Humanismo y Conectividad

Entradas etiquetadas como as ‘meditación’

Buda entra en el mundo de la empresa

Lunes 6 Julio, 2009 · 6 comentarios

Artículo publicado en el Diario El País en julio del 2006

De tanto trabajar, los profesionales a menudo se olvidan de que son personas. Pero marginar el mundo interior propio es un lujo que acaba saliendo caro. Estrés, tensión, irritabilidad, ansiedad. Estos efectos impiden llevar una vida tranquila y sosegada. Sin embargo, como no hay más remedio que seguir trabajando, muchos se están apoyando en la filosofía budista, especializada en erradicar la insatisfacción y el sufrimiento. Debido a esta creciente demanda, en España están proliferando cursos de formación encaminados a cultivar la mente para afrontar las dificultades con sabiduría. A muchos empresarios también les ha ayudado a conquistar el éxito.

Siddhartha Gautama, más conocido como Buda -que quiere decir “el que ha despertado“- vivió posiblemente entre los años 563 y 483 antes de Cristo. Entre sus numerosos aforismos recogidos por estudiosos occidentales, muchos destacan la respuesta que le dio a uno de sus alumnos al ser preguntado acerca de lo que más le sorprendía de la humanidad: “Los hombres que pierden la salud para juntar dinero y luego pierden el dinero para recuperar la salud“.

Ya han pasado unos 2.500 años desde que Buda pronunciara esta afirmación, pero su mensaje está más de actualidad que nunca. Después de muchas décadas de escepticismo, el mundo empresarial español está comenzando a profundizar en los conocimientos de esta particular religión, que no cuenta con ningún Dios ni obliga a cumplir ningún tipo de exigencias morales.

Se trata más bien de una filosofía psicológica que pretende hacer consciente en las personas el proceso de su mente, la causa última de todo su sufrimiento. Para ello, los budistas recomiendan la práctica de la meditación, que no es más que dedicar un rato al día a permanecer en silencio, respirar profundamente y dejar que los pensamientos desfilen por la mente, sin que ésta se detenga en ninguno de ellos.

En opinión de Ramiro Calle, pionero de la enseñanza del yoga en España, así como uno de los más importantes escritores orientalistas de este país, “Occidente ha apostado por el desarrollo tecnológico y material, creando una estructura empresarial muy eficiente, pero carente de humanidad“. Para “mejorar la gestión, la eficiencia y el ambiente de las compañías“, continúa Calle, cada vez más empresarios se están dejando contagiar por los preceptos básicos del budismo, “mucho más amables que los fomentados por el agresivo sistema de mercado actual“.

Entre los principales consejos budistas que Calle suele dar a sus alumnos -algunos tan conocidos como Rodrigo Rato, director general del Fondo Monetario Internacional-, se encuentran: “Fluir y adaptarse sabiamente a las circunstancias, sin generar inútiles resistencias“; “conservar la calma y la ecuanimidad y nunca reaccionar violentamente“; “no obsesionarse por alcanzar los objetivos ni dejarse influir por halagos o críticas“; “cultivar actitudes mentales positivas” y, en definitiva, “aceptar el mundo empresarial tal y como es, sabiendo desconectar del trabajo para no caer en la adicción al mismo“.

Puesta en práctica

Pueden parecer simples obviedades, pero su puesta en práctica es realmente complicada. En opinión de Rafael Cervantes, presidente de Samaya Consulting y profesor del centro Gandhiji Natura, “para interiorizar los principios budistas es imprescindible ser consciente de la influencia que ejerce en nosotros nuestra propia mente“, también denominada ego. A su juicio, hay una serie de errores provocados por la mente que deben ser evitados para triunfar personal y profesionalmente.

Hay que dejar de creer que todo va a durar para siempre“, aconseja Cervantes, así como pensar que “el individuo es quien controla todo lo que le sucede“. Otro error es no tener en cuenta la ley de la causa y el efecto. Así, “todo lo que se hace, se dice, se piensa y se experimenta es causa de algo y siempre provoca determinados efectos“, añade Cervantes. “Si se entiende este proceso”, prosigue, “se pueden crear las mejores condiciones para generar los efectos esperados“.

En definitiva, Cervantes aboga por “desenmascarar la perversa influencia de la mente, que convierte a los trabajadores en víctimas de lo que les rodea en vez de comprender que ellos mismos son los únicos responsables de lo que les sucede”.

En esta misma línea apunta la empresa de reciente creación Holo Desarrollo Humano, dedicada a formar a personas para que puedan ser profesionales más completos a través de enseñanzas orientales. Su director, Iñaki de Miguel, señala que “el trabajador del siglo XXI tiene que empezar a desarrollar mucho más profundamente su dimensión corporal, emocional, psicológica y espiritual“.

Empresarios que meditan

Cada vez son más los empresarios españoles que deciden apuntarse a algún curso de iniciación a la meditación, tanto a través del budismo como del yoga. Uno de los alumnos más destacados de la formación para empresarios impartida en el centro Gandhiji Natura es Enric Vilamajor, director general adjunto de la empresa de investigación y consultoría Winterman, que cuenta con 100 empleados en toda España.

Desde que practico la meditación budista“, explica, “tengo mayor conciencia de que lo que le haces al otro te lo haces a ti mismo“. Así, en sus relaciones interprofesionales siempre intenta buscar el medio por el que todos sus colaboradores “salgan beneficiados“.

Joaquín Tamames, presidente de Axel Urquijo, que facturó en 2005 cuatro millones de euros, asegura que “la práctica del yoga genera un estado profundo de paz y una gran energía, dos condiciones muy necesarias para dirigir las empresas hoy en día“.

Fuente: Via Alma San Miguel Artículo publicado en el Diario El País en julio del 2006

¿Querés compartir y contribuir a difundir este artículo entre otros?

Meméame Facebook TwitThis delicious StumbleUpon Bitacoras.com Fresqui Enchilame Wikio ES Google Technorati Envía esta historia a un amigo!
Digg reddit Spurl Magnolia Live Autobombeame Yahoo! MyWeb Blinklist Simpy Blogmarks Netvouz Startaid
Furl Shadows Smarking RawSugar Rojo Netscape Newsvine Mister Wong LinkArena Yigg Webnews folkd.com

Boton para agregar esto a favoritos socialesAgregar este boton de agregadores

Categorías: Cambio de paradigma · Conciencia Integral · De mi Libro: La Red y el futuro de las organizaciones · El mundo del trabajo · Espiritualidad · Nuevo Humanismo · experiencias
Etiquetado: , , , , , , , , , , , , ,

Más neurociencias numinosas: El Zen y el cerebro: ¿el vacío de la (o en la) mente?

Lunes 10 Noviembre, 2008 · Deja un comentario

En el año 1998, la editorial del MIT publicó un libro titulado “El Zen y el Cerebro (Zen and the Brain: Toward an Understanding of Meditation and Consciousness) cuyo autor, el Dr. James Austin, un neurólogo, afirma que para sentir que el tiempo, miedo y auto-conciencia se han disuelto y realmente tener una experiencia mística y espiritual, ciertos circuitos cerebrales deben ser interrumpidos.

Según asegura, la actividad en la amígdala, que monitorea al ambiente y registra el miedo, debe ser reprimida. Los circuitos del lóbulo parietal, que nos orientan en el espacio y marcan la clara distinción entre lo propio y el mundo, deben ser sosegados. Los circuitos frontales y temporales, que marcan el tiempo y generan autoconciencia, deben apagarse. Cuando esto ocurre, Austin concluye que “lo que consideramos como nuestras funciones superiores de autoconciencia parecen disolverse o delesionarse de la conciencia”.

Recientemente, la Asociación Norteamericana de Psicología publicó “Variedades de la Experiencia Anómala”, que cubría enigmas desde experiencias al borde de la muerte hasta experiencias místicas. Al poco tiempo, se publicó el libro “La Religión en la Mente” que abarca el tema de como las experiencias religiosas actúan sobre los lóbulos frontales para inspirar optimismo y hasta creatividad.


Y en el libro “Porque Dios no se va (Why God Won’t Go Away: Brain Science and the Biology of Belief)”, publicado por el Dr. Andrew Newberg de la Universidad de Pennsylvania y su colaborador, el fallecido, Eugene d’Aquili, varias veces citados en este blog y Vince Rause. Estos investigadores, han utilizado imágenes cerebrales que obtuvieron de Budistas Tibetanos sumergidos en la meditación y de monjas Franciscanas durante el rezo profundo para lograr identificar cuál es el circuito espiritual cerebral y para explicar como los rituales religiosos tienen el poder de movilizar a los creyentes y no creyentes por igual.

Lo que todas las nuevas investigaciones tienen en común ha sido la pasión por descubrir las bases neurológicas de las experiencias místicas y espirituales. Los neurólogos y psicólogos que orientan estas investigaciones, intentan descubrir que regiones del cerebro se activan y desactivan durante la experiencia que parece existir fuera del espacio y tiempo. De esta forma se diferencia de las investigaciones rudimentarias que se realizaron durante la década del cincuenta y sesenta que determinaron que las ondas cerebrales cambiaban cuando uno meditaba. Pero esas investigaciones no decían nada acerca de porque cambiaban las ondas cerebrales o que regiones específicas del cerebro eran las responsables de ese cambio. Por otro lado, las investigaciones recientes se basan en tratar de identificar los circuitos cerebrales que tienen mayor actividad durante la experiencia.

Estudiando el flujo de sangre que se correlaciona con la actividad neuronal mediante un SPECT (tomografía computada de emisión de un único fotón), Newberg estudió al Dr. Michael Baime durante sus experiencias místicas. La corteza prefrontal se iluminó. Pero fue el cese de actividad lo que sorprendió. Un grupo de neuronas en el lóbulo parietal superior se apagó. Esta región, que tiene el nombre de “área de asociación y orientación”, procesa la información acerca del tiempo y espacio. Determina donde el cuerpo termina y el resto del mundo comienza. Específicamente, el área de orientación izquierda crea la sensación del espacio físico donde existe el cuerpo.

El área de orientación requiere información sensorial para realizar sus cálculos. “Si se bloquea la información sensorial a esta región, como se hace durante la intensa concentración al meditar, uno evita que el cerebro produzca la distinción entre el yo y el resto”, dice Newberg. Sin la información de los sentidos, el área de la orientación izquierda no encuentra la frontera entre el yo y el resto del mundo. Como resultado, el cerebro parece no tener opción y “percibe al yo como interminable e íntimamente interconectado con todo”, escriben Newberg y d’Aquili en su libro. El área de orientación derecha, también privada de información sensorial parece permanecer en una sensación de espacio infinito. Los meditadores sienten que han tocado al infinito.

La experiencia espiritual

No es sorprendente que la experiencia religiosa se refleje en la actividad cerebral. Todo lo que experimentamos deja su marca en el cerebro. Lo difícil es que “no hay manera de determinar si los cambios neurológicos asociados con la experiencia espiritual significan que el cerebro está causando esas experiencias…. o si en vez esta percibiendo una realidad espiritual”.

Produciendo visiones

Cuando la imagen de una cruz, por ejemplo, dispara una sensación de admiración religiosa, se debe a que el área cerebral de asociación visual, que interpreta lo que ven los ojos y conecta las imágenes con las emociones y memorias, ha aprendido a vincular esas imágenes con esos sentimientos. Las visiones que surgen durante el rezo o ritual también son generadas en el área de asociación: la estimulación eléctrica del lóbulo temporal produce visiones.

La epilepsia del lóbulo temporal lleva esto a un extremo. Aunque algunos estudios han negado una conexión entre la epilepsia del lóbulo temporal con la religiosidad, otros creen que la condición parece llevar a voces y visiones religiosas.

Aunque la epilepsia del lóbulo temporal es rara, los investigadores sospechan que los estallidos de actividad eléctrica localizados llamados pueden llevar a experiencias místicas. Para probar esta idea, Michael Persinger sostiene un casco lleno de electroimanes sobre la cabeza de un voluntario. El casco crea un campo magnético débil, no mayor al producido por un monitor de computadora. Persinger descubre que el campo dispara estallidos de actividad eléctrica en los lóbulos temporales produciendo sensaciones que los voluntarios describen como supernaturales o espirituales: una sensación de lo divino. Él sospecha que las experiencias religiosas son producidas por mini tormentas eléctricas en los lóbulos temporales, y que tales tormentas pueden ser producidas por la ansiedad, crisis personales, falta de oxígeno, baja glucosa en sangre o simple fatiga. Pero, porqué los lóbulos temporales? Persinger especula que el lóbulo temporal izquierdo mantiene nuestro sentido de lo propio. Cuando la región es estimulada pero la derecha no, la izquierda lo interpreta como la sensación de presencia, como al yo dejando el cuerpo, o como Dios.

Existe una correlación entre la gente cuyos pensamientos inconscientes tienden a pasar a la conciencia y las experiencias espirituales”, dice Michael Thalbourne de la Universidad de Adelaide. Desafortunadamente, los científicos no saben que es lo que permite que los pensamientos inconscientes aparezcan en la conciencia de algunas personas y no otras. El único predictor de tales experiencias, sin embargo, es algo llamado “disociación”. En este estado, diferentes regiones cerebrales se disocian de otras. “Esta teoría, que explica a la hipnosis tan bien, podría también explicar a los estados místicos”, dice Michael Shermer, director de Skeptics Society. “Algo parece estar sucediendo en el cerebro, donde un módulo se disocia del resto de la corteza.

La base neuronal de la experiencia religiosa

Esa disociación puede reflejar la actividad eléctrico inusual en algunas regiones cerebrales. En 1997, el neurólogo Vilayanur Ramachandran le dijo a los participantes de la reunión anual de la Sociedad de Neurociencias que existe “una base neuronal para la experiencia religiosa.” Sus resultados preliminares sugirieron que la profundidad del sentimiento religioso, o religiosidad, podría depender de la remarcada actividad eléctrica natural en los lóbulos temporales. Interesantemente, esta región cerebral parece importante para la percepción del lenguaje. Una experiencia común a muchos estados espirituales es escuchar la voz de Dios. Parece surgir cuando malinterpretamos el lenguaje interno con algo externo. Durante tales experiencias, el área de Broca del cerebro (responsable de la producción del habla) se enciende. La mayoría de nosotros podemos reconocer que es nuestra propia voz, pero cuando la información sensorial esta restringida, como ocurre durante la meditación, la gente es “más propensa a atribuir los pensamientos generados internamente a una fuente externa”, dice el psicólogo Richard Bentall de la Universidad de Manchester, Inglaterra.

Hasta la gente que se auto describe como no espiritual puede ser movida por ceremonias religiosas. De ahí el poder del ritual. La clave es la combinación entre la atención localizada, que excluye otros estímulos sensoriales, junto con la sensación emocional magnificada. Juntas, parecen aumentar la actividad del sistema de excitación del cerebro. Cuando esto sucede, explica Newberg, una de las estructuras cerebrales responsable de mantener el equilibrio, el hipocampo, pisa el freno. Esto inhibe el flujo de señales entre neuronas.

Suavizando las fronteras del yo

El resultado es que ciertas regiones del cerebro son privadas de la información neuronal. Una de esas regiones parece ser el área de la orientación, la misma región que es silente durante la meditación. Como en esos estados, sin la información sensorial el área de orientación no puede cumplir su función de mantener un sentido de donde termina lo propio y empieza el mundo exterior. Por eso los rituales pueden desencadenar lo que Newberg llama “suavización de las fronteras del yo”.
Es posible que los científicos nunca resuelvan la pregunta más importante de todas: si nuestros circuitos cerebrales crearon a Dios o si Dios creó nuestros circuitos cerebrales. Cualquiera que uno crea es, finalmente, una cuestión de fe.

Recomendar en Menéame Recomendar en Digg it Recomendar en Reddit Enviar a Del.icio.us

Meméame del.icio.us Yahoo! MyWeb StumbleUpon Furl Blinklist Spurl Magnolia Simpy Blogmarks Netvouz Startaid Facebook Shadows

Smarking RawSugar Technorati Digg reddit Rojo Netscape Newsvine Mister Wong LinkArenaYigg Webnews folkd.com

Boton para agregar esto a favoritos socialesAgregar este boton de agregadores

Categorías: Cambio de paradigma · Ciencia · Conciencia · Conciencia Integral · Espiritualidad
Etiquetado: , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

Cómo hacerse más inteligente, con cada inspiración

Jueves 30 Octubre, 2008 · Deja un comentario

Todo el mundo en esta bola de agua sabe que la meditación reduce el estrés. Pero con la ayuda de la avanzada tecnología de un escáner cerebral, los investigadores están empezando a demostrar que la meditación afecta directamente a la estructura y a las funciones del cerebro, modificándolo de una manera que parece incrementar el alcance de la atención, agudizar el enfoque y mejorar la memoria.

Un estudio reciente encontró evidencias de que la práctica diaria de la meditación hace que se hagan más densas las partes del córtex cerebral responsables de la toma decisiones, la atención y la memoria. Sara Lazar, científica investigadora en el Hospital General de Massachussets, presentó el noviembre pasado unos resultados preliminares que demostraban que la materia gris de 20 hombres y mujeres que meditaban durante 40 minutos al día, era más densa que la de aquellas personas que no lo hacían. Al contrario que en estudios previos, que se centraban en monjes budistas, los sujetos en esta ocasión eran trabajadores del área de Boston que practicaban un estilo occidental de meditación llamado atención, o meditación interior. “Hemos demostrado por primera vez que no necesitas hacerlo durante todo el día para lograr estos resultados”, afirma Lazar. Y lo que es más, sus resultados sugieren que la meditación podría ralentizar el adelgazamiento natural que esa sección del córtex sufre con el paso del tiempo.

Las formas de meditación que están estudiando Lazar y otros científicos implican que el sujeto se centre en una imagen, un sonido, o en su respiración. Aunque resulta aparentemente simple, su práctica parece ejercitar las partes del cerebro que nos ayudan a prestar atención. “La atención es la clave para aprender, y la meditación ayuda a regularla voluntariamente”, dice Richard Davidson, director del Laboratorio de Neurociencia Afectiva de la Universidad de Wisconsin. Desde 1992, Davidson ha colaborado con el Dalai Lama en estudios del cerebro de los monjes tibetanos, a quienes él llama “los atletas olímpicos de la meditación”. Usando cubrecabezas equipados con sensores eléctricos y colocándoselos a los monjes, Davidson ha registrado sus poderosas e inusuales ondas gamma, mucho mejor sintonizadas en los tibetanos que en los meditadores novicios. Los estudios establecieron un vínculo entre la sincronía de estas ondas gamma y el incremento en la conciencia.

Muchas de las personas que meditan afirman que la práctica restaura su energía, lo cual les permite desempeñar mejor cualquier tarea que requiera atención y concentración. Si así fuera, ¿no sería igual de beneficiosa una siesta a medio día? No, afirma Bruce O’Hara, profesor asociado de biología en la Universidad de Kentucky. En un estudio sometió a estudiantes de colegio bien a meditación, a sueño o a ver televisión. Después realizó con ellos lo que los psicólogos llaman vigilancia psicomotora, pidiéndoles que apretaran un botón cuando se emitiese una luz sobre una pantalla. Aquellos que habían aprendido a meditar, realizaron el test un 10% mejor; “un salto enorme, estadísticamente hablando”, dice O’Hara. Aquellos que dormitaron lo hicieron significativamente peor. “Lo que implica”, según teoriza O’Hara, “que la meditación podría restaurar la sinapsis, al estilo de lo que sucede cuando dormimos, pero sin el atontamiento inicial”.

No es nada sorprendente, dados esos resultados, que un creciente número de compañías (incluyendo a Deutsche Bank, Google, Canon, Salesforce y Hughes Aircraft) ofrezcan clases de meditación a sus empleados. Jeffrey Abramson, jefe ejecutivo de Tower Co., empresa de desarrollo afincada en Washington, dice que el 75% de su plantilla asiste a clases gratuitas de meditación trascendental. Hacer que sus empleados sean más listos es solo uno de los beneficios; los estudios dicen que la meditación mejora también la productividad, en gran medida gracias al efecto de prevención de enfermedades relacionadas con el estrés y reduciendo el absentismo.

Otro beneficio para los empleados: la meditación parece ayudar a regular las emociones, lo cual a su vez ayuda a que las personas sepan arreglárselas. “Uno de los dominios más importantes donde actúa la meditación es el de la inteligencia emocional; un conjunto de habilidades mucho más consecuentes para el éxito en la vida que la inteligencia cognitiva”, dice Davidson. De modo que, como resolución para el nuevo año que le rendirá grandes satisfacciones en su casa y en la oficina, intente hacer esto: solo respire y estese allí.

Traducido y adaptado de How to Get Smarter, One Breath at a Time (Autora Lisa Takeuchi Cullen para Time)

Recomendar en Menéame Recomendar en Digg it Recomendar en Reddit Enviar a Del.icio.us

Meméame del.icio.us Yahoo! MyWeb StumbleUpon Furl Blinklist Spurl Magnolia Simpy Blogmarks Netvouz Startaid Facebook Shadows

Smarking RawSugar Technorati Digg reddit Rojo Netscape Newsvine Mister Wong LinkArenaYigg Webnews folkd.com

Boton para agregar esto a favoritos socialesAgregar este boton de agregadores

Categorías: Conciencia · Conciencia Integral · Espiritualidad
Etiquetado: , , , , , , , , , , , , , ,

Neurociencias numinosas (4): La mente como fenómeno emergente

Miércoles 29 Octubre, 2008 · 3 comentarios

En varias numerosas entradas anteriores he reflexionado sobre el fenómeno de la conciencia a la luz de los estudios neurocientíficos. Siempre, de alguna u otra manera, llegaba a una conclusión más o menos similar: la ciencia debe ir más allá del reduccionismo y del materialismo instrumental para capturar la dimension vital de la conciencia. No obstante, queda claro que la ciencia carece de una metafísica adecuada para la incorporación tanto de la mente como de la materia en forma integrada y por ello surge un problema: no se puede hablar realmente de una ciencia de la mente sin discutir las propiedades emergentes de los fenómenos y de sus diversos niveles de organización. En algún sentido se podría afirmar que el cerebro humano es EL ejemplo de la emergencia en la naturaleza.

El concepto de emergencia al que también me he referido contadas veces establece, simplemente, que “el todo es mayor que la suma de sus partes”. Cuantas veces hemos escuchado esta frase. Bien vale volver a registrarla una vez más. Así como la neurona no puede ser adecuadamente descrita sólo en base a sus componentes constitutivos, tampoco se puede comprender al cerebro sólo catalogando sus partes, es decir las neuronas. De la misma forma, la mente es igualmente un fenómeno emergente. No existe sin un cerebro funcional, pero no se podría nunca predecir la presencia de la conciencia sobre la base de una descripción reduccionista exhaustiva del cerebro. Mi acercamiento al mundo de los sistemas complejos me ha mostrado que el universo está colmado de fenómenos en busca de comprensión, y he llegado a sospechar que la mayoría de problemas importantes de la física, la biología, la economía y la sociedad, son de naturaleza emergente y compleja.

La búsqueda sincera por comprender, nos obliga a recurrir cada vez más al concepto de emergencia. La emergencia podría colocar límites filosóficos a las afirmaciones de los científicos sociales que justifican la religión de manera reduccionista. Un científico, digamos Max Weber, puede establecer relaciones entre la ética protestante y el espíritu del capitalismo, pero esto no implica causalidad. Un científico podría asimismo establecer determinada actividad en el lóbulo temporal derecho y relacionarla con la experiencia numinosa de a espiritualidad o de la presencia de Dios, pero eso no significa que ha localizado o explicado la realidad de la existencia de un dios.

Una comprensión contundente de la emergencia, con diversos niveles de análisis, síntesis e interpretación, podría abrir un espacio de posibilidades para la comprensión científica de las nociones que manan del conocimiento espiritual y las experiencias numinosas. Quedan aún por hacer muchas investigaciones muy interesantes y hay numerosas personas brillantes dedicadas a las mismas. Enormes beneficios quedan por materializarse en el camino. Por ejemplo, todas las tradiciones reconocen la existencia de aberraciones religiosas, aunque no estén de acuerdo en como clasificarlas. La investigación neurocientífica podría proporcionarnos mejores herramientas para distinguir entre personas religiosamente patológicas y personas con una espiritualidad vibrante y sana.

Vale advertir con cierto tufillo propagandístico que muchos de los neurocientíficos occidentales dedicados al estudio de las experiencias numinosas a las que me he referido en las notas anteriores en el cerebro son practicantes del Budismo. Vale recordar al notable Francisco Varela, un pionero en la materia. ¿Por qué ocurre así? Bueno, existe entre los neurocientíficos el reconocimiento de que los budistas en particular han dirigido investigaciones sobre la conciencia durante más de 2.500 años, y que por tanto el Budismo tiene algo que enseñar a los científicos sobre el tema. Uno de los principales promotores de este diálogo entre el budismo y la ciencia ha sido el propio Dalai Lama que frecuentemente convoca a grupos de científicos a debatir en el marco del Life & Mind Institute.

No obstante, también hay detractores de este tipo de diálogo y buscan valerse de las neurociencias para denigrar el conocimiento espiritual. Así mismo existe un potencial peligro que puede tornarse en preocupante: ¿Qué sucedería si las neurociencias alcanzaran la habilidad de propiciar fácilmente la euforia espiritual manipulando el cerebro, garantizando desde el éxtasis numinoso a la obediencia sincrética?. La noción de que alguien pueda tomar una pastilla y alcanzar la beatitud eterna sin ningún efecto secundario podría suponer el fin de la evolución de nuestra especie e incluso nuestra extinción. ¿Qué nos motivaría entonces para innovar y ser creativos?

La investigación empírica de los fenómenos religiosos y espirituales no sólo es saludable, sino necesaria. La ciencia de la religión bien podría ofrecer una mediación entre los creyentes de diversas tradiciones espirituales y religiones, y ayudar así a alcanzar una suerte consenso de opiniones. Al fin de cuentas, los rios de la verdad siempre deberían llevarnos al oceano de la sabiduría, en lugar de separarnos, como ha venido ocurriendo desde tiempos inmemoriales. Una síntesis entre ciencia y espiritualidad o entre ciencia y religión podría servir para unirnos y en esa labor, las neurociencias empleadas al servicio de la comprensión del conocimiento espiritual nos ayudarían verdaderamente a transitar por este camino.

Es importante recordar que el cerebro crece y evoluciona a lo largo de la vida, y especialmente durante la infancia. En el segundo año de vida, el cerebro de un bebé humano está desarrollado sólo en un 15%. El tamaño máximo de este órgano se alcanza en la adolescencia, alrededor de los 16 años de edad. Las diversas partes del cerebro maduran en diferentes estadios. Los seres humanos presentamos una disposición universal a aprender el lenguaje, la música y la religión, pero el aprendizaje de un lenguaje específico, un género de música o una tradición religiosa determinada depende de la cultura y el lugar de nacimiento. Borges bien sabía esto. Hay que señalar que la mayoría de las tradiciones espirituales usan también la música y el lenguaje, por lo que estas conexiones han de ser algo más que fortuitas para el desarrollo del cerebro y de las creencias religiosas.

Pudiera ser que la adolescencia fuera una época especialmente importante para la transmisión de la religión, y que exista en ese momento una disposición neurológica que la cultura utiliza. Este hecho puede apreciarse en la prevalencia de los ritos de iniciación. El 70% de las culturas estudiadas por los antropólogos tienen alguna práctica formal de iniciación para los adolescentes. Algunas de estas prácticas son sólo para los varones y otras sólo para las mujeres o para ambos sexos. Estos ritos de pasaje estudiados en detalle por Victor Turner generalmente implican la separación de la familia y de la comunidad, la reclusión, la adversidad física, el estrés psicológico, la privación de comida, agua o sueño e, incluso, en ocasiones la tortura o la mutilación del cuerpo. Estos ritos preceden al matrimonio, a la reproducción y a las responsabilidades y derechos de los adultos dentro de un grupo social.

Volviendo al tema, existen varios problemas inherentes a estos estudios neurocientíficos sobre los fenómenos religiosos y espirituales. Ante todo, la religión es una experiencia neurocognoscitiva compleja que incluye rituales, grupos sociales y otras dimensiones que no pueden ser fácilmente reproducidas en laboratorios o aislarse en las mentes humanas. Tampoco está claro que todas las experiencias religiosas sean comparables desde el punto de vista neuronal (no son lo mismo el estudio del Talmud que las prácticas contemplativas budistas o que las auto-flagelaciones cristianas o la ejercitación con asanas de yoga y las danzas de los derviches sufíes).

En ese camino en busca de la comprensión, la ciencia necesariamente ha intentado simplificar estas experiencias para poder realizar investigaciones manejables y tal vez repetibles. La mayoría de los estudios se centran en las prácticas meditativas o contemplativas, simplemente porque sería difícil estudiar cualquier otro aspecto en el ámbito de la aparatología hospitalaria.

Una taxonomía completa de la experiencia religiosa debiera ser desarrollada, detallada y relacionada con diferentes estados del cerebro: las experiencias interpretativas (circunstancias religiosamente significativas, como la sincronicidad o la buena o mala suerte), las experiencias casi-sensoriales (visión o escucha de la divinidad); experiencias de revelaciones, experiencias regenerativas (curaciones o catarsis); experiencias éticas y morales, experiencias estéticas, experiencias luminosas, y experiencias de unidad (pérdida de distinción entre uno mismo y lo que le rodea).

Otro problema en el estudio neurocientífico de los fenómenos espirituales es la tendencia a extraer conclusiones ontológicas de estas investigaciones, normalmente bien para validar bien para desmentir alguna doctrina religiosa. Resulta evidente que nadie puede probar o desmentir, por ejemplo, la existencia de Dios a partir del estudio del cerebro de alguien. Una correlación neurológica no es equivalente a la causalidad o última explicación. Cada pensamiento que tenemos, incluso los pensamientos científicos, tienen sus estados cerebrales mensurables. Podemos estudiar el cerebro de un físico mientras trabaja con ecuaciones utilizando el escáner de resonancia magnética funcional, por ejemplo. Aprenderíamos muchas cosas interesantes sobre el cerebro de esa persona, tal vez generalizables a todos los físicos, quizá a todas las ecuaciones, pero no aprenderíamos nada sobre la verdad o no de la física.

Pero, como dice el filósofo budista Alan Wallace en su libro “The Taboo of Subjectivity: Toward a New Science of Consciousness”, aún no entendemos la mente: A pesar de siglos de investigación científica y filosófica en la naturaleza de la mente, en el presente no existe una tecnología que pueda detectar la presencia o ausencia de ningún tipo de conciencia, porque los científicos incluso desconocen que ha de ser medido exactamente. Más concretamente: en el presente no existe ninguna evidencia científica ni siquiera de la existencia de la conciencia. Todas las evidencias directas consisten en testimonios no científicos, en primera persona, sobre el ser consciente.

Claro está que los testimonios en primera persona no cuentan como evidencia para la ciencia. Se necesita la correlación y la corroboración por parte de otra evindencia. No se le puede dar crédito al “yo” que habla en primera persona. Quizá debamos reprensar la ciencia, y con ella la neurociencia, desde el principio y formular una epistemología que admita albergar a la conciencia.

Recomendar en Menéame Recomendar en Digg it Recomendar en Reddit Enviar a Del.icio.us

Meméame del.icio.us Yahoo! MyWeb StumbleUpon Furl Blinklist Spurl Magnolia Simpy Blogmarks Netvouz Startaid Facebook Shadows

Smarking RawSugar Technorati Digg reddit Rojo Netscape Newsvine Mister Wong LinkArenaYigg Webnews folkd.com

Boton para agregar esto a favoritos socialesAgregar este boton de agregadores

Categorías: Conciencia Integral
Etiquetado: , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

¿Qué es una experiencia cumbre?

Martes 19 Agosto, 2008 · 9 comentarios

En varias entradas que realicé en el blog me he referido a la experiencia directa espiritual, la experiencia cumbre o peak o, cómo la llamó Jung, experiencia numinosa. Se trata de una experiencia que ha sido percibida por el ser humano desde tiempos inmemoriales y que contínuamente, aunque a veces en forma metafórica o con imaginería es nombrada en la mayoría (sino en todos) los escritos religiosos a lo largo de la historia. Sin embargo, fue científicamente estudiada y definida de manera sistemática, por vez primera, por el psicólogo humanista Abraham Maslow.

Se trata de una experiencia tan importante y transcendente no sólo para quien tiene el infinito privilegio de tenerla sino para el mundo todo, que intentaré dar una definición basándome en lo realizado por este notable psicólogo. Estoy convencido de que promover la realización de esta experiencia en la gente, en mi caso mediante su difusión para que cada uno encare un proceso de búsqueda y desarrolle algún tipo de trabajo interior, sea de la escuela que sea, puede ser la llave para que todo en este mundo mejore y podamos cada día más actuar en armonía con nuestras posibilidades humanas sin que por ello actuemos en desmedro del prójimo. Como decía Krishnamurti, creo fehacientemente que la verdadera revolución en este mundo es revolucionarse y es por eso que tanto hablo de este tipo de experiencias que a continuación trataré de definir y describir.

Abraham Maslow en su libro Religions, Values, and Peak Experiences (1964) definió como experiencia cumbre: “un estado de unidad con características místicas; una experiencia en la que el tiempo tiende a desvanecerse y el sentimiento que sobrecoge hace parecer que todas las necesidades se hallan colmadas”. Con esta definición quedan descriptos ciertos estados transpersonales y extaticos, caracterizados por la unificación, armonización e interconexión que percibe el experimentador quien se abre a la revelación de lo inefable del ser. Se trata de toda una categoría de experiencias místicas caracterizadas por la disolución de las fronteras personales y la sensación de ser uno con otras personas, con la naturaleza, con todo el universo y (tal vez) con Dios.

En sus escritos, Maslow critica duramente a la posición tradicional de la psiquiatría occidental, la que sostiene que estas experiencias son síntoma de la enfermedad mental. Maslow demostró sin lugar a dudas que las experiencias cumbre ocurren en personas normales y bien adaptadas. También observó que si se les permite completarse naturalmente es común que resulten en un mejor funcionamiento en el mundo y que conduzcan a lo que él llamó “la autorrealización”: una mayor capacidad para expresar el propio potencial creativo. El psiquiatra e investigador de la conciencia Walter Pahnke desarrolló una lista de las características básicas de una experiencia cumbre, basándose en el trabajo de Abraham Maslow. Utilizó el siguiente criterio para describir este estado de la mente:

  • Unidad (interna y externa)
  • Una fuerte emoción positiva
  • La trascendencia a las categorías espacio y tiempo
  • Sentido de lo sagrado (numinosidad)
  • Naturaleza paradójica
  • Objetividad y realidad de las percepciones obtenidas
  • Inefabilidad
  • Efectos posteriores positivos

Más recientemente y luego de estudiar las tradiciones de oriente, con especial énfasis en el budismo, Robert Gimello de la Universidad de Harvard, realizó una clasificación mas exhaustiva de las experiencias místicas.

  • La sensación de Unidad y consecuente disolución o pérdida del “ego”.
  • La pérdida del sentido del tiempo y del espacio.
  • La sensación de contacto con lo Sagrado o lo Numinoso, como aquello con lo que conecta el místico y se presenta como factor esencial persistente en el mundo religioso.
  • La sensación de objetividad y de realidad profunda. El místico fiable no es el psicótico que ha perdido contacto con la realidad. Al contrario, está dotado de un fuerte sentido de lo común que le permite ser testimonio de la realidad más profunda tanto como de la realidad más concreta y aparente.
  • La cualidad noética, o sensación de la intuición de verdades profundas al margen del intelecto discursivo. Es una sensación realista de inmediatez radical que va unida a la experiencia mística. Así ha sido vivida por místicos como Ignacio de Loyola, Bernardo de Claraval, Al-Gazzali, Ovidio, Rumi, Ibn Arabi, etc.
  • La superación del dualismo y de las contradicciones. Va más allá del principio de contradicción y del tercero excluido, llegando a la lógica transcendental de Hegel, o a la comprensión de la Tercera Fuerza de Gurdjieff, o a la coincidentia oppositorum de Nicolás de Cusa.
  • La pérdida del sentido de la causalidad.
  • Inefabilidad.
  • La sensación de profunda paz y alegría. Inmensa felicidad, coherencia y una armonía interna imperturbable. Pero lo que importa sobretodo es la perdurabilidad de un estado de conciencia superior a lo comúnmente vivido.
  • La percepción de Luz o Fuego. Es la experiencia literal de la iluminación. Lo describió Hildergard von Bingen, Teresa de Jesús, Jacob Böhme, Jacopone da Todi, etc.
  • Transitoriedad.
  • Cambio positivo de conducta. Es un criterio fundamental. Todas las grandes huellas de vida religiosa profunda llevan a los sujetos que los experimentan a un mundo interno más rico y una mejora de calidad en el mundo emocional.

Como esta lista y la anterior lo indican, un individuo que vive una experiencia cumbre tiene la sensación de sobreponerse a la fragmentación y división cuerpo/mente, y alcanza un estado de unidad y completud interna total que usualmente resulta muy curativo y benéfico. Trasciende también la distinción normal entre sujeto y objeto, y vive un estado extático de unión con la humanidad, la naturaleza, el cosmos y Dios. Está asociado a una fuerte alegría, felicidad, serenidad y paz.

Las personas que experimentan una conciencia mística de este tipo tienen la sensación de dejar la realidad ordinaria, en donde el espacio es tridimensional y el tiempo lineal para entrar en una zona mítica y sin tiempo donde ya no caben esas categorías. En este estado, la eternidad e infinitud pueden experimentarse en segundos del tiempo del reloj. Otra cualidad vivencial de la conciencia de la unidad es el sentido de numinosidad, un término que Carl Gustav Jung utilizaba para describir un profundo sentido de lo sagrado y lo santo que está asociado a ciertos procesos profundos de la psiquis.

La experiencia de lo numinoso nada tiene que ver con creencias religiosas previas o programas: es una percepción directa e inmediata de que se está ante algo que tiene una naturaleza divina y es totalmente diferente de nuestra percepción común del mundo de todos los días. Las descripciones de estas experiencias están llenas de afirmaciones paradojales que violan las reglas básicas de la lógica. Es posible referirse a un estado místico diciendo que es como estar vacío de contenidos pero contenerlo todo. Ya que no presenta nada concreto, nada parece faltar, porque contiene a toda la existencia en potencia.

La persona que lo describa hablará de una completa ausencia del ego y dirá que su sentido de identidad estaba tan infinitamente expandido que contenía al universo entero. Otros podrán decir que se sintieron absolutamente insignificantes, sobrecogidos y humildes por la experiencia, pero guardan la sensación de un logro de dimensiones cósmicas, porque se sienten en cierta forma una nada, se perciben como conmensurables con Dios.

Durante una experiencia mística tal vez se sienta que se accede al más alto conocimiento y sabiduría en cuestiones espirituales importantísimas. Por lo general esto no incluye información sobre el mundo material, aun que ciertos estados místicos han sido ocasionalmente una fuente de información válida que pudo utilizarse prácticamente. Es más usual tener una comprensión instantánea de la esencia de la existencia descrita por los Upanishads como “conocer Eso, el conocimiento que brinda el conocimiento de todo lo demás”. Este conocimiento de la verdadera naturaleza de la existencia se percibe en última instancia como mucho más real e importante que todas las teorías científicas o percepciones y conceptos de la vida cotidiana. La inefabilidad es un rasgo característico del estado místico.

Es en verdad imposible describir a otros la naturaleza de estas experiencias, su profundo significado y su importancia, en especial a quienes nunca las han tenido. Casi todos los que relatan su experiencia mística se lamentan de la total ineficacia de las palabras para contarla. Quienes han tenido es te tipo de vivencia a menudo dicen que el lenguaje poético, aunque imperfecto, es el mejor vehículo para transmitir estos estados. Los versos in mortales de los grandes poetas trascendentales de Oriente, como Omar Khayyam, Rumi, Kabir, Mirabai, y Kahlil Gibrán, así como Hildegard von Bingen, William Blake, Rainer Maria Rilke y tantos otros así lo atestiguan. Si se permite que estas experiencias sigan su curso, es probable que ejerzan una influencia profunda y duradera en el bienestar general de la persona, su escala de valores y sus estrategias de vida. Suelen producir una mejora de la salud emocional y física, una mayor apreciación de la vida y una acritud más amorosa, tolerante y honesta hacia los demás seres humanos. Son capaces de reducir drásticamente la agresividad, la intolerancia, los impulsos irracionales y las ambiciones poco realistas.

Hay ciertas situaciones en la vida que son especialmente capaces de producir una experiencia cumbre. En muchos casos, la disolución del ego se da cuando uno se ve sobrepasado por la percepción de algo exquisita mente bello. Esto suele ocurrir con la naturaleza: al bucear en jardines de coral, navegar en el océano o en una balsa por los rápidos de un río, acampar en el desierto, escalar montañas elevadas, andar en globo o practicar el aladeltismo. Varios astronautas han tenido experiencias de este tipo durante los vuelos a la luna y al orbitar la tierra. Otra fuente importante de experiencias cumbre la constituye el arte inspirado; en este caso, el arrobamiento místico puede ser experimentado tanto por el artista que crea o interpreta, como por el admirador sensible.

Muchas experiencias de conciencia de la unidad han sido inspiradas por el esplendor de monumentos como las pirámides egipcias, los templos hindúes, las catedrales góticas, las mezquitas musulmanas y el Taj Mahal; así como por música, pinturas o esculturas. El amor, el romance y el éxtasis erótico también disparan con frecuencia poderosas sensaciones de unidad con el todo. Lo mismo puede suceder cuando uno queda absorbido por la mirada de un bebe. Quizás resulte asombroso que las experiencias cumbres también se den en entrenamientos rigurosos y encuentros competitivos. Michael Murphy y Rhea White han brindado ejemplos sorprendentes de tales estados en su libro The Phychic Side of Sports.

Considerando que las experiencias cumbres son positivas y están llenas de posibilidades, puede resultar desconcertante que se conviertan en un motivo de crisis espiritual. La razón principal para tales complicaciones es que la cultura occidental en realidad no tiene una comprensión cabal de los estados alterados de conciencia. Como consecuencia, somos incapaces de reconocer el valor de estas experiencias, de aceptarlas y de contener a quienes las viven. Por eso es tan importante predicar a favor de semejante apertura.

La actitud que predomina en la psiquiatría tradicional y en el público en general es que cualquier desviación de la percepción y la comprensión común de la realidad es patológica. Nada más lejos de la verdad. Sin embargo, en estas circunstancias, un occidental promedio que atraviesa un estado místico tenderá a cuestionar su salud mental y a resistir lo que experimenta. Los parientes y amigos probablemente apoyarán tal actitud y sugerirán que se recurra a la ayuda psiquiátrica. Mucha gente en el medio de una experiencia cumbre ha sido enviada a un psiquiatra, que le diagnosticó una patología, interrumpió la experiencia con medicación supresiva y tranquilizantes y le adjudicó el rol de paciente psiquiátrico de por vida.

Digamos que tienes una experiencia de la luz interior, cegadora, extática, que hace estallar tu mente.
La experiencia es directa e inmediata, pero entonces sales de ella y quieres contárla a otro, o quizás simplemente quieres contártela a vos mismo. La forma en que interpretes esta experiencia determinará como la harás encajar en tu vida, como la compartirás con el mundo y como será tu futura relación con está luz que puede cambiar tu vida de manera total y definitiva.

Recomendar en Menéame Recomendar en Digg it Recomendar en Reddit Enviar a Del.icio.us

Meméame del.icio.us Yahoo! MyWeb StumbleUpon Furl Blinklist Spurl Magnolia Simpy Blogmarks Netvouz Startaid Facebook Shadows

Smarking RawSugar Technorati Digg reddit Rojo Netscape Newsvine Mister Wong LinkArenaYigg Webnews folkd.com

Boton para agregar esto a favoritos socialesAgregar este boton de agregadores

Categorías: Cambio de paradigma · Conciencia Integral · Espiritualidad · creatividad
Etiquetado: , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

La experiencia cumbre, busca ser comprendida por la ciencia

Jueves 7 Agosto, 2008 · 2 comentarios

Los muchos estudios realizados en conexión con lo que hoy comienza a ser llamada como la “neurología mística” muestran el indudable interés que ha suscitado la posibilidad de estudiar empíricamente la experiencia cumbre o espiritual, que está en la base no sólo de las religiones institucionalmente cristalizadas, sino también de la experiencia religiosa de lo “numinoso” no integrada en religiones oficiales.

No sólo están los estudios de Dean Hamer, Eugene D´Aquili y Andrew Newberg, que ya he comentado en alguna otra entrada, sino también son dignas de atención las investigaciones realizadas por Sam Harris, Robert M. Gimello, Mario Beauregard, Vincent Paquette y Richard Davidson a las que me referiré en esta. De la revisión de los trabajos de estos últimos se desprenden interesantes revelaciones sobre la experiencia directa espiritual, la experiencia cumbre o peak. En 1947, Abraham Maslow definió como experiencia cumbre: “un estado de unidad con características místicas; una experiencia en la que el tiempo tiende a desvanecerse y el sentimiento que sobrecoge hace parecer que todas las necesidades se hallan colmadas”.

Tratar de explicar las experiencias místicas ha sido siempre un problema. Ya lo decía Lao Tse al afirmar que el “tao” (digo yo, la experiencia) que se nombra no es el verdadero “tao”. Se trata de una experiencia tan personal e íntima que resulta ser intrasferible e indescriptible por medio del lenguaje. Comprender lo que ocurre en el cerebro del que vivencia semejante experiencia es entrar en la más profunda intimidad de la persona. Hacerlo plantea un problema de alta complejidad epistemológica y nos lleva a la fiabilidad de nuestras hipótesis sobre la experiencia subjetiva de los otros. Salvar este escollo no es fácil. Tal como lo expresara Francisco Varela en su libro De cuerpo presente (Barcelona, Ed. Gedisa, 1992): “El mundo no es algo que nos haya sido entregado: es algo que emerge a partir de cómo nos movemos, tocamos, respiramos y comemos. Esto es lo que denomino ­como enacción, ya que la acción connota el producir por medio de una manipulación concreta“. El sentido de la “enacción” se relaciona con el concepto del complejo budista de la “mente-interdependencia-causalidad-impermanencia”, en tanto que el mundo fenoménico no existe con independencia del sujeto que lo percibe. La vivencia subjetiva de la “experiencia mística” es un hecho que, al darse de hecho, permite suponer que debe tener un fundamento somático, es decir, neuronal. Veamos algunos tips de los estudios recientes realizados por los investigadores mencionados.

Sam Harris

Un nuevo estudio dirigido por Sam Harris, (ver también aquí) de la University of California de Los Ángeles, detectó que las áreas asociadas a las creencias, el escepticismo, la incredulidad y la incerteza, activan diferentes regiones del cerebro que están también asociadas con el agrado o desagrado en los sentidos del gusto y del olfato. Los participantes del experimento dieron respuestas escritas sobre los items: creíble (verdadero), lo no creíble (falso) y lo indecidible (incerteza), con independencia de la afección emocional de su contenido significativo, bien fueran preguntas éticas, matemáticas, autobiográficas, geográficas o religiosas.

Harris y colegas trataron las imágenes a través de resonancia magnética funcional (el famoso fMRI), al mismo tiempo que analizaron las declaraciones por escrito. Los resultados fueron que los estados de creencia, escepticismo, e incertidumbre activaron diferencialmente regiones distintas del Córtex Prefrontal Ventromedial (VMPFC) parietal, así como de los ganglios basales.

La interpretación de Harris sobre el experimento es que creencia y escepticismo difieren de la incertidumbre. Aunque muchas áreas de cognición superior están probablemente implicadas en evaluar el valor de verdad de las proposiciones lingüísticas, la última aceptación de una declaración como “verdadero”, o su rechazo como “falso”, parece depender más de las partes más “primitivas” del cerebro, asociadas con el sentido del gusto, del olfato, del dolor, incluso del asco.

Se detecta el procesado de placer en el córtex prefrontal medio y la ínsula anterior. La verdad puede ser bella, en más de un sentido metafórico, y las proposiciones falsas pueden disgustarnos y asquearnos literalmente. Esto tendría consecuencias evidentes para la detección del engaño, y para el control del efecto placebo. Pero, sobretodo, para entender que una creencia es un juicio de valor que no se distingue de un juicio de razonamiento lógico.

Harris expone en su libro The End of Faith que las instituciones religiosas han preferido ir más por el camino de una aglutinación de fieles devotos y creyentes en dogmas que de experimentadores de experiencias espirituales cumbre. La tesis es que básicamente no se respetan las creencias de los demás; lo que realmente convence o no son los motivos que se aportan para las creencias; o sea, las argumentaciones y sus pruebas.

Mario Beauregard y Vincent Paquette

Mario Beauregard y Vincent Paquette, de la University of Montreal, ha realizado estudios cuyo objetivo ha sido determinar los correlatos neuronales de las experiencias místicas a través de la técnica de fMRI, similar a la utilizada por Harris. Este estudió se realizó con un total de 15 monjas carmelitas de entre 23 y 64 años de edad con una media de algo más de 19 años de vida religiosa (entre 2 y 37 años).

El resultado del nivel de oxígeno en sangre en la persona señala cambios experimentales durante una condición Mística, una condición de Control, y una condición Básica. En la condición Mística, se les había pedido recordar y volver a vivir (con los ojos cerrados) la experiencia mística más intensa vivida alguna vez en sus años en la Orden Carmelita. Se adoptó esta estrategia dado que las monjas dijeron antes del comienzo del estudio que “Dios no puede ser convocado a voluntad”. En esta condición, las monjas tenían instrucciones de recordar y volver a vivir (también con los ojos cerrados) el estado de unión más intenso con otro humano en sus años de vida religiosa.

Durante el experimento, se recogieron imágenes por resonancia magnética de cortes transversales del cerebro cada tres segundos, y del cerebro completo cada dos minutos. Una vez registrada la actividad cerebral, Mario Beauregard y Vincent Paquette compararon los patrones de activación en las distintas situaciones (el recuerdo social y el místico), descubriendo las áreas del cerebro que se activaban con más fuerza durante la experiencia mística.

De este modo descubrieron que en el recuerdo de la “Unio Mystica” cooperaban la corteza orbitofrontal central, el lado derecho de la corteza temporal media, los lóbulos parietales inferior y superior derechos, la corteza izquierda prefrontal media o la corteza cingulada anterior izquierda, entre otras.

Es así como la memoria espiritual (que en este caso es memoria a largo plazo de una experiencia cumbre) vigoriza varias regiones cerebrales en esos instantes, como por ejemplo el núcleo caudado, que es la región del centro del cerebro relacionada con el aprendizaje, la memoria o el enamoramiento. Otras zonas activadas son la corteza insular o ínsula, relacionada con las emociones y sentimientos (posible conectiva con el amor incondicional), y el lóbulo parietal derecho (relacionado con la OAA y la sensación de ilimitación del self, explicado por Newberg y D’Aquilli). Para la experiencia de “aniquilación del ego”, para la alteración corporal y para la sensación unitaria del “sí mismo” con el “mundo” (o “unidad” indiferenciada).

Beauregard comenta que los estados místicos se producen gracias a un complejo entramado neuronal distribuido en todo el cerebro. No obstante, ambos científicos siempre han dejado claro que no es lo mismo el recuerdo de una experiencia mística que la experiencia en tiempo real. Es cierto entonces que el papel de la memoria asociativa está relacionado con los recuerdos emocionales. Tanto el miedo y como la felicidad son factores imprescindibles para la excitación emocional y la supervivencia; y en ello juegan un papel fundamental los factores de recuerdo. La amígdala basolateral es la parte del cerebro que se cree responsable de los recuerdos emocionales, según han determinado Mark Mayford, Leon G. Reijmers y colegas de The Scripps Research Institute de La Jolla, California.

Richard J. Davidson

Para llegar a esa experiencia cumbre de sí mismo, que los estoicos llamaron “oikeiosis” y que tantas religiones describen como la más increible experiencia a ser percibida, debemos antes de ello enfrentarnos con nuestros miedos.

Es importante el estudio realizado por David Dunning y Emily Balcetis de la Cornell University. En él han dado con la clave de que no todo lo que tomamos como real es real. Los participantes de un examen de auto-predicción sobrestimaron la probabilidad de que las conductas deseables (los prejuicios) dependerían de consideraciones imparciales en sus predicciones. En general se tomó un auto-conocimiento modificado por auto-percepciones distorsionadas, donde el prejuicio no dejaba ver la realidad tal cual era. Existía una “ceguera atencional” que no permitía tener una información completa de nosotros mismos. Era una información sesgada fruto de una manipulación de la información de nosotros mismos que no interesaba.

Los miedos reprimidos son factores que impiden percibir la realidad de uno mismo. Philippe Goldin y James Gross, de la Universidad de Standford publicaron un artículo en la revista Biological Psychiatry, en el que afirman que la estrategia de reconsideración cognitiva (pensar sobre lo que está pasando) tendría un impacto temprano en el proceso de generación emocional; por otra parte, la represión expresiva (evitar que se note lo que estamos sintiendo) sería una estrategia de comportamiento cuyo impacto sería tardío, dentro del proceso de generación emocional. La represión emocional no llevaría, pues, a la comprensión ni a la transformación de la emoción.

Por ello, desde 1992, Richard J. Davidson ha estado estudiando la imaginería mental que ofrecen las emociones. Ha realizado varias pruebas sobre neurociencia afectiva y las relaciones existentes entre el cerebro y las emociones. Sus trabajos han sido considerados de alta importancia en el desarrollo de imágenes tomadas por fMRI en experiencias positivas del cerebro en meditadores expertos de la tradición budista tibetana Vajrayana.

En los últimos cuatro años Richard Davidson ha ofrecido unos estudios muy completos sobre la influencia de la meditación en los trastornos afectivos y su mapeado cerebral. En resumen, Davidson ha examinado a centenares de monjes budistas tibetanos de dos tipos: un grupo de monjes que llevaban largo adiestramiento en la meditación (entre 10.000 a 50.000 horas), entre 15 y 40 años de experiencia, y otro grupo constituido por estudiantes con pocas horas de meditación. Los hizo meditar en diferentes estadios: visualización, concentración en un punto, en estado de apertura, vacuidad y compasión, distintas prácticas que los monjes suelen realizar.

Se estudiaron diferentes aspectos de la actividad cerebral: Por ejemplo, la inmutabilidad facial de registros de “micro-emociones”, común en el resto de los mortales, en estado de meditación de concentración en un punto . Las alteraciones o sobresaltos (por muy fugaces y enmascarados que sean) se activan desde la amígdala y surgen registros oculares y faciales, a veces imperceptibles, pero registrables. En lamas muy duchos en meditación resultó que sonidos que nos alteran a todos, o sustos, no les perturban ni en sus micro-expresiones.

Otro ejemplo fue la capacidad de coherencia sincrónica registrada en los cerebros de grandes meditadores. Dicha sincronía, registrada con cascos de 256 electrodos en la cabeza de los monjes, se contrastó con la de noveles en meditación. Los datos registrados por la red de sensores en los monjes budistas fueron impresionantes.

La amplitud de las ondas gamma recogidas en algunos de los monjes son las mayores de la historia registradas en un contexto no patológico”: entre 25 y 42 Hz. Muy por encima de los noveles que registraron una baja sincronía con una actividad oscilatoria lenta (entre 4 y 13 Hz.). Esta alta amplitud de frecuencia gamma, está asociada con la capacidad de prestar atención y aprendizaje. Se registraron bilateralmente sobre la región parietotemporal y el mediofrontal.

Cuando los meditadores dispersaron el punto de atención de su concentración hacia una meditación sin objeto (llevándola a la compasión), se generó en sus percepciones una experiencia de amor incondicional que no sólo amplió la sincronía en banda gamma como un fenómeno en red de asambleas neurales, sino que reflejó un aumento en la precisión temporal de las interacciones talamocorticales y corticales. El estado de transición no es inmediato y requiere entre 5 y 15 s. De este modo quedó reflejado un cambio de calidad de instante en instante, de un alto estado de conciencia a otro.

Estos datos sugieren que el entrenamiento mental involucra mecanismos de integración temporal, y puede inducir a corto plazo y a largo plazo cambios neuronales . Es lo que se ha llegado a observar por imágenes de resonancia magnética funcional (fRMI) para indicar que el cultivo de la compasión y de la bondad se aprende del mismo modo que se aprende a tocar un instrumento musical o dominar un deporte.

En otro experimento se escogió a 16 monjes tibetanos y practicantes laicos con un curriculum de más de 10.000 horas de práctica en meditación y otros 16 que, sin formación previa, fueron instruidos en los fundamentos de la meditación sobre la compasión, dos semanas antes de escanear sus cerebros. A cada uno de los 32 sujetos se les colocó en el escáner de fMRI en el UW-Madison Waisman Center for Brain Imaging, que dirige Davidson, y se le pidió comenzar la meditación de la compasión o abstenerse de ella. En cada estado, los sujetos fueron expuestos a sonidos y vocalizaciones humanas negativas y positivas diseñadas para evocar respuestas de empatía, así como vocalizaciones neutrales: sonidos de una mujer afligida, un bebé riéndose o el ruido de fondo de un restaurante.

La hipótesis principal fue que la preocupación por los demás, cultivada mediante esta forma de meditación, mejora el procesamiento afectivo, en particular en respuesta a los sonidos de angustia, y que esa respuesta emocional a los sonidos es modulada por el grado de formación de la meditación. La presentación de los sonidos emocionales estaba asociada con la activación de la región límbica (la ínsula y córtex del cingulado) durante la meditación.

Durante la meditación, la activación de la ínsula fue mayor en los expertos que en los novicios durante la presentación de sonidos negativos y menor en los positivos o neutrales. La fuerza de activación en la ínsula se asoció también con la intensidad de la meditación para ambos grupos. Estos resultados apoyan el papel del circuito límbico en la emoción compartida.

La comparación entre la meditación frente a los estados de descanso entre los expertos y los novatos también mostraron una mayor activación en la amígdala, en el cruce temporo-parietal derecho (TPJ), y el sulcus temporal superior posterior derecho (pSTS), en respuesta a todos los sonidos. Esto sugiere una mayor detección de los sonidos emocionales, y una mayor actividad mental en respuesta a vocalizaciones emocionales humanas en los expertos que en los novicios durante la meditación. En conjunto, estos datos indican que la experiencia mental de cultivar emociones positivas altera la activación de los circuitos neurales. Por ello cabría considerar un aumento de neuroplasticidad para permitir la regeneración de circuitos neurales, así como la producción de nuevas y diferentes conexiones sinápticas.

Se debe advertir que una habilidad mental no tiene por qué implicar desarrollo espiritual. No obstante, en el momento que un monje desarrolla el sentido de la compasión -no con la razón, sino con la meditación-, la unión de la habilidad meditativa se une al mensaje espiritual. Entonces el mensaje, el mensajero y el receptor del mensaje se unen. Podríamos decir que no hay “ruido mental” que distraiga la experiencia cumbre de la “unio mystica”.

Fuentes: Link insertados y Tendencias21, Cátedra de Ciencia, Tecnología y Religión, Universidad Pontificia Comillas.

Recomendar en Menéame Recomendar en Digg it Recomendar en Reddit Enviar a Del.icio.us

Meméame del.icio.us Yahoo! MyWeb StumbleUpon Furl Blinklist Spurl Magnolia Simpy Blogmarks Netvouz Startaid Facebook Shadows

Smarking RawSugar Technorati Digg reddit Rojo Netscape Newsvine Mister Wong LinkArenaYigg Webnews folkd.com

Boton para agregar esto a favoritos socialesAgregar este boton de agregadores

Categorías: Cambio de paradigma · Ciencia · Conciencia · Conciencia Integral · Espiritualidad
Etiquetado: , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

Neurociencia de la espiritualidad

Jueves 10 Julio, 2008 · 2 comentarios

Los últimos años se han ofrecido desde el campo de las neurociencias distintas explicaciones de las experiencias religiosas. Algunos neurocientíficos explican las experiencias de la conexión espiritual como consecuencia de anomalías o fallos mentales del cerebro o las explican en términos de crisis existenciales. No obstante, la corriente principal de las ciencias cognitivas comienza a comprender que estas experiencias se tratan de algo más que una mera disfunción.

Hay preguntas básicas para las que todavía no se ha encontrado una respuesta definitiva ¿Puede contribuir la neurociencia a explicar las características propias de las experiencias místicas? ¿En qué medida son las experiencias religiosas un producto de la actividad neural? ¿En qué manera y hasta qué punto puede explicar neurociencia el complejo mundo de la experiencia espiritual?

La tesis reciente de Anne Runehov, de la Universidad de Upsala (Suecia), que lleva el título Neuroscientific Explanations of Religious Experience: A Philosophical Evaluation va en busca de las explicaciones neurocientíficas de la experiencia mística.

La tesis de Runehov, con definiciones claras y argumentos precisos y detallados, es una contribución significativa al campo naciente de los estudios que relacionan las neurociencias con la espiritualidad. Runehov se basa en los estudios de los científicos “neuro-espiritualesPersinger y Newberg & d’Aquili. Para ello hace una investigación filosófica crítica de sus trabajos.

La tesis que mantiene Runehov es que las neurociencias sólo hasta cierto punto, y dentro de una metodología restringida, explica las experiencias místicas. Así mismo, amplia el estudio de las experiencias religiosas de autores incluyendo nuevas explicaciones, no meramente neurocientíficas, con estudios sociológicos, teológicos, de filosofía de la religión, éticos y psicológicos.

Un interesante trabajo para aquel que tenga interés en profundizar sobre la temática.

Recomendar en Menéame Recomendar en Digg it Recomendar en Reddit Enviar a Del.icio.us

Meméame del.icio.us Yahoo! MyWeb StumbleUpon Furl Blinklist Spurl Magnolia Simpy Blogmarks Netvouz Startaid Facebook Shadows

Smarking RawSugar Technorati Digg reddit Rojo Netscape Newsvine Mister Wong LinkArenaYigg Webnews folkd.com

Boton para agregar esto a favoritos socialesAgregar este boton de agregadores

Categorías: Cambio de paradigma · Conciencia · Conciencia Integral · Espiritualidad
Etiquetado: , , , , , , , , , , , , , , , , ,

La experiencia espiritual parece responder a patrones neuronales

Viernes 27 Junio, 2008 · 2 comentarios

La religión parece responder a patrones neuronales

En principio hubiera podido suponerse desde el principio que, si el comportamiento humano responde siempre a patrones neuronales, también el comportamiento religioso debiera tener sus estructuras neurales propias. Lo que hubiera podido ser una expectativa científica ha sido hoy comprobado en los estudios de neurología empírica.

Cuando el hombre piensa en lo filosófico, en lo metafísico, en lo religioso y se ve embarcado en emociones que lo conectan místicamente con la Unidad del Universo, se activan en su cerebro ciertas áreas y estructuras que recibidos por herencia de la especie. Estas funciones han sido construidas poco a poco desde la evolución del hombre primitivo y pueden estar activadas o inhibidas en el hombre actual: pero están siempre ahí y pueden dispararse en cualquier momento activadas por las circusntancias de la vida.

¿Responden estas estructuras neurales a la verdad? ¿Muestran que efectivamente Dios existe?
Evidentemente que no. Podrían ser un error programado por necesidad adaptativa. Pero también podrían responder a la realidad mistérica y trascendente de un Dios realmente existente. En todo caso, lo que estos hechos neurológicos, e incluso genéticos, muestran, es que lo religioso ha sido y sigue siendo un importante factor que inevitablemente se plantea siempre en la vida, acabando por aflorar, y obligándonos a tomar ante el una decisión personal.

El gen de Dios de Dean Hamer

El profesor Dean Hamer es director de la Unidad de Regulación de la estructura genética en el National Cancer Institute de Bethseda. Según Hamer, la espiritualidad responde a un mecanismo biológico, comparable al mecanismo que rige el canto de los pájaros, aunque más complejo.

Existe una predisposición genética a la autotranscendencia, a través de una proteína llamada VMAT2, que está involucrada en la rotura, a través del MAO (monoamino oxidasa: enzima que rompe las monoaminas después de su liberación sináptica) y en el transporte de monoaminas vesiculares. Éstas son neurotransmisores que contribuyen a la sensibilidad emocional.

De esta manera influye en las capacidades cognitivas con diversos tipos de tipos de conciencia que constituyen la base de las experiencias espirituales. Según Hamer la VMAT2 está relacionada, primero, con el olvido se si mismo y por tanto de la transcendencia del espacio-tiempo; segundo, con la identificación transpersonal y tercero con el misticismo o el sentido de lo sagrado y la captación de realidades inefables.

Algunos teólogos como John Polkinghome, rechazan la tesis de Hamer aludiendo un reduccionismo genético darwinista que va “en contra de mis convicciones teológicas personales” según testimonió públicamente. Pienso que Polkinghome cae en la trampa de la que habla Sam Harris, ya que ha de ser el método científico el que ofrezca respuesta interpretativa a la actividad cerebral que permite las experiencias místicas.

Hamer también alude a la experiencia personal y al influjo cultural para la experiencia mística. Esto lo corrobora un estudio del McGovern Institute for Brain Research del Massachussets Institute of Technology (MIT) que ha realizado un equipo de investigadores de la Stony Brook University de NY, del MIT y de la Standford University de California. En pocas palabras, el nivel de identificación que tenemos con la cultura que hemos vivido no sólo condiciona nuestros pensamientos, sino que también rige los patrones de actividad neuronal.

Los experimentos realizados con personas de ámbitos culturales opuestos (occidental americano versus extremo oriental) han determinado que la construcción social de la realidad que compartimos de forma memética (injertada y ajena a nuestra realidad) a lo largo de nuestra vida produce la actividad de nuestro cerebro. Los occidentales, por ejemplo no estamos tan acostumbrados a las actividades interdependientes como los orientales, y los orientales no tienen tan desarrollado su capacidad de actuar autónomamente, con independencia y libertad.

La exploración realizada a través de fRMI en sujetos experimentados con tareas visuoespaciales registró actividad en las regiones frontal y parietal del cerebro, zonas directamente asociadas al control de la atención. Dicha actividad era mayor durante la emisión de juicios no-preferidos culturalmente que durante la emisión de juicios preferidos culturalmente.

De esta forma se ha llegando a la conclusión de que cuanto más identificado está uno con su recorte psicológico del inconsciente colectivo, mayor es la dificultad de salirse de dicho recorte. Es un fenómeno que viene asociado a la supervivencia, en cuanto que la cultura propia, en el medio inmediato que le envuelve, lo identifica como persona y le permite reforzarse para sobrevivir en un medio hostil.

Pero, como señala Francisco J. Rubia, de la Universidad Complutense de Madrid, si la cultura es un subproducto del cerebro, y estamos de acuerdo en que el cerebro está hecho para la supervivencia, y si el cerebro genera un “yo social” para sobrevivir, entonces, ¿cómo sobrevive el individuo si lo despojas de este “yo”?

Los operadores cognitivos de Andrew Newberg y Eugene D’Aquili

En su libro Why God won’t go away. Brain Sciene and Biology of Belief, Newberg y D’Aquili, de la Universidad de Pennsylvania, señalaban en primer lugar una zona cerebral (sección posterior del lóbulo parietal) a la que nombran “Área de Orientación y Asociación” (OAA), fundamental en la orientación física del espacio, en la consideración de ángulos y distancias; siendo de suma importancia en su desarrollo para los pilotos de aviones y aeroplanos.

¿Qué ocurre si el OAA no recibe información para activarse? Si no hay información que fluya a través de los sentidos, el Área de Orientación y Asociación no es capaz de encontrar fronteras. Entonces, ¿dónde se encuentra el límite físico del Self y del mundo exterior? No existe. En ese caso el cerebro no tiene otra opción que percibir que el “yo” es interminable e íntimamente ligado a todo de forma inevitable.

Es cierto que pueden existir lesiones en el OAA que provoquen esta experiencia. Pero, ¿qué ocurre cuando es una experiencia autoinducida por uno mismo a través de un serio trabajo de largos años de meditación? O quizá provenientes de muchas horas de oración, como aparecería en los datos del estudio realizado por Newberg y D’Aquili. Estas experiencias serían las que podrían llamarse de identificación transpersonal, según la escala de Hamer.

Newberg y D’Aquili consideran que existen cuatro áreas de asociación que manifiestan un protagonismo especial en las experiencias religiosas profundas:

  • Área de Asociación Visual
  • Área de Orientación y Asociación
  • Área de Atención y Asociación
  • Área Verbal-Conceptual de Asociación, o “TPO junction” porque se situa en el punto de contacto de los lóbulos Temporal, Parietal y Occipital./li

De hecho, el lóbulo temporal merece mucha atención en estudios de estados mentales singulares relacionados con la mística y los estados alterados de la conciencia (ASC). Tal como lo planteó Michael Persinger, la amígdala y el hipocampo están asociados con el sentido del “yo” en relación con el espacio-tiempo y sus límites, de acuerdo con su memoria y sus afecciones primarias.

Persinger también postula la existencia en el lóbulo temporal de patrones de descarga transitorios de las células nerviosas que provocan el fenómeno de “kindling”. También postula que la inestabilidad de esta excitación puede provocar experiencias alucinatorias, como la impresión de estar fuera del cuerpo o sensaciones vestibulares, o auditivas (la escucha de Dios, o la hipótesis del genio maligno de Descartes), sea el paciente creyente o agnóstico. Sus interpretaciones vendrán configuradas por el contexto cultural en que está envuelto el individuo o paciente en que esto sucede.

También Newberg y D’Aquili llegan a decir que la mente es “mística por defecto” en el sentido de que se obtienen experiencias religiosas combinando el sistema vegetativo, el límbico y las funciones analíticas del cerebro. El sistema vegetativo combina la acción vegetativa-sinpática (fundamentalmente desveladora) con la parasimpática (relajadora o quiescente). Eso ofrece estados de “hiperquiescencia” o quietud, “hiperdespertar”; o gran activación “hiperquiescente” con irrupción de despertar; o “hiperdespertar” con irrupción de quiescencia. Y todo esto se complementa con los estados emocionales dependientes del sistema límbico (concretamente con la amígdala e hipocampo) muy relacionados con la memoria.

Operadores cognitivos

También ha hecho referencia a que existen estructuras neurales que, actuando simultáneamente proceden como algoritmos para ordenar la percepción de la realidad y se activan especialmente en la generación de experiencias místicas. Se denominan “operadores cognitivos” y son las siguientes:

1. Operador holístico: permite ver el mundo como una totalidad. Es posible que esta capacidad mental nazca de la actividad parietal del hemisferio derecho. Un ejemplo sería ver el reloj de agujas.

2. Operador reduccionista: Responde primariamente a la actividad del hemisferio izquierdo. Representa la antítesis de la función holística. Permite dividir el conjunto en partes. Representa la capacidad analítica. Un ejemplo sería ver las agujas del reloj.

3. Operador abstractor: Es el taxonomista mental. Probablemente activado desde el lóbulo parietal del hemisferio izquierdo. Permite la formación de conceptos a partir de la observación de las partes individualizadas. La abstracción para formar conceptos es la base de la generación de la cultura de las ideas.

4. Operador cuantitativo: Es la mente calculadora. Cuantifica el mundo real y también calcula los elementos de supervivencia (distancias, número de elementos, etc.).

5. Operador binario: Esto contra aquello. Capacidad de organizar el mundo físico y sus relaciones. Facultad de elaboración de opiniones y similitudes entre las piezas de la realidad. Está relacionado con la parte inferior del lóbulo parietal, ya que las lesiones en dicha zona impiden realizar estas funciones.

6. Operador existencial: Función de la mente que ofrece la sensación de vivir, de existir o de realidad a través de la información procesada por el cerebro. Nos informa de que lo percibido es real. Probablemente relacionado con el sistema límbico, que nos capacita para asumir emocionalmente la realidad.

7. Operador de valor emocional: El sentimiento consecuente. Asigna los valores emocionales a cada elemento de la percepción y del conocimiento. Este operador preside también nuestro mundo intencional.

Imperativos cognitivos

La actuación de todos estos operadores genera lo que denominan “Imperativos cognitivos”. En éstos se encuentran los significados de los mitos y la simbólica metafísica tan importantes para todas las culturas. Son básicos para la interpretación de la realidad y los problemas metafísicos de sentido que esta realidad suscita. De esta manera minimizamos la ansiedad que genera nuestra existencia y la convivencia en un mundo incógnito.

Los mitos, traducidos en doctrinas y prácticas rituales, constituyen arquitecturas mentales imprescindibles sin las cuales no es posible vivir para la mayoría de los humanos. Este fundamento es el que permite que la creación del mito o mito-cultura sea un producto de la mente humana orientada al propósito de la supervivencia del individuo y del colectivo humano.

La congruencia entre el mito y la supervivencia del “yo” se fundamenta en la estructura de la actividad cerebral. Los operadores causal y binario son los que intervienen en el origen de la interpretación de los orígenes de los fenómenos, de las responsabilidades y en la delimitación de los contrarios, cosa que permite poner orden en la ambigüedad de muchos datos de la realidad.

Para que sobreviva la experiencia cognitiva que produce el mito ha de sobrevivir también la transmisión por vía cultural; y esto se hace en forma narrativa, representacional (generador del mundo simbólico) y vivencial (el rito y la normativa socio-cultural). Los lóbulos frontales serían entonces los que capacitarían a los humanos para la creación de una realidad simbólica que sustentaría el equilibrio de la mente y de la conducta adaptativa al medio.

Newberg y D’Aquili, descubrieron que, cuando se alcanza un estado de meditación profunda, las regiones del cerebro que regulan la construcción de la propia identidad se desactivan. De este modo el practicante de meditación pierde el sentido del propio yo individual, produciéndose un estado de “paradoxicalidad”: no existen límites entre él mismo y todo lo demás; supera las dualidades y se integra en una totalidad única transcendente.

Eso se traduce en una caída de la actividad del área de orientación del lóbulo parietal (que procesa toda la información sobre el espacio y la ubicación del cuerpo físico en él) y en un aumento de la actividad de la región prefrontal dorsolateral de manera inusual. Las imágenes fueron obtenidas a través de tomografía computerizada por emisión de un solo fotón (SPECT).

Artículo realizado por Óscar Castro García, de la Universidad Autónoma de Barcelona, Cátedra CTR y publicado en Tendencias 21

Cópame! Recomendar en Menéame Recomendar en Digg it Recomendar en Reddit Enviar a Del.icio.us

Meméame del.icio.us Yahoo! MyWeb StumbleUpon Furl Blinklist Spurl Magnolia Simpy Blogmarks Netvouz Startaid Facebook Shadows

Smarking RawSugar Technorati Digg reddit Rojo Netscape Newsvine Mister Wong LinkArenaYigg Webnews folkd.com

Boton para agregar esto a favoritos socialesAgregar este boton de agregadores

Categorías: Ciencia · Conciencia Integral · Espiritualidad · La Tercera Cultura
Etiquetado: , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

La neurología no niega el significado de una experiencia espiritual

Jueves 12 Junio, 2008 · Deja un comentario

Entrevista realizada por David Masci

El hecho de que el cerebro tenga la capacidad funcional de producir la experiencia espiritual no niega el significado de dicha experiencia espiritual, declara el genetista y director del Proyecto Genoma Humano, Francis Collins, en la siguiente entrevista concedida al Pew Forum on Religion & Public Life. Collins, además cristiano evangélico, considera que, a pesar de que la teoría de la evolución tiene ya 150 años, una educación insuficiente y el miedo a que el concepto religioso de la creación desaparezca, hacen que la mayoría de la población estadounidense no lo acepte. La solución pasa por frenar la batalla actual entre científicos y religiosos radicales y abrir paso a las mentes abiertas. De esta forma, los conceptos de la ciencia se extenderían y dejarían de parecer una amenaza. Por David Masci.

La neurolog�a no niega el significado de una experiencia espiritual Para algunas personas, existe un conflicto inherente en la relación entre ciencia y fe religiosa. De hecho, algunos científicos, entre ellos el célebre biólogo evolucionista Richard Dawkins, señalan que el conocimiento del mundo natural conduce, de manera lógica, al ateísmo.

Pero, para Francis Collins, genetista director del Proyecto Genoma Humano y cristiano evangélico, el conocimiento científico complementa la fe en Dios, en lugar de contradecirla. En el bestseller publicado por Collins en 2006 (The Language of God: A Scientist Presents Evidence for Belief), el científico argumentó que los avances en la ciencia suponían “una oportunidad para el culto”, en lugar de un catalizador de la duda.

Usted escribió en su libro “The Language of God: A Scientist Presents Evidence for Belief”, que Dios puede ser reverenciado tanto en una catedral como en un laboratorio. Explique, por favor, esta aseveración.

Si se ve a Dios como creador del universo –en toda su asombrosa complejidad, diversidad e impresionante belleza-, entonces, la ciencia, que por supuesto es un medio de exploración de la naturaleza, se convierte en un medio para conocer las habilidades creativas de Dios. Por eso, para mí, como científico y creyente, las investigaciones científicas pueden ser consideradas como oportunidades de reverencia.

Todos conocemos esos relatos de nuestra historia que definen a la ciencia en contraposición con la fe: el juicio de Galileo ante la Inquisición, la condena pública a Charles Darwin por parte de la Iglesia Anglicana, los debates que siguieron a la publicación de su obra “El Origen de las Especies” o el juicio de Scopes. Estos relatos han generado esa impresión de que existe un conflicto inherente entre religión y ciencia. ¿Cree usted que tal conflicto está ahí? Y, si no lo cree, ¿por qué se produce esta falsa impresión?

No creo que haya un conflicto inherente, pero sí que creo que los humanos, en nuestra imperfecta naturaleza, a veces imaginamos conflictos donde no los hay. Vemos algo que amenaza nuestro punto de vista personal, y nos figuramos que debe haber alguna razón por la que esa perspectiva alternativa debe ser errónea, e incluso mala.

En primer lugar, consideremos con atención los conflictos históricos entre ciencia e iglesia para estar seguros de que han sido descritos de manera adecuada. La historia de Galileo resulta interesante, pero creo que sería justo decir que su mayor error fue el ser un poco arrogante en su manera de presentar su perspectiva, insultando al Papa. Éste, anteriormente, se había mostrado bastante comprensivo con las conclusiones de Galileo. Básicamente, el Papa no pudo permitir que Galileo siguiera adelante con sus afrentas.

De igual forma, creo que cuando el libro “El Origen de las Especies” apareció publicado, la iglesia emitió sus objeciones, pero también hubo un amplio segmento de ella que se interesó por la obra, incluyendo a algunos teólogos conservadores, como el pastor presbiteriano Benjamín Warfield que aceptó la nueva perspectiva sobre cómo los seres vivos se relacionaban unos con otros, considerándola una maravillosa comprensión del método de Dios para llevar a cabo su creación.

Quizá el conflicto actual, que parece especialmente intenso, sea difícil de comprender debido a que, después de todo, la evolución ha estado muy a la vista durante 150 años, y la ciencia que respalda las teorías darvinianas se ha asentado cada vez más con el paso de las décadas. Esta evidencia es hoy día particularmente fuerte gracias a nuestra capacidad de estudio del ADN, que nos permite comprobar la manera en que éste refuerza desde abajo la teoría darwiniana. A pesar de ello, hemos presenciado una polarización creciente entre las cosmovisiones científica y espiritual, en gran parte, creo, gracias a aquellos que se sienten amenazados por las alternativas, y son reacios a considerar la posibilidad de que exista armonía entre ambos campos.

Hablemos un poco más sobre la controversia actual entorno a la evolución. Algunos cristianos señalarían que no se puede ser selectivo con las partes de las Sagradas Escrituras que se han de entender literalmente porque, si se pone en duda la literalidad de algunas de estas partes, se pone en duda la verdad literal de todo. ¿Cómo respondería usted, como científico y como cristiano, a esta línea de razonamiento?

Es una buena pregunta. Y ciertamente, como creyente, sería el último en argumentar que podemos debilitar y dividir la Biblia de cualquier forma que queramos, para conseguir sentirnos mejor. Realmente ésta no es una buena forma de acercarse a la fe. Pero admitamos que a lo largo de los siglos, pensadores serios –mucho antes de que hubiera ningún “El Origen de las Especies” para amenazar su perspectiva- se enfrentaron a una enorme dificultad al intentar comprender qué partes del Antiguo Testamento, particularmente del Génesis, eran realmente literales. Toda la hermenéutica –el esfuerzo por intentar comprender las Escrituras y su significado pretendido- requiere de más sofisticación que el afirmar, simplemente, que lo correcto es la interpretación literal de cada verso.

Por ejemplo, uno puede leer el 1-2 del Génesis y darse cuenta de que no hay uno sino dos relatos sobre la creación de la humanidad, y que ambos no coinciden entre sí. Sólo esto debería ser razón suficiente para argumentar que la interpretación literal de cada verso, aislado del resto de la Biblia, no puede ser correcto realmente. Aparte de esto, la Biblia es en sí contradictoria.

Me reconforta mucho mirar al pasado, particularmente volver a los textos de San Agustín, que se obsesionó intentando comprender el Génesis y escribió nada menos que cinco libros sobre este tema. San Agustín concluyó finalmente que no existía un ser humano capaz de interpretar el significado del relato de la Creación. Es cierto que San Agustín podría haber argumentado que las interpretaciones ultra-literales no son requeridas por el texto, y podría haber advertido que una interpretación demasiado rígida podía ser peligrosa para la fe, y potencialmente sujeto de ridiculización. En cierta manera, esta advertencia se está haciendo realidad en las batallas actuales.

Pero si San Agustín, que fue el mayor de los pensadores iniciales sobre las interpretaciones bíblicas que jamás hemos tenido, fue incapaz de averiguar el significado del Génesis hace 1.600 años, ¿por qué deberíamos nosotros insistir hoy en dicho significado, en particular teniendo en cuenta que la interpretación bíblica contradice la amplia variedad de datos que Dios nos ha dado la oportunidad de conocer a través de la ciencia?

¿Así que lo que usted está diciendo es que cuando utilizamos la religión o los textos religiosos para explicar los fenómenos naturales, especialmente claros en nuestra comprensión del mundo natural, nos estamos metiendo en líos?

Absolutamente. Debemos reconocer que nuestra comprensión de la naturaleza ha aumentado década tras década y siglo tras siglo. Pero aún estamos lejos de comprender los detalles de gran parte del universo que nos rodea. Si Dios tenía un plan para crear un universo capaz de dar lugar a criaturas con inteligencia, libre albedrío, el conocimiento de lo correcto y de lo erróneo y el deseo de encontrar a Dios, creo que aún no podemos conocerlo con la escasa cantidad de información con la que contamos.

A pesar de las evidencias presentadas y aceptadas por gran parte de la comunidad científica que señalan que la evolución por selección natural es el mecanismo por el que la vida se desarrolló en la Tierra, un sondeo realizado en agosto de 2006 por el Pew Research Center reveló que sólo alrededor de un cuarto de la población americana acepta realmente la evolución por selección natural. ¿Por qué los científicos no han sido capaces de convencer a la gran mayoría de la población americana acerca de este tema concreto?

Creo que hay al menos tres problemas que han llevado al embrollo en que nos encontramos. Uno es que, por su naturaleza, la evolución es contraria a la lógica. La idea de que un proceso de cientos de millones de años pueda dar lugar a algo tan complejo como el ojo de un vertebrado, por ejemplo, no es algo que parezca natural, normal o creíble para alguien que no esté familiarizado con los detalles. Esto se debe a que nuestras mentes no pueden contemplar algo que sucede tan despacio durante un periodo tan sumamente largo de tiempo.

En segundo lugar, creo que hemos hecho muy pocos esfuerzos en los últimos 150 años por dar a conocer estos conceptos en el marco de las escuelas, de manera efectiva para un gran número de gente de este país. Por tanto, muchas personas nunca han tenido la oportunidad de conocer las evidencias que sustentan la teoría de la evolución. Así que, cuando se une este problema al de la incredulidad natural al escuchar las explicaciones sobre la diversidad de los seres vivos, no es de extrañar que esas personas no acepten inmediatamente las ideas de Darwin.

El tercer problema, por supuesto, es que en algunas tradiciones religiosas la evolución se ve como una amenaza a la idea de la creación divina. Yo realmente no veo en la evolución amenaza alguna, sino una respuesta a la pregunta de cómo lo hizo Dios. Pero, ciertamente, algunas iglesias cristianas conservadoras han tenido problemas para aceptar la idea, como si ésta contradijese algunas de sus creencias sobre la aparición de la humanidad. De esta forma, para la gente que alberga un escepticismo natural acerca de todo este proceso, que no ha recibido una educación científica decente que les enseñase por qué la evolución realmente tiene sentido, y que ha escuchado desde los púlpitos que esta teoría amenaza a su fe, resulta muy difícil aceptar, incluso después de 150 años, que la evolución sea cierta.

¿Cómo pueden los científicos –especialmente aquéllos que son creyentes, como usted- hacer una labor más significativa en esta dirección, para llegar a la gente y convencerla de que estos descubrimientos científicos no son una amenaza para sus creencias?

Ése es un desafío muy difícil. Y no creo que debamos subestimar el grado de amenaza que sentirá todo aquel que haya crecido en un entorno creacionista ante estas ideas. Esas personas han escuchado muchas veces, desde que fueron de niños por primera vez a la iglesia, que la perspectiva creacionista es parte de la fe en Dios. Y les han dicho que, si en algún momento flaquean y empiezan a aceptar la posibilidad de que la evolución sea verdad, pueden tomar el camino hacia la pérdida de la fe y, aún peor, hacia la condenación eterna. Así que debemos reconocer que, en estas circunstancias, un argumento lógico simple y la presentación de datos no serían medidas suficientes para transformar sus opiniones. De hecho, encontraríamos una gran resistencia incluso a considerar de cerca toda esta información, debida al miedo a lo que les pudiera hacer creer.

También pienso que los interesados en buscar la armonía entre estos campos deben darse cuenta de que el actual grupo formado por ateos aparentemente enfadados, y que están usando la ciencia para argumentar la irrelevancia de la fe, no los ayudaría. Richard Dawkins, Sam Harris y Christopher Hitchens no representan necesariamente el consenso científico porque el 40% de los científicos creen en un Dios personal. Otros muchos se sienten más bien incómodos con el tema, pero no se identifican con una perspectiva fuertemente atea. En la medida en que se desactivara la retórica incendiaria actual, quizá podríamos abrir un diálogo sobre creación.

¿Qué opina de las personas como Richard Dawkins, científico como usted, y de los argumentos que sostienen no sólo que no se puede encontrar ninguna prueba de la existencia de Dios sino, al contrario, que creen haber encontrado pruebas de su no-existencia? ¿Han traído algo a colación que le parezca a usted que apoyaría esos argumentos?

Creo que el ateísmo radical, del tipo “sé que Dios no existe”, padece de dos grietas lógicas importantes. Y que la conciencia acerca de dichas grietas podría tranquilizar a los creyentes a los que preocupe que estas personas tengan razón realmente.

La primera de estas grietas es la idea de que nadie puede utilizar la ciencia como un punto final a la conversación o el diálogo, con un argumento concluyente respecto a la cuestión de Dios. Si es que Dios tiene algún significado es que se encuentra en parte fuera de la naturaleza (a no ser que seamos panteístas). La ciencia está limitada en tanto en cuanto sus herramientas sólo son apropiadas para la exploración de la naturaleza. La ciencia, por tanto, nunca discutirá la posibilidad de algo más allá de la naturaleza. Hacerlo es, de por sí, un error de categoría, por el uso de unas herramientas inapropiadas para el tipo de cuestión.

En segundo lugar, creo que el error lógico que ateos muy diversos cometen es aquél que ya definió el escritor inglés G.K. Chesterton: “El ateismo es el más atrevido de los dogmas, porque es la afirmación de un negativo universal“. A menudo utilizo una analogía visual para explicar esto. Suponga que se le pide que dibuje un círculo que contiene toda la información, todo el conocimiento que jamás haya existido, dentro y fuera del universo. Bien, éste debería ser un círculo verdaderamente grande. Ahora suponga que, en la misma escala, se le pide que dibuje lo que usted sabe en el momento presente. Incluso la persona más segura dibujaría un círculo más bien minúsculo. Por último, suponga que el conocimiento que demuestra que Dios existe está fuera de su pequeño círculo en la actualidad. Esto parece bastante plausible, ¿no?, considerando la escala relativa. ¿Cómo entonces –teniendo en cuenta este argumento- puede resultar razonable para cualquier persona decir: “sé que no hay Dios?

¿Cree que el conflicto entre ciencia y religión desaparecerá pronto, o piensa que continuará, al menos en el futuro inmediato?

Bien, no se desvanecerá rápidamente. Pero soy optimista. Sólo unas pocas personas insisten actualmente en que el Sol gira alrededor de la tierra, y es con el fin de adaptar sus creencias a lo que dice la Biblia. Me gustaría creer que, en unas décadas, esta batalla se verá como innecesaria y que se habrá resuelto ya a favor de la evidencia de la evolución y de la verdad de Dios. Esto es básicamente lo que intenté argumentar en mi libro: que esta batalla ha sido creada por una cantidad considerable de malentendidos y que, desafortunadamente, ha sido provocada por aquéllos que ocupan posiciones extremas. Mucha gente se encuentra desconcertada por este tumulto y desea comprender cómo podría encontrarse un equilibrio entre ambas cosmovisiones.

Yo tengo un sueño: poder reunir a científicos punteros con mentes abiertas, a teólogos importantes con mentes abiertas, y a pastores líderes que tengan una influencia significativa sobre sus fieles. El objetivo sería dar un paso atrás en la contraproducente batalla actual y desarrollar una nueva teología, una celebración de lo que Dios ha creado y de cómo lo ha hecho. Creo que es posible. Pero una propuesta así no será fácilmente recibida por aquéllos que se han colocado en posturas rígidas, que no ayudan a abrir puertas al diálogo.

Hemos dedicado mucho tiempo a hablar de la evolución porque parece que es un tema central, al menos desde el punto de vista de los conflictos entre los creyentes y la ciencia. ¿Existen, en su opinión, algunas otras áreas en las que se pudieran producir también otros conflictos?

Creo que la evolución es probablemente el área de conflicto más significativa. Pero creo que algunas de las cosas que están ocurriendo ahora en neurociencia podrían albergar un paralelismo. Algunos han argumentado ya que la espiritualidad es, simplemente, una función de los neurotransmisores, y esto podría ser demostrado mediante la toma de imágenes del cerebro. Pero el hecho de que el cerebro tenga la capacidad funcional de producir la experiencia espiritual no creo que sirva para negar el significado de dicha experiencia espiritual.

En este sentido me parece, una vez más, que la ciencia está haciendo realmente bien lo que debe hacer. Es decir, que nos está enseñando algo sobre el cómo y muy poco sobre el porqué. Cómo se produce la experiencia religiosa a través de diversas neuronas y neurotransmisores es una cuestión científica. Pero, ¿por qué se produce? Ésa es una pregunta demasiado difícil para la ciencia.

Esta entrevista, realizada por David Masci, se publicó originalmente en Pew Forum. Traducción del inglés por Yaiza Martínez para Tendencia 21

Cópame! Recomendar en Menéame Recomendar en Digg it Recomendar en Reddit Enviar a Del.icio.us

Meméame del.icio.us Yahoo! MyWeb StumbleUpon Furl Blinklist Spurl Magnolia Simpy Blogmarks Netvouz Startaid Facebook Shadows

Smarking RawSugar Technorati Digg reddit Rojo Netscape Newsvine Mister Wong LinkArenaYigg Webnews folkd.com

Boton para agregar esto a favoritos socialesAgregar este boton de agregadores

Categorías: Ciencia · Espiritualidad
Etiquetado: , , , , , , , , , , , , , , , ,

Experiencias místicas inducidas: Neurociencias al servicio de la humanidad

Lunes 2 Junio, 2008 · 10 comentarios

Las neurociencias aplicadas estudia la estructura y la función química, farmacología, y patología del sistema nervioso y de cómo los diferentes elementos del sistema nervioso interactúan y dan origen a la conducta. Para ello utilizan tecnologías y conocimientos sobre el cerebro para resolver problemas prácticos.

Desde esta disciplina, se han descubierto patrones electromagnéticos de la actividad cerebral que se activan mediante ciertas prácticas como la meditación, o por otros métodos, como la inducción de impulsos electromagnéticos al cerebro, las sustancias psicodélicas e, incluso, la modificación genética.

Así pues, desde las neurociencias, es posible investigar si es posible integrar de manera artificial las experiencias religiosas en nuestras vidas.
La revista Slate comenta en dos artículos recientes acerca de investigaciones que se desarrollan con el fin de comprender la base neurológica e inducir la experiencia religiosa. Según las investigaciones, algunas experiencias místicas asociarse a determinados patrones del comportamiento electromagnético de nuestras propias neuronas.

El cerebro (izda) y en estado de meditación. Andrew Newberg.Dichos patrones pueden propiciarse con cierto tipo de actividades (como los impulsos electromagnéticos o el consumo de determinadas sustancias), de lo que se infiere que la espiritualidad podría no ser un hecho consciente trascendente, sino inmanente al cerebro, y que por lo tanto puede propiciarse, tal vez, cuando lo deseemos.

En el primero de los artículos, titulado “How to wire your brain for religious ecstasy” John Horgan nos habla de la “God machine”, un dispositivo del que se hizo eco en 2004 la revista Nature y que, desarrollado por el neurocientífico Michael Persinger, parece capaz de inducir experiencias místicas en sus usuarios, gracias a unos solenoides que, colocados en la parte exterior del cráneo, estimulan en el cerebro determinados pulsos electromagnéticos.

Persinger es uno de los estudiosos del campo que hoy comienzan a llamar como la neuroteología (que aspira a explicar el fenómeno religioso desde los presupuestos de la neurociencia), rama de la ciencia que va calando con profundidad en la sociedad por sus curiosos métodos para la inducción de experiencias religiosas.

Estas experiencias cumbre, como las llamó Abraham Maslow, se han vivenciado desde tiempos inmemoriales, sin necesidad de artificios, gracias a determinadas actividades como la meditación, el yoga o la oración, con las que el cerebro parece ser capaz de desarrollar patrones de comportamiento electromagnético que producen las mismas sensaciones que el aparato mencionado.

La “God machine” no ha sido el único intento de reproducir en laboratorio, de manera artificial, este tipo de sensaciones. Ya en 1950, el neurocirujano canadiense Wilder Penfield, al preparar a pacientes epilépticos para una cirugía, los estimulaba exponiendo sus cerebros al efecto de electrodos. Como resultado algunos de ellos comenzaron a oír voces y música e incluso a percibir apariciones como respuesta a la estimulación en la región cerebral conocida como lóbulo temporal.

Más recientemente, ha habido otros intentos de provocar las experiencias religiosas, como el llevado a cabo por otro neurocientífico, Todd Murphy, que realizó una versión de la God machine llamada Shakti (término hindú de la divinidad).

El genetista Dean Hamer, del National Cancer Institutes de Estados Unidos, dio cuenta de la existencia de un gen asociado con la auto-trascendencia o la espiritualidad, y Rick Strassman, un psiquiatra de la universidad de Nuevo México sugirió que, si dichos genes están vinculados a una sustancia, la dimeltitriptamina, único psicodélico que se sepa produce de manera natural nuestro cerebro, se podría modificar artificialmente la genética para modular nuestros niveles de religiosidad.

En su libro The Spirit Molecule, Strassman presenta evidencias de que esta sustancia puede producir visiones místicas, alucinaciones psicóticas e incluso de abducciones de extraterrestres; así como experiencias cercanas a la muerte. Por eso, Strassman señala que nuestra capacidad mística natural puede ser aumentada modificando los genes que producen la dimeltitriptamina.

Cerebro-Espíritu

Otros intentos los han protagonizado las sustancias psicodélicas como el LSD o el psilocybin, agente activo de los llamados “hongos mágicos” y del que hablamos en otro artículo de Tendencias21. En este artículo se explica que esta sustancia podía inducir experiencias místicas y espirituales idénticas a las descritas por personas que han tenido vivencias de este tipo a lo largo de los siglos, según se desprendía de los resultados de experimentos desarrollados en la universidad estadounidense John Hopkins.

¿Pero qué sucede en el cerebro cuando éste se ve sometido a tales estímulos? Tal y como comenta el segundo artículo de Slate, el científico Andrew Newberg de la Universidad de Pennsylvania estudió los cerebros de monjes franciscanos y budistas dedicados a la meditación descubriendo que en ellos había una mayor actividad en el lóbulo frontal (asociado con la concentración y la atención), mientras que el lóbulo parietal, vinculado con la información sensorial, tenía escasa actividad en estas personas.

La actividad se intensifica en la parte frontal del cerebro cuando se desarrolla la concentración propia de la meditación o de la oración. Al mismo tiempo, se reveló un descenso de la actividad en la región de los lóbulos parietales, que es la que desempeña la función fundamental para ubicarnos en el espacio y la que permite al yo distinguirse de los demás.

Potencialidad

El descenso de la actividad en los lóbulos parietales origina percepciones espaciales anormales y la pérdida del sentido habitual de uno mismo que se tiene en estado de vigilia. Es en ese momento cuando se posibilita la así llamada experiencia mística, que es la que permite a un sujeto trascender su identidad individual e identificarse con la totalidad que se supone sustenta al universo físico conocido.

Por otro lado, investigaciones realizadas por Richard Davidson, de la Universidad de Wisconsin, con monjes tibetanos demostraron también que los patrones de electroencefalogramas de estas personas presentaban mayores niveles de ondas gamma durante periodos de meditación, e incluso después de éstos.

Una técnica que parece prometedora para inducir tales experiencias místicas es el neurofeedback (también llamado EEG biofeedback). Se trata de una técnica terapéutica que consiste en informar al paciente de su propia actividad eléctrica cerebral (electroencefalograma – EEG) para que éste intente regularla de forma voluntaria en la dirección indicada por el terapeuta. El neurofeedback está logrando buenos resultados en el tratamiento del trastorno por déficit de atención e hiperactividad. Tras múltiples sesiones de entrenamiento, el paciente hiperactivo aprende tanto a reducir el anómalo exceso de ritmos cerebrales lentos, como a incrementar su déficit en actividad rítmica cerebral de rápida frecuencia, lo cual revierte en una reducción de los síntomas comparable a la que produce la medicación con psicoestimulantes.

Otras aplicaciones del neurofeedback se dirigen a potenciar el rendimiento en el deporte, la música, la danza o la meditación, a través de un entrenamiento que permite al individuo controlar sus ritmos cerebrales relacionados con funciones cognitivas de concentración, atención y memoria.

En el campo de la neuroestimulación, el fisiólogo malagueño José Rodríguez Delgado inventó el “estimociver”, un dispositivo que permite la estimulación cerebral por control remoto con objeto de mejorar determinadas conductas, como la agresividad. Más recientemente se ha desarrollado la estimulación magnética transcraneal repetitiva (rTMS), que es una técnica que no requiere la implantación de electrodos dentro del cráneo para estimular el cerebro. La rTMS consiste en la aplicación sobre la superficie del cráneo de una serie repetitiva de pulsos magnéticos que alcanzan una estructura cerebral específica, dando lugar a cambios duraderos en su funcionamiento neuronal.

Todas estas investigaciones han puesto de relieve que existiría por tanto un patrón de comportamiento cerebral en el caso de las experiencias espirituales y que pueden ser inducidas por estímulos externos retroalimentados. La cuestión sería la siguiente: si se conocen métodos artificiales para provocar esas mismas experiencias religiosas y se sabe el efecto de dichos métodos en el cerebro, ¿podremos algún día integrar de manera artificial dichas experiencias en nuestras vidas? Según John Horgan, los neuroteólogos podrían encontrar pronto una tecnología definitiva que nos permita desarrollar la sensación de trascendencia o de espiritualidad de manera permanente y sin efectos secundarios.

Les dejo con un excelente video de Redes (de Eduard Punset) (en 3 partes) sobre el tema.

Fuente: Artículo de Yaiza Martínez,http://www.tendencias21.net/

Cópame! Recomendar en Menéame Recomendar en Digg it Recomendar en Reddit Enviar a Del.icio.us

Boton para agregar esto a favoritos socialesAgregar este boton de agregadores

Categorías: Cambio de paradigma · Conciencia · Espiritualidad · Evolución · Nuevo Humanismo
Etiquetado: , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,