Humanismo y Conectividad

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Neurociencias de lo numinoso (1)

Miércoles 1 Octubre, 2008 · 3 comentarios

En las últimas décadas, ha habido una enorme cantidad de nuevas investigaciones cuyo objeto ha sido comprender el funcionamiento del cerebro humano y nuestras capacidades de cognición. Ya me he referido a esto en varias otras entradas del blog. Nuevas herramientas muy potentes nos están permitiendo examinar las funciones primarias del sistema cerebro/nervioso y, recientemente, estas técnicas han sido también utilizadas para estudiar las funciones cerebrales de monjes budistas, monjas católicas, etc. en estado meditativo con el fin de sondear en búsca de la naturaleza de las experiencias que Carl Gustav Jung llamó como numinosas y Abraham Maslow como experiencias cumbre, tal como he preferido llamarlas.

Nuestras descripciones físicas acerca de cómo funciona el cerebro a nivel neuronal, sobre la anatomía del cerebro, y sobre los procesos neurológicos, no se parecen a nuestras experiencias subjetivas como personas con cerebros que tienen estados mentales y emocionales complejos. Ciertamente, resulta difícil reconocernos a nosotros mismos, a nuestras experiencias subjetivas, pensamientos, emociones y actividades cotidianas, bajo el imperativo de la investigación neurológica del cerebro. Normalmente no somos conscientes de los módulos cognitivos de nuestro cerebro. Los neurocientíficos cognitivos y los filósofos de la mente se refieren a este hecho como la “grieta explicativa”.

Tampoco existe una definición neurológica estándar de la conciencia. No poseemos artefactos que puedan medir la presencia o la ausencia de conciencia, aunque la intuyamos presente. Esto hace también referencia al “difícil problema” de los estudios sobre la conciencia. Podemos analizar los cerebros y aprender todo tipo de cosas interesantes y prácticas sobre ellos, sus funciones y disfunciones, pero eso no nos acerca a la comprensión de lo que es la experiencia consciente subjetiva ni de cómo el cerebro participa de su creación.

Algunos estudiosos son optimistas y creen que estamos cerrando esta “grieta explicativa”, que pronto comprenderemos el “código neuronal” y que seremos capaces de traducir el “lenguaje computacional” del cerebro a “aplicaciones informáticas” de la conciencia humana. Ciertamente, se han hecho muchos progresos en el conocimiento de las funciones cerebrales. Los científicos han probado, testado, medido, diseccionado y registrado muchísimos cerebros, tanto humanos como animales. También han desarrollado una notable farmacopea con nuevos medicamentos para tratar la depresión, la esquizofrenia y otras enfermedades de posible origen neurológico.

Los progresos en la neurociencia despiertan muchas otras cuestiones filosóficas interesantes, que necesariamente se entremezclan con las inquietudes religiosas y espirituales. En primer lugar, está la cuestión del reduccionismo, y hasta donde puede éste llegar. Si podemos reducir ciertos fenómenos mentales, como las experiencias místicas de iluminación, a procesos neurológicos, ¿significaría esto que hemos explicado adecuadamente la experiencia y podemos desecharla ya? ¿Qué pasa si inventamos maneras de estimular este tipo de experiencias en el futuro? Si el cerebro es un sistema determinista, entonces, ¿cómo podemos hablar del libre albedrío, la responsabilidad moral o la creatividad? Si la personalidad está intrínsecamente ligada al cerebro químicamente, ¿rechazaríamos el dualismo entre cerebro y mente?

¿En el tratamiento de enfermedades mentales se supondría “perder el tiempo” emplear terapias habladas y pasaríamos a tratamientos sólo farmacológicos? ¿Adoptarán las neurociencias cognoscitivas valores asumidos y perspectivas que son más ideológicos que empíricos? ¿Y que pasa con los temas bioéticos que surgen en el contexto de la neuromedicina? Ésta es sólo una corta lista de cuestiones, algunas de las cuales revisaremos en algún momento. La “cuestión difícil” aún está ahí: ¿qué es la conciencia? ¿Podemos reparar la “grieta explicativa” entre neurociencias y experiencia subjetiva? Y, ¿cuál es, en particular, la naturaleza de la experiencia religiosa desde la perspectiva neurocientífica?

La ciencia no necesita resolver todos estos problemas filosóficos. La ciencia puede y debe continuar caminando lentamente siguiendo sus vías metodológicas. Las neurociencias adelantan formulando pequeñas cuestiones y fabricando experimentos para intentar resolverlas. Las bases neurológicas de las experiencias religiosas y espirituales son realmente una interesante cuestión, y han sido recientemente objeto de muchas fascinantes investigaciones. Hay diversas maneras de abordar el tema. Se trata de los: (1) Estudios basados en enfermedades y lesiones, (2) Estudios quirúrgicos, (3) Estudios con imágenes funcionales, (4) Estudios con drogas psicotrópicas, (5) Estudios evolucionistas. Proximamente intentaré abordar cada uno de estos enfoques.

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¿Qué es una experiencia cumbre?

Martes 19 Agosto, 2008 · 9 comentarios

En varias entradas que realicé en el blog me he referido a la experiencia directa espiritual, la experiencia cumbre o peak o, cómo la llamó Jung, experiencia numinosa. Se trata de una experiencia que ha sido percibida por el ser humano desde tiempos inmemoriales y que contínuamente, aunque a veces en forma metafórica o con imaginería es nombrada en la mayoría (sino en todos) los escritos religiosos a lo largo de la historia. Sin embargo, fue científicamente estudiada y definida de manera sistemática, por vez primera, por el psicólogo humanista Abraham Maslow.

Se trata de una experiencia tan importante y transcendente no sólo para quien tiene el infinito privilegio de tenerla sino para el mundo todo, que intentaré dar una definición basándome en lo realizado por este notable psicólogo. Estoy convencido de que promover la realización de esta experiencia en la gente, en mi caso mediante su difusión para que cada uno encare un proceso de búsqueda y desarrolle algún tipo de trabajo interior, sea de la escuela que sea, puede ser la llave para que todo en este mundo mejore y podamos cada día más actuar en armonía con nuestras posibilidades humanas sin que por ello actuemos en desmedro del prójimo. Como decía Krishnamurti, creo fehacientemente que la verdadera revolución en este mundo es revolucionarse y es por eso que tanto hablo de este tipo de experiencias que a continuación trataré de definir y describir.

Abraham Maslow en su libro Religions, Values, and Peak Experiences (1964) definió como experiencia cumbre: “un estado de unidad con características místicas; una experiencia en la que el tiempo tiende a desvanecerse y el sentimiento que sobrecoge hace parecer que todas las necesidades se hallan colmadas”. Con esta definición quedan descriptos ciertos estados transpersonales y extaticos, caracterizados por la unificación, armonización e interconexión que percibe el experimentador quien se abre a la revelación de lo inefable del ser. Se trata de toda una categoría de experiencias místicas caracterizadas por la disolución de las fronteras personales y la sensación de ser uno con otras personas, con la naturaleza, con todo el universo y (tal vez) con Dios.

En sus escritos, Maslow critica duramente a la posición tradicional de la psiquiatría occidental, la que sostiene que estas experiencias son síntoma de la enfermedad mental. Maslow demostró sin lugar a dudas que las experiencias cumbre ocurren en personas normales y bien adaptadas. También observó que si se les permite completarse naturalmente es común que resulten en un mejor funcionamiento en el mundo y que conduzcan a lo que él llamó “la autorrealización”: una mayor capacidad para expresar el propio potencial creativo. El psiquiatra e investigador de la conciencia Walter Pahnke desarrolló una lista de las características básicas de una experiencia cumbre, basándose en el trabajo de Abraham Maslow. Utilizó el siguiente criterio para describir este estado de la mente:

  • Unidad (interna y externa)
  • Una fuerte emoción positiva
  • La trascendencia a las categorías espacio y tiempo
  • Sentido de lo sagrado (numinosidad)
  • Naturaleza paradójica
  • Objetividad y realidad de las percepciones obtenidas
  • Inefabilidad
  • Efectos posteriores positivos

Más recientemente y luego de estudiar las tradiciones de oriente, con especial énfasis en el budismo, Robert Gimello de la Universidad de Harvard, realizó una clasificación mas exhaustiva de las experiencias místicas.

  • La sensación de Unidad y consecuente disolución o pérdida del “ego”.
  • La pérdida del sentido del tiempo y del espacio.
  • La sensación de contacto con lo Sagrado o lo Numinoso, como aquello con lo que conecta el místico y se presenta como factor esencial persistente en el mundo religioso.
  • La sensación de objetividad y de realidad profunda. El místico fiable no es el psicótico que ha perdido contacto con la realidad. Al contrario, está dotado de un fuerte sentido de lo común que le permite ser testimonio de la realidad más profunda tanto como de la realidad más concreta y aparente.
  • La cualidad noética, o sensación de la intuición de verdades profundas al margen del intelecto discursivo. Es una sensación realista de inmediatez radical que va unida a la experiencia mística. Así ha sido vivida por místicos como Ignacio de Loyola, Bernardo de Claraval, Al-Gazzali, Ovidio, Rumi, Ibn Arabi, etc.
  • La superación del dualismo y de las contradicciones. Va más allá del principio de contradicción y del tercero excluido, llegando a la lógica transcendental de Hegel, o a la comprensión de la Tercera Fuerza de Gurdjieff, o a la coincidentia oppositorum de Nicolás de Cusa.
  • La pérdida del sentido de la causalidad.
  • Inefabilidad.
  • La sensación de profunda paz y alegría. Inmensa felicidad, coherencia y una armonía interna imperturbable. Pero lo que importa sobretodo es la perdurabilidad de un estado de conciencia superior a lo comúnmente vivido.
  • La percepción de Luz o Fuego. Es la experiencia literal de la iluminación. Lo describió Hildergard von Bingen, Teresa de Jesús, Jacob Böhme, Jacopone da Todi, etc.
  • Transitoriedad.
  • Cambio positivo de conducta. Es un criterio fundamental. Todas las grandes huellas de vida religiosa profunda llevan a los sujetos que los experimentan a un mundo interno más rico y una mejora de calidad en el mundo emocional.

Como esta lista y la anterior lo indican, un individuo que vive una experiencia cumbre tiene la sensación de sobreponerse a la fragmentación y división cuerpo/mente, y alcanza un estado de unidad y completud interna total que usualmente resulta muy curativo y benéfico. Trasciende también la distinción normal entre sujeto y objeto, y vive un estado extático de unión con la humanidad, la naturaleza, el cosmos y Dios. Está asociado a una fuerte alegría, felicidad, serenidad y paz.

Las personas que experimentan una conciencia mística de este tipo tienen la sensación de dejar la realidad ordinaria, en donde el espacio es tridimensional y el tiempo lineal para entrar en una zona mítica y sin tiempo donde ya no caben esas categorías. En este estado, la eternidad e infinitud pueden experimentarse en segundos del tiempo del reloj. Otra cualidad vivencial de la conciencia de la unidad es el sentido de numinosidad, un término que Carl Gustav Jung utilizaba para describir un profundo sentido de lo sagrado y lo santo que está asociado a ciertos procesos profundos de la psiquis.

La experiencia de lo numinoso nada tiene que ver con creencias religiosas previas o programas: es una percepción directa e inmediata de que se está ante algo que tiene una naturaleza divina y es totalmente diferente de nuestra percepción común del mundo de todos los días. Las descripciones de estas experiencias están llenas de afirmaciones paradojales que violan las reglas básicas de la lógica. Es posible referirse a un estado místico diciendo que es como estar vacío de contenidos pero contenerlo todo. Ya que no presenta nada concreto, nada parece faltar, porque contiene a toda la existencia en potencia.

La persona que lo describa hablará de una completa ausencia del ego y dirá que su sentido de identidad estaba tan infinitamente expandido que contenía al universo entero. Otros podrán decir que se sintieron absolutamente insignificantes, sobrecogidos y humildes por la experiencia, pero guardan la sensación de un logro de dimensiones cósmicas, porque se sienten en cierta forma una nada, se perciben como conmensurables con Dios.

Durante una experiencia mística tal vez se sienta que se accede al más alto conocimiento y sabiduría en cuestiones espirituales importantísimas. Por lo general esto no incluye información sobre el mundo material, aun que ciertos estados místicos han sido ocasionalmente una fuente de información válida que pudo utilizarse prácticamente. Es más usual tener una comprensión instantánea de la esencia de la existencia descrita por los Upanishads como “conocer Eso, el conocimiento que brinda el conocimiento de todo lo demás”. Este conocimiento de la verdadera naturaleza de la existencia se percibe en última instancia como mucho más real e importante que todas las teorías científicas o percepciones y conceptos de la vida cotidiana. La inefabilidad es un rasgo característico del estado místico.

Es en verdad imposible describir a otros la naturaleza de estas experiencias, su profundo significado y su importancia, en especial a quienes nunca las han tenido. Casi todos los que relatan su experiencia mística se lamentan de la total ineficacia de las palabras para contarla. Quienes han tenido es te tipo de vivencia a menudo dicen que el lenguaje poético, aunque imperfecto, es el mejor vehículo para transmitir estos estados. Los versos in mortales de los grandes poetas trascendentales de Oriente, como Omar Khayyam, Rumi, Kabir, Mirabai, y Kahlil Gibrán, así como Hildegard von Bingen, William Blake, Rainer Maria Rilke y tantos otros así lo atestiguan. Si se permite que estas experiencias sigan su curso, es probable que ejerzan una influencia profunda y duradera en el bienestar general de la persona, su escala de valores y sus estrategias de vida. Suelen producir una mejora de la salud emocional y física, una mayor apreciación de la vida y una acritud más amorosa, tolerante y honesta hacia los demás seres humanos. Son capaces de reducir drásticamente la agresividad, la intolerancia, los impulsos irracionales y las ambiciones poco realistas.

Hay ciertas situaciones en la vida que son especialmente capaces de producir una experiencia cumbre. En muchos casos, la disolución del ego se da cuando uno se ve sobrepasado por la percepción de algo exquisita mente bello. Esto suele ocurrir con la naturaleza: al bucear en jardines de coral, navegar en el océano o en una balsa por los rápidos de un río, acampar en el desierto, escalar montañas elevadas, andar en globo o practicar el aladeltismo. Varios astronautas han tenido experiencias de este tipo durante los vuelos a la luna y al orbitar la tierra. Otra fuente importante de experiencias cumbre la constituye el arte inspirado; en este caso, el arrobamiento místico puede ser experimentado tanto por el artista que crea o interpreta, como por el admirador sensible.

Muchas experiencias de conciencia de la unidad han sido inspiradas por el esplendor de monumentos como las pirámides egipcias, los templos hindúes, las catedrales góticas, las mezquitas musulmanas y el Taj Mahal; así como por música, pinturas o esculturas. El amor, el romance y el éxtasis erótico también disparan con frecuencia poderosas sensaciones de unidad con el todo. Lo mismo puede suceder cuando uno queda absorbido por la mirada de un bebe. Quizás resulte asombroso que las experiencias cumbres también se den en entrenamientos rigurosos y encuentros competitivos. Michael Murphy y Rhea White han brindado ejemplos sorprendentes de tales estados en su libro The Phychic Side of Sports.

Considerando que las experiencias cumbres son positivas y están llenas de posibilidades, puede resultar desconcertante que se conviertan en un motivo de crisis espiritual. La razón principal para tales complicaciones es que la cultura occidental en realidad no tiene una comprensión cabal de los estados alterados de conciencia. Como consecuencia, somos incapaces de reconocer el valor de estas experiencias, de aceptarlas y de contener a quienes las viven. Por eso es tan importante predicar a favor de semejante apertura.

La actitud que predomina en la psiquiatría tradicional y en el público en general es que cualquier desviación de la percepción y la comprensión común de la realidad es patológica. Nada más lejos de la verdad. Sin embargo, en estas circunstancias, un occidental promedio que atraviesa un estado místico tenderá a cuestionar su salud mental y a resistir lo que experimenta. Los parientes y amigos probablemente apoyarán tal actitud y sugerirán que se recurra a la ayuda psiquiátrica. Mucha gente en el medio de una experiencia cumbre ha sido enviada a un psiquiatra, que le diagnosticó una patología, interrumpió la experiencia con medicación supresiva y tranquilizantes y le adjudicó el rol de paciente psiquiátrico de por vida.

Digamos que tienes una experiencia de la luz interior, cegadora, extática, que hace estallar tu mente.
La experiencia es directa e inmediata, pero entonces sales de ella y quieres contárla a otro, o quizás simplemente quieres contártela a vos mismo. La forma en que interpretes esta experiencia determinará como la harás encajar en tu vida, como la compartirás con el mundo y como será tu futura relación con está luz que puede cambiar tu vida de manera total y definitiva.

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La experiencia de Jill Bolte Taylor

Sábado 26 Julio, 2008 · 2 comentarios

Hace unas semanas comenté la historia de Jill Bolte Taylor, la investigadora de Harvard que vivió una experiencia cumbre producto de la disrupción del funcionamiento normal de su cerebro debido a un aneurisma. Les dejo a continuación la presentanción realizada por ella en las TED (Technology Entertainment & Design) donde cuenta su fascinante experiencia con una elocuencia más que notable. Lamentablemente está en inglés.

Jill Bolte Taylor: My stroke of insight

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Ver el “Todo” en cada esto

Martes 22 Julio, 2008 · Deja un comentario

Tal como lo expresa Henri Bergson, la percepción son los sentidos menos algo: menos aquello que no nos interesa. La percepción es siempre la sensación filtrada por la memoria. “La sensación es esencialmente actualidad y presente; pero el recuerdo, que la sugiere desde el fondo del inconsciente de donde emerge a duras penas, se presenta con ese poder sui generis, de sugestión que es la marca de lo que no es, de lo que todavía querría ser… El recuerdo aparece en todo momento haciendo de doble de la percepción, naciendo con ella, desarrollándose al mismo tiempo y sobreviviéndola porque es de naturaleza distinta a ella” (Bergson, “Materia y Vida”, Ed. Atalaya, página 51).

Mi interpretación de esta idea me hace suponer que la función del cerebro, el sistema nervioso y los órganos sensoriales sería principalmente eliminativa, no productiva; reductora, no amplificadora. Pensar es categorizar, lo que supone olvidar el todo para recordar el símbolo, diría un observador de Funes en el pensar de Borges.

Cada persona, en cada momento, sería capaz de recordar cuanto le ha sucedido y de percibir cuanto está sucediendo en forma intacta. Sin embargo, la función del cerebro y del sistema nervioso sería protegernos, impedir que quedemos abrumados y confundidos, por la tremenda masa de conocimiento que es en gran parte inútil y sin importancia pero, dejando fuera la mayor parte de lo que de otro modo percibiríamos y admitiendo únicamente la muy reducida y especial selección que tiene probabilidades de sernos prácticamente inútil. De allí, surgiría el “ego”, la sensación de sí mismo.

Conforme a estas ideas, cada uno de nosotros sería potencialmente Inteligencia Libre. Pero, en la medida que somos animales, lo que nos importa es sobrevivir y para que la supervivencia biológica sea posible, esa Inteligencia Libre debería ser regulada mediante la válvula reductora que suponen el cerebro y el sistema nervioso, mediadores del “ego”.

Para formular y expresar el contenido de este reducido conocimiento, el hombre ha inventado esos sistemas de símbolos y Filosofía implícitas que denominamos lenguajes. Cada individuo se convierte, enseguida en el beneficiario y la víctima de la tradición lingüística en la que ha nacido:

  • El “beneficiario” puesto que el lenguaje nos procura el acceso a las acumuladas constancias de la experiencia ajena;
  • La “víctima” puesto que ello nos confirma la supuesta creencia de que ese reducido conocimiento es el único conocimiento y nos deja hechizado su sentido de la realidad en forma que cada cual se inclina demasiado a tomar sus conceptos por datos y sus palabras por cosas reales.

Este mundo, nuestro mundo, sería el universo del conocimiento reducido, expresado y, por decirlo así, petrificado por el lenguaje. Los diversos otros mundos con los que los seres humanos entran de modo errático en contacto, serían otros tantos elementos de la totalidad del conocimiento pertenecientes a la Inteligencia Libre a la que me referí.

La mayoría de las personas solo llegamos a conocer, la mayor parte del tiempo, lo que pasa por esa estrecha rendija reductora que consagra lo limitadamente percibido como genuinamente real por el lenguaje adquirido.

Sin embargo, ciertas personas parecen nacidas con una especie de abertura adicional que permite trampear a la rendija reductora. Pienso en todo esto pues días atrás vi un documental en el discovery channel y que reproduzco a continuación, sobre los savants. Se trata de personas con serias incapacidades mentales, innatas o adquiridas por enfermedad u accidente pero que acaban desarrollando misteriosamente una increíble habilidad intelectual que sobresale superlativamente.

Parte1: http://www.youtube.com/watch?v=EeeOAadTEZg
Parte2: http://www.youtube.com/watch?v=xcnaaQhOMyk
Parte 3: http://www.youtube.com/watch?v=gsDpaREOn5c
Parte 4: http://www.youtube.com/watch?v=1pIbs4lW6_o

Las habilidades más usuales de los Savant se centran en 4 categorías principales:

  • (i) Arte: facilidad innata de tocar instrumentos músicales, pintar y realizar esculturas.
  • (ii) Cálculo de fechas: Algunos savant pueden memorizar calendarios enteros, y recordar datos referentes a cada uno de esos días. Hubo un caso en el que unos hermanos gemelos (ambos autistas), eran capaces de calcular fechas 40000 años hacia atrás y hacia delante en el tiempo.
  • (iii) Cálculo Matemático: Capacidad para la realización de complejísimos cálculos matemáticos de forma instantánea y con gran precisión, como por ejemplo el cálculo de números primos o el realizar divisiones con 100 decimales.
  • (iv) Habilidades Mecánicas y Espaciales: Capacidad para medir distancias exactas sin la ayuda de instrumentos, construcción de detalladas maquetas, memorización de mapas y direcciones, etc.
  • (v) Otras habilidades: más inusuales pueden ser la facilidad para el aprendizaje de múltiples idiomas, fuerte agudización de los sentidos, perfecta apreciación del paso del tiempo sin necesidad de relojes, etc…

Casos como el de Kim Peek ,que inspiró el personaje de Dustin Hoffman en la película “Rain Man“, desafían lo imaginable. Él es capaz de leer extraordinariamente rápido, leyendo simultáneamente las dos hojas de un libro con cada uno de sus respectivos ojos. Kim recuerda el 98% de los 12.000 libros que ha leído, lee dos páginas en 8 segundos (usa cada ojo para leer una página distinta) y apenas tarda 1 hora en memorizar un libro, reteniendo de un modo preciso e instantáneo información sobre datos históricos, geografía, literatura o cualquier tema. Kim es además un “gps” humano: Con todos los mapas de EEUU en su cabeza, puede decir exactamente cómo llegar de una ciudad a otra, girando exactamente en tal o cual calle. En definitiva, una enciclopedia humana.

Las personas pueden adquirir transitoriamente un poder de percepción también notable, sea espontáneamente, sea como resultado de deliberados “ejercicios espirituales“, sea por la hipnosis o las drogas psicodélicas o por lo que hoy se empieza a conocer como estimulación magnética transcraneal. Estoy convencido de que en virtud de esa abertura auxiliar permanente o transitoria, se traspasan los límites del espejo, más allá del ego y el lenguaje, y se discurre por una percepción de “cuanto sucede” que no suprime ni excluye el contenido total que se es capaz de captar. ¿Serán los savants una prueba de ello?

Liberada la persona del mundo de los sí mismos, del tiempo, de los juicios morales y las consideraciones utilitarias, de la auto-afirmación de sí mismo, de la presunción, de las palabras excesivamente valoradas y de las nociones adoradas idolátricamente hay un conocimiento que los místicos de todas las tradiciones espirituales han intuido. En la fase final de la desaparición del ego hay un “conocimiento oculto” de que Todo está en todo, de que Todo es realmente cada cosa.

Para decirlo menos poéticamente: la experiencia humana está determinada tanto por la naturaleza de la mente y la estructura de sus sentidos como por los objetos externos cuya presencia la mente revela. Los hombres se creen víctimas de su experiencia porque se separan a “sí mismos” de sus mentes, pensando que la naturaleza del compuesto mente-cuerpo es algo que involuntariamente “ellos” han recibido desde fuera. Nuestro problema surge del hecho de que el poder del pensamiento nos permite construir símbolos de cosas separados de las cosas mismas. Así, podemos hacer un símbolo, una idea de nosotros mismos aparte de nosotros mismos. Como la idea es mucho más comprensible que la realidad, y el símbolo mucho más estable que el hecho, aprendemos a identificarnos con nuestra idea de nosotros mismos. De aquí nace el sentimiento subjetivo de un “yo” que “tiene” una mente, de un sujeto interiormente aislado a quien le ocurren involuntariamente las experiencias. Emerge la rendija reductora simbolizada en eso que llamamos ego.

Sin embargo, ese “yo” no es más que una idea, útil y legítima si se la toma por lo que es, pero desastrosa si se la identifica con nuestra naturaleza real. Cuando ya no nos identificamos con la idea de nosotros mismos, toda la relación entre el sujeto y el objeto, el cognoscente y lo conocido, sufre un cambio repentino y revolucionario. Se convierte en una relación real, una reciprocidad en la que el sujeto crea al objeto tanto como el objeto crea al sujeto. El cognoscente ya no se siente existiendo aparte de la experiencia. La fronteras de hacen porosas haciendo que toda pretensión de
“sacar” algo de la vida, o de la experiencia, se vuelva absurda. Para decirlo de otra manera, resulta claro que en el hecho concreto no tengo otro yo que la totalidad de las cosas de que soy consciente.

La sensación de aislamiento subjetivo se debe también a que no vemos la relatividad de los sucesos voluntarios e involuntarios. Esta relatividad se percibe fácilmente observando el propio aliento, pues con un pequeño cambio del punto de vista es tan fácil sentir que “yo respiro” como que “me respira”. Tenemos la impresión de que nuestros actos son voluntarios cuando vienen después de una decisión, e involuntarios cuando ocurren sin decisión. Pero si la decisión misma fuera voluntaria, cada decisión debería ser precedida de una decisión de decidirse, en una regresión infinita que afortunadamente y gracias a ese filtro reductor que opera en la conciencia, no ocurre. No obstante, somos libres de decidir porque la decisión “ocurre”. Decidimos sin tener la más mínima idea de cómo lo hacemos. En realidad, la decisión no es ni voluntaria ni involuntaria. “Tener la sensación” de esta relatividad es sufrir otra extraordinaria transformación de nuestra experiencia en conjunto, lo cual puede describirse de dos maneras. Tengo la sensación de que estoy decidiendo todo cuanto ocurre, o, por el contrario, siento que todo, inclusive mis decisiones, ocurre espontáneamente.

Parecería, pues, que liberarse de la distinción subjetiva entre “yo” y “mi experiencia”, al comprobar que mi idea de mí mismo no es mí mismo, es descubrir la relación real que existe entre mí mismo y el mundo “exterior”. Sería como descubrir la totalidad en cada parte, el todo en cada esto. El individuo, por una parte, y el mundo, por otra, no son más que los límites o términos abstractos de una realidad concreta que está “entre” ellos, como la moneda concreta está “entre” las abstractas superficies de sus dos lados.

Al identificarse con la idea de sí mismo el hombre adquiere un precario y espacioso sentimiento de permanencia. En efecto, esta idea es algo relativamente fijo; se basa en una serie cuidadosamente elegida de recuerdos de su pasado, recuerdos que han conservado y fijado el carácter. La convención social estimula la fijeza de la idea porque la utilidad misma de los símbolos depende de su estabilidad. Por tanto la convención lo alienta a asociar su idea de sí mismo con papeles simbólicos y estereotipados, igualmente abstractos, puesto que así podrá formarse una idea de sí mismo bien definida e inteligible. Pero en la medida en que se identifica con la idea fija, se da cuenta de que la “vida” es algo que corre a su lado y lo deja atrás, cada vez más rápido a medida que se hace más viejo, a medida que su idea se hace más rígida, más cargada de recuerdos. Mientras más trata de apresar el mundo, más lo siente como un proceso en movimiento.

Basado en textos de Henri Bergson, Materia y Vida, Editorial Atalaya, España; Aldous Huxley, Las puertas de la percepción, Cielo e infierno. Barcelona, 1997 y Alan Watts, El Camino del Zen.

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Categorías: Conciencia Integral · Espiritualidad · Jean Gebser · complejidad
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Neurociencia de la espiritualidad

Jueves 10 Julio, 2008 · 2 comentarios

Los últimos años se han ofrecido desde el campo de las neurociencias distintas explicaciones de las experiencias religiosas. Algunos neurocientíficos explican las experiencias de la conexión espiritual como consecuencia de anomalías o fallos mentales del cerebro o las explican en términos de crisis existenciales. No obstante, la corriente principal de las ciencias cognitivas comienza a comprender que estas experiencias se tratan de algo más que una mera disfunción.

Hay preguntas básicas para las que todavía no se ha encontrado una respuesta definitiva ¿Puede contribuir la neurociencia a explicar las características propias de las experiencias místicas? ¿En qué medida son las experiencias religiosas un producto de la actividad neural? ¿En qué manera y hasta qué punto puede explicar neurociencia el complejo mundo de la experiencia espiritual?

La tesis reciente de Anne Runehov, de la Universidad de Upsala (Suecia), que lleva el título Neuroscientific Explanations of Religious Experience: A Philosophical Evaluation va en busca de las explicaciones neurocientíficas de la experiencia mística.

La tesis de Runehov, con definiciones claras y argumentos precisos y detallados, es una contribución significativa al campo naciente de los estudios que relacionan las neurociencias con la espiritualidad. Runehov se basa en los estudios de los científicos “neuro-espiritualesPersinger y Newberg & d’Aquili. Para ello hace una investigación filosófica crítica de sus trabajos.

La tesis que mantiene Runehov es que las neurociencias sólo hasta cierto punto, y dentro de una metodología restringida, explica las experiencias místicas. Así mismo, amplia el estudio de las experiencias religiosas de autores incluyendo nuevas explicaciones, no meramente neurocientíficas, con estudios sociológicos, teológicos, de filosofía de la religión, éticos y psicológicos.

Un interesante trabajo para aquel que tenga interés en profundizar sobre la temática.

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La experiencia espiritual parece responder a patrones neuronales

Viernes 27 Junio, 2008 · 2 comentarios

La religión parece responder a patrones neuronales

En principio hubiera podido suponerse desde el principio que, si el comportamiento humano responde siempre a patrones neuronales, también el comportamiento religioso debiera tener sus estructuras neurales propias. Lo que hubiera podido ser una expectativa científica ha sido hoy comprobado en los estudios de neurología empírica.

Cuando el hombre piensa en lo filosófico, en lo metafísico, en lo religioso y se ve embarcado en emociones que lo conectan místicamente con la Unidad del Universo, se activan en su cerebro ciertas áreas y estructuras que recibidos por herencia de la especie. Estas funciones han sido construidas poco a poco desde la evolución del hombre primitivo y pueden estar activadas o inhibidas en el hombre actual: pero están siempre ahí y pueden dispararse en cualquier momento activadas por las circusntancias de la vida.

¿Responden estas estructuras neurales a la verdad? ¿Muestran que efectivamente Dios existe?
Evidentemente que no. Podrían ser un error programado por necesidad adaptativa. Pero también podrían responder a la realidad mistérica y trascendente de un Dios realmente existente. En todo caso, lo que estos hechos neurológicos, e incluso genéticos, muestran, es que lo religioso ha sido y sigue siendo un importante factor que inevitablemente se plantea siempre en la vida, acabando por aflorar, y obligándonos a tomar ante el una decisión personal.

El gen de Dios de Dean Hamer

El profesor Dean Hamer es director de la Unidad de Regulación de la estructura genética en el National Cancer Institute de Bethseda. Según Hamer, la espiritualidad responde a un mecanismo biológico, comparable al mecanismo que rige el canto de los pájaros, aunque más complejo.

Existe una predisposición genética a la autotranscendencia, a través de una proteína llamada VMAT2, que está involucrada en la rotura, a través del MAO (monoamino oxidasa: enzima que rompe las monoaminas después de su liberación sináptica) y en el transporte de monoaminas vesiculares. Éstas son neurotransmisores que contribuyen a la sensibilidad emocional.

De esta manera influye en las capacidades cognitivas con diversos tipos de tipos de conciencia que constituyen la base de las experiencias espirituales. Según Hamer la VMAT2 está relacionada, primero, con el olvido se si mismo y por tanto de la transcendencia del espacio-tiempo; segundo, con la identificación transpersonal y tercero con el misticismo o el sentido de lo sagrado y la captación de realidades inefables.

Algunos teólogos como John Polkinghome, rechazan la tesis de Hamer aludiendo un reduccionismo genético darwinista que va “en contra de mis convicciones teológicas personales” según testimonió públicamente. Pienso que Polkinghome cae en la trampa de la que habla Sam Harris, ya que ha de ser el método científico el que ofrezca respuesta interpretativa a la actividad cerebral que permite las experiencias místicas.

Hamer también alude a la experiencia personal y al influjo cultural para la experiencia mística. Esto lo corrobora un estudio del McGovern Institute for Brain Research del Massachussets Institute of Technology (MIT) que ha realizado un equipo de investigadores de la Stony Brook University de NY, del MIT y de la Standford University de California. En pocas palabras, el nivel de identificación que tenemos con la cultura que hemos vivido no sólo condiciona nuestros pensamientos, sino que también rige los patrones de actividad neuronal.

Los experimentos realizados con personas de ámbitos culturales opuestos (occidental americano versus extremo oriental) han determinado que la construcción social de la realidad que compartimos de forma memética (injertada y ajena a nuestra realidad) a lo largo de nuestra vida produce la actividad de nuestro cerebro. Los occidentales, por ejemplo no estamos tan acostumbrados a las actividades interdependientes como los orientales, y los orientales no tienen tan desarrollado su capacidad de actuar autónomamente, con independencia y libertad.

La exploración realizada a través de fRMI en sujetos experimentados con tareas visuoespaciales registró actividad en las regiones frontal y parietal del cerebro, zonas directamente asociadas al control de la atención. Dicha actividad era mayor durante la emisión de juicios no-preferidos culturalmente que durante la emisión de juicios preferidos culturalmente.

De esta forma se ha llegando a la conclusión de que cuanto más identificado está uno con su recorte psicológico del inconsciente colectivo, mayor es la dificultad de salirse de dicho recorte. Es un fenómeno que viene asociado a la supervivencia, en cuanto que la cultura propia, en el medio inmediato que le envuelve, lo identifica como persona y le permite reforzarse para sobrevivir en un medio hostil.

Pero, como señala Francisco J. Rubia, de la Universidad Complutense de Madrid, si la cultura es un subproducto del cerebro, y estamos de acuerdo en que el cerebro está hecho para la supervivencia, y si el cerebro genera un “yo social” para sobrevivir, entonces, ¿cómo sobrevive el individuo si lo despojas de este “yo”?

Los operadores cognitivos de Andrew Newberg y Eugene D’Aquili

En su libro Why God won’t go away. Brain Sciene and Biology of Belief, Newberg y D’Aquili, de la Universidad de Pennsylvania, señalaban en primer lugar una zona cerebral (sección posterior del lóbulo parietal) a la que nombran “Área de Orientación y Asociación” (OAA), fundamental en la orientación física del espacio, en la consideración de ángulos y distancias; siendo de suma importancia en su desarrollo para los pilotos de aviones y aeroplanos.

¿Qué ocurre si el OAA no recibe información para activarse? Si no hay información que fluya a través de los sentidos, el Área de Orientación y Asociación no es capaz de encontrar fronteras. Entonces, ¿dónde se encuentra el límite físico del Self y del mundo exterior? No existe. En ese caso el cerebro no tiene otra opción que percibir que el “yo” es interminable e íntimamente ligado a todo de forma inevitable.

Es cierto que pueden existir lesiones en el OAA que provoquen esta experiencia. Pero, ¿qué ocurre cuando es una experiencia autoinducida por uno mismo a través de un serio trabajo de largos años de meditación? O quizá provenientes de muchas horas de oración, como aparecería en los datos del estudio realizado por Newberg y D’Aquili. Estas experiencias serían las que podrían llamarse de identificación transpersonal, según la escala de Hamer.

Newberg y D’Aquili consideran que existen cuatro áreas de asociación que manifiestan un protagonismo especial en las experiencias religiosas profundas:

  • Área de Asociación Visual
  • Área de Orientación y Asociación
  • Área de Atención y Asociación
  • Área Verbal-Conceptual de Asociación, o “TPO junction” porque se situa en el punto de contacto de los lóbulos Temporal, Parietal y Occipital./li

De hecho, el lóbulo temporal merece mucha atención en estudios de estados mentales singulares relacionados con la mística y los estados alterados de la conciencia (ASC). Tal como lo planteó Michael Persinger, la amígdala y el hipocampo están asociados con el sentido del “yo” en relación con el espacio-tiempo y sus límites, de acuerdo con su memoria y sus afecciones primarias.

Persinger también postula la existencia en el lóbulo temporal de patrones de descarga transitorios de las células nerviosas que provocan el fenómeno de “kindling”. También postula que la inestabilidad de esta excitación puede provocar experiencias alucinatorias, como la impresión de estar fuera del cuerpo o sensaciones vestibulares, o auditivas (la escucha de Dios, o la hipótesis del genio maligno de Descartes), sea el paciente creyente o agnóstico. Sus interpretaciones vendrán configuradas por el contexto cultural en que está envuelto el individuo o paciente en que esto sucede.

También Newberg y D’Aquili llegan a decir que la mente es “mística por defecto” en el sentido de que se obtienen experiencias religiosas combinando el sistema vegetativo, el límbico y las funciones analíticas del cerebro. El sistema vegetativo combina la acción vegetativa-sinpática (fundamentalmente desveladora) con la parasimpática (relajadora o quiescente). Eso ofrece estados de “hiperquiescencia” o quietud, “hiperdespertar”; o gran activación “hiperquiescente” con irrupción de despertar; o “hiperdespertar” con irrupción de quiescencia. Y todo esto se complementa con los estados emocionales dependientes del sistema límbico (concretamente con la amígdala e hipocampo) muy relacionados con la memoria.

Operadores cognitivos

También ha hecho referencia a que existen estructuras neurales que, actuando simultáneamente proceden como algoritmos para ordenar la percepción de la realidad y se activan especialmente en la generación de experiencias místicas. Se denominan “operadores cognitivos” y son las siguientes:

1. Operador holístico: permite ver el mundo como una totalidad. Es posible que esta capacidad mental nazca de la actividad parietal del hemisferio derecho. Un ejemplo sería ver el reloj de agujas.

2. Operador reduccionista: Responde primariamente a la actividad del hemisferio izquierdo. Representa la antítesis de la función holística. Permite dividir el conjunto en partes. Representa la capacidad analítica. Un ejemplo sería ver las agujas del reloj.

3. Operador abstractor: Es el taxonomista mental. Probablemente activado desde el lóbulo parietal del hemisferio izquierdo. Permite la formación de conceptos a partir de la observación de las partes individualizadas. La abstracción para formar conceptos es la base de la generación de la cultura de las ideas.

4. Operador cuantitativo: Es la mente calculadora. Cuantifica el mundo real y también calcula los elementos de supervivencia (distancias, número de elementos, etc.).

5. Operador binario: Esto contra aquello. Capacidad de organizar el mundo físico y sus relaciones. Facultad de elaboración de opiniones y similitudes entre las piezas de la realidad. Está relacionado con la parte inferior del lóbulo parietal, ya que las lesiones en dicha zona impiden realizar estas funciones.

6. Operador existencial: Función de la mente que ofrece la sensación de vivir, de existir o de realidad a través de la información procesada por el cerebro. Nos informa de que lo percibido es real. Probablemente relacionado con el sistema límbico, que nos capacita para asumir emocionalmente la realidad.

7. Operador de valor emocional: El sentimiento consecuente. Asigna los valores emocionales a cada elemento de la percepción y del conocimiento. Este operador preside también nuestro mundo intencional.

Imperativos cognitivos

La actuación de todos estos operadores genera lo que denominan “Imperativos cognitivos”. En éstos se encuentran los significados de los mitos y la simbólica metafísica tan importantes para todas las culturas. Son básicos para la interpretación de la realidad y los problemas metafísicos de sentido que esta realidad suscita. De esta manera minimizamos la ansiedad que genera nuestra existencia y la convivencia en un mundo incógnito.

Los mitos, traducidos en doctrinas y prácticas rituales, constituyen arquitecturas mentales imprescindibles sin las cuales no es posible vivir para la mayoría de los humanos. Este fundamento es el que permite que la creación del mito o mito-cultura sea un producto de la mente humana orientada al propósito de la supervivencia del individuo y del colectivo humano.

La congruencia entre el mito y la supervivencia del “yo” se fundamenta en la estructura de la actividad cerebral. Los operadores causal y binario son los que intervienen en el origen de la interpretación de los orígenes de los fenómenos, de las responsabilidades y en la delimitación de los contrarios, cosa que permite poner orden en la ambigüedad de muchos datos de la realidad.

Para que sobreviva la experiencia cognitiva que produce el mito ha de sobrevivir también la transmisión por vía cultural; y esto se hace en forma narrativa, representacional (generador del mundo simbólico) y vivencial (el rito y la normativa socio-cultural). Los lóbulos frontales serían entonces los que capacitarían a los humanos para la creación de una realidad simbólica que sustentaría el equilibrio de la mente y de la conducta adaptativa al medio.

Newberg y D’Aquili, descubrieron que, cuando se alcanza un estado de meditación profunda, las regiones del cerebro que regulan la construcción de la propia identidad se desactivan. De este modo el practicante de meditación pierde el sentido del propio yo individual, produciéndose un estado de “paradoxicalidad”: no existen límites entre él mismo y todo lo demás; supera las dualidades y se integra en una totalidad única transcendente.

Eso se traduce en una caída de la actividad del área de orientación del lóbulo parietal (que procesa toda la información sobre el espacio y la ubicación del cuerpo físico en él) y en un aumento de la actividad de la región prefrontal dorsolateral de manera inusual. Las imágenes fueron obtenidas a través de tomografía computerizada por emisión de un solo fotón (SPECT).

Artículo realizado por Óscar Castro García, de la Universidad Autónoma de Barcelona, Cátedra CTR y publicado en Tendencias 21

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Experiencias místicas inducidas: Neurociencias al servicio de la humanidad

Lunes 2 Junio, 2008 · 10 comentarios

Las neurociencias aplicadas estudia la estructura y la función química, farmacología, y patología del sistema nervioso y de cómo los diferentes elementos del sistema nervioso interactúan y dan origen a la conducta. Para ello utilizan tecnologías y conocimientos sobre el cerebro para resolver problemas prácticos.

Desde esta disciplina, se han descubierto patrones electromagnéticos de la actividad cerebral que se activan mediante ciertas prácticas como la meditación, o por otros métodos, como la inducción de impulsos electromagnéticos al cerebro, las sustancias psicodélicas e, incluso, la modificación genética.

Así pues, desde las neurociencias, es posible investigar si es posible integrar de manera artificial las experiencias religiosas en nuestras vidas.
La revista Slate comenta en dos artículos recientes acerca de investigaciones que se desarrollan con el fin de comprender la base neurológica e inducir la experiencia religiosa. Según las investigaciones, algunas experiencias místicas asociarse a determinados patrones del comportamiento electromagnético de nuestras propias neuronas.

El cerebro (izda) y en estado de meditación. Andrew Newberg.Dichos patrones pueden propiciarse con cierto tipo de actividades (como los impulsos electromagnéticos o el consumo de determinadas sustancias), de lo que se infiere que la espiritualidad podría no ser un hecho consciente trascendente, sino inmanente al cerebro, y que por lo tanto puede propiciarse, tal vez, cuando lo deseemos.

En el primero de los artículos, titulado “How to wire your brain for religious ecstasy” John Horgan nos habla de la “God machine”, un dispositivo del que se hizo eco en 2004 la revista Nature y que, desarrollado por el neurocientífico Michael Persinger, parece capaz de inducir experiencias místicas en sus usuarios, gracias a unos solenoides que, colocados en la parte exterior del cráneo, estimulan en el cerebro determinados pulsos electromagnéticos.

Persinger es uno de los estudiosos del campo que hoy comienzan a llamar como la neuroteología (que aspira a explicar el fenómeno religioso desde los presupuestos de la neurociencia), rama de la ciencia que va calando con profundidad en la sociedad por sus curiosos métodos para la inducción de experiencias religiosas.

Estas experiencias cumbre, como las llamó Abraham Maslow, se han vivenciado desde tiempos inmemoriales, sin necesidad de artificios, gracias a determinadas actividades como la meditación, el yoga o la oración, con las que el cerebro parece ser capaz de desarrollar patrones de comportamiento electromagnético que producen las mismas sensaciones que el aparato mencionado.

La “God machine” no ha sido el único intento de reproducir en laboratorio, de manera artificial, este tipo de sensaciones. Ya en 1950, el neurocirujano canadiense Wilder Penfield, al preparar a pacientes epilépticos para una cirugía, los estimulaba exponiendo sus cerebros al efecto de electrodos. Como resultado algunos de ellos comenzaron a oír voces y música e incluso a percibir apariciones como respuesta a la estimulación en la región cerebral conocida como lóbulo temporal.

Más recientemente, ha habido otros intentos de provocar las experiencias religiosas, como el llevado a cabo por otro neurocientífico, Todd Murphy, que realizó una versión de la God machine llamada Shakti (término hindú de la divinidad).

El genetista Dean Hamer, del National Cancer Institutes de Estados Unidos, dio cuenta de la existencia de un gen asociado con la auto-trascendencia o la espiritualidad, y Rick Strassman, un psiquiatra de la universidad de Nuevo México sugirió que, si dichos genes están vinculados a una sustancia, la dimeltitriptamina, único psicodélico que se sepa produce de manera natural nuestro cerebro, se podría modificar artificialmente la genética para modular nuestros niveles de religiosidad.

En su libro The Spirit Molecule, Strassman presenta evidencias de que esta sustancia puede producir visiones místicas, alucinaciones psicóticas e incluso de abducciones de extraterrestres; así como experiencias cercanas a la muerte. Por eso, Strassman señala que nuestra capacidad mística natural puede ser aumentada modificando los genes que producen la dimeltitriptamina.

Cerebro-Espíritu

Otros intentos los han protagonizado las sustancias psicodélicas como el LSD o el psilocybin, agente activo de los llamados “hongos mágicos” y del que hablamos en otro artículo de Tendencias21. En este artículo se explica que esta sustancia podía inducir experiencias místicas y espirituales idénticas a las descritas por personas que han tenido vivencias de este tipo a lo largo de los siglos, según se desprendía de los resultados de experimentos desarrollados en la universidad estadounidense John Hopkins.

¿Pero qué sucede en el cerebro cuando éste se ve sometido a tales estímulos? Tal y como comenta el segundo artículo de Slate, el científico Andrew Newberg de la Universidad de Pennsylvania estudió los cerebros de monjes franciscanos y budistas dedicados a la meditación descubriendo que en ellos había una mayor actividad en el lóbulo frontal (asociado con la concentración y la atención), mientras que el lóbulo parietal, vinculado con la información sensorial, tenía escasa actividad en estas personas.

La actividad se intensifica en la parte frontal del cerebro cuando se desarrolla la concentración propia de la meditación o de la oración. Al mismo tiempo, se reveló un descenso de la actividad en la región de los lóbulos parietales, que es la que desempeña la función fundamental para ubicarnos en el espacio y la que permite al yo distinguirse de los demás.

Potencialidad

El descenso de la actividad en los lóbulos parietales origina percepciones espaciales anormales y la pérdida del sentido habitual de uno mismo que se tiene en estado de vigilia. Es en ese momento cuando se posibilita la así llamada experiencia mística, que es la que permite a un sujeto trascender su identidad individual e identificarse con la totalidad que se supone sustenta al universo físico conocido.

Por otro lado, investigaciones realizadas por Richard Davidson, de la Universidad de Wisconsin, con monjes tibetanos demostraron también que los patrones de electroencefalogramas de estas personas presentaban mayores niveles de ondas gamma durante periodos de meditación, e incluso después de éstos.

Una técnica que parece prometedora para inducir tales experiencias místicas es el neurofeedback (también llamado EEG biofeedback). Se trata de una técnica terapéutica que consiste en informar al paciente de su propia actividad eléctrica cerebral (electroencefalograma – EEG) para que éste intente regularla de forma voluntaria en la dirección indicada por el terapeuta. El neurofeedback está logrando buenos resultados en el tratamiento del trastorno por déficit de atención e hiperactividad. Tras múltiples sesiones de entrenamiento, el paciente hiperactivo aprende tanto a reducir el anómalo exceso de ritmos cerebrales lentos, como a incrementar su déficit en actividad rítmica cerebral de rápida frecuencia, lo cual revierte en una reducción de los síntomas comparable a la que produce la medicación con psicoestimulantes.

Otras aplicaciones del neurofeedback se dirigen a potenciar el rendimiento en el deporte, la música, la danza o la meditación, a través de un entrenamiento que permite al individuo controlar sus ritmos cerebrales relacionados con funciones cognitivas de concentración, atención y memoria.

En el campo de la neuroestimulación, el fisiólogo malagueño José Rodríguez Delgado inventó el “estimociver”, un dispositivo que permite la estimulación cerebral por control remoto con objeto de mejorar determinadas conductas, como la agresividad. Más recientemente se ha desarrollado la estimulación magnética transcraneal repetitiva (rTMS), que es una técnica que no requiere la implantación de electrodos dentro del cráneo para estimular el cerebro. La rTMS consiste en la aplicación sobre la superficie del cráneo de una serie repetitiva de pulsos magnéticos que alcanzan una estructura cerebral específica, dando lugar a cambios duraderos en su funcionamiento neuronal.

Todas estas investigaciones han puesto de relieve que existiría por tanto un patrón de comportamiento cerebral en el caso de las experiencias espirituales y que pueden ser inducidas por estímulos externos retroalimentados. La cuestión sería la siguiente: si se conocen métodos artificiales para provocar esas mismas experiencias religiosas y se sabe el efecto de dichos métodos en el cerebro, ¿podremos algún día integrar de manera artificial dichas experiencias en nuestras vidas? Según John Horgan, los neuroteólogos podrían encontrar pronto una tecnología definitiva que nos permita desarrollar la sensación de trascendencia o de espiritualidad de manera permanente y sin efectos secundarios.

Les dejo con un excelente video de Redes (de Eduard Punset) (en 3 partes) sobre el tema.

Fuente: Artículo de Yaiza Martínez,http://www.tendencias21.net/

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Otras experiencias cumbre, ahora en el espacio exterior: el sentimiento cósmico de los astronautas

Martes 27 Mayo, 2008 · 2 comentarios

Muchos astronautas, en repetidas ocasiones, al surcar los vastos espacios interplanetarios, han dado cuenta de una experiencia extraordinaria. Se trata de una euforia inexplicable, de una “conexión cósmica” o de una mayor sensibilidad a su lugar en el Universo. La experiencia suena como de un plano superior, o de un estado iluminado. Pareciera que, sin quererlo, los astronautas son capaces de alcanzar un estado mental similar al de los monjes budistas con la meditación, alcanzando lo que Maslow denominó como experiencia cumbre y que otras corrientes filosóficas, espirituales o religiosas han denominado como samadhi, satori, shine, atención alerta, alertidad, presencia, gracia divina, estados no ordinarios de conciencia, entre tantas otras denominaciones. Se trata de una conexioón con un estado interno caracterizado (si eso es posible) por la sensación de atemporalidad, euforia, relajación, sensaciones extraordinarias, únicas e irremplazables, y se percibe una sensación de felicidad profunda que se siente como el motor de la vida. La mente se aquieta, se hace posible el percibir que nuestra verdadera naturaleza está despierta e integrada al campo en donde todos los fenómenos se generan y son sostenidos.

¿Qué estará ocurriendo cuando el cuerpo humano se sumerje en el espacio? ¿La gravedad Cero crea nuevas conexiones en el cerebro? ¿O es una respuesta humana natural a la inmensidad del vasto espacio y la confirmación de lo pequeños que somos en comparación? Hace poco les mostré un video del fallecido Carl Sagan que nos ponía a todos en esa perspectiva.

Una cosa es cierta, parece que cuando los astronautas vuelven a la “tierra firme“, han cambiado profundamente… Algo les sucede…

Russell SchweickartEl 6 de marzo de 1969, Russell “Rusty” Schweickart experimentó una sensación de que el universo entero estaba profundamente conectado. A mi entender se fundió con la totalidad y alcanzó una experiencia integral en donde la conciencia egotista es trascendida. En ese momento, fue aplazada una caminata espacial fuera del Módulo Lunar de su Apollo 9, para realizar pruebas de próximos desembarques en la Luna.

Explicó diciendo: “Cuando llevas girando alrededor de la Tierra durante una hora y media, comienzas a reconocer que te identificas con todo lo que ves. Esto produce un cambio… surge a través de ti, tan poderosamente, que te sientes como un elemento sensor de la humanidad”.

Edgar MitchellDos años más tarde otro piloto, Edgar Mitchell, astronauta del Apolo 14 (en una grabación conjunta con Alan Shepard, en una larga caminata de 9 horas y 17 minutos) que había tenido un “Efecto de Visión Global“. Describió la sensación como de un profundo sentido de interconexión, con un sentimiento de gozo y atemporalidad. Se sintió abrumado por la experiencia. Se hizo profundamente consciente de que todos y cada uno de los átomos del Universo estaban conectados de alguna manera, y al ver la Tierra desde el espacio tuvo la comprensión de que todos los seres humanos, animales y sistemas son una parte de la misma cosa, un todo sinérgico. Era una euforia de interconexión.

Edgar MitchellVarios años despuesta de su trascedente experiencia como sexto ser humano en caminar sobre la luna, Edgar Mitchell, se convirtió en uno de los fundadores del Instituto de Ciencias Noéticas (IONS) y jugó un papel significativo en el apoyo de la investigación científica de la consciencia. La visión que le ofreciera la Tierra desde el espacio le despertó profundas nuevas percepciones (insights) respecto a la naturaleza creativa de la consciencia en el universo, llegando a decir que: “ En un momento me di cuenta de que este universo era inteligente. Que va en una dirección y que nosotros tenemos que ver con la misma. Y que el espíritu creativo, la intención creativa que ha conformado la historia de este planeta, proviene de dentro de nosotros, y está ahí afuera – es todo lo mismo… La consciencia en sí es lo fundamental y la energía-materia es producto de la consciencia… si cambiamos la idea que tenemos en nuestra cabeza acerca de quienes somos – y podemos vernos como creativos seres eternos creando la experiencia física, unidos en ese nivel de existencia que llamamos consciencia-entonces empezamos a ver y crear de otra manera este mundo en el que vivimos.

Las experiencias de Schweickart y Mitchell no son anomalías aisladas, muchos otros astronautas desde la década de 1970 han informado del ‘Efecto Visión Global‘. Andy Newberg, un médico neurocientífico, con experiencia en medicina espacial, espera averiguar si se trata de un fenómeno psicológico real. Quizás haya una razón médica para un cambio real en la función cerebral de un astronauta cuando está en el espacio. Es más, él notó un cambio psicológico en los hombres y mujeres que han regresado desde el espacio. Según él, “puede decirse que a menudo, cuando estás con alguien que ha volado en el espacio, es algo palpable

Andy NewbergNewberg ha escaneado muchos cerebros, para tratar de entender cómo los seres humanos llegan a este estado de euforia en la Tierra. Las comunidades religiosas, mediadores trascendentales y otros alrededor del mundo, son capaces de experimentar estados similares y han centrado el interés de los neurocientíficos. En algunos casos, la meditación conduce a algunas personas a ver el cosmos como una red cuántica interconectada, donde la conciencia no es independiente, sino una parte del Universo. Ahora Newberg espera vigilar el cerebro de uno de los primeros turistas espaciales, a fin de comprender mejor la función cerebral de un ser humano en Gravedad-Cero.

Edgar Mitchell dijo que su caso personal había cambiado su vida, revelando un Universo que había permanecido oculto hasta que experimentó el ‘Efecto Visión Global‘, en la misión del Apolo 14, en 1971. Si este efecto es un cambio físico en el cerebro, o un conocimiento más profundo, aún no se sabe, Newberg espera encontrar algunas respuestas.

Fuente: Basado en un artículo que leí en el Blog de mi amigo Cristobal: Espiritualidad y Política, en el que transcribe el artículo original publicado en inglés en Universe Today y que fuera traducido en el blog Navegando por la Red

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La experiencia cumbre: cuando la ciencia y la espiritualidad se unen en la vivencia de una persona

Domingo 25 Mayo, 2008 · 13 comentarios

Jill Bolte TaylorJill Bolte Taylor, doctora en neurociencia de la universidad de Harvard y calificada como una de las 100 personas más influyentes del 2008 por la revista Time, tuvo una experiencia trascendente. El 10 de diciembre de 1996, cuando tenía 37 años, se encontrabaía en su apartamento en Boston cuando de repente sintió un fuerte dolor de cabeza detrás del ojo. El accidente cerebro vascular (ACV) que sufrió le afectó el lóbulo izquierdo de su cerebro. Esta situación le provocó una fuerte atenuación de la actividad cerebral del hemisferio izquierdo y la supremacia del hemisferio derecho.

Al poco rato del accidente, comenzó a sentir una tranquilidad mental que no había conocido nunca. Sus preocupaciones cesaron, la intensa bulla de sus pensamientos se aplacó. Esa autoconciencia que tenemos todos que nos lleva a juzgarnos y criticarnos constantemente desapareció. Toda esa cadena asociativa de pensamientos y emociones, la mente discursiva, cesó y ella sintió como nunca antes una paz indescriptible. Tuvo una experiencia cumbre. Según ella misma lo comenta, se sentía unida con el mundo. Era como si se hubiese disipado todo límite entre su cuerpo físico y lo que le rodeaba. Sintió como su alma se liberaba de la prisión del cuerpo y flotaba feliz por el aire. Había alcanzado el nirvana.

Fue llevada inmediatamente al hospital. De la misma manera que sintió este estado de goce y regocijo igualmente había perdido su habilidad de hablar, reconocer a su madre y en general sus funciones cognitivas centrales. Normalmente las personas afectadas en el hemisferio izquierdo de su cerebro pierden control sobre sus emociones y comportamiento ya que esta es la parte “lógica” del cerebro pero no es típico percibir esta sensación de paz y bienestar que la Dra. Taylor describió.

Las diferencias entre las áreas izquierda y derecha del cerebro han sido ya objeto de múltiples estudios. Se sabe que el área izquierda está asociada a la lógica, el tiempo, el ego, y la parte derecha a la creatividad y empatía. Lo importante aquí es que la experiencia personal de la Dra. Taylor le ha dado una nueva dimensión a este problema.

My stroke of insightSu libro reciente, “My Stroke of Insight”, cuenta su experiencia, experiencia cumbre que la ha transformado como persona. Muchos, incluso sus colegas, sostienen que no conocían ese lado “espiritual” de ella.

Hace unos meses la Dra. Taylor habló en la conferencia TED, (Technology, Entertainment and Design conference), conocida por presentar a personas que, desde las ciencias y las artes, han contribuido a gestar ideas, creaciones e innovaciones notables. Se trata de un foro que busca poner de manifiesto la tercera cultura a la que alguna vez me referí. Su exposición causó un gran impacto. Allí describe cómo fue su proceso.

Su historia ha traído repercusión en todos los medios. Muchos de los que la han contactado son budistas y meditadores que dicen haber experimentado en su práctica esas sensaciones de paz y euforia. Sostienen que la experiencia de la Dra. Taylor confirma a nivel neurológico que el nirvana existe y que es posible alcanzarlo.


Jill Bolter Taylor con Oprah

Según ella misma lo afirma, traduciendo y transcribiendo lo que dijo en los TED Talks: “He dedicado mi vida a estudiar el cerebro porque tengo un hermano que ha sido diagnosticado con un desorden cerebral: esquizofrenia. Y como hermana y científica siempre he querido saber porqué yo puedo cumplir mis sueños, conectarlos a mi realidad y realizarlos y él no, qué ocurre con la esquizofrenia cuando el enfermo no puede conectarlos a ninguna realidad compartida en lugar de convertirlos en delirios?

Jill Bolter TaylorHe dedicado mi vida al estudio de la enfermedad mental severa. Incluso me mudé de Indiana a Boston para trabajar en el laboratorio del dr. Francine Benes, en el Departamento de Psiquiatría de Harvard. En el laboratorio trabajamos para responer a una pregunta: ¿Cuáles son las diferencias biológicas entre los cerebros de personas que se diagnostican como el control normal, en comparación con los cerebros de las personas diagnosticadas de esquizofrenia, trastorno esquizoafectivo o trastorno bipolar?

Intentamos mapear los microcircuitos cerebrales, cuáles son las células que están comunicándose con otras, mediante qué procedimientos químicos, con qué cantidad de los mismos. En eso trabajo durante el día. Mi tiempo libre lo dedicaba a actuar como defensora de NAMI, la Alianza Nacional de Enfermedades Mentales.

El 10 de diciembre de 1996 me levanté para descubrir que era yo quien tenía un desorden cerebral. Un vaso sanguíneo explotó en la mitad izquierda de mi cerebro. Y durante horas viví y observé cómo mi cerebro iba deteriorándose, mermando su capacidad para procesar la información. Esa mañana no pude andar, hablar, leer, escribir ni recordar nada. Me convertí en definitiva en un niño en el cuerpo de una mujer.

Si habéis visto alguna vez un cerebro humano sabréis que su morfología muestra la separación entre dos hemisferios. Esta el lóbulo frontal, esta la parte trasera, de la que cuelga la médula espinal y esta es la forma en que se coloca en mi cráneo. Como véis, es evidente la separación entre dos hemisferios.

Siguiendo una metáfora informática, nuestro hemisferio derecho funciona como un procesador en paralelo. El izquierdo como un procesador de serie. Ambos hemisferios se comunican a través del cuerpo calloso, compuesto por unos 300 millones de fibras axionales. Más allá de esto los dos hemisferios están completamente separados. Debido a que procesan la información de forma diferenciada, cada hemisferio piensa en cosas diferentes, se preocupa por cosas diferentes, y me atrevo a decir, que tiene personalidades muy diferentes.

El hemisferio derecho trata sobre el presente. Es el aquí y ahora. Piensa en imágenes y aprende a través del movimiento de nuestros cuerpos. La información llega en forma de flujos de energía de forma simultánea a través de todos nuestros sistemas sensoriales para estallar en un enorme collage: la impresión sobre el momento presente aparece. Es el responsable del olor, del sabor, el sonido, de lo que sentimos ante el presente.

Soy energía que se conecta a la energía del resto a través de la conciencia de mi hemisferio derecho. Somos seres de energía conectada a través de la conciencia del hemisferio derecho a la familia humana. Lo cual significa que somos hermanos y hermanas en este planeta, que estamos aquí para hacer del mundo un lugar mejor.

Somos, en este momento, perfectos, globales, parte del todo, bellos. Parte de un bello todo.

Mi hemisferio izquierdo es un lugar muy distinto, que piensa lineal y metódicamente. Nuestro hemisferio izquierdo tiene que ver con el pasado y el futuro. Nuestro hemisferio izquierdo está diseñado para registrar ese enorme collage del momento presente. Analizando detalles y más detalles, clasificando y organizando toda esa información. Está asociado con todo lo que aprendimos en el pasado, con nuestros proyectos de futuro. Es un hemisferio lingüistico. Su función es hablar contínuamente, establecer un diálogo constante entre mi mundo interior y mi mundo externo. Es la vocecilla que me dice, “Hey, recuerda comprar plátanos antes de llegar a casa, es la inteligencia que calcula a qué temperatura debo poner la lavadora. Pero lo más importante es que es esa voz que me dice “Yo soy”. Cuando lo dice, me convierte en un ser separado, me hago una sola persona sólida separada del flujo de energía a mi alrededor y separada del resto.

Esa fue la parte de mi cerebro que perdió sus funciones la mañana de mi accidente cerebrovascular.

La mañana del accidente me desperté con un dolor que golpeba justo detrás de mi ojo izquierdo. Era un dolor agudo, similar al que produce morder hielo. No estoy acostumbrada a sentir dolor, así que seguí mi habitual rutina. Al levantarme subí a mi máquina de cardiotraining, un máquina para ejercitar todo el cuerpo. Empecé el ejercicio y pronto me di cuenta de que mis manos parecían garras primitivas al agarrarse a las barras. Pensé…es raro…y miré el resto de mi cuerpo pensando….estoy rara, me siento rara. Fue como si mi conciencia se hubiera desplazado fuera de la realidad habitual, a un espacio esotérico en el que me estuviera observando a mi misma teniendo esa experiencia.

Era todo extraño y mi dolor de cabeza iba a peor, así que dejé la máquina y me puse a dar vueltas por la sala. Era como si mi cuerpo estuviera enlenteciéndose, mis pasos volviéndose rígidos, deliberados. No había fluidez y mis percepciones no podían ir más allá de mi misma, de mi propio espacio interior. En el cuarto de baño, de pie y camino a la ducha escuchaba el diálogo en mi cuerpo: “Ok…músculos, contraeros, relajaros”

De golpe perdí equilibrio y quedé contra la pared. Miré mi brazo y me di cuenta de que no podía delimitar los límites de mi cuerpo. No podía definir dónde empezaba y dónde terminaba. De alguna forma, los átomos y moléculas de mi brazo se mezclaban con los átomos y moléculas de la pared. Sólo sentía esa energía. Energía….

Me preguntaba…¿qué me pasa? Y mi cerebro izquierdo no respondía, nada respondía. Era como si alguien, desde un mando a distancia, hubiera pulsado el botón de de silencio. Total….”

El relato de la experiencia sigue, aunque creo que es suficiente para que os hagáis una idea de la importancia de sus conlusiones “existenciales”, en mi opinión, tremendamente respetables (se trata de alguien que ha dedicado su vida al estudio de la neurobiología) :

“Aún sigo viva y he encontrado el Nirvana. Mi imagen del mundo es ahora el de un lugar bello, pacífico, lleno de gente adorable que sabe que vive en ese espacio, que puede elegir vivir conforme a esa parte derecha del cerebro y encontrar esa paz. Esa ha sido mi motivación para recuperarme. He tardado 8 años.

Somos el poder de la vida en el universo, con habilidades manuales y 2 sistemas cognitivos. Tenemos el poder de elegir, en cada momento, cómo estar en el mundo. Puedo centrarme en la conciencia de mi hemisferio derecho, en el que soy fuerza vital, la pura energía que generan mis más de 50 trillones de las bellas moléculas que me componen. Una con todo.

O puedo elegir la guía consciente de mi cerebro izquierdo y convertirme en un individuo único, separado del flujo, separado de todos vosotros, Jill Bolte Taylor, intelectual, neuroanatomista.

¿Qué preferimos?, ¿cuándo? Creo que cuanto más tiempo pasemos según la naturaleza de nuestro cerebro derecho mayor será la paz que proyectemos en el mundo. Y eso es algo que vale la pena.”

Su próximo proyecto es abrir un centro en Indiana para ayudar a los pacientes afectados por accidentes cerebro vasculares a recuperarse siguiendo estos principios basados en las diferencias entre los dos hemisferios.

Interesante experiencia, no?

Fuente: http://noespocacosa.wordpress.com/

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