Humanismo y Conectividad

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Las palabras y la Esencia

Martes 3 Marzo, 2009 · 7 comentarios

Las palabras y la Esencia Las palabras conforman el medio del pensamiento conceptual y como tales son capaces de ejercer un efecto prácticamente hipnótico sobre nosotros, las personas. Según creemos, el simple hecho de haber etiquetado algo con una palabra equivale a saber lo que ese algo es; grave error, gravísimo. Si el medio es el mensaje, las palabras son la sustancia del mensaje, y como tal no es lo que Es. En realidad, no sabemos lo que ese algo es y en ese proceso de conceptualización, ocultamos el misterio de la esencia detrás del rótulo de la palabra.

Todo aquello que podemos decir, y por lo tanto pensar es apenas la capa superficial de su realidad. Debajo de la superficie está lo que eso ES en conexión con la totalidad de ese instante en que percibimos eso que Es. Cuando observamos verdadera y esencialmente, y dejamos aflorar la esencia de la cosa/instante sin imponerle un sustantivo o una etiqueta mental, se despierta dentro de nosotros una sensación de asombro y admiración que nos conecta con la esencia de lo observado y, en ese proceso, somos capaces de ver, como si de un espejo se tratara, el reflejo de la conexión: la propia esencia, el SER. Lo que ES no es eso y nosotros observando/percibiendo, separadamente, en estado dual, sino el proceso mismo del instante. De allí, eso de que en la filosofía suele concebirse al SER como una “entidad” indivisible, no dual.

Trato pues de expresar que la esencia de las cosas, en realidad es la esencia del momento, instante de la experiencia que nos involucra en la percepción de ella. Creanme que esa captación del SER es real. Esto te puede sonar muy new age sin embargo, existe y de eso hablan practicamente todas las tradiciones místicas y filosóficas de la humanidad. Se trata de una experiencia que se puede vivenciar en el instantáneo vislumbre de un momento de enamoramiento profundo; cuando la mente se aquieta durante la contemplación de un paisaje natural, en un apacible atardecer, observando una flor o un ave volando; cuando apreciamos una obra artística que nos conmueve y nuestros pensamientos se disuelven en el asombro; cuando nos conectamos con la pureza prístina de la mirada de un bebé; en conclusión, cuando nos soltamos a percibir un momento en su totalidad y algo dentro nuestro se abre y despliega. Alguna u otra vez, cada uno de nosotros lo ha podido experimentar, estoy seguro de ello. La energía de la vida fluye libremente en y con nosotros, las emociones y todo nuestro potencial se expresa en esa quietud y se origina un estado de fluidez y exaltación en que desaparece el cálculo y el interés, y aflora la alegría, la felicidad, el sentido de pertenencia, la comunión que trasciende la individualidad del ego.

Cuando nos abstenemos de tapar el mundo con palabras y etiquetas, recuperamos el sentido de lo milagroso que la humanidad como testigo conciente perdió hace mucho tiempo, cuando en lugar de servirnos del pensamiento, nos sometimos a él. La profundidad esencial retorna a nuestra vida. Las cosas recuperan su frescura y se envuelven en la novedad. Por ejemplo, no es la flor lo que percibimos en ese nimio instante sino el flujo de la “floridad” indescriptible, pero percibible si allí, presentes, alertas estamos.

Mientras más atentos estemos en atribuir rótulos verbales a las cosas, a las personas o a las situaciones, más superficial e inerte se hace la realidad y más muertos nos sentimos frente a ella. Claro esta, en ese proceso ilusorio logramos adquirir astucia y dominar el mundo material, pero a expensas de la sabiduría que se esfuma junto con esa alegría, ese amor, esa creatividad y esa vitalidad propias del momento.

Hay una enorme brecha entre la percepción y la interpretación, entre lo vital y lo material. Claro está que las palabras y los pensamientos tienen su propia belleza y debemos utilizarlos. Con todo, si buscamos la plenitud en serio, es necesario que dejemos de estar aprisionados en ellos y nos sumerjamos en el espíritu de las cosas, es decir, en el vislumbre del instante.

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Categorías: Conciencia Integral · Espiritualidad
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Ideal para un martes 13: Como ser feliz sin necesidad de ser monje

Martes 13 Enero, 2009 · 5 comentarios


(1) Deja de Ser Adicto Dependiente a los Viejos Medios de Comunicación

Descarta todos los viejos dispositivos que no necesitas más para lograr tus objetivos: teléfono, televisión, periódicos. Son los mejores distractores, derrochadores de tiempo e intrusos en el camino de tu vida, cuanto menos los uses, mejor. ¿Por qué no pones tu móvil en modo silencioso permanente y lo controlas un par de veces al día para ver quien todavía te busca mediante los antiguos medios de comunicación?.

(2) Haz de tu Espacio de Trabajo un Maravilloso Espacio

Encuentra tu propio santuario donde trabajar, pensar y hacer las cosas que te gustan. Si estás rodeado de gente que no te gusta y tu escritorio se encuentra dentro de un feo, frío y mal iluminado lugar, empieza a pensar en encontrar una alternativa superadora. Una vez que tengas tu propio lugar, trabaja en él y cuidar de él como haría un monje con su templo. Hazlo brillar de manera que cada vez que llegues, te saluden e inspiren las mismas cosas que más te gusten. Y comienza por la iluminación. Una luz puede cambiar profundamente la forma en que se percibe y se sienten un espacio.

(3) Deja tus Falsos Amigos

Hay demasiados de ellos en esta categoría, son las personas que están siempre tratando de sacar algo de ti, pero nunca comparten nada. Los famosos assholes, alguna vez me referí detalladamente a ellos: seres evitables. Estas son las personas que nunca tienen una palabra de amor, afecto o elogio para la otra persona. Particularmente se las encuentra en los ámbitos laborales. Mantente alejado de ellos este año, menos compañía no siempre es una mala cosa. Inténtalo.

(4) Da algo Grande a los Niños. A diario

No importa si son los tuyos o si son hijos de alguien más. Lo que cuenta es sintonizar sus frecuencias y compartir con ellos algo bueno, algo que les encanta recibir de ti: tu atención y tu voluntad de jugar. Su capacidad de volver a recargarte e inyectar verdadera energía positiva libre de toxina es incomparable y su capacidad de dejarse ir es contagiosa. Contrae esta enfermedad lo antes posible.

(5) Escucha

Empieza a escuchar más cuando alguien te está hablando. No entres sólo en una carrera por quien tiene las últimas noticias o ha descargado el último juguete más grandioso. Empieza por escuchar lo que a menudo no se llega a decir: el dolor, la rabia por algo, la necesidad de ayuda, la confusión sobre a dónde ir. Cuanto más te conviertes en una escucha activa a las necesidades reales de tus amigos, más tus amigos te devolverán energía, amor y apoyo que pudieras necesitar cuando estés en dificultades.

(6) Sé un Cazatalentos

Busca las pequeñas flores, difíciles de encontrar ayúdalas a florecer. No, no tienes que ir buscándolas en la hierba. Estos te rodean bajo un disfraz humano. Estos son los pequeños héroes, los trabajadores apasionados y los inventores que están todos a tu alrededor. Ayuda a estas personas, dales consejos, comparte tus conocimientos y tus experiencias con ellos, y donde puedas, dales la oportunidad de hacer las cosas que les gusta más.

(7) No te Culpes

Utiliza todas y cada oportunidad, así como cualquier error que hagas, para aprender algo valioso y avanzar. No te culpes a ti mismo cuando puedes aprender y pasar a la próxima oportunidad inmediatamente. Hacer que tú y otros se sientan culpables es sólo una enorme pérdida de tiempo. La vida es un parque de aprendizaje y cuando tomas cada instancia para encontrar lo que hay que cambiar y mejorar en ti mismo, obtienes el mayor impulso que la vida te puede facilitar.

(8) No te des por vencido

Si en lo que has estado trabajando no llega a ser el éxito que habías esperado, no te dés por vencido. Puedes haberte equivocado en los ingredientes, o puede que se hayan cocinado demasiado poco, o puede que te hayas equivocado con la cantidad de agua. En todos los casos, si estás detrás de algo importante, algo que deseas mucho, no te rindas cuando tropiezas con la primera serie de obstáculos. Cambia de camino, pregunta a tus colegas, obten asesoramiento de la gente mayor, buscar soluciones alternativas, mira el éxito de los demás, intenta una y otra vez, pero busca llegar de una manera u otra a tu objetivo elegido. Que sea un hábito de vida.

(9) Diviértete

Aprende a divertirte y hacer de ello un deporte serio. Esto va a ser uno de los más deseados conocimientos que puede tener un ser humano, y con el paso del tiempo, será cada vez más valioso. La era del consumismo y la felicidad generada por comprar más y más productos envasados está a punto de ver su caída. La siguiente parada es aprender a divertirse de verdad, no mediante salas de baile o viejos y estilizados cines y estadios repletos. La nueva diversión tiene en cuenta el intercambio y la realización de cosas con la gente que amas: tus amigos.

(10) No te amoldes

Sé que esto suena un poco anarco-loco, pero al final realmente tienes necesidad de no amoldarte si deseas realizarte plenamente. Ve detrás de lo que te hace feliz, y sigue esa vía. Deja de hacer cosas que debes hacer, porque otros creen que deberías. Dejar de estar con personas con las que sientes que no perteneces. Dejar de vivir en un barrio que apesta si piensas seriamente en cómo cambiar tu vida. No luches contra el juego, cámbialo.

Este es un extracto del artículo publicado por primera vez el 24 de Diciembre, 2008 para Master New Media como “How To Be Happy Without Becoming A Monk – 10 Things I Have Changed To Live A More Self-Directed Life

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El amor, ¿tan sólo una droga?

Jueves 8 Enero, 2009 · 2 comentarios

Se suele decir que el amor es una droga pero ¿es tan sólo eso?
El profesor Larry Young, de la Universidad Emory de Atlanta, en Estados Unidos, cree que sí.

En un artículo que ha publicado recientemente en la prestigiosa revista Nature, el profesor Young afirma que el amor puede explicarse a través de una serie de procesos neuroquímicos que suceden en áreas específicas del cerebro.

Si ello fuera cierto, afirma Young, no tendríamos que depender más de las ostras o el chocolate como afrodisíacos.

En vez de eso, sería posible que los científicos desarrollaran afrodisíacos químicos que harían que nos enamorásemos de la primera persona con la que nos cruzáramos.

Y a aquellos que se enamoran de quien no deben, se les podría dar un antídoto contra un amor inadecuado.

Incluso se podría llegar a realizar un “test del amor” para saber si dos personas están predispuestas a tener una vida en común feliz.

Sin poseía

A lo largo de los siglos los poetas nos han hecho creer que el amor es algo que va más allá del entendimiento, pero esta idea es una maldición para el doctor Young.

No sé si seremos capaces de entenderlo totalmente, pero creo que nuestras emociones han evolucionado de comportamientos y emociones que provienen del reino animal“, asegura el científico.

No creo que la manera en que una madre quiere a un hijo sea tan diferente del amor que una madre chimpancé siente por sus crías, o incluso una rata“.

En los animales, los científicos han descubierto que una sustancia química, la oxitocina, es la responsable de desarrollar el vínculo entre la madre y su hijo.

El profesor Young cree que es muy posible que el mismo proceso suceda en los humanos.

Lo que pasa es que cuando experimentamos esas emociones son tan intensas que no podemos imaginar que se trata tan sólo de una serie de procesos químicos“, asegura el científico.

Pero incluso si ello fuera verdad en el caso del amor maternal, ¿sucede lo mismo en el caso del amor?

El profesor Young cree que sí.

Los investigadores han descubierto que la oxitocina es la responsable de vincular a los ratones de campo, que como los humanos crean un fuerte vínculo entre ellos que dura durante un largo tiempo.

También se han realizado estudios en humanos que muestran que la oxitocina incrementa la confianza y la habilidad de comprender las emociones en los otros.

Así que Young asegura que tiene sentido pensar que el mismo tipo de molécula está involucrada en fortalecer los vínculos entre las personas.

Otras sustancias

El científico cree que también hay otras sustancias químicas responsables de fortalecer ese vínculo, así que tan sólo se debe investigar para averiguar cuáles son.

Estoy seguro de que esto es sólo el principio“, asegura Young.

Hay cientos de moléculas de señalización que actúan en áreas diferentes del cerebro“.

Creo que algún día entenderemos mejor cómo interactúan todas esas sustancias químicas en áreas especificas del cerebro que tienen la función de hacer surgir esas emociones complejas“, explica Young.

Habiendo dejado las cosas claras a los poetas, el profesor Young tendrá que discutir con los científicos que no están de acuerdo con su teoría de que el amor depende tan sólo de sustancias químicas.

¿No tendrán algo que ver también la educación y la psicología?

La educación juega un papel importante“, reconoce Young.

Pero la manera en que la educación funciona es mediante la alteración neuroquímica“.

Según el científico, se sabe por estudios realizados con humanos “que las mujeres que han experimentado abuso o negligencia al inicio de su vida tienen unos menores niveles de oxitocina en el cerebro”.

Así que estoy totalmente de acuerdo en que las vivencias tienen un impacto importante en nuestra habilidad para las relaciones, aunque ese impacto ocurre a través de cambios en la neuroquímica y la expresión genética“.

Así que, si el amor es tan sólo una complicada reacción química, ¿podría la más poderosa de las emociones humanas ser manipulada?

El profesor Young cree que sí.

La oxitocina agudiza la visión y aumenta nuestra habilidad de reconocer emociones en otros“, explica.

Podría mejorar nuestra habilidad para formar relaciones, así que existe la posibilidad de que la oxitocina sea usada junto con terapias matrimoniales para devolver la chispa a una relación“.

En el mercado ya existen perfumes que contienen oxitocina, aunque el profesor Young cree que los niveles de esta sustancia son demasiado bajos como para que realmente funcionen como afrodisíacos.

Creo que en futuro podremos desarrollar fármacos que afectarán ciertas áreas del cerebro para estimular el amor“.

Nick Bostrom, de la Universidad de Oxford, no está totalmente de acuerdo con la teoría de Young.

Es interesante explorar las bases neuroquímicas del vínculo amoroso, pero no podemos pensar que esta teoría por sí sola nos proporciona una compresión total de lo que es realmente el amor

Es interesante explorar las bases neuroquímicas del vínculo amoroso, pero no podemos pensar que esta teoría por sí sola nos proporciona una compresión total de lo que es realmente el amor“, asegura Bostrom.

Según el científico, “también están involucrados factores evolutivos, psicológicos y sociológicos, además de perspectivas humanistas que ofrecen puntos de vista interesantes“.

Sin embargo, cree que en un futuro será posible modular los mecanismos neurológicos que juegan un papel en el vínculo amoroso.

Utilizando sabiamente este tipo de fármacos se podría mejorar la experiencia humana y mitigar el sufrimiento innecesario“, explica Bostrom.

En cualquier caso, este tipo de manipulación planteará una serie de cuestiones éticas y culturales, que deberán ser exploradas cuidadosamente“, concluye el científico.

Fuente: Artículo realizado por Pallab Ghosh, publicado en BBC

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Categorías: Amor · Ciencia
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Más neurociencias numinosas: El Zen y el cerebro: ¿el vacío de la (o en la) mente?

Lunes 10 Noviembre, 2008 · Deja un comentario

En el año 1998, la editorial del MIT publicó un libro titulado “El Zen y el Cerebro (Zen and the Brain: Toward an Understanding of Meditation and Consciousness) cuyo autor, el Dr. James Austin, un neurólogo, afirma que para sentir que el tiempo, miedo y auto-conciencia se han disuelto y realmente tener una experiencia mística y espiritual, ciertos circuitos cerebrales deben ser interrumpidos.

Según asegura, la actividad en la amígdala, que monitorea al ambiente y registra el miedo, debe ser reprimida. Los circuitos del lóbulo parietal, que nos orientan en el espacio y marcan la clara distinción entre lo propio y el mundo, deben ser sosegados. Los circuitos frontales y temporales, que marcan el tiempo y generan autoconciencia, deben apagarse. Cuando esto ocurre, Austin concluye que “lo que consideramos como nuestras funciones superiores de autoconciencia parecen disolverse o delesionarse de la conciencia”.

Recientemente, la Asociación Norteamericana de Psicología publicó “Variedades de la Experiencia Anómala”, que cubría enigmas desde experiencias al borde de la muerte hasta experiencias místicas. Al poco tiempo, se publicó el libro “La Religión en la Mente” que abarca el tema de como las experiencias religiosas actúan sobre los lóbulos frontales para inspirar optimismo y hasta creatividad.


Y en el libro “Porque Dios no se va (Why God Won’t Go Away: Brain Science and the Biology of Belief)”, publicado por el Dr. Andrew Newberg de la Universidad de Pennsylvania y su colaborador, el fallecido, Eugene d’Aquili, varias veces citados en este blog y Vince Rause. Estos investigadores, han utilizado imágenes cerebrales que obtuvieron de Budistas Tibetanos sumergidos en la meditación y de monjas Franciscanas durante el rezo profundo para lograr identificar cuál es el circuito espiritual cerebral y para explicar como los rituales religiosos tienen el poder de movilizar a los creyentes y no creyentes por igual.

Lo que todas las nuevas investigaciones tienen en común ha sido la pasión por descubrir las bases neurológicas de las experiencias místicas y espirituales. Los neurólogos y psicólogos que orientan estas investigaciones, intentan descubrir que regiones del cerebro se activan y desactivan durante la experiencia que parece existir fuera del espacio y tiempo. De esta forma se diferencia de las investigaciones rudimentarias que se realizaron durante la década del cincuenta y sesenta que determinaron que las ondas cerebrales cambiaban cuando uno meditaba. Pero esas investigaciones no decían nada acerca de porque cambiaban las ondas cerebrales o que regiones específicas del cerebro eran las responsables de ese cambio. Por otro lado, las investigaciones recientes se basan en tratar de identificar los circuitos cerebrales que tienen mayor actividad durante la experiencia.

Estudiando el flujo de sangre que se correlaciona con la actividad neuronal mediante un SPECT (tomografía computada de emisión de un único fotón), Newberg estudió al Dr. Michael Baime durante sus experiencias místicas. La corteza prefrontal se iluminó. Pero fue el cese de actividad lo que sorprendió. Un grupo de neuronas en el lóbulo parietal superior se apagó. Esta región, que tiene el nombre de “área de asociación y orientación”, procesa la información acerca del tiempo y espacio. Determina donde el cuerpo termina y el resto del mundo comienza. Específicamente, el área de orientación izquierda crea la sensación del espacio físico donde existe el cuerpo.

El área de orientación requiere información sensorial para realizar sus cálculos. “Si se bloquea la información sensorial a esta región, como se hace durante la intensa concentración al meditar, uno evita que el cerebro produzca la distinción entre el yo y el resto”, dice Newberg. Sin la información de los sentidos, el área de la orientación izquierda no encuentra la frontera entre el yo y el resto del mundo. Como resultado, el cerebro parece no tener opción y “percibe al yo como interminable e íntimamente interconectado con todo”, escriben Newberg y d’Aquili en su libro. El área de orientación derecha, también privada de información sensorial parece permanecer en una sensación de espacio infinito. Los meditadores sienten que han tocado al infinito.

La experiencia espiritual

No es sorprendente que la experiencia religiosa se refleje en la actividad cerebral. Todo lo que experimentamos deja su marca en el cerebro. Lo difícil es que “no hay manera de determinar si los cambios neurológicos asociados con la experiencia espiritual significan que el cerebro está causando esas experiencias…. o si en vez esta percibiendo una realidad espiritual”.

Produciendo visiones

Cuando la imagen de una cruz, por ejemplo, dispara una sensación de admiración religiosa, se debe a que el área cerebral de asociación visual, que interpreta lo que ven los ojos y conecta las imágenes con las emociones y memorias, ha aprendido a vincular esas imágenes con esos sentimientos. Las visiones que surgen durante el rezo o ritual también son generadas en el área de asociación: la estimulación eléctrica del lóbulo temporal produce visiones.

La epilepsia del lóbulo temporal lleva esto a un extremo. Aunque algunos estudios han negado una conexión entre la epilepsia del lóbulo temporal con la religiosidad, otros creen que la condición parece llevar a voces y visiones religiosas.

Aunque la epilepsia del lóbulo temporal es rara, los investigadores sospechan que los estallidos de actividad eléctrica localizados llamados pueden llevar a experiencias místicas. Para probar esta idea, Michael Persinger sostiene un casco lleno de electroimanes sobre la cabeza de un voluntario. El casco crea un campo magnético débil, no mayor al producido por un monitor de computadora. Persinger descubre que el campo dispara estallidos de actividad eléctrica en los lóbulos temporales produciendo sensaciones que los voluntarios describen como supernaturales o espirituales: una sensación de lo divino. Él sospecha que las experiencias religiosas son producidas por mini tormentas eléctricas en los lóbulos temporales, y que tales tormentas pueden ser producidas por la ansiedad, crisis personales, falta de oxígeno, baja glucosa en sangre o simple fatiga. Pero, porqué los lóbulos temporales? Persinger especula que el lóbulo temporal izquierdo mantiene nuestro sentido de lo propio. Cuando la región es estimulada pero la derecha no, la izquierda lo interpreta como la sensación de presencia, como al yo dejando el cuerpo, o como Dios.

Existe una correlación entre la gente cuyos pensamientos inconscientes tienden a pasar a la conciencia y las experiencias espirituales”, dice Michael Thalbourne de la Universidad de Adelaide. Desafortunadamente, los científicos no saben que es lo que permite que los pensamientos inconscientes aparezcan en la conciencia de algunas personas y no otras. El único predictor de tales experiencias, sin embargo, es algo llamado “disociación”. En este estado, diferentes regiones cerebrales se disocian de otras. “Esta teoría, que explica a la hipnosis tan bien, podría también explicar a los estados místicos”, dice Michael Shermer, director de Skeptics Society. “Algo parece estar sucediendo en el cerebro, donde un módulo se disocia del resto de la corteza.

La base neuronal de la experiencia religiosa

Esa disociación puede reflejar la actividad eléctrico inusual en algunas regiones cerebrales. En 1997, el neurólogo Vilayanur Ramachandran le dijo a los participantes de la reunión anual de la Sociedad de Neurociencias que existe “una base neuronal para la experiencia religiosa.” Sus resultados preliminares sugirieron que la profundidad del sentimiento religioso, o religiosidad, podría depender de la remarcada actividad eléctrica natural en los lóbulos temporales. Interesantemente, esta región cerebral parece importante para la percepción del lenguaje. Una experiencia común a muchos estados espirituales es escuchar la voz de Dios. Parece surgir cuando malinterpretamos el lenguaje interno con algo externo. Durante tales experiencias, el área de Broca del cerebro (responsable de la producción del habla) se enciende. La mayoría de nosotros podemos reconocer que es nuestra propia voz, pero cuando la información sensorial esta restringida, como ocurre durante la meditación, la gente es “más propensa a atribuir los pensamientos generados internamente a una fuente externa”, dice el psicólogo Richard Bentall de la Universidad de Manchester, Inglaterra.

Hasta la gente que se auto describe como no espiritual puede ser movida por ceremonias religiosas. De ahí el poder del ritual. La clave es la combinación entre la atención localizada, que excluye otros estímulos sensoriales, junto con la sensación emocional magnificada. Juntas, parecen aumentar la actividad del sistema de excitación del cerebro. Cuando esto sucede, explica Newberg, una de las estructuras cerebrales responsable de mantener el equilibrio, el hipocampo, pisa el freno. Esto inhibe el flujo de señales entre neuronas.

Suavizando las fronteras del yo

El resultado es que ciertas regiones del cerebro son privadas de la información neuronal. Una de esas regiones parece ser el área de la orientación, la misma región que es silente durante la meditación. Como en esos estados, sin la información sensorial el área de orientación no puede cumplir su función de mantener un sentido de donde termina lo propio y empieza el mundo exterior. Por eso los rituales pueden desencadenar lo que Newberg llama “suavización de las fronteras del yo”.
Es posible que los científicos nunca resuelvan la pregunta más importante de todas: si nuestros circuitos cerebrales crearon a Dios o si Dios creó nuestros circuitos cerebrales. Cualquiera que uno crea es, finalmente, una cuestión de fe.

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¿Qué es una experiencia cumbre?

Martes 19 Agosto, 2008 · 9 comentarios

En varias entradas que realicé en el blog me he referido a la experiencia directa espiritual, la experiencia cumbre o peak o, cómo la llamó Jung, experiencia numinosa. Se trata de una experiencia que ha sido percibida por el ser humano desde tiempos inmemoriales y que contínuamente, aunque a veces en forma metafórica o con imaginería es nombrada en la mayoría (sino en todos) los escritos religiosos a lo largo de la historia. Sin embargo, fue científicamente estudiada y definida de manera sistemática, por vez primera, por el psicólogo humanista Abraham Maslow.

Se trata de una experiencia tan importante y transcendente no sólo para quien tiene el infinito privilegio de tenerla sino para el mundo todo, que intentaré dar una definición basándome en lo realizado por este notable psicólogo. Estoy convencido de que promover la realización de esta experiencia en la gente, en mi caso mediante su difusión para que cada uno encare un proceso de búsqueda y desarrolle algún tipo de trabajo interior, sea de la escuela que sea, puede ser la llave para que todo en este mundo mejore y podamos cada día más actuar en armonía con nuestras posibilidades humanas sin que por ello actuemos en desmedro del prójimo. Como decía Krishnamurti, creo fehacientemente que la verdadera revolución en este mundo es revolucionarse y es por eso que tanto hablo de este tipo de experiencias que a continuación trataré de definir y describir.

Abraham Maslow en su libro Religions, Values, and Peak Experiences (1964) definió como experiencia cumbre: “un estado de unidad con características místicas; una experiencia en la que el tiempo tiende a desvanecerse y el sentimiento que sobrecoge hace parecer que todas las necesidades se hallan colmadas”. Con esta definición quedan descriptos ciertos estados transpersonales y extaticos, caracterizados por la unificación, armonización e interconexión que percibe el experimentador quien se abre a la revelación de lo inefable del ser. Se trata de toda una categoría de experiencias místicas caracterizadas por la disolución de las fronteras personales y la sensación de ser uno con otras personas, con la naturaleza, con todo el universo y (tal vez) con Dios.

En sus escritos, Maslow critica duramente a la posición tradicional de la psiquiatría occidental, la que sostiene que estas experiencias son síntoma de la enfermedad mental. Maslow demostró sin lugar a dudas que las experiencias cumbre ocurren en personas normales y bien adaptadas. También observó que si se les permite completarse naturalmente es común que resulten en un mejor funcionamiento en el mundo y que conduzcan a lo que él llamó “la autorrealización”: una mayor capacidad para expresar el propio potencial creativo. El psiquiatra e investigador de la conciencia Walter Pahnke desarrolló una lista de las características básicas de una experiencia cumbre, basándose en el trabajo de Abraham Maslow. Utilizó el siguiente criterio para describir este estado de la mente:

  • Unidad (interna y externa)
  • Una fuerte emoción positiva
  • La trascendencia a las categorías espacio y tiempo
  • Sentido de lo sagrado (numinosidad)
  • Naturaleza paradójica
  • Objetividad y realidad de las percepciones obtenidas
  • Inefabilidad
  • Efectos posteriores positivos

Más recientemente y luego de estudiar las tradiciones de oriente, con especial énfasis en el budismo, Robert Gimello de la Universidad de Harvard, realizó una clasificación mas exhaustiva de las experiencias místicas.

  • La sensación de Unidad y consecuente disolución o pérdida del “ego”.
  • La pérdida del sentido del tiempo y del espacio.
  • La sensación de contacto con lo Sagrado o lo Numinoso, como aquello con lo que conecta el místico y se presenta como factor esencial persistente en el mundo religioso.
  • La sensación de objetividad y de realidad profunda. El místico fiable no es el psicótico que ha perdido contacto con la realidad. Al contrario, está dotado de un fuerte sentido de lo común que le permite ser testimonio de la realidad más profunda tanto como de la realidad más concreta y aparente.
  • La cualidad noética, o sensación de la intuición de verdades profundas al margen del intelecto discursivo. Es una sensación realista de inmediatez radical que va unida a la experiencia mística. Así ha sido vivida por místicos como Ignacio de Loyola, Bernardo de Claraval, Al-Gazzali, Ovidio, Rumi, Ibn Arabi, etc.
  • La superación del dualismo y de las contradicciones. Va más allá del principio de contradicción y del tercero excluido, llegando a la lógica transcendental de Hegel, o a la comprensión de la Tercera Fuerza de Gurdjieff, o a la coincidentia oppositorum de Nicolás de Cusa.
  • La pérdida del sentido de la causalidad.
  • Inefabilidad.
  • La sensación de profunda paz y alegría. Inmensa felicidad, coherencia y una armonía interna imperturbable. Pero lo que importa sobretodo es la perdurabilidad de un estado de conciencia superior a lo comúnmente vivido.
  • La percepción de Luz o Fuego. Es la experiencia literal de la iluminación. Lo describió Hildergard von Bingen, Teresa de Jesús, Jacob Böhme, Jacopone da Todi, etc.
  • Transitoriedad.
  • Cambio positivo de conducta. Es un criterio fundamental. Todas las grandes huellas de vida religiosa profunda llevan a los sujetos que los experimentan a un mundo interno más rico y una mejora de calidad en el mundo emocional.

Como esta lista y la anterior lo indican, un individuo que vive una experiencia cumbre tiene la sensación de sobreponerse a la fragmentación y división cuerpo/mente, y alcanza un estado de unidad y completud interna total que usualmente resulta muy curativo y benéfico. Trasciende también la distinción normal entre sujeto y objeto, y vive un estado extático de unión con la humanidad, la naturaleza, el cosmos y Dios. Está asociado a una fuerte alegría, felicidad, serenidad y paz.

Las personas que experimentan una conciencia mística de este tipo tienen la sensación de dejar la realidad ordinaria, en donde el espacio es tridimensional y el tiempo lineal para entrar en una zona mítica y sin tiempo donde ya no caben esas categorías. En este estado, la eternidad e infinitud pueden experimentarse en segundos del tiempo del reloj. Otra cualidad vivencial de la conciencia de la unidad es el sentido de numinosidad, un término que Carl Gustav Jung utilizaba para describir un profundo sentido de lo sagrado y lo santo que está asociado a ciertos procesos profundos de la psiquis.

La experiencia de lo numinoso nada tiene que ver con creencias religiosas previas o programas: es una percepción directa e inmediata de que se está ante algo que tiene una naturaleza divina y es totalmente diferente de nuestra percepción común del mundo de todos los días. Las descripciones de estas experiencias están llenas de afirmaciones paradojales que violan las reglas básicas de la lógica. Es posible referirse a un estado místico diciendo que es como estar vacío de contenidos pero contenerlo todo. Ya que no presenta nada concreto, nada parece faltar, porque contiene a toda la existencia en potencia.

La persona que lo describa hablará de una completa ausencia del ego y dirá que su sentido de identidad estaba tan infinitamente expandido que contenía al universo entero. Otros podrán decir que se sintieron absolutamente insignificantes, sobrecogidos y humildes por la experiencia, pero guardan la sensación de un logro de dimensiones cósmicas, porque se sienten en cierta forma una nada, se perciben como conmensurables con Dios.

Durante una experiencia mística tal vez se sienta que se accede al más alto conocimiento y sabiduría en cuestiones espirituales importantísimas. Por lo general esto no incluye información sobre el mundo material, aun que ciertos estados místicos han sido ocasionalmente una fuente de información válida que pudo utilizarse prácticamente. Es más usual tener una comprensión instantánea de la esencia de la existencia descrita por los Upanishads como “conocer Eso, el conocimiento que brinda el conocimiento de todo lo demás”. Este conocimiento de la verdadera naturaleza de la existencia se percibe en última instancia como mucho más real e importante que todas las teorías científicas o percepciones y conceptos de la vida cotidiana. La inefabilidad es un rasgo característico del estado místico.

Es en verdad imposible describir a otros la naturaleza de estas experiencias, su profundo significado y su importancia, en especial a quienes nunca las han tenido. Casi todos los que relatan su experiencia mística se lamentan de la total ineficacia de las palabras para contarla. Quienes han tenido es te tipo de vivencia a menudo dicen que el lenguaje poético, aunque imperfecto, es el mejor vehículo para transmitir estos estados. Los versos in mortales de los grandes poetas trascendentales de Oriente, como Omar Khayyam, Rumi, Kabir, Mirabai, y Kahlil Gibrán, así como Hildegard von Bingen, William Blake, Rainer Maria Rilke y tantos otros así lo atestiguan. Si se permite que estas experiencias sigan su curso, es probable que ejerzan una influencia profunda y duradera en el bienestar general de la persona, su escala de valores y sus estrategias de vida. Suelen producir una mejora de la salud emocional y física, una mayor apreciación de la vida y una acritud más amorosa, tolerante y honesta hacia los demás seres humanos. Son capaces de reducir drásticamente la agresividad, la intolerancia, los impulsos irracionales y las ambiciones poco realistas.

Hay ciertas situaciones en la vida que son especialmente capaces de producir una experiencia cumbre. En muchos casos, la disolución del ego se da cuando uno se ve sobrepasado por la percepción de algo exquisita mente bello. Esto suele ocurrir con la naturaleza: al bucear en jardines de coral, navegar en el océano o en una balsa por los rápidos de un río, acampar en el desierto, escalar montañas elevadas, andar en globo o practicar el aladeltismo. Varios astronautas han tenido experiencias de este tipo durante los vuelos a la luna y al orbitar la tierra. Otra fuente importante de experiencias cumbre la constituye el arte inspirado; en este caso, el arrobamiento místico puede ser experimentado tanto por el artista que crea o interpreta, como por el admirador sensible.

Muchas experiencias de conciencia de la unidad han sido inspiradas por el esplendor de monumentos como las pirámides egipcias, los templos hindúes, las catedrales góticas, las mezquitas musulmanas y el Taj Mahal; así como por música, pinturas o esculturas. El amor, el romance y el éxtasis erótico también disparan con frecuencia poderosas sensaciones de unidad con el todo. Lo mismo puede suceder cuando uno queda absorbido por la mirada de un bebe. Quizás resulte asombroso que las experiencias cumbres también se den en entrenamientos rigurosos y encuentros competitivos. Michael Murphy y Rhea White han brindado ejemplos sorprendentes de tales estados en su libro The Phychic Side of Sports.

Considerando que las experiencias cumbres son positivas y están llenas de posibilidades, puede resultar desconcertante que se conviertan en un motivo de crisis espiritual. La razón principal para tales complicaciones es que la cultura occidental en realidad no tiene una comprensión cabal de los estados alterados de conciencia. Como consecuencia, somos incapaces de reconocer el valor de estas experiencias, de aceptarlas y de contener a quienes las viven. Por eso es tan importante predicar a favor de semejante apertura.

La actitud que predomina en la psiquiatría tradicional y en el público en general es que cualquier desviación de la percepción y la comprensión común de la realidad es patológica. Nada más lejos de la verdad. Sin embargo, en estas circunstancias, un occidental promedio que atraviesa un estado místico tenderá a cuestionar su salud mental y a resistir lo que experimenta. Los parientes y amigos probablemente apoyarán tal actitud y sugerirán que se recurra a la ayuda psiquiátrica. Mucha gente en el medio de una experiencia cumbre ha sido enviada a un psiquiatra, que le diagnosticó una patología, interrumpió la experiencia con medicación supresiva y tranquilizantes y le adjudicó el rol de paciente psiquiátrico de por vida.

Digamos que tienes una experiencia de la luz interior, cegadora, extática, que hace estallar tu mente.
La experiencia es directa e inmediata, pero entonces sales de ella y quieres contárla a otro, o quizás simplemente quieres contártela a vos mismo. La forma en que interpretes esta experiencia determinará como la harás encajar en tu vida, como la compartirás con el mundo y como será tu futura relación con está luz que puede cambiar tu vida de manera total y definitiva.

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La vitalidad de una experiencia cumbre

Martes 12 Agosto, 2008 · Deja un comentario

Abraham Maslow en su libro Religions, Values, and Peak Experiences (1964) definió como experiencia cumbre: “un estado de unidad con características místicas; una experiencia en la que el tiempo tiende a desvanecerse y el sentimiento que sobrecoge hace parecer que todas las necesidades se hallan colmadas”. Con esta definición quedan descriptos ciertos estados transpersonales y extaticos, caracterizados por la unificación, armonización e interconexión que percibe el experimentador quien se abre a la revelación de lo inefable del ser.


American Beauty
¿Qué significan las llamadas “experiencias cumbre” para nuestro espíritu ? ¿Qué son sino el acceso a un orden exquisitamente sutil, profundo y penetrante? Para ejemplificar esta calidad de experiencia, quiero mostrarles una escena de la película American Beauty. En la trama central de la historia, un jóven viene mostrando su tristeza frente a los efectos desoladores que para él ha tenido su relación con un padre autoritario y abusivo. El adolescente, a pesar de las secuelas negativas infringidas por esa relación familiar, es capaz de canalizar una profunda emoción de gracia estética generada por una repentina experiencia de contacto con la belleza que llega a sobrecogerlo. Pero, en realidad se trata de una belleza gestada por su propia interioridad.

El personaje está sentado en un sillón y se lo percibe ensimismado en su melancolía. De pronto se para y acciona la máquina de video para mostrarle la filmación a su amiga. En ese registro casero había quedado guardada una experiencia estética perturbadora, provocada por una circunstancia muy sutil, que aunque aparentemente leve, le significó una experiencia numinosa. Uno de esos hechos supuestamente intrascendentes, minúsculo y cotidiano, que de tanto ser visto ya nadie ve: una bolsa plástica que alguien abandonó en una calle cualquiera de la ciudad, es mecida por el viento… (Curiosidad aparte, Alan Ball el autor del guión original estaba sentado en la plaza del emblemático World Trade Center cuando vio una bolsa de plástico flotando en el viento, de allí la inspiración…)


Quieres ver la cosa más bella que he filmado?
Ocurrió uno de esos días en los que sientes que está a punto de nevar
y hay una cierta electricidad en el aire, que casi la puedes oír.
Y esa bolsa plástica que alguien había dejado caer sin querer sobre la vereda,
era mecida por un viento como si bailara un vals,
y la bolsa bailó movida por el viento durante quince minutos frente a mi cámara.
Y ese día me di cuenta que… había una vida entera detrás de las cosas,
y que una fuerza increíblemente benévola me decía
a través de esa danza de la bolsa abandonada
que no hay razón para tener miedo nunca.

¡Es tanta la belleza…que siento que no la aguanto…!

Un video, una bolsa, un observador, uno de esos días, una danza, una eternidad en 15 minutos, una vida más allá de los objetos, una fuerza benévola, ninguna razón para temer, tanta belleza, un beso, una película, una belleza americana, un momento zen, una experiencia cumbre y nada.

Esta escena hace evidente que el arte es mucho más que la simple expresión de la búsqueda de la belleza. El impacto que puede generar en el alma humana puede suceder en ese lenguaje invisible que tienen los genuinos estados de gracia estética. En el personaje de la película (y creo también del espectador, de nosotros, aunque en ínfimo grado), ese estado de gracia se conjuga con la oportunidad autogestada de participar de una experiencia cumbre que lo redime aunque sea un instante de la amargura y el dolor que guarda en su corazón.

En la secuencia de las imágenes de la bolsa danzando con el viento se configura un tiempo de connotaciones mágicas, un espacio en el que el espíritu se toma una licencia que le permite evadir el dolor y la pesadumbre de su existencia cotidiana. La experiencia estética activa también es una proclama, una respuesta alegórica que permite soltarse las amarras de lo que en la profundidad de nuestro ser pudo haber quedado trunco o frustrado. Un evento cualquiera, ordinario, repetido, invisibilizado, puede significar una oportunidad liberadora que le permita al espíritu enriquecido abandonar su cautiverio.

El arte es una pregunta que a lo largo de la historia de la humanidad ha estado permanentemente abierta, atenta al descubrimiento de las cosas. El fenómeno artístico nos interroga en el vacío, revelando el alma oculta de las formas y de los hechos que para la ciencia no son realidad. Quizá, una bolsa plástica en cualquier calle de una ciudad sin nombre, sería por si misma un hecho insignificante que en su aparente levedad no agregaría nada al universo. Pero esa bolsa no vale por si misma, sino por lo que significa para el sujeto que la descubre y que en ese acto se vuelve capaz -en razón de su sensibilidad-, de resignificar la experiencia transgrediendo la limitación que tienen los hechos a nivel de su apariencia.

La emoción que despierta en el personaje habla de la expresión de una belleza implicada, que no tiene regularmente cabida en la mirada del mundo. Esa belleza -en verdad- está en el sujeto mismo y no en el objeto, una belleza subjetiva que existe sólo para quien la percibe en razón de la viveza de su espíritu y de la capacidad de captarla y vivirla.

La emocionalidad producida por tomar contacto con algo que nos sobrepasa en nuestra dimensión individual, nos sorprende y sobrecoge, provocando un estado parecido al despertar. Paul Valéry denominaba a este estado implexo (del latín, enlazamiento) entendiéndolo como la capacidad de sentir, reaccionar y hacer, de comprender y resistir de un sujeto que desde la practica de reflexividad intenta recomponer sus habilidades y orientar sus pensamientos en una búsqueda que le permite descubrir nuevas estrategias frente a la emergencia de lo real. Vivir la vida, como la vida se vive a sí misma.

Agradecimiento a María Teresa Pozzoli

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La experiencia cumbre, busca ser comprendida por la ciencia

Jueves 7 Agosto, 2008 · 2 comentarios

Los muchos estudios realizados en conexión con lo que hoy comienza a ser llamada como la “neurología mística” muestran el indudable interés que ha suscitado la posibilidad de estudiar empíricamente la experiencia cumbre o espiritual, que está en la base no sólo de las religiones institucionalmente cristalizadas, sino también de la experiencia religiosa de lo “numinoso” no integrada en religiones oficiales.

No sólo están los estudios de Dean Hamer, Eugene D´Aquili y Andrew Newberg, que ya he comentado en alguna otra entrada, sino también son dignas de atención las investigaciones realizadas por Sam Harris, Robert M. Gimello, Mario Beauregard, Vincent Paquette y Richard Davidson a las que me referiré en esta. De la revisión de los trabajos de estos últimos se desprenden interesantes revelaciones sobre la experiencia directa espiritual, la experiencia cumbre o peak. En 1947, Abraham Maslow definió como experiencia cumbre: “un estado de unidad con características místicas; una experiencia en la que el tiempo tiende a desvanecerse y el sentimiento que sobrecoge hace parecer que todas las necesidades se hallan colmadas”.

Tratar de explicar las experiencias místicas ha sido siempre un problema. Ya lo decía Lao Tse al afirmar que el “tao” (digo yo, la experiencia) que se nombra no es el verdadero “tao”. Se trata de una experiencia tan personal e íntima que resulta ser intrasferible e indescriptible por medio del lenguaje. Comprender lo que ocurre en el cerebro del que vivencia semejante experiencia es entrar en la más profunda intimidad de la persona. Hacerlo plantea un problema de alta complejidad epistemológica y nos lleva a la fiabilidad de nuestras hipótesis sobre la experiencia subjetiva de los otros. Salvar este escollo no es fácil. Tal como lo expresara Francisco Varela en su libro De cuerpo presente (Barcelona, Ed. Gedisa, 1992): “El mundo no es algo que nos haya sido entregado: es algo que emerge a partir de cómo nos movemos, tocamos, respiramos y comemos. Esto es lo que denomino ­como enacción, ya que la acción connota el producir por medio de una manipulación concreta“. El sentido de la “enacción” se relaciona con el concepto del complejo budista de la “mente-interdependencia-causalidad-impermanencia”, en tanto que el mundo fenoménico no existe con independencia del sujeto que lo percibe. La vivencia subjetiva de la “experiencia mística” es un hecho que, al darse de hecho, permite suponer que debe tener un fundamento somático, es decir, neuronal. Veamos algunos tips de los estudios recientes realizados por los investigadores mencionados.

Sam Harris

Un nuevo estudio dirigido por Sam Harris, (ver también aquí) de la University of California de Los Ángeles, detectó que las áreas asociadas a las creencias, el escepticismo, la incredulidad y la incerteza, activan diferentes regiones del cerebro que están también asociadas con el agrado o desagrado en los sentidos del gusto y del olfato. Los participantes del experimento dieron respuestas escritas sobre los items: creíble (verdadero), lo no creíble (falso) y lo indecidible (incerteza), con independencia de la afección emocional de su contenido significativo, bien fueran preguntas éticas, matemáticas, autobiográficas, geográficas o religiosas.

Harris y colegas trataron las imágenes a través de resonancia magnética funcional (el famoso fMRI), al mismo tiempo que analizaron las declaraciones por escrito. Los resultados fueron que los estados de creencia, escepticismo, e incertidumbre activaron diferencialmente regiones distintas del Córtex Prefrontal Ventromedial (VMPFC) parietal, así como de los ganglios basales.

La interpretación de Harris sobre el experimento es que creencia y escepticismo difieren de la incertidumbre. Aunque muchas áreas de cognición superior están probablemente implicadas en evaluar el valor de verdad de las proposiciones lingüísticas, la última aceptación de una declaración como “verdadero”, o su rechazo como “falso”, parece depender más de las partes más “primitivas” del cerebro, asociadas con el sentido del gusto, del olfato, del dolor, incluso del asco.

Se detecta el procesado de placer en el córtex prefrontal medio y la ínsula anterior. La verdad puede ser bella, en más de un sentido metafórico, y las proposiciones falsas pueden disgustarnos y asquearnos literalmente. Esto tendría consecuencias evidentes para la detección del engaño, y para el control del efecto placebo. Pero, sobretodo, para entender que una creencia es un juicio de valor que no se distingue de un juicio de razonamiento lógico.

Harris expone en su libro The End of Faith que las instituciones religiosas han preferido ir más por el camino de una aglutinación de fieles devotos y creyentes en dogmas que de experimentadores de experiencias espirituales cumbre. La tesis es que básicamente no se respetan las creencias de los demás; lo que realmente convence o no son los motivos que se aportan para las creencias; o sea, las argumentaciones y sus pruebas.

Mario Beauregard y Vincent Paquette

Mario Beauregard y Vincent Paquette, de la University of Montreal, ha realizado estudios cuyo objetivo ha sido determinar los correlatos neuronales de las experiencias místicas a través de la técnica de fMRI, similar a la utilizada por Harris. Este estudió se realizó con un total de 15 monjas carmelitas de entre 23 y 64 años de edad con una media de algo más de 19 años de vida religiosa (entre 2 y 37 años).

El resultado del nivel de oxígeno en sangre en la persona señala cambios experimentales durante una condición Mística, una condición de Control, y una condición Básica. En la condición Mística, se les había pedido recordar y volver a vivir (con los ojos cerrados) la experiencia mística más intensa vivida alguna vez en sus años en la Orden Carmelita. Se adoptó esta estrategia dado que las monjas dijeron antes del comienzo del estudio que “Dios no puede ser convocado a voluntad”. En esta condición, las monjas tenían instrucciones de recordar y volver a vivir (también con los ojos cerrados) el estado de unión más intenso con otro humano en sus años de vida religiosa.

Durante el experimento, se recogieron imágenes por resonancia magnética de cortes transversales del cerebro cada tres segundos, y del cerebro completo cada dos minutos. Una vez registrada la actividad cerebral, Mario Beauregard y Vincent Paquette compararon los patrones de activación en las distintas situaciones (el recuerdo social y el místico), descubriendo las áreas del cerebro que se activaban con más fuerza durante la experiencia mística.

De este modo descubrieron que en el recuerdo de la “Unio Mystica” cooperaban la corteza orbitofrontal central, el lado derecho de la corteza temporal media, los lóbulos parietales inferior y superior derechos, la corteza izquierda prefrontal media o la corteza cingulada anterior izquierda, entre otras.

Es así como la memoria espiritual (que en este caso es memoria a largo plazo de una experiencia cumbre) vigoriza varias regiones cerebrales en esos instantes, como por ejemplo el núcleo caudado, que es la región del centro del cerebro relacionada con el aprendizaje, la memoria o el enamoramiento. Otras zonas activadas son la corteza insular o ínsula, relacionada con las emociones y sentimientos (posible conectiva con el amor incondicional), y el lóbulo parietal derecho (relacionado con la OAA y la sensación de ilimitación del self, explicado por Newberg y D’Aquilli). Para la experiencia de “aniquilación del ego”, para la alteración corporal y para la sensación unitaria del “sí mismo” con el “mundo” (o “unidad” indiferenciada).

Beauregard comenta que los estados místicos se producen gracias a un complejo entramado neuronal distribuido en todo el cerebro. No obstante, ambos científicos siempre han dejado claro que no es lo mismo el recuerdo de una experiencia mística que la experiencia en tiempo real. Es cierto entonces que el papel de la memoria asociativa está relacionado con los recuerdos emocionales. Tanto el miedo y como la felicidad son factores imprescindibles para la excitación emocional y la supervivencia; y en ello juegan un papel fundamental los factores de recuerdo. La amígdala basolateral es la parte del cerebro que se cree responsable de los recuerdos emocionales, según han determinado Mark Mayford, Leon G. Reijmers y colegas de The Scripps Research Institute de La Jolla, California.

Richard J. Davidson

Para llegar a esa experiencia cumbre de sí mismo, que los estoicos llamaron “oikeiosis” y que tantas religiones describen como la más increible experiencia a ser percibida, debemos antes de ello enfrentarnos con nuestros miedos.

Es importante el estudio realizado por David Dunning y Emily Balcetis de la Cornell University. En él han dado con la clave de que no todo lo que tomamos como real es real. Los participantes de un examen de auto-predicción sobrestimaron la probabilidad de que las conductas deseables (los prejuicios) dependerían de consideraciones imparciales en sus predicciones. En general se tomó un auto-conocimiento modificado por auto-percepciones distorsionadas, donde el prejuicio no dejaba ver la realidad tal cual era. Existía una “ceguera atencional” que no permitía tener una información completa de nosotros mismos. Era una información sesgada fruto de una manipulación de la información de nosotros mismos que no interesaba.

Los miedos reprimidos son factores que impiden percibir la realidad de uno mismo. Philippe Goldin y James Gross, de la Universidad de Standford publicaron un artículo en la revista Biological Psychiatry, en el que afirman que la estrategia de reconsideración cognitiva (pensar sobre lo que está pasando) tendría un impacto temprano en el proceso de generación emocional; por otra parte, la represión expresiva (evitar que se note lo que estamos sintiendo) sería una estrategia de comportamiento cuyo impacto sería tardío, dentro del proceso de generación emocional. La represión emocional no llevaría, pues, a la comprensión ni a la transformación de la emoción.

Por ello, desde 1992, Richard J. Davidson ha estado estudiando la imaginería mental que ofrecen las emociones. Ha realizado varias pruebas sobre neurociencia afectiva y las relaciones existentes entre el cerebro y las emociones. Sus trabajos han sido considerados de alta importancia en el desarrollo de imágenes tomadas por fMRI en experiencias positivas del cerebro en meditadores expertos de la tradición budista tibetana Vajrayana.

En los últimos cuatro años Richard Davidson ha ofrecido unos estudios muy completos sobre la influencia de la meditación en los trastornos afectivos y su mapeado cerebral. En resumen, Davidson ha examinado a centenares de monjes budistas tibetanos de dos tipos: un grupo de monjes que llevaban largo adiestramiento en la meditación (entre 10.000 a 50.000 horas), entre 15 y 40 años de experiencia, y otro grupo constituido por estudiantes con pocas horas de meditación. Los hizo meditar en diferentes estadios: visualización, concentración en un punto, en estado de apertura, vacuidad y compasión, distintas prácticas que los monjes suelen realizar.

Se estudiaron diferentes aspectos de la actividad cerebral: Por ejemplo, la inmutabilidad facial de registros de “micro-emociones”, común en el resto de los mortales, en estado de meditación de concentración en un punto . Las alteraciones o sobresaltos (por muy fugaces y enmascarados que sean) se activan desde la amígdala y surgen registros oculares y faciales, a veces imperceptibles, pero registrables. En lamas muy duchos en meditación resultó que sonidos que nos alteran a todos, o sustos, no les perturban ni en sus micro-expresiones.

Otro ejemplo fue la capacidad de coherencia sincrónica registrada en los cerebros de grandes meditadores. Dicha sincronía, registrada con cascos de 256 electrodos en la cabeza de los monjes, se contrastó con la de noveles en meditación. Los datos registrados por la red de sensores en los monjes budistas fueron impresionantes.

La amplitud de las ondas gamma recogidas en algunos de los monjes son las mayores de la historia registradas en un contexto no patológico”: entre 25 y 42 Hz. Muy por encima de los noveles que registraron una baja sincronía con una actividad oscilatoria lenta (entre 4 y 13 Hz.). Esta alta amplitud de frecuencia gamma, está asociada con la capacidad de prestar atención y aprendizaje. Se registraron bilateralmente sobre la región parietotemporal y el mediofrontal.

Cuando los meditadores dispersaron el punto de atención de su concentración hacia una meditación sin objeto (llevándola a la compasión), se generó en sus percepciones una experiencia de amor incondicional que no sólo amplió la sincronía en banda gamma como un fenómeno en red de asambleas neurales, sino que reflejó un aumento en la precisión temporal de las interacciones talamocorticales y corticales. El estado de transición no es inmediato y requiere entre 5 y 15 s. De este modo quedó reflejado un cambio de calidad de instante en instante, de un alto estado de conciencia a otro.

Estos datos sugieren que el entrenamiento mental involucra mecanismos de integración temporal, y puede inducir a corto plazo y a largo plazo cambios neuronales . Es lo que se ha llegado a observar por imágenes de resonancia magnética funcional (fRMI) para indicar que el cultivo de la compasión y de la bondad se aprende del mismo modo que se aprende a tocar un instrumento musical o dominar un deporte.

En otro experimento se escogió a 16 monjes tibetanos y practicantes laicos con un curriculum de más de 10.000 horas de práctica en meditación y otros 16 que, sin formación previa, fueron instruidos en los fundamentos de la meditación sobre la compasión, dos semanas antes de escanear sus cerebros. A cada uno de los 32 sujetos se les colocó en el escáner de fMRI en el UW-Madison Waisman Center for Brain Imaging, que dirige Davidson, y se le pidió comenzar la meditación de la compasión o abstenerse de ella. En cada estado, los sujetos fueron expuestos a sonidos y vocalizaciones humanas negativas y positivas diseñadas para evocar respuestas de empatía, así como vocalizaciones neutrales: sonidos de una mujer afligida, un bebé riéndose o el ruido de fondo de un restaurante.

La hipótesis principal fue que la preocupación por los demás, cultivada mediante esta forma de meditación, mejora el procesamiento afectivo, en particular en respuesta a los sonidos de angustia, y que esa respuesta emocional a los sonidos es modulada por el grado de formación de la meditación. La presentación de los sonidos emocionales estaba asociada con la activación de la región límbica (la ínsula y córtex del cingulado) durante la meditación.

Durante la meditación, la activación de la ínsula fue mayor en los expertos que en los novicios durante la presentación de sonidos negativos y menor en los positivos o neutrales. La fuerza de activación en la ínsula se asoció también con la intensidad de la meditación para ambos grupos. Estos resultados apoyan el papel del circuito límbico en la emoción compartida.

La comparación entre la meditación frente a los estados de descanso entre los expertos y los novatos también mostraron una mayor activación en la amígdala, en el cruce temporo-parietal derecho (TPJ), y el sulcus temporal superior posterior derecho (pSTS), en respuesta a todos los sonidos. Esto sugiere una mayor detección de los sonidos emocionales, y una mayor actividad mental en respuesta a vocalizaciones emocionales humanas en los expertos que en los novicios durante la meditación. En conjunto, estos datos indican que la experiencia mental de cultivar emociones positivas altera la activación de los circuitos neurales. Por ello cabría considerar un aumento de neuroplasticidad para permitir la regeneración de circuitos neurales, así como la producción de nuevas y diferentes conexiones sinápticas.

Se debe advertir que una habilidad mental no tiene por qué implicar desarrollo espiritual. No obstante, en el momento que un monje desarrolla el sentido de la compasión -no con la razón, sino con la meditación-, la unión de la habilidad meditativa se une al mensaje espiritual. Entonces el mensaje, el mensajero y el receptor del mensaje se unen. Podríamos decir que no hay “ruido mental” que distraiga la experiencia cumbre de la “unio mystica”.

Fuentes: Link insertados y Tendencias21, Cátedra de Ciencia, Tecnología y Religión, Universidad Pontificia Comillas.

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La experiencia de Jill Bolte Taylor

Sábado 26 Julio, 2008 · 2 comentarios

Hace unas semanas comenté la historia de Jill Bolte Taylor, la investigadora de Harvard que vivió una experiencia cumbre producto de la disrupción del funcionamiento normal de su cerebro debido a un aneurisma. Les dejo a continuación la presentanción realizada por ella en las TED (Technology Entertainment & Design) donde cuenta su fascinante experiencia con una elocuencia más que notable. Lamentablemente está en inglés.

Jill Bolte Taylor: My stroke of insight

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Neurociencia de la espiritualidad

Jueves 10 Julio, 2008 · 2 comentarios

Los últimos años se han ofrecido desde el campo de las neurociencias distintas explicaciones de las experiencias religiosas. Algunos neurocientíficos explican las experiencias de la conexión espiritual como consecuencia de anomalías o fallos mentales del cerebro o las explican en términos de crisis existenciales. No obstante, la corriente principal de las ciencias cognitivas comienza a comprender que estas experiencias se tratan de algo más que una mera disfunción.

Hay preguntas básicas para las que todavía no se ha encontrado una respuesta definitiva ¿Puede contribuir la neurociencia a explicar las características propias de las experiencias místicas? ¿En qué medida son las experiencias religiosas un producto de la actividad neural? ¿En qué manera y hasta qué punto puede explicar neurociencia el complejo mundo de la experiencia espiritual?

La tesis reciente de Anne Runehov, de la Universidad de Upsala (Suecia), que lleva el título Neuroscientific Explanations of Religious Experience: A Philosophical Evaluation va en busca de las explicaciones neurocientíficas de la experiencia mística.

La tesis de Runehov, con definiciones claras y argumentos precisos y detallados, es una contribución significativa al campo naciente de los estudios que relacionan las neurociencias con la espiritualidad. Runehov se basa en los estudios de los científicos “neuro-espiritualesPersinger y Newberg & d’Aquili. Para ello hace una investigación filosófica crítica de sus trabajos.

La tesis que mantiene Runehov es que las neurociencias sólo hasta cierto punto, y dentro de una metodología restringida, explica las experiencias místicas. Así mismo, amplia el estudio de las experiencias religiosas de autores incluyendo nuevas explicaciones, no meramente neurocientíficas, con estudios sociológicos, teológicos, de filosofía de la religión, éticos y psicológicos.

Un interesante trabajo para aquel que tenga interés en profundizar sobre la temática.

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La experiencia espiritual parece responder a patrones neuronales

Viernes 27 Junio, 2008 · 2 comentarios

La religión parece responder a patrones neuronales

En principio hubiera podido suponerse desde el principio que, si el comportamiento humano responde siempre a patrones neuronales, también el comportamiento religioso debiera tener sus estructuras neurales propias. Lo que hubiera podido ser una expectativa científica ha sido hoy comprobado en los estudios de neurología empírica.

Cuando el hombre piensa en lo filosófico, en lo metafísico, en lo religioso y se ve embarcado en emociones que lo conectan místicamente con la Unidad del Universo, se activan en su cerebro ciertas áreas y estructuras que recibidos por herencia de la especie. Estas funciones han sido construidas poco a poco desde la evolución del hombre primitivo y pueden estar activadas o inhibidas en el hombre actual: pero están siempre ahí y pueden dispararse en cualquier momento activadas por las circusntancias de la vida.

¿Responden estas estructuras neurales a la verdad? ¿Muestran que efectivamente Dios existe?
Evidentemente que no. Podrían ser un error programado por necesidad adaptativa. Pero también podrían responder a la realidad mistérica y trascendente de un Dios realmente existente. En todo caso, lo que estos hechos neurológicos, e incluso genéticos, muestran, es que lo religioso ha sido y sigue siendo un importante factor que inevitablemente se plantea siempre en la vida, acabando por aflorar, y obligándonos a tomar ante el una decisión personal.

El gen de Dios de Dean Hamer

El profesor Dean Hamer es director de la Unidad de Regulación de la estructura genética en el National Cancer Institute de Bethseda. Según Hamer, la espiritualidad responde a un mecanismo biológico, comparable al mecanismo que rige el canto de los pájaros, aunque más complejo.

Existe una predisposición genética a la autotranscendencia, a través de una proteína llamada VMAT2, que está involucrada en la rotura, a través del MAO (monoamino oxidasa: enzima que rompe las monoaminas después de su liberación sináptica) y en el transporte de monoaminas vesiculares. Éstas son neurotransmisores que contribuyen a la sensibilidad emocional.

De esta manera influye en las capacidades cognitivas con diversos tipos de tipos de conciencia que constituyen la base de las experiencias espirituales. Según Hamer la VMAT2 está relacionada, primero, con el olvido se si mismo y por tanto de la transcendencia del espacio-tiempo; segundo, con la identificación transpersonal y tercero con el misticismo o el sentido de lo sagrado y la captación de realidades inefables.

Algunos teólogos como John Polkinghome, rechazan la tesis de Hamer aludiendo un reduccionismo genético darwinista que va “en contra de mis convicciones teológicas personales” según testimonió públicamente. Pienso que Polkinghome cae en la trampa de la que habla Sam Harris, ya que ha de ser el método científico el que ofrezca respuesta interpretativa a la actividad cerebral que permite las experiencias místicas.

Hamer también alude a la experiencia personal y al influjo cultural para la experiencia mística. Esto lo corrobora un estudio del McGovern Institute for Brain Research del Massachussets Institute of Technology (MIT) que ha realizado un equipo de investigadores de la Stony Brook University de NY, del MIT y de la Standford University de California. En pocas palabras, el nivel de identificación que tenemos con la cultura que hemos vivido no sólo condiciona nuestros pensamientos, sino que también rige los patrones de actividad neuronal.

Los experimentos realizados con personas de ámbitos culturales opuestos (occidental americano versus extremo oriental) han determinado que la construcción social de la realidad que compartimos de forma memética (injertada y ajena a nuestra realidad) a lo largo de nuestra vida produce la actividad de nuestro cerebro. Los occidentales, por ejemplo no estamos tan acostumbrados a las actividades interdependientes como los orientales, y los orientales no tienen tan desarrollado su capacidad de actuar autónomamente, con independencia y libertad.

La exploración realizada a través de fRMI en sujetos experimentados con tareas visuoespaciales registró actividad en las regiones frontal y parietal del cerebro, zonas directamente asociadas al control de la atención. Dicha actividad era mayor durante la emisión de juicios no-preferidos culturalmente que durante la emisión de juicios preferidos culturalmente.

De esta forma se ha llegando a la conclusión de que cuanto más identificado está uno con su recorte psicológico del inconsciente colectivo, mayor es la dificultad de salirse de dicho recorte. Es un fenómeno que viene asociado a la supervivencia, en cuanto que la cultura propia, en el medio inmediato que le envuelve, lo identifica como persona y le permite reforzarse para sobrevivir en un medio hostil.

Pero, como señala Francisco J. Rubia, de la Universidad Complutense de Madrid, si la cultura es un subproducto del cerebro, y estamos de acuerdo en que el cerebro está hecho para la supervivencia, y si el cerebro genera un “yo social” para sobrevivir, entonces, ¿cómo sobrevive el individuo si lo despojas de este “yo”?

Los operadores cognitivos de Andrew Newberg y Eugene D’Aquili

En su libro Why God won’t go away. Brain Sciene and Biology of Belief, Newberg y D’Aquili, de la Universidad de Pennsylvania, señalaban en primer lugar una zona cerebral (sección posterior del lóbulo parietal) a la que nombran “Área de Orientación y Asociación” (OAA), fundamental en la orientación física del espacio, en la consideración de ángulos y distancias; siendo de suma importancia en su desarrollo para los pilotos de aviones y aeroplanos.

¿Qué ocurre si el OAA no recibe información para activarse? Si no hay información que fluya a través de los sentidos, el Área de Orientación y Asociación no es capaz de encontrar fronteras. Entonces, ¿dónde se encuentra el límite físico del Self y del mundo exterior? No existe. En ese caso el cerebro no tiene otra opción que percibir que el “yo” es interminable e íntimamente ligado a todo de forma inevitable.

Es cierto que pueden existir lesiones en el OAA que provoquen esta experiencia. Pero, ¿qué ocurre cuando es una experiencia autoinducida por uno mismo a través de un serio trabajo de largos años de meditación? O quizá provenientes de muchas horas de oración, como aparecería en los datos del estudio realizado por Newberg y D’Aquili. Estas experiencias serían las que podrían llamarse de identificación transpersonal, según la escala de Hamer.

Newberg y D’Aquili consideran que existen cuatro áreas de asociación que manifiestan un protagonismo especial en las experiencias religiosas profundas:

  • Área de Asociación Visual
  • Área de Orientación y Asociación
  • Área de Atención y Asociación
  • Área Verbal-Conceptual de Asociación, o “TPO junction” porque se situa en el punto de contacto de los lóbulos Temporal, Parietal y Occipital./li

De hecho, el lóbulo temporal merece mucha atención en estudios de estados mentales singulares relacionados con la mística y los estados alterados de la conciencia (ASC). Tal como lo planteó Michael Persinger, la amígdala y el hipocampo están asociados con el sentido del “yo” en relación con el espacio-tiempo y sus límites, de acuerdo con su memoria y sus afecciones primarias.

Persinger también postula la existencia en el lóbulo temporal de patrones de descarga transitorios de las células nerviosas que provocan el fenómeno de “kindling”. También postula que la inestabilidad de esta excitación puede provocar experiencias alucinatorias, como la impresión de estar fuera del cuerpo o sensaciones vestibulares, o auditivas (la escucha de Dios, o la hipótesis del genio maligno de Descartes), sea el paciente creyente o agnóstico. Sus interpretaciones vendrán configuradas por el contexto cultural en que está envuelto el individuo o paciente en que esto sucede.

También Newberg y D’Aquili llegan a decir que la mente es “mística por defecto” en el sentido de que se obtienen experiencias religiosas combinando el sistema vegetativo, el límbico y las funciones analíticas del cerebro. El sistema vegetativo combina la acción vegetativa-sinpática (fundamentalmente desveladora) con la parasimpática (relajadora o quiescente). Eso ofrece estados de “hiperquiescencia” o quietud, “hiperdespertar”; o gran activación “hiperquiescente” con irrupción de despertar; o “hiperdespertar” con irrupción de quiescencia. Y todo esto se complementa con los estados emocionales dependientes del sistema límbico (concretamente con la amígdala e hipocampo) muy relacionados con la memoria.

Operadores cognitivos

También ha hecho referencia a que existen estructuras neurales que, actuando simultáneamente proceden como algoritmos para ordenar la percepción de la realidad y se activan especialmente en la generación de experiencias místicas. Se denominan “operadores cognitivos” y son las siguientes:

1. Operador holístico: permite ver el mundo como una totalidad. Es posible que esta capacidad mental nazca de la actividad parietal del hemisferio derecho. Un ejemplo sería ver el reloj de agujas.

2. Operador reduccionista: Responde primariamente a la actividad del hemisferio izquierdo. Representa la antítesis de la función holística. Permite dividir el conjunto en partes. Representa la capacidad analítica. Un ejemplo sería ver las agujas del reloj.

3. Operador abstractor: Es el taxonomista mental. Probablemente activado desde el lóbulo parietal del hemisferio izquierdo. Permite la formación de conceptos a partir de la observación de las partes individualizadas. La abstracción para formar conceptos es la base de la generación de la cultura de las ideas.

4. Operador cuantitativo: Es la mente calculadora. Cuantifica el mundo real y también calcula los elementos de supervivencia (distancias, número de elementos, etc.).

5. Operador binario: Esto contra aquello. Capacidad de organizar el mundo físico y sus relaciones. Facultad de elaboración de opiniones y similitudes entre las piezas de la realidad. Está relacionado con la parte inferior del lóbulo parietal, ya que las lesiones en dicha zona impiden realizar estas funciones.

6. Operador existencial: Función de la mente que ofrece la sensación de vivir, de existir o de realidad a través de la información procesada por el cerebro. Nos informa de que lo percibido es real. Probablemente relacionado con el sistema límbico, que nos capacita para asumir emocionalmente la realidad.

7. Operador de valor emocional: El sentimiento consecuente. Asigna los valores emocionales a cada elemento de la percepción y del conocimiento. Este operador preside también nuestro mundo intencional.

Imperativos cognitivos

La actuación de todos estos operadores genera lo que denominan “Imperativos cognitivos”. En éstos se encuentran los significados de los mitos y la simbólica metafísica tan importantes para todas las culturas. Son básicos para la interpretación de la realidad y los problemas metafísicos de sentido que esta realidad suscita. De esta manera minimizamos la ansiedad que genera nuestra existencia y la convivencia en un mundo incógnito.

Los mitos, traducidos en doctrinas y prácticas rituales, constituyen arquitecturas mentales imprescindibles sin las cuales no es posible vivir para la mayoría de los humanos. Este fundamento es el que permite que la creación del mito o mito-cultura sea un producto de la mente humana orientada al propósito de la supervivencia del individuo y del colectivo humano.

La congruencia entre el mito y la supervivencia del “yo” se fundamenta en la estructura de la actividad cerebral. Los operadores causal y binario son los que intervienen en el origen de la interpretación de los orígenes de los fenómenos, de las responsabilidades y en la delimitación de los contrarios, cosa que permite poner orden en la ambigüedad de muchos datos de la realidad.

Para que sobreviva la experiencia cognitiva que produce el mito ha de sobrevivir también la transmisión por vía cultural; y esto se hace en forma narrativa, representacional (generador del mundo simbólico) y vivencial (el rito y la normativa socio-cultural). Los lóbulos frontales serían entonces los que capacitarían a los humanos para la creación de una realidad simbólica que sustentaría el equilibrio de la mente y de la conducta adaptativa al medio.

Newberg y D’Aquili, descubrieron que, cuando se alcanza un estado de meditación profunda, las regiones del cerebro que regulan la construcción de la propia identidad se desactivan. De este modo el practicante de meditación pierde el sentido del propio yo individual, produciéndose un estado de “paradoxicalidad”: no existen límites entre él mismo y todo lo demás; supera las dualidades y se integra en una totalidad única transcendente.

Eso se traduce en una caída de la actividad del área de orientación del lóbulo parietal (que procesa toda la información sobre el espacio y la ubicación del cuerpo físico en él) y en un aumento de la actividad de la región prefrontal dorsolateral de manera inusual. Las imágenes fueron obtenidas a través de tomografía computerizada por emisión de un solo fotón (SPECT).

Artículo realizado por Óscar Castro García, de la Universidad Autónoma de Barcelona, Cátedra CTR y publicado en Tendencias 21

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Categorías: Ciencia · Conciencia Integral · Espiritualidad · La Tercera Cultura
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