Un niño que quiere crecer

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El alumno aplicado de la clase, como dicen acá, el mateo; un poco mamerto, un poco tramposo y bribón pero aplicado y prolijo. Sabiéndose así, potencia su autoestima separándose con cierta impertinencia de sus compañeros, que a su vez lo aislan. Se siente sólo y distinto. Tan arregladito está que se siente mejor que el resto. Los resultados y las notas de la escuela lo validan pero su actitud lo deprime, quiere ser feliz pero no se anima, quiere sentirse libre pero la presión de ser mateo y hacer la tarea es, para él, más importante.

Antaño tuvo un padre, un poco inútil que se inmoló estampando su presencia para siempre, luego vino otro padrastro bastardo, ignorante, malvado y traidor que lo maltrató pero antes de irse dejó toda la casa perfectamente ordenada: claro está, atornillando al piso las sillas, las mesas y los demás muebles. Un orden sin vida pero funcional, especialmente para las visitas que contemplan la casa desde la ventana y se maravillan de tan pulida escenificación. Para ese niño que mora entre esos muebles, la casa se puso triste, aburrida, deprimente. Convertido en el gran alumno ante la mirada de ese Gran Otro llamado mercado… prefiere por un tiempo sostenerse ahí a intentar explorar lo nuevo.

Pero ese niño solitario quiere pensarse adulto y, por eso, decide avanzar (aunque sea tímidamente) hacia lo desconocido. En ese breve caminar, de repente, encuentra algunas llaves y con ellas, inquieto comienza a intentar abrir algunas puertas. Avanza con cierta timidez pero avanza. Sin embargo, de repente, sin más, se abre una de par en par. Ohh sorpresa!! Súbitamente, ve a sus referentes en una fiesta desbocada. Atónito los ve en actitudes non sanctas, coqueteando grotezcamente con la sensualidad de lo oscuro y poderoso. Sufre un shock, queda impactado. ¿Será que la pubertad está cerca? Cómo le duele ver lo que ve!!! Lo que más le choca es esa sensación que lo embriaga, esa tentación libidinal que le incita cierta seducción pero que lo confronta, también, con la miseria de lo humano, de su propia humanidad!!! ¿Eso es crecer? él sabe que sí, pero no quiere aceptar verse a sí mismo a través de la actitud que ve en sus referentes. Algo se rompe en él. Ese niño solitario tal vez podía imaginar lo que vio, pero verlo ante sus propios ojos lo deja estupecfacto, conmovido. Horrorizado, va en busca de otro padre pues todavía se asume un niño indefenso. Llega pues Richard Lakes que vendrá a reestablecer el orden, a aquietar las aguas y dejar todo intacto. Para este niño temeroso, aquella salida a lo desconocido será una tentativa que no se repetirá por años. Recuperada la tranquilidad ya en el espacio dócil, el niño sabe que algún día tendrá que crecer y volver a abrir las puertas, tantas como se puedan pero para ello deberá bancarse el cambio, el cambio real, ese que lo confronta con lo impredecible por que queda claro que todo cambio empieza pero no se sabe cómo termina.

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El futuro será transdisciplinario o no será…

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Ayer en el suplemento dominical Enfoques del diario La Nación se publicó mi columna: Los nómades del conocimiento. Dado que, por razones de espacio, tuve que realizar un recorte al texto, aprovecho mi blog para publicar en forma completa mis reflexiones. Espero el artículo les agrade:

Toda la historia está hecha de cambio pero nunca como hoy el cambio adquirió dimensiones tan universales y se extendió a tantos aspectos de la vida social e individual. En el centro de esta transformación epocal emergen tecnologías que alteran la manera en que gestionamos todos los aspectos de la realidad. Cambia el juego que nos toca jugar, cambia nuestra forma de percibir ese juego, cambian las reglas del juego, cambia la manera en que cambian las reglas del juego y, más profundo aún, cambiamos nosotros mismos.

Los crecientes niveles de complejidad tecno-cultural en que nos vamos imbricando, la automatización algorítmica y la robotización ubicua, nos obligarán a replantear la manera en que hoy trabajamos. No sin cierto pavor, se puede afirmar que el trabajo del futuro será mucho más flexible e inestable. No es casualidad de que hoy se le rinda tanto “coolto” al emprendimiento y la innovación como fuentes de creación de valor y riqueza. Muchos de los emprendedores de hoy, al no poder realizar esa fantasía aspiracional inoculada de hacerse millonarios con sus start-ups, serán los trabajadores autónomos del mañana, los freelancers de un futuro que los convertirá en vendedores de sí mismos puestos a competir y diferenciarse en el reality show del mercado de las marcas personales, obligados a asimilar nuevas competencias para sobrevivir en un contexto cada vez más “exclusivizado”.

Por eso, emerge con vigor la convergencia entre el conocimiento científico y técnico, la experiencia emocional y la práctica continua de la resolución de problemas. Deberemos ostentar una mayor inteligencia social y emocional, detentar la capacidad de trabajar colaborativamente en entornos desespacializados y multiculturales, imprimirle a nuestra labor sentido y propósito, desarrollar el pensamiento adaptativo/creativo y poseer una mentalidad orientada al diseño y el marketing a partir de gozar de altos niveles de alfabetización computacional y transmedial. En sí, deberemos poseer la capacidad líquida de navegar el universo adhocrático y transdisciplinario del conocimiento; así lo muestran algunas de las profesiones del futuro, con nombres entre curiosos e inquietantes: expertos en big data, operadores virales, antropólogos digitales, agregadores de talento, permacultores, nanomédicos, diseñadores de experiencias, consultores en simplicidad, desorganizadores corporativos, asesores en criptofinanzas, consultores de privacidad, gerentes de bienestar, community clowns, nootropistas, ludólogos, agentes de viralización, consejeros posnormales, tanatólogos, ecologistas de datos, pharmers y bioinformáticos, por ejemplo…

Abandonado el anhelo de tener un trabajo para toda la vida, el vértigo de hoy nos convoca a aceptar, no sin cierto stress, una vida colmada de proyectos fugaces. Los trabajadores del mañana, más que empleados y jefes deberán ser conectores y líderes; obligados a diseñar y comunicar futuros no tendrán otra posibilidad que ser pluriespecialistas: knowmads transitando un estado de existencia siempre aprendiente.

Habiendo dejado el reduccionismo y la repetición al arbitrio de la ejecución robótica, la creación de valor dependerá de nuestra capacidad de percibir los varios niveles de realidad (material, simbólica, relacional, comercial, etc.) en los que operan los sistemas y para ello deberemos cultivar la curiosidad y dominar el arte de la serendipia o merodeo informacional. El trabajador calificado del futuro actuará como puente transfronterizo entre saberes diversos y dispersos. Enfocado más en los vínculos entre las cosas que en las cosas mismas, deberá poseer una capacidad de aprendizaje tal que le permita sintetizar y resumir el aluvión de información disponible, extrayendo lo útil, hibridando, “remixando”, conectando en forma atinada relaciones (previamente) insospechadas, facilitando, emocionando, integrando…

Del especialista-individualista transitaremos al generalista-teamdividualista que ha de conducirse como un facilitador transdisciplinario que cataliza, empática y desprejuiciadamente, múltiples áreas de especialización con el fin de generar nuevos sistemas de paradigmas sea en el área que sea. Esto se puede metaforizar con la letra T (T-Shaped skills). La barra vertical de la T representa la profundidad de conocimientos adquiridos en etapas formativas (la especialización técnica), mientras que la barra horizontal es la capacidad empática de conectar, colaborar y aplicar esos conocimientos en áreas de experiencia que le son, aparentemente, ajenas.

La producción de la oferta se torna en producción versionada de sentido bajo la forma de gerundio. Esa necesaria fluidez, experiencia, viabilidad y variabilidad acontece en un universo transdisciplinario en el que producción, conocimiento, actividad, conectividad, creatividad y circulación se integran. El trabajador del mañana se conducirá como un facilitador transdisciplinario, como un hacker que cataliza, empática y desprejuiciadamente, múltiples áreas de especialización con el fin de generar nuevos paradigmas sea en el área que sea.

En esta época en la que el cambio es la única constante y la obsolescencia de productos, tecnologías y marcas se incrementa, la habilidad de transitar lo transdisciplinario se convierte en una ventaja competitiva sostenible. Por eso, los buscadores de talento se orientarán a emplear personas que poseen una gran variedad de destrezas, gustos e intereses. En la Transconsultora Crearquia.com comprendimos esto hace tiempo. Así, definimos espacios de emprendimiento líquido conformados por seres que interpretan la realidad de maneras distintas para que se puedan formular ideas disímiles que nos permitan intervenir mejor sobre el contexto, de naturaleza tan poliédrica. En Crearquia.com propiciamos la diversidad de género tanto como la diversidad generacional, cultural, social, experiencial, académica como competencial.

Una carrera universitaria puede ser el punto de partida; sin embargo, hay tantas historias de aprendizaje como personas, lo que nos muestra que no puede haber una sola versión de lo que es el talento y asimilar esto, es expandir el espacio de las posibilidades cuando las oportunidades parecen acotarse.

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Humanismo y conectividad: Los números de 2014

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Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un informe sobre el año 2014 de este blog.

Aquí hay un extracto:

El Museo del Louvre tiene 8.5 millones de visitantes por año. Este blog fue visto cerca de 390.000 veces en 2014. Si fuese una exposición en el Museo del Louvre, se precisarían alrededor de 17 días para que toda esa gente la visitase.

Haz click para ver el reporte completo.

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La Transmodernidad: El coolto de la complejidad

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Una provocativa y conocida maldición china reza así: ¡Que vivas en una época muy interesante!. Nosotros que estamos surfeando en una de ellas, estamos en condiciones de comprender la ironía de esas sabias palabras. El espacio conceptual desde el que todos venimos y que nos formó, se correspondía con una lógica geométrica euclideana, que se soñaba como única y soberana. La realidad parametrizada en leyes inmutables. Las coordenadas cartesianas de esa realidad ofrecían una grilla tranquilizadora, y la ciencia, en tanto dogma dominante, nos presentaba un universo mecánico, manipulable y predecible, aunque se antojaba un mundo domesticado y desencantado.

A lo largo de muchas generaciones, fuimos acostumbrándonos a pensar, sintética y esquemáticamente, en términos de un mundo de cosas separadas, dispuestas en un espacio independiente. Así, dimos por sentado que estas cosas independientes “se causan” entre sí, “se influyen” recíprocamente a medida que “se desplazan” por el espacio y atraviesan una serie de estados estáticos de cambio. La ciencia se había limitado a descubrir “cosas” substanciales por definición, cuidadosamente divididas las unas de las otras. El idealismo las denominó ideas y el materialismo las llamó partículas elementales. Interpretamos que nuestro mundo era una estructura formada por “ladrillitos” elementales de muchas formas y tamaños, totalmente independientes del observador, de nosotros mismos. Las formas y representaciones de estos ladrillitos se nos antojaron fijas, mutuamente excluyentes y, en consecuencia, inmutables. Supusimos que los cambios tenían lugar, cuando una “cosa” se convertía en “otra”. De igual forma, el modo en que experimentamos el tiempo, consistió en dividirlo en momentos computables, cada uno de los cuales se suponía separado y sucesivo, aunque de una manera abstracta e idéntico a los demás.

Esa lógica de la mecanicidad reduccionista ha dejado de ser funcional. Hoy precisamos herramientas que nos permitan pensar de una manera no lineal, dar cuenta del juego paradojal de nuestro modo de experimentar(nos), acceder a un espacio cognitivo caracterizado por las formaciones de lazos de retroalimentación donde, por un lado, el sujeto construye al objeto en su interacción con él y, por otro, el propio sujeto se transubstancia a partir de la interacción con su medioambiente.
Ciertamente, estamos asistiendo a una “revolución epistemológica y gnoseológica”, a un verdadero cambio de paradigma. Estamos dejando de pensar en términos de sustancias, esencias o estructuras, en sí de verdades autoimpuestas, para acceder a la fluidez y variabilidad de la experiencia que exige considerar la conectividad, la actividad, la circulación, la creatividad y la integralidad.

Se trata de un cambio de paradigma que asuma que toda conceptualización es, en última instancia, parcial. Un paradigma epocal que se ocupe de comprender esa red sin costuras de movimiento y cambio ininterrumpidos, esa red llena de ondulaciones, olas, vibraciones y ondas estacionarias que llamamos realidad y en la que el observador es, en sí mismo, función y parte de ella. Claro está que las concepciones interactivas de la realidad no pueden ser de ninguna forma dualistas. Deben caracterizarse por sus rasgos dinámicos, multidimensionales, fluidos, orgánicos y complejos. La realidad tal como hoy deberíamos interpretarla se asienta en los vínculos, los sistemas abiertos, las organizaciones complejas y transdisciplinarias, las dinámicas no lineales, el azar y la irreversibilidad, las tensiones, los flujos y turbulencias, los escenarios y el posibilismo de las opciones, la co-evolución y co-creación, los juegos auto-organizados productores de sentido simbólico, de subjetividad.

Todas ellas están en el centro de las nuevas formas de pensar-sentir-actuar-ser en un mundo sacudido por agitaciones diversas, en el que parece que todo lo sólido se desvanece en el aire en una vertiginosa transformación. Desde una perspectiva centrada en la dinámica vincular, el cambio como devenir, como transformación, se debe ubicar en el centro del juego que acontece en nuestro espacio cognitivo. Se trata de darse cuenta de que todo lo compuesto está sometido al cambio. Las propiedades de las partes, de los elementos constitutivos de los fenómenos de la realidad, no tienen propiedades intrínsecas. El proceso y los cambios demarcan la dinámica fundamental de la realidad y, por eso, el conocimiento de un sistema siempre será incompleto. Como en una improvisación de jazz, la organización es coherente, aunque la sorpresa es inevitable.

Pero ¿si todo está conectado con todo lo demás, cómo se puede llegar a explicar algo? La explicación es mostrar cómo las cosas se relacionan entre sí en un todo orgánico. Las propiedades de una parte surgen de la manera en que están relacionadas con las propiedades de otras partes y ese vínculo no es lineal, es integral. No se puede esperar explicar las propiedades de ninguna parte a menos que se acepten explicaciones aproximadas, elucidaciones que encarnan la limitación de estar tomando en cuenta algunas de las interconexiones pero no todas. La pluralidad y la incerteza son inherentes al comportamiento integrado de lo real.

Los modelos basados en el mecanicismo reduccionista han sido muy eficaces al aplicarse en contextos relativamente estables y aislados. Los pensadores de la modernidad trabajaron con ahínco para construir un mundo tal que sus productos mecánicos resultasen funcionales: en el laboratorio, en la fábrica, en las instituciones fue generándose un ámbito estabilizador a fuerza de estandarizar los parámetros ambientales y sociales. De esta manera la experiencia del sujeto entró dentro de la máquina estandarizadora. La familia, la escuela, la fábrica, el ejército son las instituciones encargadas de llevar adelante este proceso de estandarización y domesticación del sujeto tal como lo expresó Michel Foucault. Desde ese limitado devenir social surgió la restricción profunda a explorar lo diverso, a dar cuenta de lo diferente, lo creativo, lo no domesticable, lo que se sale de la norma, lo que se inscribe como único, lo que no puede cristalizarse en un modelo general, en una estructura, o patrón genérico de comportamiento.

Abrir nuestro pensamiento creando espacios para lo informal, como “no formal” y no como “sin forma”, implica dar lugar a los cambios como verdaderas transformaciones y no como un despliegue de lo mismo, y es por lo tanto una perspectiva tanto cognitiva como ética. Nuevas visiones están en plena expansión gestando modelos no lineales, complejos y caórdicos. Todo el universo de lo físico y lo social es visto hoy como una inmensa “red de interacciones orgánicas” donde nada puede definirse de manera absolutamente independiente sino absolutamente interdependiente. El movimiento y la mutación de la “realidad objetiva”, la pluralidad de percepciones, los puntos de vista y las diferentes “intencionalidades” u objetivos de los actores participantes disfrazan el contorno de lo real y nos brindan la constatación de que no hay ninguna verdad permanente, no hay una verdad absoluta en el sentido de una identidad entre la descripción y la cosa descripta. Toda verdad no es más que un punto de vista. La función de la cognición sirve entonces para organizar el mundo de la experiencia del sujeto y no para describir una verdad o realidad ontológica objetiva. Nos confundimos cuando pensamos que el conocimiento es una descripción objetiva del mundo exterior y no entendemos que este no es más que la operacionalización de la supervivencia.

Una nueva cosmovisión que integra el vínculo entre la naturaleza y el ser humano está surgiendo. Sin embargo, hoy tenemos grandes dificultades para incorporar este punto de vista, implicado en la metáfora de la red. La mayoría de las personas siguen pensándose como individuos aislados y no como parte participante de múltiples redes de interacciones. Es vital que quienes tienen a su cargo gestionar las instituciones de este mundo den el necesario giro epistemológico hacia esta complejidad emergente y transdisciplinaria. Es necesario gestar una cultura de la complejidad. El mundo en que vivimos es un mundo mucho más humano, un mundo simbólico, un mundo construido desde nuestra interacción con lo que está afuera del lenguaje, con el misterio que resiste nuestras creaciones y a la vez es condición de posibilidad de las mismas.

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Entrevista en la Revista Lima

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Hace unos días me entrevistaron en la Revista Lima.

Tal como lo expresa su video promocional, se trata de una publicación que promueve la cultura de la sostenibilidad, la responsabilidad social empresarial y las buenas ideas:

El reportaje se titula: “Debemos mutar el concepto de Desarrollo Sostenible por el Desarrollo Responsable”, en conformidad con un comentario que realicé. A modo de bitácora y registro biográfico, reproduzco a continuación lo publicado en dicho reportaje. Espero que el contenido de la entrevista les resulte refrescante:

“Debemos mutar el concepto de Desarrollo Sostenible por el Desarrollo Responsable”

Entrevistamos a Andres Ricardo Schuschny, doctor en Economía ( Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires) y Licenciado en Ciencias Físicas sobre los tiempos que corren.

¿ESTAMOS VIVIENDO LOS ÚLTIMOS AÑOS DEL CAPITALISMO SALVAJE?
No, creo que, a menos que opere una verdadera transformación cultural que permita mutar los modelos mentales o visiones de mundo de las personas, en particular de la elite, y que se logre trascender el perspectivismo egocéntrico hacia una mirada integral mundocéntrica, las raíces de la alienación consumista y depredadora en la que nos encontramos, tenderán a profundizarse. Desde una mirada optimista, mirada esta que suelo asumir en el terreno personal, suele considerarse a está época como una nueva gloriosa era de oportunidades y posibilidades, de emprendimientos e innovaciones sociales que comienzan a tener una orientación más amigable con la sociedad y el medio ambiente. Todo ello resulta ser tremendamente positivo considerando el contexto de transformación que nos toca experimentar. Sin embargo, este “universo” de oportunidades que se abre trae consigo la oscura sombra de la precarización de las condiciones de trabajo de las mayorías. Estamos siendo testigos de una incipiente globalización y masificación de la tercerización. En parte, toda la cultura del emprendimiento, todo lo cool que trae aparejado como la tribalización o colectivización de la acción emprendedora, toda esa era de la colaboración sobre la que solemos predicar en los medios sociales, etc tiene como correlato negativo la creciente tendencia a la precarización laboral que asume la forma de freelancing. Es probable que en un futuro cercano, todas las personas sean lanzadas al mercado laboral a convertirse en startups vivientes, en emprendedores de sí mismos, en vendedores de una oferta cuya naturaleza es vender sus propios servicios de trabajo a un mercado dinámico, si, pero no menos precario. El gradiente de salvajismo del capitalismo que vendrá será pues creciente. Sumémosle a ello, el hecho de que muchas profesiones están siendo sometidas a una automatización creciente, el futuro es un futuro con robots y dispositivos que generarán como subproducto la defunción de muchas actividades como son l@s auxiliares administrativos, el personal de oficina, el trabajo secretarial, l@s correctores de textos y traductores y tantas otras actividades otrora realizadas por seres humanos.

¿CÓMO DESCRIBIRÍAS LAS SOCIEDADES EN LA ERA DE LAS REDES?
La Red no es una cosa, no es una entidad, no es una organización, no tiene propietarios, y nadie la mantiene por sí operativa. No hay nadie a cargo de la Red y nadie ordenó su construcción. Es tan vasta, tan multifacética, tan diversa que puede resultar inútil descifrar de qué se trata. Colectivamente, representa el más grande y más ampliamente accesible depósito de información y entretenimiento de la historia. Es el sistema complejo más sofisticado que ha engendrado el ser humano. Y paradógicamente, simplemente, se trata de dispositivos conectados entre sí. La Red es viral, crece y se transforma en un enjambre, en una totalidad auto-regulada imposible de controlar, infecta todo lo que toca y lo que no toca. El orden y el caos de la realidad se generan a través de la interacción y la participación activa de todos quienes se han visto infectados por ella. La unidad básica de organización social y económica de la actualidad, no es ya la empresa, ni la familia, ni el Estado, sino la propia Red, que se constituye a partir de un gigantesco entramado inconmensurable de personas, grupos, organizaciones y cosas en interacción. El ciberespacio es la expresión más acabada de la diversidad humana en flujo de interacción. Estamos viviendo una transición en fase de aceleración. El futuro es un futuro multiconectado. No sólo un mundo de personas (parcialmente) conectadas “coopitiendo” entre sí, sino de objetos conectados.

SOBRE LA RELACIÓN ENTRE SUSTENTABILIDAD Y EL SER HUMANO, ¿DE QUE MANERA PODEMOS MEJORAR ESE VINCULO?
Hace poco publiqué un post en mi blog cuyo título era “Manifiesto por un desarrollo responsable“. En dicha publicación quería poner de manifiesto la necesidad de replantearnos el concepto de “desarrollo sostenible” y mutarlo a lo que denominé como “desarrollo responsable“. Si como seres humanos somos los sujetos activos y pasivos del desarrollo, y si tenemos la meta de promover genuinamente la sostenibilidad, más que de hablar de un “desarrollo ambientalmente sostenible” o de un “desarrollo sustentable“, conceptos libres de actores, deberíamos asumir como colectivo humano nuestro rol protagónico y por ello redefinir estos conceptos libres de sujeto y de compromisos personales y civilizatorios. Más que de niveles de sostenibilidad, deberíamos enfocarnos en los niveles de responsabilidad en la construcción del desarrollo. Por que a fin de cuentas, nosotros somos los verdaderos actores que engendramos y producimos el desarrollo y si no atendemos las esferas sociales, económicas, ambientales e institucionales, es porque no estamos promoviendo un verdadero “desarrollo integralmente responsable“.

¿NOS PODRÍAS RECOMENDAR 3 LIBROS QUE CUALQUIER PERSONA DEBERÍA LEER EN ESTOS MOMENTOS?
El Manuscrito Voynich

The Ever-present Origin (Origen y presente) de Jean Gebser

Vigilar y Castigar de Michel Foucault

I Am a Strange Loop de Douglas Hofstadter

Nos cuenta Andres que se encuentra trabajando en temas vinculados a la eficiencia energética. “Mi actual labor consiste en promover en varios países de la región la construcción de bases de datos con indicadores que midan el desempeño de la eficiencia energética a niveles no sólo agregados sino también sectoriales. Por otro lado, estoy apoyando desde una perspectiva académica, la formación de la Transconsultora Crearquía (http://www.crearquia.com) cuya misión es promover procesos de transformación cultural en empresas, organizaciones y colectivos de todo tipo, a través de la capacitación y la promoción de procesos de aprendizaje organizacional.”

Lee mas sobre Andres en Twitter, buscalo como @schuschny

Fuente: Revista Lima

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Mundo anti-socrático: Nadie se huele su propia mierda

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“La ignorancia frecuentemente proporciona más confianza que el conocimiento”
Charles Darwin

“Uno de los dramas de nuestro tiempo está en que aquellos que sienten que tienen la razón son estúpidos y que la gente con imaginación y que comprende la realidad es la que más duda y más insegura se siente”.
Bertrand Russell

“Al menos el 80% de la población piensa que esta entre el 20% más inteligente.”
Principio de Meta-Pareto

Parte de mi actividad destinada a “perder” mi tiempo libre lo insumo en reflexionar, casi en clave resentida, sobre el devenir de nuestra civilización. En esa línea, y fruto de ese tiempo diletante, concluí resumiendo que:

¿Será que la ignorancia es una nueva fuente de poder? Si, ciertamente, vivimos en un mundo verdaderamente anti-socrático en el que, contrariamente a la prédica que reza que el que más sabe tenderá a ponderar su experiencia como insuficiente, percibo que nos hemos convertido en individuos que, para posicionarnos en este mundo que hace de nosotros un producto comercial, tendemos a vanagloriarnos de nuestra experta-falsa sapiencia. Para ello, nos valemos del conocimiento o si es posible cercanía de las celebrities estelares que habitan los mundos temáticos de nuestro acontecer.

Aprovechamos la fama o, aunque más no sea, las frases o textos de otros a los que citamos para incubrir nuestra incultura. Nos valemos de citar a personajes famosos como una forma de absorber la fama que detentan y, si logramos publicar una selfie junto a ellos, mucho mejor aún. Si, dado que la honestidad intelectual no vende, nos hemos visto obligados a jactarnos de nuestra supuesta potenciada erudición.

En efecto, la red nos ha convertido a todos en “eruditos de medio pelo“, en habilidosos copy-cats de lo ajeno, en sapatrascas vendedores de saberes que no tenemos sino que copiamos, en relatores de PPTs basados en el conocimiento de otros a quienes no estamos dispuestos a reconocer y menos agradecer a menos que se trate de una gran celebrity cuya original cita nos beneficie por la irradiación de su influencia.

El actual sistema de interacción social tan viciado de marketing, tan colmado de careteada trucha nos ha vuelto a todos vendedores de espejitos de colores cuando no, de humo, y para ello, coaching o autocoaching mediante, nos hemos visto movidos a adaptar nuestro nivel de discurso a una liviana erudición amalgamada con buena onda, a convertirnos en exudadores de psicología positiva, en evangelistas de la (falsa) felicidad cuyo testimonio queda reflejado en esa hipócrita y deslucida sonrisa que cuelga de nuestros rostros a la hora de pretender algo (interesado) en el otro.

La meritocracia del autobombo con sonrisa de oreja a oreja, como forma de posicionamiento chupaplata, la mediocridad complaciente y liviana al servicio de la sugestión grupal, no para atender las necesidades de las personas sino para venderle “supuesto valor” a un mercado de incautos” colmado de competencia que conviene imitar pero ocultar.

Qué tiempos locos estos… en el que todos nos hemos vuelto vendedores de buzones de conocimiento… Viene a mi mente el personaje de Carolyn Burnham, la esposa de Lester, magistralmente interpretada por Annette Bening en la película American Beauty, esa ambiciosa vendedora inmobiliaria a la que sólo le importa el éxito profesional (a riesgo de sacrificar su esencia y la de otros) y para ello procura transmitir un semblante de éxito y buenaventura que la lleva a afirmar que «su compañía vende una imagen y es parte de su trabajo vivir esa imagen»…

Como nota al pie, resulta interesante destacar que la rosa de “American Beauty” es una variedad de rosa cultivada artificialmente para tener una apariencia perfecta. Tal como lo expresa la entrada de la Wikipedia, en las rosas, que aparecen en numerosos pasajes de la película, queda representada la “falsa belleza”, belleza que es sólo apariencia…

Lamentablemente nos hemos dado cuenta de que nuestro ilimitado acceso al conocimiento de otros nos permite moldear nuestro perfil profesional al punto de equipararnos a los verdaderos expertos, con la diferencia de que esos sabios, aquellos que realmente han absorbido saberes verdaderos, probablemente, terminen olvidados opacados por su inhabilidad de vender. Pues, a mayor sabiduría, mayores son las dudas y menores las certezas que se puedan expresarle a un mundo ávido de respuestas sean estas o no verdaderas…

Soy tan experto en mis saberes fragmentarios, soy tan sabio en mi semblante vendedor que hasta puedo darme el lujo de citar, cual magnánimo erudito, a “mis grandes amigos” David Dunning y Justin Kruger, esos interesantes investigadores de la Universidad de Cornell, quienes, si mal no recuerdo, hace ya unos cuántos años publicaron en el Journal of Personality and Social Psychology, el trabajo: “Unskilled and unaware of it: how difficulties in recognizing one’s own incompetence lead to inflated self-assessments“.

[Probablemente, ellos nunca se enteren de mi existencia, sin embargo y dado que me quiero posicionar marketineramente, no está mal citarlos como si fueran mis “grandes amigos”.

No le digan a nadie que llegué a ellos a través de un tweet de Mikel Uriguen:

Sean uds. ahora cómplices de esta mi picardía: ellos no tienen por qué enterarse de esto. Vivimos en la Era de la Colaboración (y, agrego yo, de los oportunistas lameguita como yo). Así que no le digan a Mikel y a Jesús de la Gándara, autor del post de la Revista @hyperbolemag que les estoy robando el dato así termino pareciendo, a la vez, original y erudito … ]

[Copio ahora a la Wikipedia, pero de ello ustedes ni tienen por qué enterarse…].

Déjenme contarles que el efecto Dunning-Kruger es un sesgo cognitivo según el cual los individuos con escasa habilidad o conocimientos sufren de un efecto de superioridad ilusorio que los hace considerarse más inteligentes que otras personas más preparadas, incorrectamente midiendo su habilidad por encima de lo real.

Según lo afirman mis grandes amigos Dunning y Kruger, que ganaron el premio Ig Nobel en el año 2000 por su trabajo, este sesgo, es atribuido a una inhabilidad meta-cognitiva del sujeto de reconocer su propia ineptitud, debido a que su habilidad real debilitaría su propia confianza y, ahora agrego yo, su capacidad de venderle a un mercado ávido de certezas. Los individuos competentes, es decir esos contra quienes tenemos que competir, suelen asumir que los otros tienen una capacidad o conocimiento equivalente al suyo dado que, el gran conocimiento que poseen, los sume en una espiral de dudas que los inactiva a vender sus saberes y a la vez, por saber tanto, se convierten en una amenaza competitiva potencial ante el ladrinculto. Déjenme explicar mi punto:

Por un lado, mis colegas Dunning y Kruger concluyen que: «La mala medición del incompetente se debe a un error sobre sí mismo, mientras que la mala medición del competente se debe a un error acerca de los demás».

Yo modificaría estas afirmaciones de la siguiente manera: «La mala medición del incompetente se debe más que a un error sobre sí mismo, a su inherente esfuerzo por no mostrarse incompetente, lo que lo hace competente en apariencia, es su esfuerzo de mostrarse; mientras que la mala medición del competente se debe no ya a un error acerca de los demás, sino a la incapacidad del competente de mostrarse competente ante los demás fruto de la exhibición de la duda».

Ergo, nuestro mundo, en el terreno de lo aparente, nos mueve al anti-socratismo. Del “Sólo se que no se nada” al “Sólo se que algo te tengo que vender” y, a partir de allí, podemos comenzar a citar la larga lista de truchoterapias, supuestos procesos de expansión del Ser en contextos de alta inflación, costosas ladri-capacitaciones, dinámicas copiadas de aquí y allá, certificaciones que hacen innecesaria la titulación universitaria, coaching ofrecido por vendedores de autos usados con certificación experta en risas falsas, talleres de la nueva arcaica era, libros de automentira, encuentros vivenciales al mejor postor, presencias ante guruses y saltimbanquis, y cuanto producto emerja del universo paralelo de la new loser era, el cambio de pinche paradigma y la expansión de la conchaciencia … Imágenes de delfines con fondo violeta-rosaceo, de hippie-budas y meditadores espaciales, coloridas madres tierras varias, lotos y fluorescentes flores, guerreros y guerreras de la luz y hasta fractales multicoloridos son bienvenidos…

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Continuando con la hipótesis esbozada por mis amigos Dunning y Kruger es que ante una habilidad típica que las personas poseen en mayor o menor grado:

  • Los individuos incompetentes tienden a sobrestimar su propia habilidad. En efecto, [digo yo] por que más allá de esa incompetencia tratan de vender una imagen exitosa con miras a posicionarse…
  • Los individuos incompetentes son incapaces de reconocer la habilidad de otros. Obviamente [digo yo] por que ven a los otros como una potencial competencia que hay que opacar, ocultar o negar…
  • Los individuos incompetentes son incapaces de reconocer su extrema insuficiencia [digo yo] por que esa sería su ruina…
  • Si pueden ser entrenados para mejorar sustancialmente su propio nivel de habilidad, estos individuos pueden reconocer y aceptar su falta de habilidades previa [digo yo] por que ante los hechos incontrastables, no queda otra que el mea culpa de aceptar la propia miseria …

Vivimos en un mundo colmado de incertezas, multiplemente conectado y a la vez cada vez más precario. Estamos desarrollando un mundo que converge a la universalización de la tercerización y el freelancing y, por ello, nos presiona a cada un@ a exhibir nuestra propia supuesta marca personal; nuestro mundo nos obliga a transmitir supuestas cualidades en nosotros que nos hacen mostrarnos como únicos y diferentes y, por lo tanto, “comprables” frente a los demás. En este mundo, que nos casi obliga a transmitir un semblante de rutilante éxito teatralizado bajo la apariencia de la “excelencia simulada“, lo verdadero en nosotros cede ante la necesaria alusión del marketing de nosotros mismos devenidos en producto comercial: nos vendemos al faústico impulso de la necesidad de ser comprados por un otro que ve en nosotros lo que nosotros no somos… En eso estamos, pero ¿a dónde vamos? … ¡¡¡Muchas gracias!!!

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