Humanismo y Conectividad

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Felicidad es estar cada día menos angustiado, por Alejandro Jodorowsky

Lunes 18 Mayo, 2009 · 3 comentarios

¿Cómo podría definir en términos positivos la felicidad?

Ese concepto, abstracto hasta la médula, es imposible de ser descrito directamente. Para hacerlo tengo que dar un rodeo por su sombra. Vaya entonces la definición: “Felicidad es estar cada día menos angustiado”.

Para lo cual puedo intentar dar algunos consejos sin ser tachado de iluso.

Cuando dudes de actuar, siempre entre “hacer” y “no hacer” escoge hacer. Si te equivocas tendrás al menos la experiencia.

Escucha más a tu intuición que a tu razón. Las palabras forjan la realidad pero no la son.

Realiza algún sueño infantil. Por ejemplo: si querías jugar y te hicieron adulto antes de tiempo, ahorra unos 500 euros y ve a jugarlos a un casino hasta que los pierdas. Si ganas, sigue jugando. Si sigues ganando, aunque sean millones, sigue hasta que los pierdas. No se trata de ganar sino de jugar sin finalidad.

No hay alivio mas grande que comenzar a ser lo que se es. Desde la infancia nos endilgan destinos ajenos. No estamos en el mundo para realizar los sueños de nuestros padres, sino los propios. Si eres cantante y no abogado como tu padre, abandona la carrera de leyes y graba tu disco.

Hoy mismo deja de criticar tu cuerpo. Acéptalo tal cual es sin preocuparte de la mirada ajena. No te aman porque eres bella. Eres bella porque te aman.

Una vez por semana, enseña gratis a los otros lo poco o mucho que sabes. Lo que les das, te lo das. Lo que no les das, te lo quitas.

Busca todos los días en el diario una noticia positiva. Es difícil encontrarla. Pero, en medio de los acontecimientos nefastos, siempre, de manera casi imperceptible, hay una. Que se descubrió una nueva raza de pájaros; que los cometas transportan vida; que un nene cayó desde un quinto piso sin dañarse; que la hija de un presidente intentó suicidarse en el océano y fue salvada por un obrero del cual se enamoró y se casaron; que los jóvenes poetas chilenos bombardearon con 300.000 poemas, desde un helicóptero, a La Moneda, donde fue eliminado Allende, etc.

Si tus padres abusaron de ti cuando pequeño/a, confróntate calmadamente con ellos, en un lugar neutro que no sea su territorio, desarrollando cuatro aspectos: ‘Esto es lo que me hicieron. Esto es lo que yo sentí. Esto es lo que por causa de aquello ahora sufro. Y ésta es la reparación que pido’. El perdón sin reparación no sirve.

Aunque tengas una familia numerosa, otórgate un territorio personal donde nadie pueda entrar sin tu permiso.

Cesa de definirte: concédete todas las posibilidades de ser, cambia de caminos cuantas veces te sea necesario.

Por Alejandro Jodorowsky

Me llegó a través de una amiga de Facebook: Alma San Miguel

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La felicidad, un vector contagioso

Martes 24 Marzo, 2009 · 2 comentarios

Felicidad contagiosaEsta vez no lo dijo el Dalai Lama, ni el chantamán urbano de turno, lo dice la mismísima ciencia objetiva. Según un estudio que realizó un seguimiento en las relaciones de casi 5000 personas durante varias décadas desde los ‘50, parece que el buen ánimo y la alegría se propaga y es contagiosa.

En el estudio publicado en el British Medical Journal en diciembre del año pasado (y cuyo título es Dynamic spread of happiness in a large social network: longitudinal analysis over 20 years in the Framingham Heart Study (PDF)), dos científicos de las Universidades de Harvard y de California en San Diego mostraron que la felicidad se extiende fácilmente a través de las redes de relaciones sociales. Basándose en técnicas de la epidemiología y la sociología, el estudio demuestra que alguien que te hace feliz permite que tengas un 15,3% de probabilidad de que vos también seas feliz. ¿No era Pitágoras el que decía (en sus versos dorados): Lo semejante atrae a los semejante? Según parece, un amigo feliz de un amigo tuyo aumenta tus posibilidades de felicidad en un 9,8%, e incluso el amigo de un hermano de tu vecino te puede dar un impulso hacia la felicidad con un 5,6% de probabilidades.

Según el Dr. Nicholas A. Christakis, un médico y sociólogo médico de la Universidad Harvard y su co-autor el cientista social, James H. Fowler de la Universidad de California en San Diego: “Tu estado emocional no depende sólo de las acciones y las opciones que vos realizás, sino también de las acciones y decisiones de otras personas, muchas de las cuales ni siquiera conocés“. Me encantó en carácter enREDado de esta afirmación. Si algo he pregonado en este blog es de la realidad de que todos estamos conectados con todos, pero no sólo conectados en información y conocimiento, sino también en emoción y, por lo tanto, en espíritu. Hace tiempo escribí un post sobre cómo entendía yo que se propagaban las emociones en el universo social. Siento que este estudio es una bendición para mis ideas puesto que va en línea con muchas de mis convicciones acerca de qué va todo esto de las redes.

Continuando con el citado estudio, los investigadores han documentado que las personas que se describen a sí mismos como felices tienden a vivir más tiempo, incluso si tienen una enfermedad crónica. El Dr. Nicholas A. Christakis y James H. Fowler han examinado las relaciones sociales de casi 5000 personas que fueron rastreados durante muchas décadas como parte del historial médico del Framingham Heart Study de la localidad homónima. Así, descubrieron que las personas más felices eran parte del centro de grandes redes sociales (son hubs que actúan como el centro de la dicha) y las que ocupan la periferia serían aquellos menos dichosos. Además, la felicidad se propagaba más eficientemente por acción de la proximidad geográfica, por ejemplo, vivir a menos de 1,6 kilómetros de distancia de un hermano optimista aumenta un 14% la dosis de felicidad personal, mientras que si residen más alejados, los sentimientos fraternales no parecen tener efecto. Si alguien vive a menos de 0,8 kilómetros es un amigo, su dicha incrementa un 42% de probabilidades. ¿Será que la felicidad decae con el cuadrado de la distancia?

El análisis de la transmisión de sentimientos que realizaron señala también que las personas del mismo sexo se contagian la felicidad con más facilidad que los contrarios. Quizás por eso, sugieren, el bienestar de amigos o vecinos puede influir más que el de la pareja (en la muestra eran todas heterosexuales). La conclusión del estudio es que la felicidad se propaga como un vector contagioso y que las personas felices suelen estar vinculadas entre sí (lo mismo que las desdichadas).

Esta investigación es parte de una tendencia en la investigación científica que busca entender y medir el bienestar de la sociedad. Índices de felicidad, Gross Hapiness Product (como el utilizado en Bután) y un sinnúmero de encuestas van en esta dirección. Personalmente, más que bienestar, me gusta utilizar el término bienlograrse de una sociedad ya que nos ubica como protagonistas del proceso de construcción de nuestra propia felicidad. Esta no es la primera evidencia de que las emociones pueden propagarse como un virus. Otros estudios han encontrado, por ejemplo, que los camareros que ofrecen su servicio con una sonrisa son más recompensados que los que no, ya que producen un efecto gratificante sobre sus clientes. Me quedan un par de reflexiones finales.

Habría que preguntarse cuán feliz nos hacen aquellas personas con quienes a diario mantenemos contacto a través de la virtualidad de la red, a veces fluídamente otras de manera esporádica; gente que como vos, suelen dejar comentarios en el blog o con quienes comparto tan gratificantes momentos a través de este medio, de twitter o facebook, por ejemplo.

Mi otro comentario es que sería importante también inquirir acerca de lo que sucede con la propagación de la mala onda, la que suele estar mucho más difuminada y cuyo contagio es mucho más fácil. En el post al que aludí, hablaba de la propagación fractal de las emociones y comentaba que la mala onda probablemente tendría una dinámica de propagación de tipo entrópico ya que en la gestación del mal humor no media intencionalidad alguna mientras que la propagación de la alegría supone un permanente acto de intencionalidad el cual tendría un carácter definidamente energético. Ojalá algún estudioso del tema tome estas reflexiones como base para desarrollar un programa de investigación. Si así fuera, paradógicamente, me haría muy feliz.

Fuente: Dynamic spread of happiness in a large social network: longitudinal analysis over 20 years in the Framingham Heart Study

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La personalidad creativa

Jueves 12 Marzo, 2009 · 18 comentarios

De todas las actividades humanas, la creatividad es la más cercana a proporcionarnos una satisfacción tal que nos permite cumplir con todo lo que esperamos obtener durante nuestras vidas. Llamamos vida plena explosión. La gente creativa tiene la notable capacidad de adaptarse a casi cualquier situación y lograr con lo que disponen a su alcance la consecución de sus metas, particularmente, la felicidad.

La creatividad es una fuente central de sentido en nuestras vidas. La mayoría de las cosas que son interesantes, importantes y humanas son el resultado de la creatividad. ¿Qué nos hace diferentes del resto de las especies? Todo cuanto nos diferencia: nuestro lenguaje, nuestros valores, nuestra capacidad de expresión artística, de comprensión científica y la síntesis que se da a través de la tecnología es el resultado de la creatividad que yace en la condición humana.

Mihaly Csikszentmihalyi (chick-send-me-high) ha dedicado más de 30 años a la investigación de la creatividad buscando entender cómo las personas viven y trabajan, para hacer más comprensible el misterioso proceso por el que surgen las nuevas ideas y cosas nuevas. Según él, si se tuviera que expresar con una sola palabra lo que hace a la personalidad creativa diferente de los demás, es la complejidad. Un ser creativo, en lugar de ser un “individuo”, es “multitud efervescente”.

A continuación les dejo un resumen de los 10 rasgos característicos de la personalidad creativa:

  1. Las personas creativas tienen mucha energía física, sin embargo, suelen gustar del reposo silencioso. A pesar de trabajar muchas horas, concentradamente, rebosan un aura de frescura y entusiasmo que contagia. Con todo no son hiperactivas ya que saben matizar los ritmos de actividad y ocio
  2. Quienes son creativos suelen ser inteligentes a la vez que ingenuas, simultáneamente. Según parece, después de superado un cierto umbral en el coeficiente intelectual (aproximadamente 120), este no parece estar relacionado más con un rendimiento superior. Tal como lo analizó Howard Gardner al estudiar la personalidad de muchos genios creativos, una cierta inmadurez, tanto emocional y mental, pueden ir de la mano con el más profundo conocimiento ya que facilita el uso del pensamiento tanto convergente (que apunta a una solución específica frente a un problema) y como divergente (que consiste en la fluidez, flexibilidad , capacidad de cambiar y originalidad en la generación de asociaciones inusuales).
  3. La gente creativa combina juego y disciplina, responsabilidad e irresponsabilidad. No hay duda de que una actitud juguetona es típica de las personas creativas, sin embargo esta también posee una dosis importante de obstinación, paciencia y perseverancia.
  4. Las personas creativas alternan entre la imaginación y la fantasía, y un arraigado sentido de la realidad. Claro está, toda creación artística o científica es ir más allá de lo que ahora consideramos real, es crear una nueva realidad. Sin embargo, esta “fuga” a la imaginación no es ir a la tierra del nunca jamás. En general se cree que los artistas, músicos, escritores, poetas y pintores viven sumergidos en la fantasía, mientras que los científicos, políticos y empresarios son realistas. Esto puede ser cierto en términos de las actividades rutinarias. Pero cuando una persona comienza a trabajar creativamente todo ello cambia.
  5. Las personas creativas suelen ser extrovertidas e introvertidas. Los individuos creativos parecen mostrar ambos rasgos simultáneamente.
  6. Un creativo suele ser humilde y orgulloso al mismo tiempo. Los creativos son conscientes y respetuosas de la larga serie de contribuciones anteriores a ellas. Además, son conscientes del papel que desempeña la suerte en sus propios logros. Al mismo tiempo, saben que han logrado mucho; y este conocimiento les proporciona una sensación de seguridad e incluso el orgullo.
  7. Las personas creativas, en cierta medida, escapan a los rígidos estereotipos de género. Las personas creativas son más propensas a tener no sólo los puntos fuertes de su propio género, sino los del otro también.
  8. Ser creativo es ser a la vez rebelde y conservador. Es imposible ser creativo sin haber interiorizado un patrón cultural.
  9. La mayoría de las personas creativas son muy apasionadas de su trabajo, sin embargo, pueden ser muy objetivas sobre él también. Sin la pasión, más pronto que tarde pierden interés por la labor que realizan.
  10. La apertura y la sensibilidad de los seres creativos a menudo los expone al sufrimiento y el dolor, aunque también, a una gran dosis de diversión. El profundo interés que sienten y el deseo de participación en tareas que, a menudo, no tienen recompensa, puede hacerlos sentir aislados. Además, el pensamiento divergente que poseen pueden mostrarlos como delirantes o desviados para los demás, por lo que la persona creativa puede sentirse aislada e incomprendida. Pueden también experimentar un sentimiento de pérdida o vacío cuando, por alguna razón, no pueden trabajar y cuando sienten que la creatividad se diseca.

Me pareció muy interesante el carácter dual de muchos atributos de la personalidad creativa tal como la entiende Mihaly Csikszentmihalyi (chick-send-me-high). Como decía Oscar Wilde, uno contiene multitudes. Tal vez el acto creativo sea dejar que esas multitudes se coordinen en una suerte de crowdsourcing cognitivo. Quí lo sá…


Fuente: Basado en un resumen publicado en Psychology Today sobre textos del libro: Creativity: Flow and the Psychology of Discovery and Invention de Mihaly Csikszentmihalyi

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Las palabras y la Esencia

Martes 3 Marzo, 2009 · 7 comentarios

Las palabras y la Esencia Las palabras conforman el medio del pensamiento conceptual y como tales son capaces de ejercer un efecto prácticamente hipnótico sobre nosotros, las personas. Según creemos, el simple hecho de haber etiquetado algo con una palabra equivale a saber lo que ese algo es; grave error, gravísimo. Si el medio es el mensaje, las palabras son la sustancia del mensaje, y como tal no es lo que Es. En realidad, no sabemos lo que ese algo es y en ese proceso de conceptualización, ocultamos el misterio de la esencia detrás del rótulo de la palabra.

Todo aquello que podemos decir, y por lo tanto pensar es apenas la capa superficial de su realidad. Debajo de la superficie está lo que eso ES en conexión con la totalidad de ese instante en que percibimos eso que Es. Cuando observamos verdadera y esencialmente, y dejamos aflorar la esencia de la cosa/instante sin imponerle un sustantivo o una etiqueta mental, se despierta dentro de nosotros una sensación de asombro y admiración que nos conecta con la esencia de lo observado y, en ese proceso, somos capaces de ver, como si de un espejo se tratara, el reflejo de la conexión: la propia esencia, el SER. Lo que ES no es eso y nosotros observando/percibiendo, separadamente, en estado dual, sino el proceso mismo del instante. De allí, eso de que en la filosofía suele concebirse al SER como una “entidad” indivisible, no dual.

Trato pues de expresar que la esencia de las cosas, en realidad es la esencia del momento, instante de la experiencia que nos involucra en la percepción de ella. Creanme que esa captación del SER es real. Esto te puede sonar muy new age sin embargo, existe y de eso hablan practicamente todas las tradiciones místicas y filosóficas de la humanidad. Se trata de una experiencia que se puede vivenciar en el instantáneo vislumbre de un momento de enamoramiento profundo; cuando la mente se aquieta durante la contemplación de un paisaje natural, en un apacible atardecer, observando una flor o un ave volando; cuando apreciamos una obra artística que nos conmueve y nuestros pensamientos se disuelven en el asombro; cuando nos conectamos con la pureza prístina de la mirada de un bebé; en conclusión, cuando nos soltamos a percibir un momento en su totalidad y algo dentro nuestro se abre y despliega. Alguna u otra vez, cada uno de nosotros lo ha podido experimentar, estoy seguro de ello. La energía de la vida fluye libremente en y con nosotros, las emociones y todo nuestro potencial se expresa en esa quietud y se origina un estado de fluidez y exaltación en que desaparece el cálculo y el interés, y aflora la alegría, la felicidad, el sentido de pertenencia, la comunión que trasciende la individualidad del ego.

Cuando nos abstenemos de tapar el mundo con palabras y etiquetas, recuperamos el sentido de lo milagroso que la humanidad como testigo conciente perdió hace mucho tiempo, cuando en lugar de servirnos del pensamiento, nos sometimos a él. La profundidad esencial retorna a nuestra vida. Las cosas recuperan su frescura y se envuelven en la novedad. Por ejemplo, no es la flor lo que percibimos en ese nimio instante sino el flujo de la “floridad” indescriptible, pero percibible si allí, presentes, alertas estamos.

Mientras más atentos estemos en atribuir rótulos verbales a las cosas, a las personas o a las situaciones, más superficial e inerte se hace la realidad y más muertos nos sentimos frente a ella. Claro esta, en ese proceso ilusorio logramos adquirir astucia y dominar el mundo material, pero a expensas de la sabiduría que se esfuma junto con esa alegría, ese amor, esa creatividad y esa vitalidad propias del momento.

Hay una enorme brecha entre la percepción y la interpretación, entre lo vital y lo material. Claro está que las palabras y los pensamientos tienen su propia belleza y debemos utilizarlos. Con todo, si buscamos la plenitud en serio, es necesario que dejemos de estar aprisionados en ellos y nos sumerjamos en el espíritu de las cosas, es decir, en el vislumbre del instante.

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Ideal para un martes 13: Como ser feliz sin necesidad de ser monje

Martes 13 Enero, 2009 · 5 comentarios


(1) Deja de Ser Adicto Dependiente a los Viejos Medios de Comunicación

Descarta todos los viejos dispositivos que no necesitas más para lograr tus objetivos: teléfono, televisión, periódicos. Son los mejores distractores, derrochadores de tiempo e intrusos en el camino de tu vida, cuanto menos los uses, mejor. ¿Por qué no pones tu móvil en modo silencioso permanente y lo controlas un par de veces al día para ver quien todavía te busca mediante los antiguos medios de comunicación?.

(2) Haz de tu Espacio de Trabajo un Maravilloso Espacio

Encuentra tu propio santuario donde trabajar, pensar y hacer las cosas que te gustan. Si estás rodeado de gente que no te gusta y tu escritorio se encuentra dentro de un feo, frío y mal iluminado lugar, empieza a pensar en encontrar una alternativa superadora. Una vez que tengas tu propio lugar, trabaja en él y cuidar de él como haría un monje con su templo. Hazlo brillar de manera que cada vez que llegues, te saluden e inspiren las mismas cosas que más te gusten. Y comienza por la iluminación. Una luz puede cambiar profundamente la forma en que se percibe y se sienten un espacio.

(3) Deja tus Falsos Amigos

Hay demasiados de ellos en esta categoría, son las personas que están siempre tratando de sacar algo de ti, pero nunca comparten nada. Los famosos assholes, alguna vez me referí detalladamente a ellos: seres evitables. Estas son las personas que nunca tienen una palabra de amor, afecto o elogio para la otra persona. Particularmente se las encuentra en los ámbitos laborales. Mantente alejado de ellos este año, menos compañía no siempre es una mala cosa. Inténtalo.

(4) Da algo Grande a los Niños. A diario

No importa si son los tuyos o si son hijos de alguien más. Lo que cuenta es sintonizar sus frecuencias y compartir con ellos algo bueno, algo que les encanta recibir de ti: tu atención y tu voluntad de jugar. Su capacidad de volver a recargarte e inyectar verdadera energía positiva libre de toxina es incomparable y su capacidad de dejarse ir es contagiosa. Contrae esta enfermedad lo antes posible.

(5) Escucha

Empieza a escuchar más cuando alguien te está hablando. No entres sólo en una carrera por quien tiene las últimas noticias o ha descargado el último juguete más grandioso. Empieza por escuchar lo que a menudo no se llega a decir: el dolor, la rabia por algo, la necesidad de ayuda, la confusión sobre a dónde ir. Cuanto más te conviertes en una escucha activa a las necesidades reales de tus amigos, más tus amigos te devolverán energía, amor y apoyo que pudieras necesitar cuando estés en dificultades.

(6) Sé un Cazatalentos

Busca las pequeñas flores, difíciles de encontrar ayúdalas a florecer. No, no tienes que ir buscándolas en la hierba. Estos te rodean bajo un disfraz humano. Estos son los pequeños héroes, los trabajadores apasionados y los inventores que están todos a tu alrededor. Ayuda a estas personas, dales consejos, comparte tus conocimientos y tus experiencias con ellos, y donde puedas, dales la oportunidad de hacer las cosas que les gusta más.

(7) No te Culpes

Utiliza todas y cada oportunidad, así como cualquier error que hagas, para aprender algo valioso y avanzar. No te culpes a ti mismo cuando puedes aprender y pasar a la próxima oportunidad inmediatamente. Hacer que tú y otros se sientan culpables es sólo una enorme pérdida de tiempo. La vida es un parque de aprendizaje y cuando tomas cada instancia para encontrar lo que hay que cambiar y mejorar en ti mismo, obtienes el mayor impulso que la vida te puede facilitar.

(8) No te des por vencido

Si en lo que has estado trabajando no llega a ser el éxito que habías esperado, no te dés por vencido. Puedes haberte equivocado en los ingredientes, o puede que se hayan cocinado demasiado poco, o puede que te hayas equivocado con la cantidad de agua. En todos los casos, si estás detrás de algo importante, algo que deseas mucho, no te rindas cuando tropiezas con la primera serie de obstáculos. Cambia de camino, pregunta a tus colegas, obten asesoramiento de la gente mayor, buscar soluciones alternativas, mira el éxito de los demás, intenta una y otra vez, pero busca llegar de una manera u otra a tu objetivo elegido. Que sea un hábito de vida.

(9) Diviértete

Aprende a divertirte y hacer de ello un deporte serio. Esto va a ser uno de los más deseados conocimientos que puede tener un ser humano, y con el paso del tiempo, será cada vez más valioso. La era del consumismo y la felicidad generada por comprar más y más productos envasados está a punto de ver su caída. La siguiente parada es aprender a divertirse de verdad, no mediante salas de baile o viejos y estilizados cines y estadios repletos. La nueva diversión tiene en cuenta el intercambio y la realización de cosas con la gente que amas: tus amigos.

(10) No te amoldes

Sé que esto suena un poco anarco-loco, pero al final realmente tienes necesidad de no amoldarte si deseas realizarte plenamente. Ve detrás de lo que te hace feliz, y sigue esa vía. Deja de hacer cosas que debes hacer, porque otros creen que deberías. Dejar de estar con personas con las que sientes que no perteneces. Dejar de vivir en un barrio que apesta si piensas seriamente en cómo cambiar tu vida. No luches contra el juego, cámbialo.

Este es un extracto del artículo publicado por primera vez el 24 de Diciembre, 2008 para Master New Media como “How To Be Happy Without Becoming A Monk – 10 Things I Have Changed To Live A More Self-Directed Life

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El amor, ¿tan sólo una droga?

Jueves 8 Enero, 2009 · 2 comentarios

Se suele decir que el amor es una droga pero ¿es tan sólo eso?
El profesor Larry Young, de la Universidad Emory de Atlanta, en Estados Unidos, cree que sí.

En un artículo que ha publicado recientemente en la prestigiosa revista Nature, el profesor Young afirma que el amor puede explicarse a través de una serie de procesos neuroquímicos que suceden en áreas específicas del cerebro.

Si ello fuera cierto, afirma Young, no tendríamos que depender más de las ostras o el chocolate como afrodisíacos.

En vez de eso, sería posible que los científicos desarrollaran afrodisíacos químicos que harían que nos enamorásemos de la primera persona con la que nos cruzáramos.

Y a aquellos que se enamoran de quien no deben, se les podría dar un antídoto contra un amor inadecuado.

Incluso se podría llegar a realizar un “test del amor” para saber si dos personas están predispuestas a tener una vida en común feliz.

Sin poseía

A lo largo de los siglos los poetas nos han hecho creer que el amor es algo que va más allá del entendimiento, pero esta idea es una maldición para el doctor Young.

No sé si seremos capaces de entenderlo totalmente, pero creo que nuestras emociones han evolucionado de comportamientos y emociones que provienen del reino animal“, asegura el científico.

No creo que la manera en que una madre quiere a un hijo sea tan diferente del amor que una madre chimpancé siente por sus crías, o incluso una rata“.

En los animales, los científicos han descubierto que una sustancia química, la oxitocina, es la responsable de desarrollar el vínculo entre la madre y su hijo.

El profesor Young cree que es muy posible que el mismo proceso suceda en los humanos.

Lo que pasa es que cuando experimentamos esas emociones son tan intensas que no podemos imaginar que se trata tan sólo de una serie de procesos químicos“, asegura el científico.

Pero incluso si ello fuera verdad en el caso del amor maternal, ¿sucede lo mismo en el caso del amor?

El profesor Young cree que sí.

Los investigadores han descubierto que la oxitocina es la responsable de vincular a los ratones de campo, que como los humanos crean un fuerte vínculo entre ellos que dura durante un largo tiempo.

También se han realizado estudios en humanos que muestran que la oxitocina incrementa la confianza y la habilidad de comprender las emociones en los otros.

Así que Young asegura que tiene sentido pensar que el mismo tipo de molécula está involucrada en fortalecer los vínculos entre las personas.

Otras sustancias

El científico cree que también hay otras sustancias químicas responsables de fortalecer ese vínculo, así que tan sólo se debe investigar para averiguar cuáles son.

Estoy seguro de que esto es sólo el principio“, asegura Young.

Hay cientos de moléculas de señalización que actúan en áreas diferentes del cerebro“.

Creo que algún día entenderemos mejor cómo interactúan todas esas sustancias químicas en áreas especificas del cerebro que tienen la función de hacer surgir esas emociones complejas“, explica Young.

Habiendo dejado las cosas claras a los poetas, el profesor Young tendrá que discutir con los científicos que no están de acuerdo con su teoría de que el amor depende tan sólo de sustancias químicas.

¿No tendrán algo que ver también la educación y la psicología?

La educación juega un papel importante“, reconoce Young.

Pero la manera en que la educación funciona es mediante la alteración neuroquímica“.

Según el científico, se sabe por estudios realizados con humanos “que las mujeres que han experimentado abuso o negligencia al inicio de su vida tienen unos menores niveles de oxitocina en el cerebro”.

Así que estoy totalmente de acuerdo en que las vivencias tienen un impacto importante en nuestra habilidad para las relaciones, aunque ese impacto ocurre a través de cambios en la neuroquímica y la expresión genética“.

Así que, si el amor es tan sólo una complicada reacción química, ¿podría la más poderosa de las emociones humanas ser manipulada?

El profesor Young cree que sí.

La oxitocina agudiza la visión y aumenta nuestra habilidad de reconocer emociones en otros“, explica.

Podría mejorar nuestra habilidad para formar relaciones, así que existe la posibilidad de que la oxitocina sea usada junto con terapias matrimoniales para devolver la chispa a una relación“.

En el mercado ya existen perfumes que contienen oxitocina, aunque el profesor Young cree que los niveles de esta sustancia son demasiado bajos como para que realmente funcionen como afrodisíacos.

Creo que en futuro podremos desarrollar fármacos que afectarán ciertas áreas del cerebro para estimular el amor“.

Nick Bostrom, de la Universidad de Oxford, no está totalmente de acuerdo con la teoría de Young.

Es interesante explorar las bases neuroquímicas del vínculo amoroso, pero no podemos pensar que esta teoría por sí sola nos proporciona una compresión total de lo que es realmente el amor

Es interesante explorar las bases neuroquímicas del vínculo amoroso, pero no podemos pensar que esta teoría por sí sola nos proporciona una compresión total de lo que es realmente el amor“, asegura Bostrom.

Según el científico, “también están involucrados factores evolutivos, psicológicos y sociológicos, además de perspectivas humanistas que ofrecen puntos de vista interesantes“.

Sin embargo, cree que en un futuro será posible modular los mecanismos neurológicos que juegan un papel en el vínculo amoroso.

Utilizando sabiamente este tipo de fármacos se podría mejorar la experiencia humana y mitigar el sufrimiento innecesario“, explica Bostrom.

En cualquier caso, este tipo de manipulación planteará una serie de cuestiones éticas y culturales, que deberán ser exploradas cuidadosamente“, concluye el científico.

Fuente: Artículo realizado por Pallab Ghosh, publicado en BBC

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Categorías: Amor · Ciencia
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Consumo, ego e identificación

Sábado 19 Abril, 2008 · 7 comentarios

La compulsión inconsciente de promover nuestra identidad a través de la asociación con un objeto es parte integral de la estructura misma de la mente egotista. Una de las estructuras mentales básicas a través de la cual entra en existencia el ego es la identificación. El vocablo “identificación” viene del latín “ídem” que significa “igual” y “facere” que significa “hacer“. Así, cuando nos identificamos con algo, lo “hacemos igual“. ¿Igual a qué? Igual al yo. Dotamos a ese algo de un sentido de ser, de tal manera que se convierte en parte de nuestra “identidad“. Uno de los niveles más básicos de iden­tificación está en las cosas: el juguete por el que llora un niño se convierte después en el automóvil, la casa, la ropa, etcétera. Tratamos de hallarnos en las cosas pero nunca lo logramos del todo y, en ese proceso, terminamos perdiéndo­nos en ellas. Tal es el destino del ego.

Quienes trabajan en la industria de la publicidad saben muy bien que para vender cosas que las personas realmente no necesitan deben convencerlas de que esas cosas aportarán algo a la forma como se ven a sí mismas o como las perciben los demás, en otras palabras, que agregarán a su sentido del ser. Lo hacen, por ejemplo, afirmando que podremos sobresalir entre la multitud utilizando el producto en cuestión y, por ende, que estaremos más completos. O crean la asociación mental entre el producto y un personaje famoso o una persona joven, atractiva o aparentemente feliz. El supuesto tácito es que al comprar el producto llegamos, gracias a un acto mágico de apropiación (digo yo, de identificación), a ser como ellos o, más bien, como su imagen superficial. En consecuencia, en muchos casos no compramos un producto sino un “refuerzo para nuestra identidad“.

Las etiquetas de los diseñadores son principalmente identidades colectivas a las cuales nos afiliamos. Nos las imponen costosas y, por tanto, “exclusivas“. Si estuvieran al alcance de todo el mundo, perderían su valor psico­lógico y nos quedaríamos solamente con su valor material, el cual seguramente equivale a una fracción del precio pagado.

Las cosas con las cuales nos identificamos varían de una per­sona a otra de acuerdo con la edad, el género, los ingresos, la clase social, la moda, la cultura, etc. Aquello con lo cual nos iden­tificamos yace en lo superficial de nuestra conciencia, sin embargo, la com­pulsión inconsciente por identificarse es de índole estructural. Esta es una de las formas más elementales como opera la mente egotista.

Paradójicamente, lo que sostiene a la llamada sociedad de consumo es el hecho mismo de que el intento por reconocernos en las cosas no funciona: la satisfacción del ego dura poco y en­tonces continuamos con la búsqueda y seguimos comprando y consumiendo en una voraz espiral cuyo límite es la insatisfacción, la asidia y la infelicidad.

Claro está que en esta dimensión física en la cual habita nuestro ser superficial, las cosas son necesarias y son parte inevitable de la vida. Necesitamos vivienda, ropa, muebles, herramientas, transporte. Quizás haya también cosas que valoramos por su belleza o sus cualidades inherentes, cosas que nos conmueven. Debemos honrar el mundo de las cosas en lugar de despreciarlo. Pero no podemos honrar realmente las cosas si las utilizamos para fortalecer nuestro ego, es decir, si tratamos de encontrarnos a través de ellas. La iden­tificación del ego con las cosas da lugar al apego y la obsesión, los cuales crean a su vez la sociedad de consumo y las estructuras económicas donde la única medida de progreso es tener siempre más.

El deseo incontrolado de tener más, de crecer incesantemente, es una enfermedad. Es la misma disfunción que manifiestan las células cancerosas cuya única finalidad es multiplicarse sin darse cuenta de que están provocando su propia destrucción al destruir al organismo del cual forman parte.

Muchas personas agotan buena parte de su vida en la preocu­pación obsesiva por las cosas. Es por eso que uno de los males de nuestros tiempos es la proliferación de los objetos. Cuando perdemos la capacidad de sentir esa vida que somos, lo más probable es que tratemos de llenar la vida con cosas.

Vale la pena investigar nuestra relación con el mundo de las cosas observándonos a si mismo y, en particular, observando las cosas designadas con la palabra “mi“. Debemos mantenernos alerta y ver honestamente si nuestro sentido de valía está ligado a nuestras posesio­nes. ¿Hay cosas que inducen una sensación sutil de importancia o superioridad? ¿Acaso la falta de esas cosas nos hace sentir inferiores a otras personas que poseen más que nosotros? ¿Mencionamos casualmente las cosas que poseemos o hacemos alarde de ellas para aparecer superiores a los ojos de los demás y, a través de ellas, a nuestro pro­pios ojos? ¿Sentimo ira o resentimiento cuando alguien tiene más que nosotros o cuando perdemos un bien preciado?

Esa sensación de orgullo, la necesidad de sobresalir, el aparente fortalecimiento en virtud del “más” y la mengua en virtud del “menos” no es algo bueno ni malo: es el ego en plena manifestación. El ego no es malo, sencillamente es inconsciente. No conviene tomar al ego muy en serio. Es preciso darnos cuenta que el ego no es personal, no es lo que somos.

¿Qué significa realmente ser “dueños” de algo? ¿Qué significa el que algo sea “mío”?.
Son muchas las personas que es apenas en su lecho de muerte, cuando todo lo externo se desvanece, cuando se dan cuenta de que ninguna cosa tuvo nunca que ver con lo que son. Ante la cercanía de la muerte, esa consejera de la vida, todo el concepto de la propie­dad se manifiesta totalmente carente de significado. En los últi­mos momentos de la vida muchos se dan cuenta de que mientras pasaron toda la vida buscando un sentido más completo del ser, lo que buscaban realmente, el Ser, siempre había estado allí pero parcialmente oculto por la identificación con las cosas, es decir, la identificación con la mente sustraida al ego.

Para el ego, tener es lo mismo que Ser: tengo, luego existo. Y mientras más tengo, más soy. El ego vive a través de la com­paración. La forma como otros nos ven termina siendo la forma como nos vemos a nosotros mismos. La forma como otros nos ven se convierte en el espejo que nos dice cómo y quiénes somos. Necesitamos de los demás para conseguir la sensación de ser, y si vivimos en una cultura en donde el valor de la persona es igual en gran medida a lo que se tiene, y si no podemos reconocer la falacia de ese engaño colectivo, terminamos condenados a perseguir las cosas durante el resto de nuestra existencia con la vana esperanza de encontrar nuestro valor y nuestra falsa realización.

¿Cómo desprendernos del apego a las cosas? Ni siquiera hay que intentarlo. Es imposible. El apego a las cosas se desvanece por sí solo cuando renunciamos a identificarnos con ellas. Lo importante es tomar conciencia del apego a las cosas. Algunas veces quizás no sepamos que estamos apegados a algo, es decir identificados con algo, sino hasta que lo perdemos o sentimos la amenaza de la pérdida. Si entonces nos desesperamos y sentimos ansiedad, es porque hay apego. Si reconocemos estar identificados con algo, la identificación deja inmediatamente de ser total. Si uno es capaz de decirse: “Soy la conciencia que está consciente de que hay apego“, es ahí cuando comien­za la transformación de la conciencia.

Fuente: Post-producción a partir de pensamientos propios y algunos fragmentos modificados del libro: Una nueva tierra, de Eckhart Tolle.

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El Yo Evolutivo

Miércoles 9 Abril, 2008 · Deja un comentario

El éxito Fluir nos presentó una nueva teoría sobre la felicidad que cambió radicalmente nuestra visión de la vida y de nosotros mismos. En El Yo evolutivo. Una psicología para un mundo globalizado, su nueva obra editada por Kairós, Mihaly Csikszentmihalyi (cuyo apellido se puede pronunciar como “chick send me high“) nos enseña cómo llegar a comprender y superar nuestra herencia evolutiva para poder re-crearnos a nosotros mismos y al mundo de cara a los nuevos tiempos que vivimos.

Mihaly Csikszentmihalyi sostiene que los mismos comportamientos, genéticamente programados, que hasta hace poco ayudaron a los seres humanos a adaptarse y multiplicarse, ahora amenazan su supervivencia. Las obsesiones con la comida y el sexo, las diferentes formas de adicción al placer, una excesiva racionalidad y la tendencia a centrarnos en los aspectos negativos de la existencia son algunos de los factores que ponen en riesgo el futuro de la humanidad.

Para revertir esta tendencia, el autor plantea que debemos liberar nuestra mente de ilusiones culturales tales como la superioridad etnocéntrica o la identificación con las posesiones individuales, y nos anima a encontrar modos de reducir la opresión, explotación e injusticia que se han ido arraigando en la estructura de la sociedad. Y, fundamentalmente, Csikszentmihalyi nos insta a asumir el control de la evolución humana, para lo cual sólo necesitamos concentrarnos en aquellas actividades que nos resulten estimulantes, que nos hagan sentir en equilibrio con el exterior y superar el conformismo y el caos.

Mihaly Csikszentmihalyi es profesor de Psicología en la Universidad de Chicago, miembro de la National Academy of Education y de la National Academy of Leisures Sciences.

Fuente: Editorial Kairós, http://espiritualidadypolitica.blogspot.com/

Enlace a un artículo que escribí sobre el tema: Humanismo y Conectividad sobre Mihaly Csikszentmihalyi y el fluir de la felicidad, que incluye una muy buena entrevista realizada por Eduard Punset a él.

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El futuro está en nuestras manos

Sábado 15 Diciembre, 2007 · Deja un comentario

Sólo hay que estar consciente de ello y actuar (en consecuencia) con la más elevada y sutil conciencia.

Sentir seguridad.
Tener un sentimiento de identidad y
confianza basado en la fe en lo que uno es.
Sentir necesidad de relacionarse.
Interesarse por el otro.
Amar.
Solidarizarse con el mundo que nos rodea y
no desear dominar al mundo.
Poseer sólo lo necesario para no ser esclavo de las posesiones propias.
Estar presente en el lugar en donde uno se encuentra.
Percibir la unión con la vida.
Renunciar a la conquista y explotación de la naturaleza.
Ser feliz en el proceso de vivir.
Eric Fromm

Luego, comunicarnos con nuestros semejantes, compartir, sumar y seguir aprendiendo.

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Elogio de la cooperación

Lunes 19 Noviembre, 2007 · Deja un comentario

Wordle: Elogio de la cooperacion
Para todo aquel que sabe cómo vive la gente más pobre, resulta evidente que si en su medio no se practicara la cooperación, no podrían atravezar los duros momentos que les toca vivir. Si los pobres no acudieran a la ayuda de los pobres, a sus pares, no podrían sobrevivir. Para ellos, ayudar por medio del trabajo es la cosa más natural y obvia del mundo.

cooperar

El problema es que hay un mundo que saquea a otro. De un lado está esa dignidad que plenifica; del otro lado, tenemos los trajes de 500 dólares, las corbatas de seda natural, los vendedores de un mundo insensible vendido en subasta al mejor postor. Cuando uno piensa en la crueldad que muchos empleadores profieren a sus obreros y empleados, podemos sentirnos inclinados a tratar la naturaleza humana como atroz, maligna, brutal e inhumana. Puro individualismo y codicia. Uno puede sorprenderse de la bajeza a que es capaz el hombre por el afan de lucro. Pero erróneo sería atribuir esa conducta a la propia naturaleza humana.

Ni las fuerzas abrumadoras del estado que buscan centralizar el bienestar social al someternos a la voluntad de los funcionarios políticos de turno, ni las doctrinas que nos inducen al odio mutuo y a la lucha despiadada pueden desarraigar los sentimientos de solidaridad y reciprocidad, profundamente enraizados en la conciencia y el corazón de nuestra especie. Los seres humanos, somos muy curiosos. La tendencia de los hombres a la cooperación se ha manifestado, y lo seguirá haciéndolo, en una infinita diversidad y en todas los sociedades posibles. Hoy estamos siendo testigos, como nunca antes, de esto.

La cooperación a pesar de constituir una de las principales fuerzas del desarrollo progresivo de la humanidad, es solo una de las diferentes formas de las relaciones de los hombres entre sí. Cierto es, que junto con esta fuerza existe y siempre existirá otra corriente, la de autoafirmación del individuo. No sólo en sus esfuerzos por alcanzar la superioridad personal o del grupo dominante en la relación económica, política, cultural y espiritual, sino también en una actividad más importante, la de romper los lazos que convergen a la petrificación que impone sobre el individuo, la comunidad.

En la sociedad humana, la autoafirmación de la personalidad, la cristalización del ego, también constituye un elemento de progreso. En problema es que la autoafirmación de la personalidad o de grupos de personalidades, su lucha por la superioridad y los conflictos, y la lucha que se derivan de ellos, son hoy en día glorificados a un nivel irracional, dando lugar a una atroz deformación de lo que la esencia del ser humano ha mostrado a lo largo de la historia.

Para muchos, la historia es casi escrita íntegramente como la descripción de los métodos y medios con cuya ayuda las distintas teocracias, las monarquías políticas, los poderes militares y, más tarde, las clases pudientes y dominantes, establecieron y conservaron su gobierno en desmedro de las mayorías. Para muchos, la lucha entre estas fuerzas constituye la esencia misma de la historia. Esa distorsión ha motivado que la cooperación como motor del desarrollo humano haya sido relegada casi al olvido.

Sin embargo, si nos detenemos un instante a reflexionar, veremos que la cooperación entre los semejantes ha sido el generador positivo e indudable de la base de todas nuestras concepciones éticas. El principal papel en la evolución de la ética y la moral de la sociedad, ha sido y es motivado por la acción que ha ejercido sobre las sociedades y sobre cada uno de los seres humanos, la cooperación y la reciprocidad.

Desde siempre la cooperación ha guiado nuestros actos, no sólo por el sentido del amor, que tiene un carácter personal, sino por convicción de nuestro sentido de unidad con todo lo humano. Cooperar con los hombres sin calcular y hallar en esto una felicidad o plenitud superior debería ser la fuerza que guía, no sólo a los seres espiritualmente superiores, los que trascendieron la orientación de carácter movida por el tener y la encontraron en el ser, sino de todos quienes buscamos esa felicidad y aun no la hemos alcanzado.

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