Movilizando o matando la innovación

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Hace unos días llegó a mi pantalla el breve texto sobre innovación abierta: Designing for Co-Creation: 7 Principles & 7 Triggers of an (Open) Innovation Culture. Dado que últimamente estoy explorando el tema, en particular estoy buscando cristalizar fórmulas o recetas básicas que motiven la innovación al interior de las organizaciones, me pareció interesante la descripción, si bien creo que incompleta, que el texto citado realiza acerca de cuáles son los factores que matan o movilizan la innovación en diversos contextos. Si bien el checklist es bastante general y no abunda en detalles prácticos, me tomé el trabajo de realizar una traducción en versión libre que reproduzco a continuación.
Creo que por su generalidad es los suficientemente válidad para mostrarnos lo importante que resulta la gestión del operador cultural dentro de las organizaciones, casi, una condición sine qua non para que los procesos de innovación florezcan al interior de las organizaciones y sean asimilados por todos los miembros de las mismas. Espero que esta lista les parezca aunque sea levemente, algo interesante:

Los 7 asesinos de la Innovación

  • 1. El miedo a la pérdida de la posición, poder, influencia, la reputación, la credibilidad, la utilidad; la incapacidad de creer en el propio potencial.
  • 2. Intuir la posibilidad de que a corto plazo se generen recompensas políticas y económicas.
  • 3. El pensamiento rígido, mecanicista, lineal, disfrazado de “ciencia“, la ignorancia en la psicología y del papel de las ideas y creencias en la creación de los fenómenos sociales.
  • 4. El rechazo al pensamiento profundo al criticarlo como “intelectualizante” o “palabrería”; la adicción al pensamiento banal, poco profundo y la consiguiente parálisis que este provoca,
  • 5. La departamentalización del pensamiento, los silos y el aferramiento a las estructuras sociales y profesionales imperantes, la preferencia por la conformidad versus la creatividad.
  • 6. La resistencia a las nuevas ideas y a las perspectivas desconocidas si estas resultan (en apariencia) inconvenientes, sobre todo, para el sostenimiento de la estructura actual de nuestro modelo de funcionamiento, nuestra posición relativa, o por los conocimientos y saberes convencionales y pensamiento que asumimos posee el grupo al que pertenecemos.
  • 7. La proyección de nuestros miedos personales cuando nos abrimos a colaborar, cuando nos centramos en el recuerdo de fracasos pasados a expensas de las posibilidades presentes y/o futuras. La tendencia o sesgo cognitivo orientado al pesimismo basado en la historia de los fracasos de otros.

Los 7 motores de la innovación

  • 1. La disposición entusiasta a desafiar todos nuestro supuestos internos, creencias, visiones de mundo, puntos de vista, abriéndonos a la posibilidad de dejar de lado ideas redundantes y suposiciones anquilosadas; tener un agudo “insight” psico-social que nos permita percibir la raíz o el origen de los problemas sistémicos de la sociedad.
  • 2. La orientación o libertad al fallo, la disposición a aprender haciendo y a hacer a través del aprendizaje.
  • 3. La intención tenaz para crear un impacto duradero por sobre las recompensas seductoras del corto plazo, las soluciones tradicionales atractivas y la búsqueda casi obsesiva de oportunidades escalables.
  • 4. Recompensar y celebrar la valentía y el riesgo por sobre la complacencia y la obediencia; el compartir experiencias de momentos inevitables cargados de ambigüedad y compartir también el miedo que emerge en cualquier viaje de descubrimiento en pos de nuevas ideas.
  • 5. Balancear el enfoque orientado al proceso de producción con la inversión en una cultura innovadora que apoye la intuición, a través prácticas de diseño centrado en lo humano y el pensamiento de diseño.
  • 6. Promover la humildad y respeto en la capacidad de la gente para resolver sus propios problemas, auto-organizarse y empoderarse y ganar autonomía.
  • 7. La promoción de una cultura de la franqueza y honestidad, abriendose a los desafíos de todos, con inteligencia emocional, respetando los supuestos asumidos por los demás, sus proyecciones y resistencias al nuevo pensar.

Imaginación e inteligencia: el poder de la ensoñación

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La imaginación es más importante que el conocimiento.
Albert Einstein

¿No es genial cuando un estudio confirma lo que ya sospechabas? Hay una correlación significativa entre la ensoñación y la inteligencia. Recientemente investigadores en el area de las neurociencias, utilizando las tecnología de escaneo cerebral de las “redes cerebrales por defecto”(deafault networks) descubrieron que los estados de ensoñación eran más activos en el grupo de personas cuyas niveles de inteligencia eran superiores a la media. Según el estudio, las conexiones más fuertes que aparecen en la integración funcional de las redes cerebrales por defecto pueden estar relacionadas con un mayor rendimiento intelectual.

La interpretación no científica de este trabajo nos estaría diciendo que cuando soñamos e imaginamos despiertos nuestros pensamientos se van agilizando a partir de la evocación de recuerdos del pasado, el presente y el “futuro”, abriendo el espacio para que los conocimientos almacenados y experiencias fluyan y puedan ser aprovechados por el sistema. Lo que este estudio parece estar diciendo es que estas conexiones cerebrales (de donde emergen los pensamientos) parecieran ser más fuertes en aquellos individuos que poseen mayores niveles de inteligencia. Es tal vez por eso que pueden sacar más provecho de sus estados de ensoñación mental. Esto parece encajar con otros estudios que afirman que la gente que puede soñar más profundo y tener sueños lúcidos tienen más posibilidades de tener ideas más creativas.

Las ideas y las asociaciones mentales parecen no venir de ninguna parte, pero ciertamente no vienen de la nada, sino que son un emergente de nuestros conocimientos y experiencias, los cuales se fueron tejiendo gradualmente durante nuestros años de vida. Por eso, sin imaginación, el conocimiento no sería más que un cúmulo de hechos y datos que no van a ninguna parte.

La conclusión de este estudios sería que claramente vale la pena cultivar y alentar nuestros estados de ensoñación, especialmente cuando podemos aprovecharlos para innovar y resolver problemas. Probablemente la mejor y más fácil manera de comenzar a ensoñar en forma lúcida es procurando tener mucha apertura mental y darle tiempo a nuestra mente para recorrer y ver qué nuevas conexiones pueden emerger. Así, el soñar despierto sería un proceso de pensamiento natural, en estado virginal del cual nuestras capacidades intelectuales y racionales se valen para enriquecerse.

Fuente: Psycology Today


Elogio de la intuición

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Nuestra comprensión de la realidad se basa en una estructura lógico-causal, que reivindica que el pasado engendra al presente. Sin embargo, en el mundo interdependiente de hoy, los cambios no son lineales. La extrema complejidad que se despliega a lo largo del espacio y en simultaneidad de múltiples tiempos nos obliga a realizar aproximaciones alternativas. La realidad está plagada de rupturas, mutaciones y discontinuidades que, en esencia, son impredecibles aunque puedan ser en todo, coherentes.

Además, nuestras expectativas sobre el futuro (sean estas luego validadas o no) son causantes de nuestras acciones presentes y por ello, aunque resulte paradójico, el futuro también causa al presente. El tiempo de hoy es el tiempo orgánico y multidimensional de la interdependencia; la historia deviene en incesante actualidad y prefigura una sociedad continua y multi y a la vez desterritorializada.

En este complejo contexto, no sabemos precisamente cuáles son las dimensiones reales de lo que sucede. La vieja lógica racional estructurada nos dice que si a = b y b = c entonces a = c. Nada es más matemáticamente incuestionable. Sin embargo, si tenemos en cuenta la vertiginosa velocidad de los cambios: el aturdimiento con que se actualiza la realidad en espacios simultáneos, mientras efectuamos esa comparación a “puede haber sido” b y b “puede haber sido” c, con lo cual en el lapso de tiempo en que se compara a con c habrá llegado tal bagaje de información, que todo vínculo causal entre a y c queda, a lo menos perturbado. Entonces, suponer que a = c puede ser un error que acarree una catástrofe.

Nunca como hoy, la velocidad y la tecnología tendieron a abolir los límites del tiempo y las fronteras del espacio. El ritmo del tiempo ha llegado a tal punto de aceleración, que la competencia tecnológica y económica consiste en prometer, pre-anunciando, que el futuro llegará al usuario más rápido que con los servicios de un competidor. Además, las nuevas invenciones de la tecnología son comercializadas, con la pretensión de traernos el futuro aquí y ahora y nos están acostumbrando a que mañana sea ayer.

Como dijera Alvin Toffler, en la sociedad actual, “saber es cambiar”, y la reproducción más y más rápida del saber, alimentada por el impulso de la tecnología, nos lleva a una creciente aceleración del cambio, tal como lo profetiza Ray Kurtzweil.

Entonces, la pregunta válida sería cómo actuar en este mundo tan perversamente diverso y plagado de múltiples niveles de complejidad, sin desquiciarnos en el intento. Pienso yo, pues apelando a la intuición.
David Lynch dijo alguna vez que “la intuición es la integración del intelecto y la emoción, del pensamiento y los sentimientos. Cuando estas dos facultades se fusionan, llegamos a comprender lo que antes nos parecía incomprensible“.

Creo que la intuición es una capacidad humana de vital importancia en los tiempos epocales que nos toca vivir. Claro está que ha sido desvalorizada y no tenida en cuenta en virtud del imperio de la racionalidad instrumental al perder prestigio, ante el dato aparentemente mas preciso que nos aportan las ciencias.

Por intuición se entiende al conocimiento que es directo e inmediato que surge sin intervención de la deducción o del razonamiento. Intuición, espontaneidad, creatividad y cognición están vinculados en nuestra relación con el mundo externo e interno de manera natural. Muchas perspectivas psicológicas llaman intuición al conocimiento que no sigue un camino racional para su construcción y formulación, y por lo tanto no puede explicarse o, incluso, verbalizarse. El individuo puede relacionar ese conocimiento o información con experiencias previas, pero por lo general es incapaz de explicar por qué llega a una determinada conclusión.

Las intuiciones suelen presentarse más frecuentemente como reacciones emotivas repentinas a determinados sucesos o sensaciones que como pensamientos abstractos elaborados.

Sea que la intuición es un conocimiento inconsciente, sea que es comprensión sintética, una interpretación de los símbolos circundantes, sea que es un prejuicio cognitivo (una falacia ad ignorantiam), sea que es una búsqueda de patrones inverificables que puede conducir al auto-engaño, estoy convencido de que la potenciación de la intuición, y sus manifestaciones en forma de creatividad, visión, corazonada ímpetu por la apuesta, será (si es que ya no es) la mayor fuente de competitividad y crecimiento de iniciativas, nuevas ideas, empresas y proyectos por venir. Valga pues entonces, este elogio instrumental del conocimiento intuitivo.

Algunas ideas para crear

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  • Las preguntas novedosas y diferentes inspiran nuevas ideas, oportunidades y soluciones a problemas inesperados
  • La ambigüedad, la incertidumbre y lo desconocido son los recursos creativos de mayor utilildad
  • El futuro y el presente suelen ofrecer más respuestas que el pasado
  • Además de nuevas ideas, nuevas maneras de hacer, de interactuar y de ser son necesarias
  • La resistencia suele acontecer naturalmente; aunque una vez identificada se desvanece entrópicamente
  • Existen múltiples posibilidades y opciones de pensar y hacer las cosas
  • La creatividad florece con la seguridad emocional y fructifica con auto-motivación
  • La dupla Improvisación – acción, es decir la experimentación en tiempo real es fuente permanente de posibilidad
  • Las nuevas ideas necesitan tiempo, espacio y atención para crecer
  • La organización sistémica natural “emerge” cuando dejamos de controlar
  • El fracaso debe ser visto como parte natural del proceso creativo
  • Una especie de vacío existencial que nos hace sentir vulnerables precede a todo instante de intensificación del flujo creativo
  • Innovación= (Ingenuidad X Ingeniería)^(Respons-habilidad)

Complejidad e innovación

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La innovación no es más que la inteligencia grupal divirtiéndose.
Michael Nolan

Tal vez a esta altura de las circunstancias, sea un eufemismo decir que en el mundo actual la innovación es la clave para la supervivencia de cualquier organización que, como tal, se precie. La innovación pasa a ser un concepto que se encuentra en el corazón de uno de mis temas favoritos: las ciencias de la complejidad. Ya hace tiempo se sabe que los sistemas complejos adaptativos buscan activamente, y se auto-organizan en un estado que se encuentra entre el orden y caos. Un estado en el que lo que fue ya no es y lo que va a ser aún espera emerger. En la física de la complejidad dicho estado se denomina como “transición de fase“, se trata de un contexto en el que todos los observables, es decir, todas las variables sujetas a ser medibles tienen un comportamiento tal que la distribución estadística es una Ley de potencias (o “power law“), y los detalles locales de la dinámica se hacen irrelevante y es el comportamiento del sistema como un todo el que da lugar a la emergencia de un nuevo estado.

Algo similar ocurre con los procesos de innovación disruptiva, que acontecen en el “borde del caosjusto cuando las condiciones del sistema social, en que acontecen y las interacciones de los agentes participantes maximizan la adaptación al nuevo estado contextual.

La innovación es un fenómeno típicamente que acontece de abajo hacia arriba (bottom-up), es decir que no es un proceso que puede ser controlado de manera superestructural, sino que depende de numerosísimas condiciones de contexto que hace o no posible la emergencia del nuevo (des)orden innovado. Publicaciones como Complexity and Innovation in Organizations y Complexity Perspectives in Innovation and Social Change enfatizan que cualquier innovación que se realice está llamada a fracasar si se la gesta desde una estructura de administrativa y de gestión demasiado jerárquica basada en la opinión de expertos y no del clamor de la época en que intenta irrumpir. Toda aproximación estructural refleja una visión estrecha que procura crear una fantasía determinística en un ámbito que ciertamente es impredecible y es por eso que, desde ese mismo diseño conceptual, se acarrea la semilla del fracaso.

Las aproximaciones basadas en la complejidad nos muestran que la innovación no puede ser planificada sino que es el resultado emergente del contexto en el que acontece. Se trata de un proceso de auto-organización: abierto, fluido y orgánico. Sin embargo, para que ella tenga lugar, alguién (sea un emprendedor, sea una empresa u organización) debe incitar dicho proceso mediante la facilitación de conocimiento, creatividad, motivación, diversidad, personalidad y herramientas que se adapten al contexto en que podrían ser utilizadas.

Fuente: Basado y muy mejorado en Innovation is the Key to Survival

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La percepción integral

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El acto de percepción o visión integral, introduce una dimensión ulterior a nuestra habilidad de comprender y de involucrarnos en la realidad. Es la intensificación de la propia conciencia, irreducible de cualquier juicio cualitativo o valuación cuantitativa. Es una aproximación eminentemente práctica, pero no pragmática en el sentido que no fragmenta las partes en relativos. Demanda que el observador se dé cuenta de su propio rol en el proceso de darse cuenta, del mismo proceso que resulta observar lo que es observado.

El poeta W. B. Yeats se refería a esto cuando afirmaba que “no se puede distinguir al bailarín de la danza”, Wallace Stevens en su poema teoría se dice para sí, “soy lo que me rodea”, en el Taoísmo se habla del “más allá que está en nuestro interior”, en los Upanishads se lo describe como “Tat tvam asi” (tu eres eso), el Bhagavat Gita afirma que: “todo lo que nace, animado o inanimado, proviene de la unión del campo y el conocedor de ese campo” (13:26). El mistico de la Orden de los Dominicos, Meister Eckhart, habló del proceso de identificación con Dios, en el momento de la experiencia mística, al decir que “el ojo por el que yo veo a Dios es el mismo ojo por el que Dios me ve a mí”. Los cabbalistas realizan elucidaciones similares. El antiguo y nuevo testamento, están colmados de parábolas de idéntica naturaleza.

En el acto de percepción integral, el “integrador” se hace transparente y, a su vez, es conciente de sí, se libera de su ego o sujeto tanto como del objeto externo. Los medios para conocer y el acto de conocer, se fusionan. El universo todo y en particular cada instante, dejan de ser acertijos a ser resueltos, sino que se tornan en cualidades que pueden ser profundamente experimentadas en la vastedad del aquí y ahora. El universo se torna conciente, pero es conciente a través de nosotros y su fin es la creatividad.

La percepción integral se manifiesta en estados sutiles y no duales de conciencia y es alcanzable a través de ejercicios como el yoga, la meditación, la oración u otras prácticas religiosas, por medio del ayuno, la danza, el ejercicio físico intenso, la terapia Gestalt, las técnicas de regresión hipnótica, la respiración holotrópica, el psicodrama y las experiencias con sustancias psicodélicas. Existe una vasta variedad de técnicas de entrenamiento de la mente, como Ken Wilber las llama: “psico-tecnologías de la atención”, y cada una de ellas cuenta con sus propias prácticas y efectos; cada una de las cuales pone en marcha determinados resultados atencionales, cognitivos y afectivos. La concentración, una técnica meditativa que consiste en centrar la atención en una sola cosa, tal vez sea la más básica y universal de éstas prácticas y aparece descripta, de una u otra forma, en todas las tradiciones espirituales.

Más allá de las diferencias que pueda haber, todas estas prácticas generan las condiciones para que las personas logren un estado de percepción integral. Como asombrosamente lo describiera mi maestro y amigo, José Azulay: “Luego de meditar un tiempo, se observará que la mente se sintoniza a sí misma, y se da cuenta de sí misma, con un darse cuenta que no discrimina, desenmascarando su propia lucidez intrínseca y su vacuidad. La mente es como el espacio que admite que todo entre, sin por ello contaminarse por las cosas. Cuando este estado aparece en la meditación, significa que tanto las emociones como las apariencias externas provenientes de los 5 sentidos se han pacificado. Cuando los pensamientos dualistas se aclaran, la mente se torna estable e inmóvil. Asi como la sal se disuelve en el agua, la mente dualista se disuelve en su propia naturaleza. Cuando surge un pensamiento o una emoción, no vienen de ningún lado; cuando se disuelve un pensamiento o una emoción, no van a ningún lado; son como las nubes o la neblina, que no vienen de ningún lado y cuando se disuelven no van a ningún lado”.

Así cómo en la compenetración en los estados de meditación profunda, los vislumbres creativos que tienen los artistas al penetrar en la profundidad de sus propias creaciones, son manifestaciones de esta cualidad de percepción sutil e integradora, así, el artista fluye y se conecta con su propio “genio” en la situación presente del aquí y ahora del acto creativo. Lo interesante de muchas de estas experiencias, es que a poco que aprendemos a entrenar nuestra atención, algo comienza a suceder más allá de ese ínfimo instante.

Las voces que abogan con creciente empeño por una nueva espiritualidad, para cambiar el curso de la civilización, apenas logran tener resonancia en la institucionalidad de las grandes religiones del mundo, gobernadas hoy por la racionalidad del poder. Nuevos movimientos se abalanzan para llenar ese vacío de espiritualidad y develar el origen de una globalización desbocada de brutal racionalidad. De igual manera, la psicología occidental, ha descuidado el estudio y comprensión de estos estados de percepción, al punto de llamarlos estados no ordinarios de conciencia y hasta los ha tratado como patologías anómalas. La psicología tradicional se ha centrado exclusivamente en los aspectos problemáticos de la mente. La investigación psicológica suele centrarse sólo en los trastornos y llega a definir la salud mental, como la ausencia de enfermedad. Freud, el creador del psicoanálisis, afirmaba que el objetivo del psiconálisis era el logro de la “neurosis normal”.

Sólo muy recientemente, la psicología ha emprendido de manera explícita, programas de investigación sobre los aspectos positivos y del bienestar de la naturaleza humana. Evidentemente ha enfatizado la importancia de la racionalidad y la lógica, por sobre el conocimiento intuitivo y emocional, y ha asignado gran valor a los estados egoicos de la mente, como la neurosis, olvidando que existen otros estados de conciencia que ayudan a liberar a las personas y conducirlas a niveles trascendentes de realización.

Los mapas delineados por Jean Gebser o Ken Wilber, entre tantos otros pensadores, no se agotan en el nivel racional, que abarca los logros de la cultura occidental, sino que apuntan también al desarrollo posterior de la psiquis, a través de varios estados que se pueden definir como trans-racionales y trans-personales, y que se describen en muchos textos de yoga y meditación. Lejos de la compleja mezcla de creencias mágicas y míticas, en que se basan las religiones populares y que dan forma a los sistemas pre-racionales de creencias y maneras de pensar y concebir el mundo, los trabajos de pensadores como Jean Gebser y Ken Wilber desenredan, el núcleo trans-racional de las “psico-tecnologías de la atención” y los estados de conciencia que éstas provocan por medio del ejercicio de prácticas contemplativas y meditativas. Según estos autores, la “socio-génesis”, es decir la generación de patrones de comportamiento social, sigue las directrices básicas de la “psico-génesis”, así, la cultura humana parece emular los estados de crecimiento individual. Es por eso que resulta necesario elevar el proyecto humano hacia un plano superior, que trascienda pero no descarte el pensamiento racionalista, mediante la promoción de la evolución conciente en cada uno de nosotros.

Existe una amplia equivalencia entre los estados actitudinales de la sociedad, con los del crecimiento psicológico del individuo. Un nuevo desafío se presenta frente a los viejos esquemas y paradigmas, las vetustas estrategias y suposiciones y las antiguas recetas de la racionalidad como único método de percepción e interpretación de la realidad.

Fuente: Basado en fragmentos de mi libro: La Red y el futuro de las Organizaciones. Más conectados…¿Más integrados?