Humanismo y Conectividad

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Diestros y zurdos: la diferencia está en el cerebro

Jueves 19 Marzo, 2009 · 1 comentario

Un 10% de la población es zurda. Los mismos que en el pasado eran obligados a escribir con la mano derecha, hoy son evaluados como más creativos.


Barack Obama es el octavo presidente zurdo de Estados Unidos, al igual que su ex contendor republicano John McCain. Dos políticos que, de haber nacido en otra época, no sólo les habrían amarrado la mano izquierda en la espalda y los habrían obligado a escribir con la derecha, sino que, además, más de alguien habría considerado que tenían condición diabólica. Para suerte de ambos, recientemente se han publicado diversos estudios que destacan las ventajas de quienes usan la siniestra.

VENTAJAS INTELECTUALES
Entre niños genios hay el doble de zurdos que entre niños normales; la cantidad de zurdos es mucho mayor en campos como la arquitectura y las matemáticas, y en esas mismas área también es mayor la proporción de académicos zurdos.

En un reciente estudio, el profesor de Sicología de la Universidad de Cagliari, en Italia, Antonio Preti, demostró que entre los artistas y músicos la prevalencia de zurdos es mayor que en otras profesiones. “En general, es posible encontrar el doble de personas zurdas dedica a actividades creativas. La incidencia de zurdos baja a la mitad entre aquellos que realizan tareas que prescinden de la creatividad“, explica el italiano. Ello, porque pueden desempeñarse de un modo diferente en cuanto a las funciones del cerebro y parecen particularmente aventajados en el área de las emociones y del procesamiento de símbolos. “Considerando que la creatividad tiene relación con estas áreas, eso podría explicar que los zurdos sean más creativos“, agrega Preti.

HEMISFERIOS DIFERENTES

La razón de estas diferentes habilidades obedecen al procesamiento de la información que se desarrolla en ambos hemisferios cerebrales. Mientras el hemisferio izquierdo se aboca mayoritariamente a tareas relacionadas con lo lógico, racional y verbal, en el derecho se desarrolla lo más holístico o intuitivo. Ambos hemisferios determinan en forma cruzada el funcionamiento de nuestro cuerpo, por lo que se dice que una persona diestra tiene como hemisferio dominante el izquierdo.

Si bien los dos lados realizan un trabajo conjunto, comunicándose a través de las conexiones, la diferencia principal entre zurdos y diestros, a nivel cerebral, podría estar precisamente en cómo fluye la información y en la eficiencia con que recorre nuestro cerebro.

En cuanto a la eficiencia del cerebro, Michael Corballis, doctor en Sicología de la Universidad de Auckland, Nueva Zelandia, dice que lo importante es que algún lado del cerebro domine: “Existen zurdos y ambidiestros que no son capaces de dividir bien las tareas en su cerebro, esto podría tener influencias negativas, como una mayor predisposición al tartamudeo, y menos fluidez al hablar o leer“.

Fuente: La Tercera

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Categorías: creatividad
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El amor, ¿tan sólo una droga?

Jueves 8 Enero, 2009 · 2 comentarios

Se suele decir que el amor es una droga pero ¿es tan sólo eso?
El profesor Larry Young, de la Universidad Emory de Atlanta, en Estados Unidos, cree que sí.

En un artículo que ha publicado recientemente en la prestigiosa revista Nature, el profesor Young afirma que el amor puede explicarse a través de una serie de procesos neuroquímicos que suceden en áreas específicas del cerebro.

Si ello fuera cierto, afirma Young, no tendríamos que depender más de las ostras o el chocolate como afrodisíacos.

En vez de eso, sería posible que los científicos desarrollaran afrodisíacos químicos que harían que nos enamorásemos de la primera persona con la que nos cruzáramos.

Y a aquellos que se enamoran de quien no deben, se les podría dar un antídoto contra un amor inadecuado.

Incluso se podría llegar a realizar un “test del amor” para saber si dos personas están predispuestas a tener una vida en común feliz.

Sin poseía

A lo largo de los siglos los poetas nos han hecho creer que el amor es algo que va más allá del entendimiento, pero esta idea es una maldición para el doctor Young.

No sé si seremos capaces de entenderlo totalmente, pero creo que nuestras emociones han evolucionado de comportamientos y emociones que provienen del reino animal“, asegura el científico.

No creo que la manera en que una madre quiere a un hijo sea tan diferente del amor que una madre chimpancé siente por sus crías, o incluso una rata“.

En los animales, los científicos han descubierto que una sustancia química, la oxitocina, es la responsable de desarrollar el vínculo entre la madre y su hijo.

El profesor Young cree que es muy posible que el mismo proceso suceda en los humanos.

Lo que pasa es que cuando experimentamos esas emociones son tan intensas que no podemos imaginar que se trata tan sólo de una serie de procesos químicos“, asegura el científico.

Pero incluso si ello fuera verdad en el caso del amor maternal, ¿sucede lo mismo en el caso del amor?

El profesor Young cree que sí.

Los investigadores han descubierto que la oxitocina es la responsable de vincular a los ratones de campo, que como los humanos crean un fuerte vínculo entre ellos que dura durante un largo tiempo.

También se han realizado estudios en humanos que muestran que la oxitocina incrementa la confianza y la habilidad de comprender las emociones en los otros.

Así que Young asegura que tiene sentido pensar que el mismo tipo de molécula está involucrada en fortalecer los vínculos entre las personas.

Otras sustancias

El científico cree que también hay otras sustancias químicas responsables de fortalecer ese vínculo, así que tan sólo se debe investigar para averiguar cuáles son.

Estoy seguro de que esto es sólo el principio“, asegura Young.

Hay cientos de moléculas de señalización que actúan en áreas diferentes del cerebro“.

Creo que algún día entenderemos mejor cómo interactúan todas esas sustancias químicas en áreas especificas del cerebro que tienen la función de hacer surgir esas emociones complejas“, explica Young.

Habiendo dejado las cosas claras a los poetas, el profesor Young tendrá que discutir con los científicos que no están de acuerdo con su teoría de que el amor depende tan sólo de sustancias químicas.

¿No tendrán algo que ver también la educación y la psicología?

La educación juega un papel importante“, reconoce Young.

Pero la manera en que la educación funciona es mediante la alteración neuroquímica“.

Según el científico, se sabe por estudios realizados con humanos “que las mujeres que han experimentado abuso o negligencia al inicio de su vida tienen unos menores niveles de oxitocina en el cerebro”.

Así que estoy totalmente de acuerdo en que las vivencias tienen un impacto importante en nuestra habilidad para las relaciones, aunque ese impacto ocurre a través de cambios en la neuroquímica y la expresión genética“.

Así que, si el amor es tan sólo una complicada reacción química, ¿podría la más poderosa de las emociones humanas ser manipulada?

El profesor Young cree que sí.

La oxitocina agudiza la visión y aumenta nuestra habilidad de reconocer emociones en otros“, explica.

Podría mejorar nuestra habilidad para formar relaciones, así que existe la posibilidad de que la oxitocina sea usada junto con terapias matrimoniales para devolver la chispa a una relación“.

En el mercado ya existen perfumes que contienen oxitocina, aunque el profesor Young cree que los niveles de esta sustancia son demasiado bajos como para que realmente funcionen como afrodisíacos.

Creo que en futuro podremos desarrollar fármacos que afectarán ciertas áreas del cerebro para estimular el amor“.

Nick Bostrom, de la Universidad de Oxford, no está totalmente de acuerdo con la teoría de Young.

Es interesante explorar las bases neuroquímicas del vínculo amoroso, pero no podemos pensar que esta teoría por sí sola nos proporciona una compresión total de lo que es realmente el amor

Es interesante explorar las bases neuroquímicas del vínculo amoroso, pero no podemos pensar que esta teoría por sí sola nos proporciona una compresión total de lo que es realmente el amor“, asegura Bostrom.

Según el científico, “también están involucrados factores evolutivos, psicológicos y sociológicos, además de perspectivas humanistas que ofrecen puntos de vista interesantes“.

Sin embargo, cree que en un futuro será posible modular los mecanismos neurológicos que juegan un papel en el vínculo amoroso.

Utilizando sabiamente este tipo de fármacos se podría mejorar la experiencia humana y mitigar el sufrimiento innecesario“, explica Bostrom.

En cualquier caso, este tipo de manipulación planteará una serie de cuestiones éticas y culturales, que deberán ser exploradas cuidadosamente“, concluye el científico.

Fuente: Artículo realizado por Pallab Ghosh, publicado en BBC

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Categorías: Amor · Ciencia
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Neurociencias numinosas (4): La mente como fenómeno emergente

Miércoles 29 Octubre, 2008 · 3 comentarios

En varias numerosas entradas anteriores he reflexionado sobre el fenómeno de la conciencia a la luz de los estudios neurocientíficos. Siempre, de alguna u otra manera, llegaba a una conclusión más o menos similar: la ciencia debe ir más allá del reduccionismo y del materialismo instrumental para capturar la dimension vital de la conciencia. No obstante, queda claro que la ciencia carece de una metafísica adecuada para la incorporación tanto de la mente como de la materia en forma integrada y por ello surge un problema: no se puede hablar realmente de una ciencia de la mente sin discutir las propiedades emergentes de los fenómenos y de sus diversos niveles de organización. En algún sentido se podría afirmar que el cerebro humano es EL ejemplo de la emergencia en la naturaleza.

El concepto de emergencia al que también me he referido contadas veces establece, simplemente, que “el todo es mayor que la suma de sus partes”. Cuantas veces hemos escuchado esta frase. Bien vale volver a registrarla una vez más. Así como la neurona no puede ser adecuadamente descrita sólo en base a sus componentes constitutivos, tampoco se puede comprender al cerebro sólo catalogando sus partes, es decir las neuronas. De la misma forma, la mente es igualmente un fenómeno emergente. No existe sin un cerebro funcional, pero no se podría nunca predecir la presencia de la conciencia sobre la base de una descripción reduccionista exhaustiva del cerebro. Mi acercamiento al mundo de los sistemas complejos me ha mostrado que el universo está colmado de fenómenos en busca de comprensión, y he llegado a sospechar que la mayoría de problemas importantes de la física, la biología, la economía y la sociedad, son de naturaleza emergente y compleja.

La búsqueda sincera por comprender, nos obliga a recurrir cada vez más al concepto de emergencia. La emergencia podría colocar límites filosóficos a las afirmaciones de los científicos sociales que justifican la religión de manera reduccionista. Un científico, digamos Max Weber, puede establecer relaciones entre la ética protestante y el espíritu del capitalismo, pero esto no implica causalidad. Un científico podría asimismo establecer determinada actividad en el lóbulo temporal derecho y relacionarla con la experiencia numinosa de a espiritualidad o de la presencia de Dios, pero eso no significa que ha localizado o explicado la realidad de la existencia de un dios.

Una comprensión contundente de la emergencia, con diversos niveles de análisis, síntesis e interpretación, podría abrir un espacio de posibilidades para la comprensión científica de las nociones que manan del conocimiento espiritual y las experiencias numinosas. Quedan aún por hacer muchas investigaciones muy interesantes y hay numerosas personas brillantes dedicadas a las mismas. Enormes beneficios quedan por materializarse en el camino. Por ejemplo, todas las tradiciones reconocen la existencia de aberraciones religiosas, aunque no estén de acuerdo en como clasificarlas. La investigación neurocientífica podría proporcionarnos mejores herramientas para distinguir entre personas religiosamente patológicas y personas con una espiritualidad vibrante y sana.

Vale advertir con cierto tufillo propagandístico que muchos de los neurocientíficos occidentales dedicados al estudio de las experiencias numinosas a las que me he referido en las notas anteriores en el cerebro son practicantes del Budismo. Vale recordar al notable Francisco Varela, un pionero en la materia. ¿Por qué ocurre así? Bueno, existe entre los neurocientíficos el reconocimiento de que los budistas en particular han dirigido investigaciones sobre la conciencia durante más de 2.500 años, y que por tanto el Budismo tiene algo que enseñar a los científicos sobre el tema. Uno de los principales promotores de este diálogo entre el budismo y la ciencia ha sido el propio Dalai Lama que frecuentemente convoca a grupos de científicos a debatir en el marco del Life & Mind Institute.

No obstante, también hay detractores de este tipo de diálogo y buscan valerse de las neurociencias para denigrar el conocimiento espiritual. Así mismo existe un potencial peligro que puede tornarse en preocupante: ¿Qué sucedería si las neurociencias alcanzaran la habilidad de propiciar fácilmente la euforia espiritual manipulando el cerebro, garantizando desde el éxtasis numinoso a la obediencia sincrética?. La noción de que alguien pueda tomar una pastilla y alcanzar la beatitud eterna sin ningún efecto secundario podría suponer el fin de la evolución de nuestra especie e incluso nuestra extinción. ¿Qué nos motivaría entonces para innovar y ser creativos?

La investigación empírica de los fenómenos religiosos y espirituales no sólo es saludable, sino necesaria. La ciencia de la religión bien podría ofrecer una mediación entre los creyentes de diversas tradiciones espirituales y religiones, y ayudar así a alcanzar una suerte consenso de opiniones. Al fin de cuentas, los rios de la verdad siempre deberían llevarnos al oceano de la sabiduría, en lugar de separarnos, como ha venido ocurriendo desde tiempos inmemoriales. Una síntesis entre ciencia y espiritualidad o entre ciencia y religión podría servir para unirnos y en esa labor, las neurociencias empleadas al servicio de la comprensión del conocimiento espiritual nos ayudarían verdaderamente a transitar por este camino.

Es importante recordar que el cerebro crece y evoluciona a lo largo de la vida, y especialmente durante la infancia. En el segundo año de vida, el cerebro de un bebé humano está desarrollado sólo en un 15%. El tamaño máximo de este órgano se alcanza en la adolescencia, alrededor de los 16 años de edad. Las diversas partes del cerebro maduran en diferentes estadios. Los seres humanos presentamos una disposición universal a aprender el lenguaje, la música y la religión, pero el aprendizaje de un lenguaje específico, un género de música o una tradición religiosa determinada depende de la cultura y el lugar de nacimiento. Borges bien sabía esto. Hay que señalar que la mayoría de las tradiciones espirituales usan también la música y el lenguaje, por lo que estas conexiones han de ser algo más que fortuitas para el desarrollo del cerebro y de las creencias religiosas.

Pudiera ser que la adolescencia fuera una época especialmente importante para la transmisión de la religión, y que exista en ese momento una disposición neurológica que la cultura utiliza. Este hecho puede apreciarse en la prevalencia de los ritos de iniciación. El 70% de las culturas estudiadas por los antropólogos tienen alguna práctica formal de iniciación para los adolescentes. Algunas de estas prácticas son sólo para los varones y otras sólo para las mujeres o para ambos sexos. Estos ritos de pasaje estudiados en detalle por Victor Turner generalmente implican la separación de la familia y de la comunidad, la reclusión, la adversidad física, el estrés psicológico, la privación de comida, agua o sueño e, incluso, en ocasiones la tortura o la mutilación del cuerpo. Estos ritos preceden al matrimonio, a la reproducción y a las responsabilidades y derechos de los adultos dentro de un grupo social.

Volviendo al tema, existen varios problemas inherentes a estos estudios neurocientíficos sobre los fenómenos religiosos y espirituales. Ante todo, la religión es una experiencia neurocognoscitiva compleja que incluye rituales, grupos sociales y otras dimensiones que no pueden ser fácilmente reproducidas en laboratorios o aislarse en las mentes humanas. Tampoco está claro que todas las experiencias religiosas sean comparables desde el punto de vista neuronal (no son lo mismo el estudio del Talmud que las prácticas contemplativas budistas o que las auto-flagelaciones cristianas o la ejercitación con asanas de yoga y las danzas de los derviches sufíes).

En ese camino en busca de la comprensión, la ciencia necesariamente ha intentado simplificar estas experiencias para poder realizar investigaciones manejables y tal vez repetibles. La mayoría de los estudios se centran en las prácticas meditativas o contemplativas, simplemente porque sería difícil estudiar cualquier otro aspecto en el ámbito de la aparatología hospitalaria.

Una taxonomía completa de la experiencia religiosa debiera ser desarrollada, detallada y relacionada con diferentes estados del cerebro: las experiencias interpretativas (circunstancias religiosamente significativas, como la sincronicidad o la buena o mala suerte), las experiencias casi-sensoriales (visión o escucha de la divinidad); experiencias de revelaciones, experiencias regenerativas (curaciones o catarsis); experiencias éticas y morales, experiencias estéticas, experiencias luminosas, y experiencias de unidad (pérdida de distinción entre uno mismo y lo que le rodea).

Otro problema en el estudio neurocientífico de los fenómenos espirituales es la tendencia a extraer conclusiones ontológicas de estas investigaciones, normalmente bien para validar bien para desmentir alguna doctrina religiosa. Resulta evidente que nadie puede probar o desmentir, por ejemplo, la existencia de Dios a partir del estudio del cerebro de alguien. Una correlación neurológica no es equivalente a la causalidad o última explicación. Cada pensamiento que tenemos, incluso los pensamientos científicos, tienen sus estados cerebrales mensurables. Podemos estudiar el cerebro de un físico mientras trabaja con ecuaciones utilizando el escáner de resonancia magnética funcional, por ejemplo. Aprenderíamos muchas cosas interesantes sobre el cerebro de esa persona, tal vez generalizables a todos los físicos, quizá a todas las ecuaciones, pero no aprenderíamos nada sobre la verdad o no de la física.

Pero, como dice el filósofo budista Alan Wallace en su libro “The Taboo of Subjectivity: Toward a New Science of Consciousness”, aún no entendemos la mente: A pesar de siglos de investigación científica y filosófica en la naturaleza de la mente, en el presente no existe una tecnología que pueda detectar la presencia o ausencia de ningún tipo de conciencia, porque los científicos incluso desconocen que ha de ser medido exactamente. Más concretamente: en el presente no existe ninguna evidencia científica ni siquiera de la existencia de la conciencia. Todas las evidencias directas consisten en testimonios no científicos, en primera persona, sobre el ser consciente.

Claro está que los testimonios en primera persona no cuentan como evidencia para la ciencia. Se necesita la correlación y la corroboración por parte de otra evindencia. No se le puede dar crédito al “yo” que habla en primera persona. Quizá debamos reprensar la ciencia, y con ella la neurociencia, desde el principio y formular una epistemología que admita albergar a la conciencia.

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Neurociencias numinosas (3): Estudios quirúrgicos y farmacológicos

Lunes 13 Octubre, 2008 · 7 comentarios

Siguiendo con la tercera parte de esta serie de entradas (parte 1 y parte 2) me voy a referir hoy sobre los estudios quirúrgicos y las experiencias farmacólogicas tendientes a explorar los aspectos neurocientíficos de la conciencia espiritual. El contenido de la entrada tiene algo de reseña obituaria.

Las investigaciones quirúrgicas han sido mucho más limitadas que otras porque los médicos, éticamente, no pueden abrir el cerebro de una persona cuchillo mediante y comenzar a hurgar en él. La cirugía cerebral se limita normalmente a la extirpación de tumores, y es de altísimo riesgo. Dado que el cerebro no tiene nervios sensoriales y, por tanto, no siente dolor, la cirugía cerebral se suele hacer con humanos conscientes, lo que permite preguntarles algunas cuestiones durante la operación. Al escribir esto, viene a mi memoria una escena un tanto escatológica de una cena entre Hannibal Lecter y un egocéntrico polícia, en una de las últimas versiones de la saga cinematográfica.

wilder Penfield

wilder Penfield

La estimulación eléctrica en diferentes regiones del cerebro de pacientes durante intervenciones quirúrgicas, llevadas a cabo en los años 50 por el neurocirujano canadiense Wilder Penfield, demostró que la estimulación en el lóbulo temporal derecho provocaba que los pacientes oyeran voces y vieran apariciones.

Robert Heath

Robert Heath

El fallecido Robert Heath (1915-1999), de la Tulane University, consiguió por la misma época inducir placer intenso en pacientes psiquiátricos con electrodos implantados en el septo, una región diminuta situada justo encima del hipotálamo. Este tipo de estudios no estarían permitidos hoy día, pero no dejan de ser sugerentes.


Basándose en ellos, Julian Jaynes (1920-1997) propuso una teoría única sobre la religión en 1976, en su libro The Origin of Consciousness in the Breakdown of the Bicameral Mind. Jaynes especuló que se produjeron cambios estructurales en el cerebro humano hace unos 10.000 años.

Julian Jaynes

Julian Jaynes

Sugirió que el conjunto de nervios que conectan los dos hemisferios del cerebro, el llamado cuerpo calloso, podría no haber estado tan desarrollado como ahora. En los cerebros de nuestros ancestros, el hemisferio izquierdo, actuando como asentamiento primario del lenguaje y de la identidad, podría haber atribuido señales originadas en el hemisferio derecho a una fuente externa, y así imaginarse fantasmas o dioses. A todo aquel interesado en indagar en las ideas de Jaynes, le recomiendo visitar su interesante sitio web.

Un poco de falopa

Las drogas psicotrópicas o psicodélicas han formado parte de las prácticas religiosas humanas durante mucho tiempo, y en diversas partes del mundo. Basta con recordar a uno de los más celebrados psiconautas como Terence McKenna (1946 – 2000), o las ya tan famosísimas experiencias vivenciadas por Carlos Castaneda (1935 – 1998) junto a su maestro yaki Don Juan Matus.
Carlos Castaneda

Carlos Castaneda

Remontándonos a la antigüedad, se sabe que los autores de los Vedas hindúes recibían su inspiración de la droga soma, que se cree era un derivado de las setas psicodélicas psilocibina o amarita muscaria, quizá combinado con cannabis u otras sustancias. En los antiguos misterios eleusinos griegos, también se usaron algún tipo de drogas psicodélicas. Los chamanes tribales de África, Asia y América consumían drogas psicotrópicas como parte de sus rituales.

Ronald A. Siegel

Ronald A. Siegel

El deseo de esta embriaguez según el psicofarmacólogo de la UCLA, Ronald Siegel, es uno de los cuatro incentivos básicos, tras el hambre, la sed y el sexo. La sugestión en esta línea de investigación es que tal vez la religión esté basada en este deseo de “viajar” a través del consumo de drogas. Más allá del imperativo moral, yo diría moralina, que hay detrás de todo este tema hoy considerado como tabú, no les voy a negar mi deseo de tener alguna vez en la vida una intensa experiencia psicodelica como las que Castaneda (en Las enseñanzas de Don Juan), Aldous Huxley (1893 – 1963)(en su texto Las puertas de la percepción y Terence McKenna (en todos sus libros) describen (… Lector amigo… si alguna vez llegará a ser candidato a presidente de los Estados Unidos, recordadme que borre esta entrada…)

Albert Hoffman

Albert Hoffman

La ciencia moderna ha sintetizado un gran número de nuevos compuestos psicotrópicos y psicodélicos. Algunos prefieren llamarlos enteógenos, que significa “inductores de Dios”, por su capacidad para inducir intensas experiencias místicas. Las drogas más comunes y pontentes son la mescalina, el LSD, la DMT y el éxtasis. Aprovecho para recordar que este año falleció quien fuera responsable de estudiar y sintetizar el LSD: Albert Hoffman (1906 – 2008).

La apertura a este tipo de experiencias unida a los movimientos contraculturales que se gestaron en los ‘60 dieron lugar a una movida que llegó a denominarse como psicodelia. La psicodelia alcanza su apogeo en la segunda mitad de los años sesenta y primera de los setenta. Es uno de los componentes más notorios de la Contracultura, pues ofrecía una vía de escape de los limites impuestos a la conciencia y a la vida diaria por el sistema dominante. A partir de entonces, pierde notoriedad y va siendo desplazada por otras corrientes culturales, aunque su influencia persiste en múltiples manifestaciones contemporáneas, siendo especialmente obvia en la publicidad, el videoclip, el cine y la música psicodélica de vocación underground.

Algunos científicos y humanistas, convencidos de las posibilidades benéficas de las drogas psicodélicas para los humanos, han investigado y promocionado su uso responsable: entre ellos se cuentan Albert Hofmann, Aldous Huxley, Alan Watts, Humphry Osmond, Michael Hollingshead y más mediáticamente Timothy Leary. El uso medicinal de estos fármacos constituye la psicoterapia psicodélica.

Según parece, todas las drogas con que se experimentó producen efectos similares a otros productos neuroquímicos endógenos del cerebro como la norepinefrina o la serotonina. Aunque usadas para tratar diversos tipos de enfermedades en las décadas de los 50 y 60, estas drogas provocaron excesos y se convirtieron en sustancias controladas e ilegalizadas en la mayoría de los países. ¡Qué lástima! Pues probablemente se perdió una gran oportunidad a nivel social para aprovechar las posibilidades del uso responsable de este tipo de instrumentos de apertura de la conciencia.

Dado el gran oscurantismo que se gestó alrdedor de estas sustancias, no queda claro qué es lo que hemos aprendido de la religión y la espiritualidad a través del uso de estas sustancias. ¿Son éstas acaso un atajo hacia la iluminación o, simplemente, drogas inductoras de experiencias sin mayor significación? ¿Son otros tipos de rituales y prácticas religiosas sencillamente un método distinto de inducción de estas experiencias que, básicamente, refuerzan la capacidad del cerebro de causarnos alucinaciones? Merece la pena apuntar que hemos descubierto algunas “constantes formales” en estas experiencias inducidas por las drogas, por ejemplo, la recurrencia de la aparición de patrones geométricos similares a los mandalas en las alucinaciones.

La psicofarmacológia es poderosa, por lo que no debemos pasarla por alto. Muchos medicamentos proporcionan alivio para la depresión o la esquizofrenia, y las implicaciones de las nuevas drogas espirituales son intrigantes y desconcertantes. Quizá misticismo, la iluminación, o como se la quiera llamar, es sólo un estado neuroquímico que puede ser inducido por un entrenamiento riguroso de meditación o simplemente tomando una pastilla un sábado por la noche.

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Neurociencias de lo numinoso (1)

Miércoles 1 Octubre, 2008 · 3 comentarios

En las últimas décadas, ha habido una enorme cantidad de nuevas investigaciones cuyo objeto ha sido comprender el funcionamiento del cerebro humano y nuestras capacidades de cognición. Ya me he referido a esto en varias otras entradas del blog. Nuevas herramientas muy potentes nos están permitiendo examinar las funciones primarias del sistema cerebro/nervioso y, recientemente, estas técnicas han sido también utilizadas para estudiar las funciones cerebrales de monjes budistas, monjas católicas, etc. en estado meditativo con el fin de sondear en búsca de la naturaleza de las experiencias que Carl Gustav Jung llamó como numinosas y Abraham Maslow como experiencias cumbre, tal como he preferido llamarlas.

Nuestras descripciones físicas acerca de cómo funciona el cerebro a nivel neuronal, sobre la anatomía del cerebro, y sobre los procesos neurológicos, no se parecen a nuestras experiencias subjetivas como personas con cerebros que tienen estados mentales y emocionales complejos. Ciertamente, resulta difícil reconocernos a nosotros mismos, a nuestras experiencias subjetivas, pensamientos, emociones y actividades cotidianas, bajo el imperativo de la investigación neurológica del cerebro. Normalmente no somos conscientes de los módulos cognitivos de nuestro cerebro. Los neurocientíficos cognitivos y los filósofos de la mente se refieren a este hecho como la “grieta explicativa”.

Tampoco existe una definición neurológica estándar de la conciencia. No poseemos artefactos que puedan medir la presencia o la ausencia de conciencia, aunque la intuyamos presente. Esto hace también referencia al “difícil problema” de los estudios sobre la conciencia. Podemos analizar los cerebros y aprender todo tipo de cosas interesantes y prácticas sobre ellos, sus funciones y disfunciones, pero eso no nos acerca a la comprensión de lo que es la experiencia consciente subjetiva ni de cómo el cerebro participa de su creación.

Algunos estudiosos son optimistas y creen que estamos cerrando esta “grieta explicativa”, que pronto comprenderemos el “código neuronal” y que seremos capaces de traducir el “lenguaje computacional” del cerebro a “aplicaciones informáticas” de la conciencia humana. Ciertamente, se han hecho muchos progresos en el conocimiento de las funciones cerebrales. Los científicos han probado, testado, medido, diseccionado y registrado muchísimos cerebros, tanto humanos como animales. También han desarrollado una notable farmacopea con nuevos medicamentos para tratar la depresión, la esquizofrenia y otras enfermedades de posible origen neurológico.

Los progresos en la neurociencia despiertan muchas otras cuestiones filosóficas interesantes, que necesariamente se entremezclan con las inquietudes religiosas y espirituales. En primer lugar, está la cuestión del reduccionismo, y hasta donde puede éste llegar. Si podemos reducir ciertos fenómenos mentales, como las experiencias místicas de iluminación, a procesos neurológicos, ¿significaría esto que hemos explicado adecuadamente la experiencia y podemos desecharla ya? ¿Qué pasa si inventamos maneras de estimular este tipo de experiencias en el futuro? Si el cerebro es un sistema determinista, entonces, ¿cómo podemos hablar del libre albedrío, la responsabilidad moral o la creatividad? Si la personalidad está intrínsecamente ligada al cerebro químicamente, ¿rechazaríamos el dualismo entre cerebro y mente?

¿En el tratamiento de enfermedades mentales se supondría “perder el tiempo” emplear terapias habladas y pasaríamos a tratamientos sólo farmacológicos? ¿Adoptarán las neurociencias cognoscitivas valores asumidos y perspectivas que son más ideológicos que empíricos? ¿Y que pasa con los temas bioéticos que surgen en el contexto de la neuromedicina? Ésta es sólo una corta lista de cuestiones, algunas de las cuales revisaremos en algún momento. La “cuestión difícil” aún está ahí: ¿qué es la conciencia? ¿Podemos reparar la “grieta explicativa” entre neurociencias y experiencia subjetiva? Y, ¿cuál es, en particular, la naturaleza de la experiencia religiosa desde la perspectiva neurocientífica?

La ciencia no necesita resolver todos estos problemas filosóficos. La ciencia puede y debe continuar caminando lentamente siguiendo sus vías metodológicas. Las neurociencias adelantan formulando pequeñas cuestiones y fabricando experimentos para intentar resolverlas. Las bases neurológicas de las experiencias religiosas y espirituales son realmente una interesante cuestión, y han sido recientemente objeto de muchas fascinantes investigaciones. Hay diversas maneras de abordar el tema. Se trata de los: (1) Estudios basados en enfermedades y lesiones, (2) Estudios quirúrgicos, (3) Estudios con imágenes funcionales, (4) Estudios con drogas psicotrópicas, (5) Estudios evolucionistas. Proximamente intentaré abordar cada uno de estos enfoques.

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La experiencia cumbre, busca ser comprendida por la ciencia

Jueves 7 Agosto, 2008 · 2 comentarios

Los muchos estudios realizados en conexión con lo que hoy comienza a ser llamada como la “neurología mística” muestran el indudable interés que ha suscitado la posibilidad de estudiar empíricamente la experiencia cumbre o espiritual, que está en la base no sólo de las religiones institucionalmente cristalizadas, sino también de la experiencia religiosa de lo “numinoso” no integrada en religiones oficiales.

No sólo están los estudios de Dean Hamer, Eugene D´Aquili y Andrew Newberg, que ya he comentado en alguna otra entrada, sino también son dignas de atención las investigaciones realizadas por Sam Harris, Robert M. Gimello, Mario Beauregard, Vincent Paquette y Richard Davidson a las que me referiré en esta. De la revisión de los trabajos de estos últimos se desprenden interesantes revelaciones sobre la experiencia directa espiritual, la experiencia cumbre o peak. En 1947, Abraham Maslow definió como experiencia cumbre: “un estado de unidad con características místicas; una experiencia en la que el tiempo tiende a desvanecerse y el sentimiento que sobrecoge hace parecer que todas las necesidades se hallan colmadas”.

Tratar de explicar las experiencias místicas ha sido siempre un problema. Ya lo decía Lao Tse al afirmar que el “tao” (digo yo, la experiencia) que se nombra no es el verdadero “tao”. Se trata de una experiencia tan personal e íntima que resulta ser intrasferible e indescriptible por medio del lenguaje. Comprender lo que ocurre en el cerebro del que vivencia semejante experiencia es entrar en la más profunda intimidad de la persona. Hacerlo plantea un problema de alta complejidad epistemológica y nos lleva a la fiabilidad de nuestras hipótesis sobre la experiencia subjetiva de los otros. Salvar este escollo no es fácil. Tal como lo expresara Francisco Varela en su libro De cuerpo presente (Barcelona, Ed. Gedisa, 1992): “El mundo no es algo que nos haya sido entregado: es algo que emerge a partir de cómo nos movemos, tocamos, respiramos y comemos. Esto es lo que denomino ­como enacción, ya que la acción connota el producir por medio de una manipulación concreta“. El sentido de la “enacción” se relaciona con el concepto del complejo budista de la “mente-interdependencia-causalidad-impermanencia”, en tanto que el mundo fenoménico no existe con independencia del sujeto que lo percibe. La vivencia subjetiva de la “experiencia mística” es un hecho que, al darse de hecho, permite suponer que debe tener un fundamento somático, es decir, neuronal. Veamos algunos tips de los estudios recientes realizados por los investigadores mencionados.

Sam Harris

Un nuevo estudio dirigido por Sam Harris, (ver también aquí) de la University of California de Los Ángeles, detectó que las áreas asociadas a las creencias, el escepticismo, la incredulidad y la incerteza, activan diferentes regiones del cerebro que están también asociadas con el agrado o desagrado en los sentidos del gusto y del olfato. Los participantes del experimento dieron respuestas escritas sobre los items: creíble (verdadero), lo no creíble (falso) y lo indecidible (incerteza), con independencia de la afección emocional de su contenido significativo, bien fueran preguntas éticas, matemáticas, autobiográficas, geográficas o religiosas.

Harris y colegas trataron las imágenes a través de resonancia magnética funcional (el famoso fMRI), al mismo tiempo que analizaron las declaraciones por escrito. Los resultados fueron que los estados de creencia, escepticismo, e incertidumbre activaron diferencialmente regiones distintas del Córtex Prefrontal Ventromedial (VMPFC) parietal, así como de los ganglios basales.

La interpretación de Harris sobre el experimento es que creencia y escepticismo difieren de la incertidumbre. Aunque muchas áreas de cognición superior están probablemente implicadas en evaluar el valor de verdad de las proposiciones lingüísticas, la última aceptación de una declaración como “verdadero”, o su rechazo como “falso”, parece depender más de las partes más “primitivas” del cerebro, asociadas con el sentido del gusto, del olfato, del dolor, incluso del asco.

Se detecta el procesado de placer en el córtex prefrontal medio y la ínsula anterior. La verdad puede ser bella, en más de un sentido metafórico, y las proposiciones falsas pueden disgustarnos y asquearnos literalmente. Esto tendría consecuencias evidentes para la detección del engaño, y para el control del efecto placebo. Pero, sobretodo, para entender que una creencia es un juicio de valor que no se distingue de un juicio de razonamiento lógico.

Harris expone en su libro The End of Faith que las instituciones religiosas han preferido ir más por el camino de una aglutinación de fieles devotos y creyentes en dogmas que de experimentadores de experiencias espirituales cumbre. La tesis es que básicamente no se respetan las creencias de los demás; lo que realmente convence o no son los motivos que se aportan para las creencias; o sea, las argumentaciones y sus pruebas.

Mario Beauregard y Vincent Paquette

Mario Beauregard y Vincent Paquette, de la University of Montreal, ha realizado estudios cuyo objetivo ha sido determinar los correlatos neuronales de las experiencias místicas a través de la técnica de fMRI, similar a la utilizada por Harris. Este estudió se realizó con un total de 15 monjas carmelitas de entre 23 y 64 años de edad con una media de algo más de 19 años de vida religiosa (entre 2 y 37 años).

El resultado del nivel de oxígeno en sangre en la persona señala cambios experimentales durante una condición Mística, una condición de Control, y una condición Básica. En la condición Mística, se les había pedido recordar y volver a vivir (con los ojos cerrados) la experiencia mística más intensa vivida alguna vez en sus años en la Orden Carmelita. Se adoptó esta estrategia dado que las monjas dijeron antes del comienzo del estudio que “Dios no puede ser convocado a voluntad”. En esta condición, las monjas tenían instrucciones de recordar y volver a vivir (también con los ojos cerrados) el estado de unión más intenso con otro humano en sus años de vida religiosa.

Durante el experimento, se recogieron imágenes por resonancia magnética de cortes transversales del cerebro cada tres segundos, y del cerebro completo cada dos minutos. Una vez registrada la actividad cerebral, Mario Beauregard y Vincent Paquette compararon los patrones de activación en las distintas situaciones (el recuerdo social y el místico), descubriendo las áreas del cerebro que se activaban con más fuerza durante la experiencia mística.

De este modo descubrieron que en el recuerdo de la “Unio Mystica” cooperaban la corteza orbitofrontal central, el lado derecho de la corteza temporal media, los lóbulos parietales inferior y superior derechos, la corteza izquierda prefrontal media o la corteza cingulada anterior izquierda, entre otras.

Es así como la memoria espiritual (que en este caso es memoria a largo plazo de una experiencia cumbre) vigoriza varias regiones cerebrales en esos instantes, como por ejemplo el núcleo caudado, que es la región del centro del cerebro relacionada con el aprendizaje, la memoria o el enamoramiento. Otras zonas activadas son la corteza insular o ínsula, relacionada con las emociones y sentimientos (posible conectiva con el amor incondicional), y el lóbulo parietal derecho (relacionado con la OAA y la sensación de ilimitación del self, explicado por Newberg y D’Aquilli). Para la experiencia de “aniquilación del ego”, para la alteración corporal y para la sensación unitaria del “sí mismo” con el “mundo” (o “unidad” indiferenciada).

Beauregard comenta que los estados místicos se producen gracias a un complejo entramado neuronal distribuido en todo el cerebro. No obstante, ambos científicos siempre han dejado claro que no es lo mismo el recuerdo de una experiencia mística que la experiencia en tiempo real. Es cierto entonces que el papel de la memoria asociativa está relacionado con los recuerdos emocionales. Tanto el miedo y como la felicidad son factores imprescindibles para la excitación emocional y la supervivencia; y en ello juegan un papel fundamental los factores de recuerdo. La amígdala basolateral es la parte del cerebro que se cree responsable de los recuerdos emocionales, según han determinado Mark Mayford, Leon G. Reijmers y colegas de The Scripps Research Institute de La Jolla, California.

Richard J. Davidson

Para llegar a esa experiencia cumbre de sí mismo, que los estoicos llamaron “oikeiosis” y que tantas religiones describen como la más increible experiencia a ser percibida, debemos antes de ello enfrentarnos con nuestros miedos.

Es importante el estudio realizado por David Dunning y Emily Balcetis de la Cornell University. En él han dado con la clave de que no todo lo que tomamos como real es real. Los participantes de un examen de auto-predicción sobrestimaron la probabilidad de que las conductas deseables (los prejuicios) dependerían de consideraciones imparciales en sus predicciones. En general se tomó un auto-conocimiento modificado por auto-percepciones distorsionadas, donde el prejuicio no dejaba ver la realidad tal cual era. Existía una “ceguera atencional” que no permitía tener una información completa de nosotros mismos. Era una información sesgada fruto de una manipulación de la información de nosotros mismos que no interesaba.

Los miedos reprimidos son factores que impiden percibir la realidad de uno mismo. Philippe Goldin y James Gross, de la Universidad de Standford publicaron un artículo en la revista Biological Psychiatry, en el que afirman que la estrategia de reconsideración cognitiva (pensar sobre lo que está pasando) tendría un impacto temprano en el proceso de generación emocional; por otra parte, la represión expresiva (evitar que se note lo que estamos sintiendo) sería una estrategia de comportamiento cuyo impacto sería tardío, dentro del proceso de generación emocional. La represión emocional no llevaría, pues, a la comprensión ni a la transformación de la emoción.

Por ello, desde 1992, Richard J. Davidson ha estado estudiando la imaginería mental que ofrecen las emociones. Ha realizado varias pruebas sobre neurociencia afectiva y las relaciones existentes entre el cerebro y las emociones. Sus trabajos han sido considerados de alta importancia en el desarrollo de imágenes tomadas por fMRI en experiencias positivas del cerebro en meditadores expertos de la tradición budista tibetana Vajrayana.

En los últimos cuatro años Richard Davidson ha ofrecido unos estudios muy completos sobre la influencia de la meditación en los trastornos afectivos y su mapeado cerebral. En resumen, Davidson ha examinado a centenares de monjes budistas tibetanos de dos tipos: un grupo de monjes que llevaban largo adiestramiento en la meditación (entre 10.000 a 50.000 horas), entre 15 y 40 años de experiencia, y otro grupo constituido por estudiantes con pocas horas de meditación. Los hizo meditar en diferentes estadios: visualización, concentración en un punto, en estado de apertura, vacuidad y compasión, distintas prácticas que los monjes suelen realizar.

Se estudiaron diferentes aspectos de la actividad cerebral: Por ejemplo, la inmutabilidad facial de registros de “micro-emociones”, común en el resto de los mortales, en estado de meditación de concentración en un punto . Las alteraciones o sobresaltos (por muy fugaces y enmascarados que sean) se activan desde la amígdala y surgen registros oculares y faciales, a veces imperceptibles, pero registrables. En lamas muy duchos en meditación resultó que sonidos que nos alteran a todos, o sustos, no les perturban ni en sus micro-expresiones.

Otro ejemplo fue la capacidad de coherencia sincrónica registrada en los cerebros de grandes meditadores. Dicha sincronía, registrada con cascos de 256 electrodos en la cabeza de los monjes, se contrastó con la de noveles en meditación. Los datos registrados por la red de sensores en los monjes budistas fueron impresionantes.

La amplitud de las ondas gamma recogidas en algunos de los monjes son las mayores de la historia registradas en un contexto no patológico”: entre 25 y 42 Hz. Muy por encima de los noveles que registraron una baja sincronía con una actividad oscilatoria lenta (entre 4 y 13 Hz.). Esta alta amplitud de frecuencia gamma, está asociada con la capacidad de prestar atención y aprendizaje. Se registraron bilateralmente sobre la región parietotemporal y el mediofrontal.

Cuando los meditadores dispersaron el punto de atención de su concentración hacia una meditación sin objeto (llevándola a la compasión), se generó en sus percepciones una experiencia de amor incondicional que no sólo amplió la sincronía en banda gamma como un fenómeno en red de asambleas neurales, sino que reflejó un aumento en la precisión temporal de las interacciones talamocorticales y corticales. El estado de transición no es inmediato y requiere entre 5 y 15 s. De este modo quedó reflejado un cambio de calidad de instante en instante, de un alto estado de conciencia a otro.

Estos datos sugieren que el entrenamiento mental involucra mecanismos de integración temporal, y puede inducir a corto plazo y a largo plazo cambios neuronales . Es lo que se ha llegado a observar por imágenes de resonancia magnética funcional (fRMI) para indicar que el cultivo de la compasión y de la bondad se aprende del mismo modo que se aprende a tocar un instrumento musical o dominar un deporte.

En otro experimento se escogió a 16 monjes tibetanos y practicantes laicos con un curriculum de más de 10.000 horas de práctica en meditación y otros 16 que, sin formación previa, fueron instruidos en los fundamentos de la meditación sobre la compasión, dos semanas antes de escanear sus cerebros. A cada uno de los 32 sujetos se les colocó en el escáner de fMRI en el UW-Madison Waisman Center for Brain Imaging, que dirige Davidson, y se le pidió comenzar la meditación de la compasión o abstenerse de ella. En cada estado, los sujetos fueron expuestos a sonidos y vocalizaciones humanas negativas y positivas diseñadas para evocar respuestas de empatía, así como vocalizaciones neutrales: sonidos de una mujer afligida, un bebé riéndose o el ruido de fondo de un restaurante.

La hipótesis principal fue que la preocupación por los demás, cultivada mediante esta forma de meditación, mejora el procesamiento afectivo, en particular en respuesta a los sonidos de angustia, y que esa respuesta emocional a los sonidos es modulada por el grado de formación de la meditación. La presentación de los sonidos emocionales estaba asociada con la activación de la región límbica (la ínsula y córtex del cingulado) durante la meditación.

Durante la meditación, la activación de la ínsula fue mayor en los expertos que en los novicios durante la presentación de sonidos negativos y menor en los positivos o neutrales. La fuerza de activación en la ínsula se asoció también con la intensidad de la meditación para ambos grupos. Estos resultados apoyan el papel del circuito límbico en la emoción compartida.

La comparación entre la meditación frente a los estados de descanso entre los expertos y los novatos también mostraron una mayor activación en la amígdala, en el cruce temporo-parietal derecho (TPJ), y el sulcus temporal superior posterior derecho (pSTS), en respuesta a todos los sonidos. Esto sugiere una mayor detección de los sonidos emocionales, y una mayor actividad mental en respuesta a vocalizaciones emocionales humanas en los expertos que en los novicios durante la meditación. En conjunto, estos datos indican que la experiencia mental de cultivar emociones positivas altera la activación de los circuitos neurales. Por ello cabría considerar un aumento de neuroplasticidad para permitir la regeneración de circuitos neurales, así como la producción de nuevas y diferentes conexiones sinápticas.

Se debe advertir que una habilidad mental no tiene por qué implicar desarrollo espiritual. No obstante, en el momento que un monje desarrolla el sentido de la compasión -no con la razón, sino con la meditación-, la unión de la habilidad meditativa se une al mensaje espiritual. Entonces el mensaje, el mensajero y el receptor del mensaje se unen. Podríamos decir que no hay “ruido mental” que distraiga la experiencia cumbre de la “unio mystica”.

Fuentes: Link insertados y Tendencias21, Cátedra de Ciencia, Tecnología y Religión, Universidad Pontificia Comillas.

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Neurociencia de la espiritualidad

Jueves 10 Julio, 2008 · 2 comentarios

Los últimos años se han ofrecido desde el campo de las neurociencias distintas explicaciones de las experiencias religiosas. Algunos neurocientíficos explican las experiencias de la conexión espiritual como consecuencia de anomalías o fallos mentales del cerebro o las explican en términos de crisis existenciales. No obstante, la corriente principal de las ciencias cognitivas comienza a comprender que estas experiencias se tratan de algo más que una mera disfunción.

Hay preguntas básicas para las que todavía no se ha encontrado una respuesta definitiva ¿Puede contribuir la neurociencia a explicar las características propias de las experiencias místicas? ¿En qué medida son las experiencias religiosas un producto de la actividad neural? ¿En qué manera y hasta qué punto puede explicar neurociencia el complejo mundo de la experiencia espiritual?

La tesis reciente de Anne Runehov, de la Universidad de Upsala (Suecia), que lleva el título Neuroscientific Explanations of Religious Experience: A Philosophical Evaluation va en busca de las explicaciones neurocientíficas de la experiencia mística.

La tesis de Runehov, con definiciones claras y argumentos precisos y detallados, es una contribución significativa al campo naciente de los estudios que relacionan las neurociencias con la espiritualidad. Runehov se basa en los estudios de los científicos “neuro-espiritualesPersinger y Newberg & d’Aquili. Para ello hace una investigación filosófica crítica de sus trabajos.

La tesis que mantiene Runehov es que las neurociencias sólo hasta cierto punto, y dentro de una metodología restringida, explica las experiencias místicas. Así mismo, amplia el estudio de las experiencias religiosas de autores incluyendo nuevas explicaciones, no meramente neurocientíficas, con estudios sociológicos, teológicos, de filosofía de la religión, éticos y psicológicos.

Un interesante trabajo para aquel que tenga interés en profundizar sobre la temática.

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Otras experiencias cumbre, ahora en el espacio exterior: el sentimiento cósmico de los astronautas

Martes 27 Mayo, 2008 · 2 comentarios

Muchos astronautas, en repetidas ocasiones, al surcar los vastos espacios interplanetarios, han dado cuenta de una experiencia extraordinaria. Se trata de una euforia inexplicable, de una “conexión cósmica” o de una mayor sensibilidad a su lugar en el Universo. La experiencia suena como de un plano superior, o de un estado iluminado. Pareciera que, sin quererlo, los astronautas son capaces de alcanzar un estado mental similar al de los monjes budistas con la meditación, alcanzando lo que Maslow denominó como experiencia cumbre y que otras corrientes filosóficas, espirituales o religiosas han denominado como samadhi, satori, shine, atención alerta, alertidad, presencia, gracia divina, estados no ordinarios de conciencia, entre tantas otras denominaciones. Se trata de una conexioón con un estado interno caracterizado (si eso es posible) por la sensación de atemporalidad, euforia, relajación, sensaciones extraordinarias, únicas e irremplazables, y se percibe una sensación de felicidad profunda que se siente como el motor de la vida. La mente se aquieta, se hace posible el percibir que nuestra verdadera naturaleza está despierta e integrada al campo en donde todos los fenómenos se generan y son sostenidos.

¿Qué estará ocurriendo cuando el cuerpo humano se sumerje en el espacio? ¿La gravedad Cero crea nuevas conexiones en el cerebro? ¿O es una respuesta humana natural a la inmensidad del vasto espacio y la confirmación de lo pequeños que somos en comparación? Hace poco les mostré un video del fallecido Carl Sagan que nos ponía a todos en esa perspectiva.

Una cosa es cierta, parece que cuando los astronautas vuelven a la “tierra firme“, han cambiado profundamente… Algo les sucede…

Russell SchweickartEl 6 de marzo de 1969, Russell “Rusty” Schweickart experimentó una sensación de que el universo entero estaba profundamente conectado. A mi entender se fundió con la totalidad y alcanzó una experiencia integral en donde la conciencia egotista es trascendida. En ese momento, fue aplazada una caminata espacial fuera del Módulo Lunar de su Apollo 9, para realizar pruebas de próximos desembarques en la Luna.

Explicó diciendo: “Cuando llevas girando alrededor de la Tierra durante una hora y media, comienzas a reconocer que te identificas con todo lo que ves. Esto produce un cambio… surge a través de ti, tan poderosamente, que te sientes como un elemento sensor de la humanidad”.

Edgar MitchellDos años más tarde otro piloto, Edgar Mitchell, astronauta del Apolo 14 (en una grabación conjunta con Alan Shepard, en una larga caminata de 9 horas y 17 minutos) que había tenido un “Efecto de Visión Global“. Describió la sensación como de un profundo sentido de interconexión, con un sentimiento de gozo y atemporalidad. Se sintió abrumado por la experiencia. Se hizo profundamente consciente de que todos y cada uno de los átomos del Universo estaban conectados de alguna manera, y al ver la Tierra desde el espacio tuvo la comprensión de que todos los seres humanos, animales y sistemas son una parte de la misma cosa, un todo sinérgico. Era una euforia de interconexión.

Edgar MitchellVarios años despuesta de su trascedente experiencia como sexto ser humano en caminar sobre la luna, Edgar Mitchell, se convirtió en uno de los fundadores del Instituto de Ciencias Noéticas (IONS) y jugó un papel significativo en el apoyo de la investigación científica de la consciencia. La visión que le ofreciera la Tierra desde el espacio le despertó profundas nuevas percepciones (insights) respecto a la naturaleza creativa de la consciencia en el universo, llegando a decir que: “ En un momento me di cuenta de que este universo era inteligente. Que va en una dirección y que nosotros tenemos que ver con la misma. Y que el espíritu creativo, la intención creativa que ha conformado la historia de este planeta, proviene de dentro de nosotros, y está ahí afuera – es todo lo mismo… La consciencia en sí es lo fundamental y la energía-materia es producto de la consciencia… si cambiamos la idea que tenemos en nuestra cabeza acerca de quienes somos – y podemos vernos como creativos seres eternos creando la experiencia física, unidos en ese nivel de existencia que llamamos consciencia-entonces empezamos a ver y crear de otra manera este mundo en el que vivimos.

Las experiencias de Schweickart y Mitchell no son anomalías aisladas, muchos otros astronautas desde la década de 1970 han informado del ‘Efecto Visión Global‘. Andy Newberg, un médico neurocientífico, con experiencia en medicina espacial, espera averiguar si se trata de un fenómeno psicológico real. Quizás haya una razón médica para un cambio real en la función cerebral de un astronauta cuando está en el espacio. Es más, él notó un cambio psicológico en los hombres y mujeres que han regresado desde el espacio. Según él, “puede decirse que a menudo, cuando estás con alguien que ha volado en el espacio, es algo palpable

Andy NewbergNewberg ha escaneado muchos cerebros, para tratar de entender cómo los seres humanos llegan a este estado de euforia en la Tierra. Las comunidades religiosas, mediadores trascendentales y otros alrededor del mundo, son capaces de experimentar estados similares y han centrado el interés de los neurocientíficos. En algunos casos, la meditación conduce a algunas personas a ver el cosmos como una red cuántica interconectada, donde la conciencia no es independiente, sino una parte del Universo. Ahora Newberg espera vigilar el cerebro de uno de los primeros turistas espaciales, a fin de comprender mejor la función cerebral de un ser humano en Gravedad-Cero.

Edgar Mitchell dijo que su caso personal había cambiado su vida, revelando un Universo que había permanecido oculto hasta que experimentó el ‘Efecto Visión Global‘, en la misión del Apolo 14, en 1971. Si este efecto es un cambio físico en el cerebro, o un conocimiento más profundo, aún no se sabe, Newberg espera encontrar algunas respuestas.

Fuente: Basado en un artículo que leí en el Blog de mi amigo Cristobal: Espiritualidad y Política, en el que transcribe el artículo original publicado en inglés en Universe Today y que fuera traducido en el blog Navegando por la Red

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La experiencia cumbre: cuando la ciencia y la espiritualidad se unen en la vivencia de una persona

Domingo 25 Mayo, 2008 · 13 comentarios

Jill Bolte TaylorJill Bolte Taylor, doctora en neurociencia de la universidad de Harvard y calificada como una de las 100 personas más influyentes del 2008 por la revista Time, tuvo una experiencia trascendente. El 10 de diciembre de 1996, cuando tenía 37 años, se encontrabaía en su apartamento en Boston cuando de repente sintió un fuerte dolor de cabeza detrás del ojo. El accidente cerebro vascular (ACV) que sufrió le afectó el lóbulo izquierdo de su cerebro. Esta situación le provocó una fuerte atenuación de la actividad cerebral del hemisferio izquierdo y la supremacia del hemisferio derecho.

Al poco rato del accidente, comenzó a sentir una tranquilidad mental que no había conocido nunca. Sus preocupaciones cesaron, la intensa bulla de sus pensamientos se aplacó. Esa autoconciencia que tenemos todos que nos lleva a juzgarnos y criticarnos constantemente desapareció. Toda esa cadena asociativa de pensamientos y emociones, la mente discursiva, cesó y ella sintió como nunca antes una paz indescriptible. Tuvo una experiencia cumbre. Según ella misma lo comenta, se sentía unida con el mundo. Era como si se hubiese disipado todo límite entre su cuerpo físico y lo que le rodeaba. Sintió como su alma se liberaba de la prisión del cuerpo y flotaba feliz por el aire. Había alcanzado el nirvana.

Fue llevada inmediatamente al hospital. De la misma manera que sintió este estado de goce y regocijo igualmente había perdido su habilidad de hablar, reconocer a su madre y en general sus funciones cognitivas centrales. Normalmente las personas afectadas en el hemisferio izquierdo de su cerebro pierden control sobre sus emociones y comportamiento ya que esta es la parte “lógica” del cerebro pero no es típico percibir esta sensación de paz y bienestar que la Dra. Taylor describió.

Las diferencias entre las áreas izquierda y derecha del cerebro han sido ya objeto de múltiples estudios. Se sabe que el área izquierda está asociada a la lógica, el tiempo, el ego, y la parte derecha a la creatividad y empatía. Lo importante aquí es que la experiencia personal de la Dra. Taylor le ha dado una nueva dimensión a este problema.

My stroke of insightSu libro reciente, “My Stroke of Insight”, cuenta su experiencia, experiencia cumbre que la ha transformado como persona. Muchos, incluso sus colegas, sostienen que no conocían ese lado “espiritual” de ella.

Hace unos meses la Dra. Taylor habló en la conferencia TED, (Technology, Entertainment and Design conference), conocida por presentar a personas que, desde las ciencias y las artes, han contribuido a gestar ideas, creaciones e innovaciones notables. Se trata de un foro que busca poner de manifiesto la tercera cultura a la que alguna vez me referí. Su exposición causó un gran impacto. Allí describe cómo fue su proceso.

Su historia ha traído repercusión en todos los medios. Muchos de los que la han contactado son budistas y meditadores que dicen haber experimentado en su práctica esas sensaciones de paz y euforia. Sostienen que la experiencia de la Dra. Taylor confirma a nivel neurológico que el nirvana existe y que es posible alcanzarlo.


Jill Bolter Taylor con Oprah

Según ella misma lo afirma, traduciendo y transcribiendo lo que dijo en los TED Talks: “He dedicado mi vida a estudiar el cerebro porque tengo un hermano que ha sido diagnosticado con un desorden cerebral: esquizofrenia. Y como hermana y científica siempre he querido saber porqué yo puedo cumplir mis sueños, conectarlos a mi realidad y realizarlos y él no, qué ocurre con la esquizofrenia cuando el enfermo no puede conectarlos a ninguna realidad compartida en lugar de convertirlos en delirios?

Jill Bolter TaylorHe dedicado mi vida al estudio de la enfermedad mental severa. Incluso me mudé de Indiana a Boston para trabajar en el laboratorio del dr. Francine Benes, en el Departamento de Psiquiatría de Harvard. En el laboratorio trabajamos para responer a una pregunta: ¿Cuáles son las diferencias biológicas entre los cerebros de personas que se diagnostican como el control normal, en comparación con los cerebros de las personas diagnosticadas de esquizofrenia, trastorno esquizoafectivo o trastorno bipolar?

Intentamos mapear los microcircuitos cerebrales, cuáles son las células que están comunicándose con otras, mediante qué procedimientos químicos, con qué cantidad de los mismos. En eso trabajo durante el día. Mi tiempo libre lo dedicaba a actuar como defensora de NAMI, la Alianza Nacional de Enfermedades Mentales.

El 10 de diciembre de 1996 me levanté para descubrir que era yo quien tenía un desorden cerebral. Un vaso sanguíneo explotó en la mitad izquierda de mi cerebro. Y durante horas viví y observé cómo mi cerebro iba deteriorándose, mermando su capacidad para procesar la información. Esa mañana no pude andar, hablar, leer, escribir ni recordar nada. Me convertí en definitiva en un niño en el cuerpo de una mujer.

Si habéis visto alguna vez un cerebro humano sabréis que su morfología muestra la separación entre dos hemisferios. Esta el lóbulo frontal, esta la parte trasera, de la que cuelga la médula espinal y esta es la forma en que se coloca en mi cráneo. Como véis, es evidente la separación entre dos hemisferios.

Siguiendo una metáfora informática, nuestro hemisferio derecho funciona como un procesador en paralelo. El izquierdo como un procesador de serie. Ambos hemisferios se comunican a través del cuerpo calloso, compuesto por unos 300 millones de fibras axionales. Más allá de esto los dos hemisferios están completamente separados. Debido a que procesan la información de forma diferenciada, cada hemisferio piensa en cosas diferentes, se preocupa por cosas diferentes, y me atrevo a decir, que tiene personalidades muy diferentes.

El hemisferio derecho trata sobre el presente. Es el aquí y ahora. Piensa en imágenes y aprende a través del movimiento de nuestros cuerpos. La información llega en forma de flujos de energía de forma simultánea a través de todos nuestros sistemas sensoriales para estallar en un enorme collage: la impresión sobre el momento presente aparece. Es el responsable del olor, del sabor, el sonido, de lo que sentimos ante el presente.

Soy energía que se conecta a la energía del resto a través de la conciencia de mi hemisferio derecho. Somos seres de energía conectada a través de la conciencia del hemisferio derecho a la familia humana. Lo cual significa que somos hermanos y hermanas en este planeta, que estamos aquí para hacer del mundo un lugar mejor.

Somos, en este momento, perfectos, globales, parte del todo, bellos. Parte de un bello todo.

Mi hemisferio izquierdo es un lugar muy distinto, que piensa lineal y metódicamente. Nuestro hemisferio izquierdo tiene que ver con el pasado y el futuro. Nuestro hemisferio izquierdo está diseñado para registrar ese enorme collage del momento presente. Analizando detalles y más detalles, clasificando y organizando toda esa información. Está asociado con todo lo que aprendimos en el pasado, con nuestros proyectos de futuro. Es un hemisferio lingüistico. Su función es hablar contínuamente, establecer un diálogo constante entre mi mundo interior y mi mundo externo. Es la vocecilla que me dice, “Hey, recuerda comprar plátanos antes de llegar a casa, es la inteligencia que calcula a qué temperatura debo poner la lavadora. Pero lo más importante es que es esa voz que me dice “Yo soy”. Cuando lo dice, me convierte en un ser separado, me hago una sola persona sólida separada del flujo de energía a mi alrededor y separada del resto.

Esa fue la parte de mi cerebro que perdió sus funciones la mañana de mi accidente cerebrovascular.

La mañana del accidente me desperté con un dolor que golpeba justo detrás de mi ojo izquierdo. Era un dolor agudo, similar al que produce morder hielo. No estoy acostumbrada a sentir dolor, así que seguí mi habitual rutina. Al levantarme subí a mi máquina de cardiotraining, un máquina para ejercitar todo el cuerpo. Empecé el ejercicio y pronto me di cuenta de que mis manos parecían garras primitivas al agarrarse a las barras. Pensé…es raro…y miré el resto de mi cuerpo pensando….estoy rara, me siento rara. Fue como si mi conciencia se hubiera desplazado fuera de la realidad habitual, a un espacio esotérico en el que me estuviera observando a mi misma teniendo esa experiencia.

Era todo extraño y mi dolor de cabeza iba a peor, así que dejé la máquina y me puse a dar vueltas por la sala. Era como si mi cuerpo estuviera enlenteciéndose, mis pasos volviéndose rígidos, deliberados. No había fluidez y mis percepciones no podían ir más allá de mi misma, de mi propio espacio interior. En el cuarto de baño, de pie y camino a la ducha escuchaba el diálogo en mi cuerpo: “Ok…músculos, contraeros, relajaros”

De golpe perdí equilibrio y quedé contra la pared. Miré mi brazo y me di cuenta de que no podía delimitar los límites de mi cuerpo. No podía definir dónde empezaba y dónde terminaba. De alguna forma, los átomos y moléculas de mi brazo se mezclaban con los átomos y moléculas de la pared. Sólo sentía esa energía. Energía….

Me preguntaba…¿qué me pasa? Y mi cerebro izquierdo no respondía, nada respondía. Era como si alguien, desde un mando a distancia, hubiera pulsado el botón de de silencio. Total….”

El relato de la experiencia sigue, aunque creo que es suficiente para que os hagáis una idea de la importancia de sus conlusiones “existenciales”, en mi opinión, tremendamente respetables (se trata de alguien que ha dedicado su vida al estudio de la neurobiología) :

“Aún sigo viva y he encontrado el Nirvana. Mi imagen del mundo es ahora el de un lugar bello, pacífico, lleno de gente adorable que sabe que vive en ese espacio, que puede elegir vivir conforme a esa parte derecha del cerebro y encontrar esa paz. Esa ha sido mi motivación para recuperarme. He tardado 8 años.

Somos el poder de la vida en el universo, con habilidades manuales y 2 sistemas cognitivos. Tenemos el poder de elegir, en cada momento, cómo estar en el mundo. Puedo centrarme en la conciencia de mi hemisferio derecho, en el que soy fuerza vital, la pura energía que generan mis más de 50 trillones de las bellas moléculas que me componen. Una con todo.

O puedo elegir la guía consciente de mi cerebro izquierdo y convertirme en un individuo único, separado del flujo, separado de todos vosotros, Jill Bolte Taylor, intelectual, neuroanatomista.

¿Qué preferimos?, ¿cuándo? Creo que cuanto más tiempo pasemos según la naturaleza de nuestro cerebro derecho mayor será la paz que proyectemos en el mundo. Y eso es algo que vale la pena.”

Su próximo proyecto es abrir un centro en Indiana para ayudar a los pacientes afectados por accidentes cerebro vasculares a recuperarse siguiendo estos principios basados en las diferencias entre los dos hemisferios.

Interesante experiencia, no?

Fuente: http://noespocacosa.wordpress.com/

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Redes (excelentes documentales realizados por Eduard Punset)

Martes 1 Abril, 2008 · 11 comentarios

Humanismo TV

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  • ¿Existe el mundo?
  • Cuando los físicos profundizan en el interior de la materia se encuentran con grandes vacios, partículas de corta vida y un gran número de incógnitas por resolver. REDES se pregunta esta semana si existe el mundo tal y como los percibimos.
    Nuestros sentidos interaccionan con el mundo que nos rodea de una forma práctica que nos ayuda a vivir y a desarrollarnos en su entorno pero la ciencia actual ha desarrollado nuevos sentidos, más soficticados como el instrumental científico práctico y teórico como telescopios, micrscopios electrónicos de barrido o aceleradores de partículas) que nos permiten tener una percepción del mundo completamemnte diferente.

  • Las dimensiones desconocidas
  • Por el momento los homínidos nos movemos bien en un mundo tridimensional. En cambio no nos ocurre lo mismo con la cuarta dimensión: el tiempo. A las personas nos cuesta muchísimo aceptar que la flecha del tiempo va en una sola dirección hacia la muerte y que no hay marcha atrás. REDES entrevista esta semana a Javier Tejada que nos introduce al tiempo psicológico. J. Tejada es catedrático de física del estado sólido en la Universidad de Barcelona. Es también doctor Honoris causa por la City University de Nueva York. Actualmente trabaja con sus colaboradores en investigaciones cuánticas a bajas temperaturas. Tejada nos habla del tiempo mecánico del reloj que no tiene ni pasado ni futuro. En condiciones normales, el hombre vive una parte del tiempo sin tener plena conciencia porqué es feliz. La atemporalidad está ligada a esta capacidad de ser feliz del individuo.

  • Programados como robots
  • Desde la Universidad de Nueva York, Eduard Punset entrevista al prestigioso científico Rodolfo Llinás, neurólogo de origen colombiano, uno de los mayores especialistas en la evolución del cerebro. La historia de la evolución nos enseña que sólo tiene cerebro quien lo necesita. Hicieron falta 750 millones de años para que apareciera, y sólo lo hizo en los organismos que decidieron moverse. Las plantas prefirieron quedarse en su sitio y vivir con lo mínimo necesario. En cambio, los animales, que optaron por el movimiento intencionado, necesitaron un cerebro para poder programar a dónde dirigirse, buscando comida o huyendo del peligro. Esta es la tesis básica de Rodolfo Llinás, y esta semana el programa se centra solamente en este especialista, prescindiendo de plató. Se emiten varios reportajes que abundan en su tesis, de entre los que destaca el de los tunicados, unos animales muy primitivos que viven en el fondo del mar. Se parecen a plantas, porque se fijan a la roca y prácticamente sólo tienen estómago. Son como tubos sin cerebro. Pero cuando deben reproducirse, desprenden una semilla, como un renacuajo, que vive una hora, y mediante un mínimo sistema nervioso busca el sitio adecuado para engancharse de nuevo a una roca. En cuanto lo consigue, reabsorbe casi todo su cerebro, pues ya lo necesita.

  • Magia e ilusión
  • Todo el mundo sabe que la magia no existe, que los magos hacen trampa en sus juegos y crean la ilusión de que han hecho algo prodigioso. Redes revelará cuál es el verdadero secreto de la magia y porqué no somos capaces de “cazar” al mago en su artimaña. La percepción del ojo humano es imperfecta y, gracias a ello, muchas cosas que suceden ante nuestra mirada pasan desapercibidas. Richard Gregory, neurólogo y especialista en el campo de la percepción y de las ilusiones ópticas, y autor del libro El ojo y el cerebro, responderá a las preguntas de Eduard Punset y aclarará cómo funciona nuestra percepción y porqué es defectuosa. Uno de los mecanismos de nuestra mente para suplir los huecos de nuestra tosca vista es la reconstrucción de imágenes a partir de lo que nuestro cerebro intuye que debería haber en la realidad. Debido a eso, es más fácil engañar a una persona concentrada en las manos del mago, que a una que pasaba por ahí y se detiene a mirar. En este programa se desenmascaran muchos de los trucos clásicos del ilusionismo y se analizan las relaciones entre la magia y la ciencia. Incluso se desvela el secreto de uno de los trucos con cuerdas más difíciles de aprender. En plató, el director del Museo de la Ciencia de Barcelona, Jorge Wagensberg, hablará de las bases científicas de la magia, y un mago ilusionista, Joaquín Matas, demostrará lo difícil que resulta percibir algunos trucos

  • El sentido de la música
  • Cuando escuchamos un sonido nos puede parecer bonito o feo. La música activa la misma zona cerebral que la alimentación o el sexo, quizá por eso cuando nos gusta una melodía nos sentimos bien. Pero no a todos nos gusta el mismo tipo de sonidos ¿Qué factores influyen para que la percepción musical sea diferente en cada persona? Cuando un ruido es muy intenso, se activan unas fibras nerviosas que conectan el oído con el cerebro. De este modo podemos captar los sonidos que se generan a nuestro alrededor. Las diferentes áreas geográficas donde haya crecido una persona, el idioma que hable, o el hecho de ser zurdo o diestro también determinan el modo en que oímos. Diana Deutsch, Catedrática de Psicología de la Universidad de California, ha desarrollado un estudio: la paradoja de Tritón. Deutsch muestra a Eduard Punset como esta paradoja confirma la diferente percepción musical y su relación con los sonidos a los que se ha estado expuesto en la niñez. En plató participan Andrés Lewin-Richter, Director de la Fundación Phonos de la Universitat Pompeu Fabra (Barcelona), y Marta Cureses, Musicóloga de la Universidad de Oviedo

  • La ciencia de la belleza
  • La pasión por la belleza es un instinto básico que está dentro de nuestro cerebro y que se define en las primeras semanas de la vida embrionaria. El cerebro sufre una influencia hormonal en el útero , alrededor de la semana 13 de la vida embrionaria, que le condiciona a un sexo determinado. Y esto influye en lo que se considere atractivo más tarde durante la vida. Esta es la conclusión a la que ha llegado el psicólogo Victor Johnston que es entrevistado esta semana por Eduard Punset, en el programa REDES, de La-2. Este profesor de psicología de la Universidad de Nuevo México, en EE.UU, afirma que la atracción de hombres y mujeres hacia el sexo opuesto forma parte de la naturaleza básica del ser humano y que esta atracción está en nuestro cerebro desde el mismo comienzo de la vida. En la definición de esta atracción intervienen los marcadores hormonales. En las mujeres, la salud es uno de estos indicadores más importantes, porqué indica fertilidad. Johnston analiza los estudios en los que muestran diferencias entre el cerebro del hombre y el de la mujer como consecuencia de la exposición hormonal en el útero. Este psicólogo americano afirma que es posible determinarlo midiendo sus dígitos en la decimotercera semana de la vida embriológica y las consecuencias en la vida cotidiana de ser una persona guapa. En el plató intervienen Jordi Serrallonga, Director d’Homínids, de la Universidad de Barcelona y Rosa Raich, psicóloga de la UAB. El programa cuenta también con sus secciones habituales de reportajes, “El experimento”, “El Informativo 3000” y el concurso “La Cuestión” en que los espectadores deberán formular ¿Qué ley ha deducido Vd. Tras observar el mundo, las personas o la historia?

  • Cuando nos hicimos libres
  • El ser humano se diferencia del resto de animales por su libre albedrío, es decir, por su capacidad para decidir. Mientras los animales actúan por instinto, nosotros somos capaces de ir más allá y plantearnos nuevas respuestas a los estímulos externos. Pero ¿somos realmente libres? Y en ese caso, ¿cómo apareció el libre albedrío y qué consecuencias ha tenido para el hombre? Al igual que el lenguaje o el dinero, la libertad es una creación exclusivamente humana, que ha evolucionado junto con el hombre. Gracias a la aparición del lenguaje, nuestro cerebro ha sido capaz de transformar la realidad física que nos rodea y crear una realidad mucho más compleja, un mundo en el que la comunicación tiene un papel fundamental. Lejos del resto de los animales, los seres humanos generan millones de ideas nuevas cada día. Aceptarlas o no constituye el mayor grado de humanidad de nuestra especie, ya que cada decisión supone un acto de libertad. Somos la única especie del planeta capaz de pensar en el control de la natalidad, de decidir si queremos tener hijos o no o qué profesión queremos desarrollar

  • Cosas que nunca debimos aprender
  • A menudo pensamos que la mente más primitiva como la del hombre de la Edad de Piedra es primaria y simple; pero, en realidad, la mente humana de cualquier época y cultura es muy sofisticada. Está claro que hay diferencias entre las sociedades tecnológicamente avanzadas y la de los cazadores-recolectores, pero probablemente las habilidades mentales son las mismas en todas las culturas. También se cree que el instinto es algo que sólo tienen los animales y que el aprendizaje es cosa de los seres humanos. Es erróneo. Un gusano aprende de la misma manera que una persona tiene instintos. ¿Qué es más importante: el entorno o los genes? Lo que es evidente es que los genes nos proporcionan la capacidad de reaccionar de forma inteligente a nuestro entorno de manera particular e individual. Asimismo la cultura afecta a las personas y se aprende imitando a otras personas.

  • Vida extraterrestre
  • La imagen de marcianos llegando a la Tierra en naves espaciales es una de las más recurrentes del cine de ciencia-ficción. Si sustituimos a los hombrecillos verdes por microorganismos y las naves espaciales por meteoritos, podríamos estar bastante cerca de la explicación del origen de la vida en la Tierra. Una de las teorías acerca del inicio de la vida afirma que microbios y bacterias podrían haber viajado a la Tierra desde Marte dentro de rocas que llegaron aquí a través de asteroides y cometas. Esta es la idea que defiende el astrobiólogo Paul Davies, que nos explicará como pudieron desplazarse estos microorganismos por el espacio sobreviviendo a temperaturas bajísimas. Ante esta afirmación queda una pregunta en el aire: ¿podría ser que actualmente conviviesen en nuestro planeta otras formas de vida alienígena que nosotros no sabemos reconocer? Paul Davies la contestará a lo largo del programa. Para Davies el origen de la vida plantea tres preguntas básicas: ¿cuándo, dónde y cómo se estableció la vida por primera vez en la Tierra? Para llegar a responder a estos misterios primero tendremos que saber si la vida constituye un fenómeno químico insólito, muy poco probable o en cambio es un proceso automático, fruto de las leyes que rigen el Universo y por lo tanto es muy probable. Todos estos misterios acerca del origen de la vida los intentaremos resolver con Paul Davies y en el debate de Eduard Punset con la investigadora del Centro de Astrobiología Susana C. Manrubia y Manuel Lozano, Catedrático de Física Atómica de la Universidad de Sevilla.

  • La proporción áurea
  • ¿Qué tienen en común las matemáticas y las flores? Aparentemente nada, pero si observamos la Naturaleza con atención veremos que hay una proporción numérica que se repite en muchas formas vegetales y animales. Y es que existe un número que rige cosas tan dispares como los pétalos de una rosa y la música de Debussy. Es la proporción áurea, que el hombre ha descubierto en la Naturaleza y ha utilizado para la creación estética.

  • La imaginación al poder o a la depresión
  • ¿Qué tienen en común los babuinos del Serengueti y los funcionarios españoles? Pues que la jerarquía en la que viven genera un gradiente social en su salud. Es el llamado síndrome del status, que dice que la salud disminuye conforme bajamos en la escala social. Esto puede parecer obvio. Pero es que no es sólo una cuestión de ricos y pobres, de tener o no tener dinero. Y si le dicen que por el simple hecho de que usted no puede veranear en el Caribe y su vecino sí esto le hace más susceptible a enfermar ¿le sorprende ahora? El síndrome del status nos afecta a todos porque todos formamos parte de colectivos sociales que se organizan en jerarquías: El que escribe más artículos científicos, el que tiene una casa más grande, el que tiene una posición mayor en el trabajo…y un sinfín de opciones. De hecho, si mira a las personas que tiene alrededor, verá que están organizadas en una jerarquía y que usted ocupa una posición concreta en ella. Las enfermedades, todas las enfermedades, también siguen este gradiente. Pero ¿quién genera este gradiente? ¿la naturaleza o la sociedad? Hasta ahora creíamos que la salud y el entorno social eran aspectos diferentes pero la ciencia nos ha demostrado que no es así. Michael Marmot, reputado epidemiólogo y autor del libro “Status Syndrome” nos explicará en REDES cómo la forma en la que nos relacionamos y el control que tenemos sobre nuestra vida están íntimamente asociados a nuestra salud y a nuestra esperanza de vida. En el plató contaremos, además, con las opiniones de Antonio Daponte, investigador de la Escuela Andaluza de Salud Pública y de Carme Borrell, de la Agència de Salut Pública de Barcelona.

  • Educación emocional
  • Tomamos decisiones todos los días, pero… ¿conseguimos ser totalmente racionales en la elección? ¿Influyen nuestras emociones en las decisiones que tomamos? ¿Podemos decidir sin sentir nada? No podemos eliminar las emociones de nuestro cuerpo, forman parte de nuestra propia biología. El sistema límbico es el responsable de nuestras emociones y su actividad se dispara cuando nos enfadamos, o sentimos miedo. Las emociones pertenecen al cuerpo y los sentimientos a la mente, pero van totalmente ligados. ¿Puede un organismo sin sistema nervioso tener sentimientos? Existen emociones buenas y emociones malas. El objetivo de una buena educación para una sociedad próspera es que se cultive lo mejor y se reprima lo peor de la naturaleza humana, pero ¿podemos organizar nuestras emociones? Es importante entender el conocimiento científico sobre la biología neuronal de las emociones y los sentimientos, porque muchas de las reacciones que consideramos patológicas en nuestra sociedad, tienen que ver con las emociones sociales. Esta semana entrevistaremos a Antonio Damasio, director del Instituto Cerebro y Creatividad de la Universidad de Southern California. Damasio tiene como uno de sus objetivos comprender las emociones sociales para poder así abordar el conflicto social.

  • No todo es liso en la vida (los fractales)
  • Para entender algunas cosas básicas del mundo, de vez en cuando hay que recurrir a un juguete procedente de las matemáticas puras, y convertirlo en una herramienta de comprensión, de construcción, de desarrollo… casi una herramienta industrial. Puede ser una circunferencia, una elipse…..o un fractal. Los pintores antiguamente ya sabían que para pintar un árbol en realidad hay que pintar pequeños árboles. Y el hombre primitivo al mirar a su alrededor veía más cosas rugosas que lisas. La Luna vista a lo lejos, los ojos,….poco más liso encontraba. Pero la ciencia entró de lleno en lo liso y se olvidó de las rugosidades. Todos, menos Mandelbrot, claro. Benoît Mandelbrot saltó a la fama matemática cuando descubrió las propiedades de los fractales. Gracias al auge de los ordenadores, supo transformar un juguete en una herramienta: pequeñas formulas que ejecutadas muchas veces nos dan un modelo de la economía, de un ecosistema o de las fracturas de un metal. En el programa de esta semana veremos por qué se ha ganado la atención del mundo. También contaremos con las opiniones de Claudi Alsina, Catedrático Universidad Politécnica de Barcelona, Carlos Ferrater, Arquitecto, Javier Barrillo, Prof. Matemáticas Universidad del País Vasco, Pablo Gumiel, Investigador del Instituto Geológico Minero de España

  • Las pesadillas no son sueños
  • ¿Por qué dormimos? No puede ser solo para descansar. El cerebro trabaja continuamente mientras dormimos, su actividad solo se reduce un 20% respecto a la vigilia. Tenemos que dormir por otros motivos, motivos positivos, motivos fascinantes como la memoria. Todos tenemos recuerdos increíbles. Nuestro cerebro está repleto de recuerdos. ¿Cómo los conserva? ¿Cómo los mantiene actualizados y disponibles? Hay que entender los sueños y las emociones para responder estas preguntas. Las leyes del cerebro cambian durante el sueño. Cambia la química y así desaparecen factores característicos de la vigilia como la coherencia y la continuidad. Es un cerebro diferente, y por eso no puedes organizar los pensamientos, no sabes quién eres, estás desorientado. Allan Hobson es catedrático de Psiquiatría en la Escuela de Medicina de Harvard. Es autor de varios libros sobre el sueño y los sueños y será un privilegio contar con su particular visión de lo que nos sucede durante ese tercio de nuestras vidas que nos pasamos durmiendo.

  • Todos somos átomos
  • En la vida cotidiana solemos pensar en la materia y en la luz como si fueran dos cosas muy distintas, casi como los dos extremos opuestos de aquello que compone el mundo. Pero, tras examinar con más detenimiento la estructura de la materia, los físicos han descubierto que los componentes básicos de la materia ordinaria son muy parecidos a la luz! Esto nos brinda una imagen más unificada de qué es el mundo: ya no vemos dos cosas muy distintas sino una única sustancia que subyace a ambas. Las ideas que tenemos sobre el vacío tampoco cuadran con las ideas de la física. Lo que percibimos como espacio vacío realidad está lleno, muy lleno. De hecho en la física moderna, el espacio vacío es lo más importante. Las partículas observables son como las olas que se mecen sobre un océano de espacio vacío eternamente activo, que encierra muchísima más energía que la marea observable. Frank Wilczek fue uno de los galardonados con el premio Nobel de Física del año 2004, por sus trabajos en la interacción fuerte. Además tiene un gran interés en hacer llegar estos conocimientos a todo el mundo. Hemos tenido el placer de compartir con él una agradable conversación sobres todos aquellos temas en los que la física moderna nos cambia la perspectiva del mundo en el que vivimos. También contaremos con las opiniones de Manuel Lozano Leyva, Cat.Física Nuclear Univ. Sevilla; Omar Valentino, Experto en Artes Marciales y Fausto Ronco, Maestro Tai-Chi estilo Chen.

  • Ahora sabemos qué es un humano
  • Algunos dicen que la humanidad está en peligro….Aún está por ver. Pero tras los hallazgos de la biología, la antropología y la inteligencia artificial, lo que seguro está en peligro es el concepto de “humano”. Qué significa ser humano? Quién es humano y quién no? Parecen preguntas fáciles de responder, pero no es así. Damos por hecho el concepto de humanidad pero la ciencia nos lo desmonta. Cada vez somos más parecidos a los animales y a las máquinas y la ingeniería genética nos depara nuevos retos a resolver. Llevamos años hablando de “valores humanos”. Sean cuales sean estos valores a qué nos referimos con “humanos”? En REDES contaremos con la entrevista a Felipe Fernández-Armesto. Historiador británico, Armesto enseña Cultura y Civilización españolas en la Universidad de Tufts. Por la amplitud de temas que trata en sus estudios está considerado como un sabio renacentista en el siglo XXI y hemos tenido el placer de poder compartir algunos de sus conocimientos. También contaremos con las opiniones de Nolasc Acarín, Neurólogo-Profesor UPF; Steven Mithen, Arqueólogo. Universidad de Reading (Reino Unido) ; Jaume Fatjó Etólogo, Facultad de Veterinaria UAB y Laura Sagarra, Veterinaria experta en doma natural.

  • El mundo no existe sin memoria
  • ¿Existiría nuestro mundo si no pudiéramos recordarlo? ¿Es el presente que vivimos en realidad el pasado? Estas y otras son algunas de las preguntas que intentaremos responder esta semana en Redes. La complejidad del cerebro ha sido y es objeto de innumerables estudios, pero sigue siendo el más desconocido de nuestros órganos. Sin duda es también el más fascinante y supone un estimulante enigma para los científicos. Cada día conocemos más acerca de como procesa el cerebro la información que proviene de los sentidos y que importancia tienen adjudicados cada uno de ellos en la corteza cerebral. Pero aun estamos lejos de comprender el infinitamente complejo funcionamiento de nuestro órgano más complejo. ¿Podemos en realidad estudiar el cerebro, siendo éste la misma herramienta utilizada para estudiarlo? Esta semana tendremos con nosotros a Ranulfo Romo, Neurobiólogo de la IFC-UNAM, México. Los trabajos de este gran científico sobre los códigos neurales de la percepción, la memoria y la decisión están resultando decisivos en la neurobiología actual. Hoy nos habla de un gran enigma aún por descifrar: cómo es la relación entre la actividad neuronal y nuestros sentidos. También contaremos esta semana con los conocimientos de Mara Dierssen, Investigadora en Neurociencias, CRG. Y compartirán con nosotros sus experiencias olfactivas Josep Jimeno, Bombero, Fina Caus, Enfermera, y Carme Ruscalleda, para muchos la segunda mejor cocinera del mundo.

  • ¿Porqué funciona la economía?
  • Todo el mundo se queja de la economía de libre mercado. Se la responsabiliza de todos los males del planeta…Pero hay quienes sostienen todo lo contrario: que la economía de libre mercado funciona mucho mejor de lo que jamás habríamos pensado. ¿Es el crecimiento económico lo único que el mercado ha hecho mejor que ningún otro sistema a lo largo de la historia?, ¿O tiene más ventajas de las que hemos creído hasta ahora? William Baumol, Profesor Emérito de Economía de la Universidad de Princeton, EEUU, es uno de los economistas más citados de los últimos años. Sus 35 libros y más de 500 artículos lo sitúan como uno de los teóricos del dinero más prolíficos de la historia. A sus 85 años sigue trabajando en su despacho de Princeton, dónde nos recibe para hablarnos de porqué el capitalismo se ha convertido en el modelo económico triunfante que ahora vemos

  • El amor está en el cerebro
  • Un modelo de felicidad en ratones….pensarán que no es algo muy útil para nuestra vida de humanos. Pero no es así. Estudiando a ratones los científicos han llegado a conclusiones importantes para nosotros. La seguridad y la ausencia de miedo son fundamentales para la felicidad. Pero, ¿hasta donde podemos conocernos estudiando el cerebro? ¿existe algún límite?, ¿dónde reside el amor y la felicidad?. Hay muchos procesos mentales inconscientes que discurren sin que seamos conscientes de ellos…una vez somos conscientes se produce una elaboración más rica, se producen los sentimientos. La gente habla mucho sobre lo sofisticada que es la neocorteza, pero muchas cosas suceden en la amígdala. Es ahí donde se procesa el miedo, es ahí donde está una de las claves de nuestra felicidad.

  • Vida urbana: ¿Premio o castigo?
  • Este año, por primera vez en la historia, la mitad de la población mundial vive en zonas urbanas y, por tanto, estamos en un momento crucial. También es cierto que mil millones de personas viven en chabolas…Surgen problemas debido al traslado de personas a las ciudades. En los países en vías de desarrollo las infraestructuras no están preparadas para asumir esta migración. Pero no todo son desventajas. Existen muchos factores positivos asociados a las ciudades. El ser humano lleva unos miles de años viviendo en ciudades; sin embargo nunca antes habían sido tan grandes ni habían estado tan densamente pobladas. Esto ocasiona problemas de salud específicos, asociados a la contaminación, las epidemias o la violencia callejera. David Vlahov, Director e Investigador del Centro de Epidemiología Urbana de la Academia de Medicina de Nueva York, EEUU, nos acompaña esta semana para arrojar una luz sobre estos temas.

  • El poder de las creencias
  • Hasta ahora la ciencia dejaba de lado el estudio de las religiones. Pero con los nuevos estudios los científicos nos están revelando muchos secretos.Nos están ayudando a resolver muchas incógnitas y a entenderlas mejor. ¿existe una explicación evolutiva para el nacimiento y la presencia de la religión?, ¿ logrará la ciencia refutar la religión?. Esta semana contamos de nuevo con la presencia del profesor Scott Atran, Investigador de Dinámica de Grupos de la Universidad de Michigan, EEUU. Con él vamos a poder comprobar que la religión también puede ser entendida desde la antropologia y que nuestros valores y creencias mas sagrados tienen una base menos espiritual de lo que soliamos pensar.

  • El cerebro del bebé
  • La mejor manera de abordar las enfermedades mentales, incluso la delincuencia y la violencia en nuestra sociedad, es ocuparnos de los bebés. Durante los primeros dos años, y también el período en el útero, se desarrollan muchos sistemas importantísimos en el cerebro, especialmente los que utilizamos para gestionar nuestra vida emocional, como la respuesta al estrés, por ejemplo. La primera infancia es, en realidad, la base de la salud mental. Sue Gerhardt ha dedicado toda su vida profesional al estudio de los bebés: a la influencia del afecto en el desarrollo emocional de los más pequeños y a sus efectos en la vida adulta. Con ella hablaremos de la importancia del amor como modulador de cambios cerebrales en los bebés. También contaremos con las opiniones de Marta Bertrán, Antropóloga de la Universidad Autónoma de Barcelona.

  • Hay otras dimensiones
  • Cuando éramos bebés, tumbados en la cuna, solo percibíamos el mundo en dos dimensiones, fue al levantarnos que empezamos a percibir un mundo tridimensional. Redes ahora cumple 10 años y lleva una década atrapada en un universo de tres dimensiones más el tiempo, aunque la física nos devuelve otra vez a la cuna: parece que nuestro universo tiene 11 dimensiones ¿Pueden imaginárselo? No, no pueden. La física se caracteriza por explorar escalas muy distintas de las que manejamos en nuestra vida cotidiana. Distancias y energías inimaginables donde las cosas parecen muy distintas a lo que estamos acostumbrados. ¿Quién hubiera creído que la mecánica cuántica explicara cómo funcionan las cosas? Y eso pasa porque no vemos, naturalmente, las cosas a escala atómica. Tal vez con las dimensiones pase lo mismo.

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