Humanismo y Conectividad

Entradas etiquetadas como as ‘Espiritualidad’

Mata a Buda, Mata el Budismo

Lunes 8 Junio, 2009 · 16 comentarios

Por Sam Harris

«Mata a Buda» decía el viejo adagio Zen. «Mata el Budismo» sugiere Sam Harris, quien argumenta que la filosofía y las prácticas sugeridas por el Budismo beneficiarían a mucha más gente si no fuesen presentadas como una religión.

Se dice que el maestro Budista nacido el siglo IX de nuestra era, Lin Chi, dijo en una ocasión «si te encuentras con Buda en tu camino, mátalo». Como muchas de las enseñanzas Zen, esto no parece ni de lejos una sugerencia amable. Pero contiene un punto valioso: Convertir a Buda en un fetiche religioso es perder gran parte de la esencia de sus enseñanzas. Al considerar qué puede ofrecer el Budismo en este siglo XXI, propongo que nos tomemos la provocación de Lin Chi muy seriamente. Como estudiantes de Buda, deberíamos quizá ignorar el Budismo.

No pretendo sugerir que el Budismo no tiene nada que ofrecerle al mundo. Desde luego es posible argumentar que la tradición Budista, considerada como un todo, representa la más rica fuente de sabiduría contemplativa que cualquier civilización ha producido. En un mundo durante tanto tiempo mediatizado por una lucha fratricida entre religiones basadas en un Dios en el cielo, la ascendencia de la sabiduría Budista debería ser bienvenida como un indudable avance. Pero esto no va a ocurrir. No hay razón para pensar que el Budismo va a competir con éxito con la incansable evangelización que Cristianismo e Islam llevan a cabo. Pero tampoco debería intentarlo.

La sabiduría de Buda se encuentra hoy en día atrapada por la religión Budista. Incluso en Occidente, donde científicos y contemplativos Budistas colaboran en el estudio de los efectos de la meditación en el cerebro, el Budismo sigue siendo un asunto meramente parroquial. Mientras que podría ser justo decir —tal y como muchos practicantes del Budismo alegan— que el Budismo no es en sí mismo una religión, muchos Budistas a lo largo del mundo lo practican como tal, en la misma forma ingenua y supersticiosa en la que todas las religiones son practicadas. No hace falta decir que cualquier no-Budista sí ve al Budismo como una religión y, lo que es peor, están convencidos de que es la religión equivocada.

Hablar sobre Budismo inevitablemente sirve para impartir una falsa visión de las enseñanzas de Buda. Así que, mientras nuestro discurso se defina como Budista, nos aseguramos de que la sabiduría de Buda no pueda hacer nada para ayudar al desarrollo de la civilización en el siglo veintiuno.

Peor aún, la continua identificación de los seguidores de Buda con el Budismo le da un apoyo tácito a la división religiosa en el mundo. En este punto de nuestra historia, esto resulta tanto moralmente como intelectualmente indefendible. Especialmente entre los más afluentes y mejor educados occidentales, sobre los que recae la mayor responsabilidad por la difusión de este tipo de ideas.

Es cierto que muchos representantes del Budismo, en particular el Dalai Lama, trabajan constantemente para enriquecer su punto de vista sobre el mundo a través del diálogo con la ciencia moderna. Pero el hecho de que el Dalai Lama se reúna habitualmente con científicos occidentales para discutir sobre la naturaleza de la mente humana, no quiere decir que el Budismo, o el Budismo Tibetano, o los propios puntos de vista del Dalai Lama, no estén contaminados por el dogmatismo religioso. De hecho, hay ideas en el Budismo tan increibles como para reducir el digma Cristiano del nacimiento de Jesús de una virgen plausible en comparación. A nadie le sirven unas nociones tan arcanas para darle una explicación evolutiva a la naturaleza de la mente humana. Entre Budistas Occidentales, están algunos educados en nuestras escuelas que aparentemente creen realmente que el Gurú Rinpoche nació del vientre de una flor de loto. No es el tipo de desarrollo espiritual que nuestra civilización ha estado anhelando durante siglos.

El hecho es que una persona pueda abrazar las enseñanzas de Buda e incluso convertirse en un convencido contemplativo Budista —de alguna forma, un Buda— sin creer en nada basándose en evidencias insuficientes. Algo que no puede necesariamente decirse de otras religiones basadas en la fe. El Budismo se parece a la ciencia de alguna forma. Uno parte de la hipótesis de que empleando su capacidad de atención de la forma prescrita —la meditación— y comprometiéndose o evitando ciertos comportamientos —la ética— obtendrá el resultado anhelado —sabiduría y bienestar psicológico—. Este espíritu empírico anima a los Budistas de una forma incomparable. Por esto, la metodología Budista, desprovista de banalidades religiosas, podría ser uno de nuestros mejores recursos para desarrollar un entendimiento científico de la subjetividad humana.

Doctrinas religiosas han balcanizado nuestro mundo en separadas comunidades morales, y estas divisiones han resultado ser una fuente continua de derramamientos de sangre. De hecho, la religión sigue siendo la misma fuente de violencia hoy en día que lo ha sido en el pasado. Conflictos recientes en Palestina —Judíos contra Musulmanes—, los Balcanes —Ortodoxos serbios contra Católicos croatas, Ortodoxos serbios contra Musulmanes bosnios y albanos—, Irlanda del Norte —Protestantes contra Católicos—, Cachemira —Musulmanes contra Hindúes—, Sudán —Musulmanes contra Cristianos y Animistas—, Nigeria —Musulmanes contra Cristianos—, Etiopía y Eritrea —Musulmanes contra Cristianos—, Sri Lanka —Budistas contra Hindúes—, Indonesia —Musulmanes contra Cristianos—, Iran e Irak —Chiítas contra Sunníes— y el Cáucaso —Ortodoxos rusos contra Musulmanes chechenos, Musulmanes azerbayanos contra armenios Católicos y Ortodoxos— son buenos ejemplos. Se trata de lugares en los que la religión es causa explícita de literalmente millones de muertes durante las pasadas décadas.

¿Por qué la religión es una fuente de violencia tan poderosa? No hay probablemente otra esfera de discurso donde los seres humanos articulen sus diferencias entre ellos de forma tan intensa, o interpreten dichas diferencias en forma de recompensas o castigos. La religión es un ámbito de discurso en el que el pensamiento nosotros/ellos tiene un significado trascendente. Si realmente crees que referirte a Dios utilizando el nombre correcto te supondrá la diferencia entre la felicidad eterna y el tormento, es hasta cierto punto razonable que estés dispuesto a tratar a los herejes y a los no-creyentes de una forma incorrecta. Así, las consecuencias de la diferencia religiosa llegan mucho más lejos que las nacidas del tribalismo, el racismo o la política.


La religión es también el único ámbito del discurso humano en el que la gente está sistemáticamente protegida de la obligación de mostrar evidencias en defensa de creencias mantenidas fuertemente. Aún así, estas creencias determinan por lo que vivir, por lo que morir y, en demasiadas ocasiones, por lo que matar.
Se trata de un problema por que, cuando la apuesta es elevada, el ser humano tiene la elección sencilla entre conversación y violencia. O, a nivel de sociedad, entre la conversación y la guerra. Nada como un anhelo fundamental de ser razonable y de que nuestras creencias sobre el mundo puedan ser revisadas utilizando nuevas evidencias y nuevos argumentos para garantizar que podamos seguir hablando los unos con los otros. La certidumbre sin evidencias de forma necesaria nos divide y nos deshumaniza.

Así que uno de los mayores desafíos de la civilización en este siglo veintiuno es que por fin los seres humanos aprendan a hablar sobre sus elecciones personales más profundas, sobre ética, sobre experiencia espiritual y sobre lo inevitable del sufrimiento humano, de una forma que no sea radicalmente irracional. Y nada se opone a este proyecto de una forma más poderosa que el respeto que le concedemos a la fe religiosa. Mientras que no hay garantías de que dos personas racionales estén siempre de acuerdo, sí las hay de que a dos personas irracionales les separen sus dogmas.

Me parece improbable que podamos superar las divisiones actuales simplemente multiplicando ocasiones para el diálogo entre creencias. El juego de la civilización no puede ser la mutua tolerancia entre irracionalidades patentes. Aunque todas las partes del discurso ecuménico y religioso estén de acuerdo en tratar con amabilidad los temas donde sus puntos de vista sobre el mundo irremediablemente colisionan, esos temas seguirán siendo por siempre fuentes de intolerancia entre sus correligionarios. La corrección política simplemente no garantiza una base duradera para la cooperación humana. Para que las guerras por religión nos resulten tan incomprensibles como ya nos resultan la esclavitud o el canibalismo, sólo hay que desprenderse del dogma religioso.

Lo que el mundo necesita en este momento son medios de convencer a los humanos de que el conjunto de las especies sobre el planeta son su comunidad moral. Para esto es necesaria una forma no sectaria de hablar sobre el conjunto de experiencias y aspiraciones humanas. Necesitamos un discurso sobre la ética y la espiritualidad que no se vea limitado por el dogma y los prejuicios culturales, tal y como el discurso científico lleva siglos siendo. Lo que necesitamos, de hecho, es una ciencia contemplativa, una aproximación moderna a la cuestión de buscar el alcance real del bienestar psicológico. Y no vamos a desarrollar dicha ciencia inventándonos un Budismo Americano, un Budismo Occidental, o un Budismo Comprometido.

Si la metodología Budista —preceptos éticos, meditación— nos descubre verdades sobre la mente y los fenómenos del mundo —verdades como el vacío, la autocontemplación y la impermanencia—, estas verdades no son patrimonio del Budismo. Sin duda, cualquier practicante mínimamente serio de la meditación se dará cuenta de esto, mientras que muchos Budistas no lo hacen. Consecuentemente, incluso si una persona es plenamente conocedora de las técnicas meditativas descritas en la literatura Budista, identificarle como un Budista sólo servirá para confundir a otros.

Hay una razón por la que no hablamos de física Cristiana o de álgebra Musulmana, a pesar de que los Cristianos inventaron la física que conocemos y los Musulmanes inventaron el álgebra. Hoy en día, cualquiera que le diese importancia al origen Cristiano de la física o a las raíces Musulmanas del álgebra inmediatamente sería considerado un ignorante sobre dichas disciplinas. De la misma forma, una vez que le demos una explicación científica a los fenómenos contemplativos, dicha explicación trascenderá cualquier asociación religiosa. Cuando esta revolución conceptual tenga lugar, hablar de meditación Budista será equivalente a no haber asimilado los cambios en nuestro entendimiento de la mente humana.

Aún no está definido claramente qué es ser humano, dado que cualquier faceta de nuestra cultura o incluso de nuestra biología sigue abierta a la innovación y a un nuevo entendimiento. No sabemos cómo seremos dentro de mil años —o simplemente si seremos, dado lo absurdamente letal de muchas de nuestras creencias— pero sean cuales sean los cambios que nos esperan, hay algo que probablemente no va a cambiar; la diferencia entre sufrimiento y felicidad va a seguir siendo lo más importante para nosotros. Querremos así entender todos los procesos —bioquímicos, éticos, políticos, económicos, espirituales, etc.— que suponen dicha diferencia. Estamos lejos de tener un entendimiento definitivo de dichos procesos, pero sí sabemos lo suficiente para desprendernos de muchos malentendidos decisivos. De hecho ya sabemos lo suficiente para afirmar que el Dios de Abraham no es sólo indigno de la inmensidad del Universo. Es incluso indigno del hombre.

Hay mucho aún por descubrir sobre la naturaleza de la mente humana. En particular falta mucho por aprender sobre cómo convertir un instrumento que sirve para la codicia, el odio y la desilusión en una fuente de sabiduría y compasión. Los estudiosos de Buda están en una mejor posición para este nuevo entendimiento. Pero la religión Budista se les opone.

Fuente: Artículo de Sam Harris publicado en Shambhala Sun (pdf), versión en español obtenida en: La media hostia.

¿Querés compartir y contribuir a difundir este artículo entre otros?

Meméame Facebook TwitThis delicious StumbleUpon Bitacoras.com Fresqui Enchilame Wikio ES Google Technorati Envía esta historia a un amigo!
Digg reddit Spurl Magnolia Live Autobombeame Yahoo! MyWeb Blinklist Simpy Blogmarks Netvouz Startaid
Furl Shadows Smarking RawSugar Rojo Netscape Newsvine Mister Wong LinkArena Yigg Webnews folkd.com

Boton para agregar esto a favoritos socialesAgregar este boton de agregadores

Categorías: Cambio de paradigma · Conciencia Integral · Espiritualidad · La Tercera Cultura · Nuevo Humanismo
Etiquetado: , , , , , ,

Los 14 preceptos de Thich Nhat Hanh

Martes 21 Abril, 2009 · 1 comentario

Me encantaron los preceptos que transcribo a continuación realizados por Thich Nhat Hanh. Lo interesante de los mismos es que hay un claro carácter que podríamos definir como negador en el sentido de que para tener una vida plena no se trata de un hacer en dirección al acto, sino del deshacerse del mismo. Ello se debe a que todos los preceptos comienzan con una negación que en sí se torna afirmación. Para quienes avalamos el camino de la filosofía budista es probable que no encontremos ningún problema en entender esta idea ya que, tal como lo prescriben sus prácticas y enseñanzas, es en la ilógica vastedad de vacío donde yace la totalidad del Ser. El otro día mi querido amigo Ricardo García Huidobro contaba la historia de un niñito que le decía a su madre-:

- “Mamá Yo te quiero Nada, porque eso es Mucho más que el Infinito

Sabiduría, poesía, exacta matemática, física a límite del horizonte metodológico. La totalidad en la nada. Acaso no era eso lo que tanto predicaba mi querido Jorge Luis Borges. Elucubraciones más, elucubraciones menos, les dejo estos exquisitos preceptos, casi un manifiesto. Frases para leer, pensar, mastigar y asimilar. Sepan disfrutarlos:

No seas idólatra ni te ates a ninguna doctrina, teoría o ideología, incluso a las Buddhistas. Todos los sistemas de pensamiento son medios de guía; no son la verdad absoluta.

No creas que el conocimiento que tienes en este momento es la verdad inmutable, absoluta. Evita ser de mentalidad estrecha y atarte a los puntos de vista presentes. Aprende y practica el desapego de los puntos de vista para estar abierto a recibir los puntos de vista de los demás. La verdad se encuentra en la vida y no meramente en el conocimiento conceptual. Prepárate para aprender a través de toda la vida y a observar la realidad en ti mismo y en el mundo en todo momento.

No fuerces a los demás, ni siquiera a los niños, por ningún medio en absoluto, a adoptar tus puntos de vista, ya sea por autoridad, amenaza, dinero, propaganda o incluso educación. Sin embargo, por medio del diálogo compasivo, ayuda a los demás a renunciar al fanatismo y la estrechez.

No evites el contacto con el sufrimiento ni cierres tus ojos ante el sufrimiento. No pierdas la conciencia de la existencia del sufrimiento en la vida del mundo. Encuentra maneras para estar con aquellos que están sufriendo por todos los medios, incluyendo el contacto personal y las visitas, imágenes, sonido. Por tales medios, despierta tú mismo y a los demás a la realidad del sufrimiento en el mundo.

No acumules riqueza mientras millones están hambrientos. No tomes como el objetivo de tu vida a la fama, el provecho, la riqueza o el placer sensual. Vive simplemente y comparte el tiempo, la energía y los recursos materiales con quienes están en necesidad.

No mantengas ira u odio. Tan pronto como surgen la ira y el odio, practica la meditación sobre la compasión para comprender profundamente a las personas que han causado ira y odio. Aprende a ver a los otros seres con los ojos de la compasión.

No te pierdas en la dispersión y en el ambiente que te rodea. Aprende a practicar la respiración para recuperar la compostura del cuerpo y la mente, para practicar la atención, y para desarrollar la concentración y la comprensión.

No pronuncies palabras que puedan crear discordia y causar ruptura en la comunidad. Haz todos los esfuerzos para reconciliar y resolver todos los conflictos, aunque sean pequeños.

No digas cosas falsas por el bien del interés personal o para impresionar a las personas. No pronuncies palabras que causen desviación y odio. No difundas noticias que no sabes si son ciertas.

No critiques o condenes cosas de las que no estás seguro. Habla siempre verdadera y constructivamente. Ten el valor de hablar sobre situaciones de injusticia, aun cuando hacerlo pueda amenazar tu propia seguridad.

No uses a la comunidad Budista para ganancia o provecho personal, ni transformes tu comunidad en un partido político. Una comunidad religiosa debe, sin embargo, tomar una actitud clara contra la opresión y la injusticia, y debe esforzarse por cambiar la situación sin engancharse en conflictos partidarios.

No vivas con una vocación que sea dañina para los humanos y la naturaleza. No inviertas en compañías que priven a los demás de su oportunidad de vivir. Elige una vocación que ayude a realizar tu
ideal de compasión.

No mates. No permitas que otros maten. Encuentra todos los medios posibles para proteger la vida y prevenir la guerra.

No poseas nada que debería pertenecer a los demás. Respeta la propiedad de los demás pero evita que los demás se enriquezcan con el sufrimiento humano o el sufrimiento de otros seres.

No maltrates a tu cuerpo. Aprende a manejarlo con respeto. No veas a tu cuerpo sólo como un instrumento. Preserva las energías vitales (sexual, respiración, espíritu) para la realización del Camino. La expresión sexual no debería ocurrir sin amor y compromiso. En las relaciones sexuales, sé conciente del sufrimiento futuro que pueda causarse. Para preservar la felicidad de los demás, respeta los derechos y compromisos de los demás. Sé plenamente conciente de la responsabilidad de traer nuevas vidas al mundo. Medita sobre el mundo al cual estás trayendo nuevos seres.

No creas que yo siento que sigo todos y cada uno de estos preceptos perfectamente. Sé que fallo de muchas maneras. Ninguno de nosotros puede cumplir plenamente cualquiera de ellos. Sin embargo, debo trabajar hacia una meta. Esta es mi meta. Ninguna palabra puede reemplazar a la práctica, sólo la práctica puede hacer a las palabras.

Fuente: Vistos en el blog de Mentor 66

¿Querés compartir y contribuir a difundir este artículo entre otros?

Meméame Facebook TwitThis delicious StumbleUpon Bitacoras.com Fresqui Enchilame Wikio ES Google Technorati Envía esta historia a un amigo!
Digg reddit Spurl Magnolia Live Autobombeame Yahoo! MyWeb Blinklist Simpy Blogmarks Netvouz Startaid
Furl Shadows Smarking RawSugar Rojo Netscape Newsvine Mister Wong LinkArena Yigg Webnews folkd.com

Boton para agregar esto a favoritos socialesAgregar este boton de agregadores

Categorías: Cambio de paradigma · Conciencia Integral · Cooperación · Desarrollo económico y otros desarrollos · Espiritualidad · Manifiestos · Nuevo Humanismo
Etiquetado: , , , , , , , , ,

Las palabras y la Esencia

Martes 3 Marzo, 2009 · 7 comentarios

Las palabras y la Esencia Las palabras conforman el medio del pensamiento conceptual y como tales son capaces de ejercer un efecto prácticamente hipnótico sobre nosotros, las personas. Según creemos, el simple hecho de haber etiquetado algo con una palabra equivale a saber lo que ese algo es; grave error, gravísimo. Si el medio es el mensaje, las palabras son la sustancia del mensaje, y como tal no es lo que Es. En realidad, no sabemos lo que ese algo es y en ese proceso de conceptualización, ocultamos el misterio de la esencia detrás del rótulo de la palabra.

Todo aquello que podemos decir, y por lo tanto pensar es apenas la capa superficial de su realidad. Debajo de la superficie está lo que eso ES en conexión con la totalidad de ese instante en que percibimos eso que Es. Cuando observamos verdadera y esencialmente, y dejamos aflorar la esencia de la cosa/instante sin imponerle un sustantivo o una etiqueta mental, se despierta dentro de nosotros una sensación de asombro y admiración que nos conecta con la esencia de lo observado y, en ese proceso, somos capaces de ver, como si de un espejo se tratara, el reflejo de la conexión: la propia esencia, el SER. Lo que ES no es eso y nosotros observando/percibiendo, separadamente, en estado dual, sino el proceso mismo del instante. De allí, eso de que en la filosofía suele concebirse al SER como una “entidad” indivisible, no dual.

Trato pues de expresar que la esencia de las cosas, en realidad es la esencia del momento, instante de la experiencia que nos involucra en la percepción de ella. Creanme que esa captación del SER es real. Esto te puede sonar muy new age sin embargo, existe y de eso hablan practicamente todas las tradiciones místicas y filosóficas de la humanidad. Se trata de una experiencia que se puede vivenciar en el instantáneo vislumbre de un momento de enamoramiento profundo; cuando la mente se aquieta durante la contemplación de un paisaje natural, en un apacible atardecer, observando una flor o un ave volando; cuando apreciamos una obra artística que nos conmueve y nuestros pensamientos se disuelven en el asombro; cuando nos conectamos con la pureza prístina de la mirada de un bebé; en conclusión, cuando nos soltamos a percibir un momento en su totalidad y algo dentro nuestro se abre y despliega. Alguna u otra vez, cada uno de nosotros lo ha podido experimentar, estoy seguro de ello. La energía de la vida fluye libremente en y con nosotros, las emociones y todo nuestro potencial se expresa en esa quietud y se origina un estado de fluidez y exaltación en que desaparece el cálculo y el interés, y aflora la alegría, la felicidad, el sentido de pertenencia, la comunión que trasciende la individualidad del ego.

Cuando nos abstenemos de tapar el mundo con palabras y etiquetas, recuperamos el sentido de lo milagroso que la humanidad como testigo conciente perdió hace mucho tiempo, cuando en lugar de servirnos del pensamiento, nos sometimos a él. La profundidad esencial retorna a nuestra vida. Las cosas recuperan su frescura y se envuelven en la novedad. Por ejemplo, no es la flor lo que percibimos en ese nimio instante sino el flujo de la “floridad” indescriptible, pero percibible si allí, presentes, alertas estamos.

Mientras más atentos estemos en atribuir rótulos verbales a las cosas, a las personas o a las situaciones, más superficial e inerte se hace la realidad y más muertos nos sentimos frente a ella. Claro esta, en ese proceso ilusorio logramos adquirir astucia y dominar el mundo material, pero a expensas de la sabiduría que se esfuma junto con esa alegría, ese amor, esa creatividad y esa vitalidad propias del momento.

Hay una enorme brecha entre la percepción y la interpretación, entre lo vital y lo material. Claro está que las palabras y los pensamientos tienen su propia belleza y debemos utilizarlos. Con todo, si buscamos la plenitud en serio, es necesario que dejemos de estar aprisionados en ellos y nos sumerjamos en el espíritu de las cosas, es decir, en el vislumbre del instante.

¿Querés compartir y contribuir a difundir este artículo entre otros?

Meméame Facebook TwitThis delicious StumbleUpon Bitacoras.com Fresqui Enchilame Wikio ES Google Technorati Envía esta historia a un amigo!
Digg reddit Spurl Magnolia Live Autobombeame Yahoo! MyWeb Blinklist Simpy Blogmarks Netvouz Startaid
Furl Shadows Smarking RawSugar Rojo Netscape Newsvine Mister Wong LinkArena Yigg Webnews folkd.com

Boton para agregar esto a favoritos socialesAgregar este boton de agregadores

Categorías: Conciencia Integral · Espiritualidad
Etiquetado: , , , , , , , , , , , , , , , ,

El amor, ¿tan sólo una droga?

Jueves 8 Enero, 2009 · 2 comentarios

Se suele decir que el amor es una droga pero ¿es tan sólo eso?
El profesor Larry Young, de la Universidad Emory de Atlanta, en Estados Unidos, cree que sí.

En un artículo que ha publicado recientemente en la prestigiosa revista Nature, el profesor Young afirma que el amor puede explicarse a través de una serie de procesos neuroquímicos que suceden en áreas específicas del cerebro.

Si ello fuera cierto, afirma Young, no tendríamos que depender más de las ostras o el chocolate como afrodisíacos.

En vez de eso, sería posible que los científicos desarrollaran afrodisíacos químicos que harían que nos enamorásemos de la primera persona con la que nos cruzáramos.

Y a aquellos que se enamoran de quien no deben, se les podría dar un antídoto contra un amor inadecuado.

Incluso se podría llegar a realizar un “test del amor” para saber si dos personas están predispuestas a tener una vida en común feliz.

Sin poseía

A lo largo de los siglos los poetas nos han hecho creer que el amor es algo que va más allá del entendimiento, pero esta idea es una maldición para el doctor Young.

No sé si seremos capaces de entenderlo totalmente, pero creo que nuestras emociones han evolucionado de comportamientos y emociones que provienen del reino animal“, asegura el científico.

No creo que la manera en que una madre quiere a un hijo sea tan diferente del amor que una madre chimpancé siente por sus crías, o incluso una rata“.

En los animales, los científicos han descubierto que una sustancia química, la oxitocina, es la responsable de desarrollar el vínculo entre la madre y su hijo.

El profesor Young cree que es muy posible que el mismo proceso suceda en los humanos.

Lo que pasa es que cuando experimentamos esas emociones son tan intensas que no podemos imaginar que se trata tan sólo de una serie de procesos químicos“, asegura el científico.

Pero incluso si ello fuera verdad en el caso del amor maternal, ¿sucede lo mismo en el caso del amor?

El profesor Young cree que sí.

Los investigadores han descubierto que la oxitocina es la responsable de vincular a los ratones de campo, que como los humanos crean un fuerte vínculo entre ellos que dura durante un largo tiempo.

También se han realizado estudios en humanos que muestran que la oxitocina incrementa la confianza y la habilidad de comprender las emociones en los otros.

Así que Young asegura que tiene sentido pensar que el mismo tipo de molécula está involucrada en fortalecer los vínculos entre las personas.

Otras sustancias

El científico cree que también hay otras sustancias químicas responsables de fortalecer ese vínculo, así que tan sólo se debe investigar para averiguar cuáles son.

Estoy seguro de que esto es sólo el principio“, asegura Young.

Hay cientos de moléculas de señalización que actúan en áreas diferentes del cerebro“.

Creo que algún día entenderemos mejor cómo interactúan todas esas sustancias químicas en áreas especificas del cerebro que tienen la función de hacer surgir esas emociones complejas“, explica Young.

Habiendo dejado las cosas claras a los poetas, el profesor Young tendrá que discutir con los científicos que no están de acuerdo con su teoría de que el amor depende tan sólo de sustancias químicas.

¿No tendrán algo que ver también la educación y la psicología?

La educación juega un papel importante“, reconoce Young.

Pero la manera en que la educación funciona es mediante la alteración neuroquímica“.

Según el científico, se sabe por estudios realizados con humanos “que las mujeres que han experimentado abuso o negligencia al inicio de su vida tienen unos menores niveles de oxitocina en el cerebro”.

Así que estoy totalmente de acuerdo en que las vivencias tienen un impacto importante en nuestra habilidad para las relaciones, aunque ese impacto ocurre a través de cambios en la neuroquímica y la expresión genética“.

Así que, si el amor es tan sólo una complicada reacción química, ¿podría la más poderosa de las emociones humanas ser manipulada?

El profesor Young cree que sí.

La oxitocina agudiza la visión y aumenta nuestra habilidad de reconocer emociones en otros“, explica.

Podría mejorar nuestra habilidad para formar relaciones, así que existe la posibilidad de que la oxitocina sea usada junto con terapias matrimoniales para devolver la chispa a una relación“.

En el mercado ya existen perfumes que contienen oxitocina, aunque el profesor Young cree que los niveles de esta sustancia son demasiado bajos como para que realmente funcionen como afrodisíacos.

Creo que en futuro podremos desarrollar fármacos que afectarán ciertas áreas del cerebro para estimular el amor“.

Nick Bostrom, de la Universidad de Oxford, no está totalmente de acuerdo con la teoría de Young.

Es interesante explorar las bases neuroquímicas del vínculo amoroso, pero no podemos pensar que esta teoría por sí sola nos proporciona una compresión total de lo que es realmente el amor

Es interesante explorar las bases neuroquímicas del vínculo amoroso, pero no podemos pensar que esta teoría por sí sola nos proporciona una compresión total de lo que es realmente el amor“, asegura Bostrom.

Según el científico, “también están involucrados factores evolutivos, psicológicos y sociológicos, además de perspectivas humanistas que ofrecen puntos de vista interesantes“.

Sin embargo, cree que en un futuro será posible modular los mecanismos neurológicos que juegan un papel en el vínculo amoroso.

Utilizando sabiamente este tipo de fármacos se podría mejorar la experiencia humana y mitigar el sufrimiento innecesario“, explica Bostrom.

En cualquier caso, este tipo de manipulación planteará una serie de cuestiones éticas y culturales, que deberán ser exploradas cuidadosamente“, concluye el científico.

Fuente: Artículo realizado por Pallab Ghosh, publicado en BBC

Meméame del.icio.us Yahoo! MyWeb StumbleUpon Furl Blinklist Spurl Magnolia Simpy Blogmarks Netvouz Startaid Facebook Shadows

Smarking RawSugar Technorati Digg reddit Rojo Netscape Newsvine Mister Wong LinkArenaYigg Webnews folkd.com

Boton para agregar esto a favoritos socialesAgregar este boton de agregadores

Reblog this post [with Zemanta]

Categorías: Amor · Ciencia
Etiquetado: , , , , , , , , , , , ,

Más neurociencias numinosas: El Zen y el cerebro: ¿el vacío de la (o en la) mente?

Lunes 10 Noviembre, 2008 · Deja un comentario

En el año 1998, la editorial del MIT publicó un libro titulado “El Zen y el Cerebro (Zen and the Brain: Toward an Understanding of Meditation and Consciousness) cuyo autor, el Dr. James Austin, un neurólogo, afirma que para sentir que el tiempo, miedo y auto-conciencia se han disuelto y realmente tener una experiencia mística y espiritual, ciertos circuitos cerebrales deben ser interrumpidos.

Según asegura, la actividad en la amígdala, que monitorea al ambiente y registra el miedo, debe ser reprimida. Los circuitos del lóbulo parietal, que nos orientan en el espacio y marcan la clara distinción entre lo propio y el mundo, deben ser sosegados. Los circuitos frontales y temporales, que marcan el tiempo y generan autoconciencia, deben apagarse. Cuando esto ocurre, Austin concluye que “lo que consideramos como nuestras funciones superiores de autoconciencia parecen disolverse o delesionarse de la conciencia”.

Recientemente, la Asociación Norteamericana de Psicología publicó “Variedades de la Experiencia Anómala”, que cubría enigmas desde experiencias al borde de la muerte hasta experiencias místicas. Al poco tiempo, se publicó el libro “La Religión en la Mente” que abarca el tema de como las experiencias religiosas actúan sobre los lóbulos frontales para inspirar optimismo y hasta creatividad.


Y en el libro “Porque Dios no se va (Why God Won’t Go Away: Brain Science and the Biology of Belief)”, publicado por el Dr. Andrew Newberg de la Universidad de Pennsylvania y su colaborador, el fallecido, Eugene d’Aquili, varias veces citados en este blog y Vince Rause. Estos investigadores, han utilizado imágenes cerebrales que obtuvieron de Budistas Tibetanos sumergidos en la meditación y de monjas Franciscanas durante el rezo profundo para lograr identificar cuál es el circuito espiritual cerebral y para explicar como los rituales religiosos tienen el poder de movilizar a los creyentes y no creyentes por igual.

Lo que todas las nuevas investigaciones tienen en común ha sido la pasión por descubrir las bases neurológicas de las experiencias místicas y espirituales. Los neurólogos y psicólogos que orientan estas investigaciones, intentan descubrir que regiones del cerebro se activan y desactivan durante la experiencia que parece existir fuera del espacio y tiempo. De esta forma se diferencia de las investigaciones rudimentarias que se realizaron durante la década del cincuenta y sesenta que determinaron que las ondas cerebrales cambiaban cuando uno meditaba. Pero esas investigaciones no decían nada acerca de porque cambiaban las ondas cerebrales o que regiones específicas del cerebro eran las responsables de ese cambio. Por otro lado, las investigaciones recientes se basan en tratar de identificar los circuitos cerebrales que tienen mayor actividad durante la experiencia.

Estudiando el flujo de sangre que se correlaciona con la actividad neuronal mediante un SPECT (tomografía computada de emisión de un único fotón), Newberg estudió al Dr. Michael Baime durante sus experiencias místicas. La corteza prefrontal se iluminó. Pero fue el cese de actividad lo que sorprendió. Un grupo de neuronas en el lóbulo parietal superior se apagó. Esta región, que tiene el nombre de “área de asociación y orientación”, procesa la información acerca del tiempo y espacio. Determina donde el cuerpo termina y el resto del mundo comienza. Específicamente, el área de orientación izquierda crea la sensación del espacio físico donde existe el cuerpo.

El área de orientación requiere información sensorial para realizar sus cálculos. “Si se bloquea la información sensorial a esta región, como se hace durante la intensa concentración al meditar, uno evita que el cerebro produzca la distinción entre el yo y el resto”, dice Newberg. Sin la información de los sentidos, el área de la orientación izquierda no encuentra la frontera entre el yo y el resto del mundo. Como resultado, el cerebro parece no tener opción y “percibe al yo como interminable e íntimamente interconectado con todo”, escriben Newberg y d’Aquili en su libro. El área de orientación derecha, también privada de información sensorial parece permanecer en una sensación de espacio infinito. Los meditadores sienten que han tocado al infinito.

La experiencia espiritual

No es sorprendente que la experiencia religiosa se refleje en la actividad cerebral. Todo lo que experimentamos deja su marca en el cerebro. Lo difícil es que “no hay manera de determinar si los cambios neurológicos asociados con la experiencia espiritual significan que el cerebro está causando esas experiencias…. o si en vez esta percibiendo una realidad espiritual”.

Produciendo visiones

Cuando la imagen de una cruz, por ejemplo, dispara una sensación de admiración religiosa, se debe a que el área cerebral de asociación visual, que interpreta lo que ven los ojos y conecta las imágenes con las emociones y memorias, ha aprendido a vincular esas imágenes con esos sentimientos. Las visiones que surgen durante el rezo o ritual también son generadas en el área de asociación: la estimulación eléctrica del lóbulo temporal produce visiones.

La epilepsia del lóbulo temporal lleva esto a un extremo. Aunque algunos estudios han negado una conexión entre la epilepsia del lóbulo temporal con la religiosidad, otros creen que la condición parece llevar a voces y visiones religiosas.

Aunque la epilepsia del lóbulo temporal es rara, los investigadores sospechan que los estallidos de actividad eléctrica localizados llamados pueden llevar a experiencias místicas. Para probar esta idea, Michael Persinger sostiene un casco lleno de electroimanes sobre la cabeza de un voluntario. El casco crea un campo magnético débil, no mayor al producido por un monitor de computadora. Persinger descubre que el campo dispara estallidos de actividad eléctrica en los lóbulos temporales produciendo sensaciones que los voluntarios describen como supernaturales o espirituales: una sensación de lo divino. Él sospecha que las experiencias religiosas son producidas por mini tormentas eléctricas en los lóbulos temporales, y que tales tormentas pueden ser producidas por la ansiedad, crisis personales, falta de oxígeno, baja glucosa en sangre o simple fatiga. Pero, porqué los lóbulos temporales? Persinger especula que el lóbulo temporal izquierdo mantiene nuestro sentido de lo propio. Cuando la región es estimulada pero la derecha no, la izquierda lo interpreta como la sensación de presencia, como al yo dejando el cuerpo, o como Dios.

Existe una correlación entre la gente cuyos pensamientos inconscientes tienden a pasar a la conciencia y las experiencias espirituales”, dice Michael Thalbourne de la Universidad de Adelaide. Desafortunadamente, los científicos no saben que es lo que permite que los pensamientos inconscientes aparezcan en la conciencia de algunas personas y no otras. El único predictor de tales experiencias, sin embargo, es algo llamado “disociación”. En este estado, diferentes regiones cerebrales se disocian de otras. “Esta teoría, que explica a la hipnosis tan bien, podría también explicar a los estados místicos”, dice Michael Shermer, director de Skeptics Society. “Algo parece estar sucediendo en el cerebro, donde un módulo se disocia del resto de la corteza.

La base neuronal de la experiencia religiosa

Esa disociación puede reflejar la actividad eléctrico inusual en algunas regiones cerebrales. En 1997, el neurólogo Vilayanur Ramachandran le dijo a los participantes de la reunión anual de la Sociedad de Neurociencias que existe “una base neuronal para la experiencia religiosa.” Sus resultados preliminares sugirieron que la profundidad del sentimiento religioso, o religiosidad, podría depender de la remarcada actividad eléctrica natural en los lóbulos temporales. Interesantemente, esta región cerebral parece importante para la percepción del lenguaje. Una experiencia común a muchos estados espirituales es escuchar la voz de Dios. Parece surgir cuando malinterpretamos el lenguaje interno con algo externo. Durante tales experiencias, el área de Broca del cerebro (responsable de la producción del habla) se enciende. La mayoría de nosotros podemos reconocer que es nuestra propia voz, pero cuando la información sensorial esta restringida, como ocurre durante la meditación, la gente es “más propensa a atribuir los pensamientos generados internamente a una fuente externa”, dice el psicólogo Richard Bentall de la Universidad de Manchester, Inglaterra.

Hasta la gente que se auto describe como no espiritual puede ser movida por ceremonias religiosas. De ahí el poder del ritual. La clave es la combinación entre la atención localizada, que excluye otros estímulos sensoriales, junto con la sensación emocional magnificada. Juntas, parecen aumentar la actividad del sistema de excitación del cerebro. Cuando esto sucede, explica Newberg, una de las estructuras cerebrales responsable de mantener el equilibrio, el hipocampo, pisa el freno. Esto inhibe el flujo de señales entre neuronas.

Suavizando las fronteras del yo

El resultado es que ciertas regiones del cerebro son privadas de la información neuronal. Una de esas regiones parece ser el área de la orientación, la misma región que es silente durante la meditación. Como en esos estados, sin la información sensorial el área de orientación no puede cumplir su función de mantener un sentido de donde termina lo propio y empieza el mundo exterior. Por eso los rituales pueden desencadenar lo que Newberg llama “suavización de las fronteras del yo”.
Es posible que los científicos nunca resuelvan la pregunta más importante de todas: si nuestros circuitos cerebrales crearon a Dios o si Dios creó nuestros circuitos cerebrales. Cualquiera que uno crea es, finalmente, una cuestión de fe.

Recomendar en Menéame Recomendar en Digg it Recomendar en Reddit Enviar a Del.icio.us

Meméame del.icio.us Yahoo! MyWeb StumbleUpon Furl Blinklist Spurl Magnolia Simpy Blogmarks Netvouz Startaid Facebook Shadows

Smarking RawSugar Technorati Digg reddit Rojo Netscape Newsvine Mister Wong LinkArenaYigg Webnews folkd.com

Boton para agregar esto a favoritos socialesAgregar este boton de agregadores

Categorías: Cambio de paradigma · Ciencia · Conciencia · Conciencia Integral · Espiritualidad
Etiquetado: , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

Neurociencias numinosas (4): La mente como fenómeno emergente

Miércoles 29 Octubre, 2008 · 3 comentarios

En varias numerosas entradas anteriores he reflexionado sobre el fenómeno de la conciencia a la luz de los estudios neurocientíficos. Siempre, de alguna u otra manera, llegaba a una conclusión más o menos similar: la ciencia debe ir más allá del reduccionismo y del materialismo instrumental para capturar la dimension vital de la conciencia. No obstante, queda claro que la ciencia carece de una metafísica adecuada para la incorporación tanto de la mente como de la materia en forma integrada y por ello surge un problema: no se puede hablar realmente de una ciencia de la mente sin discutir las propiedades emergentes de los fenómenos y de sus diversos niveles de organización. En algún sentido se podría afirmar que el cerebro humano es EL ejemplo de la emergencia en la naturaleza.

El concepto de emergencia al que también me he referido contadas veces establece, simplemente, que “el todo es mayor que la suma de sus partes”. Cuantas veces hemos escuchado esta frase. Bien vale volver a registrarla una vez más. Así como la neurona no puede ser adecuadamente descrita sólo en base a sus componentes constitutivos, tampoco se puede comprender al cerebro sólo catalogando sus partes, es decir las neuronas. De la misma forma, la mente es igualmente un fenómeno emergente. No existe sin un cerebro funcional, pero no se podría nunca predecir la presencia de la conciencia sobre la base de una descripción reduccionista exhaustiva del cerebro. Mi acercamiento al mundo de los sistemas complejos me ha mostrado que el universo está colmado de fenómenos en busca de comprensión, y he llegado a sospechar que la mayoría de problemas importantes de la física, la biología, la economía y la sociedad, son de naturaleza emergente y compleja.

La búsqueda sincera por comprender, nos obliga a recurrir cada vez más al concepto de emergencia. La emergencia podría colocar límites filosóficos a las afirmaciones de los científicos sociales que justifican la religión de manera reduccionista. Un científico, digamos Max Weber, puede establecer relaciones entre la ética protestante y el espíritu del capitalismo, pero esto no implica causalidad. Un científico podría asimismo establecer determinada actividad en el lóbulo temporal derecho y relacionarla con la experiencia numinosa de a espiritualidad o de la presencia de Dios, pero eso no significa que ha localizado o explicado la realidad de la existencia de un dios.

Una comprensión contundente de la emergencia, con diversos niveles de análisis, síntesis e interpretación, podría abrir un espacio de posibilidades para la comprensión científica de las nociones que manan del conocimiento espiritual y las experiencias numinosas. Quedan aún por hacer muchas investigaciones muy interesantes y hay numerosas personas brillantes dedicadas a las mismas. Enormes beneficios quedan por materializarse en el camino. Por ejemplo, todas las tradiciones reconocen la existencia de aberraciones religiosas, aunque no estén de acuerdo en como clasificarlas. La investigación neurocientífica podría proporcionarnos mejores herramientas para distinguir entre personas religiosamente patológicas y personas con una espiritualidad vibrante y sana.

Vale advertir con cierto tufillo propagandístico que muchos de los neurocientíficos occidentales dedicados al estudio de las experiencias numinosas a las que me he referido en las notas anteriores en el cerebro son practicantes del Budismo. Vale recordar al notable Francisco Varela, un pionero en la materia. ¿Por qué ocurre así? Bueno, existe entre los neurocientíficos el reconocimiento de que los budistas en particular han dirigido investigaciones sobre la conciencia durante más de 2.500 años, y que por tanto el Budismo tiene algo que enseñar a los científicos sobre el tema. Uno de los principales promotores de este diálogo entre el budismo y la ciencia ha sido el propio Dalai Lama que frecuentemente convoca a grupos de científicos a debatir en el marco del Life & Mind Institute.

No obstante, también hay detractores de este tipo de diálogo y buscan valerse de las neurociencias para denigrar el conocimiento espiritual. Así mismo existe un potencial peligro que puede tornarse en preocupante: ¿Qué sucedería si las neurociencias alcanzaran la habilidad de propiciar fácilmente la euforia espiritual manipulando el cerebro, garantizando desde el éxtasis numinoso a la obediencia sincrética?. La noción de que alguien pueda tomar una pastilla y alcanzar la beatitud eterna sin ningún efecto secundario podría suponer el fin de la evolución de nuestra especie e incluso nuestra extinción. ¿Qué nos motivaría entonces para innovar y ser creativos?

La investigación empírica de los fenómenos religiosos y espirituales no sólo es saludable, sino necesaria. La ciencia de la religión bien podría ofrecer una mediación entre los creyentes de diversas tradiciones espirituales y religiones, y ayudar así a alcanzar una suerte consenso de opiniones. Al fin de cuentas, los rios de la verdad siempre deberían llevarnos al oceano de la sabiduría, en lugar de separarnos, como ha venido ocurriendo desde tiempos inmemoriales. Una síntesis entre ciencia y espiritualidad o entre ciencia y religión podría servir para unirnos y en esa labor, las neurociencias empleadas al servicio de la comprensión del conocimiento espiritual nos ayudarían verdaderamente a transitar por este camino.

Es importante recordar que el cerebro crece y evoluciona a lo largo de la vida, y especialmente durante la infancia. En el segundo año de vida, el cerebro de un bebé humano está desarrollado sólo en un 15%. El tamaño máximo de este órgano se alcanza en la adolescencia, alrededor de los 16 años de edad. Las diversas partes del cerebro maduran en diferentes estadios. Los seres humanos presentamos una disposición universal a aprender el lenguaje, la música y la religión, pero el aprendizaje de un lenguaje específico, un género de música o una tradición religiosa determinada depende de la cultura y el lugar de nacimiento. Borges bien sabía esto. Hay que señalar que la mayoría de las tradiciones espirituales usan también la música y el lenguaje, por lo que estas conexiones han de ser algo más que fortuitas para el desarrollo del cerebro y de las creencias religiosas.

Pudiera ser que la adolescencia fuera una época especialmente importante para la transmisión de la religión, y que exista en ese momento una disposición neurológica que la cultura utiliza. Este hecho puede apreciarse en la prevalencia de los ritos de iniciación. El 70% de las culturas estudiadas por los antropólogos tienen alguna práctica formal de iniciación para los adolescentes. Algunas de estas prácticas son sólo para los varones y otras sólo para las mujeres o para ambos sexos. Estos ritos de pasaje estudiados en detalle por Victor Turner generalmente implican la separación de la familia y de la comunidad, la reclusión, la adversidad física, el estrés psicológico, la privación de comida, agua o sueño e, incluso, en ocasiones la tortura o la mutilación del cuerpo. Estos ritos preceden al matrimonio, a la reproducción y a las responsabilidades y derechos de los adultos dentro de un grupo social.

Volviendo al tema, existen varios problemas inherentes a estos estudios neurocientíficos sobre los fenómenos religiosos y espirituales. Ante todo, la religión es una experiencia neurocognoscitiva compleja que incluye rituales, grupos sociales y otras dimensiones que no pueden ser fácilmente reproducidas en laboratorios o aislarse en las mentes humanas. Tampoco está claro que todas las experiencias religiosas sean comparables desde el punto de vista neuronal (no son lo mismo el estudio del Talmud que las prácticas contemplativas budistas o que las auto-flagelaciones cristianas o la ejercitación con asanas de yoga y las danzas de los derviches sufíes).

En ese camino en busca de la comprensión, la ciencia necesariamente ha intentado simplificar estas experiencias para poder realizar investigaciones manejables y tal vez repetibles. La mayoría de los estudios se centran en las prácticas meditativas o contemplativas, simplemente porque sería difícil estudiar cualquier otro aspecto en el ámbito de la aparatología hospitalaria.

Una taxonomía completa de la experiencia religiosa debiera ser desarrollada, detallada y relacionada con diferentes estados del cerebro: las experiencias interpretativas (circunstancias religiosamente significativas, como la sincronicidad o la buena o mala suerte), las experiencias casi-sensoriales (visión o escucha de la divinidad); experiencias de revelaciones, experiencias regenerativas (curaciones o catarsis); experiencias éticas y morales, experiencias estéticas, experiencias luminosas, y experiencias de unidad (pérdida de distinción entre uno mismo y lo que le rodea).

Otro problema en el estudio neurocientífico de los fenómenos espirituales es la tendencia a extraer conclusiones ontológicas de estas investigaciones, normalmente bien para validar bien para desmentir alguna doctrina religiosa. Resulta evidente que nadie puede probar o desmentir, por ejemplo, la existencia de Dios a partir del estudio del cerebro de alguien. Una correlación neurológica no es equivalente a la causalidad o última explicación. Cada pensamiento que tenemos, incluso los pensamientos científicos, tienen sus estados cerebrales mensurables. Podemos estudiar el cerebro de un físico mientras trabaja con ecuaciones utilizando el escáner de resonancia magnética funcional, por ejemplo. Aprenderíamos muchas cosas interesantes sobre el cerebro de esa persona, tal vez generalizables a todos los físicos, quizá a todas las ecuaciones, pero no aprenderíamos nada sobre la verdad o no de la física.

Pero, como dice el filósofo budista Alan Wallace en su libro “The Taboo of Subjectivity: Toward a New Science of Consciousness”, aún no entendemos la mente: A pesar de siglos de investigación científica y filosófica en la naturaleza de la mente, en el presente no existe una tecnología que pueda detectar la presencia o ausencia de ningún tipo de conciencia, porque los científicos incluso desconocen que ha de ser medido exactamente. Más concretamente: en el presente no existe ninguna evidencia científica ni siquiera de la existencia de la conciencia. Todas las evidencias directas consisten en testimonios no científicos, en primera persona, sobre el ser consciente.

Claro está que los testimonios en primera persona no cuentan como evidencia para la ciencia. Se necesita la correlación y la corroboración por parte de otra evindencia. No se le puede dar crédito al “yo” que habla en primera persona. Quizá debamos reprensar la ciencia, y con ella la neurociencia, desde el principio y formular una epistemología que admita albergar a la conciencia.

Recomendar en Menéame Recomendar en Digg it Recomendar en Reddit Enviar a Del.icio.us

Meméame del.icio.us Yahoo! MyWeb StumbleUpon Furl Blinklist Spurl Magnolia Simpy Blogmarks Netvouz Startaid Facebook Shadows

Smarking RawSugar Technorati Digg reddit Rojo Netscape Newsvine Mister Wong LinkArenaYigg Webnews folkd.com

Boton para agregar esto a favoritos socialesAgregar este boton de agregadores

Categorías: Conciencia Integral
Etiquetado: , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

Neurociencias numinosas (3): Estudios quirúrgicos y farmacológicos

Lunes 13 Octubre, 2008 · 7 comentarios

Siguiendo con la tercera parte de esta serie de entradas (parte 1 y parte 2) me voy a referir hoy sobre los estudios quirúrgicos y las experiencias farmacólogicas tendientes a explorar los aspectos neurocientíficos de la conciencia espiritual. El contenido de la entrada tiene algo de reseña obituaria.

Las investigaciones quirúrgicas han sido mucho más limitadas que otras porque los médicos, éticamente, no pueden abrir el cerebro de una persona cuchillo mediante y comenzar a hurgar en él. La cirugía cerebral se limita normalmente a la extirpación de tumores, y es de altísimo riesgo. Dado que el cerebro no tiene nervios sensoriales y, por tanto, no siente dolor, la cirugía cerebral se suele hacer con humanos conscientes, lo que permite preguntarles algunas cuestiones durante la operación. Al escribir esto, viene a mi memoria una escena un tanto escatológica de una cena entre Hannibal Lecter y un egocéntrico polícia, en una de las últimas versiones de la saga cinematográfica.

wilder Penfield

wilder Penfield

La estimulación eléctrica en diferentes regiones del cerebro de pacientes durante intervenciones quirúrgicas, llevadas a cabo en los años 50 por el neurocirujano canadiense Wilder Penfield, demostró que la estimulación en el lóbulo temporal derecho provocaba que los pacientes oyeran voces y vieran apariciones.

Robert Heath

Robert Heath

El fallecido Robert Heath (1915-1999), de la Tulane University, consiguió por la misma época inducir placer intenso en pacientes psiquiátricos con electrodos implantados en el septo, una región diminuta situada justo encima del hipotálamo. Este tipo de estudios no estarían permitidos hoy día, pero no dejan de ser sugerentes.


Basándose en ellos, Julian Jaynes (1920-1997) propuso una teoría única sobre la religión en 1976, en su libro The Origin of Consciousness in the Breakdown of the Bicameral Mind. Jaynes especuló que se produjeron cambios estructurales en el cerebro humano hace unos 10.000 años.

Julian Jaynes

Julian Jaynes

Sugirió que el conjunto de nervios que conectan los dos hemisferios del cerebro, el llamado cuerpo calloso, podría no haber estado tan desarrollado como ahora. En los cerebros de nuestros ancestros, el hemisferio izquierdo, actuando como asentamiento primario del lenguaje y de la identidad, podría haber atribuido señales originadas en el hemisferio derecho a una fuente externa, y así imaginarse fantasmas o dioses. A todo aquel interesado en indagar en las ideas de Jaynes, le recomiendo visitar su interesante sitio web.

Un poco de falopa

Las drogas psicotrópicas o psicodélicas han formado parte de las prácticas religiosas humanas durante mucho tiempo, y en diversas partes del mundo. Basta con recordar a uno de los más celebrados psiconautas como Terence McKenna (1946 – 2000), o las ya tan famosísimas experiencias vivenciadas por Carlos Castaneda (1935 – 1998) junto a su maestro yaki Don Juan Matus.
Carlos Castaneda

Carlos Castaneda

Remontándonos a la antigüedad, se sabe que los autores de los Vedas hindúes recibían su inspiración de la droga soma, que se cree era un derivado de las setas psicodélicas psilocibina o amarita muscaria, quizá combinado con cannabis u otras sustancias. En los antiguos misterios eleusinos griegos, también se usaron algún tipo de drogas psicodélicas. Los chamanes tribales de África, Asia y América consumían drogas psicotrópicas como parte de sus rituales.

Ronald A. Siegel

Ronald A. Siegel

El deseo de esta embriaguez según el psicofarmacólogo de la UCLA, Ronald Siegel, es uno de los cuatro incentivos básicos, tras el hambre, la sed y el sexo. La sugestión en esta línea de investigación es que tal vez la religión esté basada en este deseo de “viajar” a través del consumo de drogas. Más allá del imperativo moral, yo diría moralina, que hay detrás de todo este tema hoy considerado como tabú, no les voy a negar mi deseo de tener alguna vez en la vida una intensa experiencia psicodelica como las que Castaneda (en Las enseñanzas de Don Juan), Aldous Huxley (1893 – 1963)(en su texto Las puertas de la percepción y Terence McKenna (en todos sus libros) describen (… Lector amigo… si alguna vez llegará a ser candidato a presidente de los Estados Unidos, recordadme que borre esta entrada…)

Albert Hoffman

Albert Hoffman

La ciencia moderna ha sintetizado un gran número de nuevos compuestos psicotrópicos y psicodélicos. Algunos prefieren llamarlos enteógenos, que significa “inductores de Dios”, por su capacidad para inducir intensas experiencias místicas. Las drogas más comunes y pontentes son la mescalina, el LSD, la DMT y el éxtasis. Aprovecho para recordar que este año falleció quien fuera responsable de estudiar y sintetizar el LSD: Albert Hoffman (1906 – 2008).

La apertura a este tipo de experiencias unida a los movimientos contraculturales que se gestaron en los ‘60 dieron lugar a una movida que llegó a denominarse como psicodelia. La psicodelia alcanza su apogeo en la segunda mitad de los años sesenta y primera de los setenta. Es uno de los componentes más notorios de la Contracultura, pues ofrecía una vía de escape de los limites impuestos a la conciencia y a la vida diaria por el sistema dominante. A partir de entonces, pierde notoriedad y va siendo desplazada por otras corrientes culturales, aunque su influencia persiste en múltiples manifestaciones contemporáneas, siendo especialmente obvia en la publicidad, el videoclip, el cine y la música psicodélica de vocación underground.

Algunos científicos y humanistas, convencidos de las posibilidades benéficas de las drogas psicodélicas para los humanos, han investigado y promocionado su uso responsable: entre ellos se cuentan Albert Hofmann, Aldous Huxley, Alan Watts, Humphry Osmond, Michael Hollingshead y más mediáticamente Timothy Leary. El uso medicinal de estos fármacos constituye la psicoterapia psicodélica.

Según parece, todas las drogas con que se experimentó producen efectos similares a otros productos neuroquímicos endógenos del cerebro como la norepinefrina o la serotonina. Aunque usadas para tratar diversos tipos de enfermedades en las décadas de los 50 y 60, estas drogas provocaron excesos y se convirtieron en sustancias controladas e ilegalizadas en la mayoría de los países. ¡Qué lástima! Pues probablemente se perdió una gran oportunidad a nivel social para aprovechar las posibilidades del uso responsable de este tipo de instrumentos de apertura de la conciencia.

Dado el gran oscurantismo que se gestó alrdedor de estas sustancias, no queda claro qué es lo que hemos aprendido de la religión y la espiritualidad a través del uso de estas sustancias. ¿Son éstas acaso un atajo hacia la iluminación o, simplemente, drogas inductoras de experiencias sin mayor significación? ¿Son otros tipos de rituales y prácticas religiosas sencillamente un método distinto de inducción de estas experiencias que, básicamente, refuerzan la capacidad del cerebro de causarnos alucinaciones? Merece la pena apuntar que hemos descubierto algunas “constantes formales” en estas experiencias inducidas por las drogas, por ejemplo, la recurrencia de la aparición de patrones geométricos similares a los mandalas en las alucinaciones.

La psicofarmacológia es poderosa, por lo que no debemos pasarla por alto. Muchos medicamentos proporcionan alivio para la depresión o la esquizofrenia, y las implicaciones de las nuevas drogas espirituales son intrigantes y desconcertantes. Quizá misticismo, la iluminación, o como se la quiera llamar, es sólo un estado neuroquímico que puede ser inducido por un entrenamiento riguroso de meditación o simplemente tomando una pastilla un sábado por la noche.

Recomendar en Menéame Recomendar en Digg it Recomendar en Reddit Enviar a Del.icio.us

Meméame del.icio.us Yahoo! MyWeb StumbleUpon Furl Blinklist Spurl Magnolia Simpy Blogmarks Netvouz Startaid Facebook Shadows

Smarking RawSugar Technorati Digg reddit Rojo Netscape Newsvine Mister Wong LinkArenaYigg Webnews folkd.com

Boton para agregar esto a favoritos socialesAgregar este boton de agregadores

Categorías: Cambio de paradigma · Ciencia · Conciencia Integral · Espiritualidad
Etiquetado: , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

Neurociencias de lo numinoso (1)

Miércoles 1 Octubre, 2008 · 3 comentarios

En las últimas décadas, ha habido una enorme cantidad de nuevas investigaciones cuyo objeto ha sido comprender el funcionamiento del cerebro humano y nuestras capacidades de cognición. Ya me he referido a esto en varias otras entradas del blog. Nuevas herramientas muy potentes nos están permitiendo examinar las funciones primarias del sistema cerebro/nervioso y, recientemente, estas técnicas han sido también utilizadas para estudiar las funciones cerebrales de monjes budistas, monjas católicas, etc. en estado meditativo con el fin de sondear en búsca de la naturaleza de las experiencias que Carl Gustav Jung llamó como numinosas y Abraham Maslow como experiencias cumbre, tal como he preferido llamarlas.

Nuestras descripciones físicas acerca de cómo funciona el cerebro a nivel neuronal, sobre la anatomía del cerebro, y sobre los procesos neurológicos, no se parecen a nuestras experiencias subjetivas como personas con cerebros que tienen estados mentales y emocionales complejos. Ciertamente, resulta difícil reconocernos a nosotros mismos, a nuestras experiencias subjetivas, pensamientos, emociones y actividades cotidianas, bajo el imperativo de la investigación neurológica del cerebro. Normalmente no somos conscientes de los módulos cognitivos de nuestro cerebro. Los neurocientíficos cognitivos y los filósofos de la mente se refieren a este hecho como la “grieta explicativa”.

Tampoco existe una definición neurológica estándar de la conciencia. No poseemos artefactos que puedan medir la presencia o la ausencia de conciencia, aunque la intuyamos presente. Esto hace también referencia al “difícil problema” de los estudios sobre la conciencia. Podemos analizar los cerebros y aprender todo tipo de cosas interesantes y prácticas sobre ellos, sus funciones y disfunciones, pero eso no nos acerca a la comprensión de lo que es la experiencia consciente subjetiva ni de cómo el cerebro participa de su creación.

Algunos estudiosos son optimistas y creen que estamos cerrando esta “grieta explicativa”, que pronto comprenderemos el “código neuronal” y que seremos capaces de traducir el “lenguaje computacional” del cerebro a “aplicaciones informáticas” de la conciencia humana. Ciertamente, se han hecho muchos progresos en el conocimiento de las funciones cerebrales. Los científicos han probado, testado, medido, diseccionado y registrado muchísimos cerebros, tanto humanos como animales. También han desarrollado una notable farmacopea con nuevos medicamentos para tratar la depresión, la esquizofrenia y otras enfermedades de posible origen neurológico.

Los progresos en la neurociencia despiertan muchas otras cuestiones filosóficas interesantes, que necesariamente se entremezclan con las inquietudes religiosas y espirituales. En primer lugar, está la cuestión del reduccionismo, y hasta donde puede éste llegar. Si podemos reducir ciertos fenómenos mentales, como las experiencias místicas de iluminación, a procesos neurológicos, ¿significaría esto que hemos explicado adecuadamente la experiencia y podemos desecharla ya? ¿Qué pasa si inventamos maneras de estimular este tipo de experiencias en el futuro? Si el cerebro es un sistema determinista, entonces, ¿cómo podemos hablar del libre albedrío, la responsabilidad moral o la creatividad? Si la personalidad está intrínsecamente ligada al cerebro químicamente, ¿rechazaríamos el dualismo entre cerebro y mente?

¿En el tratamiento de enfermedades mentales se supondría “perder el tiempo” emplear terapias habladas y pasaríamos a tratamientos sólo farmacológicos? ¿Adoptarán las neurociencias cognoscitivas valores asumidos y perspectivas que son más ideológicos que empíricos? ¿Y que pasa con los temas bioéticos que surgen en el contexto de la neuromedicina? Ésta es sólo una corta lista de cuestiones, algunas de las cuales revisaremos en algún momento. La “cuestión difícil” aún está ahí: ¿qué es la conciencia? ¿Podemos reparar la “grieta explicativa” entre neurociencias y experiencia subjetiva? Y, ¿cuál es, en particular, la naturaleza de la experiencia religiosa desde la perspectiva neurocientífica?

La ciencia no necesita resolver todos estos problemas filosóficos. La ciencia puede y debe continuar caminando lentamente siguiendo sus vías metodológicas. Las neurociencias adelantan formulando pequeñas cuestiones y fabricando experimentos para intentar resolverlas. Las bases neurológicas de las experiencias religiosas y espirituales son realmente una interesante cuestión, y han sido recientemente objeto de muchas fascinantes investigaciones. Hay diversas maneras de abordar el tema. Se trata de los: (1) Estudios basados en enfermedades y lesiones, (2) Estudios quirúrgicos, (3) Estudios con imágenes funcionales, (4) Estudios con drogas psicotrópicas, (5) Estudios evolucionistas. Proximamente intentaré abordar cada uno de estos enfoques.

Recomendar en Menéame Recomendar en Digg it Recomendar en Reddit Enviar a Del.icio.us

Meméame del.icio.us Yahoo! MyWeb StumbleUpon Furl Blinklist Spurl Magnolia Simpy Blogmarks Netvouz Startaid Facebook Shadows

Smarking RawSugar Technorati Digg reddit Rojo Netscape Newsvine Mister Wong LinkArenaYigg Webnews folkd.com

Boton para agregar esto a favoritos socialesAgregar este boton de agregadores

Categorías: Cambio de paradigma · Ciencia · Conciencia
Etiquetado: , , , , , , , , ,

Siglo XXI en construcción: Los medios sociales y el cambio epocal

Lunes 22 Septiembre, 2008 · 2 comentarios

Día a día somos testigos de inusitados cambios tecnológicos y transformaciones sociales que no tienen precedentes en la historia. La época más parecida a la actual ha sido la del Renacimiento que diluyó al oscurantismo medieval y despertó el humanismo adormilado. En todos los ámbitos; en todos los espacios imaginables una mediamorfosis se hace presente y nos conmueve. Nuestra percepción de la realidad se conmueve. No cabe duda de que esta fascinación que nos convoca a la Red comporta algo de naturaleza espiritual. ¿Cómo les duele esta palabra a muchos? ¿Qué difícil es incorporarla en los discursos de la intelectualidad actual? A lo largo de este blog, me he atrevido a emplearla asumiendo los costos que ello implique…

Ya adentrados en el nuevo milenio se ha abierto una ventana de oportunidades hacia la gestación de un nuevo orden en el que lo impensable se torna probable. Alabados sean los medios sociales. Pero no nos confundamos, el incremento de las oportunidades va acompañado por un incremento en las responsabilidades. Estamos transitando de un mundo de dependencia al poder instituido a uno de responsabilidad individual. Pensemos en el calentamiento global, por ejemplo. El problema es que quienes más poder han acumulado menos cuenta se dan de esto. Hoy, y como estamos siendo testigos, ni siquiera el mercado puede convertirse en el sustituto de esa responsabilidad. Como con la crisálida,para que algo nazca, algo tiene que morir. Se presenta ante nosotros un mundo de incertidumbres, caos, cambio acelerado y frenesí. ¿No serán señales que nos advierten de algo venidero?

Según intuyo, nos estamos adentrando, en una instancia epocal en la que el conocimiento científico y racional deberá amalgamarse con los saberes subjetivos y espirituales, en busca de una nueva síntesis que integre nuestro mundo interior con lo que acontece a nuestro alrededor. Sintonizar y armonizar nuestras más sublimes aspiraciones con la realidad circundante será la trabajosa tarea que deberemos encarar.

Las numerosas voces que abogan con creciente empeño por una nueva espiritualidad, para cambiar el curso de la civilización, apenas logran tener resonancia en la institucionalidad de las grandes religiones del mundo, gobernadas hoy por la racionalidad del poder y la boracidad de la codicia. De igual manera, la psicología occidental, ha descuidado por mucho tiempo el estudio y comprensión de los estados sutiles de percepción, al punto de llamarlos estados no ordinarios de conciencia y hasta los ha tratado como patologías anómalas. La psicología tradicional se ha centrado exclusivamente en los aspectos problemáticos de la mente. La investigación psicológica suele centrarse sólo en los trastornos y llega a definir la salud mental, como la ausencia de enfermedad.

Las tecnologías sociales de información y comunicación se están tornando en tecnologías de conocimiento distribuido contribuyendo a transparentar la sociedad y permitiéndonos que la fragmentada percepción en la que “saber es poder”, de espacio a una cosmovisión en que “saber más es el camino para ser más” y en esto se juega nuestro futuro. Estoy convencido de ello.

Indudablemente, la llegada de los medios sociales ha planteado nuevos y numerosos desafíos sociales y culturales. Han llegado para cambiarlo todo. Quienes a diario nos conectamos, nos estamos dando cuenta de que queremos ser dueños de nuestro destino y para lograrlo utilizamos el oxígeno en línea que nos ofrece la Red.

¿Cuántos millones de seres están en este preciso instante en línea? Inconcebible, increible imaginarlo. Pensemos: ¿Cuántas personas cuando tienen un problema acuden antes a Google que su cura, su psicólogo, su maestro o amigo? Efectivamente, estamos viviendo un nuevo cambio de piel en que, a mayor ancho de banda, mayor es la intensificación del cambio cualitativo que comporta para la conciencia de las personas. Dentro de esta nueva sociedad, se gesta otro tipo de conciencia, donde los valores como la solidaridad y la capacidad de abrirse a compartir con el prójimo se exacerban por sobre valores basados en un punto de enfoque egocéntrico.

Nuevos movimientos se abalanzan para llenar semejante vacío de espiritualidad y develar simultáneamente el origen de una globalización desbocada de brutal racionalidad. A diario me comunico con gente que aboga por otro mundo, por otra forma de vivir y que palpita esperanzada por superar el estado adolescente que, como civilización estamos viviendo. A tod@s ell@s va dedicado mi esfuerzo ya que como yo, nos hemos transformado en portadores de un mensaje de cambio, de un cambio que esta nave espacial llamada tierra está urgida a vivir.

Recomendar en Menéame Recomendar en Digg it Recomendar en Reddit Enviar a Del.icio.us

Meméame del.icio.us Yahoo! MyWeb StumbleUpon Furl Blinklist Spurl Magnolia Simpy Blogmarks Netvouz Startaid Facebook Shadows

Smarking RawSugar Technorati Digg reddit Rojo Netscape Newsvine Mister Wong LinkArenaYigg Webnews folkd.com

Boton para agregar esto a favoritos socialesAgregar este boton de agregadores

Categorías: Cambio de paradigma · Conciencia Integral · La Tercera Cultura · Sociedad de la información · Web 2.0
Etiquetado: , , , , , , , , , , , , , , ,

La crisis global: la falta de conciencia

Miércoles 3 Septiembre, 2008 · 4 comentarios

Vivimos en una época de triunfos sin precedentes para la especie humana. La ciencia moderna ha desarrollado sofisticadas naves espaciales que transportan astronautas y van más allá del sistema solar, hemos roto el código del ADN y comenzado con la ingeniería genética. Ni qué hablar de Internet, la red electrónica que está transformando rápidamente el fragmentado mosaico de las comunidades humanas en una aldea verdaderamente planetaria. Sin embargo, el lado oscuro de la historia reciente es igualmente pavoroso. Sumas inimaginables de dinero se han gastado en la locura de la guerra; millones de personas han sido torturadas y asesinadas por dictaduras y regímenes totalitarios de todo el mundo. La contaminación industrial del suelo, el agua y el aire; la amenaza del cambio climático, provocado por la acción antrópica; la degradación incesante del medio ambiente; la irresponsable deforestación y envenenamiento del plancton marino, los peligros de los químicos y tóxicos en nuestros alimentos y la crisis del agua, aun en ciernes.

Mientras los países más desarrollados se van dando cuenta de que el crecimiento ilimitado es un sueño, decenas de millones de personas viven en la más absoluta miseria, mueren de hambre o de enfermedades evitables. Junto con la exuberante acumulación de la riqueza, las naciones industrializadas muestran un rápido incremento de desórdenes emocionales, suicidios y criminalidad. Puede sonar dramático, sin embargo, no es una exageración referirse a esta situación como una crisis mundial sin precedentes por la magnitud que ella conlleva.

Es cuestión de vida o muerte identificar correctamente las causas de esta peligrosa situación y encontrar remedios eficaces. Si consideramos los recursos disponibles y el avance de la ciencia, el hambre, la pobreza y las muertes provocadas por enfermedades en el mundo son absolutamente subsanables. Además de la total absurdidad de las guerras, se puede mostrar que ninguna nación se hizo más rica como consecuencia de una guerra. Lo que siempre se da es la destrucción sin sentido de recursos económicos, así como de vidas humanas. La humanidad tiene los medios y la capacidad tecnológica necesaria como para alimentar a la población de todo el planeta y garantizar un estándar de vida razonable para todos, para combatir la mayoría de las enfermedades, reorientar a la industria hacia fuentes renovables de energía y prevenir la contaminación.

Nagasaki destruida

Nagasaki destruida

Las negociaciones diplomáticas, las intervenciones y políticas económicas y sociales y el accionar de los organismos internacionales han surtido poco efecto y cada vez resulta más clara la razón por la que fallan. Hoy en día, mucha gente se da cuenta de que los problemas que enfrentan en realidad no son de origen político, militar, tecnológico o económico. Estos acercamientos son una extensión de las mismas actitudes que han originado la crisis mundial en un principio. A pesar de que los problemas del mundo son de otro tipo, no son más que síntomas de una condición fundamental: el estado emocional, moral y espiritual de la sociedad. Estoy absolutamente convencido de que son el resultado del actual nivel de conciencia de cada uno de los seres humanos. Por ello, la única solución efectiva y duradera para estos problemas sería una radical transformación interna de la humanidad a gran escala, y su consiguiente elevación a un nivel de conciencia y madurez más alto, superar el estado de adolescencia en el que, como especie, nos encontramos.

La tarea de crear una escala totalmente distinta de valores y tendencias para la humanidad podría parecer demasiado idealista y utópica como para brindar una esperanza de cambio. ¿Qué habría que hacer para transformar a la humanidad contemporánea en una especie de individuos capaces de convivir pacíficamente con los demás sin que importen su color, su origen, su idioma o sus convicciones políticas? ¿Cómo podría la humanidad empaparse de los profundos valores éticos, la sensibilidad hacia las necesidades de los otros y del medio ambiente y la conciencia de las urgencias ecológicas? Tal tarea parece demasiado fantástica al nivel de la utopía.

El estudio del surgimiento de la espiritualidad, así como las nuevas investigaciones de la conciencia y los nuevos tipos de psicoterapia proporcionan las pistas y la información necesarias. A lo largo de este blog he tratado de dar cuenta de los cambios que se observan en el curso de una práctica espiritual sistemática y una profunda exploración de sí. Asímismo, he procurado analizar estas transformaciones y su posible importancia para la crisis que asota al planeta. Entre las fuerzas psicológicas que caracterizan la actual condición de la humanidad y contribuyen a la crisis mundial se cuentan la utilización de la violencia, la ambición y el materialismo insaciables, y una insatisfacción habitual que tiende a producir una avidez sin límites y la búsqueda de metas al nivel de lo irracional.

Muchas personas sufren una grave falta de conciencia de que todos estamos íntimamente interconectados con la naturaleza; carecen de la sensibilidad ecológica esencial para que sigamos sobreviviendo. Todas estas características parecen ser sintomáticas de la grave alienación de la vida interior y la pérdida de valores espirituales. Quienes obtienen el acceso a las regiones profundas de la psiquis a través de diversas prácticas espirituales, psicoterapias experienciales o psicotecnologías de la atención, como las llamaba Ken Wilber, les es dada la oportunidad de descubrir las raíces de los aspectos más destructivos y autodestructivos de la naturaleza humana, y pueden sobreponerse a ellos al hacerlos totalmente conscientes. Las personas que se conectan por medio de sus vivencias a la región más prufunda de la psiquis, la dimensión transpersonal, tienden a desarrollar un nuevo aprecio por la existencia y una reverencia hacia la vida en todas sus formas.

Mejorar la aceptación de sí conduce a una mayor tolerancia hacia los demás. Las diferencias entre la gente se vuelven interesantes, y una ventaja en vez de algo amenazador, ya sean diferencias de sexo, raza, color, idioma, convicciones políticas o creencias religiosas. Luego de las profundas experiencias místicas, los intereses de la humanidad entera, toda la vida y el planeta tienden a tener prioridad por sobre los egoístas intereses de individuos, familias, partidos políticos, clases, países y credos. Lo que nos conecta y tenemos en común se vuelve más importante que las formas en las que diferimos.

Al aumentar la capacidad de disfrutar del momento presente, la insatisfactoria búsqueda de proyectos y metas grandilocuentes como forma de conseguir la satisfacción se vuelve cada vez menos fuerte. Como resultado, la vida es menos una lucha y más una aventura o un juego fascinante. A raíz de la transformación positiva que produce, la emergencia de lo espiritual en las personas, tal vez juegue un papel importante en el mundo si ocurre en una cantidad suficientemente grande de gente.

Muchos investigadores en el campo de las neurociencias, de la psicología cognitiva, de la humanista y de la psicología transpersonal, por ejemplo, creen que un mayor interés en la espiritualidad y una mayor incidencia de experiencias cumbre espontáneas representarían una tendencia evolutiva hacia un nuevo nivel de la con ciencia humana. Algunos van aún más lejos y consideran seriamente la posibilidad de que este acelerado desarrollo espiritual refleje un esfuerzo por parte de las fuerzas de la evolución para revertir el actual curso autodestructivo que ha tomado la raza humana. La posibilidad de que tales esfuerzos puedan realizar una contribución importante para aliviar la crisis mundial le agrega una estimulante dimensión y una fuerte motivación. En eso estamos… (así lo espero)…

Recomendar en Menéame Recomendar en Digg it Recomendar en Reddit Enviar a Del.icio.us

Meméame del.icio.us Yahoo! MyWeb StumbleUpon Furl Blinklist Spurl Magnolia Simpy Blogmarks Netvouz Startaid Facebook Shadows

Smarking RawSugar Technorati Digg reddit Rojo Netscape Newsvine Mister Wong LinkArenaYigg Webnews folkd.com

Boton para agregar esto a favoritos socialesAgregar este boton de agregadores

Categorías: Conciencia Integral
Etiquetado: , , , , , , , , , ,