Jean Gebser habló de la llegada de la conciencia integral con cuatro dimensiones, desde las etapas previas de conciencia arcaica, mágica y mítica. La estructura integral de conciencia sería hoy la siguiente etapa revolucionaria en los humanos, paso siguiente a la conciencia simple de los animales y a la autoconciencia egostita de los seres humanos contemporáneos.

El proceso evolutivo en seis niveles que utiliza Ken Wilber nos conduce desde la conciencia física, perteneciente a la materia/energía no viva, pasando por la conciencia biológica asociada a los animales y la conciencia mental característica de los humanos hasta el nivel más sutil que es arquetípico, transindividual e intuitivo. Esto se convierte a su vez en la conciencia causal y, en el paso definitivo, en la conciencia última denominada «Conciencia como Tal».

La dinámica espiral de colores, formulada incipientemente por Clare Graves y desarrollada por Chris Cowan y Don Beck ve la evolución de la conciencia contemporánea desde la etapa naranja «estratégica » que es materialista, consumista, preocupada por el éxito, la imagen y el estatus, es decir, orientada al crecimiento, hasta la etapa verde «consensual» del igualitarismo y la orientación hacia los sentimientos, la autenticidad, la solidaridad, la generosidad, dentro de la comunidad, yendo hacia la etapa amarilla «ecológica» centrada en la naturaleza, el cooperativismo, las realidades múltiples y el conocimiento. Este proceso culminaría con la etapa holística, que identifican con el color, «turquesa » que se caracterizaría por el individualismo en colectividad, la alteridad aperspectiva, la espiritualidad cósmica y los cambios terrestres.

Para ampliar clickear aquí o sobre la figura


La evolución de la conciencia, en los tiempos actuales, se desplegaría desde el ego limitado, la trampa del yo individualista, hasta una forma transpersonal que los trasciende. Si esto fuera así, constituiría una fuente de grandes esperanzas para el futuro del planeta. La conciencia transpersonal está abierta a recibir más información que alcanza al cerebro de la que es capaz la conciencia dominante en la actualidad, consolidada en el racionalismo perspectivista. Un cambio de esta magnitud podría acarrear consecuencias trascendentales para la evolución de la especie y la sanidad de los sistemas sociales y naturales. Una mayor empatia entre las personas y una mayor sensibilidad hacia los animales, las plantas y hacia toda la biosfera sería los corolarios naturales de semejante cambio.

Una sociedad caracterizada por la conciencia integral limita la tendencia al comportamiento materialista y egocéntrico; se encuentra informada de manera más amplia y profunda, y, por sobre todo, atiende cualquier problemática desde un enfoque aperspectivista al contemplar de manera sinérgica la posibles posiciones y opciones que se pudieran suscitar. Bajo el impacto de la nueva conciencia integral, el sistema basado en naciones/estado se transformaría en otro más global y coordinado, en un verdadero gobierno mundial tan coordinado como abierto a la autogestión descentralizada, en el que se respete debidamente la diversidad y el derecho de las personas y culturas a la autodeterminación. Aplicaciones como las que están surgiendo bajo la denominación de Web 2.0 serían la plataforma tecnológica que haría de esto una realidad.

Los sistemas económicos seguirían manteniéndose diversificados pero no fragmentados; se produciría la combinación de la autonomía local con la coordinación global, con unos objetivos que sirvieran a todas las personas y a todos los países del mundo, sin importar sus creencias, el nivel de desarrollo económico, el tamaño de la población o la riqueza de sus recursos financieros y naturales. Se trata de la Glocalización proclamada por Ulrich Beck y Roland Robertson.

Una consecuencia de todo esto sería que las diferencias en el nivel de riqueza y de poder se moderarían, y la frustración y el resentimiento se verían disminuidos, a la vez que la criminalidad, el terrorismo, la guerra y otras formas de violencia. Las sociedades serían más pacíficas y sostenibles, ofreciendo a todos sus miembros muchas posibilidades vitales con miras a promover el bienlograrse de los seres humanos, tanto a las generaciones vivas como a las futuras.

Dada su condición claramente utópica, desde nuestra perspectiva actual, ¿llegará a convertirse en una realidad esta condición de desarrollo? Lo que se puede afirmar es que la evolución no se pueda predecir, pero sí intuir. Todo lo que podemos decir es que si la humanidad no destruye su entorno vital y tampoco diezma sus poblaciones, la conciencia dominante de una masa crítica evolucionará desde los límites del ego hasta la etapa integral/transpersonal. Esta evolución esta obligada a dejar su sello en la gente y en la sociedad. Si las generaciones venideras consiguieran graduarse con una conciencia integral, se abriría una nueva era más pacífica, justa y sostenible para toda la humanidad. Por eso, es responsabilidad de todos abrir los surcos en el sendero de nuestras vidas para que este cambio de piel en pro del genuino desarrollo humano germine y fructifique. Es sobre eso de lo trata este blog.

Recomendar en Menéame Recomendar en Digg it Recomendar en Reddit Enviar a Del.icio.us

Meméame del.icio.us Yahoo! MyWeb StumbleUpon Furl Blinklist Spurl Magnolia Simpy Blogmarks Netvouz Startaid Facebook Shadows

Smarking RawSugar Technorati Digg reddit Rojo Netscape Newsvine Mister Wong LinkArenaYigg Webnews folkd.com

Boton para agregar esto a favoritos socialesAgregar este boton de agregadores

Categorías: Cambio de paradigma · Conciencia Integral · Cooperación · Espiritualidad · Evolución · Jean Gebser · Nuevo Humanismo
Etiquetado: , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

El más allá del reduccionismo: De la complejidad a la filosofía integral

Domingo 6 Julio, 2008 · 2 comentarios

Tener una imagen sistémica y organicista, adquirir una cierta comprensión de orden del mundo como sistema complejo posibilita gestar una visión integradora del universo abierta a la vivencia mística y filosófica de unión a la Tierra y la Naturaleza. Las huellas de la tendencia hacia una idea unitaria e integradora del universo pueden seguirse desde el pensamiento más antiguo, incluso anterior a la filosofía griega.

La búsqueda de un fundamento unitario de la naturaleza se identifica con el mismísimo origen de la filosofía, que nació al mismo tiempo que la noción de arché, sustancia básica o principio rector del cosmos (del termino griego “κόσμος”, que significa orden u ornamentos), que lo ordena y los diferencia del caos (palabra que deriva del idioma griego, Χάος). Más de dos milenios y medio después, en la actualidad, la ciencia sigue persiguiendo el mismo objetivo.

En su contexto compiten dos enfoques de desigual aceptación, tradicionalmente mayor la del primero, aunque la tendencia hoy puede estar cambiando: (i) el disociativo y (ii) el integrativo, asimilables a las dos grandes apuestas metodológicas y ontológicas que son (a) el reduccionismo y (b) el emergentismo sistémico, la complejidad.

El camino reduccionista se guía por el principio de deconstrucción, y su fórmula predilecta es “nada más que”: la Tierra no es “nada más que” un agregado de materia, un ser vivo no es “nada más que” una peculiar combinación de moléculas, la conciencia no es “nada más que” actividad químico-eléctrica cerebral, etc.

El principio único aparece así en la base elemental, considerada “simple”, de modo que, obviamente, el reduccionismo se identifica con el programa cartesiano llevado hasta sus últimas consecuencias. De alcanzar pleno éxito, su resultado final sería la unificación de la naturaleza en su nivel más básico, accesible a través de un proceso de deconstrucción de las entidades, cuya realidad intrínseca es puesta radicalmente en entredicho.

La metafísica que presupone el reduccionismo es de tipo monista y se resume en la formulación de que “sólo lo elemental es plenamente real”. Sin embargo, conduce paradójicamente al estallido de lo existente, puesto que todo se descompone en unidades o “partículas elementales” que pierden su capacidad de asociación compleja.

El camino sistémico parte de lo más elemental que se puede identificar (que, como advierte Edgar Morin, no tiene por qué ser simple, dado que podría encerrar una infinita complejidad que escapa al observador), lo cual se entiende como un nivel de realidad x, y de su tendencia a integrar niveles de realidad superiores (holones), digamos: x+1, x+2,…, x+n.

Dichos niveles no son menos reales por el hecho de estar formados por entidades de los niveles inferiores, sino que su estatus ontológico es igualmente fuerte, desde el momento que ninguna entidad, de cualquier nivel, está constituida exclusivamente por las unidades de los órdenes más básicos, sino que siempre es algo más, donde la dinámica relacional es constitutiva, de modo que nunca puede, en rigor, decirse que algo (un sistema) “no es más que” el catálogo (inconexo) de sus elementos. Suele resumirse esta concepción diciéndose que el todo es más que la suma de sus partes. Surge una ontología pluralista y relacional que, no obstante, abre la puerta a una concepción integralista del universo.

Si la primera concepción se remonta a los atomistas griegos y tiene en Descartes su referente principal, la segunda cuenta con raíces aun más antiguas: Heráclito y, en cierto modo, todo el panorama de los “primeros filósofos”, Pitágoras y los socráticos. Se rastrea su continuidad en Aristóteles (a quien se debe, justamente, el dictum “el todo es más que la suma de las partes”) y en el cosmo-organicismo estoico. Su última gran presencia histórica, en la Naturphilosophie romántica, precede a un largo eclipsamiento de siglo y medio, hasta que Ludwig von Bertalanffy (1901 – 1972) la recupera en la Teoría de Sistemas.

Pero es un hecho que, hasta muy recientemente, los científicos de la naturaleza, al amparo de la corriente principal, han apostado fuerte por el reduccionismo, y ni siquiera han sido los únicos, ya que el afán reductor se apoderó también de los especialistas en ciencias humanas. No me parece exagerado decir que, durante bastante más de un siglo, “ser racional y científico” se ha identificado con “ser reduccionista”, y ello no dejaba de tener su lógica, puesto que todo comportamiento holístico parece presuponer un “acuerdo” entre las partes, o una conexión a distancia entre ellas. Aparte del éxito tecnológico del programa reduccionista, explicable por la facilidad de manipulación que otorga.

Pese al interés que siempre mostró von Bertalanffy por las nuevas teorías científicas y desarrollos tecnológicos que podían fundamentar la Teoría de Sistemas, ésta es esencialmente empírica: implica simplemente reconocer lo que se ofrece a nuestra vista, a saber, que “entidades integran entidades”. La totalidad quark, por ejemplo, forma parte de la totalidad protón que, a su vez, forma parte de la totalidad átomo que, a su vez, forma parte de la totalidad molécula que, a su vez, forma parte de la totalidad célula que, a su vez, forma parte de la totalidad organismo que, a su vez, forma parte de la totalidad Cosmos que, a su vez, forma parte de la totalidad del Kosmos del instante siguiente… y así hasta el infinito. De todas formas, este reconocimiento tiene su importancia, puesto que muchas veces reconocer lo evidente es dar un paso de gigante. Así, siguiendo a Ken Wilber, la realidad no estaría compuesta de partículas o constructos como los quarks de dimensiones sin extensión, cuerdas o membranas, sino de holones (totalidades que, simultáneamente, forman parte de otras totalidades y así siguiendo).

Aunque algunos conceptos esenciales para la constitución de los sistemas verdaderos (holísticamente integrados), como los feedbacks o bucles de retroalimentación, fueron aportaciones de la cibernética, que suministra modelos muy interesantes, la explicación física del nacimiento espontáneo de sistemas integrados de orden superior al de los agregados iniciales de elementos (sistemas de orden x-1) la dio el crucial descubrimiento por Ilya Prigogine de las estructuras disipativas.

A partir de dicho hallazgo, y del desarrollo subsiguiente de la Termodinámica de procesos alejados del equilibrio, la Teoría de Sistemas, y luego las ciencias de la complejidad, dejaron de ser “una especulación organicista basada en un conjunto de casualidades”, para convertirse en una teoría general del orden físico que cuenta con una sólida base.

El esquema básico es el siguiente: al crecer un flujo de energía libre (o, lo que es lo mismo, al incrementarse un cierto gradiente energético) que baña un sistema, éste se adapta modificando su estructura. Dicha modificación puede ser destructiva (desestructuración completa del sistema) o constructiva, y lo segundo supone frecuentemente el surgimiento de una nueva estructuración de menor entropía (o mayor neguentropía, lo que significa “menos probable por más ordenada”). La modificación estructural se orienta siempre a permitir una disipación más eficaz del flujo energético incidente y de la emergencia de un nivel de auto-organización de orden superior al de los constructos constitutivos.

En un principio, las investigaciones de Prigogine se ciñeron a sistemas químicos cuyo equilibrio reactivo inicial se rompía más allá de un cierto umbral, pero tanto él como otros investigadores se dieron cuenta de que el modelo era generalizable: de algún modo, la realidad toda respondía a esta especie de ley de la reestructuración “lejos de las condiciones de equilibrio”, a esta ley o dinámica física legimorfa creadora de complejidad y de diversidad cualitativa. Todo un proceso ontogenético de complejificación creciente se ponía en marcha gracias a ella. Lo que aquí deseo captar son las dimensiones humanamente significativas de un proceso natural científicamente establecido que se despliega en numerosos ámbitos y a múltiples escalas.

Es bien conocida la contraposición entre teleología y teleonomía: la primera, que presupone causación final, es tenida por no científica, mientras que la segunda (causación final meramente aparente) tiende a ser admitida. Hay algo, sin embargo, en esta esquematización típicamente racionalista, que no acaba de encajar, porque toda apariencia de finalización implica que se da de hecho, en el ente o en el proceso, una cierta finalización.

Es decir, que si bien el proceso general que hace surgir los niveles de creciente complejidad es teleonómico (plenamente explicable por una causalidad eficiente como la puesta en juego por las estructuras disipativas), el resultado sigue siendo una complejidad holistizante, llena de “fines vitales”, que culmina en el ser humano con ente acabado. Esta paradoja es una manera de formular el principio antrópico, que supone la convergencia fáctica de teleonomía y teleología.

Pero hay más: el ser viviente experimenta esos fines vitales, teleonómicamente explicables, como fines existenciales genuinos. Goza al realizarlos y sufre con su falta de realización. El goce o sufrimiento humano se podría asimilar a la realización o no de sus fines vitales, desde los más básicos hasta los más sutiles. Esto lo ilustra perfectamente Abraham Maslow con su pirámide de necesidades. Así, el sufrimiento humano sería el no poder realizar lo que demanda la naturaleza propia.

La subjetividad, es decir, la conciencia, aunque sea meramente sintiente, sería lo que transforma lo teleonómico en teleológico: sólo hay auténtica finalidad para el ser subjetivo, y no hay ser subjetivo sin finalidad. Lo que “desde fuera” se aprecia como teleonómico, se vive “desde dentro” como teleológico. Entonces, la pregunta sería: ¿No es la espiritualidad el reconocimiento de la centralidad del ser conciente a nivel del individuo y del cosmos? Es esta justamente, pienso yo, la gran intuición que tuvieron todos los místicos de la historia. Lo que ellos sugerirían es que la flecha del universo apuntaría, hacia la superación de una “extrema pluralidad”, es decir, hacia la reunificación holónica-integral y la conciencia jugaría un rol central ya que es a través de esta que ello sería posible. No se trata, sin embargo, de una reunificación material, como sería el caso de darse un big crunch, un regreso al punto cosmológico inicial, sino de una unificación a la vez sistémica y psíquica.

En cierta forma, una definición progresiva del espíritu debería estar ligada a la evolución sistémica general, que implica el paso de la “extrema pluralidad” de un universo de partículas constitutivas, a la unidad de un cosmos integrado a través de las relaciones heterárquicas establecidas horizontal y verticalmente.

La teoría de los sistemas complejos, hoy en auge cada vez mayor, se ha enfrentado, durante décadas, a un considerable rechazo por parte del main stream académico. Toda concepción organicista era sospechosa de no ser científica, lo que demuestra hasta qué punto es cierto que el pensamiento científico se identificaba con el reduccionismo.

Pero las cosas han cambiado mucho. A mi modo de ver a partir primero de los descubrimientos y teorizaciones de Prigogine y luego del impulso que centros de investigación como el Instituto de Santa Fé, de Nuevo México, le dieron a las hoy llamadas ciencias de la complejidad, justamente en el momento en que la Red, Internet, se gesta como el sistema complejo de creación humana más sofisticado y desde donde, a partir de la comprensión de su dinámica basada en la emergencia de la inteligencia colectiva, queda planteada la utilidad del pensamiento sistémico-organicista. El neo-organicismo, ahora denominado enfoque sistémico o de la complejidad, gana cada vez más cuerpo.

Las actuales ciencias de la Tierra, encumbrando a la cada vez más prestigiosa teoría geobiológica de Gaia como forma de comprensión de problemas globales como el cambio climático, la sistémica organicista de las ciencias cognitivas y neurociencias, la economía de la globalización tan acosada por los efectos mariposa, la conectividad de las redes de comunicación de la sociedad del conocimiento, como comenté, la ciencias de la vida y la biología evolutiva que cada vez más trasciende el análisis del individuo para enfocarse en el colectivo de la población, la bio-informática y la genómica, los fenómenos de no-localidad a nivel cuántico, etc. Todas estás teorías plantean un salto de nivel epistémico respecto del enfoque reduccionista. Tanto es así que, hace poco, un científico cuyo nombre no recuerdo en este momento respondió a la pregunta que públicamente se le formuló, de ¿qué es, en realidad, el universo?, con estas palabras: “Un gran proceso de autoorganización”.

Estoy convencido de que las consecuencias filosóficas de la asimilación de la teoría de los sistemas complejos y los enfoques sistémicos en general serán cada vez más significativas. La principal, a mi entender, es la transformación en tendencia objetiva de lo que antes no era más que una intuición romántica y mística. Se trata de la ciencia posnormal a la que Silvio Funtowicz y Jerome Ravetz aluden.

Con todo, el mecanicismo no debería desaparecer, sino que se resitúa como un punto de vista válido en ámbitos limitados y desde determinadas perspectivas, de la misma manera que la física newtoniana es una primer aproximación válida a los problemas de escala mesoscópica. Y lo mismo sucede con el reduccionismo, valioso, por lo demás, instrumentalmente.

A nadie podrá escapar la convergencia de formas de lo espiritual, y de éstas con el trasfondo de la búsqueda científica, que es susceptible de promover la toma en consideración de estos puntos de vista. Pienso que en nuestro mundo está, hoy por hoy, demasiado presente el principio de discordia y separación como para prescindir de algo capaz de crear conexiones y vínculos.

Recomendar en Menéame Recomendar en Digg it Recomendar en Reddit Enviar a Del.icio.us

Meméame del.icio.us Yahoo! MyWeb StumbleUpon Furl Blinklist Spurl Magnolia Simpy Blogmarks Netvouz Startaid Facebook Shadows

Smarking RawSugar Technorati Digg reddit Rojo Netscape Newsvine Mister Wong LinkArenaYigg Webnews folkd.com

Boton para agregar esto a favoritos socialesAgregar este boton de agregadores

Categorías: Cambio de paradigma · Ciencia · Conciencia Integral · Ecología · Evolución · Noosfera · Nuevo Humanismo · Sociedad de la información · Tendencia · complejidad
Etiquetado: , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

La experiencia espiritual parece responder a patrones neuronales

Viernes 27 Junio, 2008 · 2 comentarios

La religión parece responder a patrones neuronales

En principio hubiera podido suponerse desde el principio que, si el comportamiento humano responde siempre a patrones neuronales, también el comportamiento religioso debiera tener sus estructuras neurales propias. Lo que hubiera podido ser una expectativa científica ha sido hoy comprobado en los estudios de neurología empírica.

Cuando el hombre piensa en lo filosófico, en lo metafísico, en lo religioso y se ve embarcado en emociones que lo conectan místicamente con la Unidad del Universo, se activan en su cerebro ciertas áreas y estructuras que recibidos por herencia de la especie. Estas funciones han sido construidas poco a poco desde la evolución del hombre primitivo y pueden estar activadas o inhibidas en el hombre actual: pero están siempre ahí y pueden dispararse en cualquier momento activadas por las circusntancias de la vida.

¿Responden estas estructuras neurales a la verdad? ¿Muestran que efectivamente Dios existe?
Evidentemente que no. Podrían ser un error programado por necesidad adaptativa. Pero también podrían responder a la realidad mistérica y trascendente de un Dios realmente existente. En todo caso, lo que estos hechos neurológicos, e incluso genéticos, muestran, es que lo religioso ha sido y sigue siendo un importante factor que inevitablemente se plantea siempre en la vida, acabando por aflorar, y obligándonos a tomar ante el una decisión personal.

El gen de Dios de Dean Hamer

El profesor Dean Hamer es director de la Unidad de Regulación de la estructura genética en el National Cancer Institute de Bethseda. Según Hamer, la espiritualidad responde a un mecanismo biológico, comparable al mecanismo que rige el canto de los pájaros, aunque más complejo.

Existe una predisposición genética a la autotranscendencia, a través de una proteína llamada VMAT2, que está involucrada en la rotura, a través del MAO (monoamino oxidasa: enzima que rompe las monoaminas después de su liberación sináptica) y en el transporte de monoaminas vesiculares. Éstas son neurotransmisores que contribuyen a la sensibilidad emocional.

De esta manera influye en las capacidades cognitivas con diversos tipos de tipos de conciencia que constituyen la base de las experiencias espirituales. Según Hamer la VMAT2 está relacionada, primero, con el olvido se si mismo y por tanto de la transcendencia del espacio-tiempo; segundo, con la identificación transpersonal y tercero con el misticismo o el sentido de lo sagrado y la captación de realidades inefables.

Algunos teólogos como John Polkinghome, rechazan la tesis de Hamer aludiendo un reduccionismo genético darwinista que va “en contra de mis convicciones teológicas personales” según testimonió públicamente. Pienso que Polkinghome cae en la trampa de la que habla Sam Harris, ya que ha de ser el método científico el que ofrezca respuesta interpretativa a la actividad cerebral que permite las experiencias místicas.

Hamer también alude a la experiencia personal y al influjo cultural para la experiencia mística. Esto lo corrobora un estudio del McGovern Institute for Brain Research del Massachussets Institute of Technology (MIT) que ha realizado un equipo de investigadores de la Stony Brook University de NY, del MIT y de la Standford University de California. En pocas palabras, el nivel de identificación que tenemos con la cultura que hemos vivido no sólo condiciona nuestros pensamientos, sino que también rige los patrones de actividad neuronal.

Los experimentos realizados con personas de ámbitos culturales opuestos (occidental americano versus extremo oriental) han determinado que la construcción social de la realidad que compartimos de forma memética (injertada y ajena a nuestra realidad) a lo largo de nuestra vida produce la actividad de nuestro cerebro. Los occidentales, por ejemplo no estamos tan acostumbrados a las actividades interdependientes como los orientales, y los orientales no tienen tan desarrollado su capacidad de actuar autónomamente, con independencia y libertad.

La exploración realizada a través de fRMI en sujetos experimentados con tareas visuoespaciales registró actividad en las regiones frontal y parietal del cerebro, zonas directamente asociadas al control de la atención. Dicha actividad era mayor durante la emisión de juicios no-preferidos culturalmente que durante la emisión de juicios preferidos culturalmente.

De esta forma se ha llegando a la conclusión de que cuanto más identificado está uno con su recorte psicológico del inconsciente colectivo, mayor es la dificultad de salirse de dicho recorte. Es un fenómeno que viene asociado a la supervivencia, en cuanto que la cultura propia, en el medio inmediato que le envuelve, lo identifica como persona y le permite reforzarse para sobrevivir en un medio hostil.

Pero, como señala Francisco J. Rubia, de la Universidad Complutense de Madrid, si la cultura es un subproducto del cerebro, y estamos de acuerdo en que el cerebro está hecho para la supervivencia, y si el cerebro genera un “yo social” para sobrevivir, entonces, ¿cómo sobrevive el individuo si lo despojas de este “yo”?

Los operadores cognitivos de Andrew Newberg y Eugene D’Aquili

En su libro Why God won’t go away. Brain Sciene and Biology of Belief, Newberg y D’Aquili, de la Universidad de Pennsylvania, señalaban en primer lugar una zona cerebral (sección posterior del lóbulo parietal) a la que nombran “Área de Orientación y Asociación” (OAA), fundamental en la orientación física del espacio, en la consideración de ángulos y distancias; siendo de suma importancia en su desarrollo para los pilotos de aviones y aeroplanos.

¿Qué ocurre si el OAA no recibe información para activarse? Si no hay información que fluya a través de los sentidos, el Área de Orientación y Asociación no es capaz de encontrar fronteras. Entonces, ¿dónde se encuentra el límite físico del Self y del mundo exterior? No existe. En ese caso el cerebro no tiene otra opción que percibir que el “yo” es interminable e íntimamente ligado a todo de forma inevitable.

Es cierto que pueden existir lesiones en el OAA que provoquen esta experiencia. Pero, ¿qué ocurre cuando es una experiencia autoinducida por uno mismo a través de un serio trabajo de largos años de meditación? O quizá provenientes de muchas horas de oración, como aparecería en los datos del estudio realizado por Newberg y D’Aquili. Estas experiencias serían las que podrían llamarse de identificación transpersonal, según la escala de Hamer.

Newberg y D’Aquili consideran que existen cuatro áreas de asociación que manifiestan un protagonismo especial en las experiencias religiosas profundas:

  • Área de Asociación Visual
  • Área de Orientación y Asociación
  • Área de Atención y Asociación
  • Área Verbal-Conceptual de Asociación, o “TPO junction” porque se situa en el punto de contacto de los lóbulos Temporal, Parietal y Occipital./li

De hecho, el lóbulo temporal merece mucha atención en estudios de estados mentales singulares relacionados con la mística y los estados alterados de la conciencia (ASC). Tal como lo planteó Michael Persinger, la amígdala y el hipocampo están asociados con el sentido del “yo” en relación con el espacio-tiempo y sus límites, de acuerdo con su memoria y sus afecciones primarias.

Persinger también postula la existencia en el lóbulo temporal de patrones de descarga transitorios de las células nerviosas que provocan el fenómeno de “kindling”. También postula que la inestabilidad de esta excitación puede provocar experiencias alucinatorias, como la impresión de estar fuera del cuerpo o sensaciones vestibulares, o auditivas (la escucha de Dios, o la hipótesis del genio maligno de Descartes), sea el paciente creyente o agnóstico. Sus interpretaciones vendrán configuradas por el contexto cultural en que está envuelto el individuo o paciente en que esto sucede.

También Newberg y D’Aquili llegan a decir que la mente es “mística por defecto” en el sentido de que se obtienen experiencias religiosas combinando el sistema vegetativo, el límbico y las funciones analíticas del cerebro. El sistema vegetativo combina la acción vegetativa-sinpática (fundamentalmente desveladora) con la parasimpática (relajadora o quiescente). Eso ofrece estados de “hiperquiescencia” o quietud, “hiperdespertar”; o gran activación “hiperquiescente” con irrupción de despertar; o “hiperdespertar” con irrupción de quiescencia. Y todo esto se complementa con los estados emocionales dependientes del sistema límbico (concretamente con la amígdala e hipocampo) muy relacionados con la memoria.

Operadores cognitivos

También ha hecho referencia a que existen estructuras neurales que, actuando simultáneamente proceden como algoritmos para ordenar la percepción de la realidad y se activan especialmente en la generación de experiencias místicas. Se denominan “operadores cognitivos” y son las siguientes:

1. Operador holístico: permite ver el mundo como una totalidad. Es posible que esta capacidad mental nazca de la actividad parietal del hemisferio derecho. Un ejemplo sería ver el reloj de agujas.

2. Operador reduccionista: Responde primariamente a la actividad del hemisferio izquierdo. Representa la antítesis de la función holística. Permite dividir el conjunto en partes. Representa la capacidad analítica. Un ejemplo sería ver las agujas del reloj.

3. Operador abstractor: Es el taxonomista mental. Probablemente activado desde el lóbulo parietal del hemisferio izquierdo. Permite la formación de conceptos a partir de la observación de las partes individualizadas. La abstracción para formar conceptos es la base de la generación de la cultura de las ideas.

4. Operador cuantitativo: Es la mente calculadora. Cuantifica el mundo real y también calcula los elementos de supervivencia (distancias, número de elementos, etc.).

5. Operador binario: Esto contra aquello. Capacidad de organizar el mundo físico y sus relaciones. Facultad de elaboración de opiniones y similitudes entre las piezas de la realidad. Está relacionado con la parte inferior del lóbulo parietal, ya que las lesiones en dicha zona impiden realizar estas funciones.

6. Operador existencial: Función de la mente que ofrece la sensación de vivir, de existir o de realidad a través de la información procesada por el cerebro. Nos informa de que lo percibido es real. Probablemente relacionado con el sistema límbico, que nos capacita para asumir emocionalmente la realidad.

7. Operador de valor emocional: El sentimiento consecuente. Asigna los valores emocionales a cada elemento de la percepción y del conocimiento. Este operador preside también nuestro mundo intencional.

Imperativos cognitivos

La actuación de todos estos operadores genera lo que denominan “Imperativos cognitivos”. En éstos se encuentran los significados de los mitos y la simbólica metafísica tan importantes para todas las culturas. Son básicos para la interpretación de la realidad y los problemas metafísicos de sentido que esta realidad suscita. De esta manera minimizamos la ansiedad que genera nuestra existencia y la convivencia en un mundo incógnito.

Los mitos, traducidos en doctrinas y prácticas rituales, constituyen arquitecturas mentales imprescindibles sin las cuales no es posible vivir para la mayoría de los humanos. Este fundamento es el que permite que la creación del mito o mito-cultura sea un producto de la mente humana orientada al propósito de la supervivencia del individuo y del colectivo humano.

La congruencia entre el mito y la supervivencia del “yo” se fundamenta en la estructura de la actividad cerebral. Los operadores causal y binario son los que intervienen en el origen de la interpretación de los orígenes de los fenómenos, de las responsabilidades y en la delimitación de los contrarios, cosa que permite poner orden en la ambigüedad de muchos datos de la realidad.

Para que sobreviva la experiencia cognitiva que produce el mito ha de sobrevivir también la transmisión por vía cultural; y esto se hace en forma narrativa, representacional (generador del mundo simbólico) y vivencial (el rito y la normativa socio-cultural). Los lóbulos frontales serían entonces los que capacitarían a los humanos para la creación de una realidad simbólica que sustentaría el equilibrio de la mente y de la conducta adaptativa al medio.

Newberg y D’Aquili, descubrieron que, cuando se alcanza un estado de meditación profunda, las regiones del cerebro que regulan la construcción de la propia identidad se desactivan. De este modo el practicante de meditación pierde el sentido del propio yo individual, produciéndose un estado de “paradoxicalidad”: no existen límites entre él mismo y todo lo demás; supera las dualidades y se integra en una totalidad única transcendente.

Eso se traduce en una caída de la actividad del área de orientación del lóbulo parietal (que procesa toda la información sobre el espacio y la ubicación del cuerpo físico en él) y en un aumento de la actividad de la región prefrontal dorsolateral de manera inusual. Las imágenes fueron obtenidas a través de tomografía computerizada por emisión de un solo fotón (SPECT).

Artículo realizado por Óscar Castro García, de la Universidad Autónoma de Barcelona, Cátedra CTR y publicado en Tendencias 21

Cópame! Recomendar en Menéame Recomendar en Digg it Recomendar en Reddit Enviar a Del.icio.us

Meméame del.icio.us Yahoo! MyWeb StumbleUpon Furl Blinklist Spurl Magnolia Simpy Blogmarks Netvouz Startaid Facebook Shadows

Smarking RawSugar Technorati Digg reddit Rojo Netscape Newsvine Mister Wong LinkArenaYigg Webnews folkd.com

Boton para agregar esto a favoritos socialesAgregar este boton de agregadores

Categorías: Ciencia · Conciencia Integral · Espiritualidad · La Tercera Cultura
Etiquetado: , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

La Red y el futuro de las organizaciones

Miércoles 4 Junio, 2008 · Deja un comentario

A continuación los dejo con una presentación completa que intenta expresar en líneas muy generales de qué va mi libro: La Red y el futuro de las organizaciones. Más conectados…¿Más integrados?.

Si bien el contenido del libro no está totalmente estructurado de manera dual, ni la presentación respeta el orden del libro, para facilitar la comprensión de los slides he optado, como se ha hecho en otras ocasiones, por biparticionar la presentación representando del lado izquierdo el orden tecno-económico-social del que venimos, el pasado aun presente. Llamenlo como les guste: la Modernidad, el orden tecno-industrial, el paradigma economico prevaleciente a lo largo del siglo XX o como lo deseen. Del lado derecho y sin que ello implique preferencia ideológica alguna, se da cuenta del nuevo orden (o mejor dicho desorden) de las cosas: el de la sociedad del conocimiento, la sociedad enREDada, el paradigma de la conectividad, o cual rótulo uds. deseen poner.

La presentación fue realizada con el aporte de numerosas personas que, sin saberlo, me facilitaron sus excelentes imágenes, muchas veces halladas por pura serendipia. Para ellos valga mi reconocimiento y agredecimiento.

Espero les agrade:

Cópame! Recomendar en Menéame Recomendar en Digg it Recomendar en Reddit Enviar a Del.icio.us

Meméame del.icio.us Yahoo! MyWeb StumbleUpon Furl Blinklist Spurl Magnolia Simpy Blogmarks Netvouz Startaid Facebook Shadows

Smarking RawSugar Technorati Digg reddit Rojo Netscape Newsvine Mister Wong LinkArenaYigg Webnews folkd.com

Boton para agregar esto a favoritos socialesAgregar este boton de agregadores

Categorías: A donde te recomiendo ir · Brecha digital · Cambio de paradigma · Ciencia · Conciencia Integral · Cooperación · De mi Libro: La Red y el futuro de las organizaciones · Desarrollo económico y otros desarrollos · Economía solidaria · El Poder · El mundo del trabajo · Espiritualidad · Evolución · Jean Gebser · La Tercera Cultura · Los horrores del mundo · Modernidad · Nuevo Humanismo · Sistemas complejos · Sobre el libro · Sociedad de la información · Tecnología · Tendencia · Web 2.0 · complejidad · creatividad
Etiquetado: , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

El Manifiesto Incompleto de Bruce Mau Design

Lunes 21 Abril, 2008 · 2 comentarios

Bruce Mau Design es una empresa que se autocalifica como un estudio de diseño de cultura y negocios. Según se consta, está compuesto por expertos de las más diversas prácticas, como de la ciencia, las comunicaciones, la filosofía, la psicología, la economía, la arquitectura, el marketing y las artes. Se consideran que son diseñadores, visionarios, futuristas, activistas y con ciudadanía global.

Según comentan en su sitio web el objetivo que persiguen es diseñar el futuro, diseñar el cambio, orientando a la acción pertinente. Consideran que no se trata tanto de operar en el mundo del diseño, como de diseñar el mundo.

Desconozco qué es lo que hacen y cómo lo llevan a cabo, en concreto. Sin embargo, me han llegado a mi a través de un super interesante el manifiesto (incompleto) que resume sus ideas sobre el cambio, el diseño y la acción humana para cambiar, para evolucionar.

El manifiesto en mucho resume mis ideas, mis pensamientos, mis fantasias y mis anhelos, por eso, a partir de hoy me lo apropio, y por reciprocidad a ellos y a uds., se los dejo. Espero les agrade:

Manifesto incompleto de Bruce Mau

  • 1. Permite que los acontecimientos te cambien. Tienes que estar deseando crecer. El crecimiento no es algo que te ocurre. Tú lo produces. Tú lo vives. Los requisitos del crecimiento son: que estés abierto a experimentar nuevos acontecimientos y dispuesto a ser cambiado por ellos.
  • 2. Olvídate de lo bueno. Lo bueno es una medida conocida; es aquello en lo que todos estamos de acuerdo. Crecer no es algo necesariamente bueno. El crecimiento es una exploración intermitente que no necesariamente nos llevará a lo que estamos buscando. Mientras te apegues a lo bueno, nunca alcanzarás el verdadero crecimiento.
  • 3. El proceso es más importante que el resultado. Cuando el resultado conduce al proceso, sólo llegaremos a donde ya hemos estado. Si el proceso conduce al resultado, quizás no sabremos a dónde vamos, pero sabremos que queremos estar ahí.
  • 4. Ama tus experimentos (como amarías a un hijo feo). La emoción es el motor del crecimiento. Goza la libertad de considerar tu trabajo como maravillosos experimentos, intentos, ensayos y errores. Adopta un enfoque de largo plazo y permítete todos los días la diversión de fracasar.
  • 5. Profundiza. Entre mayor profundidad alcances, más probable será que encuentres algo valioso.
  • 6. Captura los accidentes. La respuesta incorrecta es la respuesta acertada en busca de una pregunta diferente. Acumula respuestas equivocadas como parte del proceso. Plantéate diferentes preguntas.
  • 7. Estudia. Un estudio es un lugar para estudiar. Utiliza la necesidad de producir como una excusa para estudiar. Todos se beneficiarán.
  • 8. Divaga. Permítete divagar sin propósito. Explora lo colindante. Evita los juicios. Deja la crítica para después.
  • 9. Comienza donde sea. John Cage nos dice que el no saber dónde comenzar es una forma común de parálisis. Su consejo: comienza donde sea.
  • 10. Todos somos líderes. El crecimiento ocurre. En el momento en que se dé, déjalo surgir. Aprende a seguir a otros cuando tenga sentido. Permite que cualquiera dirija.
  • 11. Cosecha ideas. Limita las aplicaciones. Las ideas necesitan de una dinámica, de un flujo, de un ambiente generoso para sobrevivir.
  • 12. No dejes de moverte. El mercado y su dinámica tienen la tendencia a reforzar el éxito. Resístelo. Permite que el fracaso y la capacidad de cambio sean parte de tu práctica.
  • 13. Desacelérate. Apártate de la sincronía de los marcos de tiempo establecidos y te sorprenderán las oportunidades que se presentarán.
  • 14. No seas “cool”. “Cool” es el temor conservador vestido de negro. Libérate de los límites de esta naturaleza.
  • 15. Haz preguntas tontas. El crecimiento se alimenta del deseo y de la inocencia. Valora la respuesta, no la pregunta. Imagínate aprendiendo a lo largo de tu vida al ritmo de un niño.
  • 16. Colabora. El ambiente que prevalece entre la gente que trabaja en equipo está lleno de conflictos, fricciones, discordias, gozos y un vasto potencial creativo.
  • 17. _____________. Intencionalmente conservado en blanco. Deja espacio para las ideas que aún no has tenido y para las ideas de otros.
  • 18. Desvélate. Cosas extrañas ocurren cuando has ido muy lejos, cuando llevas mucho tiempo despierto, has trabajado demasiado y estás aislado del resto del mundo.
  • 19. Trabaja la metáfora. Cada objeto tiene la capacidad de representar algo distinto de lo que aparentemente es. Trabaja en lo que representa.
  • 20. Asegúrate de correr riesgos. El tiempo es algo genético. El hoy es hijo del ayer y padre del mañana. El trabajo que haces hoy creará tu futuro.
  • 21. Repítete. Si te gusta, hazlo otra vez. Si no te gusta, hazlo otra vez.
  • 22. Inventa tus propias herramientas. Haz híbridos con tus propias herramientas para construir cosas únicas. Aun las herramientas más sencillas pueden construir avenidas completamente nuevas para la exploración. Recuerda que las herramientas amplifican nuestras capacidades, y que la más pequeña de éstas puede hacer una gran diferencia.
  • 23. Súbete a los hombros de los demás. Puedes viajar más lejos montado en los logros de quienes te han precedido. Y desde ahí, la vista es mucho mejor.
  • 24. Evita el software. El problema con el software es que todo el mundo lo tiene.
  • 25. No limpies tu escritorio. Podrías encontrar por la mañana algo que no pudiste ver esta noche.
  • 26. No participes en concursos en busca de reconocimiento. Simplemente no lo hagas. No es bueno para ti.
  • 27. Sólo lee las páginas del lado izquierdo. Marshall McLuhan lo hacía. Si disminuimos la cantidad de información, dejamos espacio para lo que puede ser nuestra “ronchita”.
  • 28. Crea nuevas palabras. Expande el léxico. Las nuevas condiciones demandan nuevas formas de expresión. La expresión genera nuevas condiciones.
  • 29. Piensa con la mente. Olvida la tecnología. La creatividad no es un objeto-dependiente.
  • 30. Organización = Libertad. La verdadera innovación en diseño, o en cualquier otro ámbito, ocurre en un contexto. Ese contexto es una suerte de empresa manejada como cooperativa. Frank Gehry, por ejemplo, sólo es capaz de crear Bilbao porque su estudio lo tiene contemplado en el presupuesto. El mito de una separación entre los “creativos” y los “de traje” es lo que Leonard Cohen define como un “encantador artefacto del pasado”.
  • 31. No pidas dinero prestado. Nuevamente, es un consejo de Frank Gehry. Al mantener el control financiero, mantenemos el control creativo. Esto no es exactamente ciencia espacial, pero es sorprendente lo difícil que resulta mantener esta disciplina y cuántos han fallado en ello.
  • 32. Escucha con atención. Todo colaborador que entra en nuestra órbita trae consigo un mundo más extraño y complejo de lo que jamás hubiéramos imaginado. Al escuchar el detalle y la sutileza de sus necesidades, deseos o ambiciones, hacemos coincidir su mundo con el nuestro y ninguna de las partes volverá a ser la misma.
  • 33. Haz visitas de campo. La amplitud del mundo es mucho más grande que la de tu televisor o Internet; más profunda, interactiva, rentable y dinámica que cualquier ambiente simulado en computadora en tiempo real.
  • 34. Comete errores más rápido. Esta no es mi idea; la pedí prestada. Creo que pertenece a Andy Grove.
  • 35. Imita. No seas tímido al respecto. Intenta llegar tan cerca como puedas. Nunca recorrerás todo el camino, y la separación puede resultar realmente sorprendente. Sólo necesitamos observar a Richard Hamilton con su versión del gran vaso de Duchamp para ver lo rica, desacreditada y desaprovechada que es la imitación como técnica.
  • 36. Improvisa. Cuando se te olviden las palabras, haz lo que Ella Fitzgerald: inventa algo más … pero no palabras.
  • 37. Rómpelo, estíralo, flexiónalo, estréllalo, quiébralo, dóblalo.
  • 38. Explora la otra orilla. Existe una gran libertad cuando evitamos adoptar el paquete tecnológico. No podemos encontrar la otra orilla porque estamos parados sobre ella. Intenta utilizar equipo con tecnología que se ha tornado obsoleta por un ciclo económico, pero que aún posee un rico potencial.
  • 39. Los descansos para tomar café, los viajes en taxi, son invernaderos. El verdadero crecimiento con frecuencia ocurre fuera de los espacios en los que intentamos que se dé; en espacios poco ortodoxos — lo que el Dr. Seuss llama “el lugar de espera”. Hans Ulrich Obrist una vez organizó una conferencia sobre ciencia y arte con toda la infraestructura de una conferencia — recepción, pláticas, comidas, llegadas al aeropuerto — lo único que no hubo fue conferencia. Aparentemente el experimento fue altamente exitoso y gestó un ambiente de colaboración que aún persiste.
  • 40. Evita marcar áreas. Sáltate las trancas. Las fronteras de la disciplina y los ambientes regulatorios son intentos de controlar la tormentosa vida creativa. Comúnmente son esfuerzos entendibles para ordenar los procesos evolutivos complejos. Nuestro trabajo es saltar trancas y atravesar campos.
  • 41. Ríete. La gente que visita nuestro estudio con frecuencia comenta sobre cuánto nos reímos. Desde que soy consciente de ello, lo utilizo para medir qué tan cómodamente nos estamos expresando.
  • 42. Recuerda. El crecimiento sólo es posible como producto de la historia. Sin memoria, la innovación se convierte en mera novedad. La historia da rumbo al crecimiento. Pero la historia nunca es perfecta. Cada recuerdo es una imagen degradada o recompuesta de un momento o acontecimiento previo. Esto es lo que nos hace conscientes de que se trata del pasado, y no del presente. Ello significa que cada recuerdo es nuevo, que se trata de algo diferente de su fuente y con un gran potencial de crecimiento propio.
  • 43. Dale el poder a la gente. El juego sólo puede ocurrir cuando la gente siente que tiene el control sobre su vida. No podemos ser agentes libres si no somos gente libre.

Cópame! Recomendar en Menéame Recomendar en Digg it Recomendar en Reddit Enviar a Del.icio.us

Boton para agregar esto a favoritos socialesAgregar este boton de agregadores

Categorías: Cambio de paradigma · Conciencia Integral · Cooperación · De mi Libro: La Red y el futuro de las organizaciones · Desarrollo económico y otros desarrollos · Manifiestos · Sociedad de la información · creatividad
Etiquetado: , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,