Leyendo una entrada en el blog Rizomática me sentí motivado a escribir sobre el tema de la oralidad, la escritura y los medios sociales electrónicos. Para ello me basaré en algunas notas tomadas de mi libro: La Red y el futuro de las organizaciones. Más conectados…¿Más integrados?. Walter J. Ong, quien fuera discípulo de Marshall McLuhan, quien expresó en su famoso libro Oralidad y Escritura, Tecnologías de la Palabra que el uso de una tecnología puede enriquecer la psiquis, desarrollar el espíritu y contribuir a intensificar la vida interior de las personas. Las tecnologías no son sólo recursos externos, sino también, elementos y sistemas transformadores de la conciencia.
Donald Case, intepreta a la información como todo aquello que da lugar a una diferencia en la mente humana conciente y por eso una tecnología que la suscita, tendrá un efecto directo sobre ella. Para Ong, tanto la oralidad como el surgimiento de la escritura, fueron determinantes para configurar el sendero de evolución de nuestras visiones del mudno a lo largo de la historia.
Desde un punto de vista histórico, la escritura fue importante en el paso de la sociedad mágica a la mítica, así como la imprenta fue concluyente para poder crear la conciencia de nación y el dominio eventual de la racionalidad. La escritura, en tanto, tecnología de comunicación, permitió la consolidación del conocimiento y, por lo tanto, la creación de imperios, de formas de identificación grupal y social, y promovió la expansión de la conciencia espacial, ya que el tribalismo que caracteriza a las culturas orales, se limitaba por la cantidad de espacio que podía abarcar.
La escritura trasladó el habla del mundo oral y auditivo a un nuevo universo sensorial, el de la vista, transformando a su vez, por retroalimentación, al habla y al pensamiento. Las palabras escritas quedan aisladas del contexto más pleno desde el cual el lenguaje hablado cobra vida. La palabra en su ambiente oral natural forma parte de un presente existencial real. Por otro lado, la escritura, y la consiguiente lectura, son operaciones solipsistas. No sólo los lectores, sino también el escritor, carecen del contexto extratextual: “El público del escritor siempre es imaginario“. El lector tiene también que crear al escritor. Para que un texto comunique su mensaje, no importa si el autor está muerto o vivo, sin embargo, la articulación del habla, la oralidad, sólo es causada por los vivos.

Afirmar que grandes cambios en la psiquis están relacionados con el paso de la oralidad a la escritura, no pretende establecer que esta última (o su secuela, la imprenta) sea la única causa de todos los cambios en la conciencia y las visiones de mundo de los seres humanos. El vínculo que se intenta establecer no es cuestión de reduccionismo sino de correlación.
La influencia recíproca entre la oralidad, con la que nacen todos los seres humanos, y la tecnología de la escritura, con la que nadie nace, afectó, en forma definitiva, nuestra forma de interpretar el mundo. La oralidad, separó al sujeto del predicado; y la escritura introdujo una división aún mayor, pero también, por contradictorio que parezca, una unidad mayor, ya que al intensificarse el sentido del yo, el ego se vió fortalecido, realzándose la auto-conciencia, al dotarse de los atributos de la razón.
Mediante la separación del conocedor y lo conocido, la escritura posibilitó una introspección cada vez más articulada, no sólo frente al mundo objetivo externo, sino también ante el yo interior. Por ello, la escritura se transformó en el medio distintivo de construcción del pensamiento racional. La imprenta también constituyó un factor determinante en el desarrollo conceptual de la vida personal y privada, que caracterizó a la sociedad moderna.
Al igual que en las culturas orales más primitivas, en las que los ancianos, ocupando el lugar de la sabiduría, narraban las historias que configuraban la memoria colectiva, en los albores de la cultura de la impresión y dada la escasez de material escrito, la lectura tendía a ser una actividad social, en la cual, debido al bajo nivel de alfabetización, una persona leía a otras en comunidad. Sin embargo, poco a poco la escritura impresa, al difundirse, fue removiendo el pensamiento comunitario y reproduciendo una interiorización tal, que sentó las bases del desarrollo de la auto-conciencia y la reflexión individual como nunca antes. El descubrimiento reflexivo más pleno del yo subjetivo, la cristalización del ego, es el resultado no sólo de la escritura, sino también de la imprenta: sin estas tecnologías, la privatización moderna del yo y el agudo, y doblemente reflexivo conocimiento moderno de sí mismo, hubieran resultado imposibles.
Así, podemos referirnos a tecnologías que facilitan cambios, en el sentido que permiten el desarrollo de nuevas estructuras de conciencia, entendidas estas como las lentes a través de las cuales adquirimos una visión del mundo circundante.
¿Qué tal si la seducción que hoy sentimos por Internet y las Redes sociales residiera en el deseo atávico y la fascinación por retornar a la oralidad? Según interpreto, e intentando repensar la perspectiva de Ong, la evidente transformación que estimulan las comunicaciones electrónicas, está llevando a la conciencia humana hacia una nueva era de “oralidad electrónica”. Una era que ostenta asombrosas similitudes con las culturas tribales de la antigüedad y que forjan una nueva mística de participación comunitaria, mediante el empleo de un lenguaje particularmente emocional (de carácter casi ritual) aunque también integrado a formas objetivamente racionales. La voz que se desplaza del teclado a la pantalla, del corazón a la mente, es el permiso que nos hemos dado de ser más humanos y de hablar como humanos.
A diferencia de los miembros de una cultura oral primitiva, que tiende hacia lo externo y ritual porque han tenido poca oportunidad de practicar la introspección, hoy tendemos nuevamente hacia lo ritual y su carácter transformador, porque estamos buscando más profundamente en nuestro interior. Allí donde la oralidad primitiva estimulaba la espontaneidad, porque no disponía del poder de reflexión analítica que comporta la racionalidad de la escritura, la nueva “oralidad electrónica” integra aspectos que parecían antagónicos; así, despierta la espontaneidad, la creatividad y la emocionalidad intuitiva porque, a través de la reflexión analítica, podemos concluir que tanto espontaneidad como emocionalidad son algo bueno y liberador para nuestras vidas. Cuando somos concientes que el procesamiento que realizan las computadoras complementa, y a veces sustituye, nuestra racionalidad, encontramos un espacio que nos libera de su carga y, por eso, nos abrimos a lo espontáneo.
En esta, nuestra cultura tecnológicamente avanzada, perviven modalidades tales como los encuentros de karaoke, el baile en las discotecas, los talleres literarios, el teatro de participación, las raves y todo tipo de evento público masivo. También los juegos interactivos y las salas de chat han contribuido al aparente renacimiento del interés por la narración libre de mediación y los juegos de roles comunitarios. Hoy esto se mueve a través de facebook, twitter y las demás redes sociales en gestación.
Las historias trasforman la información en emoción; y los videojuegos son hoy las historias contadas para un mundo invadido de pantallas, son las narrativas inconclusas de las que se alimentan y, a la vez, avivan las generaciones de hoy. La conectividad nos está facilitando la capacidad de recrear una “mega-ágora comunicacional” donde todos podemos, no ya aisladamente, pero sí en núcleos comunitarios parcialmente distinguibles, sentirnos parte de algo más grande que a nosotros mismos y que nos une a todos. No es nada fácil describir el espíritu dominante de esta época, ya que se superponen e integran diversas subculturas con valores, a veces, disímiles.
El ciberespacio nos permite des-localizar (espacial y, a veces, temporalmente) a la comunidad con la que interactuamos y crea un paisaje de significados múltiples con el que podemos jugar. Internet es un espacio donde se desarrolla dinámicamente una suerte de ecología cognitiva colectiva y a la vez auto-selectiva.
Las comunidades virtuales, las tribus de la Red, los facebooks, twitters y demás, facilitan el acceso de conocimientos detallados específicos y, a través de ellas se crean redes de conocimiento, que dan lugar a un vasto universo de subjetividades colectivas. La formación de comunidades virtuales , se motoriza gracias a la necesidad innata del hombre por llenar el vacío y el aislamiento social que le impuso la sociedad moderna. Día a día se desarrollan aplicaciones que sobrepasan, en gran medida, el espíritu inicial de Internet; el de propiciar el acercamiento entre los seres humanos.
Internet como red global, como el sistema complejo de creación humana más sofisticado, extiende nuestros sentidos hasta abarcar eventos y realidades diversas y dispersas en el mundo, y por ello hace posible un nuevo nivel de conciencia, en el cual los seres humanos pueden extender su sentido de identidad y pertenencia más allá de lo geográfico.
Este aspecto central de Internet, como ya hemos visto, tiene una correlación psico-social que influye no solo en la forma en la que vemos el mundo, sino también la forma en que funciona nuestra sociedad. Las nuevas tecnologías amplifican, exteriorizan, modifican y fluidizan muchas funciones cognitivas. Si la información nos permite CONOCER en el sentido cabal de la palabra, al final de cuentas nos tendría que permitir conocernos a nosotros mismos.
La Red es un medio desconcertante, que tiene la maravillosa virtud de poner al descubierto mentiras habitualmente asumidas como verdades, de sumir en la más completa desorientación a sectores enteros y de transformar paradojas en paradigmas.
Los cambios en el mundo material y objetivo, no llevan automáticamente al cambio y el desarrollo interior del ser humano. Ver el mundo como un todo orgánico, poder tener una identificación más planetaria, reorganizar nuestra psiquis hacia el desarrollo de una vida más plena, profunda e integradora, requiere no sólo de nuevas herramientas que facilitan la tarea, sino de la intencionalidad y el esfuerzo para que ello ocurra. Con excepción del lenguaje, Internet es EL MEDIO DE COMUNICACIÓN. Es un entorno orgánico, casi viviente, un ambiente de millones de inteligencias influenciándose, conversando, pensando y trabajando en conjunto.

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